INTRODUCCIÓN
El maní (Arachis hypogaea L.) es uno de los cultivos de oleaginosas más importantes del mundo y esta situación se debe a su alto valor nutricional (grasas, proteínas, minerales y vitaminas), además el cultivo de esta fabácea permite generar empleo e ingresos para las familias productoras (Montero, 2020). En el Ecuador, las leguminosas, abarcan alrededor de 12 000 a 15 000 hectáreas, entre las que se encuentra el cultivo de maní (Durazno et al., 2023). En la provincia de Manabí las plantaciones de este cultivo se concentran en los cantones de Portoviejo, Tosagua, Chone, 24 de Mayo y parte de Rocafuerte. Donde se encuentran sembradas 9 000 ha. (Suárez et al., 2022).
Los niveles productivos del maní pueden verse seriamente afectados por problemas fitosanitarios ocasionados por enfermedades fúngicas; entre las que se destaca la cercosporiosis (Giordano et al., 2021), que probablemente es la enfermedad que se presenta con mayor intensidad en el cultivo en las regiones tropicales (Monguillot et al., 2020) y que es provocada por los hongos Nothopassalora personata, Cercosporidium personatum, Passalora arachidicola y Cercospora arachidicola (Barroco et al., 2021; Bakhshi y Zare, 2020; Monguillot et al., 2023).
Una de las estrategias de control comúnmente utilizadas para el manejo de esta enfermedad es la aplicación de fungicidas químicos; sin embargo, el uso inadecuado e indiscriminado de estos productos fitosanitarios, ha generado problemas de contaminación ambiental y resistencia de los fitopatógenos a los fungicidas (Stocco et al., 2019). Las aplicaciones de fungicida y las dosis mal calculadas ocasionan fallas en el control; a su vez, la falta de alternancia entre los grupos químicos se señala como una de las principales causas de generar resistencia por parte del fitopatógeno (Quevedo et al., 2018).
Actualmente no existen estudios recientes en la provincia de Manabí sobre la situación de Nothopassalora sp. y Passalora sp. afectando al cultivo de maní, enfermedad que provoca daños como la baja producción y por ende también pérdidas económicas. Además, se desconoce la eficacia que tiene cada uno de los fungicidas que pueden ser aplicados sobre el control de este fitopatógeno. Es importante que los agricultores tengan conocimiento de la resistencia de esta enfermedad a fungicidas, por lo tanto, el objetivo de este trabajo investigativo fue evaluar el efecto de una sola aplicación de fungicidas en el control de la cercosporiosis del maní.
MATERIALES Y MÉTODOS
Ubicación de la zona de estudio
La investigación se desarrolló en la época lluviosa desde el mes de febrero hasta junio del año 2024 en la carrera de Ingeniería Agrícola de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí Manuel Félix López, ubicada en el sitio “El Limón” del cantón Bolívar, provincia de Manabí, Ecuador. El experimento fue localizado geográficamente en las coordenadas Latitud sur: 0° 49' 23'', Longitud oeste 80° 11' 01'', y una altitud de 15 m s.n.m., con un promedio de 944.6 mm anuales de precipitación.
Metodología
Material vegetal
En esta investigación, se utilizó la variedad de maní INIAP 381-rosita, reconocida por su alto valor nutricional (grasas, proteínas, minerales y vitaminas).
Tratamientos
La distribución de los tratamientos evaluados fue la siguiente: T1: Carbendazim (3 mL L-1); T2: Trifloxystrobin + tebuconazol (3 mL L-1); T3: Sulfato de cobre pentahidratado (3 mL L-1); T4: Difenoconazol (2 mL L-1); T5: Clorotalonil (3 mL L-1); T6: Azoxystrobin + Tridemorph (3 mL L-1); T7: Testigo sin tratar. Los tratamientos se aplicaron a los 60 días posteriores a la germinación, cuando al menos el 20% de las plantas presentaban la presencia de la enfermedad.
Diseño estadístico
Se empleó un diseño de bloques completamente al azar (DBCA), unifactorial (A+1), con 4 repeticiones y 28 unidades experimentales de 20 m2 (4 x 5 m). El análisis estadístico se realizó con ANOVA y la prueba de medias de Tukey al 0.05.
Manejo específico del experimento
Las hileras estuvieron distanciadas a 1 m y las plantas a 0.20 m colocando 1 semilla por sitio, conformando parcelas de 20 m2. Se aplicó 50 kg de nitrógeno manualmente en la base de las plantas. Se regó por aspersión con una frecuencia de 2 a 3 días por semana según las necesidades hídricas y el tiempo de suministro de agua por día (3 horas), de acuerdo a las recomendaciones dadas por los especialistas en riego de la carrera de Ingeniería Agrícola.
Las arvenses fueron controladas manualmente con machete a los 15 días y con Imazethpyr (750 mL ha-1) a los 30 días post siembra. La cosecha se la llevó a cabo a los 115 días cuando las vainas estaban listas para ser cosechadas.
Registro de variables
Se registraron variables fitosanitarias y productivas en el estudio. Las variables fitosanitarias incluyeron la severidad de cercosporiosis por parcela, contabilizada en 5 hojas de cada 4 ramas en 5 plantas seleccionadas al azar por parcela, midiendo el porcentaje de afectación por hojas, a los 15 días antes de la aplicación y a los 8 y 15 días después de la aplicación (60 días antes de la aplicacion) de los tratamientos. También se calculó el porcentaje de incidencia, contabilizando el número de plantas enfermas en relación al número total de plantas evaluadas y se expresó el dato en porcentaje. Se midió la longitud de las plantas por parcela, el número de ramas, número de vainas, se pesaron 100 granos y las vainas en quintales por hectárea con una balanza para obtener datos de productividad en cada parcela y los totales.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Severidad de cercosporiosis
Los valores muestran que entre los tratamientos con fungicidas y en el contraste con el testigo, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas (p > 0.05), durante las tres evaluaciones realizadas (Tabla 1).
Tabla 1 Severidad de cercosporiosis en plantas de maní, 15 días antes de aplicación de fungicidas y 8 y 15 días después de aplicación.
En cuanto a la evolución temporal de la severidad, se evidencia que en la evaluación (15 días antes de la aplicación) se registraron los menores niveles de severidad en comparación al resto de evaluaciones antes de la aplicación realizada, mientras que la severidad alcanzó su valor máximo en la evaluación (8 días después de la aplicación), la cual se realizó a los ocho días después de la aplicación de los fungicidas. Posteriormente, en la evaluación tres llevada a cabo (15 días después de la aplicación), se observó una leve disminución de la severidad, pero aun así manteniendo niveles relativamente altos (Tabla 1).
De acuerdo a los resultados obtenidos en esta investigación los fungicidas no establecieron un efecto notable en la disminución de la intensidad de la cercosporiosis en el cultivo de maní; lo que pudo estar vinculado a diversos aspectos asociados a condiciones climáticas que favorecieron el desarrollo del fitopatógeno así como a aspectos intrínsecos propios del hongo como establece Oddino et al. (2018), o posiblemente a lo relacionado a las aplicaciones de los fitosanitarios, debido a que en este ensayo se esperó a que la enfermedad estuviera presente en gran parte de las plantas y solamente se efectuó una aplicación de los fungicidas con la intención de que el cultivo, reciba la menor cantidad posible de estos productos fitosanitarios.
Situaciones similares de baja efectividad de fungicidas al realizar una sola aplicación han sido evidenciados en otras investigaciones, como en el caso la enfermedad de la panícula sucia (dirty panicle disease) ocasionado por un complejo de hongos como: Alternaria padwickii (Ganguly) M.B. Ellis; Curvularia lunata (Wakk) Boedjin; Fusarium moniliforme J. Sheld; y Bipolaris oryzae (Breda de Haan) Shoem (Charoenrak y Chamswarng, 2016; Sunpapao et al., 2022). Obteniendo únicamente una disminución de severidad inferior al 30%, cuando se aplica una sola vez los fungicidas; sin embargo esta situación puede revertirse, como en el caso de azoxystrobin que disminuyó de forma considerable la intensidad de la enfermedad, al ser aplicada dos veces (Kongcharoen y Kaewsalong, 2020).
Incidencia de cercosporiosis
Según los resultados presentados, la incidencia de la enfermedad no fue influenciada de manera significativa (p > 0.05) por los diferentes fungicidas evaluados, no diferenciándose del testigo, durante las tres evaluaciones realizadas (Tabla 2).
Tabla 2 Incidencia de cercosporiosis en plantas de maní, 15 días antes de aplicación de fungicidas y 8 y 15 días después de aplicación.
En la primera evaluación (15 días antes de la aplicación) la incidencia de la enfermedad se manifestó de forma repentina, claro está que la severidad no estaba en niveles altos, mientras que en la tercera (8 días después de la aplicación) y cuarta evaluación (15 días después de la aplicación) la incidencia alcanzó el 100%, esto indica que todas las plantas presentaban al menos una mancha de cercosporiosis del maní en sus folíolos.
Otro factor de suma importancia que pudo haber disminuido el efecto de los fungicidas sobre el fitopatógeno fue el exceso de humedad existente durante el transcurso del experimento; tal como se demostró en un ensayo para control de la roya asiática de la soya, donde se estableció un ensayo con y sin simulación de lluvia, destacando que los tratamientos que recibieron humedad por medio de la simulación de lluvia, afectaron de forma negativa la eficacia de los fungicidas aplicados para controlar la roya de la soya, sobre todo cuando la humedad fue suministrada en horario nocturno (Stefanello et al., 2016).
Los resultados encontrados no son consistentes en relación al progreso de la enfermedad, dado que al realizar una aplicación de fungicidas con bajo volumen no se logra obtener una eficiencia en el control de la enfermedad, por lo que es considerable que las diferentes dosis de aplicación se las realicen en mayor número, para así alcanzar un mayor control mientras se realice la pulverización en condiciones climáticas adecuadas (Mur et al., 2018).
También se debe comentar que, el exceso de humedad incrementa de manera sustancial la cantidad de enfermedades foliares, por cuestiones de susceptibilidad y características climáticas asemejando lo reportado por Bisonard et al., (2020), quienes indican que los escenarios futuros apuntan a una mayor favorabilidad para la aparición de la cercosporiosis del maní en las principales regiones productoras. La relevancia de estos hallazgos es fundamental para los agricultores productores de este cultivo, ya que muchas veces invierten económicamente en insumos como los fungicidas desconociendo la eficacia de los mismos en el manejo y control de enfermedades, o incluso generando resistencia del patógeno y al final no tener interacciones productivas en rendimiento del maní coincidiendo con lo descrito por Oddino et al. (2018).
Los resultados obtenidos en la incidencia y severidad de la cercosporiosis del maní, son cercanos a los alcanzados por Enciso et al. (2021) quienes concluyeron que en los fungicidas probados no se observaron diferencias significativas entre los tratamientos, mostrando el mismo efecto sobre las variables, y además el Carbendazim uno de los menos efectivos para reducir la severidad e incidencia de la enfermedad. En relación a los porcentajes de enfermedad evidenciados a los 98 días después de la plantación se asemejan a los reportados por Daudi et al. (2021), en el que la enfermedad alcanzó el 100% de infección en el rango de 85 a 105 días de la cercosporiosis del maní.
Efecto en variables agronómicas
La altura de planta y número de ramas por planta, no fueron influenciados significativamente (p > 0.05) por los fungicidas utilizados. En cuanto al número de ramas se obtuvieron medias en un rango de 5.30 hasta 5.95. Mientras que en la altura de planta se determinaron medias entre 108.13 cm y 130.10 cm. Esto sugiere que los fungicidas aplicados no tuvieron un efecto estadístico diferente en comparación al control sobre estas variables agronómicas (Tabla 3).
Efectos en variables de productividad
De acuerdo al análisis de varianza para las variables número de vainas, peso total de vainas, peso de 100 granos y peso total de granos, se comprobó que no existieron diferencias significativas (p > 0.05) tanto entre tratamientos como en el contraste con el testigo. Estos resultados mantienen una relación con lo obtenido en los aspectos fitosanitarios, donde ninguno de los tratamientos presento diferencias entre ellos y tampoco fueron superiores al testigo (Tabla 4).
Una de las condiciones por lo que se incrementó la enfermedad más de lo esperado se debió a la gran humedad en el área experimental, cuando el follaje del cultivo de maní se extendió y brindo más sombra de lo normal, que concuerda con el tamaño de las plantas ya detallado, alcanzando medias con valores más de lo normal (entre 100-130 cm) de lo visto en otras variedades de maní como la investigación realizada por Garcés et al. (2014), en el que las plantas no superaban una altura de 34 a 66 cm de promedio. Además, el rendimiento de los granos se observan valores inferiores en comparación a lo que reportado por Garcés et al. (2014), quienes alcanzaron rendimientos de hasta 14 q ha-1 en Quevedo, Ecuador, al evaluar variedades comerciales como el maní rosita.
CONCLUSIONES
Para concluir, se ha demostrado que no es recomendable realizar una sola aplicación de los fungicidas para pretender controlar la cercosporiosis del maní ya que resulta no efectiva. Además, estos hallazgos requieren atención para así establecer un mejor manejo en cuanto al uso de fungicidas químicos, con el fin de desarrollar estrategias más eficaces. De esta manera, se podrá optimizar el control de la cercosporiosis del maní y minimizar el riesgo de resistencia del patógeno.
















