INTRODUCCIÓN
La inteligencia emocional ha emergido como un componente esencial en el desarrollo integral de los estudiantes universitarios. Esta capacidad, que incluye la gestión de las propias emociones y la habilidad para comprender y manejar las emociones ajenas, tiene un impacto profundo en las relaciones interpersonales y en diversos contextos, como el laboral, educativo, social y emocional (Machuca, 2018; Arrogante, 2018). Su importancia en la adaptación al entorno urbano y en la consecución de metas vitales a través de la educación y la formación familiar resalta su relevancia en la vida académica y personal de los estudiantes (Acurio y Morejón, 2017).
La teoría de Mayer y Salovey (1990) define la inteligencia emocional como la capacidad de gestionar, distinguir y utilizar las emociones para guiar el pensamiento y la acción personal. Este modelo se estructura en tres componentes interrelacionados: percepción emocional (la habilidad para identificar y expresar emociones), comprensión emocional (la capacidad de entender y evaluar emociones en las relaciones interpersonales) y regulación emocional (la habilidad para gestionar las emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual) (Bisquerra, 2020).
El interés en el impacto de la inteligencia emocional en el bienestar psicológico y personal ha crecido considerablemente. Mayer y Salovey (1997) identifican cuatro componentes clave: percepción emocional, asimilación emocional (integración de emociones y pensamientos para mejorar la toma de decisiones), comprensión emocional (entender nuestras propias emociones para conectar con las de los demás) y regulación emocional (controlar las respuestas emocionales en situaciones intensas) (García, 2018).
A nivel global, se observa un énfasis creciente en el desarrollo de la inteligencia emocional en el ámbito educativo. En Coimbatore, India, se ha evidenciado que la inteligencia emocional contribuye a la reducción del estrés, comunicación efectiva y resolución de conflictos (Instituciones SSVM, 2024). En Indonesia, la integración de la inteligencia emocional en el currículo educativo ha fortalecido las habilidades sociales de los estudiantes y mejorado su manejo del estrés, mostrando un impacto positivo en el rendimiento académico (Anaktototy et al., 2024).
En Latinoamérica, la influencia del libro "La inteligencia emocional" de Daniel Goleman (1996) ha incrementado el interés en la educación emocional. Aunque la integración de estos conceptos en los sistemas educativos es aún incipiente, se está comenzando a considerar como una herramienta para fomentar el respeto y la resolución de conflictos (Arias, 2019).
En el contexto peruano, el sistema educativo ha priorizado el desarrollo de habilidades técnicas, minimizando la importancia de las habilidades blandas como la inteligencia emocional. Esta tendencia ha generado una brecha en el enfoque educativo que contrasta con la creciente demanda de estas habilidades en el entorno laboral y cívico (El Peruano, 2023). Investigaciones recientes, como las de Péres et al., (2023) y Soto et al., (2023), han explorado la relación entre la inteligencia emocional y factores socioacadémicos, destacando la necesidad de una mayor investigación sobre su impacto en el rendimiento académico y el bienestar estudiantil.
Llorent et al., (2021) platean que la inteligencia emocional en el contexto de la diversidad cultural, encontrando disparidades en las competencias socioemocionales entre diferentes grupos étnicos en las escuelas de Andalucía, España. Larraz et al., (2020) han explorado la relación entre la satisfacción familiar, la agresividad y la inteligencia emocional en adolescentes, revelando una correlación entre la inteligencia emocional y la expresión interna de la ira. En Perú, Saldarriaga (2024) y Castillo (2023) han analizado la relación entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico, encontrando correlaciones variadas que subrayan la necesidad de una comprensión más profunda de cómo estas habilidades afectan el desempeño estudiantil.
Es por ello, que este estudio tiene como objetivo determinar los factores del aula que contribuyen en la inteligencia emocional de los estudiantes universitarios de Lima, Perú. El estudio de los factores del aula que contribuyen a la inteligencia emocional en estudiantes universitarios de Lima, Perú, es fundamental por varias razones. En primer lugar, identificar estos factores permite una mejor comprensión de cómo el entorno de aprendizaje puede fomentar o inhibir el desarrollo emocional de los estudiantes. En segundo lugar, los resultados pueden proporcionar evidencia empírica para guiar la implementación de prácticas pedagógicas y estrategias educativas que promuevan la inteligencia emocional en el aula. Finalmente, comprender cómo los factores del aula afectan la inteligencia emocional puede contribuir a mejorar el bienestar general de los estudiantes, reducir el estrés y la ansiedad, y potenciar su rendimiento académico.
Este estudio busca llenar un vacío significativo en la investigación sobre la influencia de los factores del aula en la inteligencia emocional de los estudiantes universitarios en Lima, Perú. Al abordar este tema, se espera proporcionar información valiosa que pueda informar la práctica educativa y apoyar el desarrollo integral de los estudiantes, preparando mejor a los futuros profesionales para enfrentar los desafíos del mundo moderno con habilidades emocionales robustas y efectivas.
MÉTODO
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, utilizando un nivel descriptivo, correlacional y transversal para analizar las relaciones entre los factores estudiados (Hernández y Mendoza, 2018). El diseño fue no experimental, lo que implicó que no se manipularan las condiciones del estudio; estas se observaron tal como se presentaban en la realidad (Arias, 2012). La población estuvo conformada por 460 estudiantes de una universidad pública de Lima, Perú. Se seleccionó una muestra de 210 estudiantes de primer ciclo de cursos generales mediante un muestreo probabilístico aleatorio simple. Los participantes tenían entre 17 y 22 años, con 115 varones y 95 mujeres.
Se utilizó como técnica la encuesta, empleando dos cuestionarios como instrumentos. Para evaluar los factores del aula, se utilizó un cuestionario de 25 ítems que abarcaba dos dimensiones: cohesión de grupo y conducción de grupo, desarrollado por Morante y Huamani (2018). Para medir la inteligencia emocional, se aplicó una escala Likert de 20 ítems que incluía cuatro dimensiones: autoconocimiento, autorregulación, empatía y habilidades sociales, con opciones de respuesta de nunca (1), a veces (2) y siempre (3), según la escala de Torres (2022).
Antes de la recolección de datos, se entregó a los participantes una hoja de consentimiento informado, enfatizando la voluntariedad y confidencialidad de su participación. Se proporcionaron instrucciones detalladas para completar las encuestas, las cuales fueron llenadas en aproximadamente 30 minutos. La recolección de datos se llevó a cabo en la universidad durante noviembre del 2023, siguiendo la normativa aplicable. Los cuestionarios se administraron a los estudiantes, quienes proporcionaron sus respuestas y comentarios personales. Posteriormente, se construyó una base de datos completa, y el análisis se realizó utilizando el software SPSS 25.0 y Microsoft Excel. Se empleó la prueba de chi cuadrado para establecer correlaciones entre los factores estudiados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los resultados mostrados en la Tabla 1 revelan que los factores de aula fueron percibidos por la mayoría de los estudiantes en un nivel regular, representando un 44.8% del total, mientras que el 30.0% los consideró deficientes y solo un 25.2% los evaluó positivamente. De manera similar, la percepción de la cohesión de grupo también se ubicó predominantemente en un nivel regular con un 44.3%, seguido por un 31.0% que la consideró deficiente y un 24.8% que la evaluó de manera positiva. En cuanto a la conducción de grupo, un 45.2% de los estudiantes la percibió en un nivel regular, un 28.6% la evaluó como deficiente y un 26.2% la consideró buena.
El análisis de estos datos indica que, aunque la mayoría de los estudiantes percibe los factores de aula y sus dimensiones como regulares, existe una proporción significativa que los considera deficientes. Esto sugiere la necesidad de mejorar las condiciones del aula para promover un entorno más favorable para el aprendizaje y el desarrollo emocional. La baja proporción de evaluaciones positivas destaca la importancia de implementar estrategias que fortalezcan tanto la cohesión de grupo como la conducción de grupo, elementos clave para un ambiente educativo que apoye el bienestar de los estudiantes.
Continuando con el análisis de los resultados presentados en la Tabla 2, se observa que la inteligencia emocional en la mayoría de los estudiantes se ubicó en un nivel regular, representando un 49.0% de la muestra total. Este hallazgo es consistente con la percepción de las distintas dimensiones que conforman la inteligencia emocional. Específicamente, el autoconocimiento se situó en un nivel regular en un 47.1% de los estudiantes, la autorregulación en un 46.7%, la empatía en un 52.9% y las habilidades sociales en un 48.6%. Además, los niveles óptimos de inteligencia emocional y sus dimensiones fueron menos frecuentes, con un 23.3% para la inteligencia emocional general, y variando entre el 19.0% y el 26.2% para las dimensiones individuales. Esto indica que solo una minoría de los estudiantes muestra un desarrollo elevado en estas áreas clave. Por otro lado, un porcentaje considerable de estudiantes, en torno al 27%, presentó niveles deficientes en inteligencia emocional y sus dimensiones, lo que subraya la necesidad de intervenciones que fortalezcan estas competencias emocionales.
Este análisis resalta que, aunque un gran número de estudiantes posee un nivel medio de inteligencia emocional, es crucial enfocarse en estrategias educativas que impulsen su desarrollo hacia niveles más altos, especialmente en lo que respecta al autoconocimiento, la autorregulación, la empatía y las habilidades sociales, dado su impacto significativo en el bienestar y rendimiento académico.
Prueba de Hipótesis General
Para evaluar la hipótesis general planteada, se llevó a cabo una prueba estadística utilizando el chi-cuadrado, con el fin de determinar si existe una relación significativa entre los factores del aula y la inteligencia emocional en los estudiantes universitarios. Los resultados de esta prueba permitieron contrastar la hipótesis nula (H0) y alternativa (Ha).
La hipótesis nula (H0) sostiene que no existen factores del aula que contribuyen a la inteligencia emocional en estudiantes universitarios, mientras que la hipótesis alternativa (Ha) propone que sí existen factores del aula que influyen en el desarrollo de la inteligencia emocional.
El análisis estadístico mostró un valor de chi-cuadrado significativo (p < 0.05), lo que indica que se rechaza la hipótesis nula y se acepta la hipótesis alternativa. Esto sugiere que efectivamente existen factores del aula que están relacionados con la inteligencia emocional en los estudiantes universitarios. En otras palabras, los factores del aula, como la cohesión y la conducción de grupo, influyen de manera significativa en el desarrollo de la inteligencia emocional en los estudiantes. Estos resultados refuerzan la importancia de un entorno de aula favorable para promover competencias emocionales esenciales, que son cruciales para el bienestar y éxito académico de los estudiantes universitarios.
En el análisis presentado en la Tabla 3, se observa que los factores de aula, específicamente la cohesión de grupo y la conducción de grupo, tienen una influencia significativa en la inteligencia emocional de los estudiantes. La prueba de Chi cuadrado reveló que la cohesión de grupo tiene un valor de significancia de 0.001, mientras que la conducción de grupo muestra un valor de 0.002. Ambos resultados son inferiores al umbral de 0.05, lo que indica que estos factores están estadísticamente relacionados con la inteligencia emocional en el contexto evaluado.
Discusión
Los resultados del estudio indicaron que los factores del aula, específicamente la cohesión de grupo y la conducción de grupo, se presentaron en niveles regulares para la mayoría de los estudiantes. Similarmente, la inteligencia emocional también se evaluó en un nivel regular. La asociación entre estos factores y la inteligencia emocional se alinea con lo reportado por Pérez et al., (2023), que enfatizan la necesidad de investigar más a fondo la relación entre inteligencia emocional y logros académicos para identificar los factores que impactan el desarrollo saludable de los jóvenes.
En apoyo a estos hallazgos, Soto et al., (2023) observaron una diversidad en el desarrollo de habilidades sociales y la inteligencia emocional entre los estudiantes, lo que reflejó variaciones en la correlación entre estos factores y el rendimiento académico. Esta observación concuerda con los resultados de Llorent et al., (2021) quienes identificaron una diversidad étnico-cultural en las escuelas, destacando diferencias en las competencias socioemocionales entre grupos, aunque la inteligencia emocional percibida no mostró diferencias significativas entre los grupos étnicos-culturales.
En contraste, Saldarriaga (2024) no encontró una correlación significativa entre el rendimiento académico y la inteligencia emocional, lo que difiere de los resultados actuales. Castillo (2023) reportó una correlación directa baja entre inteligencia emocional y motivación para el aprendizaje, y Torres (2022) descubrió una relación significativa entre la inteligencia emocional, la motivación y el aprendizaje en un entorno virtual. Estos estudios resaltan la variabilidad en la relación entre inteligencia emocional y otros factores educativos, sugiriendo la necesidad de considerar contextos específicos y factores adicionales en la investigación sobre inteligencia emocional en el ámbito académico.
CONCLUSIONES
El estudio reveló que existieron factores del aula, específicamente la cohesión de grupo y la conducción del grupo, que contribuyeron significativamente a la inteligencia emocional en estudiantes universitarios, con un valor de significancia de 0.000, menor al umbral de 0.05. Se encontró que la percepción de los factores del aula fue mayoritariamente regular (44.8%), con un 30.0% reportando un nivel malo y un 25.2% un nivel bueno. En cuanto a la inteligencia emocional, la mayoría de los estudiantes la evaluaron como regular (49.0%), seguida de deficiente (27.6%) y óptima (23.3%).
Estos hallazgos proporcionaron evidencia empírica valiosa que fundamentó teorías educativas enfocadas en la importancia de la dinámica grupal para el desarrollo emocional. Los resultados sugirieron que factores específicos del aula, como la cohesión y la conducción del grupo, jugaron un papel relevante en la inteligencia emocional, abriendo un campo de estudio para explorar en detalle cómo y por qué estos factores influyeron en el desarrollo emocional de los estudiantes.
Se destacó la necesidad de llevar a cabo investigaciones futuras para examinar otras variables del aula que podrían impactar la inteligencia emocional. También se consideró beneficioso realizar estudios longitudinales para evaluar los efectos a largo plazo de la cohesión y conducción del grupo en la inteligencia emocional.
Con base en estos hallazgos, se sugirió que los educadores implementaran estrategias que promovieran la cohesión y la efectiva conducción del grupo. Esto podría incluir actividades diseñadas para fomentar la colaboración y empatía entre los estudiantes, así como capacitaciones para docentes sobre la gestión de grupos para maximizar el apoyo emocional y el sentido de pertenencia. A nivel de políticas educativas, los resultados podrían haber justificado la inclusión de programas de formación en inteligencia emocional dentro del currículo, enfocándose en técnicas de liderazgo que promovieran un ambiente de aula inclusivo y emocionalmente inteligente.
Las instituciones educativas podrían haber desarrollado o integrado programas de intervención que apuntaran específicamente a mejorar la cohesión y conducción del grupo, estableciendo estos factores como pilares para el desarrollo de la inteligencia emocional. Esto abarcó desde dinámicas grupales regulares hasta sesiones de formación especializadas para estudiantes y docentes. La implementación de sistemas de evaluación que midieran regularmente tanto el rendimiento académico como el desarrollo emocional habría permitido ajustar las estrategias educativas para ser más efectivas en la promoción de la inteligencia emocional, resaltando la importancia de un enfoque educativo integral que considerara tanto el logro académico como el desarrollo emocional y social de los estudiantes, crucial para su éxito y bienestar a largo plazo.
Contribución de autores: Ivonne Nohely Quizinga Molina, Jesús Liduvina Méndez Collantes, Gloria Lizeth Lazo Montero y Vivian Collahua Rupaylla participaron de la concepción y diseño del trabajo, recolección y obtención de los resultados, análisis y aprobación de su versión final.
Conflicto de interés: Los autores del presente manuscrito declaran no tener ningún conflicto de interés financiero o no financiero, con relación a los temas descritos en el presente documento.
Financiamiento: La investigación se realizó con recursos propios, autofinanciamiento

















