INTRODUCCIÓN
Hoy en día, los docentes desempeñan un papel crucial al educar mediante interacciones que integran la enseñanza, el aprendizaje y la convivencia. Esto se fundamenta en la premisa de que el convivir y el aprendizaje son procesos inseparables en el contexto escolar (Fierro y Fortoul, 2018). La convivencia, como elemento esencial del entorno educativo, requiere que los estudiantes desarrollen habilidades comunicativas y sociales sólidas que favorezcan el trabajo colaborativo y la resolución de problemas (Grau y García, 2018). Estas habilidades permiten a las personas expresarse de manera efectiva en cualquier entorno social, adaptando el lenguaje al contexto y respetando las normas culturales (Monsalve et al., 2009). En contraste, la falta de estas competencias genera problemas de aprendizaje, afecta el clima escolar, fomenta el bullying e incluso deriva en la exclusión social.
En el ámbito internacional, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) resalta que el 16% de la población mundial son adolescentes que requieren preparación para adaptarse a los cambios del mundo actual. Entre las 12 habilidades transferibles promovidas por Unicef (2022), las habilidades comunicativas destacan por su contribución al desarrollo humano y al bienestar común. Sin embargo, los conflictos, como el bullying, afectan negativamente este bienestar. Según la Otchet (2021) en su informe para la Unesco, en Oriente Medio, el 42.8% de los estudiantes han participado en peleas, el 41.1% en acoso y el 31% en agresiones físicas, lo que conlleva consecuencias graves en su desarrollo académico, salud física y mental. En contraste, los países de la OCDE con entornos educativos disciplinados presentan índices de acoso del 7%, destacando la importancia de un ambiente educativo positivo.
A nivel universitario, dificultades relacionadas con el manejo de habilidades comunicativas también son evidentes. Por ejemplo, en la Universidad Autónoma de Madrid, el 45% de los estudiantes tiene miedo de hablar en público, y el 70% considera que este temor afecta su vida personal (Montorio et al., 1996). Estas limitaciones están vinculadas a la ansiedad social y al manejo inadecuado de habilidades comunicativas (Bados, 1991).
En América del Sur, la violencia escolar por apariencia física (29.8%), raza o nacionalidad (14%) y religión (7.6%) afecta la convivencia y el aprendizaje (Unesco, 2019). En Argentina, un estudio de Unicef en 2010 reveló que estudiantes que se sienten escuchados por adultos y participan en la elaboración de normas de convivencia escolar tienden a ser menos conflictivos (Eljach, 2010). Por otro lado, en universidades de El Salvador, Flores (2019) identificó altos niveles de agresión de género, sexual, psicológica y emocional, especialmente hacia mujeres, afectando la convivencia y las interacciones académicas.
En Perú, tanto en los hogares como en las escuelas, prevalecen actos de violencia que impactan negativamente en el aprendizaje y las relaciones sociales. Según Unicef (2019), y Claux (2017) el 70% de los niños y adolescentes peruanos son víctimas de maltrato psicológico, siendo comunes los insultos, humillaciones y burlas. En la región Loreto, un informe de SISEVE por Claux (2017) indica que la violencia física entre estudiantes alcanza el 78%, mientras que el 19% corresponde a violencia verbal, evidenciando una problemática que afecta la convivencia y el desarrollo académico.
En el contexto del Instituto de Educación Superior Pedagógico Público Monseñor Elías Olázar, en Yurimaguas, la problemática de la convivencia también es evidente. Estudiantes de esta institución suelen emplear apodos, lenguaje sexualizado y burlas en sus interacciones, lo que afecta su autoestima, aprendizaje y habilidades comunicativas. Además, se observa una falta de escucha activa, empatía limitada y juicios apresurados durante las exposiciones académicas. Estas situaciones destacan la necesidad de implementar programas educativos que fortalezcan la comunicación y promuevan una convivencia armónica.
Ante esta problemática, surge la pregunta general: ¿En qué medida el Programa “¿Aprender a convivir” influye en el desarrollo de habilidades comunicativas en estudiantes de educación superior pedagógico de Yurimaguas, 2023? Este estudio tiene como objetivo demostrar dicha influencia, enfocándose en tres dimensiones específicas: habilidades para la expresión, habilidades para la observación y habilidades para la relación empática. La hipótesis general plantea que el Programa “Aprender a convivir” influye significativamente en el desarrollo de habilidades comunicativas en estos estudiantes.
Este estudio se justifica teóricamente en la importancia de las habilidades comunicativas para una interacción efectiva en diversos contextos. Metodológicamente, se sustenta en el uso del método científico para obtener datos objetivos y válidos, que aporten a la comunidad científica. En el ámbito práctico, sugiere que el fortalecimiento de estas habilidades mejora la convivencia, la autoestima y el trabajo en equipo de los estudiantes, contribuyendo a una sociedad más pacífica y tolerante.
Revisión literaria
Respecto a la variable programa "Aprender a convivir" se concibe desde el modelo socioconstructivista de Vygotski, que considera a la escuela como un espacio donde se producen relaciones interpersonales. En este contexto, el docente facilita el desarrollo cognitivo diseñando estrategias que favorezcan el vivir juntos en el aula, respetando la diversidad, evitando la violencia y promoviendo la tolerancia. Según esta teoría, el aprendizaje real procede de la interacción social entre los involucrados. Cuando el niño interactúa con el objeto a través del otro, es fundamental conocer el contexto social en el que se desenvuelve, ya que el conocimiento emerge de su historia personal y social. Además, este conocimiento se internaliza al pasar del plano social al plano interno, reconstruyéndose y convirtiéndose en nuevas construcciones cognitivas (Gómez y Ortiz, 2018).
Por su parte, Delors (1996) plantea que uno de los cuatro pilares de la educación es “aprender a vivir juntos”, que se logra comprendiendo al otro y reconociendo la pluralidad interdependiente de la sociedad. En el siglo XXI, la convivencia sigue siendo un aspecto trascendental dentro de una educación humanista. Las instituciones educativas tienen el propósito de formar estudiantes para la vida, convirtiéndose en un entorno social favorable para las interacciones humanas (García-Raga et al., 2017). En este contexto, los educadores desempeñan un papel crucial al enseñar a evitar la violencia, generalmente provocada por prejuicios hacia los demás.
La convivencia es un acto que se aprende, y la escuela facilita este aprendizaje. Por ejemplo, en centros educativos que implementaron actividades de ayuda entre iguales, los niños desarrollaron actitudes positivas y mostraron mayor empatía hacia los demás (Cowie y Fernández, 2006). El aprendizaje se enriquece con la participación del estudiante en escenarios comunicativos diversos. Desde el enfoque constructivista, el aprendizaje se genera en contacto con los pares, siendo el rol del docente fundamental al diseñar estrategias activas que desafíen al estudiante, fomenten su autonomía y le permitan adaptarse a un mundo cambiante por los avances tecnológicos y las necesidades socioeconómicas de cada región.
La UNESCO define “aprender a vivir juntos” como la práctica de valores, actitudes y conductas que promuevan interacciones basadas en principios como la libertad, la justicia, la democracia, la tolerancia y la solidaridad. Este aprendizaje se busca mediante el diálogo y la negociación en espacios reales de comunicación (Hernández et al., 2017). Una convivencia saludable permite desarrollar un pensamiento crítico sobre el mundo y nuestra posición en él (Torres-Rivera y Silva, 2019). En el aula, fomenta el trabajo colaborativo y cooperativo a partir de conductas tolerantes y adaptativas al grupo. Constituir un grupo que convive en respeto y tolerancia contribuye a los cambios sociales, promoviendo una sociedad más democrática, participativa y horizontal, que defiende la paz y evita percepciones simplistas que afectan la integridad de las personas (Puig y Morales, 2015; Harber y Sakade, 2009).
La comunicación juega un papel esencial en la convivencia. Un uso adecuado del lenguaje asegura que el mensaje sea comprendido por el interlocutor. Esto implica adecuar el nivel lingüístico, respetar las reglas de interacción, escuchar activamente y reflexionar antes de expresar ideas, siempre respetando las opiniones ajenas.
La convivencia es una actividad compleja que busca generar cambios profundos desde el pensamiento hasta las actitudes de los individuos. Según el Ministerio de Educación de Colombia en 2013, convivir es vivir en compañía de otros de forma pacífica y armoniosa (Cárdenas, 2018). Para Vilar y Carretero (2008), la convivencia en la escuela es un proceso en el que todos aprenden a vivir con los demás. Es fundamental establecer normas basadas en un trato afectivo y amable, y diseñar estrategias para gestionar las emociones en beneficio del buen vivir.
Convivir implica más que coexistir; supone aceptar normas y respetar los pensamientos y estilos de vida de los demás. Una relación armoniosa se basa en el autoconocimiento, la coherencia entre pensamiento y acción, la reflexión sobre los conflictos y la práctica de valores universales como la solidaridad y la cooperación. Además, requiere diálogo, empatía y compromiso con el bienestar social (Junta de Extremadura, 2007). Convivir se enseña y aprende mediante interacciones que fomenten el buen trato, el diálogo respetuoso y la participación activa en diversos escenarios, contribuyendo a un clima escolar agradable (Bernal et al., 2018).
Un clima escolar positivo es un espacio donde los estudiantes aprenden a interactuar armónicamente, desarrollando su personalidad y autoestima a través de una comunicación efectiva y la práctica de valores. Enseñar a convivir implica reconocer la diversidad en historias de vida, formas de pensar y hablar, promoviendo una cultura de paz que transforme positivamente tensiones y contradicciones (Labrador, 2013).
METODOLOGÍA
Se investigó bajo el paradigma positivista, al predecir la significatividad de un hecho y demostrar su veracidad de manera objetiva (Hurtado y Toro, 2007). El método considerado fue el deductivo, permitiendo recolectar datos que validaron la hipótesis planteada. La deducción del fenómeno observado partió de teorías existentes para establecer conclusiones (Dávila, 2006). El estudio analizó investigaciones con resultados favorables para la aplicación del programa en otros contextos educativos, siendo esta generalizable a nivel de educación superior.
El nivel de investigación fue explicativo, al establecer relaciones causales entre variables. Como el diseño fue experimental, se formuló una hipótesis que permitió demostrar la significatividad de la variable independiente en la variable dependiente (Ramos-Galarza, 2020).
El tipo de estudio fue aplicado, ya que proporcionó explicaciones de los efectos tras la aplicación del programa y estructuró procedimientos innovadores. Esto permitió demostrar los efectos de la estrategia Aprender a Convivir en el desarrollo de habilidades comunicativas. Durante la investigación, se manipuló la variable independiente con intervención en el grupo experimental, logrando mayor control y evidencia de la relación causa-efecto (Ñaupas et al., 2018; Tam et al., 2008).
La investigación tuvo un enfoque cuantitativo, basándose en la recolección de datos para responder a la pregunta de investigación y probar la hipótesis. Se utilizaron técnicas de medición de variables con herramientas estadísticas descriptivas e inferenciales (Ñaupas et al., 2018).
El diseño aplicado fue cuasi-experimental. Aunque el control de las variables no fue absoluto, se estudió la relación causa-efecto al manipular intencionalmente las variables. El programa constituía la variable independiente (VI) y actuó sobre el progreso de las habilidades comunicativas (VD).
El esquema del diseño aplicado se representó como sigue:
GE: Grupo experimental
GC: Grupo control
X: Programa para mejorar habilidades comunicativas
O1, O3: Mediciones preprueba
O2, O4: Mediciones posprueba
Variables y operacionalización
La variable independiente fue el programa Aprender a Convivir, definido como un conjunto de acciones planificadas enfocadas en promover la convivencia y empatía como estrategias para la interacción activa (Castro-Alfaro et al., 2014). Su definición operacional incluyó actividades que fomentaron el disentir, debatir y administrar conflictos sin comprometer la cohesión social.
La variable dependiente fueron las habilidades comunicativas, entendidas como recursos verbales y no verbales que facilitan objetivos específicos de comunicación (MINEDU, 2001). Operacionalmente, estas abarcaron habilidades de expresión, observación y relación empática (Tejera y Cardoso, 2015).
Los indicadores considerados fueron:
Habilidades de expresión: Fluidez verbal y uso de recursos no verbales.
Habilidades de observación: Escucha activa.
Habilidades empáticas: Participación afectiva y acercamiento interpersonal.
Para las mediciones, se utilizó una escala ordinal que permitió categorizar los resultados como: inicio (15-34), proceso (35-54) y logro previsto (55-75) (León y Pérez, 2019).
La población estuvo conformada por 98 estudiantes del Instituto de Educación Superior Pedagógico Público Mons. Elías Olázar en Loreto, quienes cursaban el tercer ciclo de formación inicial docente en diversas especialidades. Estos estudiantes tenían entre 18 y 23 años, provenían de familias de bajos recursos y escuelas rurales sin acceso a internet.
Los criterios de inclusión fueron:
Estudiantes matriculados en el III ciclo del año lectivo 2023-1.
Participación voluntaria con consentimiento informado.
Los criterios de exclusión incluyeron estudiantes que solicitaron licencia durante el estudio o que no participaron en actividades por motivos laborales o familiares. La muestra final estuvo compuesta por 66 estudiantes seleccionados mediante muestreo no probabilístico por juicio del investigador como se evidencia en la Tabla 1. Se dividieron en:
Grupo experimental (33): Especialidad de Comunicación.
Grupo control (33): Especialidad de Ciencias Sociales y Ciudadanía.
Se utilizó la técnica de observación sistemática para registrar comportamientos específicos en tiempo real (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018). El instrumento fue una ficha de observación que incluyó 15 ítems distribuidos en tres dimensiones: expresión, observación y relación empática.
El instrumento fue validado por tres expertos que evaluaron suficiencia, claridad, coherencia y relevancia, obteniendo un coeficiente promedio de 0.98, lo que evidenció alta validez.
Procesamiento de datos y análisis
El procesamiento y análisis de los datos en esta investigación se desarrolló en varias etapas interrelacionadas, comenzando con la autorización institucional y la aplicación del programa de intervención. Con la aprobación de la Dirección General del IESPP Mons. Elías Olázar, se identificó el problema de investigación en 2022, y el desarrollo del estudio se llevó a cabo en 2023. Inicialmente, se presentó el proyecto y se implementó el Programa “Aprender a convivir” con los estudiantes del ciclo III de formación docente en Secundaria, en un horario fuera de las clases regulares.
Para garantizar la validez y confiabilidad del instrumento de medición, se realizó una prueba piloto con estudiantes de una especialidad diferente a los grupos de estudio. Los resultados obtenidos fueron procesados mediante el coeficiente Alfa de Cronbach, confirmando la consistencia interna del instrumento. Posteriormente, se sometió el instrumento a juicio de expertos para perfeccionarlo según sus observaciones. Una vez validados, los instrumentos se aplicaron a los grupos experimental y control, iniciando con un pretest que incluyó la técnica del ABC de la comunicación, permitiendo una interacción entre estudiantes basada en sentimientos y pensamientos. Durante esta fase, se realizaron observaciones registradas en fichas de campo, notas de cuaderno y grabaciones de interacciones significativas.
El programa "Aprender a convivir" se desarrolló en 18 sesiones presenciales y virtuales, distribuidas en 7 semanas con 3 a 4 actividades de aprendizaje por semana, cada una de 90 minutos. Estas sesiones se ejecutaron únicamente con el grupo experimental, mientras que el grupo control continuó con sus tareas habituales según su plan de estudios.
Los datos recolectados en las etapas de pretest y postest fueron organizados inicialmente en una hoja de cálculo en Microsoft Excel, para luego procesarse mediante el software SPSS, versión 27. En una primera fase, se realizó un análisis descriptivo, calculando frecuencias absolutas y relativas, así como medidas de tendencia central (media, mediana, moda) y dispersión (desviación estándar).
Para la contrastación de hipótesis, se evaluó la distribución de los datos utilizando pruebas de normalidad. Dado que los datos no presentaron una distribución normal, se optó por análisis no paramétricos. En este caso, se utilizó la prueba U de Mann-Whitney para comparar los resultados entre el grupo experimental y el grupo control. Este enfoque permitió evaluar la influencia del programa de intervención en el desarrollo de las habilidades comunicativas de los estudiantes.
El estudio siguió un conjunto sistemático de procedimientos para garantizar el rigor metodológico y la validez de los resultados. Inicialmente, se aplicó el pretest a ambos grupos utilizando la técnica del ABC de la comunicación y registrando las observaciones en fichas diseñadas para evaluar las habilidades comunicativas. Los datos recopilados incluyeron interacciones observadas y grabaciones de situaciones específicas en las que se evidenciaban los avances o dificultades de los estudiantes.
Durante la implementación del programa, se desarrollaron actividades interactivas presenciales y virtuales que fomentaron la práctica de la comunicación empática, reflexiva y eficaz. Cada sesión fue diseñada con un enfoque práctico que integró dinámicas grupales y ejercicios de autoevaluación.
Al concluir el programa, se aplicó el postest siguiendo el mismo procedimiento del pretest para asegurar la comparabilidad de los resultados. Los datos resultantes se sometieron a un análisis descriptivo e inferencial con el software SPSS, versión 27, y se contrastaron las hipótesis planteadas, proporcionando evidencia cuantitativa sobre la efectividad del programa.
Aspectos éticos
El desarrollo del estudio respetó principios éticos fundamentales. Se solicitó la autorización de los estudiantes mayores de edad y de las autoridades institucionales antes de iniciar cualquier intervención. Se explicó a los participantes la finalidad de la investigación y se enfatizó su derecho a participar de manera voluntaria.
El principio de autonomía fue garantizado al ofrecer libertad de decisión a los estudiantes para formar parte del programa, y se respetó su integridad en todo momento. El principio de justicia se cumplió al aplicar el programa de manera equitativa, adaptándolo a las necesidades específicas del grupo experimental, mientras que el grupo control no fue afectado en su proceso académico regular.
Finalmente, el principio de no maleficencia fue observado en todo el proceso, diseñando un programa fundamentado en estudios previos que demostraron la eficacia de técnicas similares para el desarrollo de habilidades comunicativas, evitando cualquier daño potencial a los estudiantes. Este estudio buscó no solo respetar los derechos de los participantes, sino también generar un impacto positivo en su desarrollo académico y personal.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El procesamiento de datos implicó la aplicación de procedimientos de estadística descriptiva e inferencial, con el propósito de presentar datos precisos por dimensiones y analizar los resultados obtenidos en las pruebas de pretest y postest. Estos datos se muestran a través de tablas. Bajo el objetivo de demostrar la influencia del Programa “Aprender a convivir” en el desarrollo de habilidades comunicativas en estudiantes de educación superior pedagógico.
En la Tabla 2 se observa que en la prueba pretest, el 33.3% de los estudiantes del grupo control (GC) estaban en el nivel inicio, mientras que el 60.6% estaban en proceso. En el grupo experimental (GE), el 18.2% estaba en inicio y el 78.8% en proceso. Tras la aplicación del programa, en el postest, el GC alcanzó un 97.0% en proceso y un 3.0% en logro previsto, lo que representa un avance limitado. En contraste, el GE alcanzó un 72.7% en logro previsto y eliminó el nivel inicio, mostrando una mejora significativa.
Tabla 2 Nivel de logro de las habilidades comunicativas.

Nota: Prueba pretest y postest aplicada a estudiantes.
Influencia en las habilidades para la expresión
En la Tabla 3 se destacan los datos que muestran, el pretest, donde el grupo de control (GC) tenía un 36.4% en inicio y un 63.6% en proceso, mientras que el grupo de experimental (GE) presentaba un 30.3% en inicio y un 66.7% en proceso. En el postest, el GC logró un avance moderado al alcanzar un 6.1% en logro previsto. En el GE, el nivel logro previsto incrementó significativamente al 57.6%, con 0% en inicio.
Nota: Prueba pretest y postest aplicada a estudiantes.
Influencia en las habilidades para la observación
Por su parte en la Tabla 4 se muestra que el pretest, el GC tenía un 27.3% en inicio y un 72.7% en proceso, mientras que el GE presentaba un 21.2% en inicio y un 75.8% en proceso. En el postest, el GC mostró resultados similares al pretest, con solo un 6.1% en logro previsto. En contraste, el GE alcanzó un 75.8% en logro previsto, eliminando completamente el nivel inicio.
Nota: Prueba pretest y postest aplicada a estudiantes.
Influencia en las habilidades para la relación empática
En la Tabla 5 se muestra que, el pretest, el GC tenía un 33.3% en inicio y un 54.5% en proceso, mientras que el GE tenía un 9.1% en inicio y un 87.9% en proceso. En el postest, el GC alcanzó un 93.9% en proceso, pero con un avance limitado en logro previsto (6.1%). Por el contrario, el GE logró un 72.7% en logro previsto y eliminó por completo el nivel inicio.
Nota: Datos obtenidos del pretest y postest aplicado a los estudiantes.
Resultados inferenciales
En la Tabla 6, se muestran los resultados de la prueba de normalidad de Kolmogorov-Smirnov indican que los datos no presentan una distribución normal (p < 0.05), por lo que se utilizó la prueba no paramétrica U de Mann-Whitney para contrastar las diferencias entre grupos.
Nota: Información recogida de la base de datos de la variable habilidades comunicativas.
El análisis inferencial presentado resalta los resultados estadísticos obtenidos a través de la prueba U de Mann-Whitney, considerando el impacto del programa "Aprender a convivir" en el desarrollo de habilidades comunicativas y sus dimensiones específicas en estudiantes de un instituto de educación superior pedagógico de Yurimaguas. A continuación, se presentan hipótesis:
Hipótesis general
Pretest: Los resultados muestran que no hay diferencias significativas entre los grupos experimental (GE) y control (GC), con un valor de significancia de 0,913 (p > 0,05), indicando que ambos grupos tenían condiciones similares antes de la intervención.
Postest: Se observa una diferencia significativa (p = 0,000), donde el GE supera al GC con un rango promedio de 48,02 frente a 18,98, confirmando que el programa influye significativamente en el desarrollo general de habilidades comunicativas.
Habilidades para la expresión:
Pretest: No se encontraron diferencias significativas entre el GE y el GC (p = 0,953), con rangos promedio muy cercanos (33,6 vs. 33,3).
Postest: Se evidenció una mejora significativa en el GE (p = 0,000), donde el rango promedio del grupo experimental (44,82) supera ampliamente al del grupo control (22,18).
Habilidades para la observación
Pretest: Los resultados indican ausencia de diferencias significativas (p = 0,564), con rangos promedio de 32,15 (GE) y 34,85 (GC).
Postest: El GE muestra un rango promedio de 48,00, significativamente mayor al GC (19,00), con p = 0,000, confirmando que el programa impactó positivamente en esta dimensión.
Habilidades para la relación empática
Pretest: Los valores obtenidos (p = 0,454) reflejan que no existían diferencias significativas entre el GE y el GC antes de la intervención.
Postest: El GE logró un rango promedio de 46,41, significativamente mayor al del GC (20,59), con p = 0,000, validando la hipótesis alterna.
El programa “Aprender a convivir” demostró ser efectivo en el desarrollo de las habilidades comunicativas en general y en cada una de sus dimensiones (expresión, observación y relación empática). El análisis estadístico confirma que las diferencias significativas entre los grupos experimental y control se dieron tras la implementación del programa, validando la hipótesis alterna y rechazando la hipótesis nula en todos los casos analizados.
Discusión
La discusión de los resultados alcanzados en la investigación sobre el programa "Aprender a convivir" revela la importancia de las estrategias de convivencia en el desarrollo de habilidades comunicativas de los estudiantes de educación superior en Yurimaguas. De acuerdo con los hallazgos obtenidos y la prueba de significancia U de Mann-Whitney (p<0.05), el programa mostró una influencia significativa en el grupo experimental (GE) en comparación con el grupo control (GC), destacando mejoras en aspectos clave como la expresividad, la observación y la empatía.
Estos resultados coinciden con estudios previos que demuestran que las intervenciones educativas que promueven el trabajo cooperativo y la comunicación interpersonal tienen un impacto positivo en las habilidades comunicativas de los estudiantes. Por ejemplo, Leiva et al., (2022) encontraron que los estudiantes expuestos a métodos innovadores de enseñanza, como el uso de medios auditivos y actividades de convivencia, experimentaron un mayor desarrollo de sus capacidades comunicativas en comparación con aquellos que recibieron una enseñanza tradicional.
De manera similar, Escobar-Mamani y Gómez-Arteta (2020) también reportaron mejoras en las habilidades comunicativas de los estudiantes a través del uso de tecnologías, como WhatsApp, para fomentar la participación activa y el aprendizaje autónomo. Estos resultados coinciden con los de la presente investigación, que muestra que los estudiantes del GE que participaron en actividades de convivencia fuera de clase, como debates y dramatizaciones, mostraron una mayor mejora en sus habilidades de expresión oral y escrita.
La comparación de los resultados obtenidos con los de García et al., (2018) y Hernández-Jorge y Rosa (2018) resalta la efectividad de las intervenciones basadas en la práctica y el entrenamiento en habilidades comunicativas. Estos autores también evidencian mejoras en la expresión verbal y no verbal, la empatía y la escucha activa, lo que coincide con los hallazgos de esta investigación. Además, el uso de actividades interactivas, como juegos cooperativos y asambleas, demostró ser clave para fomentar la colaboración y la resolución de conflictos, lo que a su vez contribuye a un ambiente educativo positivo y constructivo.
En cuanto a la influencia del programa "Aprender a convivir" en las dimensiones específicas de habilidades comunicativas, los resultados obtenidos en relación con la expresión, la observación y la relación empática son congruentes con estudios previos que destacan la importancia de integrar estrategias lúdicas y colaborativas en la enseñanza superior. Las investigaciones de Crespí et al., (2022) y Leiva et al., (2022) subrayan que metodologías activas y el uso de recursos no lingüísticos favorecen el desarrollo de competencias comunicativas, y los resultados de esta investigación no son la excepción.
Es importante destacar que, a pesar de los resultados positivos obtenidos, los hallazgos también apuntan a la necesidad de seguir promoviendo la participación activa de los estudiantes en procesos de formación y convivencia, especialmente en el contexto de la educación superior. Estos resultados sugieren que, para lograr mejoras sustanciales en las habilidades comunicativas de los estudiantes, es necesario implementar programas de intervención que combinen diversas estrategias pedagógicas, que fomenten la empatía, la colaboración y la resolución de conflictos.
Por lo tanto, la investigación reafirma la efectividad del programa "Aprender a convivir" para el desarrollo de habilidades comunicativas en estudiantes de educación superior, y sus resultados son consistentes con la literatura existente sobre la importancia de la convivencia escolar y las estrategias pedagógicas basadas en el trabajo cooperativo y la comunicación. Además, el uso de metodologías activas y recursos innovadores, como las tecnologías digitales y actividades lúdicas, son fundamentales para lograr un impacto positivo en las competencias comunicativas de los estudiantes.
CONCLUSIONES
La implementación del Programa “Aprender a convivir” en el Instituto de Educación Superior Pedagógico, mostró una influencia significativa en el desarrollo de las habilidades comunicativas de los estudiantes. Los resultados obtenidos en las pruebas de postest demostraron que el programa logró mejorar diversos aspectos de las habilidades comunicativas, confirmando la efectividad de las estrategias utilizadas.
En primer lugar, se evidenció que el Programa impactó positivamente en las habilidades generales de comunicación de los estudiantes, con un incremento considerable en el grupo experimental (GE) en comparación con el grupo control (GC), lo que indica que las estrategias implementadas favorecieron el desarrollo de estas habilidades.
En relación con las habilidades para la expresión, el programa mostró mejoras sustanciales, particularmente en la fluidez verbal y el uso de recursos no verbales, facilitados por estrategias como la asamblea en el aula y la mediación artística. Esto subraya la importancia de actividades interactivas y creativas en el fortalecimiento de las competencias comunicativas.
En cuanto a las habilidades para la observación, se observó un notable aumento en la capacidad de escucha activa y la resolución de conflictos en el grupo experimental. Las estrategias de ocio alternativo y mediación de conflictos fueron fundamentales para el desarrollo de estas competencias, lo que resalta la relevancia de integrar enfoques lúdicos y colaborativos en el proceso formativo.
Finalmente, el desarrollo de las habilidades para la relación empática fue igualmente significativo, con un progreso destacado en el grupo experimental. Las estrategias de mediación artística, mediador de conflicto y apadrinamiento lector jugaron un papel clave en la mejora de la capacidad de los estudiantes para establecer relaciones empáticas, lo que refuerza la importancia de promover valores como la cooperación y el respeto en el ámbito educativo.
CONFLICTO DE INTERESES. Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.



















