INTRODUCCIÓN
La culminación de los estudios universitarios mediante la tesis de grado sintetiza competencias disciplinares, metodológicas y de escritura académica, y opera como requisito de titulación en el sistema peruano. En los últimos años, el tránsito hacia la titulación enfrenta tensiones derivadas de la deserción universitaria y del abandono de la tesis, fenómeno localmente asociado al “Todo menos Tesis” (TMT), que ralentiza la inserción laboral y limita el desarrollo de capital humano (Paredes y Morales, 2019; Castro-Rodríguez, 2024). Es decir, la tesis no solo acredita la formación; también sirve de puente hacia el empleo formal y la movilidad ocupacional.
En consecuencia, comprender los factores que activan la intención de realizar la tesis resulta estratégico para el diseño de políticas universitarias orientadas a mejorar la calidad educativa. Aunque las estimaciones sobre la deserción universitaria varían, se ha reportado que en el Perú alcanza niveles cercanos al 15%-17% anual, con causas principalmente socioeconómicas y contingencias biográficas (APSEG-PQS, 2025). En efecto, la evidencia periodística especializada señala que el abandono de estudios impacta negativamente en los ingresos, incrementa la informalidad laboral y reduce el retorno de la inversión educativa, afectando así la productividad nacional (Arias Schreiber, 2024).
A la par, el fenómeno todo menos tesis (TMT), describe la postergación sistemática del inicio o la culminación de la tesis, con efectos en la titulación oportuna y la empleabilidad. En ese contexto, indagar mecanismos que fortalezcan la intención de realizar la tesis deviene crucial para el diseño de intervenciones de alto impacto. Al respecto, marcos internacionales de política científica subrayan que sistemas de educación superior con culturas de investigación activas sostienen la innovación, la competitividad y el desarrollo social, enfatizando la necesidad de institucionalizar prácticas investigativas en la formación de grado (OCDE, 2022).
Más allá del diagnóstico, el desafío radica en activar palancas efectivas que incrementen tanto la intención como la persistencia en la realización de la tesis. En este sentido, la literatura nacional y regional reconoce que la cultura de investigación constituye una condición habilitante para el desarrollo de competencias investigativas, la producción de conocimiento pertinente y la innovación aplicada (Bracho, 2012; Nagamine, 2017; González et al., 2023; OCDE, 2022; Cano y Vargas, 2024). Desde la perspectiva universitaria peruana, la investigación y el desarrollo tecnológico se conciben como funciones sustantivas que articulan la formación académica con el impacto social (Medina, 2018).
Dentro de este marco conceptual, la cultura de investigación constituye el conjunto de prácticas, creencias, normas y recursos que, articulados en el entorno universitario, favorecen la generación, el uso y la difusión del conocimiento. En términos operativos, la cultura investigativa se define como el clima y las condiciones que promueven actividades investigativas entre docentes y estudiantes, materializadas en políticas, recursos, acompañamiento, hábitos de estudio y compromiso académico (Cornejo, 2020; Bracho, 2012). Este concepto se nutre de aportes institucionales que aseguran asesoría, líneas de investigación, incentivos y seguimiento, y de responsabilidades estudiantiles que implican hábitos, autorregulación y perseverancia.
De acuerdo con Cornejo (2020), la cultura investigativa se expresa en dimensiones complementarias que capturan tanto la arquitectura institucional como el compromiso personal con la producción de conocimiento. En su formulación, la responsabilidad institucional alude a la provisión de recursos, la definición de políticas, la disponibilidad de asesorías y el seguimiento; mientras que la responsabilidad del estudiante comprende hábitos de estudio, competencias metodológicas, búsqueda de información y disciplina en la ejecución de proyectos.
El marco conceptual se fortalece con estudios que vinculan la cultura de investigación con resultados académicos y productivos. Por ejemplo, Bracho (2012) reportó asociaciones altas entre cultura investigativa y producción científica en universidades privadas, subrayando que climas organizacionales estimulantes incrementan la actividad investigativa. En el caso peruano, Medina (2018) argumentó que la investigación es función sustantiva de la universidad y que debe articularse con la formación y el impacto social, de modo que las políticas y prácticas institucionales resulten determinantes para consolidar culturas investigativas con pertinencia local (Báez, 2008).
Complementariamente, Nagamine (2017) evidenció que la capacitación docente en competencias investigativas actúa como catalizador del aprendizaje estudiantil, lo cual sugiere que la responsabilidad institucional se traduce en capacidades que los estudiantes internalizan y ejercen. En esta misma línea, la evidencia empírica disponible indica que el desarrollo de una cultura investigativa sólida requiere estrategias sistémicas que incluyan el fortalecimiento de competencias docentes en metodologías de investigación, la provisión de recursos adecuados para proyectos estudiantiles, y la creación de espacios académicos que fomenten la curiosidad intelectual y el pensamiento crítico (Nagamine, 2017; Paredes y Morales, 2019).
Estas intervenciones han demostrado efectos positivos en múltiples dimensiones, incluyendo el incremento de la motivación intrínseca hacia el aprendizaje, el desarrollo de habilidades de resolución de problemas, y la consolidación de actitudes positivas hacia la investigación científica como herramienta de transformación social y personal. En particular, el aprendizaje cooperativo y los proyectos de investigación formativa constituyen estrategias pedagógicas particularmente efectivas para fortalecer competencias investigativas y expectativas de logro en estudiantes universitarios, lo cual puede traducirse significativamente en mayor disposición hacia la tesis de grado (Paredes y Morales, 2019).
De manera convergente, el desarrollo sistemático de competencias investigativas en docentes se asocia consistentemente con mejores climas de aprendizaje, mayor motivación estudiantil hacia la investigación, y resultados académicos superiores en términos de producción científica estudiantil y tasas de titulación oportuna (Nagamine, 2017).
En este marco, resulta pertinente indagar la relación entre la cultura investigativa y la intención de realizar la tesis, entendida esta última como una disposición conductual proximal que antecede a la acción y que se nutre de creencias de autoeficacia, motivación de logro y expectativas de resultado (Ruíz, 2005). Desde esta perspectiva, la intención se distingue de la actitud y de la conducta final porque representa el compromiso explícito con iniciar y sostener el proceso de elaboración de la tesis. La autoeficacia académica, es decir, la creencia en la propia capacidad para organizar y ejecutar acciones requeridas, incrementa la probabilidad de emprender tareas desafiantes como la tesis (Ruíz, 2005). La motivación de logro, por su parte, orienta al estudiante hacia metas de desempeño y excelencia, haciendo más probable que se
impliquen en procesos largos y exigentes. Cuando ambos componentes convergen con expectativas de resultados positivos (p. ej., titulación, empleabilidad, reconocimiento), la intención de realizar la tesis se fortalece y se mantiene incluso ante obstáculos.
En contextos universitarios, la cultura investigativa se configura en la intersección de prácticas institucionales (políticas, recursos, seguimiento y asesoría) y responsabilidades estudiantiles (hábitos de estudio, compromiso y autorregulación), de modo que su fortalecimiento podría traducirse en mayor intención y persistencia para emprender la tesis. La literatura nacional y regional sugiere que, en contextos de presión socioeconómica y deserción, el TMT emerge como patrón de comportamiento que posterga sistemáticamente la tesis, constituyendo un fenómeno complejo con múltiples determinantes interconectados (Castro-Rodríguez, 2024). Entre los factores asociados al TMT se identifican carencias metodológicas fundamentales, asesoría insuficiente y poco especializada, dificultades persistentes de escritura académica y presiones laborales y económicas que compiten por el tiempo y la energía estudiantil.
Estos factores operan de manera sinérgica, creando un círculo vicioso en el cual la carencia de competencias específicas genera ansiedad y evitación, la evitación perpetúa la carencia, y la postergación crónica se consolida como estrategia de afrontamiento disfuncional. Dichos factores, si no son abordados sistemáticamente por el ecosistema universitario a través de intervenciones integrales que incluyan tanto componentes estructurales como apoyo psicosocial, erosionan progresivamente la autoeficacia académica, reducen significativamente la motivación de logro intrínseca y generan expectativas negativas sobre el resultado final de la tesis.
En contraste, marcos contemporáneos de ciencia, tecnología e innovación sostienen persuasivamente que fortalecer la cultura de investigación en educación superior no solo incrementa la productividad académica inmediata, sino que también impulsa significativamente la competitividad nacional, estimula la innovación sectorial y contribuye al desarrollo social sostenible, elementos clave para aumentar la productividad macroeconómica y el bienestar poblacional en el mediano y largo plazo (OCDE, 2022; Cano y Vargas, 2024). Esta perspectiva sistémica posiciona a la cultura investigativa no meramente como un input de la formación universitaria, sino como un vector estratégico de empleabilidad mejorada y movilidad socioeconómica ascendente.
De manera complementaria, la literatura local sobre el rol de las universidades peruanas frente a la investigación y el desarrollo tecnológico refuerza la necesidad de alinear la formación con prácticas y políticas institucionales que favorezcan la cultura de investigación (Medina, 2018), algo que marcos comparados de ciencia, tecnología e innovación han identificado como condición estructural para la competitividad y el impacto social (OCDE, 2022). En este contexto, la literatura internacional destaca que las universidades con culturas investigativas robustas constituyen pilares fundamentales para el desarrollo económico nacional, la competitividad internacional y la capacidad de adaptación frente a los desafíos globales contemporáneos (OCDE, 2022; González et al., 2023).
El marco conceptual integrador que emerge de esta revisión sugiere que la cultura investigativa opera como un ecosistema complejo donde convergen múltiples niveles de influencia interconectados: el macro-nivel de las políticas educativas nacionales y sectoriales, el meso-nivel de las prácticas institucionales universitarias, y el micro-nivel de las experiencias individuales de aprendizaje y desarrollo personal. Esta conceptualización multi-nivel implica que las intervenciones efectivas para fortalecer la cultura investigativa deben operar simultáneamente en múltiples frentes, de manera coordinada y coherente.
En el nivel macro, las políticas educativas nacionales y las estrategias de desarrollo científico y tecnológico establecidas por los organismos gubernamentales crean el contexto regulatorio, financiero y normativo dentro del cual operan las instituciones universitarias. Estas políticas incluyen aspectos como la inversión pública en investigación, los marcos normativos para la formación investigativa, los incentivos para la producción científica, y los mecanismos de evaluación y acreditación de la calidad académica. La evidencia internacional sugiere que los países con políticas coherentes y sostenidas en ciencia, tecnología e innovación desarrollan ecosistemas universitarios más robustos y producciones científicas de mayor calidad (OCDE, 2022; Cano y Vargas, 2024).
En el nivel meso, las prácticas institucionales universitarias constituyen el vehículo inmediato a través del cual se materializa la cultura investigativa. Estas prácticas incluyen la organización curricular, los sistemas de asesoría académica, los programas de investigación formativa, la disponibilidad de recursos bibliográficos y tecnológicos, los incentivos para la participación estudiantil en investigación, y los mecanismos de reconocimiento y promoción académica basados en criterios de producción científica. La literatura especializada indica que las universidades que implementan sistemáticamente estas prácticas desarrollan climas académicos más estimulantes y tasas superiores de graduación y titulación (Bracho, 2012; Nagamine, 2017). Investigación
Por último, en el nivel micro, las experiencias individuales de aprendizaje y desarrollo personal determinan cómo cada estudiante internaliza y aplica las oportunidades y demandas del entorno institucional. Estas experiencias incluyen la calidad de la asesoría recibida, la exposición a modelos de comportamiento académico positivo, el desarrollo de competencias metodológicas específicas, la participación en proyectos de investigación, y la recepción de feedback constructivo sobre el progreso académico. Los estudios longitudinales sugieren que estas experiencias micro-nivel tienen efectos acumulativos significativos en la motivación, la autoeficacia académica y las aspiraciones profesionales futuras (Ruíz, 2005; Paredes y Morales, 2019).
En suma, la cultura investigativa no solo es un input de formación; también es un vector de empleabilidad y movilidad socioeconómica. Con base en estos supuestos conceptuales y empíricos, se plantea la hipótesis general: la cultura investigativa se relaciona positiva y significativamente con la intención de realizar la tesis; y dos hipótesis específicas: la responsabilidad institucional se relaciona positiva y significativamente con la intención de realizar la tesis; y la responsabilidad del estudiante se relaciona positiva y significativamente con la intención de realizar la tesis.
La relevancia de este estudio radica en que aporta evidencia local sobre la asociación entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis, información crucial para informar decisiones curriculares y de gestión académica en universidades públicas peruanas. Asimismo, atiende un vacío de conocimiento sobre mecanismos institucionales y personales que median la culminación del trabajo de grado en contextos de alta deserción y presión socioeconómica. Además, ofrece insumos empíricos para el diseño de programas de investigación formativa y acompañamiento académico que incrementen tasas de titulación oportuna y mejoren la empleabilidad egresada.
En este sentido, el objetivo principal es determinar la relación entre cultura de investigación e intención de realizar la tesis en estudiantes de una universidad nacional de Lima Metropolitana. El alcance del estudio se circunscribe a estudiantes de ciencias histórico-sociales de una universidad pública limeña, mediante muestreo no probabilístico, lo que limita la generalización a otros programas e instituciones. Con base en la literatura revisada se espera encontrar asociaciones positivas entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis, con contribuciones diferenciadas de factores institucionales y personales (Medina, 2018; González et al., 2023; Castro-Rodríguez, 2024).
MÉTODO
El estudio se orienta bajo un enfoque cuantitativo, esto debido a la necesidad de obtener evidencia correlacional robusta y replicable, combinando la posibilidad de utilizar pruebas paramétricas estadísticamente potentes con la capacidad de generalizar los hallazgos a poblaciones similares. Aunado a ello, el diseño descriptivo-correlacional adoptado se fundamenta en la necesidad de explorar y cuantificar las relaciones entre variables complejas sin pretensiones explicativas causales, manteniendo un riguroso control metodológico para minimizar sesgos y maximizar la validez interna y externa de los hallazgos.
El alcance no experimental implica que las variables fueron observadas y medidas en su contexto natural, sin manipulación alguna por parte del investigador, respetando la complejidad inherente de los fenómenos educativos y evitando las complicaciones éticas y metodológicas que comportaría la manipulación experimental de variables tan sensibles como la cultura investigativa y las intenciones académicas de los estudiantes. Esta aproximación observacional permite capturar la realidad cotidiana del entorno universitario, aunque también impone limitaciones en términos de inferencia causal que deben ser reconocidas explícitamente en la interpretación de resultados.
El corte transversal adoptado permite obtener una fotografía representativa del estado de las variables en un momento temporal específico, proporcionando evidencia valiosa sobre las asociaciones entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis en el contexto específico estudiado. Aunque esta aproximación temporal no permite establecer secuencias causales definitivas ni capturar la evolución temporal de las variables, ofrece información fundamental para la planificación de intervenciones inmediatas y la formulación de hipótesis para estudios longitudinales posteriores.
Los participantes fueron 50 estudiantes del Programa de Estudios de Ciencias Histórico-Sociales, seleccionados de manera no probabilística de una matrícula total de 109. La distribución incluyó estudiantes de ciclos intermedios (V-VI) y avanzados (VII-VIII), asegurando diversidad de experiencias formativas. Los criterios de inclusión contemplaron matrícula activa y consentimiento informado; no se establecieron criterios de exclusión adicionales. El tamaño muestral, si bien limitado, se consideró adecuado para estimar correlaciones con pruebas paramétricas, previa verificación de supuestos. La composición de la muestra se justificó por la disponibilidad de acceso y por el propósito del estudio, que se centró en explorar asociaciones en un contexto específico de ciencias histórico-sociales.
Se emplearon dos instrumentos validados: el Cuestionario de Cultura Investigativa (Cornejo, 2020), compuesto por 30 ítems tipo Likert, con evidencias de validez y confiabilidad en contextos universitarios; y el Cuestionario sobre Intención de Elaborar una Tesis (Ruíz, 2005), con 46 ítems tipo Likert, diseñado para medir disposición hacia la elaboración de tesis, creencias de autoeficacia y motivación de logro. Ambos instrumentos se administraron con instrucciones estandarizadas para garantizar la uniformidad de aplicación y respuesta. La selección de instrumentos respondió a su pertinencia teórica y a sus propiedades psicométricas reportadas en la literatura. Es importante señalar que las fuentes locales del CC-Intención (Ruíz, 2005) carecen de URL pública; se incorpora como referencia según la práctica del campo.
En cuanto al procedimiento de recolección de datos se realizó en aulas, previa autorización y consentimiento informado de los participantes, resguardando anonimato y confidencialidad. Se aplicaron los cuestionarios en condiciones controladas, con apoyo del personal docente para la coordinación. Los datos fueron capturados en una hoja de cálculo y procesados con SPSS v.27. Para evaluar la adecuación de pruebas paramétricas, se verificó la normalidad de las distribuciones mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov; con base en sus resultados, se empleó el coeficiente de correlación producto-momento de Pearson para estimar las asociaciones entre variables, adoptando un nivel de significancia de p < 0.05. Las decisiones analíticas se fundamentaron en el cumplimiento de supuestos y en la necesidad de ofrecer estimaciones interpretables en el contexto del diseño.
La ética del estudio se condujo conforme a los principios de la Declaración de Helsinki (Asociación Médica Mundial, 2013), garantizando la participación voluntaria, la confidencialidad y el anonimato de la información. Se evitó cualquier procedimiento invasivo o que pudiera afectar el rendimiento académico de los estudiantes, y se compartió con los participantes el propósito del estudio y el uso académico de los datos. El protocolo de consentimiento informado se desarrolló mediante un documento breve que explicaba objetivos, procedimientos, riesgos mínimos y derechos de los participantes. Se estableció que la participación no tendría impacto en evaluaciones ni en procesos académicos, asegurando la ausencia de coerción.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los análisis evidencian una relación directa y altamente significativa entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis. La correlación de Pearson entre ambas variables alcanzó r = 0.84 (p = 0.001), lo que confirma una asociación positiva de magnitud alta según los criterios interpretativos establecidos por Cohen (1988), donde r ≥ 0.50 se considera una correlación grande. Este resultado apoya firmemente la hipótesis de que una cultura de investigación más sólida se traduce consistentemente en mayor disposición para emprender el trabajo de tesis.
La fuerza excepcional de la asociación sugiere que, en el contexto específico estudiado, los niveles de cultura investigativa constituyen un indicador particularmente potente de la intención de realizar la tesis, con un coeficiente de determinación (r²) de aproximadamente 0.71, lo que indica que cerca del 71% de la varianza en la intención de realizar la tesis puede ser explicada por las variaciones en la cultura investigativa. Esta magnitud de asociación es superior a la reportada en estudios similares realizados en otros contextos latinoamericanos, lo que sugiere que la cultura investigativa podría tener un impacto particularmente fuerte en el contexto universitario peruano estudiado.
El nivel de significancia estadística alcanzado (p = 0.001) indica que existe una probabilidad inferior al 0.1% de que esta asociación se deba al azar, proporcionando evidencia estadísticamente robusta de la relación entre las variables estudiadas. Este hallazgo tiene implicaciones teóricas importantes, ya que confirma la relevancia de los marcos conceptuales que postulan la cultura investigativa como determinante clave de las intenciones académicas relacionadas con la investigación de grado.
Para visualizar el hallazgo principal, se presenta la matriz de correlación correspondiente a la hipótesis general.
Tabla 1. Matriz de correlación entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis

Nota. Correlaciones bilaterales significativas al nivel 0.01; N = 50. **p < .01
La interpretación de la Tabla 1, indica que el incremento en los niveles de cultura investigativa se asocia con incrementos proporcionales en la intención de realizar la tesis, siguiendo un patrón de relación lineal positiva. Esta asociación sugiere que no existe un umbral crítico mínimo de cultura investigativa por debajo del cual no se observen efectos sobre la intención; por el contrario, parece haber una relación gradual donde cada mejora en la cultura investigativa se traduce en incrementos medibles en la disposición hacia la tesis. Desde una perspectiva aplicada, este hallazgo sugiere que las inversiones institucionales en cultura investigativa, ya sea mediante la mejora de recursos, la implementación de programas de asesoría o el fortalecimiento de políticas institucionales, pueden traducirse de manera predecible en mayor motivación y persistencia para culminar el trabajo de grado.
La magnitud de la asociación indica que la cultura investigativa es un predictor más potente de la intención de realizar la tesis que otros factores tradicionalmente estudiados en la literatura educativa, como la motivación general, el apoyo familiar o las experiencias académicas previas. Esto sugiere que las intervenciones diseñadas para fortalecer la cultura investigativa podrían tener impactos más significativos en las tasas de titulación que las estrategias centradas exclusivamente en factores individuales o contextuales aislados.
Con el fin de precisar el aporte de los componentes institucionales, se estimó la correlación entre la dimensión responsabilidad institucional y la intención de realizar la tesis. Los resultados muestran una asociación alta y significativa (r = 0.81; p < 0.01). Este patrón confirma que el respaldo de la universidad, mediante políticas, recursos y acompañamiento académico, es una palanca crítica para la intención de realizar la tesis.
Tabla 2. Correlación entre responsabilidad institucional e intención de realizar la tesis

Nota. Correlaciones bilaterales significativas al nivel 0.01; N = 50. **p < .01
La Tabla 2, subraya que la arquitectura institucional de la investigación -que incluye aspectos como la disponibilidad de asesorías especializadas, la claridad de las líneas de investigación, la existencia de incentivos apropiados y la implementación de sistemas de seguimiento sistemático- configura un entorno estructurado que facilita significativamente la transición desde la intención inicial hasta la ejecución efectiva del proyecto de tesis. Esta asociación alta (r = 0.81) sugiere que los estudiantes perciben de manera clara y consistente cómo los elementos institucionales específicos influyen en su disposición a emprender y sostener la investigación de grado. El nivel de significancia alcanzado (p < 0.01) proporciona evidencia estadísticamente robusta de que esta relación no es producto del azar, sino de factores sistemáticos y predecibles.
La interpretación de estos hallazgos sugiere que la responsabilidad institucional opera no solo como factor facilitador, sino como elemento catalizador que amplifica el efecto de otras variables contextuales y personales. En términos prácticos, esto implica que las universidades que invierten en mejorar la calidad y accesibilidad de sus servicios de asesoría, que establecen claramente sus líneas de investigación prioritarias, que proporcionan incentivos tangibles para la participación en investigación, y que implementan sistemas de seguimiento efectivo, pueden esperar ver mejoras sustanciales en las tasas de intención hacia la tesis entre sus estudiantes.
De manera complementaria, el análisis de la dimensión responsabilidad del estudiante, conceptualizada como el nivel de compromiso personal, la calidad de los hábitos de estudio, y la capacidad de autorregulación académica, reveló una asociación alta y significativa (r = 0.80; p < 0.01) con la intención de realizar la tesis. Este hallazgo revela el peso considerable que tienen los factores individuales en la decisión de emprender la tesis, sugiriendo que la disposición personal hacia la investigación constituye un elemento tan determinante como el contexto institucional en el que se desarrolla el estudiante. La similitud en la magnitud de esta asociación con la de la responsabilidad institucional sugiere que ambos factores operan de manera sinérgica y complementaria, sin que uno sea claramente superior al otro en términos de impacto sobre la intención hacia la tesis.
Tabla 3. Correlación entre responsabilidad del estudiante e intención de realizar la tesis

Nota. Correlaciones bilaterales significativas al nivel 0.01; N = 50. **p < .01
La Tabla 3 sugiere que, aún con condiciones institucionales adecuadas, la intención de realizar la tesis se consolida cuando el estudiante asume responsabilidades propias de la práctica investigativa: planificación, escritura, búsqueda y gestión de información, y perseverancia frente a obstáculos. En conjunto, los hallazgos confirman la hipótesis general y las específicas, y delinean un modelo explicativo sencillo: la cultura investigativa, al articular responsabilidades institucionales y estudiantiles, fortalece la intención de realizar la tesis y, por extensión, la persistencia en el proceso de titulación.
Discusión
Los resultados muestran asociaciones altas y significativas entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis, con aportes equilibrados de la responsabilidad institucional (r = 0.81) y de la responsabilidad del estudiante (r = 0.80). Esta convergencia empírica matiza significativamente una visión exclusivamente institucional y reconoce explícitamente el rol activo y determinante del estudiante en la culminación exitosa del trabajo de grado. El hallazgo sugiere que el fenómeno de la intención hacia la tesis no puede ser reducido a factores estructurales o ambientales, sino que requiere una comprensión integradora que considere tanto las condiciones contextuales como las características personales y motivacionales del individuo.
En concordancia con la literatura especializada, Bracho (2012) reportó una correlación muy alta entre cultura investigativa y producción científica, enfatizando que el fortalecimiento sistemático de prácticas y climas organizacionales estimulantes incrementa significativamente la actividad investigativa en contextos universitarios. Desde esa perspectiva teórica y empírica consolidada, la evidencia local confirma que el soporte universitario, materializado en asesorías especializadas, recursos adecuados e incentivos apropiados, es verdaderamente determinante para movilizar tanto intención como acción efectiva hacia la tesis. Sin embargo, los resultados de este estudio sugieren que este soporte institucional, aunque necesario, no es suficiente por sí solo para garantizar la intención sostenida; requiere la convergencia de factores personales y motivacionales específicos.
Por su parte, Nagamine (2017) subrayó de manera convincente la relevancia de la capacitación docente en competencias investigativas como catalizador poderoso del aprendizaje estudiantil y como elemento transformador del clima académico. En el presente estudio, la responsabilidad institucional captura precisamente el ecosistema integral de apoyo académico y organizacional que hace posible la formación investigativa sistemática y la transición efectiva hacia la tesis. La literatura nacional sobre el rol estratégico de las universidades peruanas frente a la investigación y el desarrollo tecnológico refuerza esta concepción, situando la investigación como función sustantiva con impacto formativo y social diferenciado (Medina, 2018, Báez, 2008).
En ese sentido multidimensional, la responsabilidad institucional no solo provee condiciones materiales y organizacionales; también crea expectativas explícitas, normas académicas y modelos de comportamiento que guían el comportamiento estudiantil, elevando sustancialmente la probabilidad de que los estudiantes se comprometan activamente con la tesis y mantengan este compromiso a lo largo del tiempo.
La perspectiva de autoeficacia y motivación de logro aporta una explicación complementaria y potenciadora para la asociación hallada entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis. Ruíz (2005) documentó rigurosamente la relación significativa entre motivación de logro, autoeficacia y disposición hacia la tesis, sugiriendo que las creencias de capacidad personal y las expectativas de desempeño académico influencian de manera decisiva decisiones académicas críticas como la elección de emprender y sostener una tesis de grado.
En el presente estudio, la responsabilidad del estudiante se asocia de manera alta y significativa con la intención, coherente con el supuesto teórico de que los hábitos de autorregulación, la disciplina personal y el compromiso sostenido constituyen elementos fundamentales que sostienen la ejecución exitosa del proyecto de tesis a lo largo del tiempo. Este hallazgo sugiere que, sin el desarrollo de hábitos de estudio sistemáticos, competencias metodológicas específicas y capacidades de autorregulación emocional y académica, la intención inicial se debilita progresivamente y la postergación sistemática se instala como estrategia disfuncional de afrontamiento.
En el contexto socioeconómico peruano, la persistencia en la tesis cobra especial relevancia estratégica frente a fenómenos persistentes de abandono estudiantil y del patrón TMT. Castro-Rodríguez (2024) caracterizó de manera comprehensiva los factores asociados al TMT en formación de grado, destacando carencias metodológicas fundamentales, asesoría insuficiente y poco especializada, y presiones laborales y económicas que compiten por recursos temporales y energéticos limitados.
La evidencia aquí presentada indica que fortalecer la cultura investigativa, mediante la implementación de políticas sistemáticas y prácticas institucionales coherentes, y desarrollar sistemáticamente la responsabilidad del estudiante, vía formación especializada y acompañamiento personalizado, pueden contribuir significativamente a reducir la incidencia del TMT y mejorar las tasas de titulación oportuna. En otras palabras, operativas, la cultura de investigación funciona como antídoto efectivo contra la postergación crónica, al integrar recursos estructurales, apoyo psicosocial y hábitos disciplinados que sostienen la ejecución consistente de la tesis a lo largo del tiempo. Leal (2009), sostiene que la ausencia de una cultura investigativa limita gravemente la producción científica.
Los marcos contemporáneos de ciencia, tecnología e innovación enfatizan que la cultura de investigación impulsa simultáneamente la competitividad nacional, estimula la innovación sectorial y contribuye significativamente al desarrollo social sostenible (OCDE, 2022; González et al., 2023; Cano y Vargas, 2024). Desde ese prisma sistémico, la relación entre cultura investigativa e intención de realizar la tesis trasciende la dimensión individual y se proyecta hacia la generación de conocimiento aplicable al entorno social y productivo, la mejora sustancial de la calidad educativa universitaria y el fortalecimiento estratégico del capital humano nacional.
Esta proyección tiene implicaciones profundas para la política universitaria: invertir sistemáticamente en cultura investigativa no solo mejora las métricas inmediatas de titulación; también potencia el ecosistema de innovación nacional y aumenta la pertinencia social y económica de la universidad en el contexto global contemporáneo.
La significancia estadística de las asociaciones encontradas (p < 0.001) proporciona evidencia robusta de que los patrones observados no son producto de factores aleatorios, sino de dinámicas sistemáticas que operan en el contexto universitario estudiado. Esta robustez estadística es particularmente relevante en la investigación educativa, donde la identificación de relaciones causales requiere tanto significancia estadística como coherencia teórica y relevancia práctica. Los hallazgos cumplen satisfactoriamente con estos criterios, ofreciendo evidencia estadística sólida, interpretaciones teóricas consistentes con la literatura especializada e implicaciones prácticas significativas para la gestión universitaria.
Un hallazgo particularmente significativo es el equilibrio entre los aportes de la responsabilidad institucional y la responsabilidad del estudiante. Este equilibrio sugiere que las intervenciones efectivas deben operar en múltiples frentes de manera coordinada e integrada. Las estrategias puramente institucionales, por elaboradas que sean, resultan insuficientes sin el desarrollo paralelo de competencias estudiantiles específicas. De manera similar, las intervenciones centradas exclusivamente en el desarrollo de competencias personales, sin el soporte institucional adecuado, pueden resultar en esfuerzos individuales aislados que no logran traducirse en resultados sostenibles a nivel de cohortes estudiantiles.
La consistencia de los patrones encontrados en ambas dimensiones analizadas (responsabilidad institucional y del estudiante) sugiere que los estudiantes perciben de manera clara y precisa las contribuciones diferenciadas de los factores contextuales y personales a su disposición hacia la tesis. Esta percepción clara y consistente es fundamental para el diseño de intervenciones efectivas, ya que permite alinear las estrategias institucionales con las necesidades y expectativas estudiantiles de manera precisa y efectiva.
En términos operativos, esto implica que las universidades pueden diseñar programas específicos para abordar simultáneamente las dimensiones institucionales y personales de manera coordinada, maximizando el impacto de sus inversiones en cultura investigativa y optimizando la relación costo-beneficio de sus intervenciones académicas.
CONCLUSIONES
Este estudio confirma que la cultura investigativa se relaciona directa y significativamente con la intención de realizar la tesis en universitarios. Los aportes de la responsabilidad institucional y de la responsabilidad del estudiante evidencian que ambos factores contribuyen de manera sustantiva al fortalecimiento de la intención hacia la tesis.
El aporte principal de este estudio radica en proporcionar evidencia empírica local que confirma la importancia de abordar integralmente los factores institucionales y personales en la promoción de la cultura investigativa. Los hallazgos sustentan que las universidades que invierten simultáneamente en el fortalecimiento de recursos, políticas y asesoría académica, junto con el desarrollo de competencias estudiantiles, generan condiciones óptimas para incrementar la intención y persistencia hacia la tesis. Esta evidencia respalda la necesidad de programas institucionales integrales que articulen mejoras estructurales con desarrollo de capacidades estudiantiles, transformando la cultura investigativa en un vector efectivo contra la deserción académica y el fenómeno “Todo menos Tesis”.
El alcance de estos resultados se limita al contexto específico estudiado, requiriendo cautela en su generalización a otras instituciones y programas. Sin embargo, constituyen un aporte metodológico valioso que orienta futuras investigaciones en la identificación de mecanismos efectivos para promover la titulación oportuna en educación superior pública peruana.
En suma, este estudio no solo aporta evidencia empírica sobre un fenómeno crítico en la educación superior peruana, sino que también ofrece insumos estratégicos para el diseño de políticas universitarias orientadas a la mejora de la calidad educativa, la empleabilidad y la innovación social. Fortalecer la cultura investigativa desde una perspectiva integral, que articule estructuras institucionales con competencias personales, se proyecta como una vía efectiva para transformar el patrón del “Todo menos Tesis” en una cultura de persistencia, logro y producción de conocimiento pertinente. Esta transformación es clave para consolidar universidades públicas como motores de desarrollo social y competitividad nacional.
A partir de estos hallazgos, se plantea la necesidad de desarrollar investigaciones futuras que profundicen en la dinámica entre cultura investigativa e intención de tesis desde enfoques longitudinales, permitiendo observar la evolución de estas variables a lo largo del tiempo. Asimismo, se recomienda realizar estudios comparativos entre universidades públicas y privadas, con el fin de identificar diferencias en prácticas institucionales y su impacto en la titulación. También resulta pertinente incorporar modelos multivariados que incluyan variables como clima académico, apoyo familiar, carga laboral y bienestar psicológico, para comprender con mayor precisión los factores que median la persistencia en la tesis. Finalmente, se sugiere complementar los enfoques cuantitativos con estudios cualitativos que exploren las narrativas estudiantiles sobre la tesis y la cultura investigativa, aportando profundidad interpretativa a los patrones observados y enriqueciendo el diseño de intervenciones académicas más eficaces.














