INTRODUCCIÓN
La conservación y recuperación de los ecosistemas se ha convertido en una prioridad global ante los eventos climáticos extremos, no solo por su valor estético o la protección de la biodiversidad, sino por los usos reales y potenciales de especies aún desconocidas, que sustentan sectores económicos clave como la agricultura, la medicina y la industria (1, 2). La biodiversidad, además, proporciona servicios ambientales esenciales como regulación del clima, polinización y provisión de agua limpia que hacen habitables los territorios humanos (3, 4). Desde la perspectiva internacional, autores como López (5), Moriano (6) y Vizcarra (7) coinciden en que la conservación de los ecosistemas es un pilar fundamental de la sostenibilidad, al integrar funciones ecológicas críticas para el desarrollo social y económico.
Por lo que, la conciencia sobre los beneficios de los ecosistemas servicios ambientales, regulación climática y biodiversidad está consolidada en ámbitos académicos, sociales y culturales. Sin embargo, esta comprensión no ha derivado en acciones suficientes para revertir su degradación. Aunque existen estrategias de conservación (programas de pago por servicios ambientales, protección de áreas naturales), la destrucción persiste, agravando crisis como la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. La Cumbre de la Tierra en 1992 y otros foros globales han establecido agendas ambientales, pero su ejecución es limitada. De ahí que, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) priorizan la conservación, pero la falta de financiamiento y modelos económicos extractivos obstaculizan avances. Estudios de Gómez (8) señalan que la degradación afecta no solo la naturaleza, sino la seguridad hídrica y la resiliencia de comunidades locales, cuyas economías dependen de recursos naturales. A pesar de las declaraciones, la presión antropogénica sigue siendo un desafío crítico. Esto evidencia la necesidad de acciones concretas y urgentes para equilibrar desarrollo y sostenibilidad.
Por consiguiente, la pobreza en países subdesarrollados está intrínsecamente ligada a la degradación de ecosistemas, la sobreexplotación de recursos naturales y el uso de tecnologías industriales contaminantes con alto consumo energético. Estos factores no solo deterioran la calidad de vida, sino que limitan el acceso a servicios básicos como agua potable, salud y educación, exacerbando problemas sociales y ambientales. Por ejemplo, en regiones como África subsahariana, la contaminación industrial ha reducido la esperanza de vida y aumentado la mortalidad infantil, especialmente en comunidades con menor capacidad para adoptar tecnologías limpias. Las apreciaciones coinciden con el Informe Brundtland, que propuso el desarrollo sostenible como modelo para equilibrar los pilares social, ambiental y económico. Este enfoque busca garantizar que las necesidades actuales no comprometan las generaciones futuras (9).
Por lo que, se considera que proteger, recuperar y conservar los ecosistemas constituye la estrategia más efectiva para el desarrollo sostenible de las comunidades. Esta debe centrarse en optimizar modelos, pautas y estrategias en las áreas productivas, donde el uso responsable y la conservación de los recursos naturales deben ser prioritarios. Para ello, se requiere generar instrumentos de gestión ambiental, destacando el ordenamiento territorial basado en zonificación ecológica-económica como herramienta clave, aunque no exclusiva, ya que los factores ambientales están interrelacionados. Se prioriza la conservación del suelo, la protección de la biodiversidad, la mejora de la calidad de vida y la reducción de la contaminación, objetivos que demandan otras herramientas de gestión ambiental. Estas deben elaborarse de forma participativa, integrando a todos los actores locales (10).
En este contexto, Ramírez (11), las acciones de protección, recuperación y conservación ambiental son urgentes, ya que la contaminación ha alcanzado niveles alarmantes en años recientes, causando graves daños al entorno. Por lo que, Ticlla et al. (12) señalan que esta situación persiste debido a la falta de conciencia de gobernantes y población sobre los beneficios de preservar los recursos naturales. En este sentido, Vidal y Asuaga (13) enfatizan la necesidad de implementar estrategias efectivas para la conservación, requiriendo instrumentos de gestión ambiental adaptados a las problemáticas locales. Además, Machado (14) destaca el rol central del Estado en liderar diagnósticos ambientales, identificar problemas, planificar, organizar, implementar y monitorear políticas para proteger el medio ambiente, los recursos naturales y la biodiversidad.
Para el caso específico de la microcuenca de Ñagazú - Sector I (Villa Rica), Perú, se evidencia una degradación crítica de los ecosistemas forestales, confirmada por la población local, que percibe la pérdida progresiva de bosques en cabeceras de cuenca como factor clave en la alteración de los ciclos hídricos. Esta situación genera disminución de caudales en épocas de sequía, afectando el acceso al agua para consumo humano, además de erosión de suelos, contaminación ambiental y deterioro de la calidad y cantidad del recurso hídrico. La problemática se agrava por la interrelación entre la deforestación y la pérdida de servicios ecosistémicos, como la regulación hídrica y la protección de suelos, elementos esenciales para la sostenibilidad de la zona. La comunidad urbana de Villa Rica reconoce estos impactos, vinculados a prácticas productivas no sostenibles y a la falta de estrategias de restauración ecológica adaptadas a las condiciones locales.
Por lo que se considera que de no dar atención a esta problemática las consecuencias futuras generarían serios problemas a las poblaciones que habitan en las áreas de influencia. Por lo expuesto, se plantea como objetivo generar un modelo de gestión ambiental que permita hacer un diseño de la planificación, la implementación y el monitoreo de las acciones para la recuperación y protección del ecosistema de la cabecera de la microcuenca de la zona de Ñagazu - Sector I, Villa Rica - Oxapampa - Pasco, Perú. Es importante ya que buscar estrategias de gestión ambiental que permitan proteger, recuperar y conservar los ecosistemas de la cabecera de la microcuenca, y que se plasme en la conservación de la biodiversidad de flora y fauna silvestre, la mejora de la calidad de vida, la disminución de la frecuencia e incidencia de las enfermedades y el abastecimiento de agua de calidad
MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación se realizó en la microcuenca “La Sal” - Sector I Ñagazú ubicada en la parte oeste de la capital del distrito de Villa Rica, la cual está comprendido por un área de 546,44 ha en la microcuenca se ubican las localidades habitadas como Puente Paucartambo, Alto Sogormo, Alto Churumazú, Pampa Encantada, Santa Irene, Santa Elena, Santa Rosa, Purús, Río la Sal y la comunidad indígena Ñagazú. Se ubica en las coordenadas UTM, cuyo vértice principal es: 465000 E y 8 815 000 N (Datum WGS 84, UTM). Políticamente pertenece al distrito de Villa Rica, provincia de Oxapampa del departamento de Pasco, Perú, Figura 1.
El área se encuentra en el tipo de clima muy húmedo, con un rango de 80 a 100 % de humedad, según el índice de humedad de Thornthwaite. La precipitación en el área oscila entre 1500 y 2000 mm al año y es abundante en todas las estaciones del año. La evapotranspiración potencial oscila entre el 71,2% y el 99,7% en los climas templados fríos y cálidos. El clima en la provincia de Oxapampa fue documentado por ZEE - Línea Base Física en 2007. Tiene una temperatura media mensual de 24 a 28 °C, una temperatura máxima de 32 a 34 °C y una temperatura mínima de 18 °C.
Para lo que se realizó un estudio con enfoque cuantitativo (15) y de tipo básica (16). Se desarrolló en el nivel descriptivo correlacional (17), con un diseño no experimental (18). En la muestra en estudio estuvieron considerados los actores de la gestión ambiental siendo los representantes de las 18 instituciones públicas y privadas y de la población civil organizada. En cuanto a la técnica se empleó la encuesta (19) y como instrumento un cuestionario, validado por expertos (20), para lo cual se siguió el siguiente esquema de investigación, Figura 2.
Con la participación de la Comisión Ambiental para la protección de la microcuenca “La Sal” - Sector I Ñagazú ubicada en la parte oeste de la capital del distrito de Villa Rica se realizó reuniones participativas las cuales con apoyo de la información recopilada relacionado con los problemas ambientales identificados se procedió a la elaboración de plan de acción.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La formación de bosque presente en la microcuenca La Sal - Ñagazu, es una forma de bosque montano bajo característico de la selva alta de la provincia de Oxapampa, el cual se encuentra ubicado en las laderas y quebradas, lo cual les brinda suelos con componentes minerales acumulados por los procesos de sedimentación. La estructura del es característico de los bosques montanos bajos, los árboles poseen una altura de 15 a 20 m, con una superficie del dosel muy heterogénea, lo cual crea un desorden dentro del bosque, y provee de microclimas variados dentro del mismo dosel.
Los problemas ambientales que afectan a la microcuenca “La Sal”-Sector I Ñagazú, Tabla 1, se basa principalmente a las afectaciones a los ecosistemas, con la fragmentación, perdida de la biodiversidad, sobre explotación de los recursos naturales, prácticas agrícolas inadecuadas, caza y pesca ilegal, destrucción de la estructura paisajística, ampliación de la frontera agrícola, entre otros, lo que puede acarrear problemas muy serios a todas la comunidades del entorno incluso a la población del distrito de Villa Rica y que es el momento de tomar acciones para buscar la conservación, protección y recuperación de los diversos ecosistemas, que nos permitan proteger los recursos naturales, y la biodiversidad, promoviendo un desarrollo sostenible.
Al tomar los resultados del diagnóstico y del deseo de la población y actores involucrados Tabla 2, se plantean 20 objetivos estratégicos, con 39 líneas de acción, todos relacionados con la conservación, protección y recuperación de los ecosistemas degradados, específicamente con la protección de la biodiversidad, y de los recursos naturales, conservación del recurso suelo, conservación y utilización sostenible del recurso hídrico, la implementación de sistemas agrícolas sostenibles, recuperación de la estructura paisajística, recuperación de los conocimientos tradicionales, puesta en valor sus recursos naturales y turísticos.
Discusión
La variación de microclimas es un gran generador de diversidad florística entre las comunidades de epifitas, hierbas y arbustos, creando hábitats variados que aumentan la cantidad de nichos ecológicos en esta comunidad vegetal. El matorral esclerófilo de la microcuenca del río La Sal - Ñagazu, es un tipo de comunidad vegetal que mayormente se encuentra a altitudes más elevadas, por su apariencia también se le denominan “pajonales”, “páramos”, “bosques achaparrados” o “bosques enanos nublados” (21). En la actualidad, una gran parte de la microcuenca ha sido transformada en tierras para el cultivo de granadilla, rocoto, caigua, café y ají, además de la crianza extensiva de vacunos.
Los problemas ambientales según los descritos por Huaroc (22), están profundamente vinculados a las acciones humanas, especialmente al consumismo exacerbado y al crecimiento demográfico en las principales ciudades. Estas dinámicas generan una relación compleja entre el ser humano y su entorno, donde el impacto ambiental se manifiesta en dos direcciones: por un lado, el medio ambiente influye en las conductas y actitudes humanas, y por otro, las actividades humanas afectan negativamente al entorno. Este impacto incluye comportamientos irresponsables y estilos de vida que deterioran los ecosistemas. En respuesta, diversas instituciones estatales y organizaciones civiles han implementado estrategias para fomentar la conciencia ambiental y mitigar el daño causado por estas prácticas destructivas. Sin embargo, estos esfuerzos requieren una mayor integración de valores éticos y religiosos, como los promovidos por la Encíclica Laudato Si, que busca inspirar reflexiones sobre la ecología y la globalización para prevenir o reparar los daños ambientales (23).
Por lo que, la gestión ambiental emerge como un compromiso ineludible para las instituciones y los individuos, orientado hacia el desarrollo sostenible bajo principios del derecho ambiental. Esto implica equilibrar las necesidades humanas con la preservación ecológica mediante estrategias integrales que minimicen el impacto humano sobre el medio ambiente. Investigaciones como las de Sepúlveda Marques destacan la relevancia de incorporar perspectivas éticas y religiosas en las políticas ambientales, promoviendo una participación voluntaria en el cuidado del planeta. Además, autores como Doce et al. subrayan que la gestión ambiental debe ser un esfuerzo colectivo que combine regulaciones efectivas, educación ambiental y prácticas sostenibles para enfrentar desafíos como el calentamiento global, la contaminación y la pérdida de biodiversidad (24, 25).
De ahí que, Aguilar y Cruz (26) refieren que los modelos de gestión ambiental para proteger ecosistemas degradados requieren enfoques multidimensionales que integren participación comunitaria, herramientas técnicas y marcos normativos. La Evaluación Ambiental Integral (EAI) propuesta para ecosistemas iberoamericanos ofrece un marco metodológico con indicadores cuantitativos para medir factores de degradación, sistemas de monitoreo adaptativos que evalúan impactos en servicios ecosistémicos y estrategias interdisciplinarias, como la selección de especies vegetales resilientes para rehabilitar suelos erosionados. En Sudáfrica, la transformación de vertederos en corredores ecológicos combinó captura de metano, reforestación (700.000 árboles) y educación ambiental, reduciendo 2.5 millones de toneladas de CO₂ equivalente, Corpoboyacá (Colombia) empleó alertas tempranas de deforestación y restauró 1,136 hectáreas mediante restauración ecológica con especies nativas, integración de conocimientos científicos en planes de manejo, además en Perú, comunidades usaron drones y apps para monitorear amenazas en áreas protegidas, demostrando cómo la tecnología fortalece la vigilancia.
Por su parte, García Dueñas et al. (27) platean que aun en este sentido hay retos y lecciones aprendidas, como proyectos como los Jardines Forestales en África buscan restaurar hasta 229,000 hectáreas para 2030, pero requieren financiamiento estable, modelos como los bonos de carbono en vertederos sudafricanos muestran que la valorización de servicios ecosistémicos puede generar ingresos y las metodologías deben ajustarse a contextos locales, como sucedió en agroecosistemas mediterráneos con técnicas específicas contra la erosión. Estos casos evidencian que la combinación de participación local, innovación técnica y marcos regulatorios sólidos es clave para revertir la degradación. Sin embargo, su éxito depende de mecanismos de monitoreo continuo y alianzas multisectoriales que aseguren recursos y compromisos a largo plazo
CONCLUSIONES
La propuesta de modelo de gestión ambiental para la protección sostenible del ecosistema degradado en la zona de Ñagazu - Sector I, Villa Rica - Oxapampa - Pasco, resalta la importancia de una estructura organizativa participativa que involucre a actores del sector público, privado y civil. Este enfoque busca abordar las causas de la degradación ambiental a través de un diagnóstico ambiental exhaustivo, seguido de la elaboración de políticas, planes de acción y agendas ambientales. Además, se enfatiza la necesidad de un monitoreo continuo para asegurar el cumplimiento de los compromisos asumidos y la efectividad de las medidas implementadas. Este modelo se alinea con las prácticas de gestión ambiental sostenible que buscan equilibrar el desarrollo económico con la conservación ecológica.
La implementación de este modelo de gestión ambiental puede contribuir significativamente a la restauración y conservación de ecosistemas degradados. Al igual que otras iniciativas similares, como las evaluaciones ambientales integrales y la restauración ecológica, este modelo busca mitigar los efectos adversos de la degradación ambiental y promover un desarrollo sostenible. La participación activa de la comunidad y la coordinación entre diferentes sectores son clave para el éxito de estas estrategias, ya que permiten una respuesta integral a los desafíos ambientales y sociales presentes en la región. Además, la creación de sistemas de monitoreo y seguimiento asegura que las acciones tomadas sean efectivas y sostenibles a largo plazo.


















