VALORACIÓN PATRIMONIAL
Un estudio de valoración examina y analiza las relevancias arquitectónicas y urbanas, considerando espacios físicos en intervalos de tiempo específicos, como los períodos colonial y republicano en este caso. Los procedimientos para la gestión y evaluación del patrimonio arquitectónico y cultural son similares en diferentes regiones; sin embargo, en este estudio se han seleccionado los referentes de Castilla y León, España. Así, se determinarán como pertinentes aquellos valores que abarcan aspectos históricos, funcionales, simbólicos, de conjunto, formales, estéticos, compositivos y estructurales.
Estos valores de evaluación, clasificados como intangibles, no solo hacen referencia a la representación de la arquitectura, sino también a todos los aspectos vinculados con la creación y producción de la identidad poblacional, que contribuyen al sentido de pertenencia y a la herencia histórica que define a una comunidad. Como base preliminar para la discusión, se analizará el contexto en el que se encuentran las edificaciones de la Cancillería en la ciudad de La Paz.
CENTRO HISTÓRICO DE LA PAZ
La Paz tiene una historia caracterizada por la constante interacción entre culturas y entre éstas y la naturaleza, una dinámica que se remonta a la época precolombina.
Los primeros asentamientos humanos en la región de estudio, de los cuales existen referencias bibliográficas, se ubicaron a lo largo del Chuquiago, una zona rica en diversas características naturales que abarca el valle, el altiplano y la cordillera, extendiéndose hasta “la hoyada”1, donde se encuentran los suelos cercanos a las riberas del río Choqueyapu2 (Ogalde, 2012).
Las culturas ancestrales más antiguas datan de 1000 a.C., destacándose la Chiripa, Wancarani, Tiawanacota, hasta las culturas aymara, e inca (Kesseli, 2015). Durante los muchos siglos que estas culturas nativas coexistieron en espacios geográficos más o menos compartidos dejaron escasos rastros para mostrar que sus tradiciones y rituales eran similares y que giraban en torno a la naturaleza, como el encuentro del día y la noche en el ambiente mágico brindado por cerros y cumbres de distintos colores y tipos de tierra.
En el siglo XV dejaría de prevaler la esencia nativa a causa de los asentamientos europeos que dieron origen a la mezcla de razas (Kesseli, 2015, pp. 17-19). Si bien influyeron en los asentamientos humanos, de manera determinante, los factores que resultaron de las características medioambientales y del potencial agropecuario de Chuquiago, se considera que fue también importante el paisaje, especialmente el del lado oriental, formado por imponentes picos nevados, que como se cree y sería interesante demostrar, resultaban indicadores de los ciclos de solsticios y equinoccios (Arze, 2016, pp. 39-68).
A mediados del siglo XVI, la Corona española enfrentaba la rebelión de conquistadores y encomenderos que deseaban autonomía total de la península. En relación a esos sucesos y con la intención de evitar la insurrección, se encargó fundar un centro urbano ubicado en un punto intermedio entre Potosí y Cuzco, a fin de mejorar el control del territorio. Es así que “los discordes en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron”, como se lee en el escudo de la ciudad.
Según la “Ley de Indias”, se estructuró el trazado urbano de la ciudad, bajo encargo del alarife Juan Gutiérrez Paniagua. Según se ve, resalta en esta traza la influencia europea, particularmente española, centrada en la plaza de armas que abre paso a las edificaciones de importancia, como la iglesia, el cabildo, la cárcel, etc. A partir de estas construcciones se dividen y rellenan los manzanos con las viviendas.
Para 1570 la ciudad tenía 30 vecinos y 200 habitantes. Los españoles organizaron las comunidades indígenas en las afueras de la ciudad, según las ordenanzas de Toledo (1573) y a título de pueblos de reducción, como San Pedro, Santiago de Chuquiago y Santa Bárbara, que abastecían de alimentos y mano de obra a los españoles (Torrico, 1980, pp. 39-45). El crecimiento poblacional posterior provocó una nueva división territorial y una mayor segregación, lo que llevó a la sublevación indígena y al sitio de la ciudad durante 109 días en 1781.
Durante la época republicana, La Paz experimentó un notable crecimiento y desarrollo urbano, a diferencia de las ciudades de Potosí y Sucre, que enfrentaban un estancamiento debido a la crisis en la minería. A finales del siglo XIX, la ciudad se benefició de un contexto capitalista orientado hacia las exportaciones agrícolas y mineras, lo que favoreció su desarrollo. En este período se consolidó una red ferroviaria y se construyó infraestructura significativa. Además, se reemplazaron las antiguas casonas del centro histórico con importantes edificios emblemáticos, como los palacios de gobierno, legislativo y judicial.
Esta intensa actividad ocurrió después de la guerra civil de 1899, cuando se oficializó la nueva función político-administrativa de La Paz. En esa época se la conocía como la “ciudad señorial” (Torrico, 1980, pp. 39-45), debido a su población latifundista y comercial, que mantenía numerosas relaciones internacionales y experimentaba un notable avance en la formación de profesionales. El lenguaje arquitectónico ecléctico de la época reflejaba y acogía a esta nueva población en expansión (Figura 2).
A partir de los años 30, tras la Guerra del Chaco, el centro histórico de La Paz fue testigo de numerosos eventos revolucionarios y cambios sociales. Durante este período emergió un nuevo estrato obrero que se sumó a los ya existentes. Dos décadas después, tras la revolución de 1952, se intensificó el fenómeno de migración desde las zonas rurales hacia la ciudad. Este éxodo provocó un crecimiento acelerado de asentamientos informales en las laderas, lo que transformó considerablemente las vistas y el entorno del área circundante al casco histórico (Urquizu, 2004).
Al realizar esta revisión retrospectiva, se observa que los valores históricos y simbólicos resultantes del encuentro de culturas precolombinas han dejado pocos rastros verificables. También se ha producido una significativa pérdida de valor simbólico de la época colonial, ya que la ciudad actual conserva muy pocas construcciones que reflejen la arquitectura de ese período. Así, se puede afirmar que la época republicana, con el surgimiento de un nuevo sistema administrativo, el fortalecimiento del sentido de localidad y nacionalidad, y el florecimiento del rendimiento intelectual, marcó una etapa con valores importantes. Éstos son, probablemente, los únicos valores significativos que aún quedan por destacar y preservar. Debe observarse que actualmente, los valores en análisis se centran en algunas referencias de la república y fundamentalmente en las funciones administrativas del poder local y nacional que tienen cobijo en importantes edificios del casco histórico.
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
Desde la fundación de la República en 1825 hasta finales de la década de 1890, el Departamento de Relaciones Exteriores formó parte del Ministerio del Interior, y su primer titular era conocido como el Encargado de Relaciones Exteriores. Posteriormente, el departamento se convirtió en el Ministerio de Instrucción y Relaciones Exteriores. Durante este período se mantuvieron misiones especiales en países vecinos y europeos, como Francia, Inglaterra, España y el Vaticano.
En 1884, durante la presidencia de Gregorio Pacheco, se creó el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, con sede en Sucre. Al año siguiente, por decreto supremo, se designaron seis funcionarios para la nueva institución: el Ministro, el Oficial Mayor, el Oficial Primero, dos auxiliares y un portero. En 1900, al comenzar el período de posguerra, el Ministerio de Relaciones Exteriores se trasladó a la ciudad de La Paz junto con el gobierno central. Para 1910 se implementó un nuevo reglamento diplomático que modernizó las prácticas de la Cancillería. En 1922 se conforma el Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, integrado por ex ministros plenipotenciarios y destacadas personalidades nacionales. En 1925 se dictaron nuevas disposiciones para el reglamento diplomático y el reglamento ceremonial del Estado, creándose la condecoración del Cóndor de los Andes. Para concluir con lo relevante, se debe anotar que pocos años después, durante la administración del Dr. Hernando Siles (1926-1930), el Ministerio de Relaciones Exteriores se instaló en el que actualmente es su edificio principal.
LA MARMOLERA
El actual edificio de la Cancillería, también conocido como “La Marmolera”, fue diseñado y construido en 1909 por el arquitecto Adam Sánchez para el Sr. Benedicto Goytia, propietario original del inmueble. Goytia, un ciudadano destacado y acomodado, era conocido por su activa participación en asuntos de interés nacional. Según lo indicado en el letrero visible en la fotografía del edificio, el inmueble también albergaba diversas actividades sociales, artísticas y culturales.
Este edificio fue originalmente una ofi cina de seguros y ahorros (Mesa, 1997, pp. 63-66), constituyéndose en uno de los referentes del siglo XX, primero por ser parte del conjunto de edificios que enmarcan a la ciudad en su proceso de consolidación como la nueva sede de gobierno, y segundo, por ser una de las primeras obras de Adam Sánchez en La Paz, arquitecto boliviano titulado en París. Este arquitecto diseñó y construyó varios equipamientos en Potosí, Oruro y la Quiaca, y fue recién en 1909 que tuvo la oportunidad de hacer realidad su primera obra de envergadura en La Paz, haciéndose acreedor a reconocimiento público (Mesa, 1989). También trabajó en desarrollo urbano y en construcciones públicas importantes, entre las que se destaca el Palacio de Justicia, que actualmente funciona como tribunal departamental.
Cuando la Cancillería se hizo del edificio de la aseguradora, abrió sus puertas al público, inicialmente con actividades recreativas y culturales, como conciertos y proyecciones cinematográficas. Aunque no se cuenta con información escrita sobre este hecho, fotografías de la época permiten aseverar este hecho (Figura 3 y Figura 4).

Fuente: https://cancilleria.gob.bo/mre/acerca-del-ministerio/
Figura 3: Edificio de la Cancillería cuando tenía funciones de cine-teatro
EDIFICIO ADMINISTRATIVO DE LA CANCILLERÍA
No se cuenta con documentación que registre la fecha exacta de construcción del actual edificio administrativo de la Cancillería. Sin embargo, el estilo y el sistema constructivo sugieren que la construcción pudo haberse realizado entre los años 30 y 60. El estilo Art Deco, que se hizo popular en La Paz aproximadamente en la década de los 30, se refleja tanto en los interiores como en la fachada del edificio.
Entre los arquitectos destacados de esa generación estaban Alfredo Saenz García, Luis Iturralde, José Manuel Villavicencio, Armando Gutiérrez y Federico Garnier.
Durante esta época, marcada por la baja economía debido a la Guerra del Chaco (Mesa, 1997), la arquitectura se centró en la construcción de viviendas y departamentos. Es posible que el edificio inicialmente haya tenido un uso residencial en la planta alta y comercial en la planta baja. Según información proporcionada por la Cancillería, en 2002 el edificio pertenecía a la Sociedad Comercial Industrial (SACI) (Figura 5), antes de ser transferido al gobierno de China, que posteriormente lo donó a la Cancillería.
El valor funcional de los actuales edificios de la Cancillería radica en su uso como sede administrativa gubernamental de importancia nacional. En el ámbito internacional, su valor simbólico se manifiesta a través de sus características arquitectónicas, que reflejan predominantemente la época de la República. Estos edificios ocupan una ubicación destacada en el centro histórico, y a través de su arquitectura, representan simbólica e históricamente estilos europeos adaptados mediante el esfuerzo y la habilidad local.
VALOR DE CONJUNTO
El valor de conjunto se refiere a la “agrupación de elementos considerados como un todo homogéneo sin medir o diferenciar sus partes”3. Obsérvese la importancia de que esta definición incorpore el concepto de homogeneidad. El valor patrimonial que adquiere esa agrupación refiere, en este caso, al centro histórico de La Paz, considerado como una estructura urbana con edificaciones que se relacionan por sus características físicas e históricas (Figura 6).
El método de Nicolini (2001) de lectura urbana de centros históricos coloniales en Sudamérica se ajusta a cabalidad por el fenómeno de crecimiento y cambio que experimentan las ciudades, y por tanto, a continuación será seguido como guía. Al revisar la estructura urbana de La Paz, el concepto de traza se vuelve fundamental. Este concepto, como se mencionó anteriormente, se refiere al patrón según el cual se planifican los espacios urbanos, definiendo centros de concentración y la organización de solares o manzanas, con áreas delimitadas para diversos usos. La traza, en este contexto, juega un papel clave en la configuración y funcionalidad del espacio urbano.
Según este criterio, la dimensión y forma de los manzanos se definen según los criterios urbanos españoles, cuya tendencia observa simetría y forma regular, en lo posible, y por lo menos, mientras no interfiera con este objetivo la topografía del terreno (Figura 7). La traza o rejilla instaura el espacio de uso libre y el de uso definido (Nicolini, 2001), que se distribuyen en espacios abiertos o cerrados, también entendidos como vacíos y llenos. La demarcación parte del punto de origen, que resulta ser en las ciudades de este tipo la plaza central, o en caso de no ser geométricamente el centro, denominada también plaza principal o plaza de armas. Por ello, se puede observar de manera concluyente que este patrón de conformación urbana se produce en la Plaza Murillo, como núcleo público generador de la traza colonial de La Paz (Hardoy, 1983).
En efecto, este criterio se respetó en su totalidad, tanto en lo planificado como en lo ejecutado, mientras no se interponía la estructura natural del suelo. Actualmente, está conformación en el centro histórico permanece prácticamente intacta.
El segundo parámetro a considerar en esta valoración de conjunto es la función urbana, entendiendo ésta como la que cumple con los espacios abiertos que acogen las actividades en masa y define los manzanos donde se tienen emplazamientos planificados. El paisaje patrimonial republicano, que remplazó a las residencias coloniales por equipamientos para las nuevas funciones de posguerra (pública, administrativa y comercial), fue probablemente el más homogéneo (Figuras 8 y f9).
Posteriormente, la época moderna acarreó el reemplazo de edificios antiguos por otros contemporáneos, en detrimento de la riqueza patrimonial y pérdida considerable de la compensación que se debía mantener entre llenos y vacíos. En efecto, el crecimiento de la ciudad que sobrevino con el aumento de población y diversificación de actividades, se dio con una mayor capacidad de acogimiento proveniente del cambio en la altura de las edificaciones y la inadecuada ocupación de superficies. Este fenómeno es el que causó mayor cambio entre el paisaje urbano colonial y republicano y el paisaje actual, en el sentido de manzanas compactas (Figuras 10, 11 y 12).

Fuente:https://www.facebook.com/photo?fbid=843757610438239&set=pcb.843760047104662
Figura 10: Paisaje actual del centro de La Paz

Fuente: Elaboración propia.
Figura 11: La Paz en 1920, representación de skyline según vacíos y llenos

Fuente: Elaboración propia.
Figura 12: La Paz actual, representación de skyline según vacíos y llenos
Las envolventes conformadas por las fachadas de los manzanos son la primera instancia identificadora y estética de una ciudad. Esta variable de estudio compromete parámetros generales de composición por cuadra y se basa generalmente en simetría
en torno a un eje, uniformidad en escalas y un interés focal o interés visual (Sahady, 2004). La simetría puede darse en la composición de cada fachada o en la totalidad de la calle. La uniformidad en escalas se da en razón a las proporciones en alturas, puertas y ventanas. Sin importar el tamaño de la ciudad o las culturas a las que pertenece o que en ella habitan, la experiencia enseña que el diseñador urbano, en la mayoría de los casos, tiene una base de composición que busca el efecto de coherencia y unión como percepción visual. Es importante destacar que el interés visual en un área urbana, técnicamente conocido como interés focal, puede darse a través de un espacio abierto, un edificio o una fachada.
El cromatismo, un parámetro netamente estético derivado de los materiales utilizados que ofrecen una variedad de colores y texturas, encierra la esencia del patrimonio intangible (Danés, 2023). Esto se debe a que refleja en gran medida la identidad, la cultura y el territorio. La construcción de nuevas edificaciones que han ido remplazando las patrimoniales en el centro histórico, ha afectado la uniformidad en escalas con las diferentes alturas de las edificaciones, y peor aún, con la morfología de su arquitectura, la discontinuidad material y el contraste de colores y texturas (Sahady, 2004).
En conclusión, el centro histórico de La Paz respeta aun su traza original, mientras que el paisaje urbano y la función urbana fueron creciendo y evolucionando, manteniendo solo algunos vestigios de su conformación original. Este valor de conjunto se ha perdido ante la constante densificación y compactación de sus manzanos, sin considerar la compensación adecuada de vacíos y llenos.
EDIFICIOS DE LA CANCILLERÍA
Los edificios que pertenecen a la Cancillería identificados como “La Marmolera” y el “Edificio administrativo” corresponden al siglo XX, y a pesar de tener estilos distintos, mantienen alturas y parámetros similares en la composición horizontal y repetición en vanos. El uso de color en las fachadas es el mismo, pero no contribuye al relacionamiento de los mismos y no trae beneficio a las cualidades formales y estéticas. El edificio anexo a la Marmolera no respeta ninguna condición de conjunto entre estas edificaciones, ni del centro histórico. Como resultado, estos edificios no tienen una relación evidente (Figuras 1 y 5).
VALORES FORMAL Y ESTÉTICO
El centro histórico de la ciudad de La Paz fue recreado en un cuadro de Florentino Olivares, en 1888, a poco más de un siglo de que se fundara el Virreinato del Perú. En dicha ilustración figura la ciudad circundada por una muralla de la cual no quedan vestigios, con una arquitectura de conjunto primaria y homogénea que podría denominarse virreinal o colonial (Figura 13).

Fuente:https://www.historia.com.bo/1781/agosto/7/segundo-cerco-de-tupac-katari-a-la-ciudad-de-la-paz
Figura 13: Pintura de la ciudad de La Paz, de Florentino Olivares
Este paisaje evolucionó de manera continua con nuevas construcciones que incorporaron detalles de estilos como el barroco, el neoclásico o de tendencias como el academicismo o historicismo, hasta que éste mutara al modernismo. Las formas de composición de los edificios patrimoniales en el centro histórico aportan al valor de sistema a través del estilo y la estética (Panek, 1999). Para estudiar el valor formal y estético usualmente se analizan varios elementos, pero ahora, por considerarse más relevantes, se revisarán únicamente las fachadas.
En la época de la Colonia, las casas señoriales, que se conservan muy pocas hoy en día, mayormente en calidad de museos, muestran una composición similar en su estructura, destacando portadas ornamentadas con motivos florales, balcones corridos o enfarolados tallados en madera o en piedra, como en el caso del actual Museo Nacional de Arte, conocido como ex palacio Diez de Medina (Mesa, 1978).
La época de la independencia vino con cambios caracterizados por menos ornamentación, y después, con el ingreso del neoclásico francés, las composiciones adoptaron formas rectilíneas en vez de líneas curvas. A principios del siglo XX hace su aparición el academicismo (Mesa, 1989, pp. 55-63), conformado por el eclecticismo establecido por las Beaux Arts francesas, periodo en el que se concibe el edificio de la Cancillería. Paralelamente al academicismo surgen varias tendencias, como el historicismo, que retoma la búsqueda de los recuerdos estilísticos, también implementados en el casco histórico (Mesa, 1989, pp. 35-55). En este mismo siglo, a partir de los años 20, ingresan los nuevos estilos, como Art Deco y el Art Nouveau, que se ajustan a lineamientos generales de composición clásica.
La base formal de las fachadas de los edificios patrimoniales, de la época republicana y de principios de siglo XX, expone coincidencias en parámetros y elementos de composición como la distribución de niveles horizontales, que parten del basamento, continúan con el cuerpo o los cuerpos y rematan en un parapeto y tejado francés. Estos niveles siguen una proporción racional entre ellos, respetando la línea horizontal que aporta a la visual de conjunto (Figura 14). A esta organización por niveles de la fachada se insertan los vanos de manera simétrica en función a un eje vertical, para luego seguir una secuencia repetitiva. El tamaño de los vanos se ajusta o escala según las alturas del basamento y los cuerpos (Figura 15). Asimismo, el eje vertical nace en la portada o ingreso principal, dando mayor jerarquía a la fachada.
En la foto que se expone inmediatamente (Figura 16) se puede observar que los edificios administrativos, que pertenecen a la época republicana e inicios del siglo XX, entre estilos academicista e historicista, tienen simetría en torno al ingreso principal, con una distribución por niveles que mantiene una secuencia repetitiva en los vanos.
Como se ilustra en los ejemplos anteriores, los elementos ornamentales o característicos que personalizan el edificio se escalonaron, ajustaron y proporcionaron siguiendo los lineamientos de composición formal de la fachada. Estos elementos decorativos definen los estilos academicista e historicista, otorgando una carga valorativa estética que es de gran importancia. Por lo tanto, es esencial revisarlos en función de sus partes compositivas.
TRATAMIENTO DE BASAMENTOS Y MUROS
A principios del siglo XX, durante la construcción de equipamientos administrativos en los estilos academicista e historicista, predominó una técnica específica para el acabado de los basamentos y muros, conocida como almohadillado o avitolado (Costa, 2004). En las edificaciones de mayor relevancia, este acabado se realizaba en piedra, generando una apariencia robusta y elegante. En construcciones más sencillas, se simula este acabado mediante el uso de cal, imitando el aspecto del material pétreo (Figura 17).
PARAPETOS Y CORNISAS
Los parapetos de los edificios republicanos combinan con armonía molduras, balaustras, cornisas y canecillos (Figura 18).
FRONTONES Y FRONTONCILLOS
Los frontones triangulares, en diversos tamaños, son de una tipología decorativa utilizada en ventanas, puertas, balcones y portadas. Estos elementos arquitectónicos rematan y enmarcan estas aperturas, añadiendo un toque distintivo (Figura 18).
BALCONES Y ENFAROLADOS
Tanto en la época colonial como en la republicana se adoptó el balcón o balconcillo como composición de los vanos en las fachadas. En la Colonia destacan las esquinas con hermosos tallados de madera o relieves de piedra que conformaban el balcón corrido (Figura 19). Y en la República, la particularidad del estilo en La Paz, en comparación con otras ciudades de Bolivia, es el combinado de balcón y farol o enfarolado (Orosco, 2002).
PILARES, COLUMNAS Y MOLDURAS
Las edificaciones destinadas a funciones públicas resaltan actualmente por sus cualidades decorativas, por ser más elaboradas y ornamentadas (Figura 16). Muchas viviendas, especialmente las más cercanas a la plaza central, buscaron estar al día con la decoración usando pilastras, columnas o molduras que se utilizan para flanquear vanos y mostrar los cuerpos.
PORTADAS
En la época colonial, el diseño y construcción de las portadas era más minucioso y elaborado. Se evidencia un esfuerzo en el uso del material y se rescata la habilidad del artesano en estilos manieristas o barrocos. Las portadas de la época republicana, en cambio, resaltan principalmente por su ubicación, generalmente en esquina y flanqueadas por columnas o pilastras, manejando un eje de simetría. Las portadas ubicadas en mitad de la cuadra, como en el caso del bello edificio de la Alcaldía Municipal o el Palacio de Gobierno, manejan más puertas de ingreso y se refuerza la composición en simetría, haciendo predominantes los elementos decorativos que permiten la jerarquización e identificación de ingresos. Estos detalles compositivos refieren a la monumentalidad.
Todas las portadas coinciden en el tratamiento ornamental del material, principalmente piedra, y la puerta, que expone trabajos artísticos en madera o fierro fundido. Las residencias republicanas simulan en escayola el mismo tratamiento de conformar una portada a través del enmarque del vano con pilastras, molduras y/o cornisas. Cuando las portadas son sencillas, se resaltan con elementos añadidos como faroletas, pergolados o marquesinas que protegen del sol y la lluvia (Figura 20).
Los vanos más utilizados son los rectangulares, y cuando se combinan, van acompañados con vanos de arco rebajado, de medio punto, escarzano y a veces con el deprimido.
El valor formal de los edificios del centro histórico lleva una interesante mezcla de la forma, en el entendido de concebir o copiar un estilo con materiales y mano de obra locales. Los resultados dieron una imagen que refleja identidad de sitio,
porque esas composiciones no se encuentran en otro lugar. De cualquier manera, de esta reflexión valorativa salta a la vista la importancia de preservar la riqueza patrimonial, como ocurre en otros países, donde se dedica mucho esfuerzo a mantener las áreas históricas patrimoniales.
Los elementos compositivos y decorativos más relevantes en el casco histórico paceño muestran dos situaciones económicas distintas; por un lado, los materiales caros, que eran de difícil acceso o elaboración, como la piedra labrada, la madera tallada y el hierro fundido; y por otro, los menos caros, como las molduras en yeso o cal (Figura 21).
Tras el análisis compositivo realizado, se puede decir que La Marmolera tiene un estilo academicista que se inserta en el entorno con la composición de su fachada, generando visión armónica de conjunto con los demás. Este edificio debió resaltar por sus cualidades formales, a la par de sus vecinos administrativos, pero se vio disminuido en carácter y jerarquización al no haberse completado el remate original con el que fue concebido: la cúpula y el reloj. Durante un par de años este edificio tuvo una mansarda de remate, que eventualmente fue eliminada junto a las modificaciones que sufrió el ventanal flanqueado por columnetas jónicas, tal y como se aprecia en las fotos a continuación (Figuras 22, 23 y 24).
Por otro lado, el edificio administrativo de la Cancillería es más pequeño y sencillo y su fachada tiene un lenguaje moderno, con detalles Art Deco que mantienen una línea clásica en las proporciones del basamento, cuerpo y remate, motivo por el que se inserta en la vecindad con criterio de uniformidad, no obstante que su aporte refiere una diversidad de estilos y tendencias que surgieron y se pusieron de moda en los años 30. Debe enfatizarse aquí que un aporte en diversidad no entorpece el conjunto mientras se mantengan la homogeneidad en las escalas, proporciones y especialmente en la belleza, que resulta ser la percepción real del observador.
VALOR CONSTRUCTIVO Y ESTRUCTURAL
El valor constructivo refiere a la materialidad y está ligado a las características estructurales de una obra, en el entendido de que el manejo y trasformación de los materiales terminan siendo parte de la estructura, contribuyendo a ésta, ya sea con su solidez, su ornamentación o su funcionalidad. Si bien la estructura es el todo que refleja la composición de las partes, en el análisis que sigue la valoración estructural se orientará esencialmente a los aspectos tecnológicos con los que se reta la gravedad y se resuelven los problemas de resistencia, solidez y estabilidad. Es importante observar que la valoración constructiva con relación a los materiales lleva consigo muchos aspectos, como la procedencia de los mismos, la habilidad en su manejo y los criterios de aplicación. De esta manera, el trabajo concluido deja ver aspectos relativos a la cultura, como habilidades, capacidad creativa e innovadora, condiciones socioeconómicas, etc.
La ingeniería estructural y la materialidad que se dieron combinadas en innumerables monumentos patrimoniales en Europa y Asia no tuvieron réplica en Latinoamérica, primordialmente por razones económicas, por lo que no existen, comparativamente hablando, muchas obras monumentales. En el enorme espectro existente de maravillas arquitectónicas, es difícil elegir ejemplos para ilustrar los criterios que priman en un análisis valorativo. Aun así, con fines didácticos, se exponen algunas muestras patrimoniales de diversas épocas, que poseen valor constructivo y estructural en el manejo y procedencia de materiales pétreos.
En primer lugar, el mármol y el granito, que fueron los materiales más comunes para trabajar la estructura, y se aplicaban, la mayoría de las veces, luciendo ornamentos con superficies perfectamente pulidas. Otro valor constructivo y estructural interesante se reconoce en la ingeniería y mano de obra utilizadas en algunas edificaciones, por la forma en que los molones de piedra bruta, acabados como fi chas en geometrías complejas, juntan sus superficies de manera que se equilibren esfuerzos o se redireccionen a tierra. El trabajo al final puede lograr, de manera simultánea, resistencia, estabilidad, durabilidad, funcionalidad y belleza. Obsérvese, por ejemplo, el ensamblado sin mortero, de escalones superpuestos, trabajados en una sola pieza, en la escalera en espiral del campanario de San Isaac. También es ilustrativo, en cuanto a técnicas y acabados, ver ejemplos de trabajo en piedra estructural y ornamental, como son las bóvedas estrelladas en el claustro de la catedral de Gloucester o las gradas en mármol de Chambord.
Como se explicó, la valoración refiere también al origen geográfico del material y el empleo que le dan las culturas, como es el caso de la malaquita de los Urales.
Hay también referencia de sitio, de valor constructivo, por el uso de uno o varios materiales que, combinados o mezclados, adquieren propiedades distintas, como en el caso de la teja segoviana, que se usa invertida y solo en canales, dando tradición a la ciudad y reforzando su valor. Otro lugar de notoriedad por la forma en que combina materiales como paja, arcilla y aceite para la construcción de sus edificaciones, es la ciudad de Djenne, cuyos valores constructivo y estructural se destacan en las dimensiones de su mezquita.
En Latinoamérica, los monumentos ancestrales de la época precolombina tienen un valor constructivo y estructural, con asidero, no única pero sí esencialmente, en el manejo de la piedra, tanto en lo referente a resistencia del material como en lo ornamental.
CENTRO HISTÓRICO
El desarrollo constructivo en las épocas colonial y republicana en Bolivia, se dio a partir de las técnicas tradicionales europeas, ajustado a las circunstancias, materiales y mano de obra indígena. Los sistemas constructivos tectónicos y estereotómicos de las edificaciones coloniales y republicanas que quedan en el centro histórico paceño son sencillos y de uso frecuente en la mayoría de las arquitecturas latinoamericanas. Así, los métodos utilizados para resolver problemas estructurales se basaban fundamentalmente en el apilado de material (sea piedra, adobe o ladrillo) o la combinación de éstos con mortero de cal o barro. De acuerdo a la resistencia y tipo de terreno, difería un poco la composición y conformación entre cimiento y sobrecimiento. El acero fue utilizado muy rara vez, sobre todo en tensores para estabilizar los muros extendidos muy altos4.
Dependiendo del número de plantas y las cargas estimadas para el uso del inmueble, los muros, construidos de adobe o adobe y ladrillo y recubiertos de mezcla o yeso, eran construidos de anchos considerables, que podían acomodarse desde un adobe de carga hasta adobe en doble línea trabada en diferentes configuraciones. El cimiento y sobrecimiento se trabajaban en piedra y cal (mortero de arcilla y cal), macizos o con un relleno de tierra o cascajo. Los entrepisos eran de dos tipos: el de entrevigas de madera y el de bovedillas de ladrillo con arcilla, ambos recubiertos con mosaico o ladrillo pastelón. Las cubiertas, por su parte, estaban compuestas por cerchas de madera, cañahueca con mortero de barro y teja muslera de cerámica roja.
Los zócalos se trabajaban en piedra canteada o, mayormente, por ser más económica, en piedra rodada emboquillada. Independientemente del tipo de piedra, el zócalo podía ser estructural, formando parte del muro, o podía ser solamente de enchape, en cuyo caso solo cumplía funciones decorativas y de aislamiento de humedad. Los claustros y las portadas fueron los componentes arquitectónicos que dejaron muestras de mayor realización, por la tecnología y el esfuerzo que se requería para lograr el detalle en el manejo de la piedra, normalmente arenisca y en algunos casos, granítica.
En La Paz son muy pocas las obras en las que se usaron técnicas constructivas con piedra estructural que se traba con sus similares gracias a sus dimensiones y formas. Los arcos de medio punto o arco trunco en los claustros de algunos edifi cios podrían ser un ejemplo, aunque en muchos casos llevan la piedra con fi nes decorativos, o sea, solo en la parte frontal y en calidad de enchape. Los monumentos de la Cancillería están construidos con las técnicas y materiales ya descritos, especialmente en lo referente a obra gruesa y, por tanto, en ese aspecto no tienen gran trascendencia valorativa. Sin embargo, realzan su presencia la composición de los vanos y los enrejados en fi erro forjado y fundido.
Comparados con sus equivalentes administrativos, estos monumentos tienen un laborioso trabajo de marquetería, donde se exhiben las habilidades manuales de la época (Figura 25). Algunos pisos se terminan en piedra, granito o mármol, y las balaustras tenían materiales costosos que se reservaban para los ambientes especiales (Figura 26). Otro componente importante es el tragaluz utilizado para la iluminación de interiores, que exhibe vitrales construidos con estructura metálica y bastidor de acero (Figuras 27 y 28).
La Marmolera mantiene entre las escaleras de distribución un ascensor de la época, con estructura metálica vista (Figura 29). Este accesorio corresponde a la época industrial, probablemente entre el siglo XIX y el XX, y se encuentra perfectamente operable. El actual archivo, en el mismo edificio, expone un interesante trabajo estructural y decorativo consistente en unas columnas de estilo corintio (Figura 30).
CONCLUSIONES
El centro histórico paceño posee un gran valor histórico debido a su antigüedad y a su papel como testigo del nacimiento y desarrollo de una ciudad latinoamericana. Además de su valor histórico, este casco patrimonial tiene una importancia simbólica como representación del poder espiritual y de la gobernanza de La Paz, sede de gobierno de Bolivia. Su valor funcional se destaca en la variedad de usos religiosos, administrativos y culturales de relevancia nacional que alberga.
Una muestra de esto son los dos monumentos de la Cancillería estudiados. La Marmolera tiene un valor histórico particular al reflejar el esfuerzo de los grandes profesionales bolivianos por mantenerse a la par de sus vecinos internacionales en términos de arte y consolidación urbana. Este monumento conserva su valor funcional al seguir la tipología de edificios administrativos y su importancia aumenta con la función que desempeña en la Cancillería. Además, el refuerza su valor simbólico como representación de los pueblos y culturas nacionales e internacionales. Por otro lado, el denominado edificio administrativo también posee un valor histórico debido a su antigüedad, su ubicación en el sistema y sus características formales y artísticas típicas de principios del siglo XX. Aunque no se cuenta con mucha información sobre su construcción y usos originales, tiene un valor funcional por su actual uso administrativo a nivel nacional. No obstante, carece de valor simbólico. Ambos casos muestran cómo el centro histórico paceño enfrenta el riesgo de pérdida de su valor de conjunto y sistema debido a la continua desaparición de sus testigos históricos. Además, los edificios que pertenecen a la Cancillería no contribuyen al valor de conjunto del área.
En cuanto a los valores formales y estéticos de los edificios patrimoniales, el centro histórico paceño abarca estilos representativos de épocas bolivianas, como el colonial y el republicano e industrial. Los edificios exhiben una combinación de formas y ornamentaciones elaboradas con diversos materiales, que reflejan la habilidad de los artesanos y obreros locales de diferentes épocas. Los dos monumentos estudiados presentan valores formales y estéticos significativos: el primero en estilo academicista con líneas clásicas, y el segundo con Art Deco, un estilo representativo de su época. Ambos buscan la belleza objetiva a través de sus formas, vanos, zócalos, remates y elementos ornamentales. La Marmolera podría reforzar aún más sus valores formales y estéticos si se completara de acuerdo con su diseño original y se restauraran sus colores y elementos originales.







































