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Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura

versión impresa ISSN 2306-8671

Rev. aportes de la comunicación  no.24 Santa Cruz de la Sierra ago. 2018

 

ARTÍCULOS

 

El sujeto moderno: un aguanieve de dolor y mal

 

 

Isabel Gamboa
Docente y consultora asociada Universidad de Costa Rica
El autor declara no tener conflictos de interés con la Revista APORTES.
Fecha de recepción: 15 de marzo de 2018 Fecha de aceptación: 7 de mayo de 2018

 

 


Resumen

A veces los acontecimientos nos suceden como golpes en la cara. Precisamente eso es lo que ocurre cuando una lee Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski (1864/2010). Es inevitable ver(se) en ella cualidades humanas que fácilmente nos ubicarían como una especie terrible.

En Memorias, la presencia del mal -en el personaje principal- está acompañada por la presencia del dolor, como si uno fuera condición inevitable para el otro. Precisamente de eso trato en este ensayo, de la maldad y el dolor en el sujeto moderno. Para ello, tomo como pretexto el libro de Dostoievski.

Palabras claves: Sufrimiento, maldad, modernidad.


Abstract

Sometimes events occur to us like blows to the face. Precisely that is what happens when one reads Memories of the subsoil, of Fyodor Dostoievski (1864/2010). It is inevitable to see (in) human qualities that would easily locate us as a terrible species.

In Memoirs, the presence of evil - in the main character - is accompanied by the presence of pain, as if one were an unavoidable condition for the other. That is precisely what I write about in this essay, of evil and pain in the modern subject. To do this, I take as a pretext the book of Dostoevsky.

Key words: Suffering, evil, modernity


 

 

Cómo pintan la tristeza y el mal en las memorias

La dama sombría, una pintura del belga James Ensor1, es el primer golpe que recibimos al tomar el libro de Dostoievski: una consumida y gris mujer aguarda - no se sabe qué- sentada en una silla de su también gris habitación, mientras su roja sombrilla parece escarnecerla con su luminosidad2.

La pintura me inquieta ¿Puede una persona estar tan triste y ser buena al mismo tiempo?3, ¿El dolor de la existencia humana tiene algo que ver con la generación del mal? Nietzsche diría que sí.

El protagonista de las Memorias es un infeliz y patético sujeto (un exfuncionario público, para más señas) que se pasa los días pensando cómo dañar a los demás, en una especie de acto que le permitiría librarse de sí mismo: "Sin embargo, si no me curo, es simplemente por maldad. Estoy enfermo del hígado; me gusta, aún puedo estar peor." (2010, pág.13).

Y contrario al Gregorio Samsa de Kafka (1995), este personaje se queja: "[...] no he conseguido siquiera convertirme en un insecto." (2010, pág. 17). Se lamenta porque cuánto más dolor tenga más puede hacer sufrir a quienes le rodean, sobre todo a Liza, la prostituta que se le presenta como una víctima cómoda por su vulnerabilidad dada, no sólo por su condición de desecho social, sino por su necesidad subjetiva de ser reconocida como persona. Pero aunque el exfuncionario nunca cambia y Gregorio sí, ambos -al igual que Liza- tienen al menos dos cosas en común: el sufrimiento y la soledad.

El protagonista de "Memorias" es un sujeto moderno antirracionalista y antipositivista quien -por ello mismo: por anti-racional y antipositivo- no resiste ser leído de una forma unívoca. Él, con sus primeras palabras declara su constitución subjetiva: "Soy un enfermo... Soy un malvado." (2010, pág. 13) O sea, un ser en quien el dolor y el odio se subjetivan indisolublemente. Es puro inconsciente lenguajero, como diría Lacan (1987), que no para de hablar durante la primera parte del libro -mediante el monólogo interior- advirtiéndonos que, pese a ser una persona aborrecible, no podremos odiarle.

La humanidad del dolor y del mal

Y  ahora voy rápidamente con una formalidad que hasta ahora desatendí: qué es aquello que llamamos mal4. Para Zimbardo (2008): "La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre (pág. 26)." Su definición incluye tácitamente el hecho de que quien perjudique, debe tener poder sobre la víctima o, lo que es lo mismo, estar ésta en circunstancia de vulnerabilidad frente a su malhechor.

Porel contrario, Gorki(1928)sequejabatrágicamente de la inteligibilidad del mal diciendo: "La crueldad, he aquí lo que toda la vida me ha asombrado y me ha atormentado. ¿En qué, en dónde están las raíces de la crueldad humana? He reflexionado mucho sobre ello y no he comprendido nada y no comprendo nada" (2010, pág. 93.).

También Ricoeur (1991) aludía a esa dificultad, atribuyéndola a la cercanía del mal con el mito. Para él, el mito es un tipo de relato que no admite diferenciación entre el mal y el bien, y que lo ubica todo, incluyendo a la maldad, más allá del mal y el bien. Por ello, el mito obliga siempre a volver la vista atrás en busca de un origen, pero la maldad sólo puede comprenderse si temporalmente nos ubicamos hacia el futuro. En otras palabras, no entendemos el mal porque lo buscando donde no lo vamos a encontrar.

Ahora bien, existen dos tendencias explicativas en la mayoría de investigaciones que intentan razonar sobre esa capacidad humana de ocasionar sufrimiento a los demás. La primera, asegura que ésta se origina en un instinto que la cultura intenta desplazar con miras a evitar la aniquilación grupal, por ejemplo: Freud, 2007a; Roudinesco, 2009; Elias, 1987 y Girard, 1995.

La segunda, que la cultura misma es la que, con sus mecanismos perversos, posibilita el sufrimiento de los demás, que es ocasionado por sus semejantes y por las instituciones mismas Como ser: Baudrillard, 1978; Horkheimer y Adorno, 1988; Zimbardo, 2008; incluso Nietzsche, 2000, entre otros.

El problema es que, mientras la felicidad es episódica, el sufrimiento es habitual pues está garantizado por la finitud del propio cuerpo, por la naturaleza incontrolable y, sobre todo, por la relación con los demás (Freud, 2007a). Dicho en palabras de Ricoeur (1991), "el hombre hace padecer al hombre", pues el sufrimiento viene siempre de una acción humana malvada y violenta.

Eso vemos en las Memorias del subsuelo, donde el personaje principal desquita su dolor tirándolo a la cara de Liza, del mayordomo y, por qué no, de quienes lo leemos y no tenemos más remedio que sentir nuestra propia indigencia en la boca del estómago. Porque Memorias es un libro triste que hace mal. Uno que leemos desde una disposición vieja a la tristeza -o sea, lo leemos ya estando tristes- y al hacerlo, acabamos sintiéndonos humillantemente identificadas con ese exfuncionario público lleno de odio, de delirios de grandeza, de envidia y de miedo. Terminamos sintiendo que nuestra vida es, como el nombre de la primera parte del libro, una ratonera.

Siendo ratas en una ratonera se entiende que Dostoievski obligue a su protagonista a preguntarse: "¿Y no podría suceder que a veces el interés del hombre, no sólo pueda, sino deba consistir en desear en algunos casos más el mal que el bien?" (2010, pág. 35). Pregunta que trae ya un eco hobbesiano (1999), y más tarde, tendrá su actualización nietzscheana (2000).

Este padecer debido a los demás, según Freud (2007a), ocasiona que el instinto de muerte se vuelque contra el mundo exterior como impulso de agresión y destrucción, en un intento del eros por salvar al yo de su propia aniquilación. Freud lo dice así: "A mi juicio, ha de contarse con el hecho de que todos los hombres integran tendencias destructoras -antisociales y anticulturales- y que en gran número son bastante poderosas para determinar su conducta en la sociedad humana" (Freud, 2007b, pág. 2962).

Si como expone Freud, la principal causa de sufrimiento son las relaciones intersubjetivas, esto se vuelve más importante al considerar que, como asegura Delumeau (1989), los seres humanostienden a buscar la relación con el otro como una necesidad. El fracaso en dicho vínculo originaría, tanto en el nivel individual como colectivo, sentimientos de angustia e inseguridad que ocasionarían agresividad contra los demás, en una suerte de compensación.

Laanteriorsetrasluce perfectamente en unaescenade Memorias, en la cual, el protagonista -dolorosamente solo- busca un vínculo con unos truhanes que ve pelear, desde la calle, al interno de un bar. Entra con la desoladísima y patética esperanza de formar parte del grupo: "¡Vete a saber!, igual me engancho con uno y también a mí me tiran por la ventana." (2010, pág.67) Pero el precario y ansiado contacto humano no ocurre debido, según el protagonista, a que "[...] no era bueno ni para que me tiraran por la ventana[...]" (2010, pág. 67)

Mientras leía las Memorias pensaba que lo lógico era que una persona como ese exfuncionario cultivara la misantropía y, en consecuencia, se quedara solo -¿no estaba ya solo?- pero no. Él necesita de alguien. Por ejemplo de su mayordomo, a quien le ocasiona daño pero al mismo tiempo le teme: ejerce su maldad y sufre al mismo tiempo. Es como si dependiera de él para sostener su dolor, para atajarlo. Entonces, Memorias habla de un hombre que ocupa a los demás para sufrir.

El personaje de Dostoievski es el primer antihéroe occidental, como ha señalado Alberto Moravia en la hermosa introducción del libro (2010, pág. 6). Así, habla para describir que: "Antes era funcionario, ya no lo soy. Era un mal funcionario. Era descortés y me sentía a gusto." (2010, pág. 13).

Un antihéroe, que además de amargado y triste está aburrido, como Peter y Paul, los personajes de Funny Games, una película del director germano austriaco Michael Haneke, filmada en el año 1997. En ella, ambos jóvenes se meten a la casa de unos vecinos -una pareja heterosexual, su hijo y su perro-, y juegan con ellos mortalmente durante horas. Lo sorprendente de la película es que logra presentar a Peter y Paul como un par de sujetos imperturbables, pacientes y minuciosos para ocasionar el mal, pero, en ningún caso, como seres diabólicos. Peter y Paul parecen estar movidos por una única pasión: el aburrimiento de estar vivos.

Para Dostoievski el ser humano es también, a más de aburrido, estúpido, desagradecido, perezoso, desvergonzado, es "[...] muy raro [...]" (2010, pág.49). Tanto, que "¡Es un hecho que el hombre tal vez ama terriblemente, apasionadamente el sufrimiento!" (2010, pág. 49)

Lo anterior no tendría nada de particular si no fuera porque en la cultura o el vaudeville o palacio de cristal, como le llama el escritor, no se admite el sufrimiento: "Pues bien, yo quizá tengo miedo de este palacio de cristal, precisamente porque es de cristal y desafía a los siglos y ni siquiera se le puede sacar la lengua ni a escondidas." (Dostoievski, 2010, pág.51)

Como un Sebastián (ese santo que tanto erotizó a Mishima) martirizado a flechazos, primero, y azotado, después, hasta morir, el protagonista de Memorias, vive muriendo5.

De manera que el sujeto moderno que se inaugura en Memorias amaría el mal en dos sentidos: el mal contra sí mismo y el mal contra los demás. Nietzsche lo escribiría así (2000): "Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir todavía mejor: esta es una afirmación dura, un viejo y poderoso principio fundamental humano demasiado humano [...] (pág.109)." En ese mismo sentido, según Roudinesco (2009), Dolmancé, personaje de "La Filosofía en el Tocador", de Sade, asegura que la naturaleza humana es asesina y debe acatar dicho mandato. Para la psicoanalista, con sus obras, Sade hizo que el mal se convirtiera en algo deseable.

Si bien Roudinesco (2009) ratifica la inmanencia humana de la maldad comunicando que:"[...] habrá que resignarse: la perversión es exclusivamente humana (pág. 198)", esa pulsión no se ha quedado solo en la psique o, para la neurociencia, en el cerebro, se ha ampliado hacia la cultura, en un afán por impedir el mal, por controlar sus efectos o, contrariamente, para reafirmarlos.

Pero, diría Freud, placer al fin. Por eso, la cultura debe defenderse en contra de las mismas personas y sus impulsos hostiles con el fin de hacer posible la convivencia (2007b). Se trata de contrarrestar culturalmente un impulso agresivo inculcando, mediante el superyó, los sentimientos de culpa y deseo de castigo; o sea, volviendo ese deseo de destrucción del otro contra sí (Freud, 2007a).

Para el psicoanalista, esta represión no siempre funciona del todo. En cierto sentido, a eso se refiere Girad (1995) cuando habla de la importancia del papel de la víctima. Entonces, fue el peligro contra la propia vida lo que hizo que los seres humanos se juntaran para protegerse, incluyendo la prohibición de matarse entre sí y la decisión de reservar la práctica de ese derecho contra quienes no lo respetaban (Freud, 2007b).

 

Conclusiones

Si de ese exfuncionario público dostoievskiano se tratara, entonces tendríamos que decir que el sujeto moderno vive como se vive la música que el compositor Philip Glass preparó para la extraordinaria película "Las horas", con un susto en el estómago.

Que el sujeto moderno es un ser al límite: héroe y fango, triste y malo, malo y bueno.

Que es un sujeto constituido y condenado por los otros, los mismos que obligaron a Sartre (1960) a afirmar: L'enfer, c'est les autres.

Que es un sujeto, sujeto al refrán popular: ni pica leña ni presta el hacha, porque ni vive ni deja vivir.

 

Notas

1 Esa es la ilustración de la portada del libro de Dostoievski de la editorial usada para este trabajo.

2 Puede verse la pintura en: http://pixelteca.com/poramoralarte/ensor/imagenes/ensor3g.jpg.

3 Por supuesto que desde la tradición judeo cristiana una persona que sufre es, ante todo, una persona buena. Es más, sufrir es un requisito para la bondad y la bondad un camino al cielo. Al respecto, recuerdo el desencajo emocional de mi madre cuando supo que Juan Pablo II afirmó que el infierno no existía como lugar físico: ¿Y qué hago ahora, tanto que he sufrido...? Me dijo tristemente, entonces.

4 No sé por qué supongo que el mal debe ser definido y el dolor no. Asumo que el dolor no presenta el mismo dilema moral con que nos confronta el mal. Tal vez porque casi ninguna persona quisiera ser signada como mala, pero cualquiera aceptaría que, en algún momento de su vida, fue una persona triste.

5 Puede ver un retrato de San Sebastián en: https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQz0rp7wLl6_ln8EhfV7dJxW6Yq9nz7X1vB8GZfVkk7CMemSgvb

 

Bibliografía

Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro. Barcelona: Editorial Kairós.        [ Links ]

Delumeau, J. (1989). El miedo en Occidente. Madrid: Turus.        [ Links ]

Dostoievski, F. (2010). Memorias del subsuelo. Madrid: Mestas ediciones.        [ Links ]

Elias, N. (1987). El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. Madrid: Fondo de Cultura Económica.        [ Links ]

Freud, S. (2007a). Obras completas. El malestar en la cultura. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.        [ Links ]

Freud, S. (2007b). Obras completas. El porvenir de una ilusión. Madrid: Editorial, Biblioteca Nueva.        [ Links ]

Girard, R. (1995). La violencia y lo sagrado. Barcelona: Anagrama.        [ Links ]

Gorki, M. (1928). Lenin y el Mujic. Reflexiones sobre la crueldad rusa. Madrid: Editorial del Norte.        [ Links ]

Hobbes. T. (1999). Del ciudadano y Leviatán. Madrid: Tecnos.        [ Links ]

Horkheimer, M & Adorno, T. (1988). Dialéctica del iluminismo. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.        [ Links ]

Kafka, F. (1995). La metamorfosis. Madrid: Alianza.        [ Links ]

Lacan, J. (1987). Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós: Barcelona.        [ Links ]

Nietzsche, F. (2000). La genealogía de la moral. Madrid: Edaf.        [ Links ]

Ricoeur, P. (1991). El escándalo del mal. Revista de Filosofía, vol. 1, n.5. pp. 191-197.        [ Links ]

Roudinesco, E. (2009). Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos. Barcelona: Anagrama.        [ Links ]

Sartre. J. P. (1960). A puerta cerrada. Buenos Aires: Losada.        [ Links ]

Zimbardo, F. (2008). El Efecto Lucifer. El por qué de la maldad. Barcelona: Paidós.        [ Links ]

 

 

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