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Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult vol.23 no.42 La Paz jun. 2019

 

Artículos y estudios

 

La historia contada desde Sucre: ideando el pasado colonial

 

History Told from Sucre: Envisaging the Colonial Past

 

 

Evgenia Bridikhina*

 

 


Resumen

El discurso historiográfico dominante en el siglo XIX en Bolivia, al igual que en otros países latinoamericanos, se basaba en la glorificación de la Guerra de la Independencia, que era considerada como el hito fundacional de la República, y en el rechazo y desprecio del pasado colonial. Las ciudades de Sucre y La Paz se disputaban el protagonismo histórico durante los acontecimientos de 1809, denominados como el "primer grito de la independencia". Sin embargo, al finalizar el siglo, esta disputa, que en realidad reflejaba una constante tensión política y económica que se desarrolló no sólo entre ambas ciudades, sino entre las regiones Norte y Sur del país, se enriqueció con nuevos elementos discursivos. En las regiones del sur del país (Sucre y Potosí) surgió y se fortaleció el discurso de los intelectuales, caracterizado por una marcada ambigüedad: por un lado, se escribía una historia regional basada en la glorificación de la independencia, con sus respectivos relatos heroicos; por otro, se rescataba y redimía el período colonial y sus instituciones. En este artículo se analizará la producción historiográfica sucrense de finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, identificando tres momentos históricos en los cuales se retoma la referencia al pasado colonial: el debate sobre la capitalía en las últimas décadas del siglo XIX, la celebración del centenario del primer "grito libertario" de 1909 y la conmemoración de los 400 años de la fundación de Sucre, en 1939.

Palabras clave: Historiografía, debates, historia colonial, capitalía, celebración, conmemoración.


Abstract

The dominant historiographical discourse in 19th century Bolivia was -as in other Latin American countries- based on glorification of the War of Independence, considered to be the foundational milestone of the Republic, and on rejection and disdain for the Colonial past. The cities of Sucre and La Paz competed for the leading protagonist role during the events of 1809, called the "first cry of Independence". And at the end of the 19th century, this contention -which in fact reflected continuous political and economic tension which developed not only between these two cities, but between the regions of the North and the South of the country- became enriched with new elements of discourse. In the regions of the South (Chuquisaca and Potosi) there emerged and increasingly became strengthened a discourse of intellectuals characterized by marked ambiguity: on the one hand, a regional history was being written based on glorifying Independence, with its respective heroic accounts; and on the other, was the revaluing and redemption of the Colonial period and its institutions. This article analyzes the historiographic production of Sucre at the end of the 19th century and during the early decades of the 20th century, identifying three historical moments in which references to the Colonial past once again emerge: the debate on which city which was to be the seat of government in the latter decades of the 19th century, the celebration of the centennial of the "first cry for freedom" of 1809 and the commemoration of the 400 years of the founding of Sucre, in 1939.

Key words: Historiography, debates, colonial history, seat of government, celebration, commemoration.


 

 

1. La historiografía latinoamericana y el pasado colonial

Aunque todos los países latinoamericanos poseen numerosos estudios históricos vinculados con la idea de la construcción de la nación, éstos han tenido un importante impulso en la década de los años 90 del siglo XX. Durante la conmemoración del quinto centenario del "descubrimiento de América", se plantearon los aspectos relacionados con los polémicos temas de la invasión y la Conquista; pero también el proceso de la transición de la Colonia a la República y la construcción de las nuevas naciones. El fruto de uno de estos numerosos debates constituyó el libro colectivo De los imperios a las naciones, que fuera coordinado por Annino, Castro Leiba y Guerra (1994), en el cual se publicaron los estudios presentados en el congreso denominado "Fórum International des Sciences Humaines", realizado en 1992. Una parte del libro fue dedicada al tema de los mitos, las historias y las simbologías de la nación; los capítulos referidos al proceso de la construcción del imaginario nacional fueron escritos por renombrados autores, tales como Burucúa, Campagne, Lomné, Murilo de Carvalho y otros, que desarrollaron estas ideas en numerosas publicaciones sobre los aspectos simbólicos de la construcción de las naciones en la década de los años 1990.

Las celebraciones de los bicentenarios de la independencia en distintos países latinoamericanos han renovado el interés de los historiadores hacia estos temas, con un enfoque específico sobre la historiografía decimonónica. Los autores consideraron necesario volcar sus miradas hacia la escritura de la historia, pues, según Irurozqui, "la historiografía escrita en el siglo XIX contenía las necesidades de legitimación de los Estados nacionales y la urgencia de construir identidades colectivas que diesen cohesión a las nuevas sociedades" (Irurozqui, 2009, p. 233). En La nación y su historia. Independencias, relato historio gráfico y debates sobre la nación: América Latina, siglo XIX (2009), libro coordinado por Guillermo Palacios, Irurozqui tiene precisamente un artículo sobre la historiografía boliviana, al lado de las experiencias de Argentina, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, etc. En la presentación del libro, Palacios explica el interés y la necesidad de volcar la mirada hacia el relato historiográfico decimonónico, percibiéndolo como la producción historiográfica sobre el campo de batalla política del siglo XIX:

(...) donde se definen identidades y se reclaman derechos y obligaciones que generalmente abren camino a la conducción del aparato estatal y al control de la sociedad que organiza o trata de organizar. El relato es un arma con la que se reivindica un pasado que justifica las aspiraciones de determinados grupos o facciones, que descubren o inventan raíces, genealogías y linajes que otorgan privilegios a unos y se los niegan a otros (Palacios, 2009, p. 10).

El punto central del proceso de creación del imaginario patrio después de la independencia en los países latinoamericanos constituye la educación cívica del pueblo y la enseñanza de la historia, que pasan a ser "pilares de una anhelada renovación social" (Harwich, 1994, p. 428). Los historiadores de la primera mitad del siglo XIX, por lo general, habían sido protagonistas del proceso de la independencia, y sus relatos testimoniales se basaban en los acontecimientos políticos y militares de esta época, a los cuales se atribuía "los orígenes de una identidad nacional" (p. 429) que representaba "una ruptura radical con el pasado" (p. 430). Sin embargo, la elaboración del discurso historiográfico no fue un proceso homogéneo en todos los países. Los debates sobre España y el legado colonial muchas veces se convirtieron en el foco de las disputas políticas e intelectuales, tomando en cuenta las peculiaridades de diferentes países en cuanto el territorio, el papel que desempeñaba durante la época colonial, las características de su población, así como el desarrollo de las relaciones con España después de la independencia. Thurner (2009) compara estos procesos en Argentina y México, y llega a la conclusión de que el debate sobre España fue mucho más intenso en México, donde la Colonia dejó una profunda huella, aunque la simbología, el discurso y la representación nacional mexicana no se basan en su legado colonial, sino en la herencia azteca (p. 421).

Los historiadores de la primera mitad del siglo XIX consideraban que la historia de su país empezaba después de la Guerra de la Independencia, considerada "como mítica edad de oro" (Harwich, 1994, p. 436); crearon un nuevo imaginario republicano, resaltando las figuras de los que denominaron como "héroes" y "malvados" en la historia republicana, e invisibilizando y negando el pasado colonial. Barragán (2012) señala que la producción historiográfica sobre la historia de Bolivia se inicia recién en los años cuarenta del siglo XIX, debido a que hasta esos años el país sufrió continuas intervenciones y que sólo a partir de la batalla de Ingavi (1841) "el triunfo obtenido terminó de sellar y consolidar la independencia" (p. 52). Los autores de las primeras historias, como Manuel Sánchez de Velasco (1848), José María Urcullo (1855), Manuel José Cortés (1858 y 1861) y algunos otros, interpretaban la historia de Bolivia desde el punto de vista progresivo, "como una línea evolutiva que empezaba en la guerra de la Independencia", y el período anterior a la República se presentaba como una época de atraso, como parte de la historia de España y de los conquistadores (Barragán et al., 2015, p. 22). Era

un legado colonial que se debía negar y de una etapa revolucionaria que debía reivindicarse por contener las semillas sobre las cuales se construía la patria (...) Catalogados de lesivos por retrógrados, hubo un esfuerzo de marginación en la construcción del entramado nacional de todo aquello o aquellos que fueron sospechosos de arcaísmo y de antiguo régimen, es decir, de pervivencia del legado colonial. Este rechazo se entendió contra España y contra lo arcaico que ésta había generado en América (Irurozqui, 2009, p. 234).

El pasado, relacionado con el poder español en América, se identificaba como la tiranía, la dominación y la esclavitud; estaba enmarcado bajo el nombre de "la Colonia" y se caracterizaba como el periodo oscuro, que contrastaba con el presente luminoso. Sin embargo, "esta diferenciación garantizaba la continuidad temporal, pero, al mismo tiempo, justificaba las diferencias entre un período y otro... hasta el punto que la Colonia podía interpretarse como una preparación de la 'independencia'" (Betancourt Mendieta, 2018, p. 48). Palacios (2009) sostiene que el rechazo de lo colonial no sólo justificó la ruptura con el pasado y el inicio de una nueva etapa histórica, sino que permitió justificar las políticas civilizatorias respecto al supuesto atraso de los indígenas, considerado como consecuencia de la Colonia, "ya fuera a través de la educación europeizante, del mestizaje, o mejor aún, del blanqueamiento y de la castellanización" (p. 14). Así lo señala Pareja (2014), para quien las expresiones políticas y culturales del "caudillismo, las comunidades indígenas y las masas mestizas de las ciudades, fueron progresivamente imaginados por las élites como un resabio corporativo de la Colonia que la época republicana debía trascender" (p. 12).

Otro aspecto que hace notar Palacios (2009) es que la relación entre la nueva historiografía decimonónica y el pasado colonial pasaba por la lucha de las diferentes facciones políticas, sobre todo de liberales y conservadores. Irurozqui (2009) explica esta relación conflictiva con el pasado de los partidos políticos del presente por "el supuesto de que el legado colonial amenazaba la coherencia ideológica del proyecto liberal y entendida la asunción de la Independencia como el inicio de la vida nacional abocada al progreso" (p. 234).

Sin embargo, opina Betancourt Mendieta (2018), a medida que trascurría el tiempo y los propios hechos de la independencia adquirían un matiz cada vez más mítico, en las últimas décadas del siglo XIX, empieza el proceso de revalorización de la Colonia, "tanto en las explicaciones que se ofrecieron sobre los procesos que dieron lugar al 'descubrimiento', como a 'la conquista'" (p. 49). Uno de los ejemplos puede ser la discusión historiográfica importante que se produjo en Colombia, donde ya en la década de los años sesenta aparecen trabajos con "una valorización positiva de la labor de la conquista y la colonización" (Harwich, 1994, p. 430) y aún más con la época de la Regeneración, a finales del siglo XIX (Gracia Pérez, 2011). Sin embargo, este cambio está relacionado, no sólo con las dinámicas políticas y económicas internas de cada país, sino también con las transformaciones por las que atravesaba la comunidad internacional y las relaciones que los países latinoamericanos sostenían con España. Estos países -y también Bolivia- pasaban por un largo y complicado proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas con España, aunque el lento acercamiento de la otrora metrópoli a sus colonias estuvo ensombrecido por el intento de la restauración del poder monárquico español en Hispanoamérica, con la ocupación militar de la República Dominicana (1861-1865) y el conflicto naval con el Perú, en el que estuvieron involucrados Chile, Bolivia y Ecuador (1865-1866).

A partir de las últimas décadas del siglo XIX, debido al enfrentamiento de los intereses de España con los Estados Unidos, que finalmente terminó con la guerra hispano-americana (1898) y la pérdida de las últimas posesiones coloniales hispanas, tomó fuerza el movimiento panhispanista que pretendía fortificar la unidad de las naciones de habla española, reforzando la idea de la "raza española" (Rama, 1982, p. 174). Con este fin se realizaron una serie de acciones diplomáticas y culturales, así como celebraciones públicas comunes, donde empezaron a participar los representantes de los gobiernos conservadores bolivianos. Como consecuencia de esta política emprendida por España a finales del siglo XIX, en Bolivia creció la convicción de la importancia de las relaciones con este país y en el discurso oficial aparece el concepto de la "Madre Patria", a la que "debemos religión, idioma, tradiciones y costumbres (...) que, después de sellada nuestra independencia, se empeñó en unirse en relaciones de cordialidad con sus antiguas colonias" (Bolivia, 1898).

A su vez, a partir de las últimas décadas del siglo XIX surge el interés de los historiadores hacia la historia colonial, relacionado con la recuperación de los documentos y archivos otrora olvidados. Algunas voces, como la de Gabriel René-Moreno (1836-1908), intentaron refutar algunos conceptos tenidos por indiscutibles, como, por ejemplo, la célebre y tantas veces repetida frase de Cortés respecto a la época colonial de que "la esclavitud no tiene historia" (Cortés, 1861). En uno de los primeros estudios de la obra de Cortés, denominado Notas al Ensayo sobre la historia de Bolivia, señala Roca, Moreno rechazó el concepto de la esclavitud, señalando que la etapa del dominio español hizo posible la propia independencia (Roca, 2008, p. 143). El designio de Moreno, identificado como "el hispanoamericano" por el interés que tuvo en la reivindicación del pasado colonial, se refleja tanto en su trabajo de recuperación de los archivos de la Audiencia de Charcas como en la publicación del Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos, pero sobre todo en su obra Últimos días coloniales en el Alto Perú.

En los Últimos días coloniales se logra insertar, en toda su vasta perspectiva, los acontecimientos de Charcas en relación con el resto del Virreinato y con España, como para demostrar que la "esclavitud" no sólo tenía historia, sino que además era menester conocerla y divulgarla (Roca, 2007, pp. 164, 177).

Roca consideraba que "a partir de él fue ya imposible que los bolivianos dejaran de pensar en su pasado colonial. Se vieron obligados a cuestionarse y debatir" (Roca, 2008, p. 142). Este debate se agudizó con la creciente tensión entre las ciudades de Sucre y La Paz por el tema de la capitalía, que se acentuó en las últimas décadas del siglo XIX.

 

2. El debate sobre la capitalía y la reivindicación del pasado colonial

La antigua La Plata, convertida en la ciudad capital de la nueva República en 1826 y rebautizada como Sucre en honor del "padre-fundador" de la patria en 1839, logró, a lo largo de las primeras décadas del siglo XIX, mantener su papel privilegiado de núcleo político-administrativo que heredó de la Colonia. Sucre fue el "centro político, administrativo y financiero en la región, sobre la que descansaban gran parte de las exportaciones mineras bolivianas"; pero "[...] a lo largo del siglo XIX [...] fue perdiendo preeminencia" (Aillón, 2013, p. 68). Pero si bien conservó su papel de capital, no siempre fue sede del gobierno y "comenzó a vivir una dispersión de su poder colonial centralizado, ocasionado por la movilidad de los gobiernos..." (p. 62); "experimentó el recorte de sus funciones, su carácter y su espacio [..] vivió al mismo tiempo la dispersión de su poder que se mantuvo más concentrado y rígido durante la Colonia (p. 66).

Esta situación contrarrestaba con el rápido crecimiento económico, político y comercial de La Paz, que no sólo aspiraba a arrebatar a Sucre su rol capitalino, sino que pretendía ser el núcleo de la construcción de la entidad nacional. Las élites conservadoras de Sucre estaban estrechamente emparentadas con las familias privilegiadas de Potosí y de otras regiones del Sur, vinculadas con la producción de la plata en Potosí, mientras que La Paz obtuvo el apoyo de Oruro, cuya producción minera estañífera jugaba un papel cada vez más importante al reemplazar paulatinamente la producción de la plata en Potosí. En el comienzo de la "era del estaño", la balanza del poder se inclinó hacia el Norte, y el trasfondo del conflicto entre Sucre y La Paz fue de carácter económico, porque Sucre perdía paulatinamente el apoyo económico de Potosí y "sus principales rentas provenían de La Paz" (Roca, 2007, p. 92). Irurozqui (1994) señala la inviabilidad del "empeño de los grupos privilegiados del Sur de mantener una hegemonía política sin la base económica que la potenciara" (p. 113). Sin embargo, sostiene la autora, no se puede explicar este conflicto como meramente regional, sino más bien como algo político, en cuanto significaba el reemplazo de un círculo político y económico "que impedía el desarrollo de las economías regionales" y "se hacía imprescindible la sustitución de la oligarquía de la plata por otra", lo que no lograban asimilar las élites sucrenses (p. 115).

Hasta 1899, en Bolivia no se logró establecer la residencia permanente del gobierno, y en 1886 su sede se trasladó nuevamente de La Paz a Sucre. Los diputados paceños presentaron a la Cámara de Diputados una propuesta del proyecto de ley para mudar la sede del gobierno y la capital de la República definitivamente a La Paz. Los políticos y los intelectuales chuquisaqueños, apoyados por las élites regionales de Potosí y Santa Cruz, prepararon una defensa de los derechos de Sucre. Con este fin se organizó el Comité de la Unidad Nacional, que reunió y publicó las opiniones de importantes políticos; grupos e instituciones expresaron su indignación con la propuesta de los paceños.

Entre las voces que se levantaron para la defensa de los derechos de Sucre se destacaron los miembros de la Sociedad Geográfica de Sucre, fundada en 1886 y compuesta por varios intelectuales sucrenses. Esta Sociedad "mantenía una notoria actividad en el campo de la discusión, investigación y difusión de temas históricos y geográficos en Sucre [...] ocupaba un lugar preponderante en el quehacer intelectual y cultural de la Capital" (Mendoza Pizarro, 2001, p. 39). Ninguno de sus miembros era historiador profesional, eran más bien abogados y médicos, a causa de que en Bolivia, hasta la segunda mitad del siglo XX, no hubo cátedras de historia; sin embargo, se convirtieron en "punto de referencia importante en el ámbito social de Sucre" (p. 39). Rossels (1997) aclara, sin referirse específicamente a los miembros de la Sociedad Geográfica, que no se puede visibilizar éste como "un grupo orgánico de la oligarquía" (p. 277), sino que más bien se trataba de profesionales de diversas características.

La defensa que se preparó en Sucre se fundó en los argumentos sobre la "primogenitura", es decir, en el reconocimiento de La Plata como el sitio donde se produjo el primer grito libertario, el 25 de mayo de 1809; en el liderazgo de los héroes sucrenses durante la guerra y en el papel de la ciudad como la cuna de la revolución, libertad e independencia. Sin embargo, entre los fundamentos que se utilizaron para contrarrestar la propuesta paceña se destacaron los que pretendían visibilizar la importancia de la ciudad como sede de gobierno y del papel del arzobispado durante la época colonial. Ellos intentaron valorizar el pasado colonial, que permitía legitimar el derecho de Sucre como capital, haciendo hincapié en la alta jerarquía que había mantenido esa ciudad en el entramado del poder colonial. La Protesta de la Sociedad Geográfica de Sucre contra el proyecto de traslación de la capital de la República a la ciudad de La Paz" fue firmada el 6 de septiembre de 1889 por Valentín Abecia, Ernesto O.Rûck, Alfredo Calvo, Demetrio Toro, José María Calvo, Aniceto Solares, Ernesto Reyes, Ignacio Terán, Adrián Arriague, Agustín Iturricha y Augusto Mujía, señalando que

En el orden religioso, erigida en Obispado antes que otro pueblo de Alto Perú le estaban sometidos todos a su vasta jurisdicción eclesiástica. Mas tarde, cuando las necesidades crecientes de la colonia hicieron indispensables la erección de los obispados, fue elevada a la alta categoría de Arzobispado, considerando jurisdicción sobre los Obispados sufragáneos, y sobre el por demás vasto territorio que se extendía desde el océano Pacífico hasta el Atlántico. Dentro de su antigua jurisdicción se han formado cuatro estados, quedando reducido hoy el territorio de Arquidiócesis a los límites de nuestra república.
Asiento de la gran Universidad de S. Francisco Javier, educó en sus aulas toda la juventud que, desde las provincias de Córdova yTucumán en la República de Argentina, hasta las de Puno y Cuzco en el Perú, acudía a ella ansiosa de saber y luces. A su enseñanza, se deben exclusivamente los magistrados, estadistas, teólogos, doctores y sabios de esta parte de América en el curso de dos siglos (Abecia et al., 1889, pp. 22-23).

En las cartas de solidaridad que llegaron desde distintas provincias sucrenses se defendía la posición de la ciudad de Sucre como la "metrópoli desde el gobierno español, donde implantan sus cortes reales, la instrucción, donde han formado los hombres más eminentes de nueva república [...]"1; se argüía sobre "tan honrosos antecedentes, no menos que por sus glorias tradicionales, títulos tan incuestionables y derechos soberanamente adquiridos a la Capitalía de la República", como la sede de la Audiencia Real y "célebre por la inmortal Universidad San Francisco Javier"2.

Sucre, además, contaba con el apoyo de la oligarquía potosina, que gozaba del auge económico de la plata; desde el departamento de Potosí se pregonó "la unión de Sucre y Potosí [...] la base de la confraternidad boliviana". Las élites potosinas interpretaron el intento de traslado de la capital a La Paz como el peligro de "la desmembración del sud y la pérdida de la autonomía boliviana" clamando: "¡Departamentos del sud ¡Alerta!". Los argumentos de los potosinos se basaban en el derecho de Sucre a mantener el estatus de capital como "la antigua y secular Capital de Charcas, cuna de las letras y de la independencia"3.

En ese contexto, José David Berríos (1849-1912), un reconocido político, profesor y poeta potosino, publicó la poesía denominada Sucre y Potosí, donde se hacía la alusión al pasado colonial glorioso que unía a ambas ciudades.

A la comisión de la Capital
Juntas nacieron al fecundo aliento
Del siglo en la que la hispana monarquía gigante, al orbe entero estremecía
Con poder colosal
La galana ciudad de Pedro Anzures
Y la de Villaroel, Villa opulenta
De tiempo inmemorial
La una es risueña, plácida vega,
Galas ostenta de amable edén,
Dó el aura pura, só flores juega,
Dó el alma encuentra paz, calma y bien!
La otra en abrupta sierra elevada,
Mústia y estéril, triste región,
Dó no hay pensiles que á la mirada
Plazcan y alegren el corazón.
Ambas brillaron y renombre y gloria,
Tuvieron ambas: Charcas por la lumbre
De la ciencia que a magna muchedumbre
Pródiga repartió
Potosí por la vena inagotable de argentino metal, en tal exceso
Que abrumó con el inmenso peso
Que a Europa envió [..] (Abecia et al., 1889, p. 58)

La Junta Municipal de la provincia de Porco se pronunció a favor de Sucre como "Atenas boliviana, tan antigua como la patria misma", "que la unión de Sucre y Potosí sea eterna y la base de la confraternidad boliviana", pidiendo la cancelación del proyecto y respeto a Sucre como sede metropolitana y del arzobispado4. En este sentido también se pronunció el obispo cruceño. En respuesta a este alto dignatario eclesiástico, el miembro de la Sociedad Geográfica de Sucre, Eduardo Zubieta, señaló una vez más que

Chuquisaca ocupa un puesto altísimo en la historia, por títulos de cultura, porque ha sido el emporio de la civilización, el centro de las letras y del saber (...) Siglos que antigua Charcas en la colonia, Sucre en república, ciñe a su frente la corona de capital y lleva sobre sus hombros el manto de metrópoli, pero que mañana pueden ser pendones de guerra5.

Esta advertencia se convirtió en una profecía diez años más tarde, cuando a raíz de la "Ley de radicatoria", que afianzaba el derecho de Sucre como capital y exigía la permanencia definitiva del Poder Ejecutivo en esa ciudad, se produjo la Guerra Federal (1898) iniciada por la élite paceña.

Los miembros de la Sociedad Geográfica lograron organizar un importante movimiento intelectual cuyos partícipes buscaban los argumentos en defensa de los derechos de Sucre tanto antes como después de la Guerra Federal. La referencia hacia el pasado colonial se vuelve uno de los fundamentos más significativos. Es indiscutible el papel de Gabriel René-Moreno (1836-1908), quien, sin ser sucrense, se vinculó a esta ciudad, donde se formó y tomó parte del debate. Moreno (1970) visibilizó la jerarquía de la Audiencia de Charcas dentro del entramado del sistema colonial como un núcleo administrativo importante y como cuádruple corte, eclesiástica, forense, literaria y social, refiriéndose a ella como "edificio colonial" (p. 28). Estas apreciaciones de Moreno en cuanto a la calidad institucional de La Plata en la estructura del poder colonial charqueño aparecen constantemente a lo largo de la obra; así reflexiona sobre

La vastísima jurisdicción de su Real Audiencia, la fama de su universidad en todo el virreinato y la alta primacía de su curia metropolitana (p. 30).

Con su curia metropolitana, su Universidad central, su corte de alzadas, su gobierno autónomo de misiones, su real vice patrono de mayor extensión que el virrey y por otros títulos más, Chuquisaca formaba en el reino llamado del Río de la Plata, una segunda capital (p. 34).

Moreno resaltó, además, el peso que tenía Chuquisaca en el sentido geopolítico, como el centro neurológico "entre dos grandes vías fluviales; pues dista leguas de Pilcomayo y catorce de Guapay" (p. 29). El autor dejó una detallada descripción de la "corte audiencial del Alto Perú" donde actuaron los protagonistas más importantes de los sucesos de 1809 y mostró los conflictos dentro de la estructura del poder a nivel de la Audiencia de Charcas para resquebrajar la idea sobre el "poder colonial monolítico, subrogante del de la península donde no había fisura posible" (Roca, 2008, p. 179). Roca sostiene, además, que detrás de una despiadada crítica de la sociedad colonial de La Plata realizada por Moreno, donde los principales protagonistas eran los arrogantes y déspotas oidores, hubo un reconocimiento de que "la superioridad intelectual que prevalecía en Charcas hizo que allí germinaran las primeras ideas en pro de la emancipación y se emprendieran las acciones precursoras de la revolución americana" (p. 179). En esta obra de Gabriel René-Moreno se intuye un decidido apoyo para el tema de la capitalidad, puesto que se resalta la imagen de esta ciudad como la auténtica capital del territorio que heredó Bolivia de la antigua Charcas. El autor sostiene que Sucre

privilegiada durante la colonia, sigue siendo después de la independencia como capital de la República... Por donde quiera cierto sello característico, el sello de la antigua corte del Alto Perú, que mantiene indeleble su timbre, timbre de la cultura y refinamiento en el trato y costumbres de todos sus habitantes (Moreno, 1970 [1896-97], p. 34).

A su vez, en las últimas décadas del siglo XIX, se agudizaron las batallas discursivas entre las élites intelectuales sucrenses y paceñas en cuanto al tema de la primogenitura del primer grito libertario, lo que fue analizado por Mendoza Pizarro en La mesa coja (1997) y por los autores del libro Reescrituras de la independencia. Actores y territorios en tensión, quienes resaltan que "las distintas interpretaciones de los acontecimientos del 25 de mayo de 1809 en La Plata y 16 de julio de 1809 en La Paz, se dio en el contexto de la rivalidad que culminó con una guerra civil" (Barragán et al., 2012, p. 41).

 

3. La celebración del primer grito libertario en 1909 y la nueva apreciación del pasado colonial

Formalmente, después de la Guerra Federal, "el epicentro del poder se trasladó de Sucre a La Paz con su fuerza de choque" (Roca, 2007, p. 92). Sucre permaneció como la capital constitucional de Bolivia con la presencia del Poder Judicial, y La Paz se convirtió en la sede de los órganos ejecutivo, legislativo y electoral. En esos años de posguerra, los intelectuales chuquisaqueños, entre los que se destacaron Valentín Abecia (1846-1910) y Nicanor Mallo (1873-1944), siguieron empeñados en reconstruir la historia de su ciudad, sobre todo de la época colonial.

Valentín Abecia, presidente durante muchos años de la Sociedad Geográfica de Sucre, completó la Biblioteca Boliviana de Gabriel René-Moreno y de su colaborador Samuel Velasco Flor. Fue el autor de diferentes folletos dedicados a la historia de Bolivia y, particularmente, de Sucre y Chuquisaca. Durante nueve años, desde 1901 hasta 1909, Abecia publicó por entregas en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Sucre los escritos sobre la historia de Chuquisaca, lo que constituye hasta la fecha un punto de referencia fundamental en relación al pasado colonial de la ciudad (Mendoza Pizarro, 2001, p. 27). Posteriormente estos escritos llegaron a formar la Historia de Chuquisaca (edición póstuma), que salió a la luz en 1939 para la conmemoración de los cuatrocientos años de fundación de La Plata. En el mismo volumen salió el trabajo de Nicanor Mallo, quien de alguna manera también se interesó en temas coloniales, lo que se refleja en sus publicaciones sobre la cuna del héroe de la independencia José Bernardo Monteagudo (1912), investigaciones sobre los límites con el Perú (1909), límites departamentales entre Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija (1912) y otros numerosos escritos que publicó en los boletines de la Sociedad Geográfica de Sucre, de la cual fue miembro durante muchos años.

Los trabajos de ambos autores formaron parte de una importante publicación previa, el Álbum del Centenario de la Revolución del 25 de mayo de 1809, que salió a la luz como parte de la conmemoración del primer siglo del grito libertario en Sucre. En el álbum se registraron las actividades de celebración y también se publicaron partes de la obra Últimos días coloniales en el Alto Perú de Gabriel René-Moreno y la Crónica del 25 de mayo de 1809 de Valentín Abecia. Para la publicación se utilizaron fragmentos del libro de Moreno donde se describía La Plata como la ciudad donde predominaba la población noble, blanca y aristocrática que permaneció aún después de la independencia. Las ideas de Abecia sirvieron para demostrar el papel predominante de los criollos durante los acontecimientos de 1809, en detrimento de la participación indígena o mestiza.

La conmemoración del centenario del primer grito libertario en 1909 fue el momento en el que se visibilizó esta nueva apreciación del pasado colonial de Sucre, que sufrió las consecuencias de la Guerra Federal y el traslado de la sede de gobierno a La Paz (Flores Castro, 2009). La élite política e intelectual dejó de lado los anhelos de demostrar su derecho de la primogenitura y se empezó a recrear la identidad a partir de

su imagen de aristocracia culta y refinada que atesora la cultura española, una élite de gustos finos y delicados que no pueden encontrarse en otros puntos del país. Buscaban afanosamente reafirmar su dominio simbólico, recreando su pasado glorioso (p. 335).

Un importante testimonio de esta creación y recreación de la identidad lo constituyen numerosos discursos donde se manifestaba que la revolución de 1809 fue el inicio de la ruptura política con España, pero que las relaciones culturales y consanguíneas con la madre patria se mantuvieron. Este discurso implicaba no sólo la interpretación de la historia, sino inclusive una especie de "blanqueamiento" de los héroes y heroínas de la independencia en los relatos patrióticos:

(...) precisaba mostrar que, pese a toda la historia transcurrida desde 1809, las familias asentadas en la ciudad llevaban en sí la refinada tradición y costumbres dejadas por España (...) Se buscaba a través de las conmemoraciones el retorno simbólico y virtual de la sociedad anterior a 1809 (pp. 346-348).

Sin embargo, los intelectuales sucrenses no renunciaron al tema de la primogenitura del primer grito libertario, pues, sostiene Mendieta (2017), los miembros de la Sociedad Geográfica de Sucre buscaban un lugar preponderante "dentro de la historia patria" (p. 177).

 

4. Celebración de los 400 años de la fundación de Sucre en 1939

Otra ocasión para retomar la idea sobre la importancia del período colonial para Sucre fue la conmemoración del Cuarto Centenario de la fundación de Chuquisaca en 1939. Según el libro de la memoria de esta celebración, "muchas han sido las actividades sociales y culturales que han servido para demostrar que Sucre conserva "viviente su tradición de Culta, Docta y Togada" (Suárez, 1939, p. 436). De hecho, el libro mantenía una variedad de fotos sobre La Plata colonial y, asimismo, sobre las señoritas de la sociedad disfrazadas de damas coloniales.

La Sociedad Geográfica organizó la exposición de los documentos coloniales respecto al debate sobre la fecha de la fundación de Chuquisaca, hubo una exposición de arte colonial en todas sus dimensiones, un acto en la Universidad y una representación dramática de los "Cuadros históricos de Charcas". La segunda parte de esta obra dramática dividida en tres actos, dedicada a la época colonial, "rememoraba la Colonia, la vida señorial y caballeresca de los nobles españoles y las primeras auroras de respeto y humanidad que nace de los mismos hispanos para el aborigen". La representación terminó en un baile con los disfraces coloniales (Suárez, 1939, p. 439). Los actos protocolares que se iniciaron el 29 de septiembre de 1939 incluyeron las ceremonias tradicionales que remontaban a la época colonial, como el solemne Te Deum en la catedral. También se procedió a la colocación de la primera piedra para el monumento a don Pedro de Anzures, el que en 1992 será dinamitado por los contrarios de la celebración de los 500 años del descubrimiento de América.

El texto de la memoria, dividida en dos partes, se compuso de la obra completa de Valentín Abecia con el nombre de Historia de Chuquisaca y otro libro denominado Diccionario geográfico del departamento de Chuquisaca, de autoría de Nicanor Mallo y Faustino Suárez, que tienen sus respectivas partes. La publicación de 1939 tenía, además, los datos actualizados del departamento de Chuquisaca y el informe sobre la conmemoración del Cuarto Centenario de la fundación de Chuquisaca, en el cual se ponía el mayor énfasis en el pasado colonial de la ciudad.

En la obra monumental de Abecia, dividida en dos libros, se desarrollaron los temas relacionados con la historia colonial, que empezaban con los acontecimientos de la conquista y las guerras civiles, con una pequeña parte introductoria sobre la época previa a la conquista. El mayor énfasis se hizo sobre la historia institucional de La Plata: la iglesia de Charcas -el obispado y el arzobispado-, la Audiencia de Charcas, la Inquisición y la Universidad de San Francisco Xavier. Abecia es considerado como "el primer historiador que se ocupó del tema" (Mendoza Pizarro, 2001, p. 27). En los libros de Abecia se utilizaban amplias citas textuales de los cronistas, así como documentos coloniales transcritos íntegramente (cartas, probanzas, cédulas reales, decretos y ordenanzas). Abecia incorporó la Real Cédula de creación de la Audiencia, expedida en Valladolid el 18 de septiembre de 1559, la Real Cédula del recibimiento del sello real de 1559, las Cédulas de 1553, 1566 y 1573 sobre los límites de la Audiencia en el siglo XVI, la Ordenanza sobre el estandarte de la ciudad de La Plata, las Ordenanzas de Toledo y otros documentos. Esta historia institucional y narrativa intentaba mostrar la historia tal como fue a través del uso escrupuloso de los documentos que fueron recopilados por Gabriel René-Moreno, sin emitir ningún juicio de valor. Abecia reconstruía la historia de La Plata relatando minuciosamente los primeros pasos de los conquistadores, los oidores, los obispos y arzobispos. Con el mismo afán, reconstruyó la historia de la Universidad San Francisco Xavier, con los respectivos documentos, como constituciones y reglas, claustros, visitas, decretos, rentas, listas de los gastos, de los profesores y de los alumnos.

El Diccionario Geográfico del Departamento de Chuquisaca, de Nicanor Mallo y Faustino Suárez, está dividido en dos partes. La parte que corresponde a la autoría de Nicanor Mallo, denominada "Datos históricos y geográficos del departamento de Chuquisaca", a diferencia de la extensa obra de Abecia, se compone de artículos cortos. Los artículos contienen información sobre la fundación de la ciudad de La Plata, sus fundadores y las primeras instituciones coloniales, como la Real Audiencia de Charcas, La Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier, La Real Academia Carolina, el Obispado y el Arzobispado, el Ayuntamiento o Cabildo Secular. Mallo no escatima en adjetivos superlativos cuando se refiere a las instituciones como "institutos de gran renombre, que le han dado fama inmortal"; califica a la Audiencia como "célebre tribunal", que ha "llegado a tener un inmenso poderío", ya que "no sólo administraba justicia, sino que también intervenía en asuntos religiosos, políticos, económicos y militares", y su jurisdicción abarcaba un enorme territorio en el Cono Sur (Mallo, 1939, p. 396). A su vez, considera a la Universidad como una "célebre institución", un "notable centro de cultura" donde estudiaban "los más prominentes hombres de la Colonia y la República y en sus claustros recibieron el saber cientos de jóvenes estudiantes, que venían de Lima, de Buenos Aires y de Quito"; lo mismo sobre la Academia Carolina, "que llegó a adquirir un gran renombre e innegable prestigios" (p. 396-397). El Obispado y Arzobispado "dieron sobresaliente importancia a la Iglesia de Chuquisaca", su jurisdicción fue muy extensa también y las riquezas de estas instituciones religiosas eran "colosales y fabulosas"; sus autoridades eran "verdaderas lumbreras y notabilidades por su celo evangélico y por su virtud" (p. 398). Culmina la parte histórica refiriéndose a los títulos que Chuquisaca recibió durante la Colonia y la República por sus "antecedentes honrosos y su grandioso porvenir" (p. 399).

Durante la conmemoración de 1939 se sigue reforzando la idea de Sucre como ciudad española. En el artículo titulado "Sucre no es ciudad de indios", del presidente de la Sociedad Geográfica de Sucre, Alfredo Jáuregui Rosquellas, publicado ese año en el Boletín de la Sociedad Geográfica "Sucre", se afirmaba: "La población de Sucre es completamente española, es la ciudad donde España dejó más hondas raíces y en donde el viajero que pasea, se fija, estudia y calcula con ojo imparcial y con espíritu desprevenido ve menos indios" (citado en Flores Castro, 2009, p. 349). Flores Castro opina que por esta razón se negaba la presencia de los indios en el escenario festivo de 1909 (p. 336), al igual que durante los festejos organizados por el centenario de la independencia de la República en 1925 en La Paz. Asimismo, los indígenas son excluidos de las galerías de fotos de las publicaciones de 1909, 1925 y 1939; su lugar es ocupado con las fotos de las señoritas de la sociedad, disfrazadas de indígenas. El mismo fenómeno observó Cristelli (2004) en el álbum de fotos editado para el primer centenario de la independencia, en 1925.

Aparentemente, entre 1909 y 1939, el discurso respecto al pasado no cambió y, según uno de los autores, Chuquisaca seguía proyectándose a nivel nacional como "ciudad culta e intelectual" (Suárez, 1939, p. 429). No obstante, Faustino Suárez, autor del último texto incluido en el libro, denominado "División política del departamento de Chuquisaca, lanza un mensaje que intenta desvincular a Sucre de la imagen del pasado colonial, hablando de Sucre como la ciudad que se detuvo y se estancó en el tiempo, y que "vive sólo de sus recuerdos, de sus pergaminos y de sus glorias pretéritas" (p. 439). Faustino Suárez acusó a los gobiernos de turno por este atraso y el olvido, refiriéndose una vez más a la herida abierta de los chuquisaqueños cuando hablaba que aún "preterida en sus derechos de capital de la República", "Chuquisaca, ¡vive y conserva su tradición invicta!" (p. 440). Por su lado, Jáuregui Rosquellas (1939), quien en ese momento era el Presidente de la Sociedad Geográfica "Sucre", intentaba desligarse de las acusaciones de que realizaba una "labor regionalista", aseverando que se trataba tan sólo del estudio de "la tradición, la leyenda, la cultura y el progreso de Chuquisaca (...) las huellas de lo que ayer fue sobriedad, elegancia, arte, grandeza, orgullo, gloria, austeridad, moralidad en fin..." (p. 133). Este y otros autores pretenderán reforzar la idea sobre la Audiencia de Charcas como el núcleo de la bolivianidad. De hecho, en una de las ilustraciones del libro Historia de Chuquisaca, la nota de pie de foto dice: "La ciudad blanca, corazón y cerebro de la bolivianidad ..."(Abecia, 1939, p. 96).

Unos años antes, en 1933, se había publicado un extenso ensayo histórico de Jáuregui Rosquellas, denominado "La Audiencia de Charcas" y destinado a contribuir a la defensa de los derechos de Bolivia sobre los territorios del Chaco discutidos con Paraguay. En este trabajo, Jáuregui Rosquellas reafirma la idea de Moreno de que "la entidad étnica-jurídica social que se formó alrededor de la Audiencia de Charcas, denomínase Alto Perú, y después de la guerra de los diese seis años, la República de Bolivia" (p. 53).

La celebración de 1939 estuvo marcada por la polémica interna en el seno de la intelectualidad charqueña sobre la fecha de la fundación de La Plata, en la que Jaime Mendoza jugó un papel significativo (Mendoza Pizarro, 2001), pues resaltaba la importancia de La Plata como el "centro social primigenio en Charcas"; sostenía que con la erección, en 1559, de la Real Audiencia de Charcas

Ya no se trataba sólo del macizo de Charcas. Pronto agregáronsele todas las tierras circundantes. Era como si se empezase a formar un gran Estado. La Audiencia de Charcas, entonces, ensanchóse a la Mar del norte, del Cusco a Buenos Aires (...) Y la pequeña Chuquisaca era el eje. Un eje en torno al cual giraba la más gruesa porción del imperio colonial español de Sudamérica, porción ahora distribuida entre diversas repúblicas: el Perú, el Brasil, el Paraguay, el Uruguay, la Argentina, Chile. Y, paralela a la económico-política, la jurisdicción eclesiástica de Charcas fue abarcando mayores extensiones (Mendoza, 1938, pp. 13-14).

Jaime Mendoza retomó el viejo debate sobre la primogenitura con la idea de que La Plata "fue la primera (en) alzarse contra el régimen colonial"; así, hizo hincapié en la pervivencia del "espíritu levantisco de la vieja Chuquisaca". Por sus convicciones políticas de izquierda, Mendoza defendía el espíritu de desobediencia de Chuquisaca y el papel de su universidad, conservado, según él, hasta el siglo XX, debido a su activa participación en la vida revolucionaria estudiantil boliviana de los años treinta del siglo pasado, como "un órgano sin igual para plasmar sus recónditos impulsos de rebeldía, la fuerza ciega que desde su nacimiento le hacía amar la libertad" (p. 15). La fundación de la nueva república también tuvo su lugar en Chuquisaca, porque en "ella reside el ánima del país" (p. 18). Jaime Mendoza logró unir el pasado colonial de Sucre con su papel durante el proceso de la independencia y la fundación de la república, sin renegar del pasado colonial, aunque sospechaba que algunos de sus argumentos podían parecer "rancios" para los críticos con este período, explicando que las pautas culturales establecidas en esta etapa histórica "representan los primeros jalones de una cultura propia en estas lejanas tierras; y son, a la vez, promesa del porvenir" (p. 18).

Posteriormente, los importantes historiadores bolivianos que pertenecieron a la "Generación del '52" y que buscaron los orígenes de la nacionalidad boliviana (Medinacelli,2012), sostuvieron que la organización político-eclesiástica de Charcas en La Plata fue uno de los aspectos más destacados de los orígenes de la nación y del Estado boliviano.

 

5. Conclusiones

Consideramos que la disputa con La Paz por el tema de la capitalidad constituye un hito en el proceso de creación de la identidad regional sucrense. Los intelectuales tomaron una parte activa en este proceso, utilizando como argumento principal la "primogenitura" del grito libertario el 25 de mayo de 1809. Sin embargo, a partir de las últimas décadas del siglo XIX se rescata el papel de la ciudad de Sucre, antes La Plata, durante la época colonial. La reivindicación de La Plata como un importante núcleo administrativo, religioso y jurisdiccional en Sudamérica significó el acercamiento al pasado colonial, proscrito durante décadas después de la guerra por la independencia; se produjo una revalorización de este pasado y el reconocimiento de los vínculos que unían el pasado al presente.

El brillo y la gloria del pasado investían a la ciudad en cuanto los derechos de ser la capital de la república, según los intelectuales sucrenses. Cuando la sede de gobierno, después de la Guerra Federal, se desplazó a La Paz, el pasado colonial "charquino" o "altoperuano" fue el argumento para demostrar la exclusividad de la ciudad y sus habitantes en cuanto, por un lado, fue la primera ciudad que rompió sus lazos políticos con España y, por otro lado, conservó los lazos culturales y sanguíneos con la madre patria. La "ciudad blanca", con un vecindario culto y refinado, una ciudad sin indios, es la imagen que querían proyectar sus élites, aunque, finalmente, quedaron presos de su propia imagen, puesto que lo colonial en el siglo XX significaba el estancamiento frente al progreso. El reconocimiento del papel de Charcas como núcleo de la bolivianidad, dándole un lugar en la historia nacional, fue una de las vías para salir de este estancamiento, reforzar la identidad regional y conservar el anhelo de los chuquisaqueños de gozar de la capitalía plena (ser la sede de los tres poderes del Estado), que se expresó por última vez en 2007, ya en el siglo XXI.

 

Notas

* Doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Es docente de las carreras de Historia y Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia.

Contacto: bridiwoman@hotmail.com

1 "Carta de los vecinos de la provincia Cercado dirigida el Comité de la Unidad Nacional" (Abecia et al., 1889, p. 30)

2 "Carta de los vecinos de la provincia de Tomina dirigida el Comité de laUnidad Nacional" (Abecia et al., 1889, p. 32).

3 "Protestas del departamento de Potosí", periódico Opinión de Potosí, 2 de septiembre de 1889:1, en Abecia et al. (1889, p. 39).

4 "Protesta de la Junta Municipal de la Provincia de Porco" (Abecia et al., 1889, p. 46).

5 "Palabras dirigidas al ilustrísimo obispo de Santa Cruz por el señor Eduardo Zubieta, en representación del comité popular en la manifestación de 11 de septiembre de 1889" (Abecia et al. 1889, p. 63).

 

Recibido: febrero de 2019

Aceptado: marzo de 2019

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