1. INTRODUCCIÓN
Bolivia, pese al calificativo de intercultural de su democracia y a la creencia de que es un caso de varias “democracias en ejercicio” es una democracia predominante representativa. Si se analizan los procesos electorales que se han dado desde 2009 a la fecha, la representativa es la democracia que más se ha sido practicada por la ciudadanía. Es la misma Constitución del Estado Plurinacional la que aumento la dosis de democracia representativa a la democracia boliviana con la “ampliación del derecho de sufragio” a la elección de las altas autoridades del Órgano Judicial (3) y a la constitución de los Gobiernos Autónomos Departamentales. Bolivia es el reino de la democracia representativa, pero es también el caso de la mayor pobreza de representación política porque tiene graves problemas de representación e intermediación política, todo lo cual se ha expresado en la etapa de inscripción de organizaciones políticas y binomios para las elecciones generales de agosto 2025.
Para esos comicios, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) estableció una normativa para la inscripción de candidaturas, que incluye la presentación de programas de gobierno, listas impresas de candidatos, documentación de respaldo y actas notariadas de compromiso con la normativa interna de los partidos políticos. Algunos partidos, como el Frente para la Victoria (FPV) y el Partido de Acción Nacional Boliviano (Pan-Bol), fueron suspendidos y otros observados por no cumplir tareas internas como la elección democrática de sus autoridades. En este escenario aparecieron precandidatos sin respaldo partidario, lo que muestra que hay partidos sin liderazgos propios y líderes sin partidos. También hubo partidos que se ofrecieron al mejor postor, sin reparar los aspectos ideológico-políticos. Al cierre de esta etapa electoral quedaron partidos sobre los que se cernía la amenaza de ser inhabilidades por irregularidades que tienen que ver con su funcionamiento en el tiempo entre elecciones.
Ahora bien, la democracia representativa boliviana es una democracia de partidos políticos (4), así está diseñada y de este modo debería funcionar, sobre la vigencia, dinámica e interacciones entre partidos, es decir, sobre la base de un sistema de partidos. Pero todo esto es prescripción normativa o formalidad jurídica. En la realidad, es decir, en ese tiempo que va de unas elecciones a otras, no se observan partidos, están ausentes los militantes, dirigentes y liderazgos de la mayor parte de estas organizaciones. Si algún ciudadano buscara inscribirse o ser parte de estos partidos, le resultaría muy difícil encontrar a alguno de ellos en la zona y la ciudad donde vive.
Los partidos políticos, sus dirigencias y militantes solo aparecen en el ciclo electoral, resulta como si solo para las elecciones adquirirían existencia y dinámica. Las actividades que deben realizar según la normativa, como, por ejemplo, renovar sus niveles dirigenciales, realizar reuniones y difundir sus ideales, no son conocidas o pasan muy desapercibidas. Los partidos son entidades de derecho público, pero en los hechos, en el país, son las entidades menos públicas, menos expuestas a la publicidad, situación que contrasta con las de otros países democráticos, donde existen partidos con actividades permanentes y tradiciones partidistas que cruzan generaciones enteras (5).
Sobre la base de la descripción de la situación de los partidos en Bolivia, en este artículo nos proponemos: a) sistematizar un cuadro de situación actual de los partidos políticos, b) aplicar libremente el enfoque del “modelo originario” de partido, formulado por el politólogo italiano Angelo Panebianco (6), al caso de los partidos bolivianos, a fin de contribuir a conocer algunas de las causas de su situación actual, y c) formular algunas ideas para la institucionalización de los partidos políticos.
2. EL NUEVO SISTEMA DE PARTIDOS POLÍTICOS
En Bolivia, en las elecciones de 2005, se cerró no solo un ciclo político, vale decir, el que se inició en 1985, también se clausuró un sistema de partidos políticos, el que se estructuró desde ese año y tuvo vigencia por aproximadamente 2 décadas. El sistema de partidos boliviano entre 1985 y 2005 estuvo conformado por los siguientes partidos: el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), fundado en 1942, fue uno de los partidos hegemónicos, en la década de los 50, 80 y 90, liderado por Víctor Paz Estensoro y Gonzalo Sánchez de Lozada; la Acción Democrática Nacionalista (ADN), organizado en 1979 por el Gral. Hugo Banzer Suárez, fue clave en la formación de coaliciones de gobierno, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), fundado en 1971, bajo el liderazgo de Jaime Paz Zamora, la Unidad Cívica Solidaridad (UCS), fundado en 1989, liderado por Max Fernández, representando a sectores populares urbanos, Conciencia de Patria (CONDEPA), fundado en 1988, bajo el liderazgo de Carlos Palenque, representó a sectores populares y regionales, especialmente en La Paz. Todos estos partidos fueron constructores de la “democracia pactada”, pocos de ellos sobrevivieron al derrumbe de la misma (7)
Aunque el Movimiento al Socialismo (MAS) se consolido hacia el final del periodo (2002-2005), se convierte en el principal partido de oposición y luego de gobierno, liderado por Evo Morales, desde 2006.
El sistema de partidos políticos de la “democracia pactada”, vigente entre 1985 y 2005 se basó en estos soportes : a) un multipartidismo moderado, el sistema permitió la alternancia y la formación de coaliciones, favoreciendo la estabilidad política, en una primera etapa, b) una lógica pactista, los pactos entre los principales partidos (MNR, ADN, MIR) permitieron la gobernabilidad y la implementación de políticas de ajuste y reformas y c) una integración de nuevos actores, la incorporación de partidos como UCS y CONDEPA reflejó la apertura del sistema a nuevas demandas sociales y regionales. Este sistema también se base en la economía de libre mercado y la interculturalidad (8)
Desde inicios del nuevo siglo, la “democracia pactada” y su sistema de partidos se vio afectado por la pérdida de confianza ciudadana, generada por la corrupción, el clientelismo, lo que contribuyó al surgimiento de nuevos actores como el MAS que prometían superar los males del neoliberalismo. En las elecciones generales de 2005, el sistema se polarizó territorialmente, con el MAS y Podemos, coalición liderada por Jorge Quiroga, como principales contendientes, poniendo en cuestión la gobernabilidad y la estabilidad del sistema democrático, proceso que culminó con la consolidación del MAS como la principal fuerza política del país, y el cierre del ciclo político y un sistema de partidos iniciados en 1985.
Ahora bien, entre 2006 y 2009 se desarrolló un proceso constituyente orientado a una transformación profundas de las estructuras políticas de Bolivia. En 2009 entro en vigencia la Constitución Política del Estado de 2009, la que estableció formalmente un nuevo sistema de partidos políticos, con el reconocimiento de la diversidad de formas de organización política, como los pueblos indígenas y las agrupaciones ciudadanas (9). El artículo 11 de la Constitución, inciso I, establece que Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria, lo que implica la realización de procesos electorales al margen de la participación de los partidos políticos como son, por ejemplo, las elecciones para altas autoridades judiciales. La CPE y la legislación electoral posterior reconocen tres tipos principales de organizaciones políticas: los partidos políticos, las Agrupaciones ciudadanas y las Organizaciones de las naciones y pueblos indígena originario campesinos.
El sistema de partidos configurado por estas normas se caracteriza por el pluralismo político, la coexistencia de múltiples formas de organización política, la democracia interna y la fiscalización de las actividades internas de estas entidades por el Órgano Electoral Plurinacional-Tribunal Supremo Electoral (OEP-TSE). Este sistema promueve la participación igualitaria de hombres y mujeres, establece un modelo de financiamiento mixto (público y privado), con restricciones para evitar la influencia indebida de intereses particulares. Estas organizaciones políticas pueden integrarse, aliarse o convertirse, manteniendo o modificando su alcance y naturaleza según los procedimientos establecidos en la ley. La legislación prevé procedimientos para la extinción y cancelación de la personalidad jurídica de las organizaciones políticas que incumplen la normativa.
3. SIGNOS DE INVOLUCIÓN DEL SISTEMA DE PARTIDO
Considerando las referencias descritas en el anterior punto, se puede decir que los partidos políticos y el sistema partidario actuales emergencia de un proceso constituyente, es decir, de una dinámica donde se desarrolló una deliberación profunda y participativa sobre los principales problemas políticos del país, en general y del sistema de representación política, en particular. En la Asamblea Constituyente de 2006-2007 se habrían resuelto las cuestiones cardinales del país, aquellas que no habían sido resueltas en el periodo republicano.
Sin embargo, en el presente, se constata un contraste entre, por un lado, la situación actual, es decir, la que surge de los cambios emergentes del proceso constituyente, y, por otro, la situación de los partidos políticos en los peores momentos de la historia de la representación política de Bolivia, vale decir, durante los años de las dictaduras militares de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, y la situación de las organizaciones políticas en el escenario de la “democracia pactada”, inaugurada en 1985.
En la primera situación, los partidos políticos funcionaban, desarrollaban actividades de formación, agitación y conspiración contra los dictadores, aunque en la clandestinidad, en los subterráneos de la política. En ese tiempo, las células de los partidos se reunían, realizaban determinadas tareas, en muchos casos las dirigencias de los partidos políticos se reunían en la clandestinidad e impartían directrices para la militancia, principalmente los partidos políticos de izquierda como el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, el Partido Obrero Revolucionario y el Partido Comunista (10)
En efecto, en esa situación estas y otras organizaciones políticas mantuvieron una actividad orgánica subterránea pese a la represión:
Tenían estructuras de resistencia, células clandestinas organizadas en fábricas, universidades y sindicatos. Los partidos políticos, especialmente los de izquierda, mantuvieron estructuras de resistencia. La Central Obrera Boliviana (COB) actuaba como un núcleo de coordinación y resistencia, permitiendo a los partidos mantener una red de militancia activa y cohesionada, pese a la persecución y represión gubernamental.
Realizaron reuniones secretas para planificar acciones contra regímenes como los de Hugo Banzer (1971-1978) o Luis García Meza (1980-1981). Las reuniones secretas eran parte esencial de su funcionamiento. En ellas, dirigentes y militantes planificaban acciones contra los regímenes autoritarios, como los de Hugo Banzer y Luis García Meza, quienes ilegalizaron a los partidos políticos y suspendieron derechos civiles y sindicales. Estas reuniones permitían coordinar estrategias de lucha, definir tareas y mantener el contacto entre la dirigencia y la base militante, asegurando la continuidad de la organización partidaria en condiciones de clandestinidad.
Desarrollaron acciones concretas como la distribución de panfletos y redactaron y distribuyeron una prensa partidaria e incluso revistas teóricas. Las acciones concretas de los partidos incluían la distribución de panfletos y la creación de una prensa partidaria clandestina, que circulaba en ambientes universitarios, fabriles y sindicales. Además de difundir información sobre la situación política, estos materiales servían para formar ideológicamente a la militancia y mantener viva la identidad partidaria. En muchos casos, los partidos llegaron a editar revistas teóricas que profundizaban el debate interno y fortalecían la formación política de sus cuadros.
Brindaron apoyo logístico a huelgas generales de protesta y resistencia a las dictaduras militares. El apoyo logístico a huelgas generales fue otra de las tareas clave de los partidos en la resistencia. Estas huelgas, como la de 1982, fueron fundamentales para desgastar a los regímenes militares y abrir el camino hacia la restauración democrática. Los partidos no solo apoyaban las movilizaciones, sino que también contribuían a su organización y coordinación, utilizando su red de militantes para asegurar el éxito de las protestas.
Desarrollaron la formación ideológica de su militancia y cuadros políticos. La formación ideológica de la militancia y los cuadros políticos era un eje central de la vida partidaria. Los partidos desarrollaban escuelas políticas clandestinas, debates internos y actividades formativas que permitían a los militantes comprender y asumir la línea política de la organización. Esta formación incluía el estudio del marxismo, la teoría revolucionaria y el análisis de la realidad nacional, lo que fortalecía la cohesión y la capacidad de acción colectiva.
Desarrollaban debates interpartidarios como, por ejemplo, entre la izquierda marxista y la izquierda nacional o las posiciones alienadas al eje Moscú y Pekín. Los debates interpartidarios también eran una constante. Dentro de la izquierda, se confrontaban posiciones diversas, como la izquierda marxista y la izquierda nacional, o las alineadas con Moscú o Pekín. Estos debates, aunque a veces conflictivos, enriquecían la reflexión política y permitían a los militantes desarrollar una visión crítica y autónoma sobre la realidad boliviana.
Tenían una clara y firme identidad ideológica y política. Los partidos políticos del pasado, particularmente los de izquierda durante las dictaduras militares en Bolivia, se distinguían por poseer una clara y firme identidad ideológica y política. Esta identidad no era simplemente una declaración de principios, sino que impregnaba la vida cotidiana de la militancia y la orientación estratégica de la organización. La ideología servía como brújula para la acción, permitiendo a los militantes comprender el sentido de su lucha y mantener la coherencia a pesar de la represión y la clandestinidad. Cada partido definía con precisión su posición frente a los problemas nacionales, la lucha de clases y la estrategia revolucionaria, lo que generaba un fuerte sentido de pertenencia y compromiso entre sus miembros.
Poseían liderazgos consolidados e inconfundibles. Los partidos políticos de ese periodo se caracterizaban por una clara y firme identidad ideológica y política. Esta identidad les permitía diferenciarse de otras fuerzas políticas y mantener la lealtad de su militancia, incluso en condiciones de clandestinidad y represión. Además, contaban con liderazgos consolidados e inconfundibles, que eran reconocidos por la militancia y la sociedad como referentes de la lucha contra las dictaduras militares. Estos líderes, en muchos casos provenientes de la academia, el sindicalismo o la militancia estudiantil, imprimían carácter y dirección a las organizaciones partidarias, contribuyendo a su permanencia y relevancia en la vida política nacional.
La situación de las organizaciones políticas correspondiente a la aplicación de la Constitución Política de 2009 y las leyes derivadas de la misma, contrasta con la situación descrita. En efecto,
1. La mayoría de los partidos políticos bolivianos mantienen estructuras de organización que solo existen formalmente en sus estatutos orgánicos, sin una presencia real en la vida interna ni en la relación con la sociedad. Esto implica que, salvo excepciones como el MAS-IPSP, los partidos carecen de bases sociales sólidas o de una militancia activa que participe en la toma de decisiones y en la ejecución de actividades partidarias. Los demás partidos suelen limitarse a cumplir con requisitos legales y formales para poder participar en elecciones, sin que esto se traduzca en una organización interna robusta o en la participación real de sus militantes
2. No muestran un funcionamiento permanente de todos sus niveles de organización, se parecen a organizaciones clandestinas ya que para los ciudadanos resulta muy difícil establecer contacto con la mayoría de los partidos políticos, ya sea para conocer sus actividades, participar en las mismas o inscribirse como militante. Esto genera una percepción de que los partidos operan de manera casi clandestina, alejados de la sociedad y sin canales abiertos de comunicación o participación ciudadana.
3. No es notoria la presencia de los partidos políticos en los momentos de crisis política o de grandes movilizaciones de la sociedad, ni siquiera con manifestaciones o declaraciones en los medios de comunicación. La aparición esporádica de algunos de sus dirigentes, muestra que la mayoría de los partidos políticos están ausentes en el escenario político. Los partidos políticos bolivianos suelen estar ausentes o invisibles en los momentos de mayor relevancia política o social, como crisis institucionales o grandes movilizaciones ciudadanas. Su presencia en los medios de comunicación es esporádica y limitada a la aparición puntual de algunos dirigentes, en lugar de una participación colectiva y organizada de sus estructuras partidarias. Esta ausencia refuerza la percepción de que los partidos no cumplen con su rol de intermediación y canalización de las demandas sociales, dejando vacíos de representación y abriendo espacio a liderazgos alternativos o movimientos sociales que asumen un protagonismo mayor en la escena pública.
4. Casi todos los partidos políticos demuestran no tener relaciones permanentes y estrechas con sectores de la sociedad civil, con excepción del MAS-IPSP que está muy ligado a las organizaciones sociales. Aunque los partidos políticos son, teórica y legalmente, representaciones de la ciudadanía y no de gremios sociales, la mayoría de ellos evidencian no tener vínculos con la ciudadanía. La mayoría de los partidos políticos en Bolivia carecen de relaciones permanentes y profundas con los distintos sectores de la sociedad civil. Aunque, en teoría, los partidos deben ser la expresión organizada de la ciudadanía, en la práctica solo mantienen vínculos formales y esporádicos con grupos sociales, sindicatos, asociaciones o gremios. La ausencia de relaciones sólidas con la sociedad civil debilita la capacidad de los partidos para canalizar demandas sociales y para construir una agenda política que responda a los intereses y necesidades de la población. En consecuencia, los partidos terminan funcionando como estructuras cerradas, alejadas de la ciudadanía, lo que profundiza la crisis de representación y legitimidad.
5. Los partidos políticos no desarrollan funciones de formación ideológica y política de sus militantes e incluso dirigencias, lo que se puede constatar en las declaraciones de sus militantes en los medios de comunicación, las cuales no solo muestran la ausencia de una identidad ideológica y política, sino también, la formulación de sólidos criterios políticos. La ausencia de una identidad política definida dificulta la construcción de un discurso coherente y la elaboración de propuestas políticas consistentes. La falta de formación también se refleja en la incapacidad de los partidos para construir criterios políticos sólidos y para promover el debate interno sobre los grandes temas nacionales. Esto limita la capacidad de los partidos para innovar, renovarse y adaptarse a los cambios sociales y políticos, contribuyendo así a su estancamiento y a la pérdida de relevancia en el escenario público.
6. Los partidos políticos bolivianos no protagonizan debates políticos constructivos entre sí. En lugar de ofrecer a la ciudadanía visiones políticas contrastadas y propuestas alternativas, la interacción entre partidos suele reducirse a la descalificación mutua y a la confrontación personalista. Esta dinámica no contribuye a la formación de una opinión pública informada ni a la construcción de consensos mínimos para la gobernabilidad. La ausencia de debate político interpartidario impide que la ciudadanía conozca con claridad las diferencias programáticas e ideológicas entre los partidos, así como sus propuestas concretas para enfrentar los desafíos del país. Esto dificulta la formación de una cultura política democrática y favorece la percepción de que los partidos solo buscan el poder por el poder mismo, sin un proyecto político claro.
7. La mayoría de los partidos políticos en Bolivia no poseen una identidad ideológica y política bien definida. Esto se manifiesta en la dificultad de identificar sus principios fundamentales, su visión de país o su proyecto político a largo plazo. En muchos casos, los partidos cambian de postura según las coyunturas electorales o los intereses de sus dirigentes, lo que genera confusión y desconfianza en la ciudadanía. La ausencia de una línea ideológica clara dificulta que los ciudadanos puedan diferenciar entre las propuestas de un partido y otro, y limita la capacidad de los partidos para movilizar a sus bases en torno a ideas y valores compartidos. Además, esta falta de identidad se refleja en la poca consistencia de sus discursos y en la ausencia de propuestas programáticas sólidas, lo que contribuye a la percepción de que los partidos son meras plataformas electorales sin un proyecto político definido.
8. En la actualidad, la mayoría de los partidos políticos carecen de liderazgos consolidados y con legitimidad social. Sus dirigentes suelen ser personas poco conocidas, sin trayectoria política relevante ni presencia nacional. Esto dificulta la construcción de confianza y credibilidad hacia los partidos, ya que los ciudadanos no logran identificar figuras representativas o con capacidad de conducción política. La falta de liderazgos sólidos también se refleja en la incapacidad de los partidos para enfrentar crisis internas, renovar sus cuadros y proyectarse como alternativas de gobierno. En muchos casos, los dirigentes emergen de manera improvisada o son impuestos por grupos reducidos, sin procesos democráticos internos ni respaldo de la militancia. Esta situación debilita aún más la capacidad de los partidos para canalizar las demandas sociales y para competir en el escenario político nacional.
Todas estas referencias permiten afirmar que en Bolivia el panorama de partidos no es mejor que el que existía antes de 2006. No se ha producido una evolución, sino más bien, una involución de los partidos. Si bien se han establecido las bases normativas, un régimen constitucional y legal de organizaciones políticas, en los hechos no hay partidos que funcionen como estructuras permanentes y abiertas a la ciudadanía, que operen como instancias de representación y mediación entre la sociedad y el Estado, tampoco existe un sistema de partidos plenamente estructurado.
¿Cómo explicar sistemáticamente esta situación? ¿Cómo identificar los factores que han determinado las características de los partidos políticos y del sistema partidario que se tiene en Bolivia?
Una vía para conocer y cambiar la situación de los partidos políticos que hemos descrito es necesario explicar el “modelo originario” que caracteriza a los partidos, según el cual surgieron y desarrollaron. El politólogo italiano Angelo Panebianco define al “modelo originario” como el conjunto de características organizativas, estratégicas y relacionales que definen a un partido político durante su fase fundacional, y que condicionan su evolución posterior. Esta noción apunta a estudiar la diversidad de trayectorias partidistas que dependen de su configuración inicial, es decir, lo bueno o lo malo, la eficiencia o deficiencia de estas organizaciones dependen, en gran parte, de la forma como surgieron.
4. EL “MODELO ORIGINARIO” DE LOS PARTIDOS EN BOLIVIA
Los partidos políticos son organizaciones imprescindibles para la democracia moderna. Su relevancia radica en su capacidad para articular la voluntad popular, garantizar la representación plural y promover la participación ciudadana. Una de las expresiones de la importancia que han adquirido los partidos es el Derecho de partidos, área del Derecho que surge como respuesta a la necesidad de regular estas organizaciones, asegurando su funcionamiento democrático y su contribución a la estabilidad y legitimidad del sistema político democrático. Si se revisa y analiza la normativa vigente en el país, se puede decir que en Bolivia hay un Derecho de partidos, área que está configurada por las normas constitucionales, la Ley de Organizaciones Políticas, las normas electorales y los reglamentos correspondientes, así como las normas internas de los partidos. En el presente y dada la importancia que han adquirido los partidos, el estudio de estas organizaciones es una actividad científica ya que se disponen de teorías y metodologías de estudios desarrollados.
Angelo Panebianco, en su obra Modelos de partido: poder y organización en los partidos políticos, propone que para comprender la actividad, funcionamiento y transformaciones de los partidos políticos es imprescindible analizar su núcleo organizativo. Considera que los partidos son, ante todo, organizaciones, y que el análisis organizativo debe preceder a cualquier otro enfoque. Aunque su obra se basa en una investigación histórico-comparada de partidos europeos, es útil para el estudio de otros casos, como el boliviano, ya que formula ideas muy importantes para el análisis.
Panebianco, en su análisis de los partidos políticos europeos, utiliza dos conceptos clave: modelo originario de partido e institucionalización. De modo general, el primero se refiere a “los factores que, combinándose de distintas maneras, dejan su huella en la organización y definen sus características originarias”, y el segundo, toca “la forma en que la organización se ha consolidado” (11). Nos interesa principalmente utilizar el concepto de “modelo originario” de partido.
Al ampliar este concepto, Panebianco señala que “las características de cualquier partido, dependen, entre otros factores, de su historia, de cómo la organización haya nacido y se haya consolidado. Las particularidades del periodo de formación de un partido, los rasgos en que se refleja su gestación, pueden, en efecto, ejercer, su influencia sobre las características organizativas de aquel incluso a decenios de distancia” (12). Este concepto estudios el conjunto de características y dinámicas organizativas que se establecen en el momento de la fundación de un partido y que condicionan de manera decisiva su desarrollo posterior. Según Panebianco, el modelo originario está determinado por la manera en que surge y se consolida la organización, las peculiaridades de su proceso de institucionalización, el tipo de presiones que recibe del entorno y cómo estas presiones se reflejan en las relaciones de poder internas.
Simplificando y esquematizando para los fines del presente trabajo, se puede decir que el “modelo originario” está compuesto por varios elementos que permiten comprender cómo se constituye y desarrolla inicialmente la organización partidaria, y como influyen decisivamente en su evolución posterior. Veamos cada uno de estos elementos que nos ayudaran a comprender la situación de los partidos políticos descrita en el anterior punto.
1. El modo de desarrollo territorial del partido. El primer elemento que Panebianco señala para definir el modelo originario de un partido es el modo en que se desarrolla territorialmente la organización. Este aspecto se refiere a la forma en que el partido se expande y estructura geográficamente desde su fundación. “Un desarrollo organizativo por penetración territorial, implica por definición, la existencia de un “centro” suficientemente cohesionado desde los primeros pasos de la vida del partido” , la otra vía es el desarrollo por difusión (13) Hay dos modos de desarrollo territorial del partido, uno crecimiento orgánico y descentralizado, donde las bases locales tienen un papel activo y autónomo, y otro más centralizado y controlado desde el núcleo dirigente. Describamos en detalle cada uno de estos modos de desarrollo territorial de los partidos, sobre la base de una interpretación libre de las ideas de Panebianco.
El desarrollo territorial centralizado
Se caracteriza por una fuerte concentración del control organizativo en la dirección central del partido. En este modelo, la expansión territorial depende jerárquicamente de una cúpula partidaria. La penetración territorial se realiza mediante la creación o reorganización de estructuras locales que responden directamente a la dirección central, garantizando así la coherencia y disciplina interna. Es un movimiento centrifugo o en cascada.
Bajo este modo de penetración territorial, la dirección central mantener un control riguroso sobre los recursos, la comunicación y las decisiones estratégicas del partido. La coordinación entre las distintas unidades territoriales es alta, y las políticas internas y externas se diseñan y ejecutan desde el núcleo dirigente. La estructura partidaria es jerárquica, con una burocracia organizada que asegura la cohesión del partido. Este modo puede limitar la participación activa y autónoma de las bases locales y establece una dependencia de la dirección central, lo que se observa en el caso de los partidos con fuerte ideología y disciplina interna.
El desarrollo territorial descentralizado
El desarrollo territorial descentralizado, en contraste, se caracteriza por una expansión orgánica y menos controlada desde el centro, las estructuras locales tienen un grado significativo de autonomía para organizarse, tomar decisiones y movilizar recursos. Es un modo de difusión territorial, donde la dirección central actúa más como un coordinador que como un controlador absoluto, haciendo que las bases locales desarrollen iniciativas propias y mantengan vínculos directos con sus electores o militantes.
La autonomía territorial local da lugar a estructuras más flexibles y menos burocratizadas, pero también a una menor sistematicidad y a la posibilidad de fragmentación o debilitamiento del control central. Este modelo se da en partidos que priorizan la participación democrática interna y la diversidad ideológica, o en aquellos que emergen en contextos sociales heterogéneos y complejos.
2. La presencia de una institución patrocinadora. El segundo elemento fundamental es la existencia o no de una institución patrocinadora que impulse la creación y consolidación del partido. Esta institución puede ser un sindicato, una iglesia, un movimiento social, una élite política o incluso un grupo económico que actúe como soporte inicial y fuente de recursos, legitimidad y estructura organizativa. Los partidos que surgen sin un patrocinador claro deben construir su base organizativa y legitimidad de manera más autónoma, lo que puede implicar procesos más lentos y complejos de consolidación, pero también una mayor flexibilidad para redefinir sus objetivos y estrategias.
3. La ideología originaria del partido. Es el tercer elemento, aunque no aparece claro en la propuesta de Panebianco, se refiere a la ideología originaria que fundamenta la creación del partido. Conformada por valores, creencias y objetivos políticos que motivan la formación de la organización y orientan su acción política. La ideología inicial actúa como un eje integrador para los militantes y sirve para definir la identidad del partido frente a sus competidores. Además, condiciona la estructura organizativa, el tipo de militancia y las estrategias de movilización. También influye en la capacidad del partido para mantener la cohesión interna y para responder a las demandas cambiantes del entorno político, siendo un factor clave en la evolución y en la institucionalización del partido.
4. La presencia o ausencia del líder carismático en la génesis del partido. El cuarto elemento que Panebianco destaca es la presencia o ausencia de un liderazgo carismático en el origen del partido, lo cual determina de manera significativa su desarrollo posterior. Cuando el partido nace alrededor de una figura carismática, esta persona ejerce una dirección fuerte y directa, que suele facilitar la cohesión inicial y la movilización rápida. El líder carismático impone su visión y estilo, y su autoridad puede ser incuestionable en las etapas tempranas. Sin embargo, esta dependencia puede generar dificultades para la institucionalización y la transición hacia estructuras más colegiadas o burocráticas.
Estos cuatro elementos: el modo de desarrollo territorial, la presencia de una institución patrocinadora, la ideología originaria y la presencia o ausencia del líder carismático, conforman el "modelo originario" de un partido político, según Panebianco. Comprenderlos y aplicarlos a casos concretos permite analizar cómo se constituye la organización partidaria y cómo estos factores iniciales condicionan su trayectoria, su capacidad de adaptación y su grado de institucionalización a lo largo del tiempo. Este enfoque ofrece una base sólida para estudiar la diversidad y complejidad de los partidos políticos en diferentes contextos históricos y geográficos.
A partir de estos cuatro elementos para el estudio de los partidos políticos planteados por Panebianco, formulamos las siguientes preguntas de investigación sobre los partidos en la Bolivia actual:
¿Cuáles son las características que presentan los partidos políticos a partir de los cuatro elementos señalados por Panebianco?
¿Cuál es el modelo de expansión y organización territorial de los partidos en Bolivia, y como el mismo influye sobre su capacidad de cohesión interna, movilización de recursos y adaptación a contextos políticos cambiantes?, ¿Tienen los partidos políticos instituciones patrocinadoras y como las mismas han influido en su autonomía organizativa, estabilidad y legitimidad a lo largo del tiempo?, ¿Cuáles son las ideologías fundacionales de los partidos políticos que condicionan su estructura organizativa, mecanismos de participación interna y estrategias de competencia electoral? y ¿Cuáles son las características de los partidos políticos en cuanto al líder carismáticos, tienen o carecen de este tipo de liderazgo?
5. EL MAS-IPSP, COMO CASO PARADIGMÁTICO
El MAS-IPSP se ha mostrado en los recientes 20 años de la historia política de Bolivia, como el partido más grande, persistente y aglutinante, hasta la fecha no hay otra organización política que se le parezca, por lo que es el ejemplo más emblemático y representativo para analizar el concepto de modelo originario de partido político en Bolivia. El análisis del “modelo originario” de este partido es el caso que nos permitirá desarrollar un análisis comparado incluyendo a los demás partidos políticos vigentes formalmente en el país. En lo que sigue se analiza al MAS-IPSP a partir de los cuatro elementos desarrollados en el anterior punto.
1. El modo de desarrollo territorial del MAS-IPSP
El Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) emergió y comenzó su expansión territorial a partir de la región del Chapare, en el trópico de Cochabamba, una zona con una fuerte presencia de comunidades campesinas e indígenas dedicadas al cultivo de coca. Este origen geográfico y social es fundamental para comprender su modo de desarrollo territorial.
Este modo de desarrollo territorial puede caracterizarse como un proceso orgánico y descentralizado en sus inicios, dado que las federaciones de cocaleros mantenían autonomía y protagonismo en la organización y movilización social, con un liderazgo fuerte pero que surgía directamente de las bases territoriales. La estructura territorial del MAS-IPSP se fue construyendo desde abajo hacia arriba, con una fuerte inserción en las comunidades y organizaciones sociales del Chapare, lo que le permitió consolidar una base social sólida y movilizable.
Con el tiempo, a medida que el MAS-IPSP se transformó en una fuerza política nacional, este desarrollo territorial inicial fue complementado con una mayor centralización en la dirección nacional para coordinar la expansión a otras regiones del país y articular las diversas organizaciones sociales que se sumaron al proyecto. Sin embargo, la autonomía y protagonismo de las federaciones del Chapare y sus organizaciones matrices (CSUTCB, Bartolinas, interculturales) se mantuvo como un pilar fundamental en la estructura territorial del partido.
El MAS-IPSP presenta un modo de desarrollo territorial que combina un origen descentralizado y orgánico desde la región del Chapare y las federaciones de cocaleros, con una posterior centralización estratégica para consolidar su presencia nacional. Esta combinación ha sido clave para su cohesión interna, capacidad de movilización y expansión política en Bolivia.
2. La presencia de una institución patrocinadora
El MAS-IPSP surge como un instrumento político fundado por tres organizaciones matrices: la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa” (CNMCIOB-BS). Estas organizaciones sociales actúan como instituciones patrocinadoras fundamentales que: a) proporcionan la base social, legitimidad y recursos humanos para la creación y consolidación del MAS-IPSP, b) mantienen una relación orgánica con el partido, participando en sus órganos de dirección y en la definición de políticas y estrategias, y c) representan sectores sociales históricamente marginados (campesinos, indígenas, mujeres originarias), lo que le otorga al MAS-IPSP un carácter de movimiento social además de partido político.
Esta relación con las instituciones patrocinadoras ha sido decisiva para la identidad y fortaleza del MAS-IPSP, permitiéndole articular demandas sociales concretas con la acción política institucional. Sin embargo, también implica una dependencia política y organizativa que puede limitar la autonomía del partido frente a estas organizaciones y condiciona su capacidad para adaptarse a nuevos escenarios o ampliar su base social.
3. La ideología originaria
La ideología fundacional del MAS-IPSP está basada en el nacionalismo o defensa de los recursos naturales, la defensa de los sectores populares y de los pueblos indígenas originarios, elementos ideológicos y políticos se enmarcaron en la llamada Revolución Democrática y Cultural y Proceso de Cambio. La ideología originaria del MAS-IPSP ha sido un factor clave para la cohesión interna y la movilización social, pero también ha generado tensiones internas entre sectores más radicales y otros que buscan una gestión pragmática y renovadora del poder político. Esta ideología ha condicionado la estructura organizativa, orientando la formación política, por tanto, la ideología originaria del MAS-IPSP es un eje integrador y definitorio que condiciona su identidad, estructura y evolución, constituyéndose en un elemento fundamental de su trayectoria política.
4. La presencia del líder carismático
El MAS-IPSP (Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos) es un caso paradigmático para analizar la influencia del liderazgo carismático en la formación y desarrollo de un partido político, tal como lo plantea Angelo Panebianco en su cuarto elemento fundamental. Desde su origen, el MAS-IPSP estuvo fuertemente vinculado a la figura carismática de Evo Morales, líder social y político que emergió como representante de las Seis Federaciones de Cocaleros del Chapare. Morales no solo articuló las demandas sociales y territoriales de estos sectores, sino que también impuso una dirección fuerte y directa que facilitó la cohesión inicial del partido y su rápida movilización a nivel nacional. Su autoridad fue incuestionable en las etapas tempranas, convirtiéndose en símbolo unificador de un amplio movimiento indígena, campesino y popular que buscaba transformar el sistema político y económico boliviano.
Este liderazgo carismático permitió al MAS-IPSP consolidarse como fuerza dominante en Bolivia, con Morales ejerciendo un rol central no solo en la dirección del partido sino también en el gobierno desde 2006 hasta 2019. La identificación del partido con Morales fue tan profunda que su figura llegó a personificar el proyecto político del MAS, lo que facilitó la movilización masiva y la legitimidad popular.
No obstante, esta dependencia del liderazgo de Morales también ha generado desafíos para la institucionalización del partido. La transición hacia estructuras más colegiadas y burocráticas ha sido compleja, evidenciándose en las disputas internas actuales entre el «bloque renovador», que busca renovar el liderazgo y, los sectores que defienden la continuidad del liderazgo de Morales. Esta dualidad refleja las dificultades inherentes a un partido que nace alrededor de un líder carismático y que debe equilibrar la autoridad personal con la construcción de una organización institucional sólida.
El MAS-IPSP ejemplifica cómo la presencia de un liderazgo carismático en el origen de un partido político puede ser decisiva para su cohesión inicial, movilización y éxito electoral, pero también puede complicar su evolución hacia formas organizativas más institucionalizadas y colegiadas. Evo Morales, como líder carismático, fue motor fundamental en la creación y expansión del MAS-IPSP, pero la consolidación futura del partido dependerá de su capacidad para superar la dependencia personalista y fortalecer sus estructuras internas.
La aplicación de los cuatro elementos descritos hasta aquí, fundamentales para describir y explicar a un partido político, formulados por Panebianco, permite concluir que el MAS-IPSP, sigue un modo de desarrollo territorial, equilibrio entre centralización en la dirección nacional y descentralización participativa en las bases territoriales, lo que le permite cohesión política y movilización social amplia y efectiva. Este partido cuenta con instituciones patrocinadoras fuertes, como las organizaciones campesinas, indígenas y populares, lo que le da legitimidad y base social, aunque condiciona su autonomía organizativa. Tiene una identidad ideológica clara basada en el nacionalismo y el indigenismo, lo que le permite cohesión interna y capacidad de movilización, pero también fuente de tensiones internas. La presencia de un líder carismático, Evo Morales, le dio al MAS-IPSP ventajas políticas, le cohesionó, potenció a nivel local, regional y nacional. Morales es un líder carismático puro, es decir, no de un momento, sino de un largo plazo.
Considerando estas características que hacen al “modelo originario” de partido, se puede decir que el MAS-IPSP es un caso paradigmático de partido político sólido en Bolivia, un partido que tiene un origen que le ha permitido desarrollar sólidamente su expansión territorial, apoyo o patrocinio social, una identidad política-ideológica clara y un liderazgo carismático.
6. ANÁLISIS COMPARADO DEL “MODELO ORIGINARIO” DE PARTIDO
Ahora bien, una vez que tenemos una aproximación al “modelo originario” de partido del MAS-IPSP, ensayemos un análisis comparado incluyendo a los demás partidos. En el siguiente cuadro se presentan los partidos políticos vigentes en Bolivia.
El cuadro reúne a los partidos políticos registrados por el Tribunal Supremo Electoral, los partidos señalados con rojo son organizaciones que ya existían con personería jurídica desde antes de la nueva normativa de organizaciones políticas, se puede decir que son partidos antiguos, y los partidos marcados con negro son partidos que se han creado en el marco de la nueva normativa, son partidos nuevos.
Ahora bien, aplicando la idea del “modelo originario” de partido, y los cuatro elementos de análisis, al conjunto de los partidos registrados en el cuadro 1, se obtiene el siguiente cuadro:
Es necesario aclarar que el cuadro 2 solo expresa una aproximación a la caracterización de los cuatro elementos del “modelo originario” de partido, ir más allá de esta limitación demandaría realizar un estudio que rebasa los límites de un artículo como el presente, por lo que el cuadro tiene un carácter de hipótesis de trabajo.
Ahora bien, en el cuadro se constata que el único partido político que se asemeja o se aproxima al caso paradigmático (el MAS-IPSP) es el MNR. Veamos porque:
El MNR tuvo un desarrollo territorial centralizado y descentralizado. El MNR, fundado en 1942, se expandió territorialmente combinando una estrategia centralizada, con la creación de una cúpula directiva y la difusión de su ideología nacionalista revolucionaria, y otra descentralizada, al articularse con sindicatos mineros y organizaciones campesinas en diferentes regiones del país. Este proceso de penetración territorial le permitió construir una base social amplia y diversa, aunque no tan orgánica como la del MAS-IPSP, que surgió directamente de las organizaciones sociales.
El MNR contó con el apoyo de las masas campesinas. Aunque el MNR no tuvo una institución de patrocinio formal como los sindicatos del MAS-IPSP, sí contó con el respaldo activo de las masas campesinas, especialmente después de la Revolución de 1952 y la implementación de la Reforma Agraria. Este apoyo fue crucial para su legitimidad y su capacidad de movilización, aunque también generó tensiones internas entre los intereses de los campesinos y otros sectores de la sociedad.
El MNR tuvo una ideología clara e influyente: el nacionalismo revolucionario. El MNR se caracterizó por una ideología nacionalista revolucionaria que buscaba transformar las estructuras económicas, sociales y políticas de Bolivia, promoviendo la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el voto universal. Esta ideología, aunque luego transformada hacia el neoliberalismo en los años 80, fue un factor clave de cohesión y movilización en su etapa fundacional, similar al papel del indigenismo y el antiimperialismo en el MAS-IPSP.
El MNR contó con un líder carismático, Víctor Paz Estensoro. El MNR contó con un líder carismático en la figura de Víctor Paz Estensoro, considerado por algunos como un líder de carisma puro debido a su capacidad para movilizar a las masas y encarnar los ideales del nacionalismo revolucionario. Aunque el liderazgo de Paz Estensoro no fue tan indiscutible como el de Evo Morales en el MAS-IPSP, sí fue fundamental para la cohesión del partido y su capacidad de llegar al poder en 1952.
Como resulta evidente, el MNR se aproxima al "modelo originario" de partido en Bolivia, compartiendo elementos clave con el MAS-IPSP, como el desarrollo territorial, el apoyo de las masas, una ideología influyente y un líder carismático. Sin embargo, sus diferencias en cuanto a génesis y transformación ideológica lo distinguen del MAS-IPSP, que representa el caso paradigmático de partido surgido desde los movimientos sociales en Bolivia.
Otro partido político que tiene una aproximación, aunque muy remota es ADN que en la década de los 90 del siglo pasado, logró un nivel de expansión territorial nacional, tuvo algún patrocinio con sectores de las Fuerzas Armadas y de la empresa privada, postuló una ideología claramente identificada y fue dirigida por un liderazgo algo carismático con la figura del Gral. Hugo Banzer. El Frente de Unidad Nacional reúne algunos elementos como la expansión territorial en algunos departamentos, aunque muy débil, tiene una ideología mas o menos clara, pero carece de un líder carismático.
El resto de los partidos políticos registrados en el cuadro 2 están situación en el extremo al caso paradigmático, no se han expandido territorialmente, no han sido patrocinados por ningún movimiento social de conocida trayectoria y con influencia en la política nacional, no tienen una identidad ideológica clara y carecen de liderazgos carismáticos y una dirigencia conocida. El cuadro permite constatar que de 13 partidos políticos, solo 2 se aproximan casi remotamente al caso paradigmático del MAS-IPSP, el resto de los 10 partidos, se caracterizan por: 1. Una débil expansión territorial, ya sea centralizada y descentralizada, una expansión localizada en solo algunos departamentos, 2. Una evidente ausencia de instituciones o movimientos de auspicio o apoyo, 3. La falta de una clara y reconocida identidad ideológica, y 4. La ausencia de un líder carismático; considerando estas limitaciones de la mayoría de los partidos.
Gran parte de estos partidos se han formado a partir de un hecho que no implica un proceso político y social como es la reunión de firmas de ciudadanos. Aunque el MNR, ADN, PDC y el FRI ya son partidos debilitados, se trata de entidades políticas que emergieron de procesos políticos e ideológicos como es el proceso de la Revolución Nacional y la oposición al mismos (casos del MNR y el PDC), el gobierno nacionalista y anticomunista de los 7 años de Hugo Banzer (caso ADN) y el tránsito o conversión de las ideas revolucionarias a la democracia (caso del FRI, organizado sobre la base del Partido Comunista Marxista Leninista). Los partidos como el Movimiento Tercer Sistema, Frente Para la Victoria y otros no tienen similares referentes, es decir, provienen de un modelo originario de partido diferente a los partidos históricos.
Considerando estas limitaciones de la mayoría de sus organizaciones políticas, la situación partidaria de la democracia boliviana se caracteriza por los siguientes rasgos:
1. La fragmentación y atomización del sistema de partidos. La existencia de 13 partidos políticos, con solo 2 aproximándose al modelo paradigmático del MAS-IPSP, refleja un alto grado de fragmentación y atomización del sistema partidario boliviano. Esta fragmentación dificulta la formación de mayorías estables en la Asamblea Legislativa Plurinacional y condiciona negativamente la gobernabilidad del país.
2. El predominio de partidos personalistas sin liderazgo ni identidad político-ideológica clara. La ausencia generalizada de un liderazgo carismático y una clara identidad ideológica en la mayoría de los partidos expresa la vigencia de partidos tienden a ser volátiles y a desaparecer con la salida de sus líderes y la inhabilitación.
3. La debilidad de la institucionalización partidaria. La limitada expansión territorial y la falta de auspicio social determinan una debil institucionalización partidaria en Bolivia. Los partidos carecen de raíces sólidas en la sociedad civil y de estructuras organizativas capaces de movilizar recursos y conectar con las demandas ciudadanas de manera sostenida, todo lo cual amenaza su existencia y dificulta su institucionalización.
4. Las deficiencias de representación e intermediación política. La combinación de fragmentación, personalismo, falta de claridad político-ideológica, carencia de liderazgos sólidos y debilidad institucional contribuye a la debilidad de la representación e intermediación política en Bolivia. Los partidos no logran canalizar las demandas y aspiraciones de la ciudadanía de manera efectiva, lo que genera desafección y desconfianza en el sistema democrático.
5. Un sistema de partidos con un partido hegemónico. La presencia del MAS-IPSP como partido hegemónico, con un fuerte arraigo en los movimientos sociales y un liderazgo carismático (aunque en declive), configura un sistema de partidos asimétrico. El resto de las organizaciones políticas se sitúan en una posición de desventaja, con dificultades para competir electoralmente y construir alternativas de gobierno viables.
6. La polarización y conflictividad política. A pesar de la fragmentación, el sistema de partidos boliviano presenta un alto grado de polarización y conflictividad política, con una fuerte confrontación entre el MAS-IPSP y sus opositores. Esta polarización dificulta la construcción de consensos, generando inestabilidad y crisis recurrentes.
En breve, la situación partidaria de la democracia boliviana se caracteriza por la fragmentación, el personalismo, la debilidad institucional, la crisis de representación, la hegemonía de un partido, la polarización y la dependencia de factores coyunturales. Esta situación plantea desafíos importantes para la consolidación de la democracia y la gobernabilidad del país.
Las referencias descritas en los anteriores puntos nos permiten identificar dos vacancias:
1. La falta de un sistema de partidos políticos. La ausencia de un sistema de partidos políticos implica la inexistencia de una estructura organizada y estable de agrupaciones políticas que compitan y alternen en el poder, canalicen demandas sociales y garanticen la gobernabilidad democrática. En Bolivia, aunque históricamente hubo intentos de conformar un sistema de partidos, la inestabilidad política, la fragmentación y la debilidad institucional han impedido la consolidación de un sistema partidista estable.
2. La falta de partidos políticos institucionalizados. La institucionalización de los partidos políticos se refiere a la existencia de organizaciones con estructuras internas sólidas, liderazgos reconocidos, reglas claras de funcionamiento, capacidad de renovación y una base social estable. Como hemos visto, en Bolivia, la mayoría de los partidos han carecido de estas características. Además, la ausencia de procesos democráticos internos y la falta de formación ideológica y política de sus miembros han dificultado la construcción de una identidad partidaria sólida y la canalización efectiva de demandas sociales.
Estos son los dos grandes problemas de la representación política o de los partidos políticos en Bolivia: la ausencia de un sólido sistema de partidos y la falta de partidos políticos institucionalizados. Un sistema de partidos políticos requiere, por definición, la existencia de partidos institucionalizados. Es decir, sin partidos con estructuras sólidas, reglas internas claras y capacidad de representación, no es posible construir un sistema estable y funcional. La experiencia política muestra que la falta de institucionalización partidaria genera inestabilidad política, fragmentación y una competencia electoral centrada en liderazgos personales más que en proyectos políticos colectivos. Esto dificulta la formación de coaliciones, la alternancia en el poder y la canalización de demandas sociales, debilitando la gobernabilidad democrática.
7. ¿CÓMO INSTITUCIONALIZAR LOS PARTIDOS POLÍTICOS?
Retomando los resultados del análisis desarrollado en los anteriores puntos, se establece que la mayoría de los partidos políticos en Bolivia presentan: a) Débil expansión territorial (centralizada o descentralizada) y limitada presencia local, b) Ausencia de instituciones o movimientos sociales de apoyo, c) Falta de identidad ideológica clara y reconocida y d) Carencia de liderazgo carismático. Estas deficiencias partidarias determinan una débil institucionalización, fragilidad organizativa y crisis de representación de los partidos y de la democracia. Por consiguiente, en el país la institucionalización de los partidos tiene muchas dificultades por predominio de un modelo originario de partido débil a partir del cual se han organizado y desarrollado la mayoría de estas organizaciones políticas. Empero, la institucionalización debe darse desde esta realidad.
En el campo de la Ciencia Política, se han formulado algunas ideas y propuestas sobre la institucionalización de los partidos políticos. La aplicación del “modelo originario” de partido formulado por Panebianco que se ha hecho en este trabajo, permite identificar los elementos que se deben cambiar o fortalecer.
Javier Duque Daza, siguiendo a Panebianco y a otros, define la institucionalización de partidos “como el proceso por el cual un partido adquiere, en mayor o menor grado, consolidación en su organización y en sus vínculos con la población. Respecto a la sistematicidad, estableciendo, por una parte, estructuras con grados de especialización de roles, interdependencia y coordinación; por otra parte, caminos pautados de acción que operan como patrones integrados de conducta que rigen sus actividades y son conocidos por los diferentes actores de la organización, puestos en práctica y acatados, y, además, coherencia en su funcionamiento. En cuanto al enraizamiento, generando vínculos estables con la población, que se expresan en la identificación con la etiqueta partidista y en el apoyo en sus actividades en los distintos escenarios de acción (gubernativo, legislativo, electoral) y en sus actividades como organización” (14)
Duke Daza, en este marco, señala que la institucionalización partidista es un proceso multidimensional que implica la rutinización de reglas, procedimientos y estructuras internas estables, el desarrollo de estructuras jerárquicas y coordinación entre unidades territoriales y funcionales, la permanencia en el tiempo con renovación generacional y estabilidad en la competencia política, la internalización de normas y valores organizativos por parte de los miembros y el enraizamiento social a través de relaciones estables con sectores sociales.
Este autor enfatiza que la institucionalización no es solo formalización burocrática, sino también un proceso cultural y relacional que fortalece la identidad y la capacidad adaptativa del partido. En el siguiente cuadro se expone un esquema general para la institucionalización de los partidos políticos.
Cuadro 3 Propuesta sistemática para la institucionalización de los partidos bolivianos

Fuente: Elaboración propia sobre la base de Duque Daza, Javier
Esta propuesta multidimensional de la institucionalización partidista es un proceso complejo que involucra tanto aspectos formales (estructuras, reglas, burocracia) como culturales (valores, identidad, liderazgo) y relacionales (vínculos sociales, adaptabilidad). El fortalecimiento simultáneo de estas dimensiones permite que los partidos superen la fragmentación, la volatilidad y la crisis de representación, consolidándose como organizaciones capaces de perdurar, representar intereses sociales y contribuir a la gobernabilidad democrática. En el marco de esta propuesta, la institucionalización de los partidos supone actividades y logros de objetivos, a mediano y largo plazo. Algunos de los indicadores de verificación de este proceso son:
1.La expansión territorial homogénea y la coordinación entre niveles locales y nacionales permiten que el partido funcione como una organización integrada y coherente, evitando la fragmentación y la volatilidad, lo que se da con la creación de estructuras locales estables con reglas claras fortalece la sistematicidad, la capacitación de cuadros territoriales garantiza la profesionalización y continuidad organizativa y la articulación entre niveles descentralizados y la dirección central facilita la coherencia estratégica y operativa.
2. La construcción de vínculos sociales para conectar a los partidos con sectores sociales y movimientos, lo que aumenta su legitimidad y capacidad de movilización. Estos vínculos no solo deben ser funcionales, sino que forman parte de la identidad y la cultura partidaria, lo que se consigue con las alianzas con organizaciones sociales permiten acceso a bases de apoyo estables, y la participación activa en actividades comunitarias fortalece la percepción pública y la diferenciación frente a otros partidos.
3. La definición y difusión de identidad ideológica. La claridad ideológica es esencial para la cohesión interna y la diferenciación externa. La institucionalización implica que los miembros compartan y asuman una identidad política común, lo que facilita la estabilidad y la continuidad, lo que se alcanza con la elaboración de un programa político consensuado orienta la acción y la comunicación, las campañas internas y externas refuerzan la identidad y el compromiso militante y el debate ideológico interno previene la fragmentación y fomenta la innovación política.
4. El desarrollo de liderazgo y renovación. La continuidad organizativa depende de la renovación democrática de liderazgos y de la formación de cuadros capaces de asumir responsabilidades. Es muy importante evitar la concentración personalista para fortalecer la institucionalización. Para ello se debe implementar mecanismos democráticos transparentes garantizan legitimidad y participación, impulsar la formación política y liderazgo colectivo y establecer límites temporales para cargos directivos promueven la renovación generacional.
5. La formalización funcional del partido. La formalización de normas y procedimientos son muy importantes para la coordinación, control y rendición de cuentas dentro del partido, para lo cual se debe consagrar Estatutos y reglamentos claros regulan la organización y la toma de decisiones, indicar un sistema de financiamiento transparentes aseguran la sostenibilidad y la autonomía del partido.
6. Desarrollo de adaptabilidad y aprendizaje organizativo. Este es un indicador fundamental para la supervivencia y la institucionalización. Los partidos deben aprender de experiencias pasadas y responder a cambios sociales y políticos para mantenerse vigentes. Para ello deben desarrollar evaluaciones periódicas permiten identificar fortalezas y debilidades organizativas y diálogo interno y debate externo.
Esta propuesta multidimensional de la institucionalización partidista como un proceso complejo que involucra tanto aspectos formales (estructuras, reglas, burocracia) como culturales (valores, identidad, liderazgo) y relacionales (vínculos sociales, adaptabilidad).
CONCLUSIONES
En el presente trabajo se ha desarrollado un análisis de la situación de los partidos políticos y del sistema de partidos en Bolivia, destacando la fragmentación y debilidad organizativa de la mayoría de las fuerzas políticas. De los 13 partidos registrados, solo dos -uno histórico y casi ya extinto, el MNR, y otro actual o vigente, el MAS-IPSP- muestran características cercanas a un modelo originario sólido, mientras que el resto exhibe limitaciones como baja expansión territorial, ausencia de respaldo institucional o social, falta de identidad ideológica clara y carencia de liderazgo carismático. Esta configuración partidaria ha dado lugar a un sistema partidario atomizado, con crisis de representación y dificultades para construir mayorías estables, lo que incide directamente en la gobernabilidad y la calidad democrática en el país.
La aplicación del modelo originario de partido de Angelo Panebianco a los partidos políticos vigentes en el marco de la normativa establecida por la Constitución Política de 2009 y las normas que se derivan de la misma, permitió identificar una situación partidaria que hace muy difícil que las organizaciones políticas se fortalezcan institucionalmente, es decir, desarrollen los elementos de partidos políticos sólidos, es decir, partidos con una expansión territorial ya sea centralizada o descentralizada o una combinación de estas características que le permita cubrir todo el territorio del Estado Plurinacional, un apoyo o patrocinio de sectores sociales significativos o de influencia social y política, una identidad clara y liderazgos duraderos y democráticos. Se ha constatado que la gran parte de los partidos carecen de por lo menos bases mínimas para desarrollarse como modelos de partidos sólidos.
Frente al modelo originario de partido débil que caracteriza a la mayoría de los partidos políticos de Bolivia, formulo una propuesta sistemática de institucionalización partidista inspirada en las ideas de Javier Duque Daza. Esta propuesta aborda seis dimensiones fundamentales: expansión territorial y sistematización organizativa; construcción de vínculos sociales estables; definición y difusión de una identidad ideológica clara; desarrollo democrático y renovación de liderazgos; formalización burocrática funcional; y capacidad de adaptación y aprendizaje organizativo. Con el diseño e implementación de esta propuesta se busca fortalecer la cohesión interna, el enraizamiento social, la legitimidad política y la capacidad de respuesta ante cambios, contribuyendo a la consolidación de partidos más sólidos y democráticos que puedan mejorar la gobernabilidad y la calidad del sistema político boliviano. Esta propuesta es integral y reconoce que la institucionalización es un proceso multidimensional que requiere simultáneamente transformaciones culturales, estructurales y relacionales entre los partidos políticos.
















