INTRODUCCIÓN
La pandemia ha afectado profundamente los estilos de vida y los hábitos alimentarios de los adolescentes en Perú. En muchas zonas urbanas y rurales, el acceso a alimentos frescos y saludables se vio restringido debido a las limitaciones de movilidad y al cierre de los mercados locales. Esto ha llevado a cambios significativos en la forma en que los jóvenes se alimentan (1). En este contexto, los alimentos ultraprocesados (AUP), fácilmente disponibles en tiendas y supermercados, se convirtieron en la opción más accesible para muchas familias peruanas. Este cambio en los hábitos alimentarios durante la pandemia no solo ha afectado la calidad de la dieta, sino que también ha tenido implicaciones sobre la economía familiar, dado que el consumo de productos procesados suele estar asociado a gastos alimentarios más altos. Además, la falta de educación nutricional adecuada y la exposición masiva a la publicidad de este tipo de alimentos, especialmente dirigida a los jóvenes, han reforzado patrones de consumo poco saludables (2).
En este sentido, los APU definidos como productos que han sido sometidos a múltiples etapas de procesamiento industrial, contienen altos niveles de azúcares añadidos, grasas trans, sodio y una amplia variedad de aditivos que mejoran su sabor, textura y vida útil (3). Estos productos, que incluyen desde snacks empaquetados y refrescos azucarados hasta comidas preparadas y dulces industriales, han ganado popularidad entre los adolescentes debido a su facilidad de acceso y conveniencia (2). En comparación con los alimentos mínimamente procesados, los AUP ofrecen una gratificación rápida y son altamente palatables, lo que los convierte en una elección frecuente para las comidas y meriendas diarias en esta población (4). Además, consumir una dieta alta en alimentos ultraprocesados (AUP) está vinculado a un mayor riesgo de obesidad. Esto se debe a que estos productos suelen tener una alta densidad calórica y un bajo valor nutricional, lo que puede afectar negativamente la salud (3). También, el exceso de azúcares y grasas trans en la dieta ha sido asociado con dislipidemias y resistencia a la insulina, factores que predisponen a enfermedades metabólicas en la vida adulta (5-7).
Por otra parte, en el contexto de la pandemia de COVID-19 en Perú, se observó un aumento en el consumo de AUP, especialmente entre los adolescentes (2,4). Así se han notificado valores variables entre estas investigaciones en el estrato etáreo señalado, por ejemplo, Alvarado (8), en 2019 encontró que el 55% de adolescentes escolares peruanos consumían alimentos ultraprocesados con frecuencia media, siendo los más consumidos las gaseosas, snacks y salsas o cremas. Por otro lado, Mattioli (6) 2020 señaló que un 60% de los adolescentes aumentaron su consumo de estos productos durante los periodos de confinamiento. Asimismo, Choque (7), en el 2023, reveló que el 75.5% de adolescentes consume AUP de 1 a 3 veces al mes. Del mismo modo, un estudio realizado en una institución educativa pública en la Amazonía peruana por Tulumba (9), en el 2024 determinó que el 58.5% de la población consume AUP en alto grado.
En este contexto, en Perú, hay una creciente preocupación por los efectos a largo plazo que el consumo elevado de alimentos ultraprocesados (AUP) puede tener en la salud de los adolescentes. En un país donde las tasas de sobrepeso y obesidad infantil han aumentado en las últimas décadas, el consumo de estos productos se ha convertido en un factor clave que contribuye al deterioro de la salud pública. Esto exige una atención especial para abordar esta problemática (10). La situación en el país es particularmente crítica debido a las disparidades socioeconómicas que se agravan en tiempos de crisis como la pandemia (11). Mientras que los adolescentes de áreas urbanas tuvieron mayor acceso a dispositivos electrónicos y plataformas digitales que promovieron el sedentarismo y el consumo de AUP, aquellos en zonas rurales enfrentaron mayores dificultades para acceder a una dieta equilibrada debido a la interrupción de cadenas de suministro y a la inseguridad alimentaria (11). Esta dualidad en los efectos de la pandemia resalta la vulnerabilidad de los adolescentes peruanos y subraya la necesidad de una intervención urgente en políticas de salud pública que aborden estas disparidades.
Por lo tanto, el objetivo de la presente investigación fue evaluar la prevalencia del consumo de alimentos ultraprocesados en estudiantes de secundaria durante la pandemia de COVID-19 en Perú.
MATERIALES Y MÉTODOS
Se realizó un estudio con un enfoque cuantitativo y alcance descriptivo en un colegio privado confesional ubicado en la zona este de Lima, durante el año 2022. Para el cual se utilizó un diseño transversal que consistió en la aplicación de un cuestionario a una muestra de estudiantes del nivel seleccionado sobre la frecuencia del consumo de AUP.
En relación a la muestra utilizada en la investigación fue no probabilística por conveniencia, la cual fue de 135 estudiantes de nivel secundario. La recolección de datos se llevó a cabo de manera presencial, según criterio del investigador, dada la situación sanitaria. Se incluyeron estudiantes de secundaria matriculados, sin importar su edad, género, religión o estado civil. Se excluyó aquellos que no estuvieran matriculados.
Por otra parte, se utilizó como instrumento un cuestionario propuesto por Márquez (12), en 2015 para medir el consumo de AUP, compuesto por 17 ítems, divididos en cuatro dimensiones: 1) Galletas, 2) Snacks, 3) Bebidas y 4) Dulces. La validez del instrumento fue medida mediante el índice KMO, el cual arrojó un coeficiente de 0,893 con una significancia de 0,000, indicando un alto nivel de validez. En cuanto a la confiabilidad, se aplicó el alfa de Cronbach, obteniendo un valor de 0,907. La escala de respuesta del cuestionario incluyó cinco opciones con los siguientes valores: 5 = Diario, 3 = 1 vez a la semana, 1 = 2 a 4 veces a la semana, 0.5 = 1 a 3 veces al mes, y 0 = Nunca.
En cuanto, al análisis estadístico se determinaron las frecuencias absolutas y relativas de las variables: género, grado, grupo de edad y religión. Para determinar la asociación entre estas variables y los niveles de consumo de AUP (nulo, esporádico, regular, frecuente y permanente), se empleó la prueba de Chi-cuadrado de independencia. Esta prueba fue aplicada a las tablas de contingencia que comparaban el nivel de consumo con cada una de las características sociodemográficas, y se utilizó un nivel de significancia del 5% (p < 0.05). Para los respectivos cálculos fue utilizado el programa SPSS versión 26.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Para entender mejor el contexto de la investigación sobre el consumo de alimentos ultraprocesados en adolescentes, es importante considerar las características sociodemográficas de los 135 estudiantes que participaron. De ellos, el 54,8% son mujeres y el 45,2% hombres. La mayoría tiene entre 13 y 15 años, representando el 75,5%, mientras que el 24,5% se encuentra en el rango de 16 a 17 años. En términos de grado escolar, el 54,8% cursa el tercer año de secundaria, el 25,9% está en cuarto y el 19,3% en quinto. La mayoría proviene de la costa (83%), con un menor porcentaje de la sierra (13,3%) y la selva (3,7%). En cuanto a la religión, el 67,4% son adventistas, seguidos por católicos (20,7%), evangélicos (5,2%) y un 6,7% sin afiliación religiosa.
En relación a la frecuencia de consumo de AUP, en la Tabla 1 se relaciona los tipos de alimentos con la frecuencia de consumo entre los estudiantes de secundaria durante el año 2022. Se observó que el 31,9% de los estudiantes tiene un consumo nulo de alimentos ultraprocesados, siendo las bebidas azucaradas el tipo de alimento con mayor porcentaje de consumo nulo (59,3%), seguido por los snacks (51,1%). El consumo esporádico fue el nivel más común para los alimentos ultraprocesados en general (38,5%), destacando las galletas (29,6%) y los dulces (29,6%). El consumo regular fue menor, alcanzando su punto más alto en snacks (17%), mientras que el consumo permanente fue bajo en general, con un 8,9% para alimentos ultraprocesados en general, sin reportar consumo permanente de snacks. Estos datos revelan una tendencia hacia el consumo esporádico y nulo, particularmente de bebidas azucaradas y snacks.
Por otra parte, la distribución del consumo de AUP según las diversas características sociodemográficas investigadas evidenció que, en cuanto al género, las mujeres presentan un mayor porcentaje de consumo nulo (33,8%) y esporádico (40,5%) en comparación con los hombres, quienes tienen un mayor consumo regular (12,9%) y frecuente (12,9%). En términos de grado, los estudiantes de 3ero tienen un mayor consumo esporádico (40,5%), mientras que los de 4to muestran un mayor consumo regular (16,7%) y los de 5to destacan por su consumo frecuente (11,5%). En cuanto al grupo de edad, los adolescentes de 16 a 17 años presentan un consumo esporádico y frecuente más elevado (51,6% y 19,4%, respectivamente) en comparación con los de 13 a 15 años, que muestran un mayor consumo nulo (33,3%). En lo que respecta a la religión, los estudiantes adventistas tienen una mayor prevalencia de consumo nulo (33,7%) y esporádico (43,5%), mientras que los no adventistas presentan un mayor consumo regular (15,9%) y frecuente (15,9%) Tabla 2.
DISCUSIÓN
La pandemia de COVID-19 provocó en su momento cambios en los estilos de vida a nivel mundial. Los adolescentes, no escaparon de esta situación. Durante este período, los patrones alimentarios de los jóvenes experimentaron variaciones significativas debido a factores como el confinamiento, la educación remota, y las restricciones en las actividades físicas (13). En este contexto, el consumo de alimentos ultraprocesados ha ganado relevancia como un tema de preocupación, dado que estos productos, ricos en azúcares, grasas trans y aditivos, se han vuelto una opción accesible y conveniente para muchos estudiantes (7). Este estudio analizó el consumo de alimentos ultraprocesados (AUP) entre estudiantes de secundaria en Lima, Perú, durante la pandemia de COVID-19. Se evaluó la relación entre el nivel de consumo y las características sociodemográficas de los participantes, buscando entender cómo estos factores influyen en sus hábitos alimentarios.
En este sentido, se encontró un bajo porcentaje de consumo permanente de AUP, siendo menor al 10% en casi todas las categorías. Este hallazgo sugiere que, aunque los adolescentes tienen acceso y exposición a estos productos, no han desarrollado un patrón de consumo excesivo y sostenido a lo largo del tiempo. Esta tendencia podría estar influenciada por varios factores, como la presencia de campañas educativas sobre alimentación saludable, el rol de las familias en la supervisión de los hábitos alimentarios, o incluso las restricciones económicas que podrían limitar la compra frecuente de este tipo de productos (14). Estos hallazgos son consistentes con investigaciones anteriores que han mostrado que, durante la pandemia, aunque el consumo ocasional de alimentos ultraprocesados (AUP) aumentó debido a factores como el estrés, la ansiedad y el sedentarismo, el consumo habitual y constante se mantuvo relativamente bajo en muchas poblaciones de adolescentes (15). Esto sugiere que los adolescentes no sustituyeron por completo sus hábitos alimentarios habituales por un consumo excesivo de ultraprocesados, sino que hubo variaciones en la frecuencia de consumo influenciadas por las circunstancias específicas de la pandemia.
Sin embargo, es fundamental destacar que, aunque el consumo habitual de alimentos ultraprocesados (AUP) fue bajo, una parte considerable de los estudiantes informó que consume estos productos de manera ocasional o regular. Esto es preocupante desde el punto de vista de la salud pública, ya que el consumo frecuente de AUP se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas a largo plazo, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares (3,5). Por lo tanto, estos hallazgos destacan la necesidad de seguir promoviendo estrategias de intervención nutricional que se enfoquen en la reducción del consumo de estos productos en este grupo etario.
Por otro lado, el consumo de alimentos ultraprocesados en los diferentes grupos sociodemográficos -como el género, el grado escolar, y la religión- revela que no todos los estudiantes están igualmente expuestos o influenciados por el consumo de estos productos. Por ejemplo, se observó que los varones tienden a tener un consumo más frecuente y regular en comparación con las mujeres, lo que coincide con estudios que indican que los hombres suelen tener una mayor predisposición al consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares debido a factores socioculturales y de comportamiento (16). Por ejemplo, las mujeres suelen mostrar mayor preocupación por la salud y el control del peso, lo que las lleva a optar por alimentos percibidos como más saludables y a evitar productos con alto contenido calórico o ultraprocesados (17). Esta diferencia en la motivación alimentaria podría estar influenciada por las normas sociales que presionan a las mujeres para mantener una imagen corporal delgada, mientras que los hombres tienden a estar menos influenciados por estas normas y muestran comportamientos alimentarios más indulgentes en relación con la comida rica en grasas y azúcares (18). Este patrón sugiere que las intervenciones educativas deberían considerar las diferencias de género para ser más efectivas en la promoción de hábitos alimentarios saludables.
En cuanto a la afiliación religiosa, los estudiantes adventistas presentaron un mayor porcentaje de consumo nulo y esporádico en comparación con los no adventistas, lo que favorece en este grupo una alimentación más saludable y menos dependiente de productos industrializados (19-21). Este comportamiento podría ser explicado por los resultados de un estudio que reveló que los integrantes de esta religión, tienden a seguir patrones alimentarios más saludables, como una mayor adherencia a dietas vegetarianas o veganas, y un menor consumo de carne y productos ultraprocesados, lo que se asocia con un menor riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad y las enfermedades cardiovasculares (21). Asimismo, las restricciones alimentarias promovidas por esta denominación religiosa, que desalientan el consumo de alcohol, tabaco y ciertos tipos de alimentos ricos en grasas, pueden influir en las elecciones dietéticas y en la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados entre sus miembros (22,23).
Por otra parte, los estudiantes de 3ero de secundaria tienen un mayor consumo esporádico, mientras que los de grados superiores (4to y 5to) tienden a presentar más consumo regular y frecuente. Esto sugiere que, a medida que los estudiantes avanzan en su escolaridad, su consumo de AUP tiende a volverse más consistente. También, en el estudio actual, se evidenció que un mayor consumo esporádico y frecuente en el grupo de 16 a 17 años, en comparación con el grupo más joven (13-15 años), sugiere un patrón similar al observado por grado escolar. Este hallazgo es consistente con los resultados de Cutler (24), en 2012 quien encontró que, a medida que los adolescentes crecen, su independencia en la elección de alimentos aumenta, lo que está asociado con un mayor consumo de snacks y comidas rápidas. Del mismo modo, Gopinath (25), en 2009 observó que los adolescentes mayores tienen más acceso a sus propios recursos financieros, lo que les permite comprar AUP con mayor frecuencia, mientras que los adolescentes más jóvenes dependen más de sus padres para la toma de decisiones alimentarias.
CONCLUSIONES
Este estudio transversal encontró que, aunque el consumo permanente de estos alimentos fue bajo (menos del 10% en casi todas las categorías), una proporción significativa de estudiantes reportó un consumo esporádico o regular. Los estudiantes varones mostraron un mayor consumo regular y frecuente en comparación con las mujeres, mientras que los estudiantes de grados superiores y de mayor edad tendieron a consumir AUP de manera más consistente. Asimismo, los estudiantes adventistas presentaron un mayor consumo nulo o esporádico en comparación con los no adventistas. Aunque no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos sociodemográficos, estos hallazgos subrayan la necesidad de intervenciones educativas enfocadas en reducir el consumo de AUP entre los adolescentes, especialmente en grupos con mayor riesgo.
CONFLICTO DE INTERESES.
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
FINANCIAMIENTO
La investigación se llevó a cabo con financiación de los investigadores.















