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Revista de Investigacion Psicologica

versión On-line ISSN 2223-3032

Revista de Psicologia  no.21 La Paz jun. 2019

 

INVESTIGACIONES

 

Estilos de afrontamiento y bienestar
psicológico en estudiantes de postgrado

 

Coping styles and psychological
wellbeing in postgraduate students

 

 

Daniel Rubén Tacca Huamán1 Ana Luisa Tacca Huamán2
1 Profesor de pregrado y postgrado de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP). Doctor en Educación, Maestro en Docencia universitaria y Licenciado en Educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Perú. Licenciado en Psicología por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega (UIGV), Perú. Líneas de investigación: inteligencia emocional, pensamiento crítico, neurociencia educacional, bienestar psicológico y satisfacción académica.
Correo electrónico.: c17500@utp.edu.pe

2 Responsable del área de gestión del talento de la Asociación Educativa Estándares. Profesional en Psicología por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) con especialización en el ámbito social, diplomado en Gestión del Talento Humano por el Politécnico de Colombia, con estudios en Docencia virtual y E-learning. Líneas de trabajo: motivación laboral, bienestar psicológico, estilos de afrontamiento e investigación social.
Correo electrónica.: aluisath@gmail.com
Fecha de entrega: 23 de enero de 2019 Fecha de aprobación: 15 de abril de 2019

 

 


Resumen

Los estudiantes de postgrado están sujetos a diversos estímulos estresores (trabajo, familia y estudios) y emplean una serie de recursos para afrontarlos y lograr las metas trazadas. El propósito de la investigación fue conocer la relación entre el estilo de afrontamiento y el bienestar psicológico de estudiantes de postgrado de una universidad de Lima. La investigación fue cuantitativa, correlacional, transversal y con una muestra de 158 estudiantes de una maestría del área de Humanidades. La información se recolectó con el Cuestionario de Estilos de Afrontamiento (COPE) de 60 ítems y con una Escala de Bienestar Psicológico basada en la propuesta de Ryff. Los resultados indican que el estilo de afrontamiento centrado en el problema y el estilo centrado en las emociones se relacionan positivamente con el bienestar psicológico, (.56) y (.50) respectivamente. Además, se encontró que los estudiantes de más de 41 años emplean una gama más amplia de estrategias de afrontamiento y presentan mayor nivel de bienestar psicológico.

Palabras clave. Bienestar psicológico, Estilos de afrontamiento, Estrés, Estudiantes, Postgrado.


Abstract

Postgraduate students are under various stressors such as work, family and study; and they use diverse resources to address them and achieve their goals. The purpose of the research was to know the relation between the style of coping and the psychological well-being of postgraduate students at a university in Lima, Perú. The research was quantitative, correlational, transversal and with a sample of 158 students of a master's degree in the Humanities area. The information was collected with the Coping Estimation Inventory COPE of 60 items and with a Scale of Psychological Well-being based on Ryff's proposal. The results indicated that Problem-focused coping style and emotion-focused style are positively correlated to psychological well-being, (.56) and (.50) respectively. Furthermore, it was observed that students over 41 years old use broader range of coping strategies and they showed a higher level of psychological well-being.

Keywords. Coping styles, Postgraduate, Psychological well-being, Stress, Students.


Resumo

Os estudantes de pós-graduação estão sujeitos a diversos estímulos causadores de estresse (trabalho, família e estudos) e utilizam uma série de recursos para enfrentrá-los e alcançarem seus objetivos. A finalidade da investigação foi a de conhecer a relação entre o estilo de enfrentamento ao estresse e do bem-estar psicológico de estudantes de pós-graduação de uma universidade em Lima, Peru. A investigação foi quantitativa, correlacional, transversal e com uma amostra de 158 estudantes de mestrado na área de Humanidades. Foram recolhidos dados com o Coping Estimation Inventory COPE de 60 itens e com uma Escala de Bem-Estar Psicológico baseada na proposta de Ryff. Os resultados indicam que o estilo de enfrentamento focado no problema e o estilo focado na emoção estão positivamente correlacionados com o bem-estar psicológico, (.56) e (.50) respectivamente. Além disso, constatou-se que os estudantes com mais de 41 anos de idade empregam uma gama mais ampla de estratégias de enfrentamento ao estresse e apresentam um nível mais alto de bem-estar psicológico.

Palavras chave. Bem-estar psicológico, Estilos de enfrentamento, estresse, estudantes, Pós-graduação.


Conflictos de interés: Los autores declaran que no existe conflicto de interes


 

 

I. Introducción

Los profesionales que acceden a los programas de postgrado son adultos con características particulares en comparación con los estudiantes que cursan el pregrado. Según Richardson (2007) definir al "estudiante adulto" es complicado y puede llegar a ser arbitrario pues no existe normativa que delimita dicha condición y el sistema universitario no pone límite de edad. Armador, Monreal y Marco (2001) explican que el periodo formativo del adulto no se limita a su etapa temprana, la capacidad de aprendizaje se mantiene, los aprendizajes se construyen de  acuerdo con la exigencia en las actividades académicas y la intensidad y duración de los estímulos. Así mismo, explican que la metodología debe ser diferente y especializada; además, que el aprendizaje del adulto se ve influenciado por necesidades e intereses particulares.

Según la experiencia de los autores, las actividades de aprendizaje en un programa de postgrado involucran asistir a clases presenciales, desarrollar trabajos en grupo, participar en foros, conferencias, congresos, análisis de casos, exposiciones, laboratorios y simuladores, desarrollar investigación, etc. Mansilla y Kath; Stichler, Ehrhart y Sievers (como se citó en Obando, Calero, Carpio y Fernández, 2017) señalan que el estrés es generado por diversos factores que afectan el equilibrio biológico y psicológico, estos agentes pueden provenir del ambiente, organización o carga laboral. Según Moos, Fenn, Billings y Moos (1988), existe una serie de estímulos estresores, entre ellos: estresores relacionados con la salud física, con la casa o el vecindario, las finanzas, el trabajo, los colegas, los niños/hijos, la familia política, los amigos, los eventos negativos, entre otros. En los estudios de postgrado, las exigencias académicas son permanentes y se suman a las responsabilidades familiares y carga laboral, lo cual puede desencadenar en un desgaste físico y emocional.

Barraza (como se citó en Díaz, 2010) define el estrés académico como un proceso sistémico de naturaleza adaptativa y eminentemente psicológico, se evidencia cuando una persona está sometida a estímulos estresores, muestra síntomas de desequilibrio sistémico y busca acciones para afrontar y recuperar el equilibrio. El estrés académico se presenta cuando el estudiante se encuentra bajo experiencias de aprendizaje que generan tensión, esto sucede desde la etapa preescolar hasta en los estudios de postgrado (Orlandini, 1999). Barraza y Polo; y Hernández y Pozo (como se citó en Barraza, 2008) plantean que la competitividad grupal, sobre carga en la tarea, exceso de responsabilidades, interrupciones del trabajo, ambiente físico desagradable, falta de incentivos, tiempo limitado para las tareas, problemas con los asesores, problemas con los compañeros, evaluaciones y el trabajo en equipo, constituyen los estresores académicos más comunes.

González (2000) define la dinámica familiar como un proceso cambiante, en construcción, no lineal y muchas situaciones pueden afectar su estructura, composición y funcionamiento. Hill (como se citó en González y Ruiz, 2012) explica que ciertos factores pueden llegara causar desequilibrio familiar; según González (2000) estos factores son los responsables de las crisis normativas o paranormativas que afectan a la familia. Factores a considerar dentro de la dinámica familiar de un estudiante de postgrado son las finanzas, el tiempo dedicado a la familia, la salud, la seguridad, los imprevistos, el fallecimiento de algún integrante, etc. Por otra parte, según lo explica NaKao (2010), el estrés laboral aparece cuando las exigencias del trabajo no se equilibran con las capacidades y recursos que posee el sujeto para responder adecuadamente. Este desequilibrio puede ser provocado por características propias de la actividad laboral, el contexto e inconvenientes para organizar el tiempo entre la familia, el trabajo y otras actividades.

La familia, el trabajo y los estudios, se convierten en agentes que constantemente exigen y demandan recursos psicobiológicos al estudiante de postgrado. Esta combinación de estímulos lo acompaña mientras dura el programa académico y las formas como hace frente a estas y otras situaciones se denominan estilos de afrontamiento.

Lazarus y Folkman (1984) definen el afrontamiento como el empleo de diversos recursos (cognitivos, conductuales y emocionales) orientados a reducir o tolerar las exigencias que aparecen y generan estrés. Díaz (2010) explica que el afrontamiento no es sinónimo de éxito, en algunos casos puede funcionar, mientras que en otros no. El afrontamiento es un proceso dinámico, cambia según el contexto y las demandas que se presentan; además, es útil para identificar los estímulos que generan estrés (Cassaretto, Chau, Oblitas y Valdez, 2003). Según Mok y Tam (2001), la valoración que realiza el sujeto en la situación estresante, los recursos que dispone y las experiencias pasadas, son factores que influyen en la elección del estilo de afrontamiento. Lazarus y Folkman (1984) plantearon dos estilos para afrontar el estrés: (1) centrado en el problema y (2) centrado en la emoción; sin embargo, Carver, Scheier y Weintraub (1989) proponen un estilo adicional, el estilo evitativo.

El estilo de afrontamiento centrado en el problema, según Macías, Madariaga, Valle y Zambrano (2013), se evidencia cuando el sujeto evalúa y afronta las condiciones, es decir, busca una solución considerando las oportunidades y los riesgos. Este estilo favorece el bienestar (Parsons, Frydenberg y Poole, 1996) y la calidad de vida (Díaz, 2010), siempre y cuando el contexto permita ejercer cierto grado de control al sujeto. El estilo centrado en las emociones busca lograr un equilibrio en el aspecto emocional a través del apoyo social, asumiendo las dificultades, extrayendo el lado positivo del problema, acudiendo a la fe o negando la existencia de la situación problemática. El estilo evitativo, en la propuesta de Carver et al. (1989), incluye actividades de percepción y liberación de las emociones, dejar de intervenir en la situación problemática a fin de solucionarla (desentendimiento conductual) y no pensar más en el problema (desentendimiento mental). Sin embargo, Carver y Scheir (1994) adicionaron otras características a este estilo de afrontamiento: uso de alcohol, drogas y el humor.

Williams y McGillicuddy-De (1999) encontraron que los adolescentes mayores emplean con más frecuencia las estrategias enfocadas en el problema, sin embargo, también emplean las estrategias enfocadas en la emoción. González, Montoya, Casullo y Bernabéu (2002) explican que, en algunos casos, los adolescentes más jóvenes emplean el estilo de afrontamiento enfocado en la emoción, mientras que los adolescentes mayores emplean el centrado en el problema; en otros casos se han reportado datos que señalan lo contrario. González et al. (2002) indican que las mujeres adolescentes emplean con mayor frecuencia el estilo de relación con los demás, les cuesta enfrentarse a los problemas, los varones muestran una mayor variedad de estrategias de afrontamiento; además, todo indica que la característica de ignorar el problema aumenta con la edad sin distinción de género. El número de estrategias de afrontamiento se incrementa con la edad (Donaldson, Prinstein, Danovsky y Spirito, 2000). Según Williams y McGillicuddy-De (1999), con la edad y el desarrollo cognitivo se incrementan las posibilidades de combinar diversos recursos de afrontamiento, lo que permite mayor flexibilidad y habilidad para responder adecuadamente a los estímulos estresores. La edad no determina la elección del tipo de afrontamiento, los datos muestran gran variabilidad en la selección del afrontamiento en adolescentes, jóvenes y adultos (Macías et al., 2013).

Castro, Gómez, Lindo y Vega (2017) realizaron una investigación en mujeres ejecutivas en Lima, donde el 67% de las participantes mostraron un estilo de afrontamiento centrado en el problema, mientras que el 33% restante se centran en las emociones. Los investigadores concluyeron que la edad, el estado civil y el nivel de estudios no son factores que determinan el estilo de afrontamiento. Quiros (2013), en un estudio sobre el afrontamiento en agentes del tráfico aéreo, con edades de 26 a 59 años, encontró que el estilo de afrontamiento más usado por los participantes es el enfocado en el problema, seguido por la emoción y, finalmente, el evitativo. En la misma investigación se observó que la reinterpretación positiva, planificación, afrontamiento activo y búsqueda de soporte social, fueron las estrategias de afrontamiento más utilizadas. Paris y Omar (2009) encontraron que el tipo de afrontamiento basado en la resolución de problemas es el más empleado por enfermeros, evidenciando mayor bienestar; además, indican que la estrategia de distanciamiento contribuye positivamente a lograr el bienestar. Según Yela (1996), el afrontamiento emocional solo lleva a un alivio temporal, por lo que recomienda no ser un sujeto pasivo ante los estresores. Ante una situación estresante, como tener problemas económicos, el afrontamiento se centra en el problema (confrontación, autocontrol y planificación), en comparación con la poca eficacia de las estrategias de evitación (Riquelme, Buendia y Rodriguez, 1993). Barbosa, Muñoz, Rueda y Suárez (2009) encontraron que resolver el problema, la planificación y la reevaluación positiva, son las formas más comunes de afrontar los problemas por parte de los docentes universitarios. También mostraron que no hay diferencias significativas entre géneros en cuanto al empleo estrategias de resolución de problemas y planificación. En el trabajo de Fernández y Polo (2011), se evidenció que, al momento de enfrentar situaciones estresantes, los estudiantes de educación usan el afrontamiento centrado en la resolución del problema y en la emoción. En la misma investigación se halló que existen diferencias de género, ya que las mujeres enfrentan activamente los momentos de estrés, en comparación con los varones que prefieren las conductas de escape.

Por otra parte, desde la psicología del desarrollo, el bienestar se relaciona con el progreso y crecimiento durante la vida; desde la psicología clínica se asocia con la autorrealización de Maslow, las propuestas de Rogers y el funcionamiento pleno, el principio de individuación de Jung y la idea de madurez propuesto por Allport; y desde el punto de vista de la salud clínica, el bienestar representa la carencia de enfermedad (Ryff, 1995). Romero, García-Mas y Brustad (2009) consideran que es un constructo multifacético y dinámico que se puede estudiar desde dos perspectivas filosóficas, la hedónica y la eudaimónica. La primera hace referencia al placer y goce, mientras que la segunda se refiere a las actividades que hace o piensa la persona y que le permiten lograr un desarrollo pleno. Romero et al. (2010) explican que el bienestar psicológico se relaciona con el propósito y significado de la vida, con el esfuerzo que muestra la persona para vencer las dificultades, el cumplimiento de metas trazadas y con el desarrollo personal. De acuerdo a lo anterior, el bienestar psicológico se enmarca en la posición eudaimónica del bienestar.

Ryff (1995) sostiene que el bienestar psicológico se logra a través del esfuerzo por desarrollar el potencial, por ello plantea una propuesta con los puntos de convergencia de diversos enfoques, este modelo está compuesto por 6 dimensiones: autoaceptación, relaciones positivas con otras personas, autonomía, dominio del entorno, propósito en la vida y crecimiento personal.

Se ha evidenciado que entre el afrontamiento enfocado al problema y el bienestar psicológico existe una relación positiva y significativa (Romero et al. 2010). El afrontamiento centrado en la solución del problema y la búsqueda del apoyo social contribuyen significativamente a lograr un alto nivel de bienestar (Cornejo y Lucero, 2005). Elevados niveles de bienestar se asocian al esfuerzo, trabajo personal, resolución de problemas y manejo de las emociones para reducir los momentos de tensión (Marsollier y Aparicio, 2011). Veenhoven (como se citó en González et al., 2002) explica que el bienestar no es estable en el tiempo, puede cambiar según las circunstancias y experiencias que enfrenta la persona. Shek (1997) encontró que la dinámica familiar tiene un impacto directo en el bienestar psicológico. Casullo y Castro (2000) no encontraron diferencias significativas en el bienestar psicológico según la edad y el sexo. González et al. (2002) explica que el afrontamiento se relaciona con el bienestar sin importar el sexo, el estilo enfocado en el problema se relaciona con un alto nivel de bienestar, mientras que evitar los problemas se asocia con un bajo nivel de bienestar en ambos sexos.

El objetivo central de la investigación es conocer la relación entre los estilos de afrontamiento y bienestar psicológico en estudiantes de postgrado.

 

II. Metodología

1.1 Enfoque y diseño de la investigación

Por el tratamiento estadístico de los datos, la investigación fue cuantitativa. El diseño fue no experimental, correlacional y transeccional, ya que no se realizó manipulación de las variables, se buscó conocer la relación entre los estilos de afrontamiento y el bienestar psicológico, además, la información fue recolectada en un único momento (Hernández, Fernández y Baptista, 2014).

1.2 Participantes

La muestra estuvo conformada por estudiantes de postgrado del área de humanidades de una universidad de Lima, Perú. Los participantes fueron seleccionados mediante un muestreo por conveniencia y cumplieron los siguientes criterios de inclusión: (1) tener matricula vigente, (2) asistencia regular a los cursos, (3) estar trabajando y (4) participación voluntaria en el estudio. La muestra estuvo compuesta por 158 estudiantes con edad promedio de 38 años (SD= 6.47). El 53% de los participantes fueron hombres y 47% mujeres. Además, el 39% tenía al menos un hijo y el 61% no.

2.3. Instrumentos

Se empleó el Cuestionario de Estilos de Afrontamiento (COPE) elaborado por Carver et al. (1989), que permite conocer los estilos y estrategias de afrontamiento de las personas ante situaciones estresantes. El instrumento consta de 60 ítems, agrupados en 15 subescalas: afrontamiento activo, planificación, supresión de actividades paralelas, postergación del afrontamiento, y búsqueda de soporte social por motivos instrumentales, búsqueda de soporte social por motivos emocionales, reinterpretación positiva y crecimiento, aceptación, acudir a la religión, enfocar y liberar emociones, negación, desentendimiento conductual, desentendimiento mental, uso de alcohol o drogas y uso del humor. Cada subescala cuenta con 4 ítems, y cada uno con formato de respuesta tipo likert de cuatro opciones (1 = casi nunca; 4 = casi siempre). Las 15 subescalas mencionadas se agrupan en tres estilos de afrontamiento al estrés: estilo enfocado en el problema, estilo enfocado en las emociones y estilo evitativo. El COPE versión de 60 ítems fue adaptado en el Perú por Cassaretto y Chau (2016) en una muestra de 300 estudiantes universitarios. Los autores se basaron en la versión de 52 ítems traducida al español por Casuso (1996) a la cual le adicionaron 8 ítems que median las subescalas de uso de alcohol o drogas y uso del humor, siguiendo la propuesta de Carver y Scheir (1994). En esta versión, Cassaretto y Chau realizaron una revisión lingüística, tras la cual realizaron ligeros cambios en el fraseo de 8 ítems para un mejor entendimiento. Se analizó la validez mediante un análisis factorial exploratorio (análisis con rotación oblicua y extracción de componentes principales) donde se obtuvo una medida de adecuación (KMO) de .79 y un modelo de 15 factores que explican el 65,15% de la variabilidad de las respuestas (Cassaretto y Chau, 2016). Además, en esta adaptación las subescalas obtuvieron coeficientes de consistencia interna (alfa de Cronbach) entre .53 y .91.

En la presente investigación, las diferentes subescalas de afrontamiento obtuvieron coeficientes de alfa de Cronbach mayores a .64 (ver tabla 1). Asimismo, los estilos de afrontamiento obtuvieron coeficientes .60 (estilo enfocado al problema), .63 (estilo enfocado en las emociones), y .60 (estilo evitativo). Estos índices señalan que el instrumento es confiable. Adicionalmente, los puntajes obtenidos en cada estilo de afrontamiento son el resultado de la sumatoria de los promedios de cada subescala, por lo cual, en cada estilo de afrontamiento se obtiene 5 y 20 como puntajes mínimo y máximo, respectivamente.

El bienestar psicológico fue evaluado con la escala propuesta por Díaz, Rodríguez-Carvajal, Blanco, Moreno-Jiménez, Gallardo, Valle y van Dierendonck (2006). Cabe resaltar que el instrumento elaborado por Díaz y su equipo es una adaptación al español de la versión corta de 39 ítems que presentó van Dierendonck (2005), la cual a su vez tuvo como base la Scales of Psychological Well-Being de Ryff (1989) que mide el bienestar psicológico a través de seis dimensiones: autoaceptación, relaciones positivas, dominio del entorno, autonomía, crecimiento personal y propósito de vida.

La adaptación realizada por Díaz y su equipo fue analizada en una muestra española de 467 personas (con edades entre 18 a 72 años). En esta adaptación, se propuso una nueva versión reducida de 29 ítems, la cual presentó mejores propiedades psicométricas y mayor facilidad de aplicación que la versión de 39 ítems; además, mostró un excelente nivel de ajuste al modelo teórico de seis dimensiones y los siguientes coeficientes alfa de Cronbach: .84 (Autoaceptación), .78 (Relaciones positivas), .70 (Autonomía), .82 (Dominio del entorno), .70 (Propósito de vida) y .71 (Crecimiento personal) (Díaz et al., 2006). Esta escala mide las respuestas mediante un formato tipo Likert de seis opciones que va desde 1 (totalmente en desacuerdo) a 6 (totalmente de acuerdo).

En la presente investigación, se obtuvo índices de alfa de Cronbach mayores a .70 (ver tabla 2). Además, los puntajes obtenidos en la escala general de bienestar psicológico son el resultado de la suma de los promedios de cada dimensión, por lo cual el bienestar psicológico general obtiene entre 6 y 36 como puntaje mínimo y máximo, respectivamente.

Para fines de la investigación, se agregaron dos preguntas adicionales que debían ser respondidas por los participantes en un cuestionario independiente. La primera pregunta: ¿Consideras que las experiencias vividas previamente son importantes para manejar el estrés?, fue dicotómica (el participante debía responder sí o no); si la respuesta era afirmativa, la persona pasaba a completar el siguiente enunciado: Menciona un ejemplo de una experiencia previa que te haya servido para manejar el estrés.

La segunda pregunta fue: ¿Cuál de los siguientes enunciados consideras que es el principal estresor en tu vida diaria?, la cual contó con una lista de opciones de respuesta. Esta lista estuvo compuesta por los estímulos estresores que plantea Moos et al. (1988) y se adicionó el estresor relacionado a los estudios académicos.

2.4 Procedimiento

La aplicación de las escalas se llevó a cabo durante la última semana del semestre, donde se accedió a los últimos 15 minutos de clases para explicar el propósito de la investigación y consultar si aceptaban participar voluntariamente. Los investigadores junto a 3 evaluadores previamente capacitados, entregaron los cuestionarios impresos junto a la constancia denominada consentimiento informado. Se obtuvo una muestra de 158 estudiantes, el muestreo fue no probabilístico, ya que la muestra se constituyó tomando en cuenta los casos disponibles a los que accedieron los investigadores (Hernández, Fernández y Baptista, 2014).

2.5 Análisis de datos

Se empleó el paquete estadístico SPSS v.22 para los análisis de los datos obtenidos. En primer lugar, se realizó el análisis de normalidad empleando las pruebas de Kolmogorov-Smirnov y Shapiro-Wilk para las distribuciones de las puntuaciones por escalas, sub-escalas y características sociodemográficas. En estas pruebas se reportó falta de normalidad, por lo cual se procedió a analizar los índices de asimetría y curtosis. Kline (2005) señala que valores menores a 3 (asimetría) y 8 (curtosis) determinan que las distribuciones de los datos se encuentran dentro de un rango adecuado para emplear los análisis paramétricos; estos criterios se cumplieron en las distribuciones de datos de la investigación, debido a esto, se continuó con las pruebas paramétricas correspondientes. Para responder al objetivo central del estudio, se realizaron los análisis correlacionales empleando el coeficiente r de Pearson a las escalas y sub-escalas de las variables de estudio. Además, se realizaron comparaciones de medias según las características sociodemográficas por medio de la prueba t de Student.

 

III. Resultados

A nivel descriptivo, en la tabla 3 se aprecia que el estilo de afrontamiento centrado en el problema obtiene mayor puntaje, seguido por el centrado en las emociones y finalmente el estilo evitativo.

Con respecto al bienestar psicológico, las dimensiones autoaceptación, crecimiento personal y propósito de vida presentan puntuaciones (medias) superiores a cinco puntos (ver tabla 4).

Para responder al objetivo central de la investigación, se correlacionaron los tres estilos de afrontamiento con el bienestar psicológico y sus dimensiones. Se observó que las relaciones entre el bienestar psicológico con el estilo centrado en el problema y el bienestar psicológico con el estilo centrado en las emociones, fueron positivas y grandes. Además, ambos estilos de afrontamiento presentan correlaciones significativas y directas con las seis dimensiones del bienestar psicológico; es importante destacar que, entre el estilo de afrontamiento centrado en el problema y las dimensiones de bienestar psicológico: dominio del entorno y propósito de vida, se presentaron correlaciones grandes (ver tabla 5). Por otra parte, el estilo evitativo no reportó correlación significativa con el bienestar psicológico ni con sus dimensiones.

También se correlacionó las variables de estudio y sus dimensiones con las características sociodemográficas de los estudiantes de postgrado (edad, sexo, estado civil, modalidad de trabajo e hijos). Se clasificó a los participantes según la edad en dos grupos: (1) 27 a 40 años y (2) 41 a 50 años; según la tenencia de hijos, la muestra se dividió en dos grupos: (1) sin hijos y (2) con hijos; en cuanto al sexo, los hombres se codificaron con "1", mientras que las mujeres fueron codificadas con el número "2". En la tabla 6, se aprecia que los índices de correlaciones entre la edad y los dos estilos de afrontamiento son positivos. Asimismo, se observa que el bienestar psicológico se correlaciona positivamente con edad, sexo (con las mujeres) y con la tenencia de hijos. Por otro lado, el estado civil y la modalidad de trabajo no presentaron relaciones significativas.

Se realizó un análisis de comparación de medias en las variables de estudio según las características sociodemográficas. Se obtuvo que el grupo de mayor edad (41 a 50 años) emplea en mayor medida el estilo centrado en el problema, al igual que el estilo centrado en las emociones (ver tabla 7). No obstante, no se reportó diferencias de medias en los estilos de afrontamiento según las otras características sociodemográficas.

Con respecto a la variable bienestar psicológico, se encontró que el grupo de estudiantes con edad entre 41 a 50 años presenta un mayor puntaje en la escala general de bienestar, así como en la mayoría de las dimensiones, a excepción de las relaciones positivas (ver tabla 8).

Se observó que las mujeres participantes en la investigación reportaron puntuaciones mayores que los hombres en el bienestar psicológico y en la mayoría de sus dimensiones (excepto autonomía) (ver tabla 9).

En la tabla 10, se aprecia que el grupo de participantes con hijos mostraron mayores puntajes que el grupo sin hijos en el bienestar psicológico y sus seis dimensiones. Por otro lado, no se observaron diferencias del bienestar psicológico en las variables trabajo y estado civil.

Para finalizar, se analizaron las respuestas de las preguntas adicionales. En la primera pregunta se reportó que el 82% de participantes considera a las experiencias pasadas como factores importantes que contribuyen al afrontamiento el estrés; de este grupo, el 44.64% refieren que las experiencias asociadas a la vida familiar les han enseñado a afrontar diversas situaciones, mientras que el 33.93% considera que las experiencias en el ámbito académico y el 21.43% en el ámbito laboral ayudan a manejar el estrés. En la última pregunta, ¿Cuál de los siguientes enunciados consideras que es el principal estresor en tu vida diaria?, se observó que el principal estresor se encuentra relacionado al trabajo (34%), seguido del estresor relacionado a los estudios académicos (29%) y del estresor relacionado a la familia (15%) (ver tabla 11)

 

IV. Discusión y conclusiones

Se ha observado que el estilo de afrontamiento centrado en el problema es el más empleado por los estudiantes de postgrado, en segundo lugar, se encuentra el estilo centrado en la emoción, seguido por el estilo evitativo; estos resultados, enfocados en una muestra adulta, concuerdan con lo encontrado porQuirós (2013), Paris y Omar (2009), Riquelme et al. (1993) y Barbosa et al. (2009). Es probable que los participantes seleccionen principalmente el estilo centrado en el problema debido a la formación académica previa y a la experiencia laboral que poseen. A diferencia de los estudiantes que empiezan los estudios universitarios, los de postgrado portan un bagaje cultural y experiencial que le sirve para afrontar distintas situaciones problemáticas. Desde el punto de vista neuropsicológico, estos resultados concuerdan con el proceso de maduración del córtex prefrontal: los adultos que superan los 30 años presentan el soporte biológico para desarrollar habilidades ejecutivas (planificación, la autorregulación, toma de decisiones, entre otras) que permitirían la búsqueda activa de soluciones, sin olvidar el rol fundamental de las emociones y el sistema límbico al momento de adoptar una decisión.

En el análisis descriptivo se observó que las dimensiones autoaceptación, crecimiento personal y propósito de vida, correspondientes al bienestar psicológico, han obtenido medias superiores a 5 (siendo 6 el puntaje más alto en cada dimensión) en comparación con otras dimensiones del mismo constructo. Sin embargo, si se consolida los resultados de la variable, estos podrían estar en relación con la decisión de estudiar un postgrado. Siguiendo la propuesta de Ryff (1995), las personas buscan desarrollar su potencial y alcanzar sus metas, por lo que es posible pensar que el adulto decide estudiar una maestría o un doctorado con el fin de mejorar su conocimiento, desarrollar nuevas habilidades, actualizarse en nuevas tendencias, buscar un ascenso, mejorar los ingresos, etc. Estas aspiraciones se relacionan estrechamente con el nivel de bienestar psicológico. De esta forma, los hallazgos de la presente investigación se sustentan y refuerzan la visión de Ryff y la búsqueda de crecimiento en la vida.

El bienestar psicológico presenta correlación positiva y grande con el estilo de afrontamiento centrado en el problema (.56), esto parece estar en congruencia con los resultados de Romero et al. (2010); Cornejo y Lucero (2005); Marsollier y Aparicio (2011); González et al. (2002) y Fernández y Polo (2011). Por otra parte, el bienestar psicológico también ha presentado correlación positiva y grande con el estilo de afrontamiento centrado en la emoción (.50), esto coincide con las propuestas de Marsollier y Aparicio (2011); y Fernández y Polo (2011). Todo indica que ambos estilos de afrontamiento contribuyen a superar las situaciones problemáticas como si fuesen un complemento y no dos aspectos independientes uno del otro. Se pueden analizar los problemas y evaluar la factibilidad de superarlos o sobrellevarlos, pero al mismo tiempo, es posible buscar un equilibrio en el aspecto emocional. Es importante que los estudiantes de postgrado, y en general todos los adultos, comprendan que ambos estilos de afrontamiento se relacionan con el Bienestar psicológico, que cada uno o su combinación puede ser exitosos o no (Díaz, 2010) y que cambian para responder a las exigencias de cada situación (Cassaretto et al., 2003).

Si bien todas las dimensiones del Bienestar psicológico se relacionan positivamente con los estilos de afrontamiento centrado en el problema y en la emoción, el dominio del entorno es la dimensión que presenta mayor correlación con el estilo centrado en el problema (.55), esto reflejaría que, para superar la situación problemática, es recomendable aprovechar todos los recursos y oportunidades que brinda el entorno (Mok y Tan, 2001). El dominio del entorno, para los estudiantes de postgrado, se convierte en una oportunidad para tener dominio y gestionar adecuadamente el medio en el que se encuentra, analizar las actividades que se desarrollan, aprovechar las oportunidades que se presentan, construir nuevos contextos que respondan a las necesidades y sobre todo resolver problemas. Lo anterior parece indicar que los hallazgos de la presente investigación se conectan con los principios del Coaching ontológico: transformación de las personas y de las organizaciones mediante el análisis y cuestionamiento de las limitaciones del entorno. Sería interesante desarrollar nuevas investigaciones que esclarezcan, confirmen o rechacen, desde el punto de vista teórico y empírico, este posible punto de convergencia.

Los resultados indican que los estudiantes de postgrado con mayor edad, en comparación con aquellos de menor edad, emplean estrategias que corresponden a los estilos centrado en el problema y centrado en la emoción, esta tendencia coincide con lo propuesto por Donaldson et al. (2000) y Williams y McGillicuddy-De (1999); aunque, el estilo más empleado es el centrado en el problema. Como se mencionó anteriormente, la implicancia del proceso de madurez neurobiológico en las personas adultas haría posible el uso de diversas estrategias de afrontamiento (enfocadas al problema y enfocadas en la emoción), ninguna parece estar por encima de otra, sino que en conjunto se enriquecen y podrían mejorar el desempeño académico, laboral o familiar de los sujetos. Según lo anterior, es posible pensar que con la edad y la experiencia aumenta el número de estrategias, se combinarían los estilos de afrontamiento y aumentaría la posibilidad de éxito al enfrentar situaciones de estrés. Sin embargo, la evidencia presentada por González et al. (2002), Macías et al. (2013) y Castro et al. (2017) señala que la edad no determina el tipo de afrontamiento ni la variedad de estrategias. Adicionalmente, el estilo evitativo no reportó datos significativos en la muestra estudiada, no se evidenció relación entre este estilo y la edad, siendo imposible el contraste con la propuesta de González et al. (2002).

Por otra parte, se ha visto que los estudiantes de postgrado con mayor edad presentan mayor bienestar psicológico, lo que llevaría a pensar que este tipo de bienestar aumenta con la edad, sin embargo, esta tendencia no se presenta en el estudio realizado por Casullo y Castro (2000). Sería recomendable desarrollar investigaciones de corte cualitativo para profundizar en el estudio del bienestar y de las estrategias de afrontamiento que emplean los estudiantes de postgrado, la entrevista a profundidad y el focus group serían las técnicas más recomendadas. Como el estudio fue transversal, una de sus principales debilidades fue no analizar los estilos de afrontamiento a lo largo del tiempo, por lo que se recomienda desarrollar otras investigaciones de diseño longitudinal donde se analice el cambio o combinación de los estilos de afrontamiento con la edad. De la misma manera, un estudio longitudinal podría aclarar el panorama sobre los factores que participan en la construcción del bienestar psicológico a lo largo de los años.

Las estudiantes mujeres han presentado mayor bienestar psicológico que los estudiantes varones, Casullo y Castro (2000) no encontraron diferencia significativa entre el bienestar y el sexo, sin embargo, sería importante reflexionar sobre las implicancias de los resultados de esta investigación y plantear un estudio a profundidad para conocer el verdadero alcance de estos hallazgos y si se repite la tendencia en otras muestras. Además, es importante mencionar que en aquellos participantes que tienen hijos se ha presentado mayor bienestar psicológico, en comparación con aquellos que no los tienen; es posible que estas personas hayan aprendido a lidiar con situaciones estresantes producto de su condición de padres, ya que la dinámica familiar influye en el bienestar (Shek, 1997). No se han reportado diferencias significativas en el bienestar según estado civil y modalidad de trabajo.

También se ha reportado que el 82% de participantes considera que la forma como afronta el estrés es producto del aprendizaje de experiencias anteriores, esta declaración es importante porque presenta la posibilidad de aprender continuamente a partir de situaciones estresantes previas (MokyTan, 2001), llevando a mejorar, implementar y combinar nuevas estrategias de afrontamiento. Los participantes indicaron que las experiencias asociadas a la vida familiar, las correspondientes al ámbito académico y aquellas relacionadas con la vida laboral, son las experiencias que más han aportado a su estilo de afrontamiento del estrés. Adicionalmente, se ha observado que los principales estresores en los estudiantes de postgrado provienen del ámbito laboral, académico, familiar y las finanzas; esto indica que el maestrista o doctorando debe estar en la capacidad de afrontar diversos estímulos que se pueden presentar simultáneamente si desea lograr el éxito académico y en otros aspectos de la vida. Sería recomendable desarrollar algún tipo de taller, capacitación o curso dentro de la malla curricular de los estudios de postgrado que permitan la adquisición de destrezas para afrontar situaciones retadoras. Para Yela (1996) ser pasivo ante los estresores, no soluciona el problema; por lo que el entrenamiento en autointrucciones y la inoculación del estrés, como técnicas cognitivo-conductual, se pueden convertir en un elemento de apoyo para enfrentar el estrés.

 

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