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Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult  n.26 La Paz jun. 2011

 

 

 

Voto, ocupación y clase media: el apoyo a Evo Morales

 

Vote, occupation and middle class: support to Evo Morales

 

 

Oscar Vargas del Carpio Ribert*

* Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
ovargascr@hotmal.com

 

 


Resumen:

La ciencia política sostiene una polémica respecto de la relación entre variables socioestructurales, es decir, las clases sociales, y el comportamiento electoral en un país. Esta reflexión teórica permite analizar el comportamiento electoral de tres sectores ocupacionales en las elecciones generales de 2005 y 2009 en Bolivia, concluyendo en que las reducciones parciales del voto por el partido de gobierno entre las clases medias se deben tanto a aspectos simbólicos como a factores económicos objetivos.

Palabras clave: clase social, voto, clase media, gobierno de Evo Morales.


Abstract:

There is a sustained controversy in the political sciences about the relations between structural social variables, that is to say, the social classes and the electoral response in a determined  country. this theoretical reflection allows the author to analyze the electoral response of three labor sectors in two general elections in Bolivia: 2005 and 2009. Observations lead to the conclusion that the middle classes have withdrawn their support to the governmental party due both to symbolic aspects as well as to objective economic aspects.

Keywords: social class, vote, middle class, Evo Morales’ government


 

 

1. Introducción

Existe una diversidad de investigaciones que tratan de establecer la relación entre variables socioestructurales (léase clase social) y comportamiento político expresado en el voto. Dichas investigaciones en sus extremos más radicales plantean, por una parte, que debido a las transformaciones ocurridas principalmente en el campo económico (flexibilización productiva, incremento de los servicios, desarrollo tecnológico, etc.) la clase social como concepto sociológico ha dejado de tener relevancia por lo menos en el campo político. Se argumenta que la política misma ha sufrido una transformación: se han problematizado temáticas que en el pasado pertenecían a la esfera de lo privado (orientación sexual, por ejemplo); han aparecido temas de preocupación política transversales a las clases sociales tales como el género, la discriminación, la ecología, etc. cuya expresión serían los llamados nuevos movimientos sociales. Por otra parte, y en el otro extremo, se afirma que la clase, lejos de desaparecer, si bien ha sufrido modificaciones estructurales, sigue siendo un parámetro a partir del cual es posible esperar determinados comportamientos políticos, es decir, se habría producido una modificación en la composición y estructura de las clases sociales en sí mismas, lo que es diferente a pensar que la clase social como concepto sociológico ha dejado de tener relevancia. Veamos estas aproximaciones  más en detalle.

Algunos autores, como P. Beramendi (2003), afirman que existe una corriente denominada la hipótesis del declive, representada por Clark y Lipset (fi99fi) y Clark , Lipset y Rempel (fi993). Estos autores afirman que las transformaciones ocurridas en la época del Estado de Bienestar, como ser: 1) una expansión cualitativa y cuantitativa del mismo; 2) la transformación de las estructuras de desigualdad, es decir, la variación en la composición de las clases sociales unidas a políticas redistributivas que alteran su participación en el ingreso; 3) la incorporación de nuevos actores sociales en el mercado laboral, como la mujer, por ejemplo y, finalmente; 4) un cambio cultural producido en los propios actores sociales, que no orientan su acción solamente en función del ingreso laboral, sino de factores subjetivos como su satisfacción emocional, la gratificación y realización personal en el empleo, etc., habría hecho que cada vez en mayor proporción la clase social haya dejado de ser un determinante en la opción política de los actores, por lo que se debería dar lugar a interpretaciones multicausales de los fenómenos políticos.

A diferencia de la posición anterior, algunos autores sostienen que las condiciones socioestructurales se constituyen en una barrera raramente franqueable para otras variables en la determinación del comportamiento político de los actores. Entre esas otras variables estarían el discurso del partido político, el liderazgo y las políticas públicas asumidas por un determinado partido en función de gobierno, principalmente. Esta corriente no llega al extremo de afirmar una directa relación entre la posición de clase y el comportamiento político, como de hecho muchas investigaciones se han encargado de rebatir. Para matizar su postura han introducido las variables apoyo y rechazo. Según esta perspectiva, todo partido político contaría con una base social de apoyo inicial, así como diferentes grupos sociales donde encontraría un rechazo.

El juego político consistiría para el partido político en tratar de incrementar los apoyos y reducir los rechazos a través de los programas de gobierno, de la figura del líder, de las políticas públicas realizadas, etc. Sin embargo, estos apoyos y rechazos tendrían como límite absoluto la posición de clase de los sujetos.

Pero a continuación afirman que, si bien los límites socioestructurales son absolutos, la estructura social misma en cuanto tal no lo es. Es decir, la estructura social es dinámica y cambiante, pero como referencia del actor para fijar su comportamiento político no lo es. Cuando apreciamos cambios en el comportamiento político de ciertos actores se los debe atribuir a transformaciones en la estructura social y no a la perdida de centralidad de ésta en la determinación del comportamiento electoral.

Existe una tercera perspectiva, denominada por Beramendi como la hipótesis de la interacción. Ésta afirma que el voto es resultado de tres factores: a) la estructura de clases de la sociedad; b) la  forma en que en el pasado los diferentes actores sociales y políticos permitieron que esta estructura de clases se “cristalice”; y c) la capacidad de los actores institucionales para activarla o desactivarla, ya sea a través del discurso político o de las políticas públicas. Los dos últimos factores merecen una explicación.

Cuando se interroga sobre la forma en que los actores sociales y políticos contribuyeron a la “cristalización” de una determinada estructura de clases, se hace referencia a la actuación en el pasado de los actores respecto a la consolidación o intentos de transformación de esta estructura de clases, pero más concretamente a la percepción de los votantes sobre estas acciones. Es decir, el elemento subjetivo, la “imagen” que se forma el votante respecto a estos actores, es un elemento importante en la determinación del voto. Algunos estudios han intentado rescatar este elemento que hace referencia a la “huella” que dejan en los votantes ciertos acontecimientos o acciones de los actores en el pasado (Lipset, 1960).

El tercer elemento hace referencia a un supuesto implícito en la afirmación: la idea de que la propia realidad social no es en sí misma determinante en la temática del comportamiento electoral, sino que ésta está mediada por el elemento dinámico de la política: las acciones de los actores. Estas acciones, a través del discurso, permiten visibilizar u ocultar las contradicciones de clase, por ejemplo. Es decir, la palabra, la interpelación que toma como referente una determinada estructura de clase, es la que permite que esta estructura de clases sea un factor relevante o no en la determinación del voto. Otro tanto ocurre con las políticas públicas. Se parte del supuesto, aceptado de forma general, de que toda política pública perjudica o beneficia a determinado sector social; las acciones de los gobiernos en estos planos permitirían poner de relieve o esconder intereses corporativos de determinados sectores sociales.

A partir de estas reflexiones teóricas, en lo que sigue se intentará analizar el comportamiento electoral de tres sectores ocupacionales en las elecciones generales de 2005 y 2009 en Bolivia.

 

2. Evolución del voto por el MAS-IPSP

En la encuesta realizada en diciembre de 2009 en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz (Vargas del Carpio y Saravia, 20fi0) se consultó a los encuestados por qué agrupación política habían votado en 2005 y por quién votarían en 2009. El siguiente gráfico establece comparativamente los votantes por el MAS-IPSP en las elecciones de 2005 y de 2009 por ocupación del entrevistado.

Elecciones generales 2005 y 2009 por ocupación

Se puede apreciar que el MAS mantuvo igual votación en las ocupaciones señaladas como trabajadores familiares no remunerados y otros. Donde incrementó su votación fue entre los estudiantes (7%), entre las personas que se dedican a las labores de casa (2.2%) y entre los obreros (1.4%). Donde disminuyó su votación fue entre los patrones o empleadores (-24.3%), los jubilados (-21.3%), los profesionales independientes (-17.4%), los empleados (-12.5%), los trabajadores por cuenta propia (-3%) y las trabajadoras del hogar (-2.6%).

Estos datos deben ser interpretados desde varias perspectivas. En primer lugar, la encuesta fue realizada en las ciudades de la Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. Si a este dato se agrega la consideración de que en las elecciones generales de 2005 el MAS obtuvo 53.7% de los sufragios y en las de 2009 el 64.2%, es de suponer que el incremento de su votación estuvo centrado principalmente en el área rural. De igual modo, y en segundo lugar, se debe tomar en cuenta que los datos proporcionados en el gráfico son porcentuales, es decir, un incremento en la votación de los estudiantes del 7% puede significar en términos absolutos una cantidad de nuevos votos para el partido muy superior a un decremento del 2fi.3 % en el sector de los jubilados, por ejemplo. ¿Esto debería significar que estos datos no proporcionan información alguna? Si el propósito de esta reflexión es analizar las variaciones en la composición interna del voto por el MAS a nivel urbano y tratar de establecer sus causas, los datos aparecen como perfectamente válidos.

Una vez hecha esta salvedad, se puede afirmar que las ocupaciones en las que más se aprecia un descenso porcentual de la votación por el MAS-IPSP (patrones o empleadores, profesionales independientes y empleados) son las que pertenecen a actividades relacionadas con lo que tradicionalmente se ha denominado clase media. ¿Esto estaría significando que la clase media se ha alejado del MAS-IPSP? Los datos obtenidos en la encuesta no permiten propiamente hacer uso del concepto clase social o nivel socioeconómico, ya que no existen datos sobre los ingresos de los encuestados, por ejemplo, y la misma categorización de la variable ocupación se muestra ambigua en algunos casos. Lo que sí parece evidente es que en las ocupaciones mencionadas, relacionadas con las actividades de las clases medias, la votación del MAS-IPSP sí ha sufrido un decremento.

En el caso de los jubilados, si bien no es un sector social que pueda ser adscrito o relacionado con alguna clase social, en su gran mayoría son sectores ex asalariados que provienen de sectores obreros, empleados públicos y privados, y profesionales. Algunos estudios sobre el comportamiento electoral de este sector social han demostrado que las variables que intervienen en la determinación de su voto son las políticas emanadas desde el gobierno central sobre su sector, la antigua pertenencia clasista en su época de trabajadores activos y, naturalmente, la posición ideológica relacionada con ésta. Por todo esto, no resulta adecuado, a partir del descenso de más del 20% de la votación de los jubilados por el MAS-IPSP entre las elecciones de 2005 y 2009, hablar de un alejamiento de la clase media de esta organización.

Lo que sí parece evidente es que las personas que tienen como ocupación el ser empleados, profesionales independientes o patrones o empleadores relaciona dos a su vez con actividades propias de la clase media se observa un descenso en el apoyo electoral al MAS-IPSP. ¿Cómo entender esta situación? Sin duda existe una diversidad de formas de abordar el problema. Se puede recurrir al análisis de las políticas gubernamentales destinadas a cada uno de estos sectores sociales y ver hasta qué grado dichas políticas los habrían favorecido o perjudicado. De igual forma, es posible analizar las políticas generales del Gobierno y cómo éstas fueron percibidas por los actores, lo que influyó en su respaldo o retiro del mismo. Se podría también analizar la percepción de los actores sobre su situación económica y ver hasta qué punto las políticas gubernamentales han influido en ellas. En este artículo se abordarán dos elementos explicativos que constituyen a su vez formas específicas de los dos últimos tipos de abordaje mencionados. La primera hace referencia a la posición subjetiva del actor respecto a su clase social; la segunda, a la percepción de su situación económica.

2.1. Clase social y símbolos

Se parte de la hipótesis de que la clase media durante el gobierno de Evo Morales ha visto amenazada su posición de clase debido a la destrucción o amenaza de destrucción de viejas formas de diferenciación social.

Algunos autores (por ejemplo, Bourdieu, fi997) consideran que las clases sociales se diferencian no sólo por su participación en la producción ni por su posición en el mercado, sino también por un conjunto de prácticas asociadas al consumo y a diferentes actividades. Es así que Bourdieu encuentra en los empresarios del comercio y la industria prácticas deportivas asociadas a su situación social, como el tenis, el esquí náutico, etc. y ciertos gustos por la champaña, por ejemplo. De igual forma encuentra en los obreros aficiones por el fútbol, la cerveza, el vino tinto común, etc. Éstas serían formas en que cada clase social construye su “distinción” respecto a las otras, es decir, formas objetivas cargadas de simbolismo que permiten un “reconocimiento” social entre “iguales” (miembros de una misma clase social) y una diferenciación entre “desiguales” (personas de distinta clase social).

Si bien Bourdieu afirma en reiteradas oportunidades que su teoría y esquemas construidos corresponden a la Francia de la década de los setenta, no han faltado intentos de aplicar acríticamente su teoría a la interpretación de la realidad social de estas tierras. La tesis de Bourdieu se centra en la idea de que el consumo es una forma de diferenciación social. La pregunta que surge es si este fenómeno está también presente en nuestro país. Algunas investigaciones (por ejemplo, Vera, 2009) han demostrado, particularmente en lo que hace a la esfera de los alimentos, que la comida consumida a nivel urbano entre los diferentes sectores sociales es esencialmente la misma. Esta investigación, si bien no refuta totalmente la formulación de Bourdieu, por lo menos la cuestiona para el caso boliviano.

Históricamente, los procesos de diferenciación social en Bolivia han estado ligados, por lo menos en la percepción subjetiva de los actores, a las características étnicas. Para la clase media, su característica diferenciadora respecto a sectores populares ha sido su origen blanco-mestizo. Esta situación, presente parcialmente aún en nuestro país, se origina en la estructura social heredada de la Colonia y mantenida sin grandes variaciones durante la época republicana.

A esta consideración histórica se añaden ciertas condiciones socioestructurales actuales: el tamaño de la clase media proporcionalmente reducido respecto a países vecinos y su escaso nivel de consumo debido a sus limitados recursos.

Ambos aspectos, el histórico y el socioeconómico, llevan a pensar que el elemento diferenciador construido por la clase media ha sido su origen étnico y no sus niveles de consumo.

El discurso y la política durante el primer gobierno de Evo Morales han estado orientados, entre otras cosas, por una revalorización de lo indígena. La nueva Constitución Política del Estado califica al país como Estado plurinacional, y reconoce los derechos de los pueblos indígenas, la economía comunitaria, la wiphala como símbolo nacional, la presencia de indígenas o de origen indígena en la administración estatal, la otorgación de “espacios” dentro del Estado a organizaciones indígenas, la presencia de éstos en la Asamblea plurinacional, etc. Constituyen, sin duda, innovaciones dentro de la tradicional política boliviana, habituada a un manejo elitario del aparato del Estado.

Esta situación, unida a un desprecio manifiesto por la calificación académica de las personas, ha hecho que la clase media perciba al actual Gobierno como una amenaza a sus parámetros de diferenciación de clase. Si a esto se añaden procesos más antiguos de ascenso social de sectores capitalistas culturalmente autoidentificados como aymaras o quechuas, se tiene una clase media agredida en su ubicación simbólico-social y en su situación económica. No es de extrañar, consiguientemente, que algunos sectores hayan retirado su apoyo al gobierno de Evo Morales entre las elecciones de 2005 y las de 2009.

2.2. Situación económica

La encuesta mencionada anteriormente consultaba a los encuestados la percepción que tenían de su situación económica en los pasados tres años. El siguiente cuadro ofrece un resumen de la información sobre este aspecto, relacionada con las ocupaciones que particularmente nos interesan:

Percepción sobre la situación económica en los últimos tres años por ocupación

(en porcentajes)

Se debe tener en cuenta que la pregunta sobre la situación económica del encuestado en los últimos tres años hace referencia a la percepción subjetiva del mismo, que puede o no tener fundamento real y que varía, también, en función de su nivel socioeconómico. En otras palabras, el actor puede no percatarse inmediatamente de ciertos procesos que le favorecen o lo harán en el futuro, tales como una disminución del desempleo, un incremento en las rentas de jubilación, una legislación laboral que le otorgue mayor estabilidad, etc. o percibir incrementos en sus ingresos o niveles de consumo como “naturales”. De igual forma, la percepción de una situación económica que ha empeorado puede variar entre la diferencia entre “comer o no comer” y la posibilidad o no de pasar vacaciones en Miami o Arica.

En lo que hace al cuadro, se puede apreciar que en ninguno de aquellos sectores cuyas actividades se vinculan a la clase media (empleados, profesionales independientes y patrones) el porcentaje de los que consideran que su situación económica ha mejorado es el mayor. La gran mayoría de los encuestados consideran que su situación económica ha permanecido igual o ha empeorado.

Esta situación, corroborada por los estadígrafos que miden la asociación entre las variables, permite afirmar que existe una vinculación muy fuerte entre la variable percepción sobre la situación económica del encuestado y el retiro del apoyo electoral al MAS-IPSP entre las elecciones de 2005 y 2009.

 

3. Conclusiones

Por la información obtenida se puede afirmar que aquellos sectores sociales cuyas ocupaciones se relacionan con las actividades de la clase media han retirado parcialmente su apoyo al gobierno de Evo Morales entre 2005 y 2009.

Esta idea es sostenida a partir de la encuesta mencionada (Vargas del Carpio y Saravia, 20fi0). Lastimosamente, hasta el momento es la única fuente que permite tener información sobre la historia electoral del votante y otros datos sobre su situación socioeconómica.

En cuanto a las causas de esta situación, las dos exploradas hasta el momento (la percepción del gobierno de Evo Morales como una amenaza a los parámetros de diferenciación social propios de la clase media y la percepción negativa de su situación económica) han podido expresar lo siguiente:

En el primer caso, se puede apreciar, a partir de un análisis somero del contenido de las acciones y del discurso del MAS-IPSP, que existe una base lógica para articular ambos fenómenos. Sin embargo, considero que existe un vacío, a nivel de la investigación social, sobre los valores y parámetros de diferenciación social de las clases en Bolivia, así como de las producciones simbólicas durante el gobierno del MAS-IPSP. En cuanto al otro instrumento utilizado, se ha podido establecer de forma certera una relación cercana entre el voto por Evo Morales y la percepción de la situación económica en los últimos tres años.

Ambos elementos permiten plantear la necesidad de permanentes trabajos de investigación sobre estas temáticas, que, debido a la propia dinámica de la política en nuestro país, pueden permanecer o revertirse.

 

Referencias bibliográficas

  1. Beramendi, Pablo. “Clase, voto y estado de bienestar en España (1986-1996)”. Revista de investigaciones políticas y sociológicas, año/vol.2, Nº 1-2, Santiago de Compostela, España, pp. 83-107, 2003.
  2. Bourdieu, Pierre. Razones prácticas. Barcelona: Editorial Anagrama, 1997.
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  4. Clark, Terry y Seymour M. Lipset. “Are Social Classes Dying?”. En: International Sociology, 4, 397- 410, 1991.
  5. Clark, Terry, S.M. Lipset y M. Rempel. “The Declining Political Significance of Social Class”. En: International Sociology, 8:3, 293-316, 1993.
  6. González, Juan Jesús. “Clases, ciudadanos y clases de ciudadanos”. Revista Reis, Nº 74, abril-junio, Madrid,1996.
  7. Vargas del Carpio, Oscar y Joaquín Saravia. Percepciones políticas y comportamiento electoral. La Paz. IDIS, 2010.
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  9. Vera, Mirko. “Alimentación de la élite paceña”. Tesis para obtener el grado de licenciatura en sociología, UMSA, 2009.

 

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