INTRODUCCIÓN
La glándula tiroides es un órgano de secreción interna que pesa entre 15 y 30 gramos y se encuentra en la parte frontal e inferior del cuello, por delante de los primeros anillos de la tráquea y a los lados del cartílago tiroides; tiene una apariencia glandular, con una superficie lisa, color rojizo marrón y una consistencia suave. Está compuesta por dos lóbulos laterales que miden aproximadamente 5 cm de alto, 2 cm de ancho y entre 2 y 3 cm de profundidad (1).
Estos lóbulos están conectados a la altura de los dos primeros anillos traqueales por una sección estrecha llamada istmo, que mide entre 1 y 2 cm de alto y menos de 0.5 cm de grosor; desde el borde superior del istmo o del lóbulo izquierdo, se extiende una estructura cónica o cilíndrica que se desplaza por delante de la laringe hasta el hueso hioides, si la glándula aumenta de tamaño, se puede palpar fácilmente como un bulto prominente (bocio) que aparece debajo o a los lados de la manzana de Adán (2).
La función de la glándula tiroides es producir la cantidad de hormona tiroidea necesaria para satisfacer las necesidades de los tejidos periféricos, las hormonas tiroideas actúan en casi todos los tejidos del organismo a nivel nuclear, para que se produzca la acción de las hormonas tiroideas es necesario que todo el proceso de síntesis, metabolismo, regulación y unión de las hormonas tiroideas con su receptor, se haga de manera adecuada (3).
Las hormonas tiroideas son determinantes para el desarrollo tanto mental como somático del niño y para la actividad metabólica del adulto (4). Existen dos tipos de hormonas tiroideas activas biológicamente: la tiroxina (T4), que corresponde al 93% de hormona secretada por la glándula tiroides, y la 3,5,3´-triyodotironina (T3), Ambas están compuestas por dos anillos bencénicos unidos por un puente de oxígeno, uno de los cuales tiene una cadena de alanina y otro un grupo fenilo; la diferencia entre ambas hormonas es que mientras T4 tiene 2 átomos de yodo en el anillo del grupo fenilo, la T3 tiene sólo uno (5).
Acción de las hormonas tiroideas frente a los lípidos
El perfil lipídico está constituido por la cuantificación analítica de una serie de lípidos que son transportados en la sangre por los diferentes tipos de lipoproteínas plasmáticas. Entre estos parámetros analíticos que se pueden determinar están: el colesterol total, c-LDL(lipoproteína de baja densidad), c-HDL(lipoproteínas de alta densidad), triglicéridos (6).
Hormonas tiroideas relacionados a los lípidos
Es bien conocido que las hormonas tiroideas se asocian a alteraciones en el perfil lipídico; esto se debe a varios factores; primero, las hormonas tiroideas intervienen en el metabolismo lipídico, estimulando por acción enzimática y estimulación β-adrenérgica la degradación de los lípidos en el tejido adiposo, favoreciendo así la β-oxidación de los lípidos a nivel muscular y hepático (7).
También facilitan la excreción de colesterol, su conversión a ácidos biliares y aceleran el recambio de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), quizá estimulando la síntesis de sus receptores o su degradación. Es decir, estas hormonas influyen en todos los aspectos del metabolismo lipídico, incluyendo la síntesis, movilización y degradación, ya que en la enfermedad tiroidea coexisten dislipidemias y anomalías metabólicas en combinación con alteraciones hemodinámicas inducidas por las hormonas tiroideas (HT), lo que explica el elevado riesgo de enfermedad cardiovascular (8).
En síntesis, de lo expuesto, las hormonas tiroideas tienen su funcionalidad participativa generalmente en gran parte de los mecanismos orgánicos, desplegándolas y manteniendo el ciclo. Entre sus funciones más importantes, se destacan diversas acciones fundamentales para el organismo. En primer lugar, contribuyen al crecimiento y desarrollo normal, asegurando que los procesos biológicos esenciales ocurran de manera adecuada. Además, desempeñan un papel clave en la producción de calor corporal y en la regulación de la temperatura, lo que permite mantener un equilibrio térmico óptimo. Asimismo, tienen la capacidad de aumentar el consumo de oxígeno, favoreciendo el metabolismo celular y el suministro energético. Otra de sus funciones esenciales es su participación en la síntesis y descomposición de diferentes proteínas, procesos fundamentales para la regeneración y mantenimiento de los tejidos. También son indispensables para el desarrollo adecuado del sistema nervioso central y periférico, asegurando su correcto funcionamiento y maduración. Asimismo, intervienen en los mecanismos de contracción muscular, facilitando el desempeño adecuado de los distintos sistemas del cuerpo. Finalmente, juegan un papel importante en el desarrollo y erupción dental, contribuyendo a la formación de una estructura ósea fuerte y saludable. (9)
Disfunción Tiroidea
La disfunción tiroidea es una de las enfermedades más comunes a lo largo de todas las etapas de la vida. Dado que las hormonas tiroideas tienen efectos en múltiples órganos, cualquier alteración en su funcionamiento puede afectar a varios sistemas del cuerpo; la función tiroidea se evalúa mediante pruebas de laboratorio, que son fundamentales tanto para detectar disfunciones como para controlar problemas tiroideos preexistentes (10). Las principales afecciones de la tiroides se clasifican en dos categorías, la primera de ellas está según la función alterada pudiendo ser Hipertiroidismo (alta actividad tiroidea) o Hipotiroidismo (baja actividad tiroidea). Asimismo, la otra categoría es según el tamaño de la glándula, siendo de Nódulo tiroideo o Bocio (10).
Manejo del laboratorio con la función Tiroidea
La función tiroidea se puede evaluar a través de la medición de la hormona estimulante de la tiroides (TSH) y/o T4 libre (en algunos casos también T3 libre); la determinación de la TSH es la prueba principal para valorar la función tiroidea y la integridad del eje hipotálamo-hipofisario-tiroideo; actualmente se utilizan ensayos quimioluminométricos de tercera generación con un límite de detección de 0,01 mU/L; en la mayoría de los laboratorios, los valores normales de TSH oscilan entre 0,4 y 4,2 mU/L (11) .
Los intervalos de referencia de TSH más utilizados son 0,5 - 5,0 mU/L o 0,4 - 4,0 mU/L según el método de ensayo utilizado; sin embargo, estos intervalos de referencia fueron refutados debido a la aleatoriedad de las poblaciones de referencia; Con base en la distribución de TSH en una población de referencia de sujetos libres de enfermedad de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES III), la National Academy of Clinical Biochemistry (NACB) recomendó reducir el intervalo de referencia de TSH a: 0,4 - 2,5 mU/L. Actualmente se está discutiendo la cuestión de reducir el límite superior de referencia de TSH (12).
El límite superior de la normalidad de TSH varía según la edad. Por ejemplo, en personas mayores de 80 años, el percentil 97,5 alcanza un valor de 7,49 mU/L, mientras que en individuos de 20 a 29 años, se sitúa en 3,56 mU/L (13). La medición precisa de tiroxina libre (T4L) y triyodotironina libre (T3L) se obtiene mediante análisis en dializado o ultrafiltrado de suero. Sin embargo, estos métodos no son prácticos en la clínica, por lo que se utilizan métodos automatizados para cuantificar T4L y/o T3L (14).
Los ensayos de tercera generación para TSH son los más sensibles y específicos para evaluar la función tiroidea en pacientes ambulatorios. No obstante, hay tres situaciones en las que la medición aislada de TSH no es adecuada para valorar la función tiroidea: en pacientes con patologías conocidas o sospechadas del hipotálamo o la hipófisis, en pacientes hospitalizados y en aquellos que están tomando medicamentos que alteran la secreción de TSH, como la dopamina, altas dosis de glucocorticoides, metoclopramida y análogos de somatostatina (15).
El propósito de este estudio es determinar las diferentes alteraciones tiroides en relación con el perfil lipídico en una población joven adulta; de esta forma dar un adecuado abordaje al paciente y las posibles alternativas terapéuticas de acuerdo a la condición y estado de enfermedad.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión sistemática de la literatura sobre el tema de estudio, siguiendo los métodos estándar establecidos por PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic reviews and Meta-analysis). La búsqueda de información se realizó en bases de datos científicas como Pubmed, Scielo, Google Scholar.
Para la búsqueda, se utilizó descriptores en ciencias de la salud (DeCS/MeSH) como palabras clave, incluyendo "Thyroid disorders ", "Lipid factors”, “young adults”. Estas palabras se combinaron utilizando operadores booleanos para formar ecuaciones de búsqueda, como AND y en menor medida OR, que se aplicaron a las diferentes bases de datos, realizando búsquedas específicas para cada objetivo.
El análisis abarco documentos científicos publicados desde el año 2000 hasta la actualidad, ya que estudios previos identificaron publicaciones relevantes a partir de esa fecha. En la selección de artículos se incluyeron: Artículos en español e inglés, que se encontraban disponibles en los portales de datos seleccionados; en estudios que reportaron alteraciones tiroideas relacionada con factores lipídicos en jóvenes adultos, basados en datos de estudios observacionales, tanto prospectivos como retrospectivos. Se excluirán estudios realizados en estudios en animales, población pediátrica, revisiones bibliográficas, informes de caso, revisiones narrativas, editoriales, tesis de grado y posgrado, así como aquellos documentos que no respondan a las preguntas de investigación planteadas.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Para explorar esta temática, se comienza con un resumen de las características más relevantes y las contribuciones de los artículos examinados en esta revisión bibliográfica. Se detallan aspectos fundamentales como el enfoque de cada investigación, la población estudiada, los hallazgos principales y su importancia en el análisis de la relación entre las alteraciones tiroideas y los factores lipídicos. Seguidamente, se presenta la Tabla 1.
Tabla 1 Principales características y aportaciones de los artículos incluidos dentro de esta revisión bibliográfica.
Los artículos revisados proporcionan una visión integral de la relación entre la función tiroidea y los factores lipídicos, abarcando distintos contextos clínicos y poblacionales. En el caso específico de adultos jóvenes, la información obtenida de estudios previos sobre hipotiroidismo subclínico y clínico permite entender cómo estas alteraciones hormonales pueden influir en el metabolismo lipídico, contribuyendo al desarrollo de dislipidemias. Además, la inclusión de estudios que analizan la interacción entre el índice de masa corporal y el perfil lipídico es clave para identificar si el peso corporal actúa como un mediador en esta relación, especialmente en una población en la que el sobrepeso y la obesidad están en aumento.
Asimismo, la comparación de los resultados con poblaciones específicas, como agricultores o personas con estilos de vida diferentes, puede ayudar a determinar si factores externos como la actividad física y la dieta modifican la relación entre las alteraciones tiroideas y los lípidos. También es relevante la evidencia sobre el impacto de la función tiroidea en el riesgo cardiovascular, ya que esto podría sugerir que los adultos jóvenes con disfunción tiroidea están en riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas en etapas posteriores de la vida.
Asimismo, la revisión de estudios que analizan cambios en el perfil lipídico antes y después de la tiroidectomía aporta una perspectiva clínica importante. Esto permite evaluar el impacto directo de la ausencia de función tiroidea en los factores lipídicos y contrastarlo con las alteraciones observadas en adultos jóvenes con disfunción tiroidea no tratada. En conjunto, estos antecedentes fortalecen el marco teórico del estudio y respaldan la necesidad de continuar investigando la relación entre la función tiroidea y los factores lipídicos en esta población específica, con el fin de establecer estrategias preventivas y terapéuticas oportunas.
El metabolismo de las hormonas tiroideas y su influencia en la mineralización ósea resalta la importancia de evaluar correctamente los niveles de TSH y HT. En el hipertiroidismo subclínico, se requieren estudios para determinar la necesidad de normalizar la TSH y su relación con el riesgo de fracturas(3). La disfunción tiroidea (DT) es altamente prevalente a nivel mundial y muchas veces subdiagnosticada. Su correcta identificación y tratamiento son clave, ya que el hipotiroidismo se ha asociado a enfermedades cardiovasculares, dislipidemia y obesidad, lo que refuerza la necesidad de un seguimiento médico integral (5).
En esta revsion bibliografica se destaca la importancia de las alteraciones tiroides entre ellas tenemos al Hipotiroidismo subclinico y el eutiroidismo relacionado al perfil lipidico.
El hipotiroidismo subclínico (HS) es una entidad caracterizada por elevación de la tirotropina sérica (TSH) asociada a valores normales de triyodotironina libre (T3L) y tetrayodotironina libre (T4L), en presencia o no de síntomas (24); se asocia a trastornos cardíacos e incremento de la ateroesclerosis (25). Una gran cantidad de estudios epidemiológicos muestran mayor riesgo de mortalidad cardiovascular tanto en hipotiroidismo clínico como subclínico; en general estos cambios tienden a revertirse con la corrección del hipotiroidismo. Algunos pacientes siguen teniendo valores alterados y en ellos se debe sospechar una dislipidemia primaria concomitante (26).
Por otra parte, la influencia del HSC en los niveles séricos de lípidos es menos evidente, pero los niveles de apoliproteína B suelen estar aumentados y algunos estudios también han demostrado elevación de los niveles de LDL-C . En la actualidad se acepta que el evento determinante en la elevación de LDL es una disminución de la síntesis proteica intracelular lo que lleva a una menor expresión del receptor de LDL (27, 28).
En el adulto con HS, tanto la presencia de dislipidemia como la respuesta al tratamiento no están totalmente claras, sin embargo, existe evidencia de que la tasa de enfermedad cardiaca isquémica y de enfermedad vascular periférica está aumentada, aún en los grados más leves de hipofunción tiroidea y que existe una relación positiva entre anormalidades lipídicas y el grado de disfunción tiroidea (29). En el Estudio de Prevalencia de Enfermedades Tiroideas de Colorado, con 25.862 participantes, los sujetos con HS, con una modesta elevación de TSH (TSH entre 5 y 10 ìU/ml) tuvieron niveles de colesterol total (Ct), colesterol de la lipoproteína de baja densidad (C-LDL) y triglicéridos (Tg) significativamente más altos que los eutiroideos. Recientemente, Walsh también mostraron la elevación de C-LDL en su estudio poblacional (30).
CONCLUSIÓN
El análisis de la literatura revisada confirma la alta prevalencia de la disfunción tiroidea (DT) a nivel mundial, con una frecuencia significativa de hipotiroidismo subclínico y eutiroidismo en diversas poblaciones. La importancia del diagnóstico y tratamiento oportuno de estas alteraciones radica en su estrecha relación con enfermedades cardiovasculares, dislipidemias y otros factores de riesgo metabólico.
En particular, el hipotiroidismo subclínico (HSC) se ha asociado con un incremento del riesgo de aterosclerosis y alteraciones en el perfil lipídico, lo que subraya la necesidad de una evaluación clínica integral. Se ha evidenciado un aumento de los niveles séricos de colesterol total (CT), triglicéridos (TG) y colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL-C) en pacientes con HSC en comparación con individuos eutiroideos. Además, diversos estudios han reportado una asociación significativa entre los niveles de TSH y las alteraciones lipídicas, lo que sugiere un impacto directo de la función tiroidea en el metabolismo lipídico.
Si bien algunos de estos efectos tienden a revertirse con la corrección del hipotiroidismo, en ciertos pacientes persisten alteraciones en el perfil lipídico, lo que sugiere la coexistencia de una dislipidemia primaria. La elevación de LDL-C en estos casos se ha vinculado a una reducción en la síntesis proteica intracelular, lo que disminuye la expresión del receptor de LDL y, por ende, dificulta su depuración del torrente sanguíneo.
La relación entre la disfunción tiroidea y el perfil lipídico es un problema de salud pública relevante, con variaciones en la prevalencia según el género, la edad y la etnicidad, que resalta la necesidad de implementar estrategias de detección temprana y manejo adecuado de estas alteraciones, especialmente en poblaciones de alto riesgo. Estos estudios demuestran que las concentraciones séricas promedio de TSH y la prevalencia de anticuerpos antitiroideos son mayores en las mujeres y aumentan con la edad.
Futuros estudios deberían enfocarse en establecer criterios más precisos para la intervención terapéutica en pacientes con hipotiroidismo subclínico y evaluar su impacto a largo plazo en la salud cardiovascular.
CONFLICTO DE INTERESES.
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.
FINANCIAMIENTO
Los autores declaran que no recibieron financiamiento
AGRADECIMIENTOS
Los autores reflejan el esfuerzo y el aporte que las personas aportaron al desarrollo del presente artículo científico.
















