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Revista Ciencia y Cultura

versión impresa ISSN 2077-3323

Rev Cien Cult  n.20 La Paz abr. 2008

 

 

 

Coca Cola con gasolina

 

 

Laura Derpic

 

 


Gasolina... mucha gasolina. Tengo en las manos mucha gasolina. Inflamable, líquido inflamable que me da miedo tenerla en las manos.

En el minibús, nadie me ve, soy una pasajera más. Llevando dos botellas de Coca Gola de dos litros descartable en las manos. Dos botellas de Coca Gola sin Coca Gola. Con gasolina, mucha gasolina.

El minibús está lleno de gente, no hay espacio para ningún otro pasajero. Siento que el olor a gasolina se expande por todo el minibús. Pero parece que nadie más se da cuenta, somos las botellas y yo.

Tengo gasolina en las manos. Y si yo quisiera podría hacer que todos volemos en un santiamén.

Que volemos todos en medio de todo. Pedacitos de todos por todas partes. Desconocidos, conociéndonos en la explosión para que luego nadie nos reconozca. Porque yo llevo un pedazo de la señora de al lado, otro pedazo del chofer, un pedazo mío en la pareja de atrás... Entrometido pedazo mío en el beso que se dan.

"Bolivianos uno cincuenta, uno cincuenta" dice el voceador utilizando sus últimas fuerzas del día, para cerrar la puerta detrás de los señores que se bajan.

Me bajo. Sé que estoy cerca, no recuerdo bien como llegar, pero estoy cerca. Mis pasos retumban en el pavimento, uno detrás del otro, com-pás-tras-com-pás. Junto al sonido del líquido de las botellas que se mueven al ritmo de mis pasos.

Soy un ser de uno cincuenta, y paso desapercibida entre las calles de luz naranja, que hacen más triste mi caminata. Una sombra de uno cincuenta que nadie ve.

Subo la calle, estoy cerca. Tengo que girar a la izquierda, estoy cerca. A la izquierda.

Estoy frente a la puerta, a la bonita puerta que mide uno cincuenta más que yo. Toco el timbre, no lo escucho, lo toco de nuevo, nadie me escucha, nadie me abre.

No resisto el peso de las botellas, las dejo en el piso, toco la puerta con una mano. No escucho nada, toco de nuevo con las dos manos, las tengo libres para tocar la puerta. Voy a la ventana, la empujo, se abre. Meto las dos botellas y luego me meto yo. No hay nadie.

Una vez adentro, me siento y espero... como siempre espero. Aprovecho que estoy sola, completamente sola para abrir la botella. La botella y yo somos una sola, su olor es mi olor.

Empiezo a rociar poco a poco todo lo que encuentro. Como rindiéndole homenaje á la Pachamama en martes de ch'alla. Poco a poco, todo lo bonito tiene gasolina.

Recorro tu casa, tu bonita casa de tres pisos, no dejo ningún rincón libre, ¡cómo te vas a sorprender cuando me veas!

¡Sorpresa! Me ves.

¡Sorpresa! Dentro de tu casa.

¡Sorpresa! Con una botella de Coca Cola vacía en la mano.

No te preocupes, no hago nada hasta que llegues. Te espero. Me inquieto. Mi corazón se acelera a medida que el tiempo avanza, no puedo quedarme quieta. Subo hasta el tercer piso, pienso que es mejor esperarte ahí, en tu cuarto.

Suena la puerta, se abre...

No sabes que estoy acá y eso me pone más nerviosa todavía. Subes las gradas, hasta el tercer piso, estás en la puerta de tu cuarto.

Te veo, es como si te viera por primera vez, esa emoción siento al verte entrar.

¿Ha pasado mucho tiempo, no?

Si... pensé que no recordaba dónde vivías, pero aquí me ves, llegando apenas después de tanto dar vueltas.

No mientas, te escapas de mí apenas me ves...

¿Y qué hago en tu casa?

He venido por lo que es mío y no me voy hasta que me lo devuelvas.

Llevas una mano a la boca como si no entendieras de lo que hablo... ¿Ah si? Después de todo lo que hemos pasado juntos ¿me vienes a decir esto?

Tercer piso.
Bonita vista.
Las luces de la ciudad nos saludan.
Nos rodean.
No estamos solos.
Mejor así.

Tomo un cigarrillo, lo sostengo con una mano y en la otra sostengo la otra botella. Está cerrada.

Hace tres años, me pediste un favor.

Pareces no entenderme y niegas con la cabeza rotundamente

Dejo el cigarrillo en el cenicero de la mesa, mientras tanto, abro la botella y empiezo a rociarla por todas partes.

Andabas necesitado de dinero. No tenías plata ni para volver a tu casa, que por cierto... es muy bonita.

¡DEVOLVEME MIS DOS BOLIVIANOS!

Y esta vez no aguanto tus excusas: "Es que ahorita no tengo sueltos", "¿Tienes cambio de veinte bolivianos?, "Te voy a devolver el doble", "¿No tuvieras cambiadito?".

¿¿Para eso una hace favores??

¡SON DOS BOLIVIANOS!

No te vas a hacer más pobre por devolvérmelos

¡DEVOLVEME!

Claro, y me vienes a decir que no me desespere, que nunca te comprometes a algo que no vas a cumplir.

¡POR ESO ES MEJOR NO HACER PROMESAS!

Lloro. Inconsolablemente lloro. Te mando a la mierda cien veces, te maldigo y te digo que sería mejor si no existieras. Y vos ahí parado, inmóvil. Paralizado sin saber qué hacer.

"No te rayes así, te voy a llamar más tarde, más bien, te dejaré en tu casa, ahora. Hablemos cuando estés más tranquila".

Más tranquila... Estaría más tranquila si me devuelves lo que te he prestado.

Y ni siquiera has pensado en eso.

No puedo articular palabra alguna... pero ya. Si. Tal vez estoy un poco nerviosa, al final de cuentas, una no anda con gasolina en las manos todos los días, ¿no?

Sigo llorando. Como cuando era niña, como si me faltara el aire. Me ahogo en mis lágrimas, tiemblo descontroladamente y lloro más fuerte. Las siento en la lengua, saladas lágrimas que no se detienen, no me las trago. No esta vez.

¡Hijo de puta!

¡Maldito hijo de puta!

Por gente como vos, el país está como está, carajo.

Cualquier maleante antes de ser maleante, empieza por prestarse plata y no devolverla nunca.

Me arden los ojos. No veo nada, solo lágrimas que desfiguran todo lo que veo.

Escucho tu voz como entre sueños, lejana. Gritas. No te escucho, no sé dónde estás.

Enciendo un fósforo apenas, apenas enciendo un fósforo, la chispa se hace fuego, lo dejo caer. Gritas más fuerte todavía. Te desfiguras, todo empieza a arder.

Siempre quise presenciar esto.

Quemo tu casa. Tu bonita casa de tres pisos donde no pagas alquiler, ni la luz ni el agua. Tu bonito cuarto donde te fumas un par de bonitos porros de vez en cuando.

Rompo cada cuerda de tu guitarra y te veo llorar mientras rompo las cuerdas de tu guitarra. No soy ninguna estrella de rock, pero destrozo tu guitarra como rockero de los noventas en su mejor concierto, mientras el mango empieza a arder y me siento como Mesías llevando la luz del conocimiento.

Te lanzo el mango de la guitarra en la cabeza. Justo en la frente, en tu amplia frente que se amplía a medida que pasa el tiempo. Cae en tu ropa, te desesperas, te cierro la puerta en la cara y le pongo el seguro a la puerta.

(Se escucha la canción "We are all made of stars", de Moby )

Bajo las gradas, corriendo, desesperadamente corriendo. Quiero ver desde afuera como se quema tu bonita casa... Contigo adentro, bonito.

(Se deja escuchar la letra de la canción entre cada frase).

"Growing in numbers"

Estoy fuera.

"Growing in speed"

Veo que sale humo negro de tu casa, por todas partes

"Can't fight the future"

Y que el fuego se va expandiendo. Se quema, todo se quema.

"Can't fight what I see"

¡A VER SI AHORA APRENDES A SER GENTE, CARAJO!

"People they come together
People they fall apart
No one can stop us now
'cause we are all made of stars"

Mis ojos brillan, tengo la cara mojada, me seco las lágrimas que salen de tanta emoción.

Veo una sombra de fuego por las ventanas, es tu sombra. Corriendo de un lado a otro sin saber qué hacer. ¡Te quemas! ¡Qué bonito te quemas!

Hace tanto tiempo que no hacía algo tan importante.

De la casa de enfrente sale una señora, que horrorizada grita: ¡FUEGO, FUEGO!

No la aguanto. Se acerca más gente, me escabullo y empiezo a correr, sin saber hacia donde voy. No importa, mientras más lejos, mejor.

Pienso a dónde ir mientras escapo. Me viene a la cabeza aquel comentario: "Es buen boliche, las botellas de cerveza son grandes, es bien barato, va todo tipo de gente y tienen todo tipo de música".

Busco el boliche, no sé donde está, lo busco, pregunto, nadie sabe dónde está el boliche con botellas de cerveza grandes. Es barato, les digo, y tienen todo tipo de música. Es suuuper.

Está todo oscuro, un perro empieza a ladrar. Cómo odio a los perros en las noches, me dan miedo. Me va a morder pienso, cruzo a la acera del frente, pienso que me va a morder porque a los perros les encanta el miedo.

Alzo un par de piedras por si acaso. Camino más lento, para disimular. Para que el perro no se dé cuenta que tengo miedo. No le voy a dar el gusto.

Me tapo la nariz con las manos para que no huela el miedo, además contengo la respiración, por si acaso no me tapo bien la nariz.

El perro ladra, me ladra, soy la única persona que está cerca, me ladra, a mi me ladra. Los perros son unos pendejos para oler.

Perrito bonito que levanta las orejas y abre los ojos en señal de atención a lo que hago. Sin ladrar, ya no ladra, qué bonito. Esto funciona.

¡No te sueltes la nariz! ¡No respires!

El perro se va quedando atrás pero recién al dar la vuelta a la cuadra podré soltarme la nariz, por si acaso, por si ladra, por si muerde.

Pendejos los perros que huelen mejor que cualquiera.

Doy la vuelta, no sé dónde estoy, pero bajo la calle, siempre es así, en La Paz una no puede perderse, hay que bajar no más.

Me suelto la nariz, respiro: inhalo-exhalo. ¡Qué momento de tranquilidad!. Eterno. Suelto las piedras.

Me doy la vuelta y el perro de mierda está corriendo para alcanzarme. Siento cómo sus dientes muerden mi pierna, una vez, dos veces, gruñe mientras me muerde. Está afectando gravemente mi salud, mi vida, mi estética.

Sangre, mucha sangre, el pantalón desgarrado. Trato de que me suelte de alguna forma, pero tengo al perro colgado de mi pierna como bandera, de un lado a otro, no se suelta.

No me suelta, me muerde, más fuerte cada vez, tan fuerte que ya no siento su mordida. Me canso de tanta mordida, el perro también, me suelta, gruñe, me escapo como puedo. Me escapo del perro que no me persigue, no le interesa

Tropiezo, la cara contra el piso. Me levanto, cojeo. Tejido desgarrado, punzadas, sangre. No corro, aunque intento hacerlo. Sangre, punzadas. Sigue gruñendo. Ladra... "perro que ladra no muerde"

¡Mentira!

¡Mentira, mentira, mentira!

Doblo a la derecha, veo un letrero gigante, con luces por todas partes. El boliche...

¡El boliche! Estoy en la puerta, cervezas en botellas grandes con todo tipo de música y todo tipo de gente.

Entro al boliche. Mucha gente.

Sangre, tengo sangre. Mi pantalón está roto, con sangre, ¡SUTURACIÓN! No importa, igual todos están borrachos.

No me muevo, hay tanta gente que termino al otro lado del lugar. Me duele, la pierna me duele.

Llego a la barra, no hay dónde pueda sentarme. Mucha gente, pido "cerveza en botella grande" no me escuchan, grito: ¡CERVEZA EN BOTELLA GRANDE!

Me tocan el hombro.

Un chico de no más de uno sesenta, de mameluco negro, sudor en la frente y lentes oscuros.

Me mira a través de esos sus lentes, dice algo, no le entiendo, mucha gente, mucha música, mucha sangre, mucho sudor.

¡¡¡ CERVEZA !!! Grito. No le hago caso... Me vuelve a tocar el hombro.

Hecho al chistoso me dice: "señorita, tiene que salir"

La cerveza, pienso, "sí", le digo, me dan mi cerveza y me voy.

"No, no, ya saliendo, no puede estar aquí"...

¡UNA CERVEZA EN BOTELLA GRANDE!, le grito al de la barra.

El de negro me vuelve a decir: "no puede estar aquí"

¡¡¡PORQUÉ!!!

Cómo que no puedo estar aquí, ya estoy aquí. Me da la gana de estar aquí Con una pierna sangrando, pero estoy aquí.

Me jala del hombro, lejos de la multitud, cerca de una mesa sin gente.

Muy serio y enojado me grita QUE TENGO QUE IRME PORQUE NO ACEPTAN GENTE COMO YO.

Cómo que no, si aquí viene todo tipo de gente, le digo.

Mira a su alrededor. Yo también lo hago.

Cierto, no hay todo tipo de gente.

Se ríe y me ve chistoso.

Señala el pantalón y lo que queda de él ya está teñido de rojo oscuro.

"¿Qué va a pensar toda la gente aquí?, ¿que dejamos entrar a cualquiera?"

¡Otro hijo de puta! No aguanto más.

Pedazo de idiota, ¿sabes qué? ¡Ni el peor enemigo que tengo me habla así!

Agarro una botella grande de cerveza vacía de la mesa que está vacía, sin gente, y se la rompo en la cabeza de idiota que tiene.

Se estrella entre sus cabellos, sus lentes oscuros caen contra el piso, no se rompen, gritos, se mezclan entre los pedazos de botella que hay.

Él tampoco se cae. Dice cosas que no entiendo. Mientras escuchamos Across the Universe, de los Beatles, se pone sentimental y empieza a llorar.

Llora, se ahoga y dice que su vida es una mierda, que no quería que esto sea así, que no se veía así cuando era niño y se imaginaba de grande.

Cree que no le escucho, me grita en el oído, dice que no debería salir sola en la noche en esta ciudad que se ha vuelto tan peligrosa.

Por salir sola, dice, me ha pasado esto. "Por salir sola y de noche". Por algo hay pues una resolución de la Municipalidad, para evitar este tipo de problemas, vuelve a decirme.

No quiero escucharlo.

Se apoya en mi hombro y llora, llora y llora.

Me dice que su mujer lo dejó por otro, él la sigue llamando, la llama pero ella no le contesta nunca.

Tengo el hombro mojadísimo.

No es mala idea, pienso, aconsejarle un par de buenas formas de suicidarse, desde las más simples hasta las más dolorosas.

Así deja de sufrir. El sufrimiento no es lo mismo que el dolor, es una enfermedad.

Y hay enfermedades que no tienen cura. Mejor así. Soy un miserable, me dice.

Llora, llora, llora.

Y a mi me dan unas ganas de reír, pero me aguanto. Sigue llorando y me dice

"Soy un miserable y un desgraciado". Dejo salir una carcajada reprimida.

Pero igual que él pienso es que es un miserable y desgraciado al ver cómo se mezcla el sudor con sus lágrimas.

"Por eso trabajo en este boliche, para que me pase de todo, para que me rompan botellas en la cabeza, me escupan, por eso soy seguridad".

Un gran chorro de agua salada recorre su cara.

No aguanto más y me da un ataque de risa incontrolable.

Él sigue llorando y quejándose de la vida, yo también llego a llorar por reírme tanto de la desgracia ajena y no poder parar.

Eso me causa más gracia todavía.

Quiero decirle algo, pasarle algo, una servilleta, un papel, algo. Pero las carcajadas son más fuertes que el deseo de decirle lo que pienso.

¡LA VIDA....!

Empiezo y ahí termino porque no puedo seguir, la risa es incontrolable.

¡LA VIDA ES UNA MIERDA!, le grito entre risas.

¡ES UNA GRAN, GRAN MIERDA! No puedo parar de reír.

SABER QUE TODOS VAMOS A MORIR ES LO MEJOR QUE NOS PUEDE PASAR.

Estamos solos, todos estamos solos, no importa cómo pero todos terminamos ahí, sin ser solitarios, terminamos siendo sólo nosotros. Más solos que nunca.

 

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