INTRODUCCIÓN
A nivel mundial, el emprendimiento (startups) se ha hecho una necesidad de los Estados, y es ampliamente promovido por éstos por diferentes motivos, entre ellos porque genera empleo y competitividad que derivan en tributos que le permiten al Estado funcionar. En América Latina solo el 45%de las mypes sobrevive más de 2 años, a diferencia del 80% en Europa, En Perú, los emprendimientos no sobreviven al primer año de iniciados (Gestión, 2022).
Dada la importancia del emprendimiento en el desarrollo económico de los países en desarrollo y sobre todo en la creación de empleo los países han desarrollado estrategias de promoción, tanto en capital, el sistema educativo formal, capacitación entre otros.
Perú no es ajeno a esta realidad, para lo cual entre otras estratégicas esta usar el sector de educación básica. La inclusión de Educación para el Trabajo en el currículo educativo peruano responde a varios objetivos importantes el desarrollo de competencias laborales y emprendedoras, pues los emprendimientos requieren de trabajadores, y muchos empezaran trabajando para luego emprender, por ello el área de Educación para el Trabajo tiene como finalidad desarrollar competencias laborales, capacidades y actitudes emprendedoras en los estudiantes (SINEACE, 2013).
Esta demostrado que los conocimientos en administración y ciencias afines y especializaciones en emprendimiento no han producido emprendedores, ni emprendimientos exitosos, salvo escasas excepciones de las cuales no se puede generalizar, por otro lado, las historias de éxito, no son personas que han tenido estudios (Carpeta et al., 2024).
David Goleman ha demostrado en sus estudios que el que tendrá éxito (en lo personal, político, laboral, empresarial, financiero), no es el mas inteligente académicamente sino el que tenga mayor inteligencia emocional y la solución de problemas vinculados a esta inteligencia, mas conocidas como habilidades blandas (Goleman, 2022).
En el contexto del emprendimiento, Goleman sugiere que habilidades como la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales son fundamentales para tomar decisiones empresariales acertadas y manejar el estrés y las adversidades. Estas habilidades pueden ayudar a los emprendedores a construir relaciones sólidas, motivar a su equipo y adaptarse a los cambios del mercado (Leonel, 2024).
La Educación para el Trabajo (EPT) en el currículo peruano juega un papel fundamental en el fomento del emprendimiento entre los estudiantes. Esta área curricular está diseñada para desarrollar competencias emprendedoras y preparar a los jóvenes para el mundo laboral y empresarial, siendo la respuesta del Estado peruano al desarrollo humano, y la implementación de un nuevo paradigma de realización humana que es el emprendimiento, tradicionalmente es el empleo, y la educación ha estado pensada en el paradigma laboral, el nuevo paradigma requiere habilidades diferentes a las laborales (que son pasivas o dirigidas) por otras, que se trata de crear, ser responsable total, dirigir y mantener un proyecto empresarial, con visión empresarial, diferenciándolo del autoempleo (IPEBA, 2013).
Las habilidades blandas son un conjunto de competencias interpersonales, sociales y emocionales que caracterizan la forma en que una persona interactúa con los demás y se desenvuelve en su entorno, éstas habilidades incluyen entre otras: comunicación efectiva, trabajo en equipo, liderazgo, adaptabilidad, resolución de problemas, empatía, inteligencia emocional, creatividad, gestión del tiempo, pensamiento crítico (Wiley, 2003) A diferencia de las habilidades técnicas o "duras", las habilidades blandas son más difíciles de medir y cuantificar, pero son fundamentales para el éxito profesional y personal (Creutzmann, 2022). La razón por la que se utiliza el término "blandas" es para contrastarlas con las habilidades "duras" o técnicas, que son más tangibles y fácilmente medibles. Las habilidades blandas se consideran más flexibles y adaptables a diferentes contextos, de ahí su denominación como "blandas" o "suaves(Kumar, 2013).
La relación entre las habilidades blandas y las cualidades emprendedoras es estrecha y fundamental para el éxito en el emprendimiento. Diversos estudios e investigaciones han demostrado una fuerte correlación positiva entre ambos aspectos demostrando que las habilidades blandas son un componente esencial de las cualidades emprendedoras, su desarrollo es crucial para potenciar la capacidad emprendedora y aumentar las probabilidades de éxito en el mundo empresarial. Los programas de formación emprendedora deberían enfocarse no solo en habilidades técnicas, sino también en el fortalecimiento de estas competencias interpersonales y emocionales clave para el emprendimiento (Chole et al., 2012).
Las circunstancias son las mismas para todos, el emprendimiento es un tema de desarrollo de cualidades personales las mismas que no se desarrollan en el sistema educativo que llevan a habilidades blandas, inteligencia emocional y el desarrollo de una pasión como la que tiene un deportista, por ello la presente investigación atendiendo al ODS 8 ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico se ha formulado la siguiente pregunta de investigación: ¿Qué estrategias basadas en habilidades blandas se han desarrollado en los últimos 10 años para incrementar el desempeño de habilidades de emprendimiento económico? ¿Qué estrategias basadas en habilidades blandas han sido más exitosas? ¿Cómo se han incrementado el desempeño en habilidades de emprendimiento?
El objetico objetivo de la investigación fue hacer una revisión del estado de conocimiento (State of Art): sobre las estrategias basadas en habilidades blandes se han desarrollado en los últimos 10 años para incrementar el desempeño de habilidades de emprendimiento económico, y como objetivos específicos Seleccionar estrategias más aplicables basadas en habilidades blandas han sido más exitosas para el emprendimiento, acorde a las circunstancias en los últimos 10 años, y seleccionar las investigaciones que han incrementado el desempeño en habilidades de emprendimiento en los últimos 10 años.
METODOLOGÍA
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de tipo documental, orientado al análisis crítico de fuentes académicas nacionales e internacionales relacionadas con la formación en emprendimiento y el desarrollo de habilidades blandas y duras en contextos educativos. Se realizó una revisión sistemática de 40 artículos científicos publicados entre los años más recientes, seleccionados mediante criterios de relevancia temática, rigor metodológico y pertinencia en el campo del emprendimiento educativo.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en bases de datos indexadas como Scopus, Web of Science, SciELO y Google Scholar, utilizando palabras clave como “formación emprendedora”, “habilidades blandas”, “inteligencia emocional”, “educación para el trabajo” y “competencias emprendedoras”. Los documentos fueron analizados mediante técnicas de análisis de contenido, identificando patrones recurrentes, convergencias teóricas y propuestas formativas que sustentan la necesidad de reorientar los sistemas educativos hacia el paradigma del emprendimiento.
El proceso de análisis se estructuró en tres ejes temáticos: (1) la necesidad de incorporar el paradigma emprendedor en la educación formal, (2) el papel de las habilidades blandas vinculadas al desarrollo personal y emocional, y (3) la integración de competencias técnicas y de empleabilidad en la formación emprendedora. Esta triangulación permitió construir una visión integral sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la educación en la preparación de individuos capaces de generar propuestas innovadoras, sostenibles y socialmente responsables.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Se revisaron 247 artículos, de los cuales se seleccionaron 40, 18 del repositorio DOAJ, 1 de Scielo, 11 de Scopus, y 10 de Web of Science. Estos se listan en la Tabla 1.
Todos los resultados convergen no solo en la importancia, sino que las habilidades blandas son un componente indispensable del emprendimiento y el empleo, como señala la publicación de Sutianah (2021) quien señala que los estudiantes se iniciaran en un trabajo y comenzaran como autónomos, mypes, que logren el éxito, competitividad y desarrollo sostenido requiere de un área educativa para el Trabajo tiene como finalidad desarrollar competencias laborales, capacidades y actitudes emprendedoras en los estudiantes ya que la relación laboral es diferente a todas las vividas en la vida familiar, escolar y social, buscando preparar a los estudiantes para insertarse en el mercado laboral, ya sea como trabajadores dependientes o generando su propio empleo (autoempleo, autónomo), desarrollar habilidades técnicas que son más eficaces e inmediatas para sostenerse y socioemocionales para la empleabilidad.
Varios autores coinciden el termino habilidades blandas, “pues son tantas, derivadas y sustentadas en la persona” que van a materializar la visión del emprendedor y una idea algo abstracto se hará realidad; es diferente de la visión laboral, donde hay un desempeño en un mundo empresa ya existente y se tiene un rol.
Godoi y Cordeiro (2023) señala que es conveniente agruparlas en indispensables (que solo tendrán que afrontar los empresarios), de gestión, interpersonales, crecimiento personal y muy específicas para enfrentar las adversidades todas ellas necesarias para el éxito del emprendedor y refleja la complejidad y los desafíos inherentes a iniciar y mantener un negocio. Mientras que algunas habilidades como la resiliencia y la adaptabilidad son cruciales para enfrentar adversidades, otras como la creatividad y el liderazgo son igualmente importantes para aprovechar oportunidades favorables. El desarrollo equilibrado de estas habilidades permite a los emprendedores navegar con mayor éxito las diversas circunstancias que encuentran en su camino.
Obara (2022), Alves et al. (2022) y Tem et al. (2020) señalan que son fundamentales la resiliencia, comunicación efectiva, liderazgo, creatividad e innovación. La resiliencia destaca porque no se tiene éxito a la primera; se enfrentan múltiples fracasos, y no se trata simplemente de un trabajo. Recuperarse de los fracasos y adaptarse a los cambios resulta crucial para enfrentar adversidades y persistir en el emprendimiento. De ahí surge el concepto de visión (meta o futuro a crear) y misión (lograr esa visión). Esta visión, al igual que la del deportista que aspira a la medalla de oro, representa el sueño que el emprendedor busca materializar. En este contexto, los fracasos se convierten en lecciones valiosas.
Por otro lado, la comunicación efectiva es esencial, ya que el emprendimiento implica transmitir ideas poco comunes de forma clara y persuasiva, especialmente al negociar, vender y liderar equipos. Aunque se disponga de capital y personal, el emprendimiento requiere liderazgo, pues la calidad y productividad de las personas dependen de la capacidad para inspirar y dirigir hacia un objetivo común. El liderazgo es clave para involucrar, gestionar equipos y tomar decisiones. Finalmente, la creatividad e innovación resultan imprescindibles: nada mediocre florece, ni lo mediocre barnizado. Se necesita generar ideas originales y soluciones novedosas para diferenciarse en el mercado, adaptarse a nuevas circunstancias y, sobre todo, encontrar un nicho propio.
Bardales et al. (2024), Sutianah (2021), Chioda et al. (2021); por su parte señalan la importancia no solo de habilidades blandas sino de habilidades duras de emprendimiento, ya que se puede tener la visión, el deseo, la intención, la fe, pero si no se tiene disciplina, constancia voluntad y autocritica no se logra el emprendimiento, por ello es necesario un conjunto de habilidades blandas relacionadas con habilidades duras (técnicas, especificas) como organización, toma de decisiones, gestión de tiempo, estas habilidades blandas requieren mucho sustento teórico, metodologías tanto para el emprendedor como para su toma de riesgo y decisión.
La Organización y planificación tiene su metodología para desarrollar la capacidad para estructurar tareas y recursos de manera eficiente y es crucial para manejar múltiples responsabilidades; la toma de decisiones requiere de conocer muchos aspectos financieros, tributarios organizacionales vinculados al emprendimiento, de esto se desprende la habilidad para analizar situaciones y elegir el mejor curso de acción, fundamental en momentos de incertidumbre que es típico de un emprendimiento; otra habilidad blanda es la gestión del tiempo: Capacidad para priorizar tareas y maximizar la productividad6. Esencial para equilibrar las diversas demandas del emprendimiento.
Farah et al. (2023), Salceanu et al. (2021), Stochero y Franzin (2021), Machado et al. (2024) y Faria et al. (2021) coinciden en que es necesario ofrecer a los estudiantes el paradigma del emprendimiento. Muchas personas no desarrollan una mentalidad emprendedora porque carecen de modelos; se les forma para trabajar, estudian para trabajar, y este paradigma se establece desde la niñez. Si a esto se le suman los desafíos inherentes a la responsabilidad de emprender, se vuelve indispensable fomentar habilidades blandas orientadas al crecimiento personal. Estas habilidades están estrechamente vinculadas a la inteligencia emocional, incluyendo la adaptabilidad, el aprendizaje continuo, la inteligencia interpersonal, la autoestima y la autoconfianza.
Otro aspecto relevante son los valores. Para abrirse paso en el mundo de los negocios, se requiere confianza y credibilidad, lo cual depende de una sólida base ética. La pérdida de confianza implica la pérdida de todo, por lo que los valores deben integrarse en las habilidades blandas. La búsqueda de valores está relacionada con la inteligencia emocional, el autoconcepto, la autoconfianza y la inteligencia interpersonal. Por ello, estas competencias deben implantarse desde la educación básica, no solo como una opción laboral, sino como una orientación hacia el emprendimiento. Esto implica incorporar contenidos transversales como la adaptabilidad, mediante experiencias que permitan ajustarse a nuevas situaciones y entornos cambiantes, esenciales en un mundo empresarial dinámico.
Asimismo, la vocación por el aprendizaje continuo es fundamental. Esta disposición para adquirir nuevos conocimientos y habilidades es crucial para generar ideas, identificar oportunidades y, sobre todo, superar la mediocridad. Este término no se emplea de forma peyorativa, sino para destacar la necesidad de evitar soluciones comunes y buscar la singularidad y originalidad. Un emprendimiento no debe ser una réplica, sino una propuesta auténtica. Estas cualidades, al igual que en los deportistas exitosos, se cultivan con disciplina y búsqueda de perfección. Muchas de ellas se sustentan en la inteligencia emocional, que permite crear lo que aún no existe, gestionar las propias emociones y las de los demás, ejercer liderazgo y construir relaciones interpersonales efectivas.
Lage (2023), Godoi et al. (2022) y Onipede et al. (2020), por su parte, destacan en la formación del emprendimiento las habilidades interpersonales, pero orientadas al contexto de la gestión empresarial. Una empresa no es más que un equipo que debe alcanzar el éxito; aunque el algoritmo sea el mismo, las formas varían. Este equipo -compuesto por dirección, organización y control- requiere, al igual que un buen entrenador o maestro, de “empatía aplicada”, entendida como la capacidad para conectar con las emociones de los demás y generar un clima y cultura empresarial adecuados. Comprender a empleados, clientes y socios es esencial, ya que estos tres niveles implican tres tipos distintos de trabajo en equipo, todos los cuales deben construirse y gestionarse para alcanzar el éxito.
CONCLUSIÓN
La formación emprendedora se ha convertido en una necesidad estratégica dentro de los sistemas educativos contemporáneos. La revisión de literatura nacional e internacional revela una coincidencia generalizada: los modelos educativos tradicionales han estado orientados al paradigma laboral, promoviendo habilidades blandas centradas en la obediencia, la integración en equipos y la ejecución de tareas bajo dirección. En contraste, el emprendimiento exige una reformulación de estas competencias, orientándolas hacia la autonomía, la creatividad, la responsabilidad y la sostenibilidad de proyectos propios. Aunque se trate de habilidades similares en su estructura, su propósito y aplicación difieren sustancialmente, lo que justifica su inclusión específica en los procesos formativos.
Diversos autores destacan que el desarrollo personal es un componente esencial para el ejercicio emprendedor. La inteligencia emocional, el carácter y la disciplina se presentan como pilares fundamentales, dado que emprender implica enfrentar múltiples desafíos y construir activamente un destino propio. A diferencia del modelo laboral, que prepara para una trayectoria definida y estable, el emprendimiento demanda una actitud proactiva, resiliente y orientada al crecimiento continuo. Esta perspectiva formativa debe ser promovida desde etapas tempranas, integrando contenidos que fortalezcan el pensamiento crítico, la gestión emocional y la capacidad de adaptación a entornos cambiantes.
Asimismo, se reconoce la importancia de complementar las habilidades blandas con competencias técnicas y de empleabilidad. Más allá del liderazgo, la empatía y el trabajo en equipo, se requieren capacidades como la formulación de indicadores, la definición de metas y la estructuración de proyectos. En este contexto, el mundo laboral ha experimentado transformaciones profundas: el trabajo ha dejado de ser una actividad pasiva para convertirse en una práctica flexible, dinámica y sujeta a constantes cambios. Por ello, asignaturas como formación para el trabajo adquieren un valor estratégico, al aportar herramientas útiles tanto para la inserción laboral como para el desarrollo de iniciativas emprendedoras, consolidando así una educación orientada a la innovación y la autonomía profesional.
CONFLICTO DE INTERESES.
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.















