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Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura

versión impresa ISSN 2306-8671

Rev. aportes de la comunicación  no.29 Santa Cruz de la Sierra dic. 2020

 

ARTÍCULOS CIENTÍFICOS E INVESTIGACIONES

 

CIDAC y Artecampo: Primero, las artesanas.

40 años de una experiencia de desarrollo social y recuperación cultural, en Santa Cruz, Bolivia.

 

CIDAC and Artecampo: the artisans first and foremost.

40 years of an experience in social development and cultural recovery, in Santa Cruz, Bolivia.

 

 

Malena Vaca Sotomayor
Boliviana, Historiadora del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en el CIDAC en los años 90. Vinculada a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, trabajó en Latinoamérica, África y Asia. Es Responsable de Programas de Cooperación para el desarrollo en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Santa Cruz. malena.vaca@aecid.es
El autor declara no tener conflictos de interés con la Revista APORTES.
Fecha de recepción: 20 de mayo 2020 Fecha de aceptación: 10 septiembre 2020

 

 


Resumen

Entre 1980 y 1983, Ada Sotomayor y Laura Zanini recorrieron el departamento de Santa Cruz en Bolivia, inventariando y estudiando la producciónn artesanal indígena y campesina. Los resultados de la investigación evidenciaron un proceso de deterioro y progresiva desaparición de la misma. En 1985, iniciarían desde el Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Cooperación Cooperativa, (CIDAC), una experiencia integral de desarrollo social y recuperación cultural con mujeres guarayas, isoseño- guaraníes, chiquitanas, ayoreode y de comunidades interculturales. Desde una concepción del desarrollo que vincula la preservación y vitalidad de la identidad cultural al bienestar espiritual y material de los pueblos, CIDAC inició un trabajo coordinado y sistemático entre el campo y la ciudad, destinado a mejorar la vida de las artesanas indígenas y campesinas y sus comunidades. Esta iniciativa tendría, una importante repercusión en la urbe cruceña, que recuperaría, revalorizaría y se apropiaría de sus raíces culturales. Resultado de este trabajo, se ha preservado y desarrollado el patrimonio artesanal del departamento y otorgado valor a modos de vida y conocimientos ancestrales, beneficiando al medio rural y enriqueciendo el urbano. Cientos de mujeres indígenas y campesinas han mejorado su posición en la familia y la sociedad; y han sido protagonistas de un rico dialogo intercultural. Al mismo tiempo, el trabajo de CIDAC y Artecampo ha contribuido a visibilizar la riqueza del patrimonio artesanal de la región, hasta entonces desconocida, en el ámbito nacional.

Palabras claves: Artesanía, arte originario, patrimonio, identidad cultural, desarrollo social, comercio justo.


Abstract

Between 1980 and 1983, Ada Sotomayor and Laura Zanini toured the department of Santa Cruz in Bolivia, surveying, inventorying and studying indigenous and peasant craft production. The results of their research showed a process of deterioration and progressive disappearance of the knowledge and practice of ancestral craftsmanship. In 1985, they started the Center of Investigation, Artisan Design and Cooperative Cooperation (CIDAC) an integral experience of social development and cultural recovery with Guarani, Iso-Barani, Chiquitano, Ayoreode and women of intercultural communities. From a conception of development that links the preservation and vitality of cultural identity to the spiritual and material well-being of the people, CIDAC began a coordinated work between the countryside and the city. The aim was to improve the lives of indigenous and rural women artisans and their communities. This endeavor had an important impact on the Department of Santa Cruz which recovered, revalued and owned its cultural roots. As a result of this project, the Departments artisanal heritage is being preserved and has flourished, giving value to ancestral ways of life and knowledge, benefiting and enriching both rural and urban environments. Hundreds of indigenous and rural women have improved their position in the family and society and have been the protagonists of a rich intercultural dialogue. At the same time, the work of CIDAC and Artecampo has contributed to visibilize the richness of the region's artisan heritage, previously unknown, at a national level.

Key words: handicrafts, indigenous art, cultural heritage, cultural identity, social development, fair trade.


 

 

Introducción.

El arte originario y popular cruceño: de una muerte anunciada, al desarrollo actual

Hace 40 años, cuando lo que más tarde sería el Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa, CIDAC, inició su trabajo; lo que quedaba del patrimonio artesanal cruceño languidecía en el campo, víctima de una doble marginación (Sotomayor, 1987). Por un lado, por el desconocimiento de la población urbana que ignoraba o menospreciaba la tradición artesanal de su propia tierra y por otro; por los mismos indígenas y campesinos, profundamente afectados por el desprecio general hacia lo suyo. A la urbe solo llegaban algunos objetos de uso doméstico, como las hamacas o los sombreros de palma traídos por los intermediarios, que los canjeaban a los artesanos por baratijas o un poco de alcohol. Las 5 tiendas de artesanía (Sotomayor, 1987) que para entonces existían en la ciudad de Santa Cruz, vendían en un 90% productos del occidente de país. En la ciudad se podía encontrar solo a unos pocos torneros de guayacán, junto a un puñado de talabarteros.

La rica tradición artesanal misional parecía haber desaparecido casi por completo, dejando solo como evidencia de su existencia, algunas bellas piezas de museo.1

Mucho camino se ha recorrido desde entonces.

Hoy, al poner un pie en la tienda de Artecampo, la Asociación de Artesanas del Campo, es inevitable sorprenderse por la vitalidad, la riqueza y la calidad del arte originario y popular cruceño, ahí expuesto con cuidado exquisito.

No es casualidad que, a lo largo de los años, artesanas de Artecampo hayan sido repetidamente premiados por la calidad y valor estético de sus obras2 . O que hayan desplegado impresionantes exposiciones en prestigiosos museos nacionales e internacionales3. O que el paso por la tienda de Artecampo sea elemento invariable de visitas de personajes ilustres; desde Jefes de Gobierno extranjeros, a miembros de la realeza a su paso por Santa Cruz, cuando se busca mostrar algo digno del orgullo regional.

Ada Sotomayor de Vaca, fundadora y directora del CIDAC, junto a la artesana Catalina Aramayo, tejedora guaraní isoseña.

 

Igual de llamativo y representativo del camino recorrido hacia un desarrollo de base que no tiene marcha atrás, es ver a las ceramistas de Cotoca, las bordadoras de Los Tajibos o las tejedoras isoseño- guaraníes, apropiadas y conscientes de su calidad de creadoras; de su estatus de artistas. U oírlas discutir en sus asambleas anuales, sobre los logros de su organización que, contra viento y marea, ha conseguido consolidarse y alcanzar la sostenibilidad de su comercialización en la ciudad, convirtiéndose en un caso de éxito. De esos que merecen un detenido estudio para obtener lecciones que puedan apoyar iniciativas similares.

El Origen: ¿Qué es lo que hizo posible todo esto?

Lo que ha sido a lo largo de los años y es hoy Artecampo, es fruto de una visión y una estrategia de desarrollo integral de largo alcance, concebida por CIDAC y desarrollada mano a mano con las artesanas, bajo el liderazgo de Ada Sotomayor de Vaca, fundadora de CIDAC y promotora de Artecampo4. Una estrategia que contó en su momento con el apoyo de colectivos y personas que creyeron en ella y contribuyeron a hacerla posible.

Arropadas por la Cooperativa Cruceña de Cultura5, que en los años 80 reunió a un grupo notable de intelectuales y artistas interesados en el estudio del desarrollo local, la identidad y la cultura; Ada Sotomayor y Laura Zanini, recorrerían el campo cruceño entre 1980 y 1983, investigando y recopilando los vestigios de tradición artesanal que aún subsistían. Se encontrarían con un panorama desalentador “No quedaba prácticamente  nada  de las  antiguas  producciones  artesanales  organizadas por los jesuitas y la producción de las comunidades indígenas era muy  reducida.  La  invasión  de productos industrializados que desarticulaban la producción local, la creciente dificultad para la provisión de materia prima aborigen, el éxodo a la urbe, los enganches y la doble intermediación de los comerciantes, rescatadores de artesanía a bajo precio y proveedores de bienes de consumo, habían afectado seriamente la producción artesanal…”. (Vaca y Pita, 1996). De no tomar las acciones adecuadas a tiempo, todos esos modos de conocimiento ancestral, plasmados en la tradición artesanal languideciente, desaparecerían irremediablemente.

El factor cultural: tendiendo puentes

“Debo agradecer a mi destino por haberme permitido nacer en una familia de tejedoras que manejan la sabiduría del sumbi (tejido)…lo llevo con respeto y devoción porque sé que es una cosa que viene de allá, de donde no estamos nosotros…”

Mary Morales, Asociación de tejedoras Sumbi Regua, Izozog

Desde una concepción del desarrollo que vincula indisolublemente la  preservación  y  vitalidad de la identidad cultural al bienestar espiritual y material de los pueblos, Ada Sotomayor se planteó una estrategia de  desarrollo integral   destinada a mejorar la vida de las artesanas indígenas y campesinas y sus comunidades, que tendría, además, una importante repercusión en la urbe cruceña y terminaría impactando a nivel nacional.

En esta publicación de 1987, Ada Sotomayor hace un diagnóstico de la situación de la artesanía, explica la tarea del CIDAC en sus primeros años y esboza políticas y estrategias para su preservación y desarrollo.

El medio para conseguirlo sería la investigación, la recuperación, el desarrollo y la dignificación de la artesanía, y el reconocimiento de las artesanas como herederas, creadoras y transmisoras de cultura. Esto se conseguiría, promoviendo la organización de las artesanas y una comercialización justa y solidaria de sus productos, que tuviera en los propios cruceños y bolivianos a sus orgullosos destinatarios.

Poniendo en el centro a las artesanas, Ada concibió al Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa, CIDAC, como una institución multiservicio capaz de tender un puente solidario entre el campo y la ciudad. A través de este puente, se descubrirían e intercambiarían saberes para el beneficio mutuo de ambos mundos: el rural y el urbano.

Los grupos indígenas e interculturales se beneficiarían del apoyo a la organización, la capacitación para la mejora y persificación artesanal, la gestión de sus actividades productivas, y los ingresos justos y sostenibles que se obtendrían cuando la producción artesanal alcanzara las cualidades necesarias para conquistar mercados. Estos ingresos mejorarían la situación de las mujeres y sus familias y éstas, como resultado de sus procesos organizativos y de fortalecimiento de capacidades, mejorarían su posición en el ámbito público y privado.

La urbe, en contrapartida, redescubriría el patrimonio cultural regional y con ello fortalecería su identidad, en un momento de expansión demográfica y económica, en que estas preocupaciones empezaban a tomar cuerpo y era necesario buscar referentes y respuestas.

Pero el trabajo planteado por CIDAC, iba aún más lejos: significaba enfrentarse con una situación de pobreza que no estaba ligada solo a las condiciones materiales, sino a la continua descalificación y no reconocimiento de los valores de los pueblos indígenas y campesinos. Hacerlo permitiría poner en  evidencia  esta  situación  de  marginalidad y exclusión y trabajar no solo en pos de ingresos económicos, sino también en el ejercicio de los derechos de ciudadanía de los pueblos del Oriente Boliviano. (Ranaboldo, 2000).

Hamaca Guaraya de hilo de algodón tejida en telar vertical

Los primeros pasos institucionales

El reto se planteaba imponente: se trataba de transitar un camino inédito en Bolivia, puesto que las iniciativas de desarrollo artesanal existentes hasta entonces se habían circunscrito a la zona andina y los valles, regiones con una riqueza cultural de potencia innegable, expresada en un arte originario y popular de gran variedad, belleza y expresividad. Por otro lado, muchas de las comunidades donde se encontraban las mayores potencialidades para el desarrollo artesanal cruceño, eran de muy difícil acceso en aquel entonces. Por último; las dificultades para entenderse y construir un proyecto en común con artesanas indígenas de 5 etnias diferentes, en una lengua extraña para ellas, y articulando lógicas muy distintas; si no contradictorias; haría necesaria una convivencia muy cercana y, al menos al comienzo, la búsqueda de intérpretes que pudieran, también, “tender puentes”, para facilitar el acercamiento, la creación de lazos de confianza y el trabajo posterior.


Mujer ayoreode tejiendo bolsos con fibra de Garabatá.

La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia distinguió a Ada Sotomayor de Vaca (+) y a la Asociación de Artesanas de Artecampo por su gran aporte a la Cultura Nacional (2017). Miembros de la Directiva de Artecampo y de la Directiva del CIDAC recibieron las distinciones.

 

Con un apoyo inicial de Cordecruz y el financiamiento de la Inter American Foundation, El CIDAC iniciaría su trabajo en 1985 en tres comunidades y abriría su centro de comercialización cooperativa en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en un pequeño espacio alquilado, de lo que hoy se conoce como la “tapera”6 de Artecampo. Paulatinamente, y gracias al trabajo sostenido de un pequeño grupo de profesionales, que constituía el núcleo del CIDAC, el número de beneficiarias se incrementaría por crecimiento espontáneo hasta alcanzar 500 mujeres, de 33 comunidades, en 1993.

Los beneficios eran palpables para las artesanas y eso atraía a amigas y parientes de las pioneras. Pronto, nuevas comunidades quisieron sumarse al comprobar cómo el trabajo organizado y solidario entre el campo y la ciudad, podía impactar sus vidas.

Consecuentemente con su visión institucional, CIDAC basó su actuación en un principio claro: primero, las artesanas. Todo el trabajo estuvo destinado a fortalecerlas como inpiduos y asociaciones. Con ello se buscaba, en primer lugar, la mejora en sus condiciones de vida. Paralelamente, se impulsó sistemáticamente la mejora paulatina de sus técnicas y diseños hasta alcanzar una calidad notable, que les permitiera acceder al mercado. Gracias a la puesta en marcha de fondos rotativos de producción  7   pertenecientes a las asociaciones, las artesanas recibían un pago justo, acordado por ellas, al entregar su producción terminada. Eso las liberaba, tanto de los intermediarios y sus abusos, como de la necesidad de vender primero el producto, para obtener el pago. En un momento en que los ingresos por la artesanía eran en muchas comunidades los únicos ingresos monetarios en la familia8, la garantía de un ingreso seguro por el trabajo artesanal constituyó una fuente de seguridad y autoestima en las mujeres y motivo de reconocimiento y respeto en las comunidades.

“El conjunto de cambios (en las artesanas) tiene que ver con el desarrollo de la autoestima y la capacidad de iniciativa, la autonomía en la toma de decisiones, la administración de sus recursos y su tiempo, un posicionamiento más favorable en las relaciones de pareja y la incursión en la vida pública.”

Ada Sotomayor, fundadora y directora de CIDAC

      

 

Artesanas de Artecampo reunidas en su Encuentro Anual junto al equipo técnico del CIDAC (Vallegrande, enero 2020)

Sin embargo, CIDAC se percataría pronto de que la situación de pobreza y abandono en el campo exigía de otras acciones y que la organización a partir del trabajo artesanal podía ser un medio para canalizar iniciativas complementarias de mejora de las condiciones de vida de las artesanas y sus familias. Se impulsarían entonces, a través de la creación de los “Fondos Sociales”, iniciativas solidarias de construcción y mejora de vivienda, la creación de fondos de salud o de crédito agrícola, la organización de cooperativas de abastecimiento de bienes de difícil acceso en el campo; y algo que hasta hoy constituye un rasgo distintivo de las asociaciones: la promoción del hábito del ahorro.

En 1997, las artesanas sumarían 900 y el trabajo de CIDAC abarcaría 49 comunidades. En el año 2006, las artesanas sumarían 1,300 en 64 comunidades, alcanzando el pico más alto de crecimiento de la organización.

Las ventas crecerían sostenidamente desde el momento de la apertura de la tienda. El público cruceño acompañaba y animaba el desarrollo de Artecampo adquiriendo sus productos, dándole una notoria cobertura de prensa a sus actividades y distinguiendo el mérito de CIDAC con importantes galardones9. Pronto empezarían a reproducirse los redescubiertos motivos identitarios en diseños de alta costura, el interiorismo local, persas expresiones plásticas en el marco del Carnaval, la Fiesta Grande de los Cruceños, y otras muchas manifestaciones del entusiasmo con que el medio urbano acogió este resurgimiento de la herencia cultural olvidada o desconocida hasta entonces.

Finalmente, pronto la artesanía cruceña sería demandada en La Paz. Una impactante exhibición de Artecampo en el Museo de Arte de La Paz, merecería un reportaje de 9 páginas a color en el diario paceño de mayor circulación, sellando así la cálida bienvenida del público paceño, que descubriría con asombro de este modo, que “los cambas” también tenían un patrimonio cultural del cual sentirse orgullosos.

La creación de Artecampo, la Asociación de Artesanas del Campo

En el interín de este proceso y como el mayor hito en el mismo, en 1987 se crearía Artecampo, la Asociación de Artesanas del Campo, como organización regional que aglutinó a todas las asociaciones locales que iban surgiendo. Nacería como resultado de un proceso de apoyo a la organización y diálogo intercultural entre los distintos grupos, impulsado por CIDAC. Las nacientes asociaciones locales, tomarían conciencia de la comunidad de sus intereses por encima de sus diferencias etnoculturales y se unirían para conformar una organización que las representara, y partir de la cual estructurar planes y proyectos propios.

Para facilitar los procesos de organización, capacitación y producción,  se construirían  los Centros de Capacitación Múltiple10 en las provincias y se iniciarían los Encuentros Anuales de Artecampo. En estos encuentros  se darían cita artesanas guarayas, chiquitanas, isoseñas, ayoreode y de otras comunidades interculturales, que en 5 lenguas distintas unirían voluntades y decisión, para llevar adelante una iniciativa que, al margen del mejoramiento económico, les daría una oportunidad para fortalecerse inpidual y colectivamente y ganarse un espacio propio.

“Cada vez festejamos que es un logro lo que hemos obtenido en la comunidad; somos capaces de decidir por nuestra cuenta y somos tomadas en cuenta por las autoridades … nos hemos parado fuerte para hacernos respetar...”

Asociación de Bordadoras de Los Tajibos

Los testimonios de las artesanas de entonces hablan del descubrimiento de sus potencialidades, de su crecimiento personal, de su paulatina autonomía económica, del conquistado respeto en el hogar y fuera de él, y del creciente orgullo por lo conseguido por sus asociaciones. Pocos años después de sus inicios, Artecampo empezaría a acumular los reconocimientos nacionales e internacionales que consolidarían su prestigio, basado en sus logros sociales y su producción de elevada calidad y belleza.11

El camino recorrido

Hasta aquí se ha trazado un recorrido a vuelo de pájaro, de lo que fue el nacimiento de CIDAC y Artecampo; el espíritu y la visión que los animó y los logros obtenidos en sus primeros años. Ahora haremos un repaso del camino recorrido en los distintos ámbitos de acción en los que CIDAC interactuó con Artecampo y el medio circundante.

En el ámbito de la investigación

La ceramista Olga Ribera, capacitando a las artesanas de Cotoca en la mejora de la calidad y la introducción de nuevos diseños, a partir de sus técnicas tradicionales.

Como hemos comentado anteriormente, fue una investigación, el Diagnóstico de la Artesanía Cruceña, realizado entre 1980 y 1983, lo que daría origen al CIDAC. Esta investigación, mostró con claridad que para establecer las bases de una relación sólida y de largo aliento, era necesario seguir indagando en la doble vertiente social y técnica. Después del levantamiento e inventario de la producción artesanal que subsistía en las comunidades, se analizaron las técnicas y formas artesanales que perduraban y se procedió a apoyar a los núcleos de producción subsistentes. Superada esta primera tarea, se investigó el universo simbólico e iconográfico de la producción artesanal y los distintos materiales autóctonos, para la mejora y persificación de un amplio espectro de producción ligado a la cultura de las comunidades, que pudiera responder, al mismo tiempo, a las necesidades de consumo de la ciudad (Vaca y Pita, 1996).

Paralelamente a la investigación  “técnica”, se estudiaron las formas originales de estructuración social y del trabajo para partir de ellas a la hora de apoyar los procesos organizativos, que fueron distintos en cada una de las comunidades.

En la consolidación de la organización

CIDAC contempló desde el primer momento el apoyo a la formación de una estructura organizativa departamental de los artesanos, como uno de sus objetivos principales.

“He aprendido muchas cosas sin ir a un colegio, solo con estar en mi asociación bien organizada. Nos capacitamos en contabilidad con una beca que nos dio CIDAC y volví a nuestra comunidad como responsable de nuestro centro de exposición y ventas...”

María Jesús Velarde, Tejedora de palma Jipi Japa, Asociación Ichilo

Piezas de cerámica decoradas con relieve escultórico y engobe, representando la flora y fauna local, realizadas por Tiburcio Mborobainchi, escultor guarayo.

Angelito tallado en madera en un diseño de inspiración misional, obra de los talladores de San Miguel de Velasco

El germen del esfuerzo organizativo plasmado en Artecampo empezó, sin embargo, en las comunidades locales. Fue ahí donde CIDAC empezó su trabajo con pequeños grupos de mujeres. Hortensia Ayala de Fernández, en su artículo: Arte y desarrollo en las comunidades: Adita, un  método  de  vida, recoge lo que ella entiende como el método de trabajo de CIDAC. Se refiere así, al talante del acercamiento a las comunidades: “La intervención de Adita fue muy respetuosa con las costumbres y manera  de  ser  de las personas, en ningún momento interrumpe el diario vivir de la mujer campesina o indígena. No  tenía ninguna prisa, no llegó a las comunidades a alterar situaciones, sino llegó a escuchar y a invitar a construir”. Adita “Convoca a las mujeres a hablar de sus necesidades, de cómo  conciben el mundo, el país,  su comunidad y la  familia; y desde esta cosmovisión  de desarrollo se propone trabajar con ellas…Es así que surge un proyecto del diálogo entre mujeres” (Ayala, 2017, pag. 41 y 42).

“Creo que el principal factor de éxito del trabajo con las artesanas es el  habernos  acercado  a  ellas con respeto para apoyarlas en la creación y fortalecimiento de sus propias organizaciones”

Ada Sotomayor, fundadora y directora de CIDAC

Resultado de este diálogo intercultural, se conformarían grupos organizados de mujeres para la recuperación del trabajo artesanal. Éstos crecerían orgánicamente hasta convertirse en las 12 asociaciones locales que hoy conforman Artecampo.

La estructura de las asociaciones respondió, en cada caso, a las características culturales, sociales y de producción de cada comunidad o grupos de comunidades. Los rasgos sociales de las asociaciones guardan semejanza con las de estructuras cooperativas, sin llegar a serlo.

En la lógica de trabajo de CIDAC era imposible aislar la producción artesanal del entorno socio económico en la que ésta se produce. Ese entorno era de pobreza, explotación y exclusión; en especial para las mujeres. La organización para el trabajo artesanal ampliaría sus miras: surgirían así los fondos sociales de mejora de vivienda y salud, crédito agrícola, recuperación y renovación de recursos naturales; así como las tiendas comunales a las que ya nos hemos referido.

Móviles de cerámica que reproducen la flora y fauna local, elaborados por los jóvenes guarayos del Taller experimental.


Artesanas de Los Tajibos exhiben sus piezas bordadas, con ocasión de una visita de la Fundación Interamericana.

Grupo de artesanas de Artecampo, junto a Ada Sotomayor (fundadora y directora del CIDAC) e Irene Pita, que la sucedería en la dirección de CIDAC durante el periodo julio 2017-julio 2020

María Choré, presidenta de la Asociación de artesanas de Lomerío, explica los avances de su asociación en una de las Asambleas anuales de Artecampo.

Durante los largos años que estas iniciativas sociales se mantuvieron, fueron un elemento importante de cohesión interna de las asociaciones que, a su vez, impulsaron en las mujeres procesos de valoración y autovaloración de sus roles y aportes en la familia y la comunidad.

Unido al proceso descrito de formación y consolidación de las Asociaciones locales de artesanas, correría el proceso de formación y consolidación de Artecampo como organización matriz de las mismas a nivel departamental, que ya hemos descrito con anterioridad.

En el fortalecimiento de las capacidades

El fortalecimiento y desarrollo de las capacidades de las artesanas y sus asociaciones, ha sido transversal al trabajo desarrollado por CIDAC en sus distintos ámbitos de acción.

“Antes no conocíamos el valor de nuestro trabajo. Un kilo de azúcar, dos jabones, una botella de aceite, era suficiente para entregar la hamaca”.

N. Cuñaendi. Tejedora guaraya

Jesús Méndez (izq) y Eduardo Aguilar (der) artesanos talladores de San Miguel de Velasco, mostrando sus obras.

Parte del trabajo se ha centrado en entregar a las artesanas los conocimientos e instrumentos para poder manejarse en sus relaciones con el medio urbano, sin perder su identidad y estableciendo relaciones menos desiguales. Ha sido necesario “traducir” una lógica ajena y enseñar cálculo y contabilidad en sistemas también ajenos, pero cuyo desconocimiento posibilitaba el engaño y el despojo. Se ha insistido mucho en la capacitación en sistemas de organización y gestión para hacer realidad los procesos autogestionarios de la producción y comercialización (Vaca y Pita, 1996).

Pero junto a esto, se han fomentado procesos comunitarios de enseñanza aprendizaje en los que las ancianas o artesanas expertas han transmitido técnicas a las artesanas más jóvenes o a los nuevos miembros de las asociaciones. Los puentes de colaboración tendidos han propiciado, también, los intercambios técnicos interculturales. Expertas tejedoras guarayas, han enseñado a sus pares isoseño-guaraníes a mejorar los acabados de sus hamacas y tapices; mientras bordadoras de Los Tajibos han formado a las, hoy eximias, bordadoras chiquitanas; sin olvidar que fue una ecuatoriana, tejedora de paja toquilla, quien enseñó a las tejedoras de palma del Ichilo a fijar los colores que hoy embellecen sus variadas piezas.

Artistas bolivianos y extranjeros han aportado, también, en la mejora y persificación de las técnicas y diseños artesanales, ampliando la gama de productos y creando esa mezcla de innovación y tradición que caracteriza a Artecampo12

En la recuperación de técnicas y diseños y el desarrollo de nuevos productos

“En cada tejido, en cada bordado, escribimos nuestra historia colectiva y expresamos nuestras esperanzas…”

R. Bautista, Asociación de Tejedoras Sumbi Regua, Izozog

Conservar y desarrollar la tradición artesanal indígena y campesina en sociedades en proceso acelerado de cambio, como las nuestras, solo es posible si la integramos en nuestro modo urbano de vida.

En décadas de trabajo, CIDAC  y  Artecampo han conseguido revivir  una  parte  importante  de la producción artesanal regional. Las bolsas de garabatá y los tallados  en  madera  ayoreode, las hamacas atadas guarayas, los tejidos con diseños simbólicos del Isoso, la cerámica de tradición precolombina de Cotoca, los chuses y caronas Vallegrandinos con diseños  simbióticos de las culturas quechua y Chané, han vuelto a ser presencia entre nosotros, retomando su función utilitaria o transformándose en objeto de ornato… (Vaca y Pita, 1996, pág. 25)

Pascuala Peña, encargada de Producción de Lomerío, participando en la Asamblea Anual de Artecampo en Vallegrande (enero 2020)

Artesana de Isosog con un tapiz de estilo Kara-karapepo (diseños geométricos)

Después de la recuperación de la artesanía autóctona, CIDAC abrió el cauce a la adaptación y mejora de las técnicas y diseños que expresan las nuevas realidades de las comunidades en su relación con la urbe. CIDAC no solo recuperó las antiguas técnicas, simbologías y diseños y embelleció nuestras casas con ellas; sino que partió de éstas para crear nuevos productos que abrieran un mercado para las artesanas. De las hamacas isoseñas nacieron los tapices; de las hamacas guarayas; los inpiduales de mesa, bolsos y cinturones. Las bomboneras de palma jipijapa se tiñeron de colores y tomaron formas de frutas, aves y otros animalillos.

También se experimentó con materiales nuevos y se crearon nuevas líneas de producción no tradicional, donde no había ninguna tradición que rescatar, pero existían grupos de mujeres dispuestas a iniciarse en el trabajo artesanal. En ocasiones, como en el caso de la comunidad de Los Tajibos, se introdujo una nueva técnica; pero es la vida de la comunidad la que cada artesana representa, en personalísimo estilo, en sus tapices o cuadros. En otros casos, como el de Cotoca; se partió de una antigua técnica dominada por el grupo, perfeccionándola y aplicándola a la producción de nuevas formas.

Esta ha sido la estrategia que ha permitido, a lo largo de casi cuatro décadas, preservar y desarrollar la tradición artesanal. Gracias a ella, las artesanas encuentran la satisfacción del trabajo reconocido y justamente remunerado y nosotros; el disfrute   y goce estético de expresiones plásticas en las que reconocemos vivas, nuestras raíces.

En la comercialización

La tienda de Artecampo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, no es una tienda cualquiera. Para empezar, es de propiedad de las artesanas. Ellas deciden en diálogo con CIDAC, los precios de sus productos y los márgenes de comercialización que se aplicarán. Los visitantes son frecuentemente atendidos por las propias artesanas, que se turnan para establecer comunicación directa con los compradores. Todos los ingresos por comercialización vuelven íntegramente a las artesanas y sus asociaciones, para continuar alimentando los fondos rotativos de producción.

Artesanas de la directiva Artecampo: Luisa Avalos, Elva Montaño, Claudia Opimí y Rosario Araúz, entre otras, junto a Irene Pita, directora de CIDAC Y Malena Vaca, miembro del directorio de CIDAC, durante el Encuentro Anual de Artecampo en 2017.

La comercialización es el eslabón clave de la sostenibilidad de Artecampo. La vitalidad de la producción artesanal sólo es posible asegurando un mercado sólido para sus productos. Se ha creado y consolidado un mercado local y nacional con este fin, siguiendo la política de hacer de cruceños y bolivianos los destinatarios de este renacimiento artesanal.

Se ha incursionado poco en el mercado internacional; por las dificultades para la exportación y porque éste requiere de cantidades de productos que los artesanos no pueden asegurar, junto a una homogeneidad del producto que no es natural al trabajo hecho íntegramente a mano.

Bomboneras tejidas en palma de Jijipapa de Buena Vista.

Crear un mercado local ha conllevado una tarea “educativa”. Se han expuesto las obras de los artesanos en entornos físicos acordes a la dignidad de éstas; de ahí las exhibiciones en galerías de arte y museos, junto al cuidado montaje de la tienda de Artecampo. Por otro lado, la narrativa de comercialización valoriza los conocimientos tradicionales y los procesos creativos y productivos expresados en la artesanía. También subraya el carácter social y autogestionario de Artecampo. Finalmente, se personaliza la obra de cada artesano, que lleva siempre incluida una etiqueta con su nombre y el de su comunidad.

La calidad y persificación permanente de los productos de Artecampo, ha sido clave para la creación de un mercado como el local, que demanda variedad e innovación. El esfuerzo puesto en la persificación de los productos tradicionales y en los incentivos a la calidad, ha implicado un importantísimo apoyo técnico por parte de CIDAC.

CIDAC, lejos de recibir algún ingreso por las ventas de Artecampo, subsidió la comercialización durante sus 10 primeros años de vida, con apoyo externo. Este apoyo se fue retirando paulatinamente, a medida que la comercialización se iba acercando a la sostenibilidad financiera, hasta conseguirla. Éste es un logro del que Artecampo y CIDAC están muy orgullosos.

En el empoderamiento de las mujeres

El 95% de los artesanos asociados en Artecampo son mujeres. Esto define a la organización y explica los importantes cambios a nivel inpidual y colectivo que han experimentado las artesanas en su desarrollo personal, organizativo y productivo.

La artesanía es casi exclusivamente un trabajo femenino. Como tal, había sido considerada siempre un trabajo de segundo orden; una extensión del rol reproductivo que, junto a los trabajos domésticos y el cuidado de la familia, era “cosa de mujeres”. Al inicio del trabajo de CIDAC, parte importante de la producción artesanal era de autoconsumo y no reportaba ingresos; o bien era intermediada en condiciones muy desventajosas para las artesanas, que recibían migajas por su trabajo. El poco dinero obtenido, raramente era administrado por las mujeres. El trabajo artesanal no tenía ninguna consideración social y en el imaginario de las mujeres, éstas deseaban para sus hijas cualquier otro oficio que no fuera el artesanal.

Organizarse para el trabajo no fue fácil. Las mujeres tuvieron que vencer muchas barreras. Primero, las suyas propias: la baja autoestima, el temor a salir del ámbito doméstico y el miedo a incursionar en algo nuevo. Luego; las impuestas por el marido y las autoridades comunales, recelosas de que las mujeres se organizaran y se atrevieran a opinar con voz propia.

“Antes no podría siquiera expresar mis ideas o charlar con una persona de la ciudad; ahora  me he dado cuenta que todos somos iguales; tampoco sabía ni siquiera ordenar mis números para sumar… pero ganar mi propio dinero con mi trabajo fue el cambio más fuerte, porque ya no iba a depender de mi marido…”

Claudia Opimí vicepresidenta de Artecampo

La historia de Artecampo está plagada de testimonios de superación y rebeldía en la lucha por flexibilizar los roles de género imperantes en la familia y la comunidad, y avanzar hacia la autonomía económica y la participación. Las mujeres se organizaron, alcanzaron la maestría técnica en su trabajo, aprendieron nociones básicas de gestión y consiguieron poco a poco autogestionar sus asociaciones. Las dinámicas familiares cambiaron para adaptarse al trabajo artesanal que, en muchos casos, significaba el único ingreso monetario seguro.

Hoy, muchos hombres realizan tareas que nunca asumieron, para ayudar a las mujeres a liberar tiempo para la artesanía. Muchas lideresas naturales surgieron, y no pocas llegarían a tener roles de liderazgo más allá de su asociación, participando incluso en política. Las mujeres se sintieron orgullosas de sus asociaciones y sus logros y aprendieron, como ellas dicen, “a hacerse respetar”.

Hoy, al admirar la belleza de un tapiz isoseño o la creatividad de una pieza bordada de los Tajibos, se puede ver y palpar la sensibilidad inpidual y el legítimo orgullo que anima a sus creadoras; que se saben y reconocen como artistas. Por otro lado, el fino acabado, la complejidad del diseño, el sello personal que distingue una pieza de otra; impresiona y seduce al observador citadino, que nunca más verá a esa artesana indígena o campesina, como una marginada digna de lástima.

En la preservación y difusión del patrimonio artesanal regional: el Museo Artecampo de Arte Originario y Popular de Tierras Bajas

Desde los inicios de su trabajo, Ada Sotomayor tuvo claro que parte de la misión de CIDAC era exhibir, preservar y difundir el patrimonio artesanal regional, amenazado por un modelo de desarrollo depredador y excluyente. Para ello concibió un museo vivo “… Con muestras de los diferentes telares, herramientas    y procesos de producción mostrados en vivo por las artesanas” (Sotomayor 1987, pág. 31).

Para ella, la presencia efectiva de la artesanía  del campo en la ciudad era un requerimiento del presente y del futuro; por la necesidad de fomentar la reflexión e investigación sobre la cultura e identidad de los pueblos indígenas y campesinos; y para evitar la pérdida de estos saberes que constituyen nuestra herencia. El Museo serviría también para documentar la experiencia de décadas de trabajo de CIDAC y Artecampo; de manera que pudiera ser útil para orientar emprendimientos socioculturales similares. El Museo Artecampo de Arte Originario y Popular de Tierras Bajas13, tardaría más de tres décadas en hacerse realidad y el sueño sería posible, otra vez, por la suma de voluntades de personas e instituciones que comprendieron la relevancia de la iniciativa y el impacto potencial de la misma14. El desarrollo del Museo Artecampo está concebido en fases consecutivas que irán adaptando más espacios de exhibición, hasta albergar una muestra sustancial de la producción artesanal de todos los grupos indígenas y campesinos representados en las 12 asociaciones de Artecampo.

Hoy, el Museo Artecampo, aún en su primera fase de expansión, alberga una colección única en su género, de más de 200 piezas de arte originario y popular de calidad estética excepcional. Constituye el único repositorio de su tipo a nivel nacional y un atractivo cultural y turístico que enriquece la oferta cultural de la urbe cruceña. El Museo se ha convertido en un activo cultural que genera actividades variadas para un público amplio. Éstas van; desde visitas guiadas a colegiales y universitarios, demostraciones de técnicas artesanales y festejos de fiestas populares tradicionales; hasta performances artísticas, conciertos y conversatorios sobre temas variados de nuestra realidad social. El Museo cuenta con una gran afluencia de público infantil y juvenil; confirmando su rol educativo y emancipador de las conciencias.

El Museo Artecampo cuenta con una variada programación de actividades para niños y jóvenes. Aquí los niños interpretan los mitos guarayos plasmados en las pinturas que acoge el Museo.

Las lecciones aprendidas

CIDAC y Artecampo han ido aprendiendo muchas lecciones en el camino. Aquí recogemos algunas.

La primera de ellas es que una fase investigativa inicial es clave para orientar intervenciones de largo plazo y con perspectivas de sostenibilidad. De esta forma es posible preparar las bases para la intervención, en diálogo con la población destinataria (Ranaboldo, 2000, pág. 133).

Ingreso al Museo Artecampo de Arte Originario y Popular de Tierras Bajas en Santa Cruz de la Sierra.

Interior del Museo Artecampo de Arte originario y Popular de las Tierras Bajas: hamacas y tapices isoseños en estilo moise (figurativo) y karakarapepo (geométrico)

En relación con lo anterior, la práctica de CIDAC demuestra que, desde una posición de respeto    y enriquecimiento mutuo, es posible “Romper la multicentenaria lógica de la negación de los diferentes para construir, en cambio, territorios colectivos”, como afirma Cergio Prudencio (2017) en su artículo La resurrección en el encuentro.

Desde esa colectividad es posible construir desarrollo con una amplia participación, en la que los diferentes roles de todos (artesanos, artistas y diseñadores colaboradores, instituciones de apoyo, comunicadores, compradores) se complementen y sumen.

En ese proceso de “sumar”, la comunicación es vital. Hay quien opina que la artesanía de Artecampo tiene un precio elevado. Entender el valor de la creación inpidual y valorar los modos de conocimientos ligados a ella, es necesario para comprender que el precio que se paga por una bolsa tejida de garabatá o un tapiz isoseño es el justo; aunque su valor sea incalculable.

En esa misma línea, CIDAC y Artecampo observan en su práctica diaria que, hay productos como la hamaca atada guaraya, el tejido laboreado de Vallegrande o la cerámica de Cotoca de gran formato, que se extinguirán ante nuestra mirada si no se implementan políticas específicas de apoyo, que deberían incluir la subvención a la producción. La especial dificultad y tiempo que demanda su factura, desincentiva su producción y solo queda un puñado de artesanas ancianas que morirán con la técnica, si no se hacen esfuerzos por asegurar el relevo generacional. Por otro lado, la creciente escasez de materias primas como la palma jipijapa o la fibra de garabatá; resultado de la depredación y avasallamiento de las culturas locales, también amenaza la producción artesanal. Es necesario protegerlas, cuando aún estamos a tiempo, y exigir legislación que las resguarde.

La distancia física y cultural de las asociaciones y las artesanas respecto a la ciudad y su lógica, plantea retos importantes. Desde la dificultad para participar directamente en los procesos de comercialización para entender el comportamiento del mercado y cómo éste afecta a su fondo rotativo de producción; hasta el abastecimiento de ciertas materias primas o el relacionamiento institucional en una lengua que la mayoría no domina. La labor “puente” de CIDAC en esos y otros ámbitos es muy necesaria; y solo es posible por los lazos de confianza desarrollados en décadas de trabajo transparente y respetuoso.

Visitante del Museo Artecampo de Arte Originario y Popular de Tierras Bajas, observa los bolsos, arte plumario y tallados de la etnia ayoreode.

Detalle de una pieza realizada por Claudia Opimí, con la técnica de bordado y aplicaciones en tela. Asociación de Bordadoras de Los Tajibos

Miembros del directorio de CIDAC (enero 2020). De izauierda a derecha: Rolando Campen, Malena Vaca, Irene Pita, Lorgio Vaca, Ingrid Steinbach, Saúl Ortiz.

Interior del Museo Artecampo de Arte originario y Popular de las Tierras Bajas: piezas de cerámica de la Asociación de Cotoca trabajadas en distintas técnicas, bajo la dirección técnico- artística de la ceramista Olga Ribera.

Un esfuerzo como este, solo es posible con un fortalecimiento de capacidades sostenido y la activa participación crítica de las artesanas. La autogestión de las asociaciones, cuando no va acompañada de un seguimiento    eficiente    a la gestión de las líderes, puede desviarse del objetivo principal, que es el beneficio de la totalidad de las socias.

Equipo de trabajo CIDAC-Artecampo: Sentadas: Derecha: Paola Saldaña (Directora CIDAC), Mariela Ardaya (centro), Gabriela Zeballos (izquierda). Parados: Wilman Soria y Katherine Zenteno, Ausentes: Teresa Rodriguez y Rosario Araúz.

Mantener la calidad y el impulso a la creatividad demandanosolocapacitaciónconstante, sinotambién estímulos. La participación en concursos nacionales, la realización de la feria anual de Artecampo, el reconocimiento inpidual a las artesanas con los premios a la calidad y otros mecanismos, deben ampliarse y reforzarse.

Todo esto nos lleva inexorablemente a la necesidad de seguir luchando por una ley artesanal y políticas de fomento que reconozcan las particularidades específicas del arte originario y popular y la artesanía; dándoles una respuesta adecuada. Por un Estado que comprenda que la conservación de la persidad cultural, el arte popular y la artesanía, son un poderoso factor de desarrollo y cohesión social; y que el sostén a instituciones especializadas de apoyo a los artesanos, como CIDAC, es imprescindible para conseguirlo.

Finalmente, CIDAC ha comprobado que el impacto de su trabajo transciende con mucho el ámbito de Artecampo. Ha servido para revitalizar el sector artesanal en la región, mejorar la calidad de la artesanía en general y asegurar una mejora en los precios de ésta, que favorece al artesano. Existen grupos de artesanos no afiliados que, copiando los diseños de Artecampo, aunque sin alcanzar su calidad; han conseguido también mejorar sus condiciones de vida.

CIDAC y Artecampo, hoy y en el futuro

El largo camino recorrido ha configurado al CIDAC y Artecampo actuales. Los  ha hecho resilientes   a las dificultades. La pérdida de Ada de Vaca en 2017 les impulsó a honrar su legado, esforzándose por preservarlo y navegando con éxito una difícil transición.

CIDAC ha decrecido y el mayor protagonismo lo tiene hoy Artecampo. Sin embargo; el apoyo técnico y la asesoría que le brinda CIDAC, es vital para el desarrollo sostenible de Artecampo. Ambas organizaciones así lo entienden y trabajan de la mano, en una estrategia de futuro que les permita desplegar su potencial, en beneficio de todos.

Ada Sotomayor de Vaca, peruana de nacimiento y boliviana por adopción. Artesana, emprendedora social incansable e investigadora; fue fundadora y directora del CIDAC entre 1985 y 2017 y lideró la experiencia de desarrollo integral y recuperación cultural que constituye Artecampo. Recibió innumerables distinciones por su aporte al desarrollo y la cultura boliviana. Su impresionante legado incluye la creación del Museo Artecampo de Arte Originario y Popular en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

CIDAC y Artecampo han generado durante casi cuatro décadas, ingresos dignos y seguros para cientos de mujeres artesanas, mejorando su situación y posición. Al mismo tiempo, han develado a cruceños y bolivianos un patrimonio desconocido y olvidado que atesorar.  Esto se ha logrado, consiguiendo  la sostenibilidad de la actividad productiva y comercializadora de Artecampo alcanzando, de este modo, los objetivos inicialmente planteados.

Los últimos eventos, sin embargo, ponen en riesgo todo lo conseguido. La crisis sanitaria, humanitaria  y socioeconómica generada  por  el  COVID-19; está teniendo un impacto negativo enorme, cuyas consecuencias a medio plazo aún no podemos evaluar y que, de profundizarse, podría amenazar seriamente la subsistencia de Artecampo. Si no hay ingresos por ventas y no se mantienen los mercados, no hay cómo sostener la estructura de comercialización en la ciudad. Tampoco es posible seguir generando trabajo para las artesanas.

CIDAC y Artecampo han empezado a implementar estrategias alternativas para vadear la crisis;  pero no pueden lograrlo solos. Para sostenerse en estas circunstancias, Artecampo necesita continuar fortaleciéndose por dentro, potenciando las capacidades y autonomía de sus propias organizaciones; pero necesita también beneficiarse de políticas públicas consistentes de apoyo al artesano que, a día de hoy, no están siendo implementadas.

En su ausencia; necesita más que nunca del apoyo del público cruceño y boliviano. El puente solidario entre el campo y la ciudad debe reforzarse, potenciando intercambios y aprendizaje mutuo. Es necesario, por un lado, impulsar la creatividad y la evolución plástica de las creadoras artesanas, en su adaptación a las nuevas realidades rurales y urbanas. También lo es, por otro lado, potenciar el juego entre tradición e innovación que caracteriza a Artecampo; con el apoyo de artistas, diseñadores e interioristas, que unan sus saberes con los de las artesanas, creando propuestas que lleguen a públicos más amplios.

Es preciso seguir explorando las oportunidades de mercado en la región, el país y el exterior, identificando canales de comunicación, difusión y distribución actualizados e innovadores. Para subsistir y seguir generando desarrollo, Artecampo debe mantener la comercialización cooperativa de  sus  productos en los niveles anteriores a la crisis del COVID-19 e incrementarla sostenidamente.

Es crucial reforzar las capacidades y recursos de CIDAC, que debe retomar con fuerza su tarea investigadora, capacitadora y educativa, para poder seguir impulsando el desarrollo de Artecampo y desplegar al máximo el potencial del Museo. El éxito de público y convocatoria del Museo nos demuestra cuán necesario es un espacio de preservación y reflexión sobre nuestras raíces, su presente y su futuro. El completar el proyecto del Museo, ampliando sus instalaciones para dar cabida a las expresiones de todos los pueblos indígenas e interculturales agrupados en Artecampo, representa una oportunidad que, de ser soslayada, constituirá una perdida quizás irreparable en algunos años.

Y como siempre en  todo  proceso  de  desarrollo,  es necesario comunicar, incluir,  integrar.  Enfatizar la relación que existe entre el cuidado de nuestro patrimonio cultural y el ambiental y el rol de cada uno en la preservación de ambos, para asegurar un desarrollo inclusivo y respetuoso de nuestras persidades; sin el cual el bienestar, la convivencia y la paz social, son una quimera.

“…Es significativo el hecho de que sean, precisamente estas gentes “Herederas del olvido” de Lomerío, Ayoreodes, Tajibos, Cotoca, Vallegrande, Isoso, etc..., ahora “cambas”, las que forman la piedra fundamental de restitución y reconstrucción de la auténtica identidad oriental boliviana”.

Blanca Wiethuchter, escritora boliviana.

 

Notas

1      Piezas misionales con la técnica de taraceado con incrustación de maderas y nácar en el Museo de Arte de Sucre

2      Primeros Premios Nacionales “Suma Lurata” a la calidad artesanal en textiles, palma y cerámica, 1992. Premio mayor de la Alcaldía de La Paz por el aporte al desarrollo rural 2010, Primer Premio en Tejidos de los Llanos Bolivianos 2010; Premios Eduardo Abaroa en persas categorías en los años 2015, 2016, 2017.Premio Fundación Banco Central de Bolivia, 2018

3      Exhibiciones en el Museo de Arte de La Paz (2000), Museo Tambo Quirquincho, Santiago de Chile, Smithsonian Museum (2010) Washington, EUA, entre otros.

4 Ada Sotomayor de Vaca, peruana de nacimiento y boliviana por adopción. Emprendedora social e investigadora, fue fundadora y directora del CIDAC entre 1985 y 2017 y lideró la experiencia de desarrollo integral y recuperación cultural que constituye Artecampo. Recibió innumerables distinciones por su aporte al desarrollo y la cultura boliviana. Su impresionante legado incluye la creación del Museo Artecampo de Arte Originario y Popular.

5      Fernando Prado, Marcelo Arauz, Gunther Holzmann, Lorgio Vaca, Sergio Antelo, Susana Seleme, Oscar e Ismael Serrate, Ovidio Roca, Ada Sotomayor y Laura Zanini, entre otros, formaron parte de la Cooperativa Cruceña de Cultura, que tuvo la revista “Debate” como medio de difusión de sus reflexiones.

6      “Tapera”: vivienda popular tradicional con techo de teja, horcones de madera, muros de adobe blanqueados a cal y presencia de galería externa e interna.

7 En sus inicios, CIDAC recibiría financiamiento de Cordecruz y apoyo institucional sostenido de la Interamerican Foundation. También de SNV y de ONGs internacionales como Cordaid, Ibis Dinamarca y Catholic Relief Services, entre otros. Parte de estos apoyos se destinaron a la creación de Fondos de Producción para las asociaciones.

8 “Solo un 29% del trabajo de los esposos de las artesanas es permanente, mientras en un 59,8% es ocasional… es precisamente la venta de la artesanía lo que garantiza un ingreso seguro durante casi casi todo el año…”. Claudia Ranabolbo pag. 81 “Yo puedo, nosotras podemos”, sistematización. Año 2000, sin publicar.

9 Medalla de oro al Mérito Municipal otorgada a la directora del CIDAC (1994) Premio al Mérito empresarial de la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz (2003), junto a otros numerosos reconocimientos.

10    Los Centros de capacitación múltiple en las provincias se construirían con financiamiento del Fondo de Inversión para el Desarrollo Local, en la década de los 90.

11    Uno de los reconocimientos internacionales importantes para Artecampo, fue el Premio Latinoamericano a Emprendimientos Productivos Liderados por Mujeres otorgado por la REPEM (1998) y la invitación a exponer en el Museo del Indio Americano, el Smithsonian Museum de Washington en 2010

12    Consuelo Saavedra, Premio Nacional de Escultura; Lorgio Vaca, Premio Nacional de Pintura; Olga Ribera; Graciela Neira, entre otros.

13    El Museo Artecampo de Arte Originario y Popular, se inauguró en mayo de 2017. Está ubicado en el Tercer Anillo Externo y Av. Roca Coronado, en los predios de CIDAC.

14    El Museo Artecampo es una realidad gracias al soporte de la HAM de Santa Cruz, la Inter American Foundation, IAF, y el apoyo Ad honorem de Historiadores del Arte y artistas voluntarios, que apoyaron la la curaduría y montaje realizados por CIDAC.

 

Referencias

Ayala, H. (s.f). Arte y desarrollo en las comunidades: Adita, un método de vida. Facultad Habitat, Revista Científica Universitaria UGRM, (1)1, p. 41 y 42 .        [ Links ]

Ranaboldo, C. (2000) Yo puedo, nosotras podemos. Una experiencia con  mujeres artesanas indígenas  y campesinas de Santa Cruz (documento sin publicar). Santa Cruz de la Sierra: Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa (CIDAC).        [ Links ]

Sotomayor, A. (1987). Artesanía en Santa Cruz, apuntes para una política artesanal. Santa Cruz de la Sierra: Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa (CIDAC).        [ Links ]

Vaca, M. y Pita J. (1996) Nuestro trabajo, Artecampo y CIDAC. Santa Cruz de la Sierra: Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa (CIDAC).        [ Links ]

Prudencio, C. (16 abril  2017).  La  resurrección en el encuentro. La Razón. Obtenido de: http://204.11.233.100/opinion/columnistas/resurreccion-encuentro_0_2692530727.html        [ Links ]

 

 

 

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