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Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura

versión impresa ISSN 2306-8671

Rev. aportes de la comunicación  no.28 Santa Cruz de la Sierra jul. 2020

 

ENSAYOS

 

Ars Moriendi
[ o el arte del buen morir ]

 

[ or The Art of Dying Well ]

 

 

Juan Murillo Dencker
Boliviano, ensayista y crítico literario, gestor cultural independiente.
j.murillodencker@gmail.com
Fecha de recepción: 01 de mayo 2020 Fecha de aprobación: 2 de junio 2020

 

 


Resumen

La literatura es una suerte de memoria sostenida a lo largo de la historia, aunque la mayor de las veces condenada al olvido en el inconsciente de los ciudadanos. Entre metáforas y alegorías las obras canónicas cobran presencia ante eventos que cuestionan la razón misma de la condición humana. Pensar que en "aquellos otros tiempos" los seres humanos estaban en peores condiciones que nosotros actualmente es una interpretación equivocada. Mediante una lectura perspicaz de grandes clásicos como "El Decamerón" y Las mil y una noches", se concluye desde la propia subjetividad que los individuos y la sociedad lejos de ennoblecer, empobrecieron sus valores y alterados por su percepción de la realidad, ellos exhiben una particular forma de comportamiento social.

Palabras clave. Decamerón, peste, pandemia, muerte, estética.


Abstract

Literature is a kind of memory sustained throughout history, although most of the times condemned to oblivion in the unconscious of citizens. Amid metaphors and allegories, canonical works gain presence in the face of events that question the very reason for the human condition. To think that in "those other times" human beings were in worse conditions than we are today, is a wrong interpretation. Through an insightful reading of great classics such as "The Decameron" and "The thousand nights and one nigth", it is concluded from our own subjectivity that individuals and society are far from ennobling; impoverished their values and altered by their perception of reality, they exhibit a particular way of social behavior.

Keywords. Decameron, plague, pandemic, death, aesthetics,


¡Cuántos hombres, cuántas hermosas mujeres, cuántos jóvenes gallardos a quienes no otros que Galeno, Hipócrates o Esculapio hubiesen juzgado sanísimos, desayunaron con sus parientes, compañeros y amigos, y llegada la tarde cenaron con sus antepasados en el otro mundo! (Giovanni Bocaccio, El Decamerón, Primera jornada, p. 5)


 

 

I

El hombre de las cavernas apenas subsistía, ignorante del origen de sus enfermedades, defendía la supervivencia de su especie en constante lucha contra las otras especies, intentaba domesticar los elementos, el fuego, el aire, el agua, y la tierra. El trueno le dio el lenguaje. Pasaron los siglos, la Academia reportó sus logros con una óptica de arrogancia indicando haber sometido a la naturaleza para el bien de la humanidad, no fue sincera, la habían sometido a sus caprichos y mezquinos intereses, intereses que también son los vástagos simbólicos y fácticos de los sistemas económicos perversos.

La Historia como ciencia se nutre de sus fuentes documentales expresando criterios de verdad, pero esta verdad se alimenta del espíritu de una época a través de su Literatura, especialmente aquella Literatura que sobrevive en el tiempo por su valor universal, porque no sólo vale para su propio tiempo, sino también para otras épocas a futuro, igual o más legible que en su propio tiempo. Aquí reside el valor literario de estatura canónica.

Y para muestra basta un botón, El Decamerón de Giovanni Boccaccio, escrita en dos semanas, relata en cien pequeñas historias1 (cuentos) proporcionalmente distribuidas en diez días por diez jóvenes aislados de su aldea asolada por La Peste Negra. La sincronía y diacronía de la obra es una muestra nítida de lo que hoy en día estamos ejerciendo - según los epidemiólogos -el 'distanciamiento social' a consecuencia de la peste contemporánea llamada Corona Virus-19.

Durante el transcurso de aquellos días en las afueras de Florencia, cada una de las jóvenes era elegida reina o rey como parte lúdica de la convivencia en confinamiento. Aquellos días estaban bajo la égida de una corona, tal cual estamos los habitantes de la aldea global en pleno siglo XXI. Es el testimonio - ignorado - de un evento trascendental que lejos de ser una mera narración divertida, pícara y erótica, representa la obra maestra del autor describiendo los horrores de la peste y los errores tanto o más pestilentes de la "comedia humana". Boccaccio fue quien a La Comedia de Dante, la llamó "La Divina Comedia". Por aquel entonces la enfermedad acabó con más de un tercio de la población de Europa.

Escrita en la bella Florencia (Firenze, 1348) (Boccaccio, 1930, p.8) el contenido de El Decamerón es una ácida crítica a los valores de la sociedad italiana de la época; sus guiños hacia las virtudes cardinales, teológicas, desde siete voces femenina y tres voces masculinas constituyen el corpus de la obra. El relato compone una polifonía donde existen miradas hacia la razón, los anti-valores, y los apetitos desmesurados. En cada historia aparecen personajes cuyos oficios están relacionados con burgueses y campesinos citadinos, lo mismo son comerciantes, viajeros, notarios, artesanos, banqueros, clérigos - amén - de reyes, y caballeros nobles, todos ellos poco afectos a los valores morales de la omnipresente Iglesia

Católica y otras jerarquías dominantes de la época. Una buena parte de los personajes son ladrones, embusteros, no faltan los adúlteros. Estos personajes son presentados de tal forma que sus habilidades son astutamente enaltecidas porque la astucia de ellos mismos les permite salir de cuanta argucia tramen, una suerte de un deformado darwinismo social donde no sobrevive el más fuerte sino el más vivo.

Son los antihéroes medievales a contramarcha de la nobleza de espíritu y la céntrica divinidad. Aquí, El Decamerón es preclaro señalando un punto de quiebre ante la concepción teocéntrica de la humanidad - vigente para aquella época - por una mirada antropocéntrica, estamos en los albores del Renacimiento ¡nace el Homo Deus!

A pesar de siglos transcurridos, la sociedad contemporánea no es muy distinta de aquella antigua Florencia del siglo XIV, aún estamos rodeados, gobernados, e influenciados por los mismos males y personajes en versión contemporánea. En las redes cibernéticas, y en los medios de comunicación auspician sus cínicas mentiras y delitos. Y quizá una salvedad sería la Iglesia Católica, hoy menos omnipresente en la vida diaria que fue parcialmente remplazada por una nueva religión, la del consumo. En los nuevos templos - las grandes galerías (shopping malls) - se rinde culto al nuevo dios, el Dinero. Aunque, lo de la Iglesia Católica es relativo y no tan nuevo, porque ella siempre tuvo estima al diezmo y a la venta de indulgencias para facilitar el cabildeo o lobbismo (lobby) ante Dios. Actualmente el oficio de los lobbyst es políticamente correcto, por tanto legitimado y aceptado por la sociedad tanto en la esfera pública como privada. No es para menos, el heredado imaginario judío-cristiano tiene orígenes en el Antiguo Testamento, sale de la antiquísima ciudad de Ur, que ya viene con un discurso perfumado a imperio acompañado de una concepción mercantilista de la vida, aunque temporal e históricamente tribal, la diáspora no fue jamás un impedimento, sino un aliciente estratégico en la construcción de redes comerciales y de sistemas financieros.

 

II

La idea central de los escritos de Boccaccio en El Decamerón está hábilmente incrustada en la razón misma de su aislamiento como espacio (locus) donde transcurre el relato, la auto-cuarentena propuesta por los protagonistas, no es otra cosa que el miedo a la muerte, no es la peste que mata, es el miedo el verdadero agente devastador. Curiosamente el miedo en italiano es femenino: la paura, y la obra está especialmente dedicada a las mujeres. Pero el miedo tiene otras dimensiones y manifestaciones como la de sentir asco por los enfermos, esto se manifiesta -hoy - en la conducta de ciudadanos en confinamiento voluntario o impuesto, y (por ejemplo) bloqueando ambulancias para evitar el ingreso del infestado al nosocomio, ellos presuponen - cívicamente- estar creando un escudo ante la pestilencia del enfermo, actitud que pone en cuestionamiento a la sociedad total, en todos sus niveles de autoridad y obediencia ciudadana. Hay una manifiesta actitud de menosprecio2 por el Otro. Entretanto la autoridad constituida está obsesionada con señales erráticas, tal cual en la Edad Media en tiempos de peste equivocadamente se perseguía a los gatos.

El daño tiene su origen en un ciudadano poco previsor, dado que en su condición de antagonista - antes que de solidario - prepara un terreno fértil donde cosechará (y perderá) toda posibilidad de ejercer sus virtudes. Sus propios fantasmas lo arrastran a la más profunda oscuridad, hacia la peste de la ceguera con sus dramáticas consecuencias que la gente provoca por su egoísmo, donde una vez más, el Otro no existe. Un filósofo francés3 dice que el infierno está verdaderamente en los Otros4 . Así tenemos una sociedad dislocada de su realidad, "en una situación falsa" (Longo, 2010)5 . De la misma forma que en el Medioevo - ante la creencia de que los gatos eran los malignos transmisores de la peste - se los perseguía y mataba, entretanto las ratas y sus pulgas abnegadamente diseminaban la enfermedad.

Para la época del Decamerón la cuestión entre la fama y la gloria tenía una aparente contradicción, la primera era celestial y la segunda terrenal, asunto que lidiaba entre 'el más acá' y 'el más allá'; ciertamente su parecido o diferencia estaba mediado por la ambigüedad de ambos conceptos; la gloria le servía para ejemplo y alabanzas de las futuras generaciones, mientras que la fama conquistada por sus virtudes garantizaba su inmortalidad en el cielo, por tanto la forma de morir se entendía como el arte del buen morir (Ars Moriendi)6.

La relación entre la muerte, la riqueza y la pobreza tiene dos ópticas: la demográfica, en el contexto de la enfermedad junto a la desigualdad social en el marco de la pandemia y la otra óptica habla de la diferencia entre las actitudes existenciales de los seres humanos en el entorno de la muerte, sea del pobre o sea del rico, entendiendo que ella Asusta (con mayúscula y en negrita cursiva) tanto al uno como al otro. Sin embargo las concepciones de la vida y la muerte resultado de diferentes cosmovisiones y distinto entorno cultural pueden diferir diametralmente, de manera que enfrentan este futuro colectivo, el de la muerte, con otras actitudes y saberes disímiles, sin que por ello renuncien - mientras vivan - al almacenamiento de bienes materiales.

El hombre medieval comparaba su fama con su inmortalidad, de la misma manera que se compara el cuerpo con su propia sombra, era capaz de empobrecer a sus herederos cediendo a la iglesia su fortuna para asegurar el perdón divino ante el pavor del castigo eterno, más aún cuando su riqueza provenía de dudosos orígenes. En algún momento de la época quien no dejaba testamento quedaba automáticamente excomulgado, esta era una suerte de ¡felix avaritia!

Nuestra incapacidad de reconocer que la vida y la muerte podrían no tener sentido, permite cuestionar la racionalidad de la gente. Una racionalidad que puede tener un origen en el antiguo concepto de la "estética" y desde su significado etimológico original. Aisthitikos en griego antiguo se traduce como aquello que se percibe a través de la sensación, recordando que el campo de la estética no es el arte sino la realidad, es una forma de conocimiento adquirida por el uso de los cinco sentidos (físico-cognitivos) y aunque estos puedan ser entrenados como refinamiento del gusto, ellos nunca dejan de cumplir su rol biológico e instintivamente resuelven las necesidades inherentes a cada uno de ellos, pues estos son "indispensables para la auto preservación del individuo y del grupo social" (Buck-Morss , 2014, p.190).

Desde esta perspectiva, si los sentidos son ultra estimulados por las nuevas tecnologías, especialmente los medios audiovisuales, ellos son incapaces de devolvernos la mirada, es como si la sociedad contemporánea haya perdido la facultad de mirar, ocasionando una pérdida de sentido a causa de un bombardeo aparentemente fragmentario, pero internamente coherente, para ver mucho y no registrar nada, entonces la estimulación antes anotada, produce una condición anestésica, de tal suerte que la estética que permite cognitivamente estar en contacto con la realidad, ahora la bloquea y ataca al individuo en su capacidad de responder políticamente, "incluso cuando está en juego la auto preservación" (Buck-Morss , 2014, p.190)., evitando la experiencia que permite distinguir "el amigo probado del enemigo mortal" (Buck-Morss , 2014, p.190), puesto que la percepción está formalmente planteada como "shock" (Buck-Morss , 2014, p.190). Un medio ambiente alterado expone al público a estímulos físicos que se corresponden con estímulos síquicos, y el "efecto sobre el sistema sinestésico es embrutecedor" (Buck-Morss , 2014, p.189), y este es el mejor abono para desarrollar el miedo y consecuentemente comercializarlo como un producto más que llega con la pandemia.

 

III

Desde la teología islámica dicen los que saben (...y Alá sabe más) que las nuevas y las viejas epidemias se desencadenan por participar y promover la "abyección", entendiendo a ésta como pecado cuyo castigo sería una epidemia para el mundo infiel. Esta causalidad no es tomada en cuenta por los epidemiólogos, ellos no trabajan con los dioses como consultores en línea (vía wi-fi), hacerlo sería alcanzar una lectura acerca de la "divina pandemia", sobre la que poco o nada podemos hacer frente a tal fatalismo. Al hombre de ciencia esto le parecerá un disparate, sin embargo, para el hombre de fe (fundamentalista) es normal que estas cosas ocurran. Entonces, el destino -del ser humano y de la humanidad - está construido por ideas y concepciones disímiles y/o ambivalentes. Por un lado estamos ante una visión oscurantista de la vida humana, nos va mejor o peor según nuestra conducta, y las consecuencias son únicamente la cosecha de nuestros pecados o de nuestras virtudes.

Este oscurantismo de alguna manera puede ser considerado una forma de "cierta" racionalidad, donde todo tiene una explicación o razón, aunque la situación acontecida sea fruto del azar o de lo inexplicable, entonces ambas miradas - ciencia y religión - concurren a un mismo espacio ("Locus de control") para establecer una alianza de 'un principio de irracionalidad' con 'un principio de causalidad', sumados alcanzan un poder ilimitado, ya sea por un control endógeno o exógeno. Esta es la única explicación por la cual los países islámicos también están infectados. El Destino termina alcanzando tanto a los fieles como a los infieles, análogamente a la clase científica y a la clase política. El escenario ya no es el de una pandemia "a secas", pues ella se metamorfosea en un pandemónium.

A manera de re-cuento, existe en los anales literarios una leyenda o -si se quiere - un cuento muy antiguo, tiene muchas versiones modificando sus tiempos, sus espacios, siempre de una forma distinta, pero manteniendo el sentido simbólico y metafórico. Es un relato donde el personaje central, que es a veces un esclavo, otras un proletario, o un sirviente, no importa que, pero siempre es un Dependiente. Hay dos personajes más, la Muerte y un Superior, que a veces es un rey, otras un sultán, o un presidente, pero siempre una autoridad, a diferencia que la Muerte es siempre la muerte. El subordinado un día cualquiera está cumpliendo sus cotidianas labores y se encuentra con la Muerte, ella lo mira entre curiosa y asombrada, tal mirada perturba al Dependiente

-  sobre todo - por su clara percepción de haber enfrentado la fatalidad de haber sido mirado por tan siniestra señora. La desesperación lleva al personaje a solicitar una dispensa laboral que le permita salir de su aldea,- en otras versiones, de su ciudad o de su pueblo-, con el solo propósito de escapar a la parca, allá donde piensa refugiarse es su pueblo natal, donde asume que ¡jamas! podrá ser encontrado. Concedido el permiso por la autoridad superior intenta ponerse a salvo. Aquel superior, algo mas tarde del mismo día

- también - se encuentra con la Muerte y reclama por la mirada con la que señaló a su dependiente, ella negó rotundamente tal acción, al contario la parca solo expresó su extrañeza de haber visto al empleado en aquella ciudad, puesto que ella - la Muerte - yatenía arreglada una cita con él en su pueblo natal al día siguiente. Curioso detalle es saber que la víctima, la que no puede escapar a la fatalidad, al menos en las versiones contadas, es siempre el dependiente, o el pobre, más nunca el rico o la autoridad.

 

IV

Esta recapitulación de la historia contada parece tener un origen perdido en las muy antiguas leyendas acontecidas en Bagdad, esto también permite tender un puente con otra obra clásica entre los clásicos, Las mil y una noches. Sherezade debe enfrentar la muerte cada noche, dependerá del misterio construido, no dependerá del Sultán Shahryar, sino de su propia habilidad al contar su relato, tal cual hoy toda la humanidad intenta hábilmente burlar al virus, ganándole a cada noche un nuevo amanecer, y quizá de la misma manera que el sultán aprendió a vivir con ella, la gente hoy aprenda a con-vivir al lado del virus.

La futura esposa del sultán, no sólo consiguió sobrevivir, sino que también quitó a su verdugo la pesada carga de su letal hábito, aquel de auto-enviudar al amanecer. Esta situación análogamente ocurrirá - a pesar de los pesares - y terminaremos acostumbrándonos, aún cuando se oponga el mismísimo Alí Baba nombrado Gran Comandante en Jefe contra la pandemia.

Esta es la maravilla de la metáfora y la alegoría para entender mejor la realidad desde la literatura y sin cuestionar la calidad literaria de la narración. Por el momento basta el hilo conductor o el leitmotiv de la supervivencia.

 

V

Retomando la historia del esclavo o dependiente, podría afirmarse que Nadie7 escapa a su destino, ya sea el individuo o la colectividad, fieles e infieles, capitalistas y comunistas, frailes y laicos, moros y cristianos, así la historia contada, intenta explicar la no-evitable muerte del sirviente, y también ayuda a conciliar el disparate irracional antes mencionado, es decir de la misma forma que frente a una pandemia racionalmente explicada por la ciencia y sus "autores et al.", nuestras autoridades globales, regionales y locales seguirán intentando exterminar a los gatos sin caer en cuenta que las ratas están de fiesta y sus pulgas saltando de alegría por y entre los pulmones de los habitantes del planeta Tierra.

Esta suerte de conclusiones erróneas, confirma que olvidamos a las grandes lecturas y a los grandes escritores, aquellos que se adelantaron a la época actual señalando el camino con su "bonae litterae" 8.

Grandes personalidades del mundo intelectual se manifiestan con reflexiones, las más veces son grandilocuentes intentando explicar lo que no saben, no están exentos los pensadores express cuyo parasitismo y opino-logía sólo enriquece su ego-teca por exhibirse y publicar, y ni que decir de periodistas y políticos cuyo confinamiento es urgente en nombre del bien mayor. Por supuesto, hay seres humanos serios que han contribuido notablemente a la Humanidad, pero en estas situaciones pasan desapercibidos, es la humildad del justo y del sabio guardando silencio mientras trabajan e investigan.

 

VI

Desde tiempos tempranos se ha escrito la Historia de los hechos bajo la tendencia historicista, y así ella no capituló - a mediados del siglo XX - ante la aparición de una nueva corriente que -más bien - trata de la historia económica y social. Tuvo que aparecer un pensador holandés9 que nos presentara al Homo Sapiens convertido en Homo Ludens y explicara acerca de la historia de las mentalidades. Criticó con cierta suficiencia la insuficiencia de los historiadores modernos, que investigaban a través de documentos el desarrollo de los hechos al final de la Edad Media, recalcando y reclamando por la poca importancia prestada a las ideas de la caballería, pues ellas eran consideradas como un mundo sin valor real para estos investigadores.

Para el siglo XV la potencia comercial de la burguesía sustentaba la capacidad monetaria de los príncipes, la razón de esto guarda estrecha relación al final del medioevo, cuando la gente que hizo historia no fueron únicamente soñadores, también fueron hombres públicos y comerciantes, fríos y calculadores aspirando alcanzar títulos nobiliarios e imitando a ultranza las costumbres de la clase noble. Para el conocimiento adecuado de una época es relevante saber de la propia ilusión con la que vivieron, y que definitivamente - para ellos - tenía un valor de suprema verdad.

Actualmente esta es la premisa a reivindicar sobre la historia de los imaginarios colectivos -a veces imperceptibles - que no es otra cosa que escribir acerca de la historia de las mentalidades. Esto hace pensar el concepto de lo macabro ante las grandes crisis, representados en el pasado por los esqueletos y calaveras de los grabados de los siglos XIV y XV, o por los del tenebrismo en la pintura colonial cuzqueña, y en los esqueletos y cráneos de Guadalupe Posadas y la Calavera Garbancera, actualmente difundida como la Catrina mexicana, en una amigable imagen. Así lo macabro de antaño es ahora - vaciado de sentido -como parte de la sociedad del espectáculo.

 

VII

En la mitología maya, el tiempo funda el espacio que habitamos y por tanto somos los hijos de los días (Galeano, 3 de junio de 2010), pero "no de aquellos Díaz"10 como dirían los maestros del humor culto y sutilmente ácido, sino más bien de estos días que transcurrimos tan cerca de la fatalidad, y de Bagdad donde la peste prometió apenas quinientos muertos a su llegada a la ciudad, aunque "al final del día" las noticias daban cuentas de cinco mil decesos. Ella afirmó que había cumplido a cabalidad su promesa, puesto que el resto de las víctimas - todas - murieron de miedo. Lo que no se sabe, es cuántos -además - quedaron vivos y "muertos de miedo". Ahora en estos tiempos contemporáneos, es posible medirlos y alcanzarlos a través de sus propios fantasmas, la sociedad del consumo y sus operadores tienen una religiosa mirada práctica sobre la pandemia como oportunidad de negocio altamente rentable, con foco en los feligreses dispuestos a consumir miedo en el ejercicio del culto, ahora están disponibles, ya sea "on-line" o puerta a puerta. El delivery ofrece desde una simple mascarilla o barbijo hasta un túnel de desinfección robotizado, o si se quiere toda suerte de medicamentos caseros, manufacturados y sobre todo altamente recomendados por influencers de sobrado prestigio mediático, sin embargo el imaginario colectivo es incapaz de escapar a la idea de la muerte omnipresente y democráticamente distribuida, tal cual "una suerte sin blancas", allá nace su necesidad de consumir miedo como un acto reflejo para negar su inminente presencia confrontándonos con nuestra fragilidad como seres humanos y mortales.

Quizá habría sido mejor pasar los días de cuarentena leyendo otra vez, o por primera vez El Decamerón, antes que leer inútilmente nuestros artefactos cibernéticos y nuestros "teléfonos-inteligentes-paranoin-teligentes" exponiéndonos indefectiblemente a contraer el verdadero mal de nuestros tiempos, la infodemia. Estar tan cerca de la muerte sin entenderla hace urgente una nueva edición del Ars Moriendi 11, y así entender el arte del buen morir.12

 

Notas

1 En realidad son ciento uno

2 “El menosprecio en su simple calidad sentimental, contiene algo que va más allá del juicio negativo […] incluso una pizca de asco” (A. Kolnai, El asco, Ed. Encuentro, 2013, pág 93)

3 Jean-Paul Sartre

4 En su obra de teatro Huis-clos suivi de Les Mouches, Sartre hace decir a su personaje Garcin: “que l’enfer, c’est les Autres” con una “a” en gran mayúscula.

5 “A valeur universelle de cette formule en précisant qu’elle ne s’applique que lorsque «les rapports avec les autres sont tordus, viciés», à savoir dans une situation fausse (Ferraro, 1994: 9)” / “El valor universal de esta fórmula al especificar que solo se aplica cuando "las relaciones con los demás están torcidas, viciadas", es decir, en una situación falsa (Ferraro, 1994: 9) Traducción del autor.

6 Tractatus (o Speculum) artis bene moriendi, fue escrita en 1415 por un fraile dominico anónimo, Ars moriendi.

7 “Nadie” es Ulises enfretando a Polifemo en La Odisea.

8 Las “bellas letras” es un galicismo en español originalmente del latín como concepto de Literatura no solo de expresión sino de gran sabiduría.

9 Johan Huizingala

10 Les Luthiers, argentinos y latinoamericanos.

11 Tractatus (o Speculum) artis bene moriendi, fue escrita en 1415 por un fraile dominico anónimo, Ars moriendi.

12 …y hasta quizá recuperar el viejo sentido de lo macabro respetando de una mejor manera a la vida.

 

Referencias bibliográficas

Abu Abd-Allah Muhammad el-Gahshibar, (Comp.). (2004). The Book of the Thousand Nights and One Night., London and New York: Routledge International Handbooks        [ Links ]

Buck-Morss. S. (2014). Walter Benjamin, escritor revolucionario, Buenos Aires: La marca editora.        [ Links ]

Boccaccio, G. (1930) The Decameron, New York, Ramdom House.        [ Links ]

Buck-Morss, S. (2014). Walter Benjamin, escritor revolucionario, Buenos Aires: La Marca editora.        [ Links ]

Galeano, E. (República de Arica). (3 de junio de 2012). Los hijos de los días. (Archivo de video). Recuperado de https://youtu.be/0cnwJkqDMrI        [ Links ]

Kolnai, A. (2013) El asco, Madrid: Ed. Encuentro.        [ Links ]

Longo, M. (2010). Huis clos ou comment 's'apprivoiser' à l'enfer. Jeux intertextuels dans le labyrinthe de la torture sartrien. Thélème. Revista Complutense de Estudios Franceses, 25, 159-171.        [ Links ]

 

 

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