INTRODUCCIÓN
Las sociedades altiplánicas han convivido históricamente con la pobreza, la cual no depende exclusivamente de la estructura social de la propiedad ni de procesos de apropiación y desposesión, sino de una distribución inadecuada de recursos y bienes primarios (Bertomeu, 2017, p. 488). Esta realidad, ligada a la desigualdad institucional, afecta particularmente a los sectores rurales y populares, donde la informalidad y la debilidad del Estado son especialmente pronunciadas (Figallo et al., 2020). Aunque los índices de pobreza han disminuido en las últimas décadas, el contexto altiplánico sigue enfrentando grandes retos sociales y económicos.
La medición del nivel socioeconómico es compleja, ya que depende de las variables y metodologías empleadas. Diversos enfoques, como la línea de pobreza o las necesidades básicas insatisfechas, revelan diferentes perspectivas de un mismo fenómeno (Martins et al., 2008; Calderón y González, 2018). En este estudio, se utilizó la escala Graffar, ampliamente validada, para analizar las condiciones socioeconómicas. Esta herramienta clasifica a las familias en estratos que oscilan desde el mayor bienestar (I y II) hasta niveles críticos de pobreza (IV y V) (Martins et al., 2008; Lamas, 2015). En el Altiplano, muchas familias viven con ingresos entre S/750 y S/1,200, con educandos que mayoritariamente presentan un estado nutricional normal, aunque también se encuentran casos de sobrepeso y delgadez (Lipa et al., 2021; Huanca-Arohuanca y Geldrech, 2020).
En paralelo, los hábitos de estudio representan un aspecto clave en el desempeño académico. Según Álvarez (2017), estos comprenden todas las actividades que el estudiante realiza para comprender y analizar lo aprendido en clase. Cartagena (2008) destaca que se trata de métodos y estrategias que permiten al estudiante enfocarse y evitar distracciones, facilitando la asimilación del material educativo. Negrete (2009) plantea que los hábitos de estudio deben entenderse como procesos estables ligados a la motivación y las expectativas del estudiante, lo que facilita la incorporación de nuevos conocimientos. Además, Covey (2003) señala que los hábitos no son innatos, sino que se desarrollan mediante la repetición constante y el entorno familiar, elementos esenciales para el éxito educativo.
El entorno familiar, en este sentido, juega un rol fundamental en la formación de hábitos, al inculcar valores como el orden, la responsabilidad y el interés por aprender (Ramírez, 2015; Cortés, 2017). En el contexto altiplánico, donde la educación intercultural y el dominio de idiomas nativos, como el quechua y el aimara, son relevantes, estos hábitos adquieren una dimensión particular (Arteaga et al., 2015; Huanca-Arohuanca et al., 2021; D. Mamani y Huanca-Arohuanca, 2022; Calisaya-Mamani et al., 2022; R. Mamani et al., 2022). A través de la repetición constante, los hábitos de estudio se consolidan como parte del estilo de vida universitario y permiten a los estudiantes adaptarse a diversas exigencias.
En este contexto, resulta pertinente analizar cómo el nivel socioeconómico, como factor estructurante, influye en los hábitos de estudio. Por ello, esta investigación tiene como objetivo determinar la relación entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio en estudiantes de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional del Altiplano.
MÉTODO
La investigación se desarrolló en la región del Altiplano peruano, ubicada a una altitud de 3,810 msnm. El análisis se centró en el Programa de Estudios de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Altiplano. El estudio adoptó un enfoque cuantitativo, con un diseño correlacional, y se llevó a cabo durante el año 2019. Para la recolección de datos, se utilizó un diseño experimental que permitió recopilar información de los estudiantes de la mencionada facultad. La población estuvo conformada por 60 estudiantes, y se realizó un muestreo probabilístico que determinó una muestra final de 48 participantes.
Para medir el nivel socioeconómico, se empleó la encuesta de Graffar, considerada una herramienta esencial para este tipo de análisis. Este instrumento asignó puntajes según las respuestas proporcionadas por los estudiantes, abarcando 12 preguntas con un patrón de respuesta basado en cinco criterios: alto (65-80), medio (51-64), bajo superior (37-50), bajo inferior (23-36) y marginal (16-22). El valor mínimo posible fue de 16, y el máximo, de 80 puntos (Bauce y Córdova, 2010). Los puntajes más altos indicaron un nivel socioeconómico óptimo. El instrumento evaluó dimensiones clave como instrucción, ocupación, comodidad, materiales y salud.
Para evaluar los hábitos de estudio, se utilizó el Inventario de Hábitos de Estudio CASM-85, Revisión-98 (Armas, 2017). Este instrumento abarcó las siguientes dimensiones: cómo estudiaban los participantes, cómo realizaban sus tareas, cómo preparaban sus exámenes, cómo escuchaban en clase y qué elementos acompañaban sus momentos de estudio.
Los datos recolectados sobre los niveles socioeconómicos y los hábitos de estudio fueron analizados mediante la prueba estadística de Ji Cuadrado, lo que permitió determinar posibles relaciones significativas entre las variables en estudio.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Niveles socioeconómicos
En la Tabla 1 se muestran los resultados donde se establece que la mayoría de los estudiantes pertenecían a niveles socioeconómicos bajos. En particular, el 54% (26 estudiantes) se clasificó en el nivel bajo inferior, lo que indica que más de la mitad de la muestra enfrentaba limitaciones significativas en términos de recursos. Asimismo, 19 estudiantes (40%) se ubicaron en el nivel bajo superior, lo que refleja condiciones ligeramente mejores, pero aún dentro de un marco de vulnerabilidad económica. Finalmente, 3 estudiantes (6%) fueron clasificados en el nivel marginal, representando las condiciones socioeconómicas más precarias dentro de la muestra. Cabe resaltar que no se registraron estudiantes en los niveles medio o alto, lo cual refuerza la prevalencia de condiciones económicas desfavorables en este grupo de estudiantes universitarios del Altiplano peruano.
Estos resultados reflejan un panorama donde el nivel socioeconómico de los estudiantes es predominantemente bajo, evidenciando desigualdades económicas que podrían influir en sus hábitos de estudio y rendimiento académico. Esto sugiere la necesidad de implementar políticas que reduzcan estas disparidades y promuevan un entorno educativo más equitativo.
Hábitos de estudio
El análisis de los hábitos de estudio muestra que la mayoría de los estudiantes (52%) se ubicaron en el nivel de tendencia negativa, lo que evidencia una prevalencia de patrones de estudio inadecuados en este grupo. Un 35% de los estudiantes presentó hábitos de tendencia positiva, mientras que los niveles más destacados fueron menos frecuentes: el 4% de los estudiantes (2 encuestados) mostró hábitos positivos, y apenas un 2% (1 estudiante) fue calificado con hábitos muy positivos. Por otro lado, el 6% de los estudiantes (3 encuestados) reflejó un nivel de hábitos negativos, lo cual denota patrones de estudio deficientes (Tabla 2).
Los datos muestran que más del 50% de los estudiantes encuestados presentaron una tendencia negativa en sus hábitos de estudio, lo cual es preocupante, ya que refleja una falta de compromiso y organización en sus rutinas académicas. Este comportamiento podría estar relacionado con factores contextuales, como la falta de apoyo parental, las condiciones socioeconómicas adversas, y las limitaciones de recursos didácticos adecuados.
Además, el reducido porcentaje de estudiantes con hábitos positivos o muy positivos sugiere que existen pocas estrategias efectivas para optimizar el aprendizaje y el desempeño académico en este grupo. Esto podría deberse a la falta de orientación pedagógica sobre cómo preparar exámenes, realizar tareas o manejar distracciones que interfieren con su aprendizaje.
El hecho de que muchos estudiantes vivan lejos de sus familias y enfrenten una convivencia solitaria también podría influir negativamente en su rendimiento académico, al no contar con un ambiente propicio ni con la guía adecuada para fomentar buenos hábitos de estudio.
Estos hallazgos destacan la necesidad de implementar intervenciones pedagógicas que promuevan el desarrollo de hábitos de estudio positivos y la adquisición de habilidades para el aprendizaje autónomo, especialmente en contextos de vulnerabilidad económica.
Frecuencias absolutas del nivel socioeconómico y hábitos de estudio
El análisis de las frecuencias absolutas de los estudiantes según su nivel socioeconómico y hábitos de estudio revela patrones significativos. De los 48 estudiantes encuestados en cuanto al nivel bajo inferior 15 presentaron tendencia negativa, 6 muestran tendencia positiva, 2 tienen hábitos positivos, 1 muestra hábitos muy positivos, y 2 reflejan hábitos negativos. Al respecto, el nivel bajo superior 9 estudiantes presentaron tendencia negativa, mientras que 10 mostraron tendencia positiva. Ningún estudiante de este nivel evidenció hábitos positivos, muy positivos o negativos. En cuanto al Nivel marginal 1 estudiante presentaron tendencia negativa, otra mostró tendencia positiva, y 1 más evidencia hábitos negativos. Por lo tanto, en total, 25 estudiantes reflejaron hábitos de tendencia negativa, siendo la categoría predominante, mientras que las categorías de hábitos positivos y muy positivos son las menos representadas.
El cálculo de Ji-Cuadrado realizado para evaluar la relación entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio arrojó un valor de 10,49, inferior al valor crítico de Ji-Cuadrado de la tabla (15,50) para el nivel de significancia correspondiente. Esto indica que no se encontraron evidencias suficientes para rechazar la hipótesis nula, concluyendo que no existe una relación estadísticamente significativa entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio en esta muestra.
Los resultados sugieren que, aunque existen patrones observables entre los niveles socioeconómicos y ciertos hábitos de estudio (por ejemplo, una prevalencia de hábitos de tendencia negativa en el nivel bajo inferior), estas diferencias no son lo suficientemente fuertes como para establecer una dependencia estadística significativa entre las variables analizadas. Esto podría reflejar la influencia de otros factores no considerados en este análisis, como el entorno educativo, el acceso a recursos, o características individuales de los estudiantes.
Discusión
El bajo nivel socioeconómico puede colocar a las familias con hijos que cursan en centros de educación superior en una situación de vulnerabilidad, incrementando en algunos casos la deserción universitaria (Cruz et al., 2017). Es fundamental comprender las condiciones de las personas que enfrentan carencias, privaciones o necesidades básicas insatisfechas, especialmente en áreas como servicios públicos, vivienda, agua y drenaje. Estos factores afectan directamente el rendimiento académico de los estudiantes, generando una intersección entre la pobreza y la desigualdad socioeconómica, lo cual resalta la importancia de establecer umbrales mínimos de satisfacción en los servicios. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la pobreza se define a partir del acceso y consumo de bienes y servicios por las familias (Gutiérrez, 2009), lo que impacta significativamente en el entorno académico de los estudiantes.
Una investigación realizada por Calderón y González (2018) también señala que los factores socioeconómicos juegan un papel determinante en la incorporación de los jefes de hogar a la vida laboral y en el uso de elementos tecnológicos, así como en el tiempo dedicado a la lectura y al trabajo de los estudiantes universitarios. Estos factores están estrechamente relacionados con el nivel de estratificación económica de la vivienda, el trabajo y el rendimiento académico. En este contexto, el entorno económico de las familias, especialmente en zonas altiplánicas, define la dinámica social, donde aquellos que cuentan con mejores recursos económicos tienden a tener mayores facilidades dentro del ámbito escolar y universitario.
En relación con los hábitos de estudio, estos son considerados como comportamientos aprendidos que los estudiantes desarrollan de forma autónoma y repetitiva, favoreciendo un aprendizaje significativo (Cortés, 2017; Álvarez, 2017). Según Arteaga et al., (2015), estos hábitos se construyen a través de la repetición constante de conductas, las cuales, con el tiempo y la motivación, se convierten en parte integral del estilo de vida del estudiante. Además, los hábitos de estudio son un reflejo de las exigencias que el estudiante enfrenta, lo que lo motiva a mejorar sus estrategias de aprendizaje, favoreciendo su desempeño académico. Covey (2003) destaca que estos hábitos son cruciales para el crecimiento personal, involucrando factores como la inteligencia, la voluntad y la creatividad, elementos esenciales para el progreso académico.
Tomando en cuenta estos enfoques, se observa que los hábitos de estudio son parte de la vida cotidiana del estudiante, y su repetición, combinada con la motivación, tiene un impacto directo en el rendimiento académico. En particular, en las regiones altiplánicas, donde las condiciones socioeconómicas pueden ser un desafío adicional, la adopción de hábitos de estudio positivos resulta clave para mejorar los resultados académicos.
Los resultados de este estudio contrastan con los encontrados en la investigación de Cortés (2017), que examinó la influencia de los hábitos de estudio en el rendimiento académico, utilizando pruebas de hipótesis de independencia como el Ji-cuadrado (X²) y la correlación de Pearson (r = 0.475). Este análisis reveló una relación moderada entre los hábitos de estudio y el rendimiento académico. Sin embargo, en el presente estudio, el análisis de independencia de variables, a través del cálculo de la prueba Ji-Cuadrado (10.49), arrojó un valor inferior al de la tabla (15.50), lo que lleva a la aceptación de la hipótesis nula y a la conclusión de que no existe una relación significativa entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio en los estudiantes universitarios de la muestra.
Por otro lado, la investigación de Ramirez (2015) sobre los hábitos de estudio en una escuela superior de formación artística mostró resultados similares, con la aplicación de encuestas y pruebas estadísticas, como la prueba Chi-cuadrada, que revelaron la importancia de desarrollar hábitos adecuados para un rendimiento académico destacado. Sin embargo, los resultados de su análisis también llevaron a la conclusión de que no había asociación entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio en los estudiantes universitarios de educación primaria.
Finalmente, Armas (2017) en su estudio sobre el Inventario de Hábitos de Estudio CASM-85, presentó un enfoque diferente, con un instrumento validado y confiable, cuyas evidencias permitieron su uso en investigaciones grupales y teóricas. En contraste, en el presente estudio se utilizó un instrumento similar para medir los hábitos de estudio, cuyos resultados se han presentado de manera clara y eficiente.
Este análisis revela la complejidad de la relación entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio, sugiriendo que, aunque el nivel socioeconómico influye en algunos aspectos de la vida académica, otros factores como la motivación personal, el contexto familiar y la disposición de recursos son igualmente importantes para comprender la dinámica de los hábitos de estudio y su impacto en el rendimiento académico.
CONCLUSIONES
El estudio muestra que no se establece una relación significativa entre el nivel socioeconómico y los hábitos de estudio en los estudiantes universitarios. A pesar de ello, se observaron patrones diferenciados: los estudiantes del nivel socioeconómico bajo inferior presentaron una preocupante tendencia negativa en sus hábitos de estudio, mientras que los del nivel socioeconómico bajo superior mostraron una tendencia positiva. Asimismo, se detectaron resultados contradictorios dentro del nivel socioeconómico bajo inferior, con algunos estudiantes mostrando hábitos positivos y otros negativos. En el caso de los estudiantes del nivel socioeconómico marginal, se encontraron tanto tendencias negativas como positivas en sus hábitos de estudio.
Este panorama evidencia la compleja interacción entre los factores socioeconómicos y los hábitos de estudio, sugiriendo que el nivel socioeconómico no es el único determinante de los hábitos de estudio. Es necesario abordar de manera integral esta problemática, considerando factores adicionales que puedan incidir en el rendimiento académico. La investigación subraya la importancia de desarrollar estrategias que favorezcan el desarrollo de hábitos de estudio adecuados, con el fin de mejorar el rendimiento académico de los estudiantes universitarios en el Altiplano puneño.
CONFLICTO DE INTERESES. Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo científico.

















