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Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura

versión impresa ISSN 2306-8671

Rev. aportes de la comunicación  no.24 Santa Cruz de la Sierra ago. 2018

 

ARTÍCULOS

 

Frankenstein, 200 años después.

 

Entrevista de Gabriel Chávez Casazola a Juan Murillo Dencker

 

 

Gabriel Chávez Casazola1,Juan Murillo Dencker2
1Periodista y poeta boliviano
2Crítico literario boliviano

 

 


 

GChC ¿Por qué ocuparse de Frankenstein ahora? ¿Qué sentido tiene en nuestra época?

JMD En realidad, el que debería estar ocupado y preocupado es el Dr. Víctor Frankenstein. El fruto de sus investigaciones permitió dar vida a un tejido muerto, así nace el monstruo que no tiene nombre, aunque el imaginario colectivo lo reconoce como si éste se llamara realmente Frankenstein. La autora del libro titulado Frankenstein or The Modern Prometheus ciertamente no imaginó el alcance de su personaje, el sin nombre, pero que secuestraría para sí el apellido de su creador, es legítimo su derecho aunque no legal puesto que Víctor no es el padre biológico de la criatura. El monstruo nace de un pequeño concurso de narraciones de terror relacionadas con historias de fantasmas durante una estadía en Ginebra de la familia de los Shelley y amigos cercanos. De los otras narraciones casi nada sabemos, han quedado traspapeladas en archivos literarios, pero la historia de Mary Shelley sobrevivió a esta primera consideración, digamos que esta es la primera vez que el monstruo sobrevive para no dejar de hacerlo indefinidamente, recordemos que la historia se escribe en el verano de 1816 y se publica en setiembre de 1817 (¿1818?), la segunda edición con una introducción de la misma Mary Shelley fue en octubre de 1831, mientras que la primera sólo incluía un prologo escrito por el esposo Percy Shelley tan reconocido como contemporáneo de Byron. Entre estos casi quince años la obra ya había sido representada en el teatro con bastante éxito. Entremedio de estas dos publicaciones parece existir una publicación intermedia (1823) en dos tomos, pero firmada por Mary Shelley ya que la primera edición fue publicada anónimamente.

La tercera edición definitivamente consagró el nombre de la autora, pero para aquel entonces -el personaje- Él monstruo ya había superado a su creador Víctor Frankenstein y a la autora del libro. Así sucedieron un sin fin de adaptaciones, ya en 1910 el cine mudo presentó su primera versión, en 1931 quizás la más conocida y difundida película dirigida por James Whale e interpretada por Boris Karloff en el papel del monstruo. Universal Pictures tiene una serie de siete películas, Hammer Films tiene otras siete producidas entre las décadas de los años cincuenta al setenta, sin embargo, es imposible hacer una lista completa de todas las versiones sobre este personaje que van desde el teatro, el cine, la televisión y otros medios tales como historietas, musicales, video juegos, juguetes, insisto imposible hacer un buen "imbestiario", mejor dicho, inventario. Ciertamente es necesario destacar que estas nuevas producciones son versiones nuevas, son re-escrituras de la obra original.

Regresando en concreto a la primera parte de la pregunta y sobre lo expuesto queda claro que el monstruo aún convive de una u otra forma entre nosotros formando parte de una cotidianidad en el habla diaria adoptando formas variadas que expresan una suerte de contenidos, en más de un caso se constituye en una palabra polisémica, herramienta de la metáfora capaz de llevarnos por territorios inesperados hasta asumir juicios con y sin valor.

El monstruo se ha convertido a lo largo de su historia en un mito puesto que reúne todas las condiciones para asumir esta condición, desde su origen perdido en la noche de los tiempos, su contenido filosófico, su condición originaria de no haber nacido de hombre y mujer, sino de la tierra misma, hijo del rayo según Hollywood o si se quiere del estímulo galvánico propuesto por Erasmus Darwin. Si leemos con cierto cuidado el prólogo y la introducción de los Shelley habremos de encontrar con elementos que hablan de una doctrina filosófica y de los principios de la naturaleza humana, del principio vital, aquí podría residir el origen filosófico de Frankenstein. Sin embargo, el monstruo también se pregunta: And what was I?, dicho en castellano resultaría ser: ¿Y que era entonces yo?, con lo que queda en forma explicita su condición de la cosa producida, notemos que la autora, menos el monstruo utiliza la palabra Who o Quién, sin embargo esta criatura en algún momento de la narración leerá El Paraíso Perdido de Milton para devenir en Adán y Satán, el doble discurso que desde la inocencia se convierte en perverso. Nació bueno, la sociedad lo hizo malo. Aunque el monstruo es capaz de sentir emociones expresando sensaciones al contemplar una forma radiante que no es otra cosa que la luna, curiosamente la única nota en pie de página en el libro se utiliza precisamente como contradicción denotativa y connotativa entre la luna y la percepción de una forma, así Mary Shelley nos pone frente a sentimientos muy complejos, vemos al buen salvaje.

Por otra parte, el prólogo deja un carácter ambiguo al decir que la ficción presentada queda como as not of imposible occurence, digamos no imposible de ocurrir, una doble negación, además el criterio está de alguna manera apoyado por la ciencia puesto que recurre al Dr. Darwin como fuente de opinión. Los elementos mencionados son fruto de una lectura más cuidadosa, respondemos porque sabemos responder desde una sola fuente, pero en la vida real la situación es diferente puesto que las respuestas a las posibles preguntas sobre Frankenstein tienen varias vertientes, la industria cinematográfica, las historietas, los musicales, pero sobre todo las respuestas vendrán desde la imagen que Hollywood nos vendió, aquel enorme monstruo, cabezón, de frente amplia y su infaltable perno incrustado en el cuello. Ya no es fácil seguir la huella del monstruo, olvidamos su origen, su época, su autor. La criatura ha eclipsado a sus creadores en sus dos niveles de procedencia, luego que también está doblemente olvidado por Dios y por su creador. Esto de alguna forma explica por qué este personaje sujeto de la entrevista se ha transformado en mito, una vez más podemos decir que el mito es el arte de contar lo que no sabemos, por supuesto que hay una definición más académica de Levi-Strauss donde el objeto del mito es proveer un modelo lógico para resolver una contradicción.

Habíamos dicho que la criatura del doctor Frankenstein está entre nosotros, la reconocemos como un mito, la convertimos en metáfora y con cierta frecuencia en metáfora política, aún así por razones de imaginarios colectivos seguimos llamando Frankenstein al monstruo como si éste se llamara realmente Frankenstein, por un mecanismo de doble negación no asumimos que el monstruo no tiene nombre o porque -quizás- no queramos mencionar su verdadero nombre. De esta manera queda claro el sentido que tiene este personaje en nuestros días, rutinariamente nos encontramos con él en cualquier esquina, la ciencia ficción ficciona cuando dice que el miedo a los robots se llama el complejo de Frankenstein, o la comida genéticamente manipulada se llama frankenfood, en idioma inglés, luego a cualquier cosa armada artificialmente se le coloca el prefijo de franken, tampoco el idioma original importa mucho, la palabra originalmente es alemana, viene desde la literatura inglesa y la usamos en castellano sin ningún inconveniente y todos la entienden, es un genérico de lo monstruoso.

Es tan actual el concepto de Frankenstein, basta con observar las discusiones que se llevan a cabo sobre el tema de la manipulación genética, podemos citar a PeterSloterdijk cuyas opiniones y criterios lo llevaron a tener situaciones conflictivas con Jurgen Habermas y su discípulos, este tema de jugar a Dios -al no haber perdido su popularidad- le da una vigencia absoluta a Víctor Frankenstein creadory víctima del monstruo, habrá quienes asuman la no-responsabilidad de haber creado uno que otro monstruo, pero que ciertamente a la postre terminan perseguidos por su propia criatura. Por otra parte, si este análisis nos permite seguir la huella de cómo un mito se instala en los imaginarios colectivos, entonces el lector desde su lecturas y sus otras lecturas, podrá saber también que otros mitos están o podrían estar en construcción y cuáles mitos están siendo reescritos para continuar sobreviviendo.

GChC Y ¿por qué ocuparse del moderno Prometeo en Bolivia? ¿Le han robado algún fuego a los dioses por aquí?

JMD Mencioné anteriormente que el título de la obra a manera de subtítulo hace referencia a Prometeo y consecuentemente nos remite a este antiguo mito, bien conocido por la mayoría de los lectores, pero mal recordado. Etimológicamente Prometheus es el que reflexiona anticipadamente en oposición a su hermano Epimetheus, que es el que reflexiona después. Luego Pandora con su caja -de donde saldrán todos los males- forman parte de la historia, dicen que en sus bordes quedó retenida la esperanza. Aquí tenemos una suerte de complementariedad de los contrarios. Prometeo termina siendo un héroe más amigo de los hombres que de los dioses, es un héroe militante enseñando que por el dolor se accede al conocimiento, su acto es un acto a favor de los hombres. Contrario a la enseñanza del mito original, en la obra de Mary Shelley, el acto de creación del doctor Frankenstein está en contra de toda la humanidad, hablemos de terror con mayúscula. Desde los varios narradores que tiene el libro podemos escuchar al monstruo convertido en una suerte de águila relatando su historia. Existe otra fuente referencial que podría tratar de entender la historia del monstruo desde la perspectiva del Fausto, la pasión por la búsqueda del conocimiento, una pareja Mefisto y Margarita, las ideas centrales del retorno y de la venganza, un destino. Se puede especular -pero no- la historia está más allá de Fausto y Prometeo puesto que sus características más bien hablan de un mito de creación, el monstruo nace arbitrariamente de un caos ambiguo, el sentido del sacrificio está invertido, otorga vida en vez de muerte y así se desafía a los dioses y se provoca su ira bajo condiciones de violencia irreprimible entre un caos que deviene en cosmos, violencia impuesta al monstruo por la sociedad que no acepta su apariencia física, sociedad que mira exclusivamente lo superficial desde la fealdad de la criatura. Esta es otra contradicción entre la obra literaria y la película de Boris Karloff que inscribe en nuestro imaginario a un personaje asesino de niños y de novias en su noche de bodas, insisto la doble fuente desde donde podemos responder sobre el personaje y las distintas historias dentro de otras historias; esta es una característica importante del libro puesto que tiene varios narradores y una estructura bastante más complicada de la que podemos imaginar, son historias dentro de otras historias. Sobre esto hay que añadir el uso del oximoron, el muerto vivo, narrado en forma fantástica nos llevará a encontrarnos con el fantasma del muerto. Nótese que cuando hago mención a Boris Karloff he olvidado el nombre del director de la película, he olvidado también el nombre de la autora, pero lo que nadie olvida es el nombre de Frankenstein endosando el apellido al monstruo porque todos olvidan que el monstruo no tiene nombre, ciertamente casi nadie se acuerda de su origen y sus autores en cualquiera de sus versiones, este es el mejor certificado de vida que puede obtener el personaje.

Sin falsas pretensiones de encontrar lo que no existe, digamos tener las pistas de un discreto guiño a Jean-Jacques Rousseau en su buen salvaje donde la inocencia está por delante y la sociedad corrompe al hombre expresando al ciudadano como hombre social. No debemos olvidar que por las fechas en que aparece la obra de Mary Shelley existe un referente histórico de la Revolución Inglesa y la Revolución Francesa, tampoco debemos olvidar la condición social y política de la familia Shelley, de William Godwin, padre de Mary y autor de Investigación sobre la justicia política, de su madre la Sra. Wollstonecraft autora de la Defensa de los derechos de la mujer. Entonces este ambiente nos coloca frente a reflexiones políticas, desde este ángulo es posible establecer la relación entre el monstruo y la metáfora política. Se suele escuchar desde los actores políticos más conservadores, expresiones que hablan de las masas proletarias como un monstruo sin dios, hay un algo que habla al imaginario colectivo de un nuevo cuerpo producido por la revolución, habla de las masas tomando el poder, conquistando palacios y encarcelando a los reyes. Sin olvidar que Frankenstein es una ficción y fuente de ficciones, los hechos históricos son reales, por tanto, el padre de la criatura renuncia a otorgarle descendencia prisionero de sus medios terminará siendo un contrarrevolucionario.

Entonces este Prometeo podría entenderse como aquel que trae el fuego de la revolución y por su temor a convertirse en pirómano opta por la contrarrevolución. Podemos estar hablando de la revolución industrial o de cualquier otra revolución, la tecnológica, de todas maneras, siempre o casi siempre terminamos siendo sus víctimas.

No hay una intención definida de establecer en forma análoga al moderno Prometeo en el contexto boliviano, sí habría una propuesta de leer la historia con sentido crítico, que, toda lectura vaya acompañada de una reflexión y no sólo sea una mera aceptación de lo narrado. Digamos que el lector debe estar en condiciones de ser lo suficientemente inteligente para descubrir la letra chica del texto.

En cuanto al robo de algún fuego propiedad de los dioses debemos estar concientes de aquellos aprendices de dioses que dicen tener el fuego como criterio de verdad y de aquellos héroes que dicen haberse robado el fuego para beneficio de la humanidad. El arte estará en saber diferenciarlos para entender que estamos solamente frente a simples mortales seducidos por Pandora además de confundidos por las historias narradas en boca del águila. En forma más dramática podríamos decir que a veces asistimos a un espectáculo de fuego para distraernos con un ejercicio de pirotecnia más conocidos como fuegos artificiales.

En resumen, cada quien establece sus propios referentes para construir sus analogías, sabemos que toda lectura produce una nueva obra basada en la historia propia del lector.

También es interesante mirar el fuego como símbolo de la purificación, de la destrucción, Frankenstein tiene una escena importante con un acto de inmolación, esto es lo interesante de proponer una re-lectura como la de esta obra escrita en 1818 por una joven mujer de 19 años, una voz femenina que es capaz de concebir semejante monstruo y acompañarnos hasta nuestros días con los miedos misteriosos que obsesionan nuestra naturaleza..., a decir de ella misma.

La crítica literaria puede ser muy severa con la obra escrita de Mary Shelley y encontrar lo que quiera encontrar, decir que ella es fruto de todo un ambiente literario, de una coyuntura histórica e intentar justificar el éxito de su obra sobre estos antecedentes sería injusto, en justicia se debe reconocer a Mary Shelley porque era ella misma.

GChC Su conferencia ha despertado inusitado interés. ¿Aqué lo atribuye? ¿estamos todos buscando (o huyendo de) algún monstruo? ¿Llevamos uno dentro de nosotros?

JMD Considero una exageración aquello de inusitado interés, pero tiene algo de cierto, la conferencia bajo patrocinio del Centro Cultural Franco-Alemán, se anunció y presentó en el marco de la Feria del libro realizada en Santa Cruz de la Sierra en mayo del 2010. El hilo conductor de una serie de conferencias fue el héroe y el mito y pensadas para un segmento del público joven, pero aproximándose a una etapa más adulta. Lo normal es que el público espera temas de la literatura contemporánea o universal en títulos y/o autores de prestigiosa popularidad.

La obra de Mary Shelley no alcanza o no se deja ver como tal, más bien, en complicidad con el cine, el referente se distorsiona, el nombre es más popular por la película o porque simplemente usamos el nombre de Frankenstein como metáfora del monstruo, entonces resulta curioso que se anuncie una conferencia que trate del tema cuando no necesariamente éste sea un referente literario. Están los que leyeron el libro en la escuela, están los que vieron el film, los que leyeron algunas historietas o tiene algún video juego, y todos están entre los que no recuerdan nada más que cosas vagas sin memoria para los detalles, el grupo más importante es aquel que reclama haber leído la obra por haber visto la película, esto pasa con otras obras y otros autores, sabemos más de lo anecdótico que de la misma obra, un ejemplo es J. L. Borges, sabemos y escuchamos de su vida que parece que hemos leído sus obras. Ahí reside otra invitación hacia la reflexión por descubrir - ¿cuánto? - sabemos de la obra en si misma y si deseamos una re-lectura. Entonces un sugestivo título: Frankenstein, una aproximación al monstruo, llamó la atención del público y para sorpresa mía recibí una segunda invitación para presentar la conferencia en la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra, UPSA. Quizás una obra mirada como una pieza literaria sin mucha importancia y tratada en un contexto algo más serio pueda hacernos descubrir que podemos ser mejores lectores de esta y de otras obras.

Al reflexionar sobre la construcción del mito y del uso como metáfora política sentimos la tentación de hacer analogías y encontrar respuestas concretas, si la conferencia resultó ser lo suficientemente provocadora, la inquietud nace y el receptor busca alrededor suyo, indaga, pregunta -pero- las respuestas son personales y cada quién decide si está buscando, o si está huyendo de sus propios medios que obsesionan nuestra naturaleza.

Cabe la posibilidad que cada uno de nosotros albergue un monstruo, al hacerlo conciente no sepamos escapar de él, finalmente y como conclusión, he mencionado que la criatura de Víctor leyó El Paraíso Perdido de Milton, acaso la Utopía no es el intento de regresar al Paraíso....

 

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