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Investigación & Desarrollo

versión impresa ISSN 1814-6333versión On-line ISSN 2518-4431

Inv. y Des. v.20 n.2 Cochabamba  2020

 

DOI: 10.23881/idupbo.020.2-9e

ARTÍCULOS - ECONOMÍA, EMPRESA Y SOCIEDAD

 

LA ARQUITECTURA BOLIVIANA DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y CULTURAL

 

THE ARCHITECTURE OF THE BOLIVIAN CULTURAL DEMOCRATIC REVOLUTION

 

 

Micaela Ugarte y Juan E. Cabrera

Centro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo (CIAU)
Universidad Privada Boliviana

juancabrera@upb.edu

(Recibido el 15 de octubre 2020, aceptado para publicación el 28 de diciembre 2020)

 

 


RESUMEN

Este trabajo presenta una primera aproximación a las características de la arquitectura estatal producida por el Estado boliviano durante el periodo 2006 a 2019 conocido como el “Proceso de Cambio” o la “Revolución Democrática y Cultural”. Tiene el objetivo de caracterizar la arquitectura producida por el Estado boliviano en comparación con códigos de la arquitectura revolucionaria de otros países, así como códigos y rasgos propios de las culturas prehispánicas de la región. El artículo examina referencias de arquitectura de otras revoluciones, revisa las características de evolución del “Proceso de Cambio”, observa las condiciones del escenario urbano boliviano, analiza una serie de hechos arquitectónicos usando el enfoque trilógico y finalmente caracteriza las principales edificaciones estatales según códigos y rasgos que coincidirían con el discurso revolucionario y el nuevo paradigma del “Vivir Bien”.  La revisión y reflexión final corrobora una limitada coincidencia de la práctica arquitectónica con el discurso revolucionario y parece ratificar la noción de que la arquitectura revolucionaria es más un producto de mercado.

Palabras Clave: Arquitectura, Arquitectura Estatal, Bolivia, Revolución Democrática Cultural.


ABSTRACT

This work presents a first approach to the characteristics of the state architecture produced by the Bolivian State during the period 2006 to 2019 known as the "Process of Change" or the "Democratic and Cultural Revolution". It has the objective of characterizing the architecture produced by the Bolivian State in comparison with codes of revolutionary architecture of other countries, as well as codes and characteristics of the pre-Hispanic cultures of the region. The paper examines architectural references from other revolutions, reviews the evolutionary characteristics of the “Process of Change”, observes the conditions of the Bolivian urban scenario, analyzes a series of architectural facts using the trilogical approach and finally characterizes the main state buildings according to codes and features that would coincide with the revolutionary discourse and the new paradigm of “living well”. The final review and reflection corroborates a limited coincidence of architectural practice with revolutionary discourse and seems to ratify the notion that revolutionary architecture is more of a market product.

Keywords: Architecture, State Architecture, Bolivia, Cultural Democratic Revolution.


 

 

1. INTRODUCCION

Históricamente, la arquitectura y el arte han estado al servicio de grandes causas entre ellas revoluciones, y han mantenido con el poder relaciones complicadas [1] pero también amistosas.Los artistas, los arquitectos y los poderes se han cruzado frecuentemente, uniéndose o enfrentando. De la unión han resultado obras importantes que hoy permanecen como testigos casi perpetuos de esas relaciones. Demians [1] propone que no existe conflicto entre arte y poder porque el artista y el arquitecto son y han sido actores estructurantes del juego que los acerca a la autoridad política, ya sea sirviéndola o ejercitándola.Aunque con el tiempo la autoridad se desvanece, la arquitectura es quizás la principal expresión material de ésta.

La revolución en su primera acepción se relacionaba con la restauración de las monarquías al poder [2] sin embargo, es desde fines del siglo XVIII y la modernidad, que la revolución, el Estado, la sociedad, la democracia, entre otros han cambiado sus acepciones, redefiniendo también otros términos como nación, clase, proletariado, etc. [3]. Tomando en cuenta lo indicado, revolución desde el siglo XX, (etapa de las más importantes revoluciones), se ha resignificado al cambio extremo o radical [4] consistente principalmente en la toma del poder del Estado a través de diferentes medios y procedimientos, principalmente violentos en busca de cambios radicales.

A diferencia de lo mencionado, la “revolución” contemporánea de Bolivia llamada “democrática y cultural” (RDC), habría devenido en una forma no violenta, pacífica pero igual de transformadora según sus promotores. Los cambios institucionales han sido relevantes, el escenario económico ha sido muy favorable a las iniciativas del gobierno, sin embargo, la realidad urbana y de las ciudades no habrían sufrido grandes transformaciones.

Sobre la arquitectura desarrollada durante este “Proceso de Cambio” (PdC) se conoce muy poco, la academia no ha puesto suficiente atención y los estudios alrededor son muy reducidos o inexistentes, diferente a la atención que las expresiones arquitectónicas conocidas como “Cholets” o arquitectura neo-andina (desarrolladas durante el mismo periodo), han recibido desde dentro y fuera de Bolivia.  

A priori la arquitectura de la RDC parece caracterizarse por un ecléctico que recupera códigos de culturas prehispánicas andino-amazónicos igual que la década de 1950 con códigos zoomorfos, fitomorfos y otros que pretenden marcar la diferencia.  

Por lo anotado, el artículo pretende responder la siguiente pregunta ¿Cuáles fueron las características de la arquitectura del periodo llamado Revolución Democrática y Cultural en Bolivia? Para ese fin se desarrolla una aproximación a la arquitectura producida por el Estado durante el periodo indicado, a través de referencias arquitectónicas de las revoluciones desarrolladas entre el siglo XIX y XX, así como la referencia a teorías de la arquitectura occidental y referencias arquitectónicas prehispánicas de la región, en el entendido de que los códigos de estas culturas de origen serían los que caracterizan la arquitectura estudiada.

En ese marco el primer acápite, recorre la relación entre las revoluciones más importantes del siglo XIX y XX y su producción de arquitectura, el segundo transita y reflexiona las características político-sociales y urbano territoriales del proceso de la Revolución Democrática y Cultural boliviana, el tercer acápite revisa las condiciones de la arquitectura del periodo estudiado, y para concluir, se reflexiona la situación actual de la arquitectura del periodo estudiado junto a sus características generales.

 

2. ARQUITECTURA Y LAS REVOLUCIONES

La arquitectura según Mies Van Der Rohe (1960) es la voluntad de la época traducida en espacio, por tanto, es también herramienta importante de representación del poder que se manifiesta a través de diferentes hechos y elementos [5]. Las revoluciones en la arquitectura simbolizan los proyectos culturales e ideológicos de los regímenes derivados de los triunfos, que responden a su tiempo y se componen de signos y símbolos coincidentes con sus intereses [6]. En Bolivia, la RDC, al igual que las revoluciones en la historia, pretende dejar huella de la dominación del territorio mediante la grandiosidad de edificaciones [7].

En las revoluciones de Francia, Cuba, México, China o Rusia, la arquitectura y el urbanismo han destacado hechos y conjuntos de elementos que buscaron responder las necesidades de los gobiernos, pero también de la población. Las necesidades de los regímenes se han materializado normalmente en palacios, grandes edificaciones o monumentos, mientras que las necesidades de la población se han salvado a través de conjuntos habitacionales, grandes equipamientos o espacios abiertos, previendo coincidir con el contenido ideológico de cada una de las revoluciones.

2.1. La arquitectura en las revoluciones

Con el objeto de contextualizar el carácter de las revoluciones y su relación con la producción de arquitectura, adelante se desarrolla un recorrido histórico y general de las revoluciones de Francia, Rusia, China, México, Cuba y Bolivia, del siglo XVIII y XX y sus principales referencias en arquitectura.

La Revolución Francesa: Fue el hecho de finales del s. XVIII que marcó el umbral entre la premodernidad y paso a la etapa de la razón, simbolizó la derrota y anulación de la nobleza y permitió la eliminación del sistema feudal, la monarquía absoluta y la erección de la República, primer producto del pensamiento liberal que declaró los derechos del hombre y la constitución de ciudadanos, además de la separación de la Iglesia y el Estado. La institución de la república francesa revolucionaria devino en el nacimiento de una arquitectura monumental con énfasis nacionalista que pretendió mejorar la vida del pueblo y los nuevos ciudadanos, siguiendo los ideales de la ilustración a través de la recuperación de estilos clásicos llamados el neoclásico. La arquitectura se caracterizó por la construcción de edificios públicos cada vez más grandes, arcos de triunfo, faros y tumbas con forma de pirámide influidas por la obra deJean-Jacques Rousseau. Quizás los arquitectos más importantes de este periodo fueron Ledoux y Boullée, conocidos por su capacidad fantástica de erigir grandes edificaciones a través de la utilización de volúmenes geométricos puros (pirámides y esferas) en estructuras desornamentadas y plasmadas únicamente en proyectos que, en el caso de Boullée, nunca se llegaron a realizar [8].La Figura 1 muestra algunos ejemplos.

La Revolución Rusa: De principio del s. XX, fue quizás el evento político más relevante del siglo que inició en 1917 y culminó en 1989 con la caída del muro de Berlin. A este periodo Hobsbawm [9] le llamó “el Siglo XX corto”. Este evento agrupa los sucesos que condujeron al derrocamiento delZary a la instauración de la primera república socialista del planeta encabezado por el Partido Bolchevique, los soviets y sus líderesconocidos como elSovnarkom. A la cabeza de los bolcheviques, lograron salir de la Primera Guerra Mundial a través delTratado de Brest-Litovsk,hecho que les permitió la constitución del modelo socialista y la construcción de la más grande federación de ese momento. La arquitectura de la revolución socialista rusa se divide en cuatro etapas [10]: 1) La “Vanguardia Rusa”: de geometrías puras, cubiertas planas, y ausencia de ornamentos muy relacionada con la exigüidad de la primera etapa. 2) La “arquitectura stalinista” durante la dictadura de Stalin después de 1933 impone una arquitectura muy suntuosa que pretende mostrar el triunfo y consolidación del socialismo a través de edificios imponentes administrativos, residenciales, hoteles de gran altura y tamaño. 3) La “Jruschovki” (bloques de viviendas construidas en la etapa de Nikita Jruschovka) de 1950 a 1970 es una arquitectura social con miles de pequeños apartamentos de mediana altura dirigidos a mejorar la vida de los ciudadanos (La década de 1970 cuarta parte de la población de la URSS, aproximadamente 60 millones de personas, vivían en estos bloques). Y 4) El estilo Luzhkov, fue una mezcla modernizada de la arquitectura realizada durante los años del gobierno de Stalin, vigente desde 1970 hasta la desintegración de la URSS. Esta arquitectura toma el nombre del alcalde de Moscú por haber impulsado el movimiento arquitectónico que marca el fin de la era revolucionaria con la destrucción y reconstrucción/restauración de lo construido. Se trata de grandes edificaciones de un estilo “neoclasico histórico” donde sobresalen bancos, institutos, universidades y algunos palacios. La Figura 2 expone algunos ejemplos. 1: Arquitectura de la Revolución Francesa

La Revolución China: O llamada también Revolución Comunista China: Fue el resultado del enfrentamiento entre el partidonacionalista (Kuo-min-tang) contra el partido comunistaPCChdeMao Zedong. Con el triunfo de este último en 1949 se declaró la República Popular China constituida bajo un sistema de gobierno de influencia marxista-leninista, pero con contexto rural en vez de industrial. Los resultados de la nueva república fueron importantes, centrados en la utilización de propios recursos y fuerzas. Es relevante el establecimiento del sistema de comunas populares, mediante la organización sistemática de una vida colectiva. La revolución impulsó el desarrollo de los“guardias rojos”, motor de aquello que se denominó“revolución cultural”.

La arquitectura de esta revolución se cerró a los códigos occidentales y presentó sencillez de formas y materiales (Figura 3) desarrollándose principalmente obras estatales que utilizaron formas tradicionales en fusión con algunos códigos de la arquitectura soviética, principalmente en las plazas y centros de las grandes ciudades. Resaltan de esa época el museo militar de la revolución, los museos temáticos y la arquitectura residencial con pozos de cielo.

Dentro del contexto latinoamericano se mencionan tres ejemplos cercanos, similares en cuanto a la búsqueda de la recuperación de una identidad perdida: La Revolución mexicana de 1915, la revolución cubana de 1949 y la revolución boliviana de 1952.

La Revolución Mexicana (1915 - 1962): Llevada por el descontento de la sociedad, el campesinado y los sectores rurales contra el gobierno de Porfirio Díaz, buscó reducir el poder de los terratenientes y redistribuir la tierra para los campesinos que la trabajaban. Por la materialización de estas consignas esta revolución fue quizás la más importante del continente americano en el Siglo XX, hecho que creó además la primera constitución social de la región cuya influencia es fundamental hasta la fecha.  Esta revolución generó leyes de vivienda, educación, salud y equipamiento urbano dirigidos a mejorar las condiciones básicas de vida en casi todo el país.

Un segundo propósito fue reconstruir la nación mexicana a través de crear una nueva forma de vida para los grupos de trabajadores, inspirada en la justicia social y el reconocimiento de diferentes derechos sobre la tierra [6]. Sobre la arquitectura, la primera etapa no tuvo claridad respecto a un estilo único y se revisaron diversas corrientes como el neoclásico, el neomorisco, el neogótico, neoegipcio y otros sustentados en cánones academicistas [11] que condujeron al reconocimiento de lo mestizo y lo indígena como elemento esencial en las creaciones de un “Renacimiento Mexicano” inseparable del muralismo y la escultura monumental, ver Figura 4

La Revolución Cubana (1959): Fue en origen una revolución de corte nacionalista contra la dictadura de Fulgencio Batista y el poder de empresas extranjeras que cambió su carácter al modelo socialista a los pocos años del triunfo e implantó un sistema de gobierno que hasta hoy pervive. A iniciativa de los hermanos Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, el gobierno de la revolución centró sus reformas en lo agrario, la nacionalización de las empresas y la alfabetización masiva. La arquitectura en esta revolución tuvo un rol importante, bajo el lema “revolución es construir”. Resultado de esta consigna, se erigieron viviendas sociales a gran escala, centros educativos, infraestructura deportiva, centros artísticos y otros equipamientos como carácter social del cambio, poniendo el esfuerzo en satisfacer las demandas y necesidades de los obreros y las clases sociales más desprotegidas. Se impone la geometría del círculo a los paralelepípedos tradicionales, logrando conjuntos llamativos en la forma, la escala y la presencia en el territorio. El círculo representa el rechazo de las formas viejas, la creación de lo nuevo, y el sentido literal de la revolución como “giro total”. Por influencia del brutalismo, se levantan obras de ladrillo visto, hormigón expuesto y otros. El estructuralismo favorece la resolución de cubiertas con diversas combinaciones entre las que sobresalen cáscaras delgadas, paraboloides hiperbólicos y ligeros planos plegados llegando a la adopción de sistemas prefabricados como “solución a todas las carencias” [6]. Aunque se intentó a través de la arquitectura la recuperación de códigos Taínos, éstos fueron usados más como decoración, Figura 5.

La Revolución Boliviana de 1952: Fue la primera insurrección obrera-campesina triunfante en América Latina que devino de una alianza de clases sociales que incluyeron a sectores medios urbanos. Fue el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), liderado por Víctor Paz Estenssoro la cabeza de esta revolución que desde 1953, en ejercicio del poder, desarrolló una serie de reformas estructurales, entre las que sobresalen la reforma agraria, el sufragio universal y la nacionalización de las minas. Aunque las obras arquitectónicas de este proceso no son numerosas, sobresale al igual que en la arquitectura revolucionaria mexicana, la recuperación de códigos indígenas en las diferentes artes y por supuesto la arquitectura. Por ejemplo, sobresalen los monumentos a la revolución, el Hospital Obrero de la CNS, el edificio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), así como la arquitectura residencial, muy influenciada por la corriente modernista de la época. La puesta en valor de las civilizaciones precolombinas es importante y su objeto de crear la denominada “conciencia nacional”, como se puede observar en la Figura 6. En términos urbanos, las ciudades adquirieron importancia, la tasa migratoria creció generando muchos barrios obreros en distintas ciudades capitales, la cobertura de servicios básicos aumentó, así como la construcción de escuelas, campos deportivos, hospitales y otros junto con los primeros programas de vivienda social.

En suma, el rasgo común de las revoluciones revisadas desde un punto de vista arquitectónico es el cambio de enfoques, la recuperación de códigos de culturas anteriores y la predominancia de construcciones de carácter monumental que permitan representar el poder del Estado.

Los tipos de arquitectura de estas revoluciones según su recurrencia se puede clasificar en cuatro: arquitectura para la producción y economía, arquitectura política y administrativa, arquitectura de respuesta social y arquitectura cultural,  Tabla 1.  

De la revisión de las referencias, destaca que la expresión de las ideologías revolucionarias se da principalmente mediante la utilización de tecnologías propias, de técnicas artísticas (como el muralismo), de acceso social, por la simplicidad, por la recuperación de elementos simbólicos nativos, antiguos y otros de alegoría al pasado. Este último rasgo es más claro en las revoluciones latinoamericanas. La Figura 7 resume lo indicado.

La revisión de la producción de arquitecturas revolucionarias a través de los principios del diseño modernista (función, forma, tecnología y accesibilidad), releva la predominancia de los siguientes rasgos: Ver Tabla 2.

Los tipos y los rasgos de las tablas anteriores servirán para ensayar la calificación de los casos de arquitectura boliviana contemporánea objeto de este artículo.

A continuación, se presentan los aspectos de contexto socio político del Estado Plurinacional y la denominada Revolución Democrática y Cultural, seguida de la descripción de las condiciones urbanas y de urbanización del país.

 

3. LA REVOLUCIÓN DEMOCRATICA Y CULTURAL, EL ESTADO PLURINACIONAL Y LA URBANIZACIÓN

Bolivia posee una extensión de 1.098.581 km2 y una población de 11.05 millones de habitantes [12] cuyo 70 % habita áreas urbanas. Este país eminentemente urbanizado ha sufrido desde el año 2006 una serie de cambios estructurales resultado de “Revolución Democrática y Cultural” o “Proceso de Cambio”, como sus promotores llaman, cuyas características políticas y de urbanización se presentan adelante.

3.1. La Revolución Democrática Cultural y el Estado Plurinacional

Vencedor de las elecciones de diciembre 2005, Evo Morales se convierte en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia, quien junto a su partido político (Movimiento Al Socialismo) y todos los movimientos indígenas, sociales y sectoriales que forman el “Pacto de Unidad”, desarrolla una serie de cambios estructurales y superficiales que cambian el país y cuyo acontecer puede dividirse en cuatro etapas: (1) la etapa revolucionaria, (2) el Estado Plurinacional, (3) la fractura del pacto de unidad y el Tipnis y (4) el dispendio y el referendo 2016 por la re elección.

El primer periodo se da luego del triunfo de Evo Morales y la instalación del gobierno revolucionario en 2006 y dura hasta el año 2009. Se centra en el cambio de modelo económico, de economía semi liberal a un modelo de administración estatal de los recursos basado en la recuperación de empresas estratégicas para la gerencia del gobierno. En esta etapa resalta la distribución social de los excedentes estatales, la búsqueda de equilibrios socio económicos a través de la distribución de bonos diversos en la población de bajos ingresos, que permite además un importante nivel de consumo interno y el logro de un equilibrio y estabilidad económica, así como significantes problemas con la “oligarquía oriental” que se opone a los cambios a través de diferentes formas.

El segundo periodo corresponde con la constitución del Estado plurinacional, cuando la asamblea constituyente instalada en 2006 promulga en 2009 la nueva constitución política, fundante del nuevo país y cuyos aspectos más importantes son (1) el régimen de autonomías, autogobierno y justicia  indígena junto con el reconocimiento oficial de sus entidades territoriales e instituciones, (2) la instauración de un nuevo modelo económico social comunitario denominado “Vivir Bien” (3) la recuperación de los recursos naturales así como el reconocimiento de los derechos de la madre tierra.   

La diferencia con las otras revoluciones de la región desarrolladas en contextos de ruptura y violencia es que este proceso, aunque acumulativo, surgió de manera apacible y fue soporte de un conjunto de cambios estructurales en lo social, lo económico, lo cultural y lo político. El proyecto principal fue la articulación entre la nación boliviana, las naciones indígenas, la patria, el territorio y las instituciones públicas en un “Estado integral”, es decir la construcción del territorio plurinacional [13] (figura 8) conformando un todo que unifica los movimientos sociales indígena-campesino-populares bajo la cabeza del Estado. El modelo del “Vivir Bien” (del aimara “Suma Qamaña” que significa vivir, convivir con lo que rodea; el “Suma Kawsay” en quechua, o “Ñande Reko” en guaraní) [14], supuso la instalación de un sistema y forma de convivencia en comunidad que promovería un cambio total en la forma de concebir el Estado y las relaciones, es decir un nuevo sentido moral, el vivir en colectividad y equilibrio con la Madre Tierra,  la construcción de una sociedad justa, equitativa y solidaria, fue el paradigma y estructura de la revolución según sus promotores. La Figura 9 muestra los conceptos asociados al “Vivir Bien”.

 

Sin embargo, la instauración del Estado plurinacional supuso el predominio de la identidad andina, quechua y aimara, por encima de las identidades de tierras bajas. Aunque el discurso y quizás la primera etapa del proceso intentó una metamorfosis profunda mediante medidas “anticapitalistas y descolonizadoras”, éstas fueron dejadas rápidamente y poco o nada fueron materializadas [15]. La estabilidad política social y económica de esta fase fue posible también gracias a la explotación de las materias primas, la práctica de grandes agronegocios y otros cuyo perfil economicista más que ambiental (o de defensa de la madre tierra) supuso un giro importante opuesto al discurso del proyecto político revolucionario.

El tercer periodo es el inicio del deterioro evidenciado por el rompimiento del pacto de unidad o parte de éste, efecto de la insistencia del gobierno por la construcción de una carretera a través del Territorio Indígena Parque Isiboro Sécure (TIPNIS) donde habitan varias naciones originarias, las cuales marginadas de la decisión constitucional sobre sus territorios son rebasadas por el gobierno. Aunque la carretera no se construye ese momento por la gran presión social, las marchas indígenas, actualmente está en ejecución. A partir de este periodo el apoyo al proceso revolucionario reduce y el divorció con los pueblos indígenas amazónicos y las clases medias se consolida.

El cuarto periodo corresponde con el dispendio y referendo por la postulación indefinida de Evo Morales en 2016. Ante la importante pérdida de apoyo, el gobierno recurre a diferentes mecanismos y estrategias dirigidas a sectores sociales con el objeto de asegurar el apoyo. Esta práctica en términos arquitectónicos se materializa en la construcción de estadios, coliseos, equipamientos especiales, infraestructuras, etc. en zonas sin necesidad real, sin estudios previos y sólo por pedido de la población que acumulan una gran cantidad de edificaciones sin uso en muchas partes del país. Sobre el referendo, cabe decir que más allá de la disposición de la Constitución de sólo dos mandatos consecutivos, el gobierno organiza una consulta vinculante cuyos resultados determinan la negativa a la re postulación, sin embargo el aparato de gobierno no hace caso, Evo Morales recurre a un “derecho humano” a la re postulación y vuelve a participar en una elección donde gana con un porcentaje reducido. Por este triunfo es acusado por instancias nacionales e internacionales de fraude, hecho que deviene en conflictos sociales y la abrupta renuncia del gobernante en noviembre de 2019. En términos políticos y económicos este último periodo se caracterizó por una inestabilidad política, así como la reducción de ingresos.

Estas cuatro etapas suponen un paulatino deterioro de la revolución que culminó con la salida del presidente, sin embargo, su partido demostró su importancia histórica en 2020 y luego de un nuevo proceso eleccionario, administra una vez más el gobierno a la cabeza de otros líderes. 

3.2. La urbanización y la arquitectura

Aunque el gobierno del nuevo Estado procuró la implementación de leyes dirigidas al cuidado y respeto de la madre tierra, entre varios, a través de un sistema de planificación que pretendía materializar el “Vivir Bien”, no desarrolló instrumentos efectivos para ese fin ni como escuela de diseño y desarrollo arquitectónico, ni en las ciudades. Más bien dejó al 70 % de la población boliviana sin ningún instrumento de planificación urbanística permitiendo que el mercado defina las condiciones de las ciudades. El Estado creo una serie de instituciones y obras para determinadas zonas rurales del país, pero ninguna medida para cuidar la madre tierra en las ciudades o sus bordes, hecho que supuso un nivel alto de expansión urbana legal e ilegal, un nivel de informalidad no visto anteriormente (63 % del PIB) [16] y un mercado principalmente informal con la capacidad para definir casi todas las condiciones urbanas [17].

El escenario de bonanza económica entre 2008 y 2015 y un manejo económico eficiente, repercutió en un boom inmobiliario, es decir de venta de suelo y de construcción caracterizado por un crecimiento importante de precios [18] en todo el país, Figura 10. El mercado de suelo formal e informal fue estimulado por el Estado a través de medidas como la ampliación de perímetros urbanos no relacionados con el crecimiento poblacional y radios urbanos homologados con superficies tres o cuatro veces más de las huellas urbanas [18], Figura 11, la regularización de derechos de propiedad y programas de vivienda social muy alejados de las zonas servidas que por el mayor costo de la tierra [19] impide más su acceso a la población con menos recursos, obligando a vivir en las periferias. La mejora de ingresos económicos y la expansión incentivó el aumento de niveles de motorización por la necesidad de desplazamientos más largos y la mejora de ingresos [20], Figura 12. Uno de los efectos más importantes de este boom inmobiliario fue la gran cantidad de avasallamiento de tierras, hecho por el cual el gobierno tuvo que promulgar una norma que condena la práctica, pero no produjo nada que permita gestionar el suelo equitativamente.

 

 

Respecto a la construcción, el contexto económico indicado desató un boom edificatorio cuyos índices fueron altos hasta el 2017, cuando el PIB de construcción dejó de ser mayor al PIB nacional [21], demostrando su importancia previa, Figura 13.

En la arquitectura residencial, este boom dio lugar a la generación de un stock gigante de viviendas, una arquitectura apresurada, urgida por venderse y ser ocupada. La construcción de viviendas, entre otros, se convirtió en el camino seguro al crecimiento económico y en algunas zonas del país la construcción se acompañó de una suerte de halo de reivindicación de diversos grupos sociales, por ejemplo, los indígenas aimaras urbanos que tuvieron la capacidad de generar un estilo de arquitectura que usa formas y lenguajes diferentes a otros estilos. La llamada “burguesía aimara” afincada principalmente en el occidente, surgida poco antes de la RDC, adquirió mayor realce durante los 14 años de gestión de gobierno del MAS, cuando una gran cantidad de recursos fueron utilizados para producir la arquitectura “Neo andina” o “Cholet” (peyorativo), Figura 14, sobre los cuales poco referiremos en este artículo. La arquitectura neo-andina se caracteriza por el uso de colores, patrones y formas geométricas tomadas de la cerámica precolonial, los tejidos y el complejo arqueológico de Tiwanaku, así como códigos de la cultura popular [22], figuras de los medios de comunicación y elementos decorativos chinos. El colorido de las fachadas, el uso de formas irregulares y simétricas, los detalles puntiagudos, los materiales diversos e industrializados, así como el uso de referencias a comics japoneses de la década de 1980 [23], genera de alguna manera una identidad propia y ecléctica.

Respecto a la utilización de estas edificaciones, resalta el uso multifuncional de los “Cholets” donde cada nivel corresponde con una actividad o más. El comercio y salas de fiesta se encuentran normalmente en los niveles inferiores (así como depósitos), mientras que en los niveles superiores habitan los propietarios con familias extendidas munidos de todas las comodidades que el dinero puede brindar. Esta arquitectura atrae la admiración extranjera y local, pero también incita la crítica académica centrada en el supuesto nulo equilibrio ecológico y lo estrafalario de la estética. Para Muller [24] representa la declaración simbólica del nuevo orgullo indígena y su riqueza, así como el carácter cambiante de lo indígena de la Bolivia contemporánea.

En síntesis, Mazurek [25] sugiere que, a pesar del discurso antiimperialista y reivindicador de la madre tierra, durante la presidencia de Evo Morales, la urbanización y la arquitectura han sido (y son) resultado de la presión de los mercados locales e internacionales, alto nivel de consumo, edificación de grandes centros comerciales, grandes marcas internacionales de ropa, invasión de los malls, cinemas y otros que no dejan olvidar el pasado colonial.

 

4. LAS CARACTERISTICAS DE LA ARQUITECTURA MESTIZA Y LA LOGICA TRIVALENTE

La arquitectura contemporánea en Bolivia se desarrolló a la luz de la influencia de autores y teorías del movimiento modernista, las cuales formaron a los arquitectos nacionales desde 1940 cuando las primeras escuelas se fundan [26]. De las edificaciones en la primera mitad del siglo XX, una parte importante se ha caracterizado por la utilización de códigos ancestrales que han creado una suerte de arquitectura boliviana mestiza que utiliza elementos rescatados de una relación orgánica con las culturas prehispánicas. Esta forma no ha sido propia de la práctica local, sino que incluso renombrados arquitectos como Lloyd Wright [27] utilizaron este recurso a inicio del siglo XX. Esta “poderosa y primitiva abstracción de la naturaleza humana” de materiales y procesos “naturales” permitió restituir ciertas formas de la naturaleza (montañas) en la arquitectura (pirámides o zigurats) de ese momento, Figura 15. En Bolivia, Emilio Villanueva durante la década 1940, recorrió el mismo camino y se dio a la tarea de recuperar simbología, colores y otros elementos culturales Tiawanacotas en la composición de sus diferentes obras. De estas sobresalen el Estadio Hernando Siles, Figura 16, uno de los primeros ensayos de una arquitectura nacional neotiwanacota [28].

 

Por lo dicho, el desarrollo de esta arquitectura boliviana supone presencia de parámetros occidentales y modernos, que podrían suponer una manera más de crear y ocupar espacio.

Para comprender las características de esa relación (arquitectura occidental – códigos de culturas ancestrales), adelante se exponen algunas particularidades de estas tendencias. La hipótesis que guía el texto adelante propone que la arquitectura estatal de la revolución democrática y cultural parece recuperar y combinar códigos y lenguaje de la escuela moderna, igual que pretende la recuperación, reconocimiento y utilización de códigos y prácticas indígenas para la producción de una arquitectura nueva, una suerte de lógica trivalente que produce una arquitectura “mestiza”.

4.1. La arquitectura occidental

En el mundo occidental, la arquitectura nace en el periodo Neolítico a través de los primeros asentamientos donde se encuentran viviendas y recintos ceremoniales que evolucionaron estética y simbólicamente [29]. En Europa, surgieron los dólmenes y crómlech como primeros núcleos urbanos cerrados en torno a elementos sagrados, en Medio Oriente, Mesopotamia y Egipto, se desarrollaron sistemas de irrigación, zigurats, templos, pirámides y otros, mientras que los antiguos griegos y romanos “perfeccionaron” la arquitectura, sentando las bases y cánones clásicos relacionados con lo “agradable a los ojos”, y de aquello que sería aceptado como “belleza absoluta” [29]. Vitrubio en su primer libro:“Partes ipsius architecturae sunt tres, aedificatio, gnomonice, machinatio(Tres son las partes de la Arquitectura:la Construcción, la Gnomónica y la Mecánica)” [30] expresó la trilogía que sienta las bases de la arquitectura occidental, es decir 1) Venustas: lo bello, la proporción, armonía, lenguaje, estilo, diseño; 2) Utilitas: uso y funcionalidad, la actividad para el diseño; y 3) Firmitas: aspectos técnicos de la estructura, la construcción y el soporte.

Así, forma, función y técnica, se convirtieron en los tres principios de la arquitectura occidental recuperada por el movimiento de la arquitectura moderna de la primera mitad del siglo XX contraponiendo nuevos cinco principios a través del manifiesto de Le Corbusier [31]: (1) la sustitución de los muros de carga por una cuadrícula de pilares dehormigón armadoque soportan el peso estructural y convierten la planta baja en un espacio despejado destinado a las circulaciones y el automóvil; (2) el diseño libre de la planta que elimina  las restricciones en su uso interior y la distribución se hace independiente de la estructura; (3) el diseño libre de lafachadaliberada de su función estructural y se convierte en una piel delgada de muros ligeros y de aperturas colocadas independientemente de la estructura; (4) las ventanas horizontales, que atraviesan la fachada a lo largo de toda su longitud e iluminan las habitaciones equitativamente; (5) los techos de hormigón que pueden tener un uso doméstico y/o de jardín que implica la renuncia al techo tradicional inclinado.

Estos principios clásicos y modernos combinados permanentemente determinarían en la actualidad el lenguaje principal de la arquitectura de occidente. Su influencia es tal que todas o la mayoría de las escuelas de arquitectura de la región occidental giran alrededor de la aplicación de estos principios.

4.2. La arquitectura andina prehispánica

El mundo andino ha establecido una matriz cultural que se expresa en los asentamientos de las culturas aimara, inca y caral principalmente. Las primeras referencias de edificaciones con fines específicos se encuentran en la última cultura referida, Caral (hoy Perú), con asentamientos de hace 3000 a 2500 años A.C. De la mayoría de los espacios urbanos y arquitectónicos de las culturas andinas, sobresalen objetos que suponen intercambios de tipo comercial y espacios para la reciprocidad, espacios para el agradecimiento, para resaltar valores, así como lugares de trabajo constante y fiesta, ver Figura 17. Quizás la característica principal de los espacios era que éstos permitían diversas actividades con edificaciones concretas, la reciprocidad debió expresarse por ejemplo en un espacio común de trueque, lo mismo que el intercambio o la fiesta, donde la arquitectura permitía una y varias actividades, manifestada no solo a través de la forma, sino mediante “una especie de capacidad transformadora del espacio por medio de artefactos temporales, presenciales y generadores de acción” [32].

En Caral se construyó la base del modelo arquitectónico andino que se repite en las demás civilizaciones de la región [33]. En Bolivia se conservan restos arquitectónicos de las culturas Incaica, Tiwanacota, Urus, Chipayas, entre otras. La arquitectura se manifiesta a través de espacios inmensos no necesariamente edificados, donde se hallan vestigios e instrumentos de estadía temporal que sirvieron para la transformación del espacio a partir de actividades de comercio, rito, reunión y otros [34]. Los aspectos que organizan el espacio serían la reciprocidad, el agradecimiento y los valores, tres lógicas que determinarían el carácter del espacio según Mauss [32] los cuales se utilizarán para el análisis de la arquitectura de la RDC. 

Alrededor de lo indicado, cuatro elementos de ocupación del espacio caracterizan las culturas andinas prehispánicas: tipologías de lugar, actividades y costumbres, así como elementos de estadía temporal y usuarios.

Las tipologías del lugar corresponden con conjuntos arquitectónicos tomados como una entidad con relaciones constitutivas entre actividades, herramientas y usuarios. En las civilizaciones de la región andina se encuentran (1) los tampus o alojamientos son enormes patios donde se descargan productos agrícolas con alojamientos cerca, (2)  las ferias son espacios que se caracterizan por tener una identidad marcada, compuesta por actividad comercial como espiritual, (3) las canchas son espacios amplios que incluyen mercado, feria, almacenes, talleres, depósitos y otros, (4) las collcas o depósitos eran los espacios donde guardaban productos agrícolas y (5) los espejos de agua que funcionaban como observatorios astronómicos.

Las actividades y costumbres se desarrollan en el espacio y en el tiempo, sus principales manifestaciones son las siguientes: (1) La fiesta y rituales tienen relación con los eventos matrimoniales, religiosos y otros donde la ch’alla[1], es la manifestación importante, (2)  el mercado en el mundo andino no se refiere sólo a una actividad comercial, sino es  una función social que puede tener diferentes temporalidades [32] y representa una forma fundamental de crear espacio, (3) la comunidad asamblea con auto-determinación tiene relación con el espacio de convivencia y toma de decisiones cuya forma primaria es el ayllu.

Las herramientas e instrumentos de estadía temporal son aquellos diversos dispositivos como pérgolas, qhatus y otros similares cuyo uso da un valor múltiple a los lugares, haciéndolos adaptables, ricos en soluciones, y muy prácticos al prescindir de edificaciones con muros o techos definitivos. La manifestación más importante es el “Qhatu” (tanto en aymara como en quechua), llantucha, o chiwiña que designa un puesto de venta que puede estar y se acomoda a cualquier lugar; conlleva un conjunto de relaciones sociales asociadas a actividades de intercambio comercial y de reciprocidad. La aglomeración de éstas produce “la feria”.

Los usuarios tienen relación con los agentes transformadores del espacio, entre los cuales sobresalen los Yatiris, “poseedores del conocimiento” y la adivinación, gestionan las voluntades de las entidades luminosas del lugar con los haceres tradicionales de gremialistas, directivos, clientes, así como los vendedores, responsables de la colecta de productos a pequeña escala y la generación de ingresos a través de su participación en el mercado.

La arquitectura prehispánica que incluye estos elementos, no se ha preocupado tanto por el espacio interior como por el espacio público (exterior), razón por la cual los espacios son inmensos y no necesariamente edificaciones que organizan las costumbres de la vida comunitaria. El espacio público, que se considera de todos, se vuelve “lugar” en la experiencia individual y la suma de “lugares” permite relaciones del espacio que forman la identidad colectiva de carácter estable, efímero o circunstancial (Pacha) [35]. La Figura 18 expone las características de la arquitectura prehispánica frente a la “occidental”.

La visión occidental clasificaría la arquitectura de otras culturas como ceremonial, paisajista, monumental y poco funcional porque no necesariamente posee envolturas, no tiene definidos límites y no posee funciones específicas, sino presenta lógicas espaciales abiertas, mixtas, multifuncionales y circunstanciales que hacen tangibles valores culturales y sociales diferentes.

Por tanto y según las perspectivas abordadas, el análisis de la arquitectura de la RDC tomará en cuenta esta noción trilógica a partir de la comprensión de una “arquitectura mestiza” conformada por lógicas que pretenden rescatar elementos de la cosmovisión andina en un intento de descolonización y que, a su vez, rechazarían elementos arquitectónicos de occidente; así como aquellas características espaciales que habrían producido las revoluciones conocidas. En el apartado metodológico se detalla esta forma de aproximación.

 

5. REFERENCIAS METODÓLOGICAS

El encuentro de estas dos perspectivas es la base de análisis de la arquitectura en este trabajo. Éste gira alrededor de la moción de que la arquitectura de la revolución democrática y cultural de Bolivia podría caracterizarse por poseer elementos de ambas visiones.

De forma precisa, esta perspectiva supone que en la arquitectura de la RDC existirían códigos arquitectónicos occidentales que se apoyan en los principios Vitrubianos y Le Corbuserianos que se manifiestan en edificios que cumplen funciones específicas con base en medidas exactas antropométricas y de zonificación del espacio. Mientras que la arquitectura andina prehispánica se caracteriza por la constitución del “espacio común”, plataforma del intercambio cultural y el desarrollo de comunidad que alberga espacios tanto ceremoniales como de intercambio de valores y lógicas de reciprocidad y complementariedad.

Esta lógica formulada con base en Łukasiewicz [36] y Lewis [37], propone la posibilidad de avanzar más allá de lo dicotómico, sino propone hacer el esfuerzo de identificar los puntos de encuentro, los puntos comunes, el tinku o el taypi, donde conviven las diferencias [38].

Para ensayar este cometido, la Tabla 3 que permitirá el análisis propone códigos, variables e indicadores de la arquitectura occidental y arquitectura prehispánica. De la primera, los principios de “Forma, Función y Tecnología” guían el análisis, de la segunda la “Transformación, Multifunción y Tecnología”. Con el objeto de precisar los elementos arquitectónicos de la RDC, esta tabla incluye también referencias de los principios “Sociabilidad y Propiedad Individual” versus “Sociabilidad y Pertenencia Colectiva”, relacionados con el paradigma del Vivir Bien.

De la aplicación de esta tabla se distinguen tres elementos o puntos de encuentro que pueden caracterizar la arquitectura de la RDC: (1) las características multifuncionales que reúnen maneras de ocupación y usos del espacio, lógicas de individualidad y colectividad que se materializan en zonas y espacios de exclusión o integración, así como lugares de reciprocidad e intercambio. (2) La simbología en los hechos arquitectónicos o el paisaje se caracteriza por la capacidad material o virtual de modificar el comportamiento y el sentimiento de quien ocupa o habita el hecho arquitectónico. (3) La Tecnológica se relaciona con las maneras de construir y materializar el espacio. Aquí se pueden incluir prácticas ancestrales como procesos, sistemas y tecnologías especializadas.

De forma previa a la aplicación de esta tabla, el trabajo consideró cuatro etapas: (1) la selección de casos de estudio, (3) el trabajo de campo, (3) la sistematización, análisis e interpretación de datos y (4), la redacción del presente documento.

La etapa de selección de casos toma en cuenta la condición de el o los responsables de la iniciativa de edificación, luego la tipología genérica, así como las tipologías específicas del hecho arquitectónico. Sobre tipo de edificaciones, no se considera los hospitales o escuelas, por ser edificaciones que no han presentado algún patrón especial relacionado con el objeto de estudio, sin embargo, solo para observación se han incluido algunas edificaciones privadas porque presentan códigos indígenas y relacionados. Esta primera etapa fue desarrollada entre octubre 2018 y marzo 2019. Los casos seleccionados se encuentran principalmente en La Paz y Oruro. La Tabla 4 deja ver la aplicación de estos criterios y expone la selección realizada.

La aplicación de los criterios de selección: En uso, Construido y terminado, Iniciativa/promoción estatal y Dentro del periodo de RDC, se descartaron aquellas edificaciones inconclusas o sin uso, así como aquellos que no fueron producidos por iniciativa estatal. Los excluidos fueron Plazas y Calles que, aunque denotan códigos de uso relacionados con la cosmovisión andina, existían antes del periodo de RDC. De igual forma fueron aislados los llamados “Cholets” cuyo estilo se hizo evidente antes del periodo de la RDC. Por otro lado, tampoco se toman en cuenta aquellos hechos arquitectónicos como la Nueva Asamblea legislativa plurinacional de Bolivia y el Parque de las culturas y la madre tierra, que, aunque parecen presentar una serie de códigos relacionados con el objeto de estudio, a la fecha de realización del estudio no fueron concluidos.

La segunda etapa consistió en la visita y análisis de los casos y entrevistas a los autores. El trabajo de campo consistió en un registro audiovisual y fotográfico, así como análisis de las obras sobre la forma de ocupar los espacios interiores y exteriores, la frecuencia de uso, la relación entre ellas, los colores y texturas y la presencia de la comunidad o grupos de poder.

La tercera etapa gravitó alrededor del análisis e interpretación de rasgos según los elementos de la tabla analítica y las características de los puntos de encuentro o Taypi. En este análisis se utilizaron también referencias de las revoluciones exteriores con el objeto de comprobar su coincidencia o no con algunos rasgos.

La cuarta etapa consistió en la sistematización y análisis de la información colectada dirigida a la redacción del presente artículo.

 

6. CARACTERISTICAS Y RASGOS EN LA ARQUITECTURA DE LA REVOLUCION DEMOCRATICA CULTURAL

De acuerdo con la  Tabla 3 y los rasgos específicos de la arquitectura revolucionaria, así como las referencias de  las tres principales características mestizas (multifuncionalidad, simbología y tecnología), en la arquitectura de la RDC puede encontrarse tres tipos predominantes de hechos: (1) Los Espacios Significativos que consideran las Canchas Amachuma y Luis Espinal Camps; (2) los Edificios Administrativos Monumentales como la Casa Grande del Pueblo; (3) los Equipamientos de Reivindicación Cultural como el Museo de la Revolución Democrática Cultural y (4) los Edificios para fines residenciales como el Condominio Wiphala.

El análisis expuesto hacia adelante se organiza en función a las tres características mestizas.  Su objeto es describir los rasgos de los casos de estudios según los parámetros correspondientes con cada una de las peculiaridades.

6.1. Multifuncionalidad

La multifuncionalidad, permite conjugar lo interior y lo exterior de los hechos arquitectónicos, permitiendo crear espacios colectivos y complementarios. Está ligada al desarrollo de lo “informal”, de lo caótico en una calle, de un espacio amplio, de lo público o privado que se relaciona con actividades económicas o de habitación de la manera más práctica posible. En otras palabras, permite transforma el espacio en el tiempo y según las necesidades. La Figura 19 permite ver las diferentes funcionalidades de las canchas.

Adelante se sintetizan los rasgos multifuncionales como: sociabilidad y capacidad modificadora, intemporalidad, caótico práctico y la relación interior-exterior. De los hechos estudiados sólo el Museo de la RDC no presenta esta característica.

Sociabilidad y capacidad modificadora: Se refiere a la heterogeneidad de usuarios que configuran y manifiestan lógicas de producción, poder, intercambio y complementariedad social; aprovechamiento de recursos; habilidades y saberes; rituales y tradiciones andinas y occidentales. Este rasgo se presenta en la Casa Grande del Pueblo y en las Canchas.

Intemporalidad: El espacio cambia y comparte su superficie en diferentes tiempos con diversas actividades que imprimen su propia temporalidad. Este rasgo se presenta en las Canchas y en espacios amplios de la Casa Grande del Pueblo.

Lo caótico de lo práctico y lo común: La multifuncionalidad hace de un espacio un hecho altamente práctico. Permite cubrir necesidades de residencia, así como económicas, funcionales y otras al mismo tiempo relacionada con la practicidad de los espacios para transformarse. Este rasgo se presenta en todos los elementos estudiados.

Relación espacio interior y exterior: Favorece al espacio público sobre el privado, fomenta el intercambio comunitario, el carácter lúdico y el desarrollo individual. Los espacios interiores se abren y se integran al espacio exterior, sirviendo a la toma de decisiones. El espacio se vuelve democrático, muestra el poder mayoritario y fomenta la expresión de ideas.  Este rasgo está presente en patios y atrios propios de todos los ejemplos estudiados. Las Figuras 20 y 21 exponen la multifuncionalidad de los edificios Casa del Pueblo y complejo habitacional Wiphala.

 

Debe notarse que más allá de la jerarquía de la Casa del Pueblo, este hecho se abrió al público ofreciendo diferentes posibilidades. Es relevante que su espacio ha sido diseñado para lograr esta posibilidad colectiva.

A diferencia del ejemplo anterior, el complejo habitacional Wiphala permite una serie de actividades desarrolladas en el espacio público. Resalta la condición ceremonial del centro del complejo representado por la cruz andina.

6.2. El simbolismo

El simbolismo se refiere a los cambios de que pueden tener las edificaciones a través del uso de unos u otros símbolos. Los hechos arquitectónicos estudiados se caracterizan por incluir murallas, elementos de escala colosal, amplios elementos horizontales, entre otros. En los casos los símbolos que incluyen son utilizados para mostrar el poder, la pertenencia a un grupo, a un todo y a un lugar. En cuanto lo simbólico, presentan elementos pictóricos de carácter abstracto que pone en valor la comunidad y la expone a través del uso de iconografía de culturas y pueblos originarios. Algunos de los símbolos y sus usos más importantes encontrados en los casos de estudio son los siguientes:

La carga simbólica: Pretende estimular emociones y comportamiento en los usuarios a través de referencias históricas de las culturas andinas. Estas están relacionadas con hallazgos arqueológicos en centros sagrados, representaciones de tejidos tradicionales, e imágenes de relatos y testimonios que se acercan a la mitología andina.

Los rasgos más representativos son:

· Hoja de coca. Símbolo de sabiduría, protección y poder.

· La cruz andina. Es la proporción sagrada, resuelta geométricamente, estrella del sur, guía, calendario perfecto para la siembra y cosecha andina. Simboliza la recuperación del tiempo andino.

· Wiphala. Según la Constitución Política, símbolo (bandera) de la diversidad y globalidad de la tierra, la alegría y armonía entre pueblos.

· Los elementos mencionados son utilizados en gran escala como escultura y como parte de los murales en Condominio Wiphala, Casa Grande del pueblo y Museo de la RDC.

Elementos protectores y oferentes del paisaje natural: Los elementos protectores están relacionados con lo animado y la cosmovisión andina relacionada con las nociones de protección de determinados elementos del paisaje, por ejemplo, las montañas. Los hechos arquitectónicos son parte del paisaje a través de poseer elementos naturales o acceder desde sus interiores a la apreciación del paisaje. Este rasgo se observa en la Casa Grande del Pueblo, en las Canchas y parte del Museo de la RDC.

Transformación del espacio existente: Se refiere a la posibilidad de transformación de los espacios públicos por la misma gente, dirigida a satisfacer necesidades sobre elementos ya construidos y pensados para otro uso. Se pueden caracterizar por:

· Su transformación es resultado de una participación colectiva a través de fiestas, deportes, asambleas y reuniones [7]. Se presenta en todos los casos estudiados excepto en Museo de la RDC.

· La permeabilidad e interacción interior-exterior, relacionada con los usos asociados a un espacio interior y en espacios externos y viceversa. Permite generar relaciones a puertas abiertas y se presenta en los casos que presentan atrio como la Casa Grande del Pueblo y Museo de la RDC.

Las formas del poder: Se presentan como elementos abstractos o situaciones que sugieren poder. Se caracterizan por:

· La ubicación. En espacios jerárquicos con posibilidades de mostrar dominación, imposición sobre el paisaje, por ejemplo, la Casa Grande del Pueblo y el Museo de la RDC.

· La verticalidad. Se relaciona con la imponencia de lo masculino, el dominio sobre la naturaleza, la presencia del gran jefe (hermano) y la lógica de la edificación individual. Se presenta en los casos de Casa Grande del Pueblo, Condominio Wiphala y Museo de la RDC.

· La horizontalidad. Se relaciona con lo femenino, la madre, lo natural, el espacio amplio lleno de posibilidades y libertades, fomentado por la apropiación colectiva. Se presenta en los casos de las Canchas, de atrios y espacios colectivos en Casa Grande del Pueblo, no así en espacios comunes del Condominio Wiphala y el Museo de la RDC.

· Monumentalidad. Muestra la grandeza del ser humano sobre el territorio conquistado a través de elementos de tamaño sobresaliente. Este rasgo se presenta en la Casa Grande del Pueblo, Museo de la RDC y el Condominio Wiphala. Desde la lógica andina prehispánica, muestra la grandeza de la naturaleza sobre el ser humano. Este rasgo según la última modalidad se presenta en las Canchas cuando integradas al paisaje, dejan ver las montañas.

El rechazo: Se refiere al rechazo hacia lo indígena y/o hacia lo extranjero que puede aparecer en algunas edificaciones. Se corrobora por la negación al uso de elementos y técnicas que promueven determinados rasgos de una cultura. En ocasiones se rechaza lo ancestral andino porque no está asociado a “lo moderno”. Esta práctica se relaciona con el poder adquisitivo o referencias pasadas de algunas personas: “A mí no me gusta la cruz andina ancestral, me trae mal recuerdo, mi abuelo ha sido pateado, humillado y no quiero eso” [3]. Un intento de rechazo de elementos extranjeros se presenta en los Cholets, en la Casa Grande del Pueblo, en el Museo de la RDC y algunos edificios administrativos.

Las fotos de la Figura 22 muestran algunos ejemplos de los rasgos indicados.

6.3. Tecnología: maneras de construir y expresar

Las prácticas ancestrales de construcción, los valores de agradecimiento y la reciprocidad a la madre tierra y los métodos “amigables” con el medio ambiente, inspirados y motivados por la Pachamama, quedaron atrás en los casos estudiados. Los procesos constructivos de la arquitectura de la RDC, incluso de los hechos más importantes son de carácter tradicional, igual que los materiales utilizados, sus estilos, colores y texturas. Los procesos constructivos nada han recuperado las técnicas vernáculas y aunque se logran símbolos y elementos relacionados con lo indígena o prehispánico, éstos son logrados también a través de métodos occidentales. Las Figuras 23 y 24, exponen algunos rasgos relacionados con las maneras de construir y expresar. De acuerdo con lo observado, sus características son las siguientes:

Práctico y eficaz: Son soluciones y métodos constructivos propios, cambios y adaptaciones prácticas sin ninguna novedad o medida especial relacionada con prácticas recuperadas u otras y aplicadas según necesidades y conveniencia, previendo la mayor eficacia posible. Esta forma de trabajo ha sido aplicada también sobre obras ya concluidas.  El rasgo se presenta en todos los casos de estudio. En las figuras siguientes se corrobora lo indicado.

Materiales, colores y texturas: Se refiere a la utilización de diversos materiales con diversas texturas dirigidas a lograr apariencia de rusticidad, autóctono y relacionados. Los colores y texturas son logrados normalmente a través del uso de materiales tradicionales, materiales importados junto con procesos técnicos habituales. Este rasgo se presenta en la mayoría de los hechos arquitectónicos estudiados.

Murales y elementos ornamentales: Los murales y ornamentos devienen de la necesidad de incluir símbolos o estéticas específicas en las edificaciones. Su objeto es transformar la apariencia común y corriente mediante la utilización de referencias andinas y político ideológicas. Este rasgo se presenta en la mayoría de las obras, pero sobresale en el condominio Wiphala mediante la utilización de pinturas del autor Mamani Mamani y en la Casa Grande del Pueblo a través de la utilización de murales, revestimientos, pinturas y más, Figura 25.

La Casa Grande del Pueblo, representa la edificación con mayor cantidad de rasgos que caracterizan este periodo, así como las referencias de las tres principales peculiaridades mestizas. Simboliza la expresión máxima de la arquitectura estatal por su escala, su ubicación, relevancia en el paisaje e importancia funcional (principal edificio administrativo), pero resalta, que, en términos constructivos, no representa ni contiene ninguna diferencia respecto a las edificaciones occidentales y más bien por sus condiciones, parece no alinearse a los principios que el gobierno ha divulgado.

 

7. LA ARQUITECTURA EN LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y CULTURAL

Según lo observado, la arquitectura de la RDC puede explicarse desde dos caminos: El primero relacionado con la recuperación y uso de los códigos y rasgos prehispánicos que caracterizarían las edificaciones de este periodo y el segundo, la arquitectura boliviana respecto a las características de las edificaciones de las revoluciones en la historia y el vínculo con el discurso y/o proyecto revolucionario.

7.1.  La arquitectura y los rasgos prehispánicos

La arquitectura producida por el Estado en el periodo estudiado según los casos estudiados y el marco utilizado presenta rasgos y particularidades agrupadas en cuatro (Tabla 8): (1) Pertenencia a todo, (2) Lo caótico de lo práctico común, (3) la amplitud y permeabilidad y (4) las cargas simbólicas.

La Figura 26 sintetiza en un diagrama las características y relaciones entre los cuatro grandes rasgos mencionados. A diferencia de la arquitectura clásica relacionada con la función, forma y tecnología, la arquitectura de la RDC presenta elementos interrelacionados, inter-pertenecientes, interconectados espacial y temporalmente donde cada uno de los elementos puede cumplir funciones diferentes en otros momentos o en alguno determinado.

7.2. La arquitectura y la revolución

Desde la perspectiva política y el análisis de coincidencias con los principios arquitectónicos occidentales: función y usos, forma, tecnología y accesibilidad, y aquellos conceptos de representación revolucionaria de los otros procesos revisados, Tabla 9, se puede indicar que las canchas, la casa grande del pueblo, el museo de la revolución y las viviendas sociales han sido quizás los hechos arquitectónicos más relevantes producidos por el Estado durante los 14 años de gobierno. De estos hechos arquitectónicos sobresalen las siguientes características: Del análisis de la función y los usos, de puede ver que la arquitectura revisada ha priorizado la función sobre la forma, principalmente en aquellas obras con sentido colectivo, las cuales, aunque tienen un fin específico, permiten una serie de diferentes funciones. La forma rescata nuevas morfologías y símbolos en todos los hechos menos en las canchas y en los casos posibles utilizan el arte (principalmente pictórico y muralista) como una expresión de cercanía al pueblo. Sobre la tecnología, no se ha logrado el rescate o utilización de tecnologías propias y tampoco se han renovado las técnicas y tecnología por otras más aptas con la madre tierra, utilizándose en muy pocos casos materiales propios del lugar a diferencia de las tecnologías tradicionales con impacto ambiental en casi todas las obras arquitectónicas. De igual forma, no se ha creado una escuela o corriente dirigida a establecer una nueva arquitectura o unos principios específicos a seguir, dejándose al mercado y sus necesidades esta responsabilidad. Sobre la accesibilidad, aunque las políticas dirigidas a la educación, salud y vivienda han sido relevantes, no se han desarrollado lineamientos arquitectónicos que permitan mejorar a través de la arquitectura, las condiciones de estos sectores. Tampoco la RDC ha logrado modelos espaciales que permitan materializar las nuevas formas de vida, de justicia social y/o instauración de lo plurinacional. La Tabla 9 expone el carácter de cumplimiento de los principios.

 

8. CONCLUSIONES

La arquitectura como “la voluntad de la época traducida en espacio” [5] y la materialización del poder, ha permitido cristalizar diferentes procesos políticos y sociales como las revoluciones.   

Estos procesos revolucionarios desde la arquitectura se han caracterizado por la recuperación o implantación de códigos y rasgos propios de sus culturas, pero también derivados de sus caracteres ideológicos y objetivos políticos. De estos resultaron arquitecturas estatales, administrativas y residenciales acordes con sus necesidades e intereses, caracterizadas por el uso de nuevas tecnologías, propuestas artísticas, niveles de accesibilidad, nuevos símbolos y principios de diseño específicos.  

La RDC, cuyo proceso político pasó de una etapa de apoyo total a una situación de inestabilidad, a producido una arquitectura estéticamente compuesta de códigos y rasgos andinos desarrollada en un escenario de urbanización de libre mercado que ha generado edificaciones producidas más por intereses del mercado que del Estado, configurando urbes altamente informales y cuyas condiciones socio económicas han permitido también la insurgencia de una diversidad de expresiones como los “Cholets” y otras iniciativas particulares, privadas y mercantiles de población que bien aprovechó el contexto de altas libertades económicas, principalmente relacionadas con el mercado de suelo e inmuebles.  

No obstante, resalta en esta arquitectura la multifuncionalidad y el uso de símbolos (simbología), que podrían ser las características más importantes. La primera relacionada con las posibilidades de multi-utilización del espacio más allá del fin y/o la forma específica, vinculada además con la permisividad respecto la apropiación colectiva. La segunda relacionada con los diferentes símbolos que permiten la transformación y/o cambio de sentido de los espacios a través del uso de elementos prehispánicos cuya carga es muy importante, quizás la más importante por su continua presencia en dispositivos, murales, pinturas y otros. Pero este uso permanente de símbolos parece configurar también una suerte de arquitectura de cáscara, donde predomina la imagen de las edificaciones y no nuevos conceptos o tecnologías.

Esta arquitectura recupera códigos de culturas prehispánicas andino-amazónicas que pretenden marcar la diferencia y/o complementarse con los códigos occidentales, creando una suerte de expresión de la lógica trivalente, pero esta gran característica, parece ser un producto más del mercado, porque se ha dejado a éste, a sus arquitectos y artistas la configuración de las edificaciones.

En otras palabras, la arquitectura de la RDC no contempla una corriente única o una escuela arquitectónica alrededor, sino apunta a que habrían sido actores relacionados con empresas de arquitectura y construcción quienes sin una línea principal o principios de diseño específicos, fueron los cuales -en la medida de sus posibilidades y comprensión- materializaron la multifuncionalidad y el uso de símbolos del discurso estatal, pero muy poco o nada los principios revolucionarios del “Vivir Bien”. Esto se hace evidente al revisar la contradicción entre premisas del paradigma indicado como la reciprocidad con la naturaleza o la recuperación de prácticas ancestrales, la plurinacionalidad y otros, con los métodos, procesos constructivos, tipos de hechos y el diseño de las edificaciones.

Es evidente el intento de la RDC por generar una arquitectura similar a los modelos de Cuba o México respecto la recuperación de rasgos prehispánicos en las edificaciones, pero por lo revisado y en confrontación con conceptos de las otras revoluciones y el propio paradigma revolucionario, se puede alegar que las edificaciones erigidas por el Estado en el periodo visto responden muy parcialmente a sus discursos y no han establecido un modelo de arquitectura particular del proceso político.

 

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[38] H. Olivia & T. Bouysse-Cassagne. Pacha en Torno Al Pensamiento. Madrid: Alianza editorial. 1988.

 


[1] Ceremonia de reciprocidad con la Pachamama basada en el acto de regar la tierra con alcohol y elementos simbólicos quemados como ofrenda.

 

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