INTRODUCCIÓN
La investigación destaca el interés de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) en la personalidad y el comportamiento de los internos. Estas entidades han subrayado la importancia de comprender las condiciones psicológicas y comportamentales de los internos para mejorar su bienestar y facilitar una rehabilitación efectiva. Según informes de la OMS, la prevalencia de trastornos mentales y de comportamiento en las prisiones es más alta que en la población general, lo que plantea serias preocupaciones en cuanto a la atención sanitaria y el manejo de los internos (1). Por otro lado, Mariscal (2) señala que la naturaleza restrictiva y a menudo hostil de los entornos penitenciarios puede intensificar ciertos rasgos de personalidad o inducir comportamientos adaptativos potencialmente perjudiciales. Así, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) resalta la correlación entre ciertos tipos de personalidad y la reincidencia criminal, un factor clave en la mejora de las políticas de rehabilitación (3).
Aunque, a nivel internacional, diferentes autores Jones (4), Smith y Lilienfeld (5), Taylor (6) han contribuido significativamente al entendimiento de cómo ciertos rasgos de personalidad, como la agresividad, la impulsividad y la tendencia a la depresión, influyen en el comportamiento de los internos. Estos rasgos pueden llevar a desafíos a las normas institucionales y afectar la seguridad y el bienestar tanto de los reclusos como del personal. Martin et al. (7) y García Mejía (8) destacan la falta de consenso sobre cuáles son los rasgos de personalidad más prevalentes o predictivos del comportamiento en prisión, atribuyendo estas discrepancias a diferencias en metodologías de investigación y poblaciones estudiadas. Listwan et al. (9), Gómez Bueno y García Escallón (10) subrayan la importancia de la personalidad en la reincidencia criminal, mientras que Romero-Lara et al. (11) aportan una perspectiva de género, revelando diferencias en la adaptación y las necesidades de las mujeres reclusas.
En este sentido, estudios sobre la conexión entre la salud mental y la personalidad, se ha encontrado en los reclusos del Centro de Privación de Libertad Tungurahua, Perú; prevalencias de paranoia, ideación suicida, tendencias antisociales, problemas con alcohol, estrés, ansiedad y depresión. Se hallaron correlaciones significativas entre el autocontrol en la salud mental y trastornos como esquizofrenia, agresividad, ansiedad-fobias, paranoia, y agresión física. De ahí que, las habilidades de relación interpersonal mostraron asociaciones con varias subescalas clínicas. Se concluyó que existe una relación importante entre el autocontrol, las habilidades interpersonales y rasgos de personalidad, especialmente la agresividad (12).
Mientras que, Morales (13), al analizar los rasgos de personalidad en individuos denunciados por violencia familiar o doméstica atendidos en el Centro de Promoción y Salud Integral (CEPROSI) en La Paz. Este comportamiento violento, está dado por agresión física, psicológica, sexual o moral recibida por parte de familiares cercanos. Como parte del proceso, las autoridades, remiten tanto a víctimas como agresores a CEPROSI para asesoramiento psicológico. Por lo regular más del 80% muestran rasgos paranoides, evitativo y esquizotípico. Por otra parte, se identificó que la violencia se debía a la falta de control de impulsos, problemas económicos, consumo de alcohol, celos e infidelidad.
Por su parte, Barrionuevo Tejada (14) llevó a cabo una investigación sobre la relación entre la conducta delictiva y los rasgos de personalidad en jóvenes infractores del Centro Juvenil Alfonzo Ugarte, ubicado en Arequipa, Perú. Este estudio, que se enmarca dentro de un diseño correlacional descriptivo y no experimental, analizó a un total de 106 jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y 21 años. Para ello, se utilizó la versión abreviada del Inventario Multifásico de la Personalidad de Minnesota (MMPI). Los resultados obtenidos revelaron una relación moderada entre la conducta delictiva y los rasgos de personalidad, evidenciada por un valor de correlación de Pearson de r=0.621. Estos hallazgos indican una relación directa y positiva entre las variables analizadas, lo que sugiere que ciertos rasgos de personalidad pueden predisponer a los jóvenes a comportamientos delictivos.
En este sentido, en la literatura se presentan distintas perspectivas sobre la personalidad que han contribuido al entendimiento de este constructo. En primer lugar, Allport (15) define la personalidad como la organización interna y dinámica de sistemas psicofísicos en el individuo, los cuales determinan su adaptación única al entorno. Esta visión destaca la interacción entre factores internos y externos en la configuración de la personalidad. Por otro lado, Costa y McCrae (16) conceptualizan la personalidad como un conjunto de tendencias conductuales fundamentales que influyen en los pensamientos, emociones y comportamientos. Estas tendencias, de origen biológico, emergen en la infancia y se consolidan en la adultez, organizándose jerárquicamente desde rasgos específicos hasta dimensiones más amplias. Este enfoque resalta la estabilidad y universalidad de los rasgos a lo largo del tiempo.
Así mismo, Millon (17) describe la personalidad como un conjunto constante de características psicológicas profundas, predominantemente inconscientes y resistentes al cambio. Estas características se manifiestan en prácticamente todos los aspectos del funcionamiento del individuo. En síntesis, estas teorías ofrecen perspectivas complementarias: mientras Allport enfatiza la dinámica interna del individuo, Costa y McCrae destacan los rasgos universales y estables, y Millon integra aspectos biopsicosociales para explicar tanto las características normales como las patológicas de la personalidad (18).
Por otro lado, la teoría psicodinámica, desarrollada por Freud (19), sostiene que el comportamiento humano está impulsado por instintos innatos, representados por el ello, así como por mecanismos de defensa asociados al yo y valores morales y sociales que conforman el superyó. En este sentido, se consideraba que la personalidad se origina en el ello, y que tanto el yo como el superyó se diferencian a partir de esta instancia fundamental. De ahí que, el ello es innato e incluye los instintos presentes desde el nacimiento; lo define como el núcleo psíquico esencial para explicar el comportamiento humano. A través del análisis de los contenidos y manifestaciones inconscientes, se puede comprender cómo estas fuerzas influyen en las acciones y decisiones del individuo (20). Así, la teoría psicodinámica enfatiza la importancia de los conflictos internos y las experiencias tempranas en la formación de la personalidad, sugiriendo que estos elementos son cruciales para entender la conducta humana.
Por su parte, Jone (4) amplía esta visión al proponer que el inconsciente tiene dos componentes: el inconsciente personal, compuesto por pensamientos reprimidos y experiencias olvidadas, y el inconsciente colectivo, una especie de memoria ancestral compartida que incluye patrones de conducta heredados. Jung también introdujo el concepto de arquetipos, estructuras mentales universales derivadas de experiencias comunes a la humanidad, que se manifiestan a través de imágenes mentales o representaciones mitológicas (18).
Otra teoría que contribuye al entendimiento de la problemática es la teoría de la personalidad basada en rasgos. En este contexto, Marcos et al. (20) reconoce que la Teoría Integradora de la Personalidad combina múltiples aspectos que van más allá del inconsciente o de la conducta observable. Utilizando el modelo de los Cinco Grandes (Big Five), identifica cinco dimensiones clave: apertura a la experiencia, extroversión, estabilidad emocional, agradabilidad y escrupulosidad. Estas dimensiones proporcionan una base teórica y científica sólida para el concepto de personalidad (21). De esta manera, al ampliar esta teoría al incluir elementos interpersonales, además de los factores biológicos, cognitivos y conductuales, dentro del marco del aprendizaje biosocial. Por lo que, la personalidad integra pensamientos, comportamientos e interrelaciones individuales, constituyendo así una parte esencial de la identidad. En este sentido, una personalidad se considera saludable cuando permite manejar situaciones adversas de manera activa y flexible, especialmente en el ámbito de las interacciones interpersonales.
Sin embargo, si una persona se expone a estímulos extremos durante su desarrollo, puede desarrollar comportamientos rígidos o deficientes, aumentando la ansiedad y el malestar, lo que podría llevar a trastornos de personalidad (21). Por lo que, la teoría Biosocial y evolutiva de Millon (17) como completa y aplicable, subrayando que experiencias de placer, actividad, dolor, pasividad, entre otras, contribuyen a la formación de la personalidad desde el inicio de la vida (22).
Adicionalmente, la teoría cognitiva de la personalidad sostiene que la conducta es moldeada por los procesos de pensamiento y las reacciones a situaciones específicas, considerando también las influencias ambientales inmediatas. Según Bandura (23), la personalidad es el resultado de la interacción entre cognición, aprendizaje y entorno. Así, las expectativas internas de los individuos desempeñan un papel crucial en este proceso, ya que el ambiente influye en la forma en que se comportan, modificando sus expectativas en futuras situaciones. Esto implica que las personas se adaptan a estándares de desempeño únicos, los cuales utilizan para evaluar su comportamiento en diferentes contextos (24). En consecuencia, esta teoría destaca la importancia de los factores cognitivos y ambientales en la formación de la personalidad, sugiriendo que el comportamiento no solo es una respuesta a estímulos externos, sino también una construcción interna basada en experiencias previas y expectativas futuras.
Por lo que, proporcionar una comprensión detallada de cómo la personalidad influye en el comportamiento dentro de los entornos penitenciarios, un tema crucial tanto para la psicología como para la reforma del sistema de justicia penal (25, 26). La revisión sistemática resulta fundamental para entender mejor estas dinámicas y desarrollar enfoques más personalizados y efectivos en el tratamiento y rehabilitación de los reclusos. De este modo, se busca contribuir a la reducción de la reincidencia y al fortalecimiento de la seguridad pública (27, 28). En este contexto, nos planteamos la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuáles son los principales hallazgos de la literatura científica disponible sobre la personalidad? A partir de esta interrogante, se establece como objetivo analizar las investigaciones disponibles en acceso abierto acerca de la influencia de la personalidad en el comportamiento de internos en entornos penitenciarios.
Así, la actual investigación no solo pretende enriquecer el conocimiento sobre el tema, sino también ofrecer recomendaciones prácticas que puedan ser implementadas en programas de rehabilitación y políticas penitenciarias.
METODOLOGÍA
Se realizó un estudio de revisión sistemática, con enfoque mixto, cuantitativo y cualitativo, para un análisis integral y una síntesis detallada de los hallazgos de diferentes estudios. La investigación se centra en un análisis comparativo de investigaciones publicados desde 2019 al 2024. Para lo cual se empleó la revisión sistemática de literatura científica.
La población incluye artículos científicos y estudios publicados en bases de datos académicas de acceso abierto (Dialnet, DOAJ, ScienceDirect, SSOAR, JSTOR, entre otras). Se centra en estudios sobre la personalidad y comportamiento de reclusos en entornos penitenciarios. La muestra se seleccionó mediante un proceso riguroso, identificando estudios que cumplan con criterios específicos de inclusión, como relevancia temática, rigor metodológico y actualidad (publicados desde 2019 hasta 2024). Se busca representar una variedad de puntos de vistas, contextos geográficos y culturales para obtener una visión amplia y diversa del tema.
De ahí que, se han aplicado criterios de inclusión y exclusión que se centran en la relevancia, la calidad metodológica y la actualidad de los estudios. En cuanto al procedimiento de recolección de datos, se llevó a cabo una búsqueda sistemática en bases de datos seleccionadas, utilizando palabras clave pertinentes para garantizar la profundidad y precisión de los resultados.
Así, el procedimiento de recopilación de información consistió en realizar una búsqueda sistemática en bases de datos académicas reconocidas. Para ello, se emplearán palabras clave y sus combinaciones como: "personalidad de los reclusos/ personality of the inmates", "comportamiento en prisión/behavior in prison" y "estudios penitenciarios/ penitentiary studies". Cada artículo identificado será evaluado para determinar si cumple con los criterios de inclusión establecidos. Este proceso se llevó a cabo de manera iterativa, con el fin de asegurar una cobertura exhaustiva de la literatura disponible. Y, se documentará cada etapa del procedimiento para garantizar la reproducibilidad del estudio.
Por lo que, esta estructura garantiza la rigurosidad metódica para la revisión de la literatura, permitiendo una comprensión integral de la relación entre la personalidad y comportamiento en reclusos.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Luego de aplicar la metodología PRISMA en las etapas de identificación, cribado y elegibilidad, se incluyeron 20 artículos científicos para su análisis de contenido en inglés y español. Estos artículos fueron distribuidos por base de datos de la siguiente manera: Google Académico con I artículos (5%), Scopus con 5 (25 %), Scielo con 3 (15 %) y Web science con 12 (60 %).
Los resultados mostrados sobre los rasgos de personalidad y comportamiento violento Tabla 1, están asociados a la falta de autocontrol y habilidades de relación interpersonal, donde personalidad juega un papel crucial en la violencia y el estudio confirma que el pensamiento criminal tiene un impacto negativo a nivel social, moral y psicológico.
En cuanto a los rasgos de personalidad y riesgo de reincidencia Tabla 2, la personalidad influye significativamente en comportamientos que pueden llevar a la reincidencia. Y donde es importante la psicología jurídica y forense en la prevención y el perfilado criminal; así como las terapias psicológicas específicas para prevenir reincidencias.
En conjunto, el estudio sobre la personalidad y comportamiento de los reclusos en entornos penitenciarios ha revelado diversas tendencias que son cruciales para entender la dinámica de la vida carcelaria y su impacto en la conducta de los internos. Donde, la impulsividad es un rasgo común entre los reclusos, lo que se relaciona con dificultades de adaptación al entorno penitenciario. Los estudios indican que las puntuaciones altas en agresividad y hostilidad son los mejores predictores de problemas de adaptación. Así, se ha encontrado una mayor prevalencia de trastornos de personalidad entre los reclusos en comparación con la población general. Los rasgos más comunes incluyen la personalidad antisocial, límite, paranoide y narcisista. Lo que indica que estos trastornos están asociados con un aumento de comportamientos violentos y conductas delictivas.
De ahí que, a la reclusión puede exacerbar problemas emocionales preexistentes, llevando a una visión pesimista del mundo y a una pérdida de confianza en los demás. Esto se traduce en relaciones interpersonales marcadas por la desconfianza y la agresividad. De ahí que, las condiciones dentro de las prisiones, como el aislamiento afectivo, la vigilancia constante y la falta de intimidad, contribuyen a un aumento del estrés emocional entre los internos. Estos factores pueden intensificar los rasgos de personalidad negativos, dificultando aún más su adaptación. Muchos reclusos presentan comorbilidades con trastornos mentales, lo que agrava su situación dentro del sistema penitenciario. La presencia de estos trastornos se asocia con un mayor riesgo de comportamientos violentos y dificultades en el manejo emocional.
Si tenemos en cuenta lo anteriormente analizado, la comprensión de estas tendencias es fundamental para desarrollar programas efectivos de rehabilitación que aborden tanto los problemas de personalidad como las condiciones del entorno penitenciario. La identificación temprana de rasgos problemáticos puede facilitar intervenciones adecuadas que promuevan una mejor adaptación y reduzcan la reincidencia criminal
Discusión
Los hallazgos consolidados durante la revisión Tablas 1 y 2; así como las tendencias destacan la conexión directa entre ciertos rasgos de personalidad, como el autocontrol y habilidades interpersonales, con comportamientos violentos y la reincidencia. En este sentido, Jones et al. (4) y González (18) subrayan cómo ciertos rasgos, incluyendo aquellos del grupo B de Millon como la tendencia antisocial y otros como la agradabilidad, la conciencia y el neuroticismo, tienen fuertes correlaciones con comportamientos antisociales, lo que potencialmente conduce a una mayor probabilidad de reincidir en conductas delictivas.
Por otro lado, López-Barrachina et al. (25) y Farfán Molina y Valero Yucra (40) revelan una amplia gama de rasgos de personalidad, como la extraversión, el neuroticismo y apertura, y su influencia en la determinación del riesgo de reincidencia. Lo que sugiere que rasgos de personalidad diversos y complejos juegan un papel significativo en la predisposición a reincidir en conductas criminales, lo que resalta la necesidad de abordajes terapéuticos y de rehabilitación personalizados, como los resultados encontrados en el actual estudio. Mientras que, López-Barrachina et al. (25) y Provenzi et al. (27) indican que perfiles de personalidad más neuróticos, agresivos o desadaptativos, como la esquizotipia, paranoide y antisocial, están estrechamente vinculados a una mayor prevalencia de reincidencia, enfatizando la importancia de diagnósticos precisos y tratamientos enfocados en las necesidades específicas de los internos para prevenir eficazmente la reincidencia criminal.
De ahí que, estos resultados apuntan a la relevancia de integrar evaluaciones psicológicas detalladas en las estrategias de rehabilitación y prevención dentro del sistema penitenciario para abordar adecuadamente el comportamiento delictivo y reducir la reincidencia. Por lo que, la naturaleza restrictiva de los entornos penitenciarios puede exacerbar o modificar ciertos rasgos de personalidad, a menudo resultando en comportamientos adaptativos que son potencialmente perjudiciales (2). En este contexto, las observaciones de Gueta et al. (4) son pertinentes, ya que resaltan la importancia de identificar perfiles de riesgo de reincidencia asociados con trastornos de personalidad específicos, como los del grupo B del modelo de Millon. Así, la atención a las diferencias de género en la adaptación a la vida en prisión (11) subraya la necesidad de enfoques diferenciados en la gestión y rehabilitación de reclusos.
Por otra parte, los estudios nacionales contribuyen a esta comprensión al revelar las dinámicas específicas del sistema penitenciario local y su impacto en los reclusos, donde investigaciones como la de López-Barrachina et al. (25) indican una alta prevalencia de trastornos de personalidad en internos nacionales. El caso del Penal Miguel Castro ilustra las complejidades adicionales que surgen en contextos de violencia institucional y violaciones a los derechos humanos (26).
Por lo que, en términos prácticos, la revisión sistemática sugiere que comprender y abordar los rasgos de personalidad en los internos puede ser crucial para el desarrollo de políticas de rehabilitación más efectivas (3). Así, los datos sobre la correlación entre personalidad y reincidencia pueden guiar el diseño de programas de intervención personalizados que no solo aborden las conductas delictivas, sino también los factores subyacentes que contribuyen a estos comportamientos. En consecuencia, se podría mejorar el bienestar de los internos y facilitar una rehabilitación efectiva, contribuyendo a la reducción de la reincidencia y al fortalecimiento de la seguridad pública (14).
Finalmente, la teoría más resaltada entre los estudios es la que examina la relación entre la personalidad y el comportamiento delictivo o antisocial, utilizando como base los modelos de personalidad clásicos y contemporáneos, como el modelo de cinco factores y el Inventario Clínico Multiaxial de Millon (MCMI-III). Así, varios estudios se centran en la influencia de la personalidad en la reincidencia criminal, subrayando la importancia de comprender los rasgos de personalidad para la prevención y la intervención en contextos penitenciarios (1). Por lo que, los métodos más predominantes en la tabla son de naturaleza descriptiva y correlacional, con un enfoque cuantitativo (6). Se utilizan cuestionarios estandarizados, como el IPDE Módulo DSM IV y el MMPI-2-RF, para evaluar los trastornos de personalidad y su relación con el comportamiento delictivo. Por eso, algunos estudios emplean revisiones meta-analíticas y sistemáticas para integrar hallazgos de investigaciones previas y establecer correlaciones robustas entre variables.
Debido a que, entre los principales resultados, se encuentran correlaciones significativas entre ciertos rasgos de personalidad, como la agresividad, el neuroticismo, la conciencia y la agradabilidad, con comportamientos antisociales y la reincidencia criminal. También se identifican diferencias en los rasgos de personalidad entre delitos violentos y no violentos, además de la presencia de trastornos de personalidad en poblaciones penitenciarias. De este modo, Martin et al. (7) señalan la importancia de las habilidades sociales y de autocontrol en la prevención de comportamientos delictivos. Asimismo, Taylor et al. (6) los vacíos que de información necesitan enfoques específicos, y estudios longitudinales para comprender mejor la relación entre la personalidad y reincidencia a largo plazo. Por lo que, se identifica la necesidad de unificar los criterios para la evaluación de la personalidad y de comprender cómo las teorías de la motivación pueden integrarse más completamente con aspectos cognitivos y afectivos. Por esta razón, se subraya la falta de programas de intervención y estrategias de prevención basadas en las características de personalidad específicas de la población penitenciaria.
CONCLUSIÓN
La relación entre personalidad y comportamiento en reclusos es compleja y está influenciada por múltiples factores, incluidos los rasgos individuales y las condiciones del entorno penitenciario. La investigación continua es esencial para desarrollar estrategias efectivas que mejoren la rehabilitación y reduzcan la reincidencia criminal, teniendo en cuenta las particularidades psicológicas de esta población vulnerable.
Existe un alto porcentaje de reclusos presenta trastornos de personalidad, siendo los más comunes el antisocial, límite, narcisista y paranoide. Estos trastornos están asociados con comportamientos delictivos y dificultades en la adaptación social. La impulsividad es un rasgo característico en muchos reclusos, lo que se traduce en comportamientos agresivos y conflictos dentro de las prisiones. Esta tendencia a la agresión puede ser exacerbada por el entorno carcelario, que a menudo es estresante y restrictivo
Las condiciones de vida en las prisiones, como el aislamiento social, la falta de privacidad y la vigilancia constante, contribuyen al deterioro emocional de los internos. Estos factores pueden intensificar los rasgos negativos de personalidad y aumentar el riesgo de conductas problemáticas. Por lo que, la falta de confianza y el miedo a la violencia afectan las relaciones entre los reclusos, creando un ambiente donde predomina la desconfianza y la agresión. Esto puede dificultar la rehabilitación y reintegración social.
Es crucial desarrollar programas de rehabilitación que consideren las características individuales de personalidad de los reclusos. La identificación temprana de rasgos problemáticos puede facilitar intervenciones más efectivas que aborden tanto las necesidades psicológicas como las sociales. Se recomienda un enfoque integral que incluya aspectos psicológicos, sociales y educativos en los programas de rehabilitación. Esto puede ayudar a mitigar los efectos negativos del entorno penitenciario y fomentar un cambio positivo en el comportamiento
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no presentar conflicto de intereses en la publicación.
FINANCIAMIENTO
Los autores declaran que no recibieron financiamiento.















