INTRODUCCIÓN
La pandemia de COVID-19 generó un impacto global que trascendió la salud física, afectando profundamente el bienestar emocional, especialmente de los estudiantes universitarios. Este grupo enfrentó retos significativos debido al aislamiento social, como estrés, depresión y dificultades para regular sus emociones. En este contexto, las competencias emocionales, entendidas como la capacidad para reconocer, expresar y gestionar emociones de manera efectiva, se posicionan como habilidades clave para abordar los desafíos socioemocionales y académicos que enfrentan los universitarios (1-3).
En este sentido, la importancia de estas competencias, ha sido destacada en el Informe Delors de la UNESCO donde se subraya su integración en pilares educativos esenciales como "aprender a ser" y "aprender a vivir juntos" (4). Por otra parte, a nivel regional, iniciativas como el Proyecto Tuning en América Latina promueven su incorporación en la educación superior como parte de una formación profesional integral (5). Sin embargo, a pesar de su importancia, las investigaciones evidencian carencias significativas en el desarrollo de estas competencias en los estudiantes, lo que afecta su rendimiento académico y su capacidad de adaptación a las demandas del mercado laboral (6-8).
En este contexto, estas competencias no solo promueven el bienestar personal, sino que también preparan a los estudiantes para enfrentar los desafíos de un entorno postpandemia. De esta manera la integración de la educación emocional en los programas universitarios permitirá el desarrollo de las citadas competencias (9,10). En este contexto, se han desarrollado modelos como el pentagonal de Bisquerra, que clasifica las competencias emocionales en cinco dimensiones (conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social y competencias para la vida y el bienestar), ofrecen un marco sólido para su desarrollo (11).
En relación a su aporte, la educación emocional debe considerarse una prioridad en los sistemas de educación superior. Este estudio justifica su relevancia al proporcionar evidencia de que las competencias emocionales son fundamentales para mejorar la salud mental, el desempeño académico y la preparación profesional de los estudiantes universitarios. A través de estrategias educativas y psicoeducativas, es posible no solo responder a las necesidades actuales, sino también garantizar una formación integral para los futuros profesionales (12-14)
Por consiguiente, el objetivo de este estudio es analizar la situación actual de las competencias emocionales en estudiantes universitarios a través de una revisión sistemática, identificando los modelos teóricos predominantes y los enfoques metodológicos utilizados.
METODOLOGÍA
La investigación fue desarrollada bajo un enfoque cuantitativo y de alcance descriptivo, para lo cual se empleó un diseño longitudinal. En este sentido, el período de estudio se extendió entre el 2018 al 2024, en el cual se desarrolló una revisión sistemática según los parámetros del protocolo PRISMA-P, sobre el objetivo previamente declarado. El trabajo de búsqueda y selección de los artículos fue ejecutado entre el 2 y el 18 de octubre de 2024.
En relación a la población objeto de investigación, la misma estuvo compuesta por artículos científicos publicados en las tres bases de datos internacionales Scopus, SciELO y DOAJ, relacionados con competencias emocionales en el ámbito universitario. Se empleó un muestreo intencionado basado en la relevancia temática y la calidad metodológica de los estudios identificados. Las variables primarias incluyeron los modelos teóricos utilizados, las dimensiones de las competencias emocionales estudiadas (conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social y competencias para la vida y el bienestar) y los métodos empleados. Las variables secundarias abarcaron los contextos educativos y los hallazgos relacionados con el rendimiento académico y el bienestar emocional de los estudiantes.
Por otra parte, para la selección de los artículos se emplearon criterios de inclusión y exclusión. Los primeros fueron: artículos originales de investigación publicados entre 2018 y 2024, en español o inglés, con acceso completo y que emplearan un marco teórico o empírico relacionado con el tema. Los segundos incluyeron trabajos duplicados, estudios de revisión no sistemática y aquellos con escasa calidad metodológica. Además, se empleó la siguiente ecuación de búsqueda: ("conciencia emocional" OR "regulación emocional" OR "autonomía emocional" OR "competencia social" OR "competencias para la vida y el bienestar") AND ("estudiantes universitarios"). Luego de aplicar estos criterios fueron seleccionados 16 estudios.
Posteriormente, para sistematizar la información, se utilizó una matriz analítica que incluyó título, autor, año de publicación, base teórica, objetivos, método, resultados y conclusiones. Se emplearon estadísticas descriptivas para resumir las características de los estudios incluidos. Se utilizó software de análisis bibliográfico (Mendeley) para la organización de las referencias y herramientas de búsqueda avanzada de las bases de datos seleccionadas. Además, se elaboraron diagramas de flujo siguiendo el protocolo PRISMA para representar el proceso de selección de artículos.
El proceso de selección de artículos se llevó a cabo siguiendo lo indicado en la Figura 1.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Para sistematizar la información recolectada se diseñó una matriz analítica con las siguientes variables: título, autor, año de publicación, base teórica, método, objetivo, discusión de resultados y conclusiones, como se presentó en tablas siguientes:
A partir del análisis de la Tabla 2, con respecto a los modelos utilizados como base teórica para el desarrollo de las investigaciones, se observó, que los investigadores emplearon las propuestas de Inteligencia de Mayer y Salovey, Goleman y BarOn, así también fue tomado en cuenta el modelo pentagonal de Competencias Emocionales desarrollado por Bisquerra, siendo esta propuesta predominante en la mayoría de estudios totalizando su uso en el 37.5% de los trabajos. Este modelo se centra en cinco competencias clave: conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social y habilidades para la vida y el bienestar. Este modelo ha sido referenciado en múltiples investigaciones, destacando su relevancia en la formación emocional de los estudiantes universitarios.
En la Tabla 2, se presentan los métodos y diseños utilizados en los estudios seleccionados. Se identifican 10 (62.5%) trabajos con un enfoque cuantitativo, predominantemente con diseños descriptivos y correlacionales, aplicando escalas de inteligencia emocional y cuestionarios sobre competencias emocionales. Además, cuatro (25%) investigaciones emplean métodos mixtos, combinando enfoques cuantitativos y cualitativos, como el uso de encuestas y entrevistas en profundidad. Por otra parte, el resto (12.5%) utiliza enfoques cualitativos, utilizando grupos de discusión para analizar las competencias emocionales. Las muestras varían significativamente, desde 20 hasta 626 participantes, reflejando la diversidad en la recolección de datos y la aplicación de instrumentos específicos, como el TMMS-24 y el Inventario de Competencias Emocionales para Adultos (ICEA).
En relación a los resultados y conclusiones de los estudios, de acuerdo a los resultados en la Tabla 3, se puede analizar que todos los estudios destacan la importancia del desarrollo de competencias emocionales a través de la educación emocional como una estrategia fundamental para mejorar la formación profesional y sobre todo personal en los estudiantes universitarios.
Discusión
Los resultados de esta revisión sistemática resaltan la importancia de las competencias emocionales como un componente fundamental en la formación integral de los estudiantes universitarios. En este sentido, un aspecto novedoso que resalta de esta revisión es el énfasis en la educación emocional en el contexto postpandémico. A diferencia de estudios anteriores que no consideraron este contexto, los hallazgos sugieren que las experiencias vividas durante la pandemia han creado una necesidad urgente de fortalecer las competencias emocionales, algo que ha sido poco explorado en la literatura (8).
Al analizar los estudios incluidos, se evidencia un predominio del modelo pentagonal de Bisquerra (17), en la mayoría de los estudios revisados, estos resultados coinciden con investigaciones anteriores que también han destacado su eficacia en la educación emocional (1, 2). Este modelo, que incluye dimensiones como la conciencia emocional y la regulación emocional, ha sido ampliamente referenciado en la literatura académica, indicando su aceptación y aplicación en diferentes contextos educativos. Además, otros estudios emplean los enfoques de Goleman (18) y Mayer (19) proporcionando diversidad en las bases teóricas que posibilitan el análisis de estas competencias.
Por otra parte, un hallazgo significativo en los trabajos seleccionados, es la determinación de una correlación positiva entre competencias emocionales desarrolladas y un mejor rendimiento académico, mayor bienestar personal y una adaptación más efectiva al entorno universitario y laboral (20, 21). En esta dirección, Peñalva (22), documentó que las habilidades emocionales desempeñan un papel crucial en la adaptación y éxito académico de los estudiantes. Esto sugiere que la mejora en las competencias emocionales puede traducirse en un mejor desempeño académico y personal (3,4). Sin embargo, también se identificaron carencias importantes en la formación de estas competencias en un porcentaje significativo de los estudiantes analizados, lo que afecta su desempeño académico y bienestar general. Este déficit es consistente con estudios que señalan que una de cada dos personas carece de habilidades emocionales adecuadas para enfrentar los desafíos de la vida universitaria (5,22).
Por otra parte, aunque estudios previos han documentado la importancia de las competencias emocionales (7), este análisis revela un déficit significativo en la formación de estas habilidades en un porcentaje considerable de estudiantes. Lo cual subraya la necesidad de implementar estrategias educativas para fortalecer las competencias emocionales. Investigaciones recientes han enfatizado que, aunque se están realizando esfuerzos en esta dirección en algunas universidades, sin embargo, estas intervenciones aún son insuficientes y no están integradas de manera sistemática en los currículos (5,6). Lo cual deja un vacío importante en la formación socioemocional de los estudiantes.
En cuanto a las limitaciones, la heterogeneidad metodológica de los estudios revisados representa un desafío para la comparación directa de los resultados. Si bien la mayoría emplea métodos descriptivos o correlacionales, existe una notable ausencia de investigaciones experimentales que evalúen el impacto de programas de intervención en competencias emocionales. Este vacío metodológico limita el alcance de las conclusiones sobre la efectividad de dichas intervenciones. Además, la revisión se centró únicamente en artículos publicados en bases de datos específicas (Scopus, SciELO y DOAJ), lo que podría excluir investigaciones relevantes presentes en otras plataformas.
En términos de implicaciones, los resultados refuerzan la necesidad de integrar la educación emocional de manera sistemática en los planes de estudio universitarios. Estas intervenciones deben ser diseñadas considerando las dimensiones específicas del modelo pentagonal y evaluadas mediante estudios experimentales rigurosos para validar su efectividad. Asimismo, los hallazgos apuntan a la importancia de capacitar al profesorado en competencias emocionales, dado su papel como agentes clave en la formación socioemocional de los estudiantes (8,9).
CONCLUSIONES
Los resultados del análisis de las competencias emocionales en estudiantes universitarios revelan una tendencia generalizada hacia la necesidad de integrar la educación emocional en los programas académicos. La predominancia del modelo pentagonal de competencias emocionales de Bisquerra destaca la relevancia de desarrollar habilidades como la conciencia y regulación emocional, que son esenciales para el bienestar personal y el éxito académico. A pesar de las diversas metodologías empleadas, se observa que la mayoría de los estudios coinciden en que un enfoque proactivo en la enseñanza de estas competencias puede mejorar significativamente la formación integral de los estudiantes. Además, se evidencia que la falta de habilidades emocionales puede limitar el rendimiento académico y la adaptación al entorno laboral. Por tanto, es imperativo que las instituciones educativas implementen estrategias que fomenten el desarrollo de estas competencias, asegurando así una formación más completa y pertinente para los futuros profesionales.
CONFLICTO DE INTERESES.
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.
FINANCIAMIENTO
Los autores declaran que es este trabajo fue autofinanciado.
AGRADECIMIENTO
A todas aquellas personas que nos motivaron a realizar este estudio















