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Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult vol.24 no.44 La Paz jun. 2020

 

ARTÍCULOS Y ESTUDIOS

 

La frontera que se difumina y endurece. El espacio de influencia del salitre y los flujos transfronterizos Chile-Bolivia (1880-1930)

 

The Border that Fades and Hardens Itself. The Space of Saltpeter Influence and the Cross-border Flows Between Chile-Bolivia (1880-1930)

 

 

Sergio González Miranda *, Sergio A. González Pizarro **

 

 


Resumen***

La industria del salitre que se implantó siguiendo los mantos de caliche en el desierto de Atacama (regiones de Tarapacá y Antofagasta) —a partir de mediados del siglo XIX— generó flujos transfronterizos de bienes y personas permitidos por los Estados nacionales de Bolivia y Chile. Éstos hicieron porosa la frontera durante el auge de dicha industria. El fenómeno posibilitó la formación de un "espacio salitrero" a partir de dicho polo de atracción industrial y de los nexos transfronterizos crearon un "espacio de influencia". En este artículo se analizan los flujos transfronterizos, donde circularon bienes culturales —tradicionales y modernos— permitiendo la existencia un espacio heterotópico en el desierto de Atacama. La frontera se caracterizó por líneas dendríticas (rutas, caminos, pasos, senderos, líneas férreas, etc.) hasta las grandes crisis (1914, 1919 y 1930) y el retorno de los pampinos bolivianos desde la pampa salitrera, cuando la frontera se cerró y endureció, transformándose en un límite geopolítico.

Palabras clave: Flujos transfronterizos; espacio salitrero; límite fronterizo; espacio de influencia; polo de atracción.


Abstract

The saltpeter industry that was introduced following the caliche deposits located on the Atacama Desert (Tarapaca and Antofagasta regions) —from the middle of the 19th century— produced cross-border flows of goods and people that, allowed by the nation-states of Bolivia and Chile, convert it into a porous border during the peak of that industry. This phenomenon made possible the creation of a "salpeter space" from a pole of industrial attraction, and the cross-border links created an "space of influence". The article analizes the cross-border flows, where cultural goods were moved —traditional and modern— allowing the presence of an heterotopic space on the Atacama Desert. The border was characterized by dendritic lines (routes, roads, paths, trails, railways, etc.) until the great crisis (1914, 1919 and 1930) and the return of Bolivian people from the saltpeter pampas, when the border is closed (for good) and hardens, becoming a geopolitical border.

Keywords: Cross-border flows; saltpeter space; border limit; space of influence; pole of attraction.


1. Introducción

La importancia de la industria del salitre —desde el último tercio del siglo XIX hasta el primero del siglo XX— como polo de atracción es innegable, generando un mercado de productos procedentes de Bolivia, Argentina, Perú y Chile y alcanzando un alto grado de especialización, como fueron los diferentes tipos de mulares para las faenas del nitrato o el ganado bovino, capaces de resistir el cruce de la cordillera desde el noroeste argentino hasta el litoral de Tarapacá, flujo que persistió desde el periodo colonial (Rutledge,1987, p. 155). De Bolivia provenía la ropa que se empleaba en el proceso de lixiviación del salitre, como las fajas y las polainas de lana, los pantalones encayapados y los zapatones para los desrripiadores, además de una gran variedad de alimentos necesarios para los obreros de esa nacionalidad, incluyendo licores espirituosos como el agua ardiente, conocida como "guachucho", y las chichas de jora y mucku (también un flujo colonial persistente)1. Sin embargo, la mano de obra procedente de diversas provincias del occidente de Bolivia, en particular de Cochabamba (González, 1997), fue el flujo económico, social y cultural más significativo que llegó a las salitreras, superando cualquier antecedente anterior. Algo similar aconteció con los mineros del "norte chico" chileno, quienes cruzaron Taltal para trabajar tempranamente en Antofagasta y Tarapacá (Godoy y González, 2013).

La industria del salitre, en tanto polo de atracción, generó también flujos desde ultramar, transformándose, a su vez, en una plataforma de reexpedición de mercancías arribadas a los puertos salitreros hacia diversas regiones fronterizas, especialmente de Bolivia. No se trató solamente de mercancías de origen industrial, sino también mercancías de lujo, muebles, periódicos, libros, folletos, etc. En dichos flujos circularon bienes culturales que pudieron colisionar y/o complementarse con aquéllos tradicionales que procedían de regiones circunvecinas a la industria del salitre. Lo más relevante fueron los lenguajes y las ideas movilizados por los inmigrantes e, incluso, por los propios trabajadores y sus familias que —desde antes de la aparición de las grandes crisis de la industria del salitre— retornaban a sus provincias, ciudades o comunidades con otra visión de mundo. De esa colisión de flujos tradicionales y modernos en la sociedad del salitre surgió un espacio heterotópico (Foucault, 2014) que tuvo características culturales propias. No nos referimos solamente a la emergencia de una identidad sociocultural conocida como "pampina" —que vino a complementar aquélla que traían los grupos de trabajadores y sus familias desde sus comunidades de origen— sino al surgimiento de un ambiente urbano en pleno desierto de Atacama.

La industria del salitre trajo a este desierto la revolución industrial a partir de mediados del siglo XIX. A diferencia de las otras explotaciones mineras, especialmente la argentífera, donde era posible beneficiar el metal a través de una tecnología colonial (Contreras, 2009), o la economía del guano, que solo requería de un proceso de extracción, ensacado y embarque; el salitre exigía un proceso de lixiviación que requirió de los adelantos científicos y tecnológicos de la época. Con ello generó una demanda, desde la metrópolis, de insumos industriales e ingenieros necesarios para implantar las plantas de lixiviación en pleno desierto. Aquí nos interesa el "efecto demostración" que esta industria generó en los grupos humanos que se dieron cita en el desierto de Atacama. Como lo plantea Filgueira:

En la medida en que se amplía el conocimiento de estos bienes y por consiguiente también se amplía el de los símbolos y valores que se asocian a su uso, surgen nuevas necesidades y se incrementa la demanda por su consumo. De este modo, el efecto demostración opera de 'arriba hacia abajo' a través de mecanismos sociales donde las formas de interacción social, el liderazgo y la propaganda juegan un papel fundamental (1981, p. 81).

Si bien la dimensión económica de este concepto es la más destacada por parte de su autor (Duesenberry, 1967 [1949]) y estudiada por los especialistas (Baltra, 1963), son de nuestro interés los aspectos simbólicos y valores asociados al fenómeno, en especial la circulación de los objetos simbólicos y de las personas. Por lo mismo, nuestra perspectiva es histórico-sociológica más que económica.

En este artículo nos interesa conocer la complejidad de flujos que circularon en la sociedad que surgió en el desierto de Atacama producto de la industria del nitrato de soda que, hemos denominado, siguiendo a Foucault (2014), espacio heterotópico, y cómo estos flujos, a su vez, tuvieron un impacto en otros territorios transfronterizos debido a su encadenamiento económico, social y cultural, ocasionado un "efecto demostración" en esas mismas dimensiones2. Específicamente, nos interesan los flujos que "espaciaron" e hicieron porosa la frontera entre Bolivia y Chile, producto de la "atracción" del salitre.

Durante el ciclo del salitre fueron miles los trabajadores bolivianos (y sus familias) que llegaron a esta industria provenientes —preferentemente— de Cochabamba (González, 1997), aunque fue la ciudad de Oruro la que tuvo un mayor vínculo comercial y social con la principal región salitrera: Tarapacá.

Para el caso de Antofagasta, la relación fue también con Oruro vía Uyuni, a través del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia.

La movilidad laboral boliviana a las salitreras fue pendular. Los trabajadores iban y venían desde las faenas agrícolas de sus comunidades de origen, logrando ser campesinos y obreros asalariados/proletarios. La identidad pampina contiene en cierta forma ambas categorías de clase, pues ese mismo fenómeno se podría observar entre los obreros de origen peruano, argentino y chileno. Sin embargo, al cabo de décadas de ir y venir a la pampa salitrera, el campesino, que llegó al desierto enganchado o por sus propios medios, ya no era el mismo. La politización fue uno de esos cambios.

La atracción de la mano de obra boliviana —a partir de la expansión del ciclo del salitre— no fue tanto producto de los medios tradicionales como de la información proporcionada por arrieros, familiares que retornaban: "se corría la voz" o "la nombrada". Como la industria del salitre era extensiva en mano de obra, comenzaron a emplearse otros medios, como periódicos y la modernización del "enganche" (Monteón, 1979). Hubo, para el caso boliviano, avisos de contratación de mano de obra en lengua quechua, como aquel del 16 de junio de 1905 aparecido en el diario El Tarapacá de Iquique (fig. 1) solicitando particulares, carreteros y maquinistas para la oficina salitrera Jazpampa3; el atractivo principal eran las mercaderías de la pulpería y su bajo precio. Resulta evidente que este aviso estaba dirigido preferentemente a la población cochabambina.

No solo las salitreras recurrieron a esta estrategia, también lo hicieron otras minerías, como fue el caso de la Compañía Minera Collahuasi, que en 1908 publicitó en el periódico de Oruro Correo Diario de 15 de marzo de ese año (fig. 2), un aviso solicitando operarios con el ofrecimiento de una paga entre 3,5 a 5,0 Bs. diarios y campamentos gratuitos, "nuevos y cómodos, [además de] hospital, medicina, médico y escuela; mercaderías, abarrotes y víveres a precio de factura". Llama la atención que a los operarios que llevasen a sus familias se les ofrecía más facilidades, al igual que a herreros y carpinteros. Claramente, Collahuasi se enfocaba en la población de Oruro, más acostumbrada al trabajo en el territorio del altiplano, donde se encontraba esta mina, a más de 4.000 msnm. Los operarios chilenos y cochabambinos podían tener menor capacidad de adaptación.

Lo que nos interesa aquí es el argumento de atracción que, en definitiva, era la modernidad. Hubo una gran oferta de bienes modernos ofrecidos desde los puertos hacia Bolivia. La oferta de productos llegados a los puertos salitreros fue cada vez más amplia, culturalmente atractiva y tecnológicamente de avanzada. En los periódicos se realizaban ofertas dirigidas hacia Bolivia. En el periódico El Ferrocarril de Cochabamba del 21 de enero de 1919 se anuncia (fig. 3) que la empresa Arauco Prado y C° ofrece con 50 Bs. al mes comprar un piano Aeclian o Wurlitzer, pianolas, máquinas de escribir y fonógrafos Víctor. Se trataba de una oferta de pago a largo plazo en pequeñas cuotas mensuales, es decir, una forma de crédito.

A tal punto fue importante el mercado boliviano que, cuando azotó la gran crisis económica a Chile, especialmente al norte salitrero, se volvió a mirar a este mercado como la tabla de salvación. El periódico El Tarapacá de Iquique de 23 de agosto de 1932 publicó el siguiente artículo:

Comercio entre Chile y Bolivia

La República de Bolivia, representa para Chile el mejor y el más importante de los mercados de la América y donde mayores facilidades puede encontrar nuestro comercio exterior.

Colocada en el corazón del continente, abarcan sus fronteras una enorme extensión territorial con incalculables riquezas de todo orden, principalmente mineras. Como es sabido, la exportación de sus productos encuentra salida al Atlántico por la vía del Acre, hasta las costas del Brasil y, más al sur, por el Paraguay hasta el río de la Plata. Al Pacífico puede llegar por tres diferentes rutas: Mollendo, Arica, y Antofagasta. De todas ellas, son las dos últimas las principales y las más importantes (...)

(...) Es del caso recordar que la suma de nuestras exportaciones ha podido ser tres o cuatro veces superior si hubiéramos cuidado un poco de fomentar y desarrollar el mercado del Altiplano.

Hay muchos productos que podrían alcanzar allí grandes posibilidades tales como leche condensada, jabones, productos químicos y farmacéuticos, paños, tejidos de lana, zapatos, sombreros y otros.

Una diplomacia bien orientada y bien definida con respecto a Bolivia podría abrir inmensas oportunidades a nuestro comercio exterior que, en los últimos años, ha sido lamentablemente descuidado (...)

Efectivamente, la modernidad en los flujos de mercancías comenzó a afectar a quienes tradicionalmente abastecían el mercado minero del desierto de Atacama, desde antes de la guerra del Pacífico.

 

2. De la frontera que se difumina a la frontera dura

Aquí sostenemos que la frontera entre Bolivia y Chile, durante el ciclo de expansión del salitre, comenzó a difuminarse desde que la administración chilena accedió a todo el territorio salitrero4. Al dejar en manos de los empresarios salitreros el control del mercado del nitrato de soda, así como el control social y político de ese territorio, incluyendo los flujos de mano de obra y mercancías transfronterizos, el Estado nacional chileno —en cierta forma— renunció a su papel geopolítico de control de esta frontera.

A partir de 1880, cuando Chile tuvo el control administrativo de las dos provincias salitreras (Tarapacá y Antofagasta), la política de Estado fue dejar que la empresa privada tuviera plena libertad para desarrollar esta industria, asegurando para el fisco un derecho de exportación supuestamente alto, dejando atrás la política estatal peruana que había decidido por la expropiación de esta industria en 1875 (Mc Evoy, 1994). Como recuerdan Collier y Sater: "Tal como dijo el presidente Santa María, primer gran beneficiario de la nueva política: 'dejen que trabajen libremente los gringos en el salitre; yo los espero en la puerta'" (1996, p. 135). Adicionalmente, los empresarios estaban organizados en trusts salitreros denominados "combinaciones" (González, 2014) que, en rigor, eran monopolios tolerados por el Estado nacional a cambio de una renta (Castro, 2008), que fue relativamente estable hasta 1913, cuando se produjeron los primeros síntomas efectivos de agotamiento del ciclo de expansión del salitre.

Por lo anterior, los flujos transfronterizos quedaron bajo el control de las compañías salitreras, mientras el Estado nacional obvió en Tarapacá y Antofagasta la presencia permanente de aduanas y retenes policiales de frontera (excepto rondas eventuales de carabineros). Las combinaciones salitreras estuvieron en operación hasta 1910, y la primera gran crisis de esta industria se registró en el primer semestre de 1914. No podemos señalar a esta fecha como la inflexión de término de esta economía porque durante el segundo semestre de ese año hubo una recuperación generada por la Primera Guerra Mundial, que comenzó a demandar salitre refinado para fines bélicos. Sin embargo, el nitrato de soda chileno, en tanto fertilizante, había dejado de ser competitivo en el mercado internacional; por tanto, concluida la "Gran guerra", llegaría la crisis salitrera en toda su magnitud en 1919-1920 (González y Leiva, 2016), marcando el término del ciclo de expansión de esta industria.

Respecto del control territorial de las provincias salitreras, los estudios del historiador Luis Castro son contundentes:

(...) la zona andina de Tarapacá careció de una preocupación estatal equivalente al espacio salitrero de la pampa y la costa. Ningún interés fiscal concreto hubo durante este período para, por ejemplo, construir una vía que permitiera transportar de modo rentable minerales desde yacimientos cordilleranos hacia algún muelle de embarque, tampoco un oficio expedito para aprobar solicitudes de estacas mineras situadas en esta escarpada zona geográfica, y, por si fuera poco, mucho menos un propósito decidido por llevar a los alejados lugares andinos de la provincia servicios gubernativos habilitados en propiedad (Castro, 2008, p. 220).

Después de la crisis de los años 1919-1920, esta industria continuó utilizando los flujos transfronterizos para su desenvolvimiento; sin embargo, comenzarían a surgir puestos policiales fronterizos, aduanas y un mayor control de productos de contrabando, no solo de productos ingresados desde Bolivia, sino también desde Chile5. Incluso hubo controles sanitarios debido a la aparición de algunas enfermedades contagiosas, como la viruela6. La frontera abierta entre Bolivia y Chile iniciaba su cierre y, con ello, comenzaba también a esfumarse el "espacio de influencia" de la industria del salitre, después de siete décadas de la llegada de la revolución industrial al desierto de Atacama, que hemos establecido para mediados del siglo XIX. Con la gran crisis de 1930, la intendencia de Tarapacá comenzó a insistir sobre la importancia de puestos aduaneros en la frontera con Bolivia. En esta etapa se endurece la frontera con Bolivia en lo aduanero7 y en lo policial8.

La frontera entre Bolivia y Chile ha sido un fenómeno complejo, porque ha planteado problemas en lo diplomático, cultural, político, económico y territorial. Recién en 1904 se alcanzó un tratado de paz y amistad que estableció la frontera política entre ambos países; sin embargo, estuvo lejos de resolver dichos problemas, pues continuaron las demandas diplomáticas bolivianas por un acceso soberano al océano Pacífico, que se profundizaron a partir de 1919, con el término de la Primera Guerra Mundial bajo el ideario "wilsoniano" (Cortés, 2013). Sin embargo, los conflictos diplomáticos (como cuerdas separadas) no tuvieron mayor impacto en los flujos transfronterizos entre la industria salitrera y diversas zonas transandinas. En cierto modo, Bolivia y Chile se regían por códigos de cooperación interestatal y operaciones transfronterizas, al igual que las grandes potencias de fines del siglo XIX. El espacio salitrero, como lo hemos señalado, estaba controlado por el empresariado minero y dominado por ingleses (Semper y Michels, 1904)9 y alemanes.

Al cabo, en palabras de Iturraspe, el ciclo del salitre coincide con la segunda mundialización, que "perdurará desde fines del siglo XVIII hasta la Primera Guerra Mundial, con la hegemonía inglesa y europea y la creciente presencia norteamericana en su área de influencia" (2002, p. 174). Igualmente, para Carmagnani la fase de maduración de la forma de occidentalización euroamericana acontece entre la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del siglo XX (2004, p. 13). Lo anterior explica las características de los flujos de modernidad que comenzaron a circular por las fronteras requeridas por la industria del salitre, en tanto polo de atracción (en la fase de auge) y de repulsión (en la fase de crisis). A ese espacio que abarcó la economía y sociedad del salitre lo hemos denominado en otros escritos como "espacio de influencia" (González, 2002).

Tiene razón Manuel Castells al señalar que, desde la perspectiva sociológica, el concepto de espacio, como el de tiempo, no nos dice nada en cuanto tal, porque "una sociología del espacio no puede ser más que un análisis de determinadas prácticas sociales dadas sobre cierto espacio, y, por lo tanto, sobre una coyuntura histórica" (2014, p. 485); es decir, lo que identifica a un tiempo y espacio serían determinadas formaciones sociales. Siguiendo a este autor, "desde el punto de vista social, no hay espacio, sino un espacio-tiempo históricamente definido, un espacio construido, trabajado, practicado por las relaciones sociales" (p. 485). Más allá del hecho de que ciertas simbologías de formaciones pasadas persisten en la mentalidad de los sujetos contemporáneos, como aquéllas provenientes de la cosmovisión andina en los obreros del salitre de origen aymara o quechua (González, 2016a), o la presencia de prácticas sociales coloniales durante el siglo XIX, cuando el ciclo del salitre inició su despegue, podemos afirmar que la industria del salitre generó relaciones sociales heterotópicas, en el sentido de su complejidad, que le otorgaron una identidad única en el desierto de Atacama, definiendo un tiempo y un espacio que se conoce como "del salitre".

En su momento de mayor auge (1884-1918), el "ciclo del salitre", término que contiene tiempo y espacio, desplegó —a partir del desierto de Atacama— nexos transfronterizos a través de un "espacio de influencia" que abarcó cuatro países: Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Aquí nos interesa Bolivia.

Este "espacio de influencia", y sus flujos transfronterizos, contuvo conflictos y contradicciones, como el contrabando10, las disputas territoriales de las comunidades andinas afectadas por el límite fronterizo11, las incursiones militares o policiales desde uno y otro lado de la frontera y la construcción de líneas férreas que desplazaron a los flujos tradicionales de llameros, caravaneros y arrieros12.

Sobre todo, hubo un flujo transfronterizo particularmente significativo con los enganches de trabajadores hacia la industria del salitre, siendo los trabajadores bolivianos, después de los chilenos, los más numerosos en llegar a las oficinas salitreras de Tarapacá y de Antofagasta, aunque solían preferir los cantones más septentrionales de Tarapacá (Zapiga, Dolores, Catalina, Negreiros y Huara).

El enganche fue una institución, en el sentido de que no fue solamente un acuerdo o contrato de palabra o por escrito entre una compañía salitrera (representada por un "enganchador") y un trabajador (que podía incluir a su familia); suponía también un flujo simbólico: contenía también valores y sentimientos, pues implicaba para este último un cambio fundamental en su vida. Debían "cortar raíces" (Pinto, 1993) de su lugar de origen, el cual muchas veces, desde la perspectiva paisajística, era la antípoda del desierto de Atacama. Al inicio solía ser un territorio no solo agreste, sino hostil; sin embargo, al cabo de los años terminaban queriéndolo y adquiriendo la identidad pampina. Por ello, no fue extraño que, en los flujos de retorno con las crisis del salitre, los trabajadores bolivianos, peruanos, argentinos o chilenos y sus familias se sintieran desarraigados. Fue particularmente duro para los repatriados bolivianos13.

El sistema de enganches fue una de las principales preocupaciones del Estado nacional chileno. Después de la masacre obrera de 1907, por medio de la Oficina del Trabajo, donde tuvo un papel relevante Eugenio Frías Collao, se analizó como un problema laboral de carácter nacional14. Este sistema fue mucho más que un tipo de contrato laboral; al contrario, tuvo implicaciones múltiples, incluyendo lo fronterizo, como se puede observar en el siguiente pliego de peticiones:

Iquique, 8-IX-1918, Sr. Intendente:

Los obreros y empleados de la Provincia de Tarapacá, en uso del derecho de reunión y petición que le confiere la Constitución, reunidos en comicio público en Iquique con fecha de hoy Dgo. 8 de septiembre, acuerdan por intermedio de US. elevar al S.G. las peticiones que se formulan al pie de esta presentación y que rogamos a US. darle el curso referido.

Formulamos estas peticiones envista de las consideraciones sgtes.:

(...) Que el sistema de enganche de obreros establecido por los industriales salitreros, trayendo trabajadores desde el Perú y Bolivia en grandes cantidades periódicas, ha sido causa para que se produzca la abundancia de brazos y que, por los salarios en vez de haber mejorado con la reanudación de las faenas salitreras, han sufrido una nueva depreciación debido a la competencia que se efectúa entre trabajadores y trabajadores por la abundancia de brazos (...);

(...) Que por lo común la clase patronal basa sus utilidades en la explotación extralimitada del salario de los trabajadores y no en la organización inteligente del trabajo y con aplicación de modernos procedimientos mecánicos (...)

Peticiones:

(...) Ley restrictiva para la importación de trabajadores del extranjero por medio del sistema de enganches, debiéndosele limitar a las verdaderas necesidades de las industrias y previa investigación e informe de la O. del T.;

Reglamentación del sistema de enganches en lo relacionado con el hospedaje y tratamiento a los enganchados;

Prohibición absoluta a los industriales para emitir fichas o vales de cualquier especie, e igual prohibición para el sistema de libretas que tienen implantados numerosas firmas salitreras en sus oficinas, por medio de la cual obligan a sus obreros a comprar en las pulperías. El diario a los trabajadores deberá ser en moneda nacional (...)

(...) Ley que establezca el salario mínimo que deben ganar los trabajadores. Leyes y medidas para abaratar los consumos.

Supresión de los impuestos de aduana al azúcar, arroz, te, café, leche condensada, aceite, ganado vacuno y lanar, y a los artículos para vestir, confeccionados o no, de algodón, para uso de proletarios.

Prohibición absoluta de la exportación de cereales.

Dedicación exclusiva de los trasportes de la Armada nacional al acarreo de la carga de cabotaje (...) (Fragmentos)15

Resulta interesante que, entre varias peticiones (realizadas por personas cuyas listas de firmas alcanzaban las 50 hojas, entre las que se incluía muchas mujeres, destacándose en un encabezado el nombre de la "Oficina Santa Lucía"), que incluía la jornada laboral de 8 horas y el salario mínimo, el enganche de trabajadores (no indica procedencia) fuera analizado como un método de control del salario por parte de los patrones, al aumentar la oferta de mano de obra. Resulta también curioso cómo habían internalizado los peticionarios (que se autodefinen como proletarios) el maquinismo y la tecnología moderna.

Aquí se demuestra cómo el enganche estaba relacionado también con el control de las pulperías sobre los trabajadores, en tanto consumidores (la pulpería y sus abarrotes eran la atracción para los enganchados). La pulpería era un sistema monopólico de venta de los productos, a través del uso abusivo e ilegal de la ficha-salario16.

Llama la atención la plena conciencia que tenían los pampinos sobre la importancia de las aduanas, debido a los impuestos aplicados a los artículos de primera necesidad, algunos procedentes de ultramar, como el arroz, el café, el té y la leche condensada, y otros de procedencia trasandina, como los artículos de vestir, generalmente producidos en Bolivia.

También la referencia a la Armada —para que emplearan sus medios de transporte en el cabotaje— demuestra la conciencia de estos peticionarios respecto de la importancia de los flujos venidos desde las regiones del centro-sur de Chile (Cariola y Sunkel, 1982) hacia el mercado salitrero. Estos flujos complementaron aquellos venidos de ultramar y allende los Andes.

Como lo hemos señalado antes, los flujos transfronterizos que se generaron durante el ciclo del salitre, una industria decimonónica moderna, no fueron resultado de la acción de los Estados nacionales (Perú, Bolivia, Argentina y Chile), o al menos no directamente de políticas públicas. Pese a ello, no hay que desconocer que los Estados nacionales fueron facilitadores para que esta industria pudiera potenciar el "espacio de influencia".

 

3. Cómo el "descampado" de Atacama devino en "espacio salitrero"

El desierto de Atacama era un territorio —antes de la presencia de la industria del salitre— definido como "descampado" o "despoblado" (Sanhueza, 2002), conceptualización que provenía desde la Colonia. El análisis y descripción de este territorio es una tarea extraordinariamente interesante (desde lo geográfico, etnográfico e historiográfico), considerando especialmente la epopeya cotidiana de los pampinos de cruzar el desierto a pie (Figueroa, 1931), de una salitrera a otra, de un cantón a otro y, como aconteció durante el siglo XIX, entre una región y otra de países fronterizos, como de los cochabambinos que caminaban semanas hasta llegar a las salitreras de Tarapacá (González, 2002).

Distinguimos un "espacio salitrero interno", aquél donde se desarrollaban las actividades salitreras en el desierto de Atacama y que podría coincidir con el concepto de cantón (González y Artaza, 2013) y de un "espacio de influencia", definido por los flujos y actividades transfronterizos, los que no necesariamente eran lineales (considerando a esta industria como punto de partida) ni aledaños o fronterizos al desierto de Atacama. Oruro era, en cierta forma, lineal y aledaño o fronterizo, pero no fue el caso de Cochabamba. Hubo localidades muy lejanas a esta industria que se vincularon con ella, como fue el caso de San Juan en Argentina, en relación con la ganadería; o Chiloé, que proporcionó mano de obra para las faenas portuarias. Del mismo modo, hubo pequeñas plataformas pivotales —como puntos clave en el espacio— que vincularon diversas zonas salitreras, como San Pedro de Atacama en Antofagasta (Bowman, 1942, p. 93) o Chiapa en el valle de Aroma en Tarapacá.

Siguiendo a Lefebvre, en "el espacio-naturaleza, llamado más tarde 'espacio geográfico', los trayectos se inscriben mediante simples trazados lineales. Los caminos, los senderos son como poros que se agrandan, que establecen sitios (etapas, lugares privilegiados) sin colisionar y fronteras. Por esos poros se vierten fluideces humanas cada vez más densas: manadas, trashumancias, migraciones" (2013, p. 238). Para el caso del desierto de Atacama, la cordillera de los Andes (en sus ramales occidental y oriental), el altiplano e incluso los valles precordilleranos de Chile y Bolivia fueron los territorios donde se desplegó el espacio salitrero y su influencia; allí la naturaleza estaba tan violentamente presente que los flujos expresaron simbologías diversas, desde aquellas asociadas a los antiguos caravaneros andinos (Núñez y Dillehay, 1995), a los arrieros cuya tradición se remonta a la Colonia (Conti y Sica, 2011), especialmente a la economía argentífera de Potosí (Sempat, 1982) y al ferrocarril decimonónico que irrumpe junto a la industria del salitre (Gómez, 1998). Todos estos flujos se yuxtapusieron en el espacio salitrero, complementándose, aunque en el transcurrir del ciclo el ferrocarril tuvo un mayor control de las mercancías y las personas que circularon.

A comienzos del ciclo del salitre, los lugares privilegiados fueron los tambos (aguadas), como lugares de descanso para personas y animales e intercambio comercial. Posteriormente, las estaciones ferroviarias tuvieron el papel más relevante, como Uyuni cerca de la frontera de Bolivia y Chile, porque allí se abordaba el ferrocarril hacia Antofagasta17 y viceversa18. Desde antes de la Guerra del Pacífico se planificó, sin éxito, una línea ferroviaria que debía conectar Tarapacá con la mina Collahuasi, y luego con Sillillica y Oruro19.

Siguiendo a Lefebvre (2013), "las relaciones establecidas por las fronteras tienen sin duda alguna mayor importancia, así como las relaciones entre fronteras y lieuxdites..." (p.239). Las fronteras no son meramente espacios de colisión política, de relaciones diplomáticas, de control aduanero, de intercambio económico, etc.; también son espacios simbólicos y de vida cotidiana. Mientras acontecía todo el gran fenómeno de los flujos transfronterizos del ciclo del salitre, los habitantes de la zona de altiplánica vieron violentado su hábitat por la línea de frontera. Fue el caso de los residentes de Cariquima (Chile) Pascual, Tiburcio y Marcelo Esteban, que realizaron trabajos agrícolas de barbecho entre los linderos fronterizos 36 al 55, en los lugares Apacheta de Zola y Alto de Pahuantalla, en territorio boliviano del cantón Llica, lo que llevó al reclamo de la autoridad correspondiente (Prefectura de San Cristóbal), en octubre 18 de 191020. Lo anterior requirió la respuesta del perito chileno ingeniero Luis A. Bolados, quien reconoce que efectivamente en 1906 se definieron los linderos:"(..) que al efectuarse la demarcación de la línea fronteriza en esta región que va en línea recta desde el cerrito Tapacollo al cerrito Salitral y de aquí también en líneas rectas al cerro de Lacataya y al portezuelo de Huaella esas posesiones hayan quedado en territorio boliviano...".

Adicionalmente, debió interpretar los términos del Tratado de Paz y Amistad de 1904 entre ambos países, señalando que "Pascual Estevan, Santos Estevan, Silverio Estevan yTiburcio Ticuna continúan siendo dueños absolutos de las posesiones que poseen en el punto llamado Huaella situado en la orilla del Salar de Coipasa al poniente del Cerro Lacataya (...)"21.

Este reconocimiento a escala de los Estados nacionales y la diplomacia sobre la propiedad indígena a ambos lados de la frontera, no se cumplió. En la medida en que la frontera dejaba de ser porosa y se endurecía, aumentaron las incursiones militares de un lado y de otro del límite, incluyendo la remoción eventual de hitos22 y el distanciamiento de estancias o comunidades que pertenecieron a un mismo ayllu (Gundermann et al., 2019).

A la escala de las comunidades andinas de ambos países, comenzó a reproducirse culturalmente el carácter nacional a través de los aparatos ideológicos del Estado (Althusser, 1988). Estos "aparatos ideológicos del Estado" (bolivianos y chilenos), como la escuela pública, las obras públicas, el servicio militar, la iglesia diocesana, los municipios, etc., llevaron a esa escala local una visión de la geografía y de la frontera como un límite.

 

4. Espacios, líneas de fuga y fronteras que se difuminan y cierran

Hemos afirmado que la frontera entre Bolivia y Chile —durante el ciclo de expansión del salitre— tendió a difuminarse con los flujos generados por la gran plataforma económica, social y cultural que fue la industria del nitrato de soda. En la medida en que las líneas de fuga aumentaban, el límite fronterizo se abría y, al contrario, con las crisis sufridas por esa plataforma, las líneas de fuga se contraían y el límite fronterizo se endurecía y cerraba.

Aquí nos interesan los códigos, simbologías, flujos, etc. tácitos que a partir de ese fenómeno industrial circularon por el espacio salitrero (interno y de influencia). Un interesante punto de vista nos lo ofrece Juan Pablo Silva, a saber:

Toda esta atmósfera transformadora de la vida, toda esta agitación, turbulencia y vértigo asociados a la sensibilidad moderna, encuentran su correlato dentro del cine mudo, pues será éste el que proporcione a un público masivo toda una imaginería de la modernidad; va a ser en las pantallas del cinematógrafo donde —parafraseando a Marx— todo lo sólido se desvanece en el cine... (Silva, 2014, p.126).

Este fenómeno de la modernidad se dio cita en el desierto de Atacama, como lo hicieron hombres y mujeres de los más diversos rincones del planeta, donde predominaron peruanos, bolivianos y chilenos. El cine mudo estuvo al alcance de los peones del salitre y sus familias en los biógrafos, como también las filarmónicas, los clubes sociales y deportivos, los periódicos, el teatro popular (Bravo-Elizondo, 1986), pero sobre todo las diferentes organizaciones obreras de la pampa, como las mutuales, sociedades de resistencia, mancomunales, federaciones, etc., así como los periódicos obreros. Nada era equiparable en modernidad a la pampa salitrera, excepto los puertos y las ciudades capitales.

La yuxtaposición de flujos tradicionales, que persistieron hasta el fin del ciclo del salitre, y modernos, generaron un espacio culturalmente complejo en un territorio que había sido (des)calificado anecúmene bajo el concepto de despoblado o descampado de Atacama. Un testigo de época de este "espacio heterotópico" que fue el espacio salitrero es Enrique G. Loza (1916), el notable periodista boliviano que estuvo en Tarapacá y se relacionó con los obreros ilustrados de la pampa23. Su artículo periodístico se denomina: "En la región del salitre. Impresiones de nuestro improvisado viaje", publicado en El Eco de Bolivia el 9 de marzo de 1920. Observemos algunas de esas impresiones:

Llegamos al pueblo de Huara y dictamos una conferencia —visitamos— la Oficina Santa Rosa. De viaje a Negreiros y Agua Santa. Admirables progresos alcanzados en esta Oficina. Conversamos con Administrador señor Humberstone y paseamos por los elegantes centros —Estrella de Chile F. B. C y la Sociedad Agua Santa F. B. C. Existen dos bandas y un club de F. B. C. de señoritas. Manifestaciones de aprecio de que hemos sido objeto. Viajando a Alto Caleta. Entrevista con el administrador. El presidente del "Centro Filarmónico Internacional" Sr. Núñez nos agasaja en nombre de los obreros. Existe otro "Centro obrero dramático Juventud Moderna" (...)

(...) Desde este sitio (Estación Central), vimos muchas caravanas de calicheros bolivianos; cruzando en carretelas y los más a pie: las paisanas vestidas con sus trajes típicos de las campesinas criollas de Cochabamba, seguían por diferentes caminos, llevando en sus espaldas tremendos atados; y, varias otras mujeres y muchachos llevaban sus tiernos niños a cuestas. Fue un cuadro amargo aquel espectáculo sensacional que a nuestros ojos se presenta. Pensamos nosotros que aquellos bohemios vagabundos de la injusticia social, eran carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre que, sin duda, caminaban a otras Oficinas en busca de mejor suerte (...)

(...) Le dijimos a nuestro agente que nuestro viaje es a Caleta Buena, pero que aprovechando de nuestra estadía (en Huara) esta tarde desearía dar una conferencia pública. Incontinente Herrera invitó al pueblo por medio de unos carteles. El dueño del Teatro Colón, señor José Moscoso, nos accede gratuitamente su local. El pueblo se anoticia de la llegada del director de "El Eco de Bolivia" y nuestros compatriotas, por su parte, hacen la propaganda. Los vecinos más distinguidos y el pueblo se dan cuenta del anuncio de nuestra conferencia. Dos horas de propaganda fue suficiente. Eran las 19 horas. En ese momento llegamos a las puertas del teatro (...)

(...) Al presentarme en la tribuna expliqué al público que mi conferencia seria breve. En seguida diserté oralmente sobre las sólidas relaciones cordiales que mantienen Bolivia y Chile. Hablé de los progresos de la patria ausente, sobre el resurgimiento de las minas, el producto innumerable cada vez creciente de la agricultura. Mi conferencia se extendió más de 1 hora (...)

(...) Pasamos también donde varios compatriotas en (la oficina) Santa Rosa (de Huara), donde muchos obreros bolivianos, ellos de faz quemada, vestidos a la usanza pampina, de callosas y toscas manos; esforzados y laboriosos nos saludan, como sintiendo, entre su alma un dulce regocijo el ver a sus compatriotas que llegan hasta sus humildes tugurios.

(...) Seguimos viajando comentando nuestro fracaso de ir directamente a Caleta (Buena). El tren había llegado a Negreiros. Llegamos a este pueblo. Un caballero entrado en años de barba llena con facha de andaluz, de aspecto respetable miraba con ávidos ojos a todos los pasajeros. Avanzamos unos cuantos pasos y él se adelanta y nos dice señores, soy el Agente de la revista "El Eco de Bolivia" y creo que ustedes deben ser los redactores; pues, me anunciaron que venían (...) Iquique, marzo 2 de 1920. (Fragmentos)

Las observaciones de Enrique Loza expresan lo que fue la sociedad salitrera del desierto, su pluriculturalidad, su modernidad y la persistencia de la tradición, la conciencia de lo político y la importancia de la cultura. Todas esas expresiones de vida que se pueden analizar en el habla pampina o, como diría Dilthey (1986), en "el lenguaje cotidiano", el "ojo transfronterizo" ilustrado de Enrique Loza las pudo escrutar.

Como Loza, Arturo Daza, personaje que es rescatado por Guillermo Lora (1969) y Gustavo Rodríguez Ostria (2001), cuyo texto "Aventuras de Cochalín" registra magistralmente (porque lo hace en un estilo literario de comedia) lo que fue esa movilidad pendular desde Cochabamba hacia las salitreras24 y, como resultado de ello, se produjo la toma de conciencia política y de emancipación cultural que, una vez retornado a Cochabamba, dejó huella en el movimiento obrero boliviano. Después de la masacre obrera de 1907, varios dirigentes de la huelga, como el mercachifle José Santos Morales, tomaron rumbo a Bolivia para resguardar sus vidas. Ellos son solo una pequeña muestra de miles que vivieron, amaron y sufrieron esos tiempos y espacios salitreros. La historiografía ha rescatado esa tradición internacionalista de los obreros organizados de Bolivia, Chile y los otros países hermanos (Zapata, 2002). Con Loza, Daza, Morales, etc. circularon ideas que impactaron en las sociedades, y que esperan ser estudiadas por las nuevas generaciones de historiadores de uno y otro lado de la cordillera (Margarucci, 2019), porque para la academia no puede haber fronteras.

 

5. Conclusiones

A pesar que el ciclo de expansión del salitre se desenvolvió cuando el Estado nacional chileno estaba consolidado y también los Estados nacionales de los países fronterizos (Bolivia, Perú y Argentina), en cierta forma hubo una continuidad del viejo espacio colonial descrito por Carlos Sempat Assadourian (1982), para permitir que la industria del nitrato de soda lograra los excedentes que el empresariado salitrero (que operó como un trust hasta 1910) requería, aprovechando la mano de obra disponible y las mercancías a bajo precio. Lo anterior fue un desincentivo para el desarrollo de esta industria que, precisamente, como productora de fertilizante, perdió la competencia con sus rivales azoados a partir de 1910 (Bertrand, 1916).

Con las primeras crisis del salitre, el Estado nacional chileno inició un proceso de mayor control del espacio salitrero. Ramón Llopis describe muy bien las consecuencias del dominio estatal del espacio, a saber:

Las sociedades modernas se convirtieron en sociedades individuales y delimitadas las unas respecto de las otras, pero recogidas como algo contenido dentro del espacio de poder de los Estados nación. Además, este esquema de ordenamiento también se hacía valer en el interior de los Estados, en cuyo espacio el control estatal creaba una homogeneidad interna mediante la regulación de la totalidad de las prácticas sociales: mercado de trabajo, producción, cultura, deporte, enseñanza e idioma, que quedaban acuñadas desde una perspectiva nacional. Así, se creaba una historia nacional, una lengua nacional, una economía nacional, una opinión pública nacional o una literatura nacional, entre otras (Llopis, 2007, p. 105).

Este fenómeno descrito por Llopis se desarrolló en plenitud una vez concluido el ciclo de expansión del salitre, siendo las fronteras las que inmediatamente sintieron la presencia de los aparatos estatales: comenzaron a cerrarse lentamente y surgieron —a partir de 1919— los primeros conflictos diplomáticos (con repercusión internacional) entre Bolivia y Chile, después de la Guerra del Pacífico (González et al., 2016). Desde entonces ha prevalecido un "Estado-centrismo" en las relaciones vecinales entre ambos países.

A pesar de lo anterior, los habitantes del Norte Grande de Chile y del occidente de Bolivia (especialmente Oruro) siguieron buscando alternativas de vinculación, aprovechando todo espacio intersticial que la diplomacia les entregó (González, 2012; Ovando y González, 2015).

Este trabajo es una continuidad de resultados de investigaciones anteriores sobre el espacio salitrero y sus nexos transfronterizos con Bolivia (González, 2016b), donde hemos incluido testimonios orales (González y Leiva, 2016) de protagonistas de esa epopeya que significó cruzar los Andes para vincular social, política y culturalmente al occidente de Bolivia con el desierto de Atacama, durante el ciclo de expansión del salitre. En esta oportunidad nos hemos basado en el cruce entre la investigación historiográfica de archivo y la bibliografía especializada, con el análisis sociológico sobre el espacio y los flujos transfronterizos de intercambio, donde el símbolo tuvo una importancia crucial, pues "el símbolo no solo tiene un valor en sí porque asegura que es algo que está en el lugar de algo, sino porque encierra la cuestión del valor" (Pross, 1989, p.57) que, en el mundo andino, se asocia a la dialéctica del don (Temple, 1995). Con este trabajo hemos intentado demostrar que el espacio del salitre también formó parte del mundo andino o del espacio centro-sur andino (fig. 4).

 

Notas

* Sociólogo, Magister en Desarrollo Urbano-regional, Dr. en Educación, Dr. en Estudios Americanos con mención en Relaciones Internacionales. Profesor titular de la Universidad de Tarapacá. Investigador del Instituto de Alta Investigación.
Contacto: pampino50@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0661-1051

** Psicólogo, Magister en Relaciones Internacionales y Estudios Transfronterizos, Dr.(c) en Estudios Americanos, Profesor de la Escuela de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales y Comunicaciones, Universidad Santo Tomás, Chile.
Contacto: sergiogpizarro@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5514-5184

*** Resultado del proyecto Fondecyt Regular N° 1171198.
Este artículo no entraña ningún conflicto de interés con instituciones o personas.

1 Según Gustavo Rodríguez y Humberto Solares, en el siglo XVIII, el 75% del mucku que se elaboraba en los mercados maiceros de Cliza, Quillacollo y Sacaba se consumía localmente, y el 25% restante (32.000 fanegadas) "era exportado hacia Oruro, La Paz e incluso el litoral peruano" (1990, p. 29).

2 Esta dimensión del problema no podrá ser tratada en este artículo por razones de espacio.

3 Hacia 1905, la oficina salitrera Jazpampa era una de las compañías del "rey del salitre", John Thomas North.

4 De facto esta administración se puede establecer en el año 1880, pero legalmente se da a partir del Tratado de Ancón, de octubre de 1883 y ratificado al año siguiente. 1884 coincide que la primera combinación salitrera que inicia el trust empresarial e inicia el monopolio de esta economía en manos privadas.

5 "Iquique 9 de abril de 1937
N° 157 Carabineros me denuncian que comerciantes del interior de la provincia, cerca frontera boliviana, tienen existencia de harina que ingresa en ese país sin que pueda evitarse por dificultades vigilancia. Estos comerciantes no han hecho declaraciones y es imposible fiscalizarlos debido enormes distancias. Sírvase decirme si puedo como Comisario departamental y en atención a que esa harina es destinada exclusivamente contrabandos requisarla, única medida tendiente impedir burlen ley.
Raúl Kinast
Intendente"

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 1687, Libro Telégrafos, Años 1937, Fojas 332.

6 "La viruela en la frontera boliviana, en Tarapacá se ha extinguido. Santiago, 2.- La Dirección General de Sanidad ha informado que ha desaparecido el peligro de epidemia de viruela que se había presentado con caracteres alarmantes, introducida por una numerosa familia boliviana en el límite fronterizo de Llica. Se agrega que se efectuaron más de 38 mil vacunaciones en la Quebrada de Tarapacá y lugares sospechosos, manteniéndose una vigilancia estricta en la frontera (...)"

El Tarapacá de Iquique, 3 de febrero de 1932.

7 "Iquique, 24 de septiembre de 1937. N° 258
AL SEÑOR

MINISTRO DEL INTERIOR
SANTIAGO.
El señor Gobernador del Departamento de Pisagua, por oficio N° 241, de 30 de agosto último, hace ver a esta Intendencia la necesidad que existe de instalar un Servicio de Aduana de fronteras en los pueblos de Isluga o Chiapa, de dicho Departamento, que es el paso obligado por el interior de esta Provincia a la República de Bolivia (...)
Saluda muy atentamente a SS.
Ornaldo Villablanca V.
Intendente"

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 1687, Libro Oficios de los Ministerios, Años 1937, Fojas s/n

8 "Sec. Tacna. N° 4. Con referencia al telegrama de Usted de 28 de noviembre del año próximo pasado, que puse en conocimiento del señor Ministro del Interior, haciéndole presente la necesidad de establecer el servicio de vigilancia de la frontera con Bolivia, en la parte que corresponde a esa Provincia (...)"

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 1203, Libro Confidenciales, Años 1923, Fojas s/n

9 El ferrocarril de Antofagasta a Bolivia fue, en definitiva, un proyecto del capital inglés proveniente del salitre; uno de sus principales personajes fue Robert Harvey, el socio principal de John Thomas North, el "rey del salitre".

10 "Subdelegado de Tarapacá, octubre 1909.
Hace presente que por los pueblos de Chusmiza, Cariquima y otros, se internan artículos bolivianos como ser lana, coca y yerbas medicinales, sin pagar los derechos de aduana correspondientes. Pide se cree un puerto de Cordillera y se le den informes sobre los artículos internados por otro país y que se consideran como contrabando.
Informe del Administrador de Aduana.
Anótese. J. Guzmán. E. Chamberlain".

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 721, Libro Providencias, Año 1909, Fojas 70.

11 "Telegrama del Estado de Chile
Señor Intendente
Domicilio: Iquique

Diarios esta capital publican noticias enviadas por corresponsales esa que dos mil indios bolivianos del pueblo fronterizo Tarapacá chico autoridades bolivianas y habitantes han incursionado en territorio chileno cambiando hitos y aun cuando no se da crédito estas noticias pues se acaba celebrar acuerdo con Bolivia para reponer hitos destruidos agradeceré usía decirme que hoy verdad esta noticia para desmentirla si fuere inexacta. Aldunate".

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 1248, Libro Relaciones Exteriores, Años 1921-1922, Fojas 74 y 75.

12 "N°40 Pica, 21 agosto de 1910
Con motivo de que ha habido varios denuncios contra el guardián 2° Jefe de la guarnición de este pueblo, Eusebio San Martin, por cobros indebidos que hace a los arrieros que vienen de Bolivia y otros pueblos que están dentro de los límites de Chile; el infrascrito ha procedido de oficio a instruir un sumario a fin de esclarecer la verdad de lo que ocurre y el sumario continua aún. Aparece en el sumario gravemente culpable el citado sargento. Hoy lo hice llamar para interrogarlo en presencia de algunos de los perjudicados y testigos oculares que han presenciado que el sargento ha cobrado indebidamente esos derechos, y se negó tenazmente a contestarme en pleno Juzgado diciéndome que nada tenía que ver conmigo porque había otros más superiores que el infrascrito, y en tono amenazante y altanero les dijo a los individuos presentes: 'Hoy mismo les voy a quitar todas las llamas'(...) Señor Intendente de la Provincia Iquique".

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Libro Relaciones Exteriores, Volumen ITAR 753, Libro Subdelegaciones, Años 1910, Fojas 81. (Fragmento)

13 "Huara, noviembre 4 de 1931.
Excelentísimo. Sr. Intendente de la provincia de Tarapacá
Don Alberto Febres
IQUIQUE
Señor Intendente:
Los abajo suscritos, bolivianos de nacimiento, padres de numerosa familia nacida en Chile, donde llegáramos muchachos y donde hemos formado nuestro hogar al abrigo y cariño de las leyes del País hospitalario que nos alberga, hoy nos vemos amenazados que se nos va a desterrar para nuestra patria de origen, a la que, muchos de nosotros ni siquiera conocemos, mucho menos nuestros hijos que jamás la han visitado.
Respetuosamente, Sr. Intendente, rogamos a S.S. escuche y atienda a nuestros enviados don Delfín Crespo y don Isaías Hinojoza, quien llevan nuestras libretas de matrimonio, por las cuales se puede comprobar la justicia que asiste a nuestra petición e imploramos de su justiciero corazón, que desautorice esa terminante orden de que debemos de abandonar el País, por no haber nacido nosotros en él.
Tristísimos son los momentos que pasamos, Sr. Intendente, ya que a más de la pobreza en que están sumidas nuestras familias, hoy se agrega el llanto que corre por nuestras mejillas, al pensar que si se hace efectiva esa orden de destierro para nuestras esposas, para nuestros hijos, y para nosotros con ellos, llegaremos aun País más extranjero para nosotros que este querido Chile, ya que allá, nadie nos conoce y se nos miraría en todo momento jamás como Bolivianos y sí como Chilenos (...)".

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 1569, Libro Varios Oficios, Años 1931, Fojas 251-252.

14 Eugenio Frías Collao, jefe de la Oficina del Trabajo, es autor de los informes más objetivos sobre la situación social de los obreros del salitre con posterioridad a 1907.

15 Archivo Dirección General del Trabajo, Años 1906-1921, Volúmenes 1-19, TOMO 34: Comunicaciones recibidas del Ministerio, 1917-1918.

16 Bajo el gobierno del presidente Arturo Alessandri (1920-1924), en Chile se abolió este sistema de pagos, que, sin embargo, siguió operando hasta el final del ciclo del salitre.

17 "Notas de Uyuni
Enganches de trabajadores bolivianos para las salitreras.
Es objeto de contradictorios comentarios la actitud de las autoridades de Uyuni, que han dado toda clase de facilidades a la comisión de reenganche de trabajadores que ha venido de Antofagasta.
El sábado 13, se han embarcado en la estación de Uyuni, y con destino a la oficina salitrera "La Unión", 150 hombres de nacionalidad boliviana.
Se asegura con muchos visos de verdad, que vienen en camino otras comisiones de reenganches, y que el propósito firme de los dueños, es reemplazar a todos los peruanos que permanezcan aun en ella, con elementos bolivianos".

El Diario de Oruro, 24 de marzo de 1920.

18 "Repatriación de obreros bolivianos. El gobierno debe atenderla con preferencia.
Una gran parte de obreros bolivianos que han salido del país en busca de trabajo, se radicaron en Chile contratados por las compañías salitreras. Allí han sufrido en distintas ocasiones las consecuencias de la baja del salitre y de la restricción de trabajadores.
Hoy que la crisis del salitre ha producido una paralización casi total de los grandes trabajos que para su explotación hay establecidos en la costa chilena del Pacífico, nuestros connacionales han quedado en situación enteramente aflictiva. Son frecuentes los angustiosos mensajes que recibe el gobierno pidiendo la repatriación de los obreros bolivianos sin trabajo, pero hasta ahora nada se ha hecho por ayudarles".

El Diario de Oruro, 14 de septiembre de 1921 (Fragmento)

19 Eduardo Squire, empresario inglés, fue quien propuso, en 1903, un ferrocarril entre el puerto de Patillos y Sillillica. El ingeniero Enrique Schöerter presentó el mismo proyecto al intendente de Tarapacá, Agustín Gana (1903-1906), fracasando porque el poderoso FCAB (Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia) se opuso y aceleró la conexión de su ferrocarril con Collahuasi.

20 Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 753, Libro Subdelegaciones, Año 1910, Fojas 87 y 119-120.

21 Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 753, Libro Subdelegaciones, Año 1910, Fojas 87.

22 "República de Chile
Ministerio de Relaciones Exteriores
Santiago, 30 de Junio de 1916.
En "Las Ultimas Noticias" de ayer, aparece el denuncio hecho a un diario de Antofagasta, por un vecino de Chiapa, subdelegación Aromo, Departamento de Pisagua, de haber desaparecido varios hitos de la frontera chileno-boliviana, entre los cuales figuran los conocidos por los pobladores de aquella región, con los nombres de Guilla, Tulco, Chuminica, Capitán, Puquintica, Apacheta de Caranguilla y Centro Mellizo (...)
Dios guarde a US".

Archivo Regional de Tarapacá, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Volumen ITAR 952, Libro Ministerio de Relaciones Exteriores, Año 1915-17, Fojas 57.

23 Enrique Loza escribió, entre otros libros de sociología, Visión del porvenir, publicado el año 1916 en la imprenta de El despertar de los trabajadores, el periódico del Partido Obrero Socialista fundado por Luis E. Recabarren. Contreras (1985) cita un folleto de Enrique Loza "En la región del salitre. Cómo viven y mueren los trabajadores bolivianos que emigran a las pampas salitreras (Iquique, 1927)". Agradezco a la historiadora argentina Ivanna Margarucci haberme dado a conocer la obra de Enrique Loza.

24 "Sensacionales y verídicas aventuras humorísticas y trágicas de Cochalín. 1° en Bolivia, Chile, Perú y Argentina", por Arturo Daza Rojas, director de la Revista humorística y de La voz del naturismo, La Paz, 1958. Agradezco al historiador boliviano Gustavo Rodríguez Ostria por facilitarme este maravilloso texto hace ya una década.

 

Recibido: febrero de 2020
Aceptado: marzo de 2020

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Fuentes

1. Archivo Regional de Tarapacá, Intendencia de Tarapacá, Iquique.

2. Archivo Nacional de la Biblioteca Nacional de Chile.

3. Archivo Dirección General del Trabajo

4. Archivo Nacional de Sucre, Bolivia.

5. El Diario de Oruro

6. Correo Diario de Oruro

7. El Ferrocarril de Cochabamba

8. El Tarapacá de Iquique

9. El Despertar de los Trabajadores de Iquique

 

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