INTRODUCCIÓN
La educación ambiental en la escuela primaria cumple una función fundamental en la formación de personas responsables y comprometidas con el cuidado del entorno, ya que durante esta etapa los estudiantes desarrollan valores, actitudes y comportamientos relacionados con el cuidado del ambiente que perduran a lo largo de su vida. En ese contexto, el Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB) y el Programa Curricular de Educación Primaria, impulsado por el Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), promueve la competencia “Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente” (MINEDU, 2016).
Esta competencia busca que el estudiante comprenda los conceptos y las etapas de manejo de residuos sólidos, la estrategia de las 3R (reducir, reutilizar y reciclar), así como el código de colores para su adecuada segregación (MINAM, 2017); fomentando así una conciencia ambiental crítica y activa desde los primeros años de escolaridad.
Diversas investigaciones tanto en contextos internacionales como nacionales han destacado la importancia de fortalecer el conocimiento ambiental entre los escolares, considerando sus comportamientos y hábitos relacionados con el manejo de residuos sólidos en diferentes contextos educativos y sociales. Aunque existe el conocimiento general sobre este tema en países como Colombia, Nigeria, Filipinas, Malasia e Indonesia, aún persisten deficiencias en su aplicación práctica, en el desarrollo de acciones ambientales y el cumplimiento de la normativa legal (Akintunde y Akintunde, 2023; Alpala et al., 2023; Amalia et al., 2021; Ramli et al., 2023).
En el contexto peruano, estudios como los de Dominguez (2024); Esamat (2022); Giersch et al. (2022) reportan niveles de conocimiento bajos a regulares sobre el manejo de residuos sólidos, especialmente en estudiantes y trabajadores en distintas regiones del Perú. Además, actualmente el país genera más de 23 mil toneladas de residuos sólidos al día (MINEDU, 2025), lo que ha agravado los problemas ambientales como la contaminación del agua, aire y suelo. Según Criollo (2019), estas problemáticas afectan directamente tanto a la salud pública como al equilibrio ambiental.
Estas evidencias demuestran la necesidad de promover la comprensión sobre manejo de residuos sólidos, crucialmente en edades tempranas de la educación, para fortalecer la conciencia ambiental desde la infancia y la niñez. Sin embargo, se observa una escasez de investigaciones centradas específicamente en estudiantes de educación primaria en regiones altoandinas. En ese sentido, se ha identificado que muchos escolares presentan escaso conocimiento y comprensión sobre manejo de residuos sólidos, y manifiestan actitudes irresponsables, evidenciadas en la mezcla indiscriminada de residuos sólidos y la ausencia de tachos de colores según lo establecido en la Norma Técnica Peruana NTP 900.058.2019 (INACAL, 2019). Resulta evidente que estas observaciones no constituyen un diagnóstico formal, pero permiten identificar la necesidad de realizar una evaluación diagnóstica sobre el estado de la educación ambiental en este contexto.
En ese sentido, este estudio planteó como interrogante: ¿Cuál es el nivel de conocimiento sobre manejo de residuos sólidos en estudiantes de primaria? Por lo que, el propósito fue identificar el nivel de conocimiento que poseen los estudiantes de V ciclo de la Educación Básica Regular (5to y 6to grado de primaria) respecto al manejo de residuos sólidos, considerando aspectos como los conceptos básicos, las etapas de manejo, la estrategia de las 3R y el código de colores para los residuos sólidos. Este estudio aporta información valiosa porque sirve de base para diseñar programas, talleres o estrategias pedagógicas contextualizadas, orientadas a fortalecer la educación ambiental en el ámbito escolar.
METODO
Esta investigación tuvo un enfoque mixto de tipo descriptivo simple ya que se buscó analizar la variable tal como se encuentra en el contexto sin manipularla, por ese motivo la finalidad fue identificar el nivel de conocimiento sobre los conceptos básicos, la estrategia de las 3R, las etapas de manejo y el código de colores de residuos sólidos. Asimismo, se registró datos cuantitativos que posteriormente fueron analizados desde una perspectiva cualitativa. Además, se aplicó un diseño no experimental - transversal.
El muestreo fue no probabilístico de tipo intencional, tomando en cuenta a los estudiantes del V ciclo (5to y 6to grado de primaria) por su vínculo con el desarrollo de la competencia “Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente”, la cual implica conocer sobre el manejo de residuos sólidos. Debido a que se tuvo acceso a la totalidad de los estudiantes de este ciclo, se trabajó con todos ellos, configurando así un enfoque de tipo censal. La muestra estuvo compuesta por 50 estudiantes cuyas edades varían entre 9 a 12 años, y que forman parte de una institución educativa pública ubicada a 3848 m.s.n.m. en las cercanías del Lago Titicaca del estado peruano.
La obtención de datos se llevó a cabo a través de la técnica de la encuesta, empleando como instrumento un cuestionario compuesto por 40 interrogantes cerradas con respuestas dicotómicas. El instrumento fue sometido a validación por juicio de expertos y mostró un nivel de confiabilidad “adecuada”, con un coeficiente de Alfa de Kuder Richardson (α = 0.85). La calificación del nivel de conocimiento, tanto cuantitativa como cualitativamente, se efectuó de manera general y específica para cada una de las cuatro dimensiones. Los niveles establecidos fueron: “excelente” (puntaje entre 17 y 20), “bueno” (entre 14 y 16), “regular” (entre 11 y 13), y “deficiente” (entre 00 y 10).
Este instrumento permitió obtener información acerca del nivel de conocimiento relacionado con el manejo de residuos sólidos, ya que contenía 10 preguntas destinadas a cada dimensión. La primera dimensión recopiló información sobre los conceptos básicos como residuos sólidos, residuos orgánicos e inorgánicos, aprovechables, no aprovechables, y peligrosos. La segunda dimensión abordó la estrategia de las 3R, que comprende reducir, reutilizar y reciclar. La tercera dimensión evaluó las diferentes fases del manejo de los residuos, tales como la generación, el barrido, la limpieza, la segregación, el almacenamiento, la recolección, el transporte y la disposición final. Por último, la cuarta dimensión se centró en el código de colores: color marrón para los residuos orgánicos, verde para los residuos aprovechables, negro para los residuos no aprovechables y rojo para los residuos considerados peligrosos.
La información recolectada fue analizada y examinada mediante la estadística descriptiva, utilizando medidas como la media aritmética, frecuencias y porcentajes, las cuales permitieron determinar e identificar el nivel de conocimiento sobre manejo de residuos sólidos en los estudiantes. Este análisis permitió identificar las principales debilidades y aportó información clave para la formulación de programas, talleres o charlas educativas con el fin de fortalecer la educación ambiental en la niñez.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Seguidamente, se exponen los principales resultados relacionados con el nivel de comprensión acerca del manejo de residuos sólidos por parte de los escolares del V ciclo (5to y 6to grado de primaria) de la Institución Educativa pública investigada. Tras realizar un análisis de los datos que fueron recolectados con el cuestionario y procesados en el programa estadístico SPSS, se identificaron niveles de conocimiento de manera global, así como también por dimensiones.
Según la Tabla 1, el 36 % de los estudiantes presenta un nivel deficiente de comprensión acerca del manejo de residuos sólidos (18 estudiantes). De igual manera, el 24 % presentó un nivel regular (12 estudiantes), en cambio el 30 % tuvo un nivel bueno (15 estudiantes) y solo el 10 % logró un nivel excelente (5 estudiantes). De estos resultados se puede decir que la mayor parte de los estudiantes (60 %, entre deficiente y regular) se encuentran por debajo del nivel esperado, lo que sostiene el hecho de promover la educación ambiental en el nivel primario.
Al examinar el contenido de la Figura 1, se puede apreciar que la dimensión de “Conceptos básicos” presenta un nivel deficiente en cuanto al conocimiento, mostrando un 42 % de los estudiantes (21), en tanto, el 14 % (7) se ubican dentro del nivel regular, el 24 % (12) alcanzó un nivel bueno, mientras que el 20 % (10) está dentro del nivel excelente. Estos resultados ponen en manifiesto que, una cantidad significativa de los estudiantes no domina suficientemente los fundamentos teóricos relacionados con el manejo de residuos sólidos.
En el caso de la dimensión “3R (reducir, reutilizar y reciclar)”, el porcentaje de los encuestados que se ubican en el nivel deficiente es del 28 % (14 estudiantes), el de los que se localizan en el nivel regular es de un 16 % (8), el 26 % (13) se ubican en el nivel bueno, y por último el 30 % (15) se sitúan en el nivel excelente. En conjunto, los niveles “excelente” y “bueno” alcanzan el 56 %, lo que sugiere un mayor entendimiento sobre esta estrategia clave en la educación ambiental.
Referente a la dimensión “Etapas de manejo de residuos sólidos”, se constató que el 52 % de los escolares (26) se hallaron dentro del nivel deficiente, mientras que el 20% (10) se encuentra dentro del nivel regular; asimismo, el 18% (9) están dentro del nivel bueno y solamente el 10% (5) obtuvieron el nivel excelente. A partir de esta interpretación, es posible inferir que en esta dimensión existe una debilidad en el entendimiento de las etapas que conforman el tratamiento adecuado de los residuos sólidos.
En cuanto a la dimensión “Código de colores” revelan que el 60% de los escolares (30) se encuentran dentro del nivel deficiente, mientras que en los niveles regular, bueno y excelente alcanzaron el 8% (4), 18% (9) y 14% (7) respectivamente. Esta dimensión representa el menor nivel de conocimiento entre todas las evaluadas, lo que implica una necesidad urgente de intervención educativa enfocada en la identificación y segregación de los residuos sólidos.
En general, se determinó que las dimensiones con mayor cantidad de estudiantes en niveles bajos fueron “Conceptos básicos”, “Etapas de manejo” y “Código de colores”, mientras que la dimensión “3R” mostró un mejor desempeño, ya que se encontraban en los niveles bueno y excelente. Estos hallazgos evidencian la necesidad de reforzar la formación ambiental en la educación primaria, especialmente en los aspectos de la comprensión práctica y técnica del tratamiento adecuado de los residuos sólidos.
Discusión
Los hallazgos de este estudio evidencian que los escolares del grupo correspondiente al V ciclo de educación primaria en una institución pública de Puno presentan, en términos generales, conocimientos deficientes sobre el manejo de residuos sólidos. Esta tendencia coincide con lo reportado por Apaza (2015), Esamat (2022) y Raymundo (2018), quienes identificaron niveles similares en estudiantes de distintos niveles educativos. Estos hallazgos reflejan una debilidad persistente en la formación ambiental escolar, lo que pone en evidencia una debilidad entre el currículo educativo y su aplicación en el sistema educativo.
Por el contrario, investigaciones como las de Alpala et al. (2023) en Colombia y Sulistyawati et al. (2020) en Indonesia reportaron niveles adecuados de conocimiento ambiental en estudiantes de primaria y secundaria, lo que evidencia que el contexto pedagógico, sociocultural y de infraestructura escolar influye notablemente en la apropiación de conocimientos ambientales.
Asimismo, los hallazgos de este estudio se alinean parcialmente con los estudios de Estrada et al. (2020), Giersch et al. (2022) y Mamani (2020), quienes evidenciaron niveles regulares o poco favorables de conocimiento. Esto respalda lo señalado por Castillo y Chacón (2022), quienes afirman que, aunque exista la conciencia ambiental esto no garantiza las prácticas sostenibles. Esta contradicción puede estar relacionada con una debilidad entre teoría y práctica, evidenciada en el ámbito educativo y en el hogar.
En el nivel superior, algunos estudios como el de Jara (2022) reportan buenos niveles de conocimiento ambiental en universitarios, lo cual es esperable dado al mayor grado de instrucción. No obstante, otros estudios como los de Bona y Manuel (2023), Molina y Catan (2021) y Zulkipli et al. (2023) advierten vacíos de conocimiento e incluso en este nivel, lo que sugiere que la formación ambiental no se encuentra consolidada en ninguna etapa educativa. De hecho, Owojori et al. (2022) plantean que en algunos contextos los estudiantes requieren incentivos para promover acciones ambientales.
En el análisis específico por dimensiones, se identificaron debilidades en conceptos básicos, etapas de manejo y código de colores para los residuos sólidos. Estas deficiencias coinciden con los hallazgos de Esamat (2022) y Sulistyawati et al. (2020) y parecen estar asociadas a la escasa prioridad curricular que recibe esta temática. A pesar del ello, estudios como el de Cardozo et al. (2022) muestran que la incorporación de experiencias de aprendizaje bien estructuradas puede generar mejoras significativas. De forma similar, Cigerim y Kaplan (2020) destacan que el nivel educativo influye en la apropiación del conocimiento, aunque no garantiza su aplicación práctica.
Una excepción positiva se identificó en la dimensión de las 3R (reducir, reutilizar y reciclar), donde los escolares mostraron un conocimiento excelente. Este resultado constituye una oportunidad clave para consolidar hábitos sostenibles desde la niñez. Diversas investigaciones como las de Criollo (2019), Espinoza y Velasquez (2020) y Rahman y Sham (2020) respaldan que los talleres y programas educativos bien orientados tienen un impacto positivo sobre la educación ambiental. Sin embargo, como advierten Ramli et al. (2023) y Castillo y Chacón (2022), el conocimiento por sí solo no garantiza prácticas sostenibles. Esto concuerda con lo señalado por Jatau (2013), quien argumenta que factores como la edad o el nivel de instrucción no determinan necesariamente actitudes ambientales responsables.
En conjunto, los hallazgos de este estudio evidencian una brecha notable entre lo que prescribe el currículo nacional respecto a la competencia “Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente” y la situación real del aprendizaje de los estudiantes. Esta situación coincide con la que reportan tanto Dominguez (2024) como Parejas (2021), quienes también encontraron niveles bajos de conocimiento ambiental incluso en profesionales. Por eso muchos autores, como Bulut (2020) y Akintunde y Akintunde (2023), destacan la necesidad de dar énfasis a la formación ambiental desde el primer ciclo de escolarización, ayudando a los docentes a poner en práctica conocimientos pedagógicos contextualizadas, materiales didácticos e incorporación de la formación continua que permita generar una cultura de sostenibilidad desde edades tempranas.
CONCLUSION
El estudio evidenció que una parte significativa de los estudiantes del V ciclo de educación primaria de una institución educativa pública del Perú se encuentra en un nivel deficiente de conocimiento sobre el manejo de residuos sólidos, especialmente en las dimensiones de conceptos básicos, etapas del manejo y código de colores, lo que revela una brecha entre la competencia “Gestiona responsablemente el espacio y el ambiente” planteada en el Currículo Nacional y su práctica en el aula. Sin embargo, en la dimensión de las 3R se encontró un nivel mejor, lo que representa una oportunidad para continuar con el fortalecimiento del aprendizaje.
En ese sentido, existe la necesidad de reforzar la educación ambiental mediante el uso de estrategias pedagógicas contextualizadas, talleres, proyectos y programas de sensibilización con la participación de los estudiantes, los docentes y las familias. Estas acciones permitirán mejorar el manejo de los residuos sólidos y construir una cultura ambiental activa desde la educación primaria.
















