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Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura

versión impresa ISSN 2306-8671

Rev. aportes de la comunicación  no.25 Santa Cruz de la Sierra dic. 2018

 

ARTICULOS

 

Influencia de líderes de opinión en los imaginarios de jóvenes de Santa Cruz
sobre la homosexualidad

 

Influence of opinion leaders in the imaginaries of the youth of
Santa Cruz on homosexuality

 

 

Andrea Villarroel Toyama
Boliviana, licenciada en Comunicación Estratégica y Corporativa - Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra macro dea@gmail.com
Fecha de recepción: 5 de diciembre de 2018 Fecha de aceptación: 24 de diciembre de 2018

 

La autora declara no tener conflictos de interés con la Revista APORTES.

 

 


Resumen

A pesar de que la homosexualidad existe desde la Antigüedad, el interés por su estudio y la medición de las actitudes hacia la misma es relativamente reciente, por lo que, en muchos casos, como en Bolivia, no se cuenta con datos nacionales al respecto que podrían orientar el diseño de campañas o políticas de información y concienciación. Por otro lado, los líderes de opinión tienen la capacidad de influir en la predisposición (positiva o negativa) de un público hacia algo. El objetivo de esta investigación es determinar la correspondencia entre los mensajes de líderes de opinión y los imaginarios de los jóvenes de Santa Cruz de la Sierra en torno a la homosexualidad. La muestra estuvo compuesta por 30 jóvenes y 17 publicaciones realizadas en Facebook por las personalidades públicas más seguidas en dicha red social. Se recurrió a una metodología mixta, a través de grupos focales y el análisis ideológico del discurso según Van Dijk. Los resultados muestran que existe desinformación y confusión respecto al tema de la homosexualidad. Este es escasamente tratado en la esfera pública cruceña. Además, persisten los estereotipos sobre las personas homosexuales y los roles de género sexistas, aunque se detectó una ruptura con estas representaciones tradicionales y un intento de transgredirlas, pero sin lograrlo del todo. Pese a que los jóvenes relacionan la Edad Contemporánea con actitudes de mayor tolerancia y aceptación, persiste el rechazo sutil hacia la diversidad sexual.

Palabras clave: Homosexualidad, homofobia, imaginarios, jóvenes, líderes de opinión.


Abstract

Although homosexuality has existed since Antiquity, the interest in its study and the measurement of attitudes towards it is relatively recent, so in many cases, as in Bolivia, there is no national data on this subject that could guide the design of information and awareness policies or campaigns. On the other hand, opinion leaders have the ability to influence the predisposition (positive or negative) of an audience   towards   something.   The   objective   of this research is to determine the correspondence between the messages of opinion leaders and the imaginary of the youth of Santa Cruz de la Sierra about homosexuality. The sample consisted of 30 young people and 17 posts made on Facebook by the public figures most followed in said social network. A mixed methodology was used, through focus groups and the ideological analysis of the discourse of Van Dijk. The results show that there is misinformation and confusion regarding the issue of homosexuality. This is poorly treated in the public sphere of Santa Cruz. In addition, stereotypes about homosexual persons and sexist gender roles persist, although a break with these traditional representations was detected and an attempt to transgress them, but without achieving it completely. Although young people relate the Contemporary Age with attitudes of greater tolerance and acceptance, the subtle rejection towards sexual diversity persists.

Key words: Homosexuality, homophobia, imaginaries, young people, opinion leaders.


 

 

Introducción

La homosexualidad, entendida como un tipo de orientación sexual, caracterizada por la atracción sexual  y  afectiva  hacia  personas  del  mismo  sexo, se encuentra presente desde la Antigüedad en civilizaciones como la griega, la egipcia y la romana, en las que era frecuentemente practicada pero estaba estrictamente reglamentada (Polo Rojas, 2013). La forma en la que se la ha leído, tratado y representado ha cambiado a lo largo de la historia.

Desde la tradición judeo-cristiana, la homosexualidad es calificada como abominación y pecado, imaginario que se extendió durante la Edad Media y alcanzó su punto culminante en la Inquisición, cuando el rechazo llegó a plasmarse en leyes que condenaban a las personas con esta orientación. La homosexualidad pasó entonces de considerarse pecado a ser un delito (García, 1981 y Martín, 2011).

Posteriormente, con la llegada del pensamiento renacentista, la sexualidad es leída desde el placer y el erotismo, y la Iglesia comienza a perder su poder de influencia sobre las leyes (García, 1981).

Durante la Edad Moderna, la homosexualidad se convierte en objeto de estudio de la ciencia médica, encargada de definir los límites de “lo normal”. Las personas con esta orientación pasan de “pecadores” a “enfermos” cuando en el año 1880, se clasifica a la homosexualidad como una psicopatología. No fue sino hasta los años 70 que la Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud la retiraron del listado de psicopatologías, gracias a la presión de varios grupos a favor de la comunidad LGBT (García, 1981; Ariès, 1987; Rieznik, 1997 y Polo Rojas, 2013).

En la actualidad, el principal debate relacionado a la homosexualidad se enfoca en cuestiones legales, como el matrimonio y la adopción, y se encuentran discursos más tolerantes hacia la diversidad sexual (Polo Rojas, 2013). Esta evolución se refleja también en los medios masivos,  en  los  que  los  personajes  homosexuales han pasado de ser representados desde una mirada heteronormativa que reduce al individuo gay a una caricatura afeminada y rechazada, a una más inclusiva, humanizándolo y mostrándolo como alguien con las mismas aspiraciones y emotividades que una persona heterosexual (Polo Rojas, 2013 y Toro-Alfonso, 2012).

Por otro lado, el tema de la medición de las actitudes hacia la homosexualidad es uno poco explorado en el ámbito académico. En Latinoamérica recién se empieza a ahondar en esta problemática a partir del año 2010 (Villamizar & Messa, 2017). De acuerdo a los  resultados  de  varias  encuestas  internacionales, los países con mayor aceptación de esta orientación sexual coinciden con aquellos en los cuales se han aprobado leyes que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo (Uruguay, Argentina y Brasil). En todas las consultas, Bolivia, país del que hay escasa información y estudios al respecto, ocupa uno de los últimos lugares en aceptación.

A pesar de que se detecta una evolución hacia enfoques de respeto a la diversidad sexual, la actitud más  frecuentemente  encontrada  sigue  siendo  una de rechazo llamada homofobia (Villamizar & Messa, 2017). La homofobia, al ser un tipo de discriminación, se sustenta en estereotipos, que derivan de prejuicios construidos a partir de la desinformación (Toro- Alfonso, 2012).

Por otro lado, los líderes de opinión tienen la capacidad de influir en la predisposición, positiva o negativa, de un público hacia algo (Del Barrio, Luque, & Rodríguez, 2009).

Por tanto, debido a los datos anteriores, el objetivo de esta investigación es determinar si existe una correspondencia entre los imaginarios que los jóvenes habitantes de Santa Cruz de la Sierra tienen sobre la homosexualidad y los imaginarios difundidos por líderes de opinión. Esta exploración de los imaginarios de los jóvenes se plantea como un paso previo a la elaboración de un test de medición de las actitudes hacia la homosexualidad, test que estaría adaptado a la realidad cruceña.

 

Método

Muestra

Se trabajó con dos unidades de análisis: los jóvenes habitantes de Santa Cruz de la Sierra, hombres y mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años; y las publicaciones realizadas en Facebook por los líderes de opinión más seguidos por usuarios bolivianos en esta red social.

La muestra de jóvenes estuvo compuesta por 30 voluntarios elegidos de forma no probabilística y por conveniencia, a través de un muestro por bola de nieve. Catorce de ellos fueron mujeres y el resto, hombres. Se incluyó al menos un participante de orientación sexual no heterosexual en cada grupo focal.

Para elegir a los líderes de opinión se utilizó un muestro no probabilístico y por conveniencia. Con la herramienta digital online Social Bakers, se seleccionó a las personalidades públicas con más seguidores bolivianos y cuyas edades estaban dentro del mismo rango que las de los jóvenes, siendo elegidos: Anabel Angus (con 927.520 Me Gusta), Bonny Lovy (con 960.836 Me Gusta), Carlos Marquina (con 515.902 Me Gusta), Marco Antelo (con 428.368 Me Gusta) y Oriana Arredondo (con 363.516 Me Gusta).

Posteriormente se revisaron las publicaciones realizadas en Facebook por los líderes de opinión durante un periodo de quince meses, para filtrar aquellas referidas a la homosexualidad o a la representación de roles de género. Se obtuvo una muestra de 17 publicaciones.

Instrumentos

Para determinar los imaginarios de los jóvenes de Santa Cruz sobre la homosexualidad y el tipo de homofobia presente en ellos, se realizaron cuatro grupos focales durante los cuales se les aplicó un cuestionario. Dicho instrumento contenía preguntas destinadas a determinar los conocimientos previos, mitos, prejuicios, creencias, valores y prácticas sociales que los participantes asociaban a la homosexualidad.

Para determinar los imaginarios sobre homosexualidad difundidos en los mensajes de los líderes de opinión se empleó una tabla de registro con espacios destinados a anotar los ingroups y outgroups a los que se aludía en cada publicación, las cualidades y acciones atribuidos a cada uno y las referencias al poder, siguiendo la teoría y el método propuesto por Van Dijk.

Procedimiento

La   investigación   tuvo   una   duración   aproximada de nueve meses, siendo los primeros cuatro destinados al planteamiento teórico y metodológico y al levantamiento de datos, y los restantes cinco al análisis y procesamiento de los mismos.

Para determinar los imaginarios que los jóvenes de la capital cruceña tenían sobre la homosexualidad, se realizaron cuatro grupos focales de acuerdo a las zonas que concentraban la mayor densidad poblacional: zona central, zonas externas al Cuarto Anillo, Plan 3000 y Villa Primero de Mayo. Los participantes fueron voluntarios  contactados  a  través  del  muestro  por bola de nieve. Cada grupo focal inició con una breve introducción al tema a tratar, para a continuación pasar a la formulación de las preguntas del cuestionario. Todo el proceso fue registrado en audio para su posterior transcripción y análisis. Cada grupo focal tuvo una duración aproximada de dos horas.

En cuanto a los líderes de opinión, una vez seleccionados, se revisaron sus fanpages de Facebook para tomar capturas de pantalla de las publicaciones referidas al tema a estudiar. Luego se llenaron las tablas de registro con los datos presentes en los mensajes y se procedió a su análisis.

 

Resultados

Imaginarios de los jóvenes de Santa Cruz sobre la homosexualidad

Conocimientos previos

Los resultados del análisis de las respuestas dadas por los participantes en los grupos focales muestran que existe desinformación y confusión respecto al tema y a las definiciones de sexo, género, orientación sexual e identidad de género.

Todos los jóvenes manejan una definición acertada aunque incompleta sobre lo que es homosexualidad, ya que inicialmente consideran sólo la atracción sexual, dejando de lado el plano afectivo. La mayoría considera que esta orientación es algo natural, ya que “no es un fenómeno reciente”, sino que existe desde “el inicio de la humanidad”. Sin embargo, señalan que en la sociedad cruceña, lo “normal” y “correcto” en cuanto a sexualidad corresponde a la imagen de la “familia natural” de la Iglesia, entendida como la unión en matrimonio de un hombre y una mujer (pareja heterosexual),   para   procrear   (actuando   siempre con  buena  voluntad,  “sonrientes”,  apegándose  a los  preceptos  religiosos  y  manteniéndose  unidos de por vida, esto es, sin divorciarse). El aprendizaje de lo correcto e incorrecto en cuanto a sexualidad se da desde la infancia, en la socialización, a través de la adopción de los roles de género tradicionales que consideran a las mujeres como seres delicados e inferiores a los hombres (“de pequeño quizás tus padres te dijeron “andá jugá con la pelota con tus amigos” y si vino una chica dicen “andá saludala con besito”). Por tanto, resulta un sistema que perpetúa el machismo. El hecho de que ésta sea la definición de  “lo  normal”  y  “lo  correcto”  en  sexualidad  en la sociedad cruceña es señal de la religiosidad, el machismo y la heteronormatividad de la misma.

En cuanto al origen de la homosexualidad, predomina el apego a las teorías que le atribuyen un origen biológico (por factores genéticos u hormonales) y un  origen  psicológico  (por  influencia  del  entorno, por imitación, por decisión o por la crianza). Esto evidencia desinformación debido a que sólo la minoría se refirió a la homosexualidad como una atracción involuntaria generada al interior del individuo.

Como se cree que es posible volverse homosexual por decisión, es que los jóvenes también consideran que es posible dejar de serlo.

Mitos

Al  ser  expuestos  a  fotografías  de  distintas personas, aquellas descritas por los jóvenes como heterosexuales coincidían con quienes presentaban una imagen muy masculina (en el caso de los hombres) y una imagen híper femenina (en el caso de las mujeres). Ante individuos que expresan un género ambiguo, con cualidades tanto masculinas como femeninas, los jóvenes respondían apegándose a lo “políticamente correcto”, con frases como “no creo correcto decir que porque se ve metrosexual sea gay o bisexual”, absteniéndose de realizar juicios al respecto.

Sin embargo, sí se pudo determinar que la presencia de elementos femeninos en los hombres no necesariamente indica homosexualidad, a menos que éstos sean abundantes (persisten entonces el estereotipo del gay afeminado), mientras que la presencia de elementos masculinos en las mujeres es leída como “rudeza” o “normalidad” antes que como  signo  de  lesbianismo.  Esto  probablemente sea debido a que la construcción y la expresión del género son más represivas en el caso de los hombres que de las mujeres.

No  obstante,  también  se  encontró  una  apertura al admitir que el comportamiento o apariencia de alguien no necesariamente indica su orientación sexual: “[Hay] gais que son súper machos y gais que son súper [amanerados]”, “Tampoco es verdad que todos los que son homosexuales sean como mujeres”.

Creencias

La  mayoría  de  los  jóvenes  manifestó  desapego  a las creencias que condenan a la homosexualidad, desvalorizándolas con enunciados tales como “lo veo muy estúpido” o “no tiene sentido”. Un comentario repetido fue que “los tiempos cambian”, y la Iglesia debería revisar y actualizar sus preceptos Es decir, se considera que la homofobia es una actitud anticuada, y se asocia la Edad Contemporánea y la juventud con actitudes de apertura y aceptación.

Una minoría expresó su acuerdo con la condena religiosa a la homosexualidad, de los cuales se hallaron quienes manifestaban aceptar a la persona con esa orientación, mientras no demuestre abiertamente que lo es. Esto no termina de ser una actitud inclusiva, sino un deseo de invisibilizar las expresiones homoeróticas.

En cuanto a cómo “curar” la homosexualidad desde el enfoque religioso, las respuestas señalan que depende de la religión y del tipo de iglesia. Se mencionaron ejemplos de iglesias “muy cerradas”, que recurren a la evitación y expulsión de miembros de orientación homosexual (como los Testigos de Jehová), e iglesias que admiten a las personas no heterosexuales y se enfocan en trabajar con el individuo gay o lesbiana y con su círculo social para su aceptación y reintegración en la comunidad religiosa (como la Iglesia Pastoral de la Diversidad Sexual).

Otras soluciones dadas por los jóvenes fueron la abstinencia, es decir, el mantener a la persona apartada de otras de su mismo sexo, y el adoctrinamiento o educación forzosa para cambiar sus ideas.

Cabe destacar que en la mayoría predomina la creencia de que las personas homosexuales son merecedoras del rechazo porque o bien “deciden” tener esa orientación sexual o deciden entrar a cierta iglesia que los rechaza. De esta manera se justifican las actitudes homofóbicas de la religión. Esta idea se expresa en frases como: “bueno pero tiene su derecho [a discriminar] porque cada uno, o sea, se atiene a las consecuencias de cada comunidad a la que entran, ¿no?”, “ellos [los homosexuales] se meten”.

Prejuicios

Los prejuicios que se tienen sobre las personas de orientación homosexual coinciden con los estereotipos tradicionales del hombre gay afeminado, pero no así con el de la mujer lesbiana masculina. Para los jóvenes, es posible identificar a un hombre homosexual porque presenta las siguientes características: delicado, físicamente débil, cuida mucho su apariencia, no le interesa el deporte, viste bien, con prendas ajustadas y llamativas, es efusivo al expresarse, actualiza constantemente sus redes sociales, es sensible y tiene buen gusto.

Las profesiones socialmente asociadas a la homosexualidad masculina son: diseño de modas, diseño de interiores, peluquería, gastronomía y arquitectura, entre otras. Es decir, todas aquellas relacionadas con poseer cierta sensibilidad artística o estilística, o con cualquier otra cualidad vinculada a lo femenino.

Los participantes manifestaron que es más difícil identificar a una mujer lesbiana que a un hombre gay.

El único indicador nombrado por un participante fue el uso de camisas a cuadros.

Otras características atribuidas a las personas homosexuales son que se trata de seres promiscuos (porque “no hay tanta ceremonia”, “no tenés que invitarlo a salir, no es así como con una chica”), vulnerables, destinados a sufrir y que cargan un resentimiento contra la sociedad que los discrimina (“los  homosexuales  también,  pasaron  de  defender sus derechos, a atacar a la sociedad que antes no los aceptaba, es como un tipo de venganza”).

Valores

Los valores nombrados por los jóvenes como característicos de la cultura camba fueron: hospitalidad, calidez, amabilidad, religiosidad, fiesta, alegría, borrachera, regionalismo, desapego a una identidad nacional y machismo. De estos, tanto el machismo como la religiosidad coinciden con una actitud homofóbica, que busca censurar e invisibilizar a la comunidad LGBT.

Prácticas sociales

Según los jóvenes, las prácticas sociales que se dan en la capital cruceña hacia las personas homosexuales incluyen la aceptación de la persona mientras no exprese públicamente su orientación ni intente “abordarlos”, o mientras la interacción con ella sea mínima (por ejemplo, en el caso de un colega de trabajo o un vecino). Esta actitud se plasma en frases como “Si a mí no me afecta, si a mí no me causa problemas [está bien]”.

La mayoría de los jóvenes afirmó que si alguien cercano a ellos fuera homosexual (como un hermano o un amigo) lo aceptarían, debido a que ya han experimentado   dicha   situación   antes.   Es   decir, tener allegados homosexuales contribuye a su naturalización. Sin embargo, también aclararon que aunque ellos podrían aceptarlo, el resto de su familia no, debido a que se cree que el nivel de homofobia de alguien es directamente proporcional a su edad.

Otros jóvenes expresaron rechazo ante la situación hipotética anteriormente planteada, manifestando asco y que su percepción de la persona cambiaría por completo.

Si se tratara de un hijo o hija homosexual, un grupo de los participantes afirmó que lo aceptarían, especialmente porque consideran que podría tener problemas en la sociedad (se repite el imaginario del homosexual como alguien vulnerable o destinado a sufrir). Otros jóvenes expresaron que se les dificultaría más aceptar la homosexualidad de un hijo que sea de su mismo sexo, es decir, un hijo gay en el caso de los hombres y una hija lesbiana en el caso de las mujeres. También se considera que la sociedad se vale de instituciones como el ejército y la Iglesia para reproducir y perpetuar roles de género sexistas, y todo lo que se salga de los límites de “lo normal” es señalado, censurado y reprimido.

En cuanto al reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales, un grupo de jóvenes mantuvo una postura de negación de ciertos derechos, como la adopción, debido a que podrían influir en la orientación sexual del infante o a que los niños preferirían una pareja heterosexual como padres.

En cuanto a la legalización del matrimonio igualitario en Bolivia, un grupo expresó aceptación, y otro manifestó su negativa ante el matrimonio religioso, pero aceptación ante el matrimonio civil, debido a que consideraban que el conseguir el reconocimiento del matrimonio homosexual tanto frente al Estado como ante la Iglesia es un capricho y un error de parte de los homosexuales, derivado de un deseo de demostrar que pueden imponerse ante los esquemas tradicionales conservadores: “Prácticamente es como para tener la foto y poder decir: ‘Yo soy gay pero pude, pude’”.

Imaginarios difundidos por los líderes de opinión

De un total aproximado de 2.189 publicaciones realizadas durante un periodo de quince meses, sólo se encontraron 17 relacionadas al tema estudiado, de las cuales sólo una se refería directamente a la homosexualidad.  Por  tanto,  se  puede  afirmar  que el tema es escasamente tocado en la esfera pública cruceña, no dándosele importancia.

En las 17 publicaciones analizadas se encontró que persisten las representaciones de roles de género sexistas tradicionales, que muestran a los hombres como proveedores, fuertes, independientes y en posiciones de mayor poder respecto a las mujeres, mientras   que   ellas   son   mayormente   calificadas como “hermosas”, “lo más bello de esta tierra”, “flores” o “princesas”, atribuyéndoles cualidades como la belleza física, la sensibilidad y la delicadeza. Además se determinó que el esquema heterosexual es el difundido y naturalizado, al por ejemplo asumir que hombres y mujeres se necesitan entre sí como parejas, siendo complementarios. Por otro lado se encontró que persiste la concepción del sexo ligado al género, y el apego al Cristianismo, pese a lo cual no se manifestaron posturas discriminatorias hacia la comunidad LGBT.

Finalmente  se  detectó  un  intento  de  transgredir las representaciones tradicionales de los roles de género, mostrando a las mujeres como seres fuertes, decididos y que trabajan activamente por cumplir sus propias metas. No obstante, los mismos individuos que manifiestan dicho intento, vuelven a caer en los estereotipos sexistas.

Discusión

Luego de realizar la investigación, se observa que el tema de la homosexualidad es escasamente tocado en la esfera pública cruceña (de un total aproximado de 2.189 mensajes publicados durante quince meses, sólo uno se refería directamente al tema). Por tanto, se concluye que existe una correspondencia inferida entre los imaginarios sobre la homosexualidad que tienen los jóvenes y los que difunden los líderes de opinión. Las coincidencias específicas entre ambos fueron un apego no estricto al cristianismo, la persistencia de roles de género sexistas, la concepción de sexo y género como indisolubles y un intento de revertir y transgredir los roles de género tradicionales y los estereotipos sobre la homosexualidad, pero sin lograrlo del todo. Esta última actitud coincide con los hallazgos de investigaciones que miden las actitudes hacia  la  homosexualidad  en  América  Latina,  las cuales afirman que últimamente se ha encontrado un enfoque de respeto hacia la diversidad sexual (Villamizar & Messa, 2017).

El cambio anteriormente nombrado probablemente se deba a las presiones contemporáneas en pro de la tolerancia, que deriva en la evolución de la homofobia en formas más encubiertas y difíciles de detectar, incluso por la persona que discrimina (Toro-Alfonso, 2012). Esto mismo fue hallado en la presente investigación, expresado  en  la  tendencia de los jóvenes a responder apegados a lo políticamente correcto, en un intento de mostrarse como abiertos y tolerantes, pero posteriormente manifestando prejuicios sobre las personas homosexuales.

En los mensajes de los líderes de opinión, el esquema heterosexual y sexista que supone que hombres y mujeres son complementarios entre sí es normalizado y difundido, pero existe un mínimo intento de mostrar  a  las  mujeres  como  seres  autosuficientes e independientes. Existe pues una evolución a discursos más tolerantes, igualitarios e inclusivos, tanto en el caso de los roles de género como en la representación de la homosexualidad. Esto coincide con los resultados de la investigación de Polo  Rojas (2013), que encuentra que la imagen del hombre homosexual en el cine latinoamericano ha cambiado en los últimos años hacia discursos más tolerantes y humanos.

Los  imaginarios  que  los  jóvenes  tienen  sobre  la homosexualidad se apoyan predominantemente en información incompleta o incorrecta sobre el tema de la homosexualidad, la cual deriva en confusiones y  prejuicios.  La  desinformación  se  evidencia,  por ejemplo, al confundir definiciones entre sexo, género, identidad de género y orientación sexual, o al  considerar  a  la  homosexualidad  como producto de una decisión personal o de influencia de factores del entorno. Esto último coincide con las teorías que le atribuyen un origen psicológico o biológico, y con resultados de anteriores investigaciones que          vinculan la homosexualidad con desórdenes biológicos, hormonales o psicológicos, y con experiencias traumatizantes durante la crianza   (Saeteros,   Sanabria,   & Pérez, 2014).

La   homosexualidad   es   vista   por   la mayoría de los jóvenes como algo normal y natural (lo cual coincide con resultados de investigaciones  previas,  como  la  de  Lozano (2009), pese a que reconocen que en la sociedad cruceña   persiste   el   rechazo   a   la   diversidad sexual,  especialmente  entre  las generaciones  de mayor edad. Estos resultados concuerdan con los de aquellos estudios que encuentran mayores niveles de homofobia en individuos de edad avanzada (Herek, 1984, 1994, en Toro-Alfonso, 2012; Lozano & Díaz- Loving, 2010;  Moral  de  la  Rubia  &  Valle  de  la  O, 2011), pero contrastan con aquellos que detectan altos niveles de rechazo en grupos de menor edad (adolescentes y jóvenes universitarios) (Oltra, Huluta, Rodríguez-Fernández, & García-Cueto, 2017; Toro-Alfonso, 2012).

Anteriores  estudios  en  este  campo  indican  que la experiencia personal (el tener o no allegados homosexuales) es un factor más influyente que la edad en la formación de actitudes negativas hacia la homosexualidad (Hinrichs & Rosenberg, 2002; Lingardi, Falanga & Augelli, 2005; en Moral de la Rubia & Valle de la O, 2011; Eurobarómetro, 2008, en Rodríguez, Lameiras, Carrera, & Vallejo, 2013). Esto coincide con lo encontrado en la presente investigación, puesto que los jóvenes que describen a esta orientación sexual como “natural” y “normal”, son aquellos que afirman tener amigos o familiares no heterosexuales.

Por  otro  lado,  los  jóvenes  señalan  que  el  rechazo es más fuerte hacia los hombres gay que hacia las mujeres lesbianas, resultado que va de acuerdo a los de numerosas investigaciones anteriores (Cárdenas &  Barrientos,  2008; Toro-Alfonso  &  Varas  Díaz, 2004; Acuña-Ruiz & Vargas, 2006; Chávez y Ganem, sin año; Kite & Whitley, 1996; en Villamizar & Messa, 2017) (Oltra et al., 2017) (Lozano & Díaz-Loving, 2010) (Rodríguez et al., 2013) (King & Black, 1999; LaMar & Kite, 1998; Herek 2000; en Moral de la Rubia & Valle de la O, 2011). Esto puede deberse a factores relacionados con el machismo (Villamizar & Messa, 2017), y a que se tiende a erotizar el lesbianismo para un público masculino.

Desde la religión, sólo la mitad aproximada de los participantes de los grupos focales expresaron su acuerdo con la condena cristiana a esta orientación sexual.

Los prejuicios que los jóvenes tienen sobre la homosexualidad y sobre las personas con esta orientación son que se trata de personas promiscuas, de  vidas  sexuales  altamente  activas,  vulnerables y  destinadas  a  sufrir  en  la  sociedad,  que  viven mayormente solos, cargan un resentimiento contra la sociedad que los discrimina, buscan vengarse a través de ataques al orden establecido y se vuelven homosexuales por imitación o influencia. También se encontró la persistencia del estereotipo del gay afeminado,  pero  no  así  de  la  lesbiana  masculina. Estos prejuicios coinciden con los estereotipos tradicionalmente representados en los medios masivos, y con lo encontrado por investigaciones que hacen un análisis de los mismos (Polo Rojas, 2013; Toro-Alfonso, 2012).

Sobre las prácticas sociales que se dan en la cultura cruceña hacia la homosexualidad, es recurrente la evitación de la persona con esta orientación sexual, la censura a la expresión pública de su sexualidad, el asco, el considerar a la homosexualidad como consecuencia de un error en la crianza, y la aceptación de la persona mientras la interacción con ella sea mínima y no demuestre su orientación. Esta actitud de aceptar la homosexualidad mientras no sea expresada abiertamente no es realmente una actitud inclusiva, y coincide con lo encontrado por Lozano y Díaz-Loving (2010), al desarrollar y validar un test de medición de homofobia para individuos dentro de un amplio rango de edades.

En cuanto a las diferencias en los imaginarios según la ubicación geográfica de los jóvenes en la ciudad, en los grupos focales del centro y del Cuarto Anillo se encontraron actitudes de discriminación más sutiles y mayor aceptación que en los otros dos grupos. En los grupos de la Villa 1° de Mayo y el Plan 3.000 se encontraron   posturas   menos   sustentadas   frente al tema y una tendencia a finalmente virar a lo “políticamente correcto”.

Sobre la relación entre la concepción que los jóvenes tienen  de  los  roles  de  género  y  sus  imaginarios sobre   la   homosexualidad,   se   encontró   apego   a la  concepción  tradicional  de  sexo  y  género  que deriva en representaciones estereotipadas y prejuicios sobre la apariencia y comportamiento de las  personas  homosexuales,  pero  en  un  esquema no   tan   restrictivo.   Anteriores   estudios   vinculan el machismo y el sostener o apegarse más a los esquemas tradicionales de género (que defienden la “masculinidad heterosexual, agresiva y dominante”) con  mayores  niveles  de  discriminación  hacia  las minorías sexuales (Parrot, Peterson, Vincent & Bakeman, 2008, en Toro-Alfonso, 2012, pág. 73).

Las  respuestas  de  los  jóvenes  permiten  identificar un sistema heteronormativo y religioso, en el que “lo correcto” en cuanto a sexualidad y género es el apego a los roles de género tradicionales sexistas, en el que se considera a la heterosexualidad como la orientación sexual innata, y la unión de por vida entre un hombre y una mujer (la “familia natural”) es la única opción válida, dada con el fin de procrear para perpetuar la especie. En este esquema, un hombre gay o una mujer lesbiana son censurados e insultados con diversos peyorativos que aluden a prejuicios sobre la población no heterosexual o a lo “desviado” de su orientación. Los peyorativos abundan más en el caso de los hombres gay que de las lesbianas. Esto puede deberse a que la expresión del género resulta más restrictiva en el caso de los varones que de las mujeres.

Los  valores  de  la  sociedad  cruceña  que  sostienen este sistema y son reconocidos por los jóvenes son la religiosidad y el machismo, los cuales son inculcados desde la infancia y a través de la socialización, perpetuando el rechazo y la discriminación.

Los jóvenes mencionaron algunas manifestaciones de homofobia tradicional que persisten en la sociedad cruceña actual, como el hacer burlas o insultos referidos a  la  orientación  sexual  de  alguien,  principalmente en el caso de los hombres. Sin embargo, también se encontraron indicadores de rechazo sutil. Lo que predomina independientemente de la religiosidad de la persona, es un discurso que busca mostrar al emisor como tolerante y libre de prejuicios, pero sin poder deshacerse del todo de posturas de discriminación encubiertas, al por ejemplo pretender invisibilizar la expresión de la homosexualidad, justificar el rechazo a las personas con esta orientación y mantener los prejuicios sobre las mismas.

 

Referencias

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