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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu vol.15 no.1 La Paz mar. 2017

 

ARTÍCULOS

 

HERCULINE BARBIN Y LA PROBLEMÁTICA DEL VERDADERO SEXO[1].

 

 

Por: Juan Pablo Sánchez Domínguez[2]

Universidad Autónoma del Carmen, Ciudad del Carmen, Campeche, México.

 

 


RESUMEN

El propósito inicial de este artículo consiste en analizar las lógicas discursivas que dieron paso al tratamiento de la sexualidad bajo la tesis de una supuesta unicidad sexual. Posteriormente y en el marco de la teoría psicoanalítica se propone reflexionar  críticamente acerca de la racionalidad científica que sostiene la existencia de una heteronormalidad  procedente de un “verdadero sexo”. Por último y seguido de las memorias de “Herculine Barbin”, un hermafrodita del siglo XIX” se identifican los discursos dominantes de su época que estuvieron articulados al  abordaje de su identidad sexual.  Estos sistemas discursivos sintetizados en un proceso médico-legal “resolvieron el caso” mediante una rectificación de sexo, cambio de nombre y vestimenta, determinaciones que no logró sobrellevar, suicidándose ocho años más tarde.

Palabras claves: Psicoanálisis, Herculine Barbin, intersexualidad, identidad sexual.


ABSTRACT

The initial purpose of this article is to analyse the discursive logic that led to the treatment of sexuality according to a theory of unique gender. Later, in the context of psychoanalytical theory, it proposes a critical assessment of the scientific rationality that insists on the existence of a heteronormativity deriving from a “true sex”.

Finally, after the memoirs of “Herculine Barbin”, a 19th-century hermaphrodite, it identifies the dominant discourses of that era associated with approaches to your sex identity. These discursive systems, synthesised in a medical and legal proceeding, “resolved the case” by imposing a sexual rectification, change of name and clothing, which Herculine was unable to endure, committing suicide eight years later.

Keywords: Psychoanalysis, Herculine Barbin, Intersexuality, sex identity.


RESUMO

O objetivo inicial deste artigo é analisar a lógica discursiva que abriu caminho para o tratamento da sexualidade sob a tese de uma suposta exclusividade sexual. Mais tarde, no contexto da teoria psicanalítica que pretende refletir criticamente sobre a racionalidade científica que sustenta a existência de um heteronormalidad de um "sexo real." E, finalmente, seguido pelas memórias de "Herculine Barbin" hermafrodita século XIX "discursos dominantes de seu tempo que foram articuladas para enfrentar a sua identidade sexual são identificados. Estes sistemas discursivos sintetizadas em um processo de "caso resolvido" médico-legal através de uma rectificação do sexo, mudança e roupas nome, determinações não conseguiu lidar, suicidando-se oito anos depois.

Palavras-chave: Psicanálise, Herculine Barbin, Intersexualidade, identidade sexual.


 

 

Introducción

Los siglos pasan y los sistemas discursivos que cada sociedad articula en torno a la sexualidad son diversos y complejos. Los abordajes que de ella se hacen no son ajenos a  las racionalidades que en cada contexto se producen, siendo las llamadas identidades sexuales aquella que más entramados muestra en la medida que se buscan nuevos esclarecimientos.

En el caso de occidente descubrimos que hasta la época moderna había permanecido inalterable una idea de base, a saber, la existencia de un solo sexo, éste con dos manifestaciones diferentes, por un lado, el sexo en su plenitud, el varón, y la otra la de un sexo disminuido, la mujer (Laqueur, 1994). Este pensamiento  de antaño configuró para la época contemporánea los artefactos de poder que contextualizaron el sometiendo de las identidades sexuales a cierto ajuste natural y heteronormal, posibilitando con ello la manufacturación de algunas ideologías sobre el cuerpo que llevaron a la configuración de diversos postulados significativamente explícitos; a modo de ejemplo citemos el siguiente: “A cada uno su identidad sexual primera, profunda, determinada y determinante; los elementos del otro sexo que pueden aparecer tienen que ser accidentales, superficiales o, incluso simplemente ilusorios” (Foucault, 1985, p. 13).

La tésis identificada por Foucault asentada en el discurso médico perteneciente al siglo XIX parece aún cobrar factura hasta nuestros días, pese a los esfuerzos por desestimar su temible y pesada materialidad discursiva. Este criterio de normalidad exigible no deja más posibilidades, como sí no fuera posible llamar humano a todo aquel que franquee este modelo dualista y jerarquizador (Burgos, 2007). Al respecto de este criterio normalizador Foucault y otros autores han realizado severas críticas, sin embargo, ha servido de poco para frenar éstas formas de pensamiento, puesto que, sigue siendo el marco de referencia  mediante el cual se pretende legitimar el goce sexual en nuestra cultura.

Por otro lado, donde hemos identificado que las proposiciones de Foucault han tenido resultados considerables, es en lo concerniente a la producción literaria sobre reflexiones acerca de los límites de la racionalidad científica en el abordaje de las sexualidades (González, 2009; Sánchez, 2015), como él mismo lo señala, se vio empujado a realizar en 1976, la historia de la sexualidad: la voluntad de saber con el propósito de producir una genealogía sobre los mecanismos encaminados a controlar el placer en nuestra civilización (Benente, 2014). Su recorrido fue posible mediante un fuerte análisis sobre aquellos discursos dominantes que durante cada momento de la historia han influenciado los modos para escribir, promover y establecer una retórica institucionalizada sobre la sexualidad.  Es preciso señalar que estas elucidaciones ya habían encontrado auspicio desde su lección inaugural en el Collége de France en 1970, en ese momento su hipótesis estaba formulada de la siguiente manera:

Supongo que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad (Foucault, 2009, 14).

Como lo señala Foucault, esta producción discursiva a modo de conservar su poder genera al mismo tiempo una serie de mecanismos de control necesarios, los cuales con el paso del tiempo alcanzan cierta sofisticación más que desaparecer. En este contexto, y bajo la condición de entrever en estos artefactos de sujeción no solo sus efectos si no también su estructura de funcionamiento, nuestro autor propone lo siguiente: plantearse la cuestión de saber cuál ha sido y cuál es constantemente, a través de nuestros discursos, la voluntad de verdad que ha atravesado tantos siglos de nuestra historia, y cuyo soporte institucional tiende a ejercer una coacción sobre otros discursos. Tomando como ejemplo al derecho penal, él nos propondrá ciertas coordenadas:

…Pienso además en cómo un conjunto tan prescriptivo como el sistema penal ha buscado sus cimientos o su justificación, primero naturalmente, en una teoría del derecho, después a partir del siglo XIX en un saber sociológico, psicológico, médico, psiquiátrico (Foucault, 2009,23).

En el caso del derecho  como si la palabra misma de la ley no pudiera estar autorizada en nuestra sociedad, más que por un saber que viene de otro lado.

Dicho de otro modo, las prácticas sociales históricamente constituidas han buscado apoyo y distribución institucional en otros sistemas discursivos con la intención de legitimar su voluntad de verdad, parecieran verse bajo una condición sui géneris que obliga a defender su inconsistente veracidad generalizante.

Sintetizando, podemos referir que el común denominador que encierra este  movimiento legitimador de los discursos es, sin temor a equivocarnos, romper con todas aquellas discrepancias que pudieran ensombrecer la ideología que sostiene lo que se ha llamado: lo verdadero. Como lo referimos, “los cuerpos” y sus diferentes  lecturas también se encuentran en este contexto lógico legitimador, cuya tendencia ha fraguado a lo largo de los años un criterio de uniformidad sexual, introduciendo como base la heteronormalidad (Burgos, 2007).

De manera general, todos estos recorridos realizados por Foucault le condujeron a formular que la subjetividad  es  aquella cualidad humana que no puede ser sometida del todo a estos mecanismos de control (Fernández, 2006). En el transcurso de estas elucubraciones y en la medida que esta enunciación alcanzaba mayor consistencia teórica se vio orientado a precisar mediante algunos casos “infames” el efecto reductor de estos  aparatos de sujeción.

Estos casos que de algún modo llamaron su atención investigativa al mismo tiempo despertaron en él aspectos singulares de su propia existencia (Foucault, 2013). Dentro de la escrupulosidad de su trabajo y mediante encuentros contingentes producto de la revisión apasionada de los archivos históricos quedo subyugado por algunos personajes que en su vida situaban, a veces sin saberlo, los efectos de un dispositivo que, interiorizado invita a callar lo infame (Capurro, 2004).

En otras palabras, estos sujetos le facilitaron a Foucault la identificación de aquellos elementos destinados a establecer una racionalidad uniforme y rígida acerca de la compleja realidad humana. Dentro de los casos más notables y que fueron desarrollados con mayor amplitud podemos ejemplificar al menos dos:

El primero publicado en 1973, se trata de Pierre Riviére, un Parricida del siglo XIX quien después de haber asesinado a su madre, hermana y hermano, a solicitud del juez redacta a modo de memorias los motivos que lo llevaron a cometer el crimen.

El interés explicito de Foucault radica sustancialmente en “estudiar la historia entre la psiquiatría y la justicia penal” se trata de entrever en el caso en términos prácticos,  los efectos que trajo consigo el nacimiento de una nosología psiquiátrica al servicio de la penalidad (Sánchez, 2014). Pierre Riviére le permite situar las batallas interminables que alrededor de su caso se gestaron, incluso entre “científicos” pertenecientes a un mismo campo de conocimiento, que en teoría estarían situados sobre un mismo objeto de estudio. En este mismo sentido, Riviére da la posibilidad de situar en los aparatos legales de su época encaminados a gestionar la criminalidad, las fórmulas tendientes a desubjetivizar la palabra del sujeto, situando como marco de referencia un discurso sobre los cuerpos asentados en las inmemorables verdades de una doctrina positivista (Sánchez, 2015a).

El segundo caso, publicado cinco años después y con la experiencia que trae consigo el análisis de los discursos que a modo de camisa de fuerza ciñen el saber sobre los cuerpos en occidente, Foucault sacará a la luz el expediente de Herculine Barbin, un hermafrodita nacido en 1838, los archivos fueron encontrados en el departamento de higiene pública de Francia. El dossier  revela en su conjunto una serie de problemáticas  acerca del abordaje de un sujeto que rompe con las formulaciones ideológicas sobre el  verdadero sexo presentes en los discursos dominantes de su época.

Gran parte de los elementos expuestos por Foucault a principios de los años 70s alcanzan solidez teórica a través de las memorias redactadas por Herculine, en este escrito Barbin detalla cada una de las peripecias que tuvo que afrontar durante su corta vida como consecuencia de la malformación anatómica de su “aparato reproductor” (Capurro, 2004). El documento permite de igual manera identificar cada una de las lecturas que alrededor del caso se realizaron  en el contexto histórico de los discursos dominantes (Sánchez, 2015b).

Dicho lo anterior, nos proponemos de ahora en adelante analizar la racionalidad científica impuesta al caso de Herculine Barbin[3]. Adelantamos que nuestro hermafrodita decide suicidarse a la edad de 29 años después de un largo procedimiento legal que le “empujó” a una reasignación de sexo, cambio de nombre y vestimenta. Relatará en sus memorias haber tomado este destino por la imposibilidad de sobrellevar su vida con esta serie de cambios.

A modo de sostener nuestra labor crítica posteriormente, daremos inicio contextualizando desde la teoría psicoanalítica aquellos elementos que nos permitan  acotar la problemática de nuestro caso. Se trata por decirlo de algún modo, de enfatizar sobre las teorizaciones que llevaron a Freud a poner a prueba la supuesta “naturalidad sexual y su correlato anatómico”.

La desnaturalización psicoanalítica de las identidades sexuales durante el siglo XX.

Al momento de dar inicio el siglo XX los avances freudianos se afianzaban con mayor firmeza,  no  sin las controversias derivadas de sus tesis, cuyas formulaciones rompieron abruptamente con el pensamiento de su época. En el dinamismo teórico tendiente al establecimiento de un método para investigar los procesos anímicos Inconscientes logró postular que el carácter sexual se inicia en la infancia como parte de un proceso de subjetivación y que además éstos no se pueden reducir a los modos genitales (Bleichmar, 1999; Sánchez, 2016). Este planteamiento derivado de su clínica también se contraponía a la noción común y científica que de la infancia se tenía, no conforme con ello, Freud habría de ser más determinante alrededor de estas nociones, trayendo a la luz en 1905 Tres ensayos de teoría sexual, en síntesis podemos señalar al menos tres aspectos que se trazan dentro de éste escrito, primero, el hecho que desde muy temprana edad el infante procura dilucidar el misterio que encierra la diferencia entre los sexos; segundo, que es en la experiencia humana donde se constituye la identidad sexual de cada sujeto, y tercero, que será  hasta la pubertad donde se introducen los cambios necesarios para alcanzar una identidad sexual definitiva, conduciendo a la elección del  objeto[4] propio de cada hablante (Freud, 2005).

En su conjunto estos enunciados llevaron a Freud a señalamientos radicales alrededor de las identidades sexuales, refutando de una vez y para siempre lo planteado acerca de una “unicidad sexual”, contrariamente postulará una multiplicidad de pulsiones sexuales y de objetos posibles para su satisfacción (Capurro, 2004). Para Dör (2009) ésta lógica del pensamiento Freudiano no lo habría podido conducir a otro descernimiento que no trajera consigo la tesis que establece la parcialidad de las pulsiones como constituyentes de la sexualidad humana. Basado en estas conclusiones Freud logró sostener que la elección del objeto sexual es independiente de la condición anatómica y de los cambios sexuales secundarios y terciarios que se pudieran observar en el cuerpo. Dicho en otras palabras, Freud cuestiona la correspondencia entre la anatómica y su univoca correspondencia natural y por consiguiente, su predeterminado objeto sexual, se trata para decirlo con claridad, de un rechazo evidente a toda formulación posible que apunte a introducir como natural,  un verdadero sexo.

Como un modo de sintetizar aquello que hasta éste momento de su labor investigativa había podido concluir, él mismo citará lo siguiente: “…Probablemente la pulsión sexual es…independiente de su objeto y tampoco debe su génesis a los encantos de éste…” (Freud, 2005, 134)[5]. Estos primeros cierres serán el preludio de una teoría formalmente constituida años más tarde[6].

Hasta ahora tenemos que con todas sus teorizaciones polémicas para su tiempo, el psicoanalista Vianés vendría a cambiar el abordaje de la sexualidad arraigada históricamente en una racionalidad que anunciaba por adelantado para cada ser hablante una clara “identidad sexual natural”. Este discurso obligaba a cualquier abordaje posible de la sexualidad a una invariable relación entre la anatomía de los genitales y su supuesto resultado identitario.        

En este mismo camino pero bajo el planteamiento de una problemática nueva[7] Freud difundirá serias contradicciones al respecto, propondrá al menos tres sentidos distintos, de ésta aparente y determinada relación de naturalidad sexual; Le Gaufey (2011) identifica una nota al pie de página introducida en Tres ensayos…con estos acotamientos:

Es indispensable dejar en claro que los conceptos de “masculino” y  “femenino” que tan unívocos parecen a la opinión corriente, en la ciencia se encuentran entre los más confusos y deben componerse al menos en tres direcciones. Se los emplea en términos de actividad y pasividad o en el sentido biológico o en el sociológico.

El término actividad y pasividad lo refiere como el más esencial y aplicable dentro del campo del psicoanálisis; en lo que respecta al sentido biológico lo declarará como aquella concepción que admite la más concreta definición  como resultado metodológico de una observación directa sobre la anatomía y la fisiológica  del hombre y la mujer, cuya lógica se asienta en la idea de una meta sexual reproductiva, orquestada en las verdades inmemorables del positivismo, seguido de estas aseveraciones dará un revés más, que como siempre invita a rechazar lo evidente, argumentando que la observación de las caracterizaciones exteriores que sostienen el fundamento mismo de ésta diferenciación no siempre se encuentran soldados a una virilidad biológica; el tercer sentido planteado como sociológico, es la más variable de las nociones, se trata  de las observaciones realizadas en la realidad circundante en donde los “sujetos” se contextualizan, de tal manera que el ambiente y la cultura adquieren una especial dimensión para su categorización. Es aquí donde las luchas históricas de poder entre el hombre y la mujer se objetivan. Weeks, (2011), señala que esta noción sociológica ha operado históricamente como un criterio de “diferenciación sexual”, donde la relación anatómica y su representación social no terminan de romperse, esta formulación sobre la diferencia entre los sexos no admite de ninguna forma identidades discrepantes, solo es posible la correspondencia entre la conformación anatómica y aquello que se ha establecido como lo propio de ser hombre y ser mujer (Grassi, 2013).

Por último establecemos que este cambio de problemática introducida por Freud con respecto a la diferencia entre los sexos y que en ese momento de ruptura provoca una discontinuidad histórica con lo pensado dentro del campo biológico y social (Unzueta y Lora, 2003) traerá efectos, a cambio de pensar un cuerpo recortado libidinalmente que es empujado a diversas metas, las cuales se ligan para su satisfacción a diversos objetos (Capurro, 2004).

La diferencia entre los sexos

La  diferencia entre los sexos será la nueva dificultad que se le presente a  Freud después de haber despojado al devenir sexual de su inconsistente determinismo biológico. Serán sus reflexiones en torno al complejo de Edipo las bases para dar solución a este nuevo problema, planteando que es de la identificación que se desprende la identidad sexual de cada ser hablante. Lo paradójico de esta salida vía identificación es el hecho de que cuanto más uno se identifica, menos sabe quién es. En esta expresión vemos aparecer una brecha imposible de colmar que se sitúa entre la identificación y la identidad. Para decirlo de otra manera, son dos posiciones perfectamente diferenciables entre "quiero ser" y "soy" (Brodsky, 2011). Para que esto último ocurra es necesario que cada uno de los sexos se sitúe frente aquello que Lacan enseñó como la “no relación sexual”, esta fórmula confronta a cada sujeto con la diferencia irreductible de los sexos y al mismo tiempo frente a una responsabilidad de elección, asumiendo que el Otro tiene un goce distinto al goce de uno (Brodsky, 2011; Cucagna, 2014). Para Lacan, elegir el sexo de cada quien implica una asunción subjetiva, es decir, de nuestra posición como sujetos sexuados también somos responsables, aún cuando nos encontremos envueltos en “otros” discurso tendientes a borrar ésta diferencia (González, 2011; Sánchez, 2015b).

Foucault  y el verdadero sexo.

Una vez contextualizado lo desarrollado por Freud durante  el siglo XX sobre la sexualidad, daremos paso a nuestro caso, ambientado un siglo atrás, alrededor de otros discursos que Foucault analizó con importantes precisiones. Mediante sus profundas reflexiones logró identificar que la racionalidad científica sobre los cuerpos durante el siglo XIX estuvo dirigido al establecimiento de un biopoder con efectos disciplinarios y normalizadores sobre la sexualidad (Peidro, 2013).  Basados en estos descubrimientos Foucault interrogará el modo en que estos mecanismos se materializaron en aquellos cuerpos denominados para la época como “anómalos”. Su investigación le permitió reconocer la formula operativa que se encontraba en el núcleo mismo del tratamiento de estos cuerpos, la cual consistía básicamente en el postulado observacional de: distinguir para conocer (Capurro, 2004). Este procedimiento con el paso del tiempo  trajo como resultado el nacimiento de una técnica médica dirigida a la observación detallada de los minúsculos tejidos internos, enfatizando con ello la verdad que se asoma sólo y mediante la “mirada”, se trataba de interrogar aquellos cuerpos que confrontaban con su “discordante anatomía” el verdadero sexo. En todo caso, el saber médico procuró  demostrar que mediante un examen exhaustivo se puede ver la fisiología que da lugar al otorgamiento del  sexo verdadero (Foucault, 1985).

Un hermafrodita del siglo XIX.

Como es de suponerse, los cuerpos nacidos con una anatomía diferente durante el siglo XIX serán los que tendrán que afrontar la batalla ocasionada por una racionalidad tendiente a establecer una heteronormalidad sexual. Bajo esta lógica será el discurso médico quien históricamente asuma preponderantemente la potestad de “remediar los vicios de esos cuerpos”, sin embargo cobijado por esta ciencia biológica vemos aparecer otras disciplinas que unidas se confinan aún mismo propósito. En este sentido, Michel Foucault decide en 1978 exhumar el caso de Herculine Barbin, su interés es remover una discusión que durante largos años permanecía opaca, a saber, los efectos subjetivos derivados de la implementación de aquellos discursos  arraigados en la ideología de un verdadero sexo. 

Herculine Barbin llama su atención por el hecho de situarse históricamente en el proceso de la construcción “científica” de un saber sobre los “cuerpos anómalos”. Su conformación anatómica diferente le deparó una serie de situaciones médico-legales que derivaron en su reasignación sexual. Posteriormente a este cambio decide redactar sus memorias, mediante  las cuales –sin saberlo- expone a detalle algunas consecuencias subjetivas en el  abordaje de las identidades sexuales por parte de los discursos de su época encaminados al ejercicio de un nuevo mecanismo de control sobre los placeres del cuerpo.

Al no poder sobre llevar los efectos de su “reasignación sexual” decide suicidarse 8 años más tarde. Después de su muerte el caso inquietará de nuevo a Foucault,  los médicos post mortem le realizaran a Herculine Barbin un examen minucioso de los tejidos, con la finalidad de revelar el sexo oculto y verdadero que escondía detrás de su anatomía, como si se tratara de disipar cualquier duda posible que la decisión tomada mediante el proceso  judicial pudiera haber dejado, a modo los encargados del caso señalaran:

La autopsia que se pudo llevar a cabo ha permitido rectificar el primer juicio emitido sobre su sexo durante la mayor parte de su vida, confirmando la exactitud del diagnostico que en última instancia le colocó en su verdadero lugar dentro de la sociedad (Foucault, 1985, 141).

Con lo anterior se puede notar el esfuerzo desmedido por hacer coincidir el dictamen judicial. Se busca colocar en el órgano una verdad insoslayable que estaba por demás anticipada, es decir, que el hermafroditismo no es más que el velo de un verdadero sexo y que la ciencia médica estaba destinada a desenmascarar.

En síntesis, Herculine Barbin trastoca los discursos de su época, los mismos que se ven precisados a responder mediante una serie de mecanismos de biopoder a fin de reforzar las razones fundamentales que sostienen sus mecanismos de regulación (Butler, 2004). Abrir el cadáver resulta necesario para despejar cualquier duda que confronte la correspondencia entre la anatomía y su incuestionable identidad sexual. En esta misma lógica se situó la justicia penal, materializando sobre los “hermafroditas” el gobierno jurídico de los cuerpos. Los efectos irreversibles de este propósito generaron en nuestro caso estragos indeterminados, es decir, que en este proceso no sólo quedaron delimitados sus placeres sexuales sino que además, se trastocaron sus  posiciones políticas, económicas y religiosas. Se ejerció sobre Herculine Barbin un poder polivalente y devastador, sin que ningún sistema discursivo pudiera ante sus efectos responder, dejando un cuerpo sin lugar en este mundo, sin historia, sin futuro.

Herculine Barbin, también llamada Alexina B.

Como ya lo señalamos con anterioridad, en un pequeño pueblo francés el día  8 de noviembre de 1838, nace una supuesta niña que recibe el nombre de Herculine Barbin. Su padre llamado Jean Barbin y su madre Adelaïde Destouches,  ambos dos jóvenes de la localidad, el primero muere a los 29 años cuando Herculine tenía 7 años, entre ésta edad y hasta los 15,  vivirá en un hospicio y un pensionado perteneciente a las Ursulinas, durante este tiempo será becada para asistir a clases. De los 15 años y hasta los 18 concluirá el primer modulo de sus estudios para posteriormente irse a vivir junto a su madre quien trabaja al servicio de la familia La Rochele. Los dos años siguientes Herculine estudiara magisterio en la escuela normal de Oléron, ya a la edad de 21 años ejercerá como maestra en un pensionado donde vivirá una experiencia amorosa con Sara,  hija de la dueña de dicha institución. En el transcurso de ese mismo año será sometid@ a la reasignación de sexo y rectificación de su estado civil. De allí en adelante pasará a llamarse Abel, tres años más tarde y a propósito de los periplos que le depararon estos cambios decide redactar sus memorias, finalmente en febrero de 1868 cuando cuenta con 29 años decide suicidarse, dejando a lado de su cuerpo el manuscrito que hablaría de sus singulares vivencias.

Sintéticamente sus memorias expresan con bastante claridad, congruencia y precisión los avatares de su condición Hermafrodita en un contexto discursivo muy particular, redacta sus experiencias infantiles, los cambios corporales acaecidos a lo largo de su adolescencia, sus vivencias amorosas más significativas y por último los conflictos subjetivos que experimentó durante y posterior al proceso de reasignación de sexo.

Una de las situaciones que se pueden apreciar con facilidad al leer sus memorias es la indeterminación a ceñirse a una categoría de género exigida científica y socialmente  llámese “femenino o masculino”, su escritura encierra esa posición ambivalente, algunas veces se refiere a sí mismo como él y en otras tantas como ella, como si su lugar estuviera en otra parte.

Otro elemento factible de situar dentro de su escritura, es la posición acrítica con la que se conduce aún frente a los discursos que lo llevaron al proceso legal de reasignación sexual. Herculine Barbin denotará que cada personaje implicado en su caso se encontraba en una posición “involuntaria”, como si no pudiera ver el interés que cada discurso juega detrás de su situación sexual.

Una constante vivencia de exclusión también será la constante presente en su escrito, el mundo, su cuerpo, su amor, su vida, no tienen lugar.

Las experiencias de su vida más relevantes estarán constantemente mediadas por sus convicciones y creencias religiosas, situando sus vivencias en los linderos del sacrificio y la abnegación.

Descubriremos en su peculiar escritura el modo en que sus creencias religiosas lo empujan por caminos insospechados. Adelantamos la problemática del caso al señalar  que ante los conflictos que le deparó la imposibilidad de asumir la verdad subjetiva de su sexualidad, Herculine “buscarᔠrespuesta en los discursos dominantes de su época, situados  en: Su amada Sara, su religión, la medicina y la justicia penal.

Estos cuatro sistemas discursivos reservorios de tales cuestionamientos reflejaran también los serios conflictos que les depara la verdad insostenible sobre el verdadero sexo, sin embargo cada cual desde su lugar tejerá un complejo aparato de poder afín de conservar los mecanismos destinados a la materialización, sistematización y ejecución  de los mecanismos de control sobre los cuerpos.

Fragmentos de sus memorias.

De aquí en adelante describiremos lo que para Herculine Barbin representó los momentos más importantes de su vida.

Como era costumbre para su tiempo, sus padres fueron los encargados durante el bautismo de asignarle el nombre de Herculine. Proveniente de una familia modesta pasará los primeros años de su infancia en un hospicio a cargo de la iglesia católica. Durante su estancia en este instituto Herculine revela haber experimentado gratos momentos tiernos al momento que alguna de las religiosas le brindaba las caricias más afectuosas. Será la madre  Eleonora la que le inspire a muy temprana edad a prodigar ciertas palabras de cariño:

Nunca había visto grandeza tan majestuosa, ni una belleza tan expresiva tras el hábito religioso, su fisionomía más simpática, verla era amarla…la suavidad de la sonrisa de ángel  me hacía sentir muy dichosa… con sólo una mirada me hacía acudir radiante a su encuentro de inmediato para recibir un beso, el cual devolvía sin dudar con un abrazo dotado de encanto que no se puede comparar con nada  (Foucault, 1985,25).

Estas experiencias así descritas, no reflejan en ningún momento el conflicto de identidad que más tarde sobre vendrá, se trata tal y como lo señala  de una niña amada y al mismo tiempo enamorada. 

Tiempo después a estas vivencias tiernas , probablemente con la llegada de la pubertad su escritura se tornará fluida y extensa; gran parte estará dedicada a describir sus encuentros  apasionados con Lea,  la hija de un consejero de la Corte Real, de igual modo relatará las primeras manifestaciones corporales que harán que el encuentro con su cuerpo resulte por un lado, inquietante y confuso y por el otro satisfactorio, al brindarle un acercamiento con Lea debido a los requerimientos propios de sus malestares físicos, este amor será resumido de la siguiente manera:

Le rodeaba  de un culto ideal y apasionado a la vez. Era su esclava, su perro fiel y agradecido. Le amaba con el ardor que sabía poner en todas las cosas. Lloraba casi de alegría cuando veía dirigir hacia mí esas largas pestañas de dibujo perfecto, cuya expresión era dulce como una caricia… “Lea le decía yo entonces, te quiero! Regularmente atravesaba con sigilo la escalera  del dormitorio para llegar con ella y besarle repetidas veces (Foucault, 1985,28).

Con la llegada de la primera comunión vendrá también la separación obligada de Lea, al respecto aparecerán diversos conflictos subjetivos, señalando: “durante el último día un malestar extraño se apoderó de mí” se trataba de los efectos propios de la despedida que había llegado “Así se hizo añicos el primer afecto de mi vida” (Foucault, 1985), exclamará dos años más tarde de su partida, al tomar noticia de la muerte de su amada a causa de una tisis.

Los cambios físicos prosiguieron hasta agravarse al tener 17 años, la ausencia de menstruación y la aparición de caracteres sexuales secundarios  masculinos no dejaban de producir confusiones y dolores, de tal modo que el médico no podía dar explicación alguna ni menos  tratar. Las observaciones  eran lo suficientemente superficiales que condujo a la ciencia médica a confiar en una mejora con el paso del tiempo. Ante estas aseveraciones Herculine Barbin identificará sin saberlo las dificultades propias del saber científico, juzgando de “ineficaces remedios”.

Una vez pasada su adolescencia las experiencias hacia un despertar sexual no se hicieron esperar, sin embargo, como notamos con anterioridad los cambios acaecidos en su cuerpo no eran los mismos presentes en sus compañeras internas de la Escuela Normal Superior, lo cual le deparó  cambios subjetivos notorios (Capurro, 2004), dolor y la vergüenza se apoderaba de mi como prohibiéndome la entrada a ese santuario de virginidad…ninguna palabra humana podría expresar lo que sentía (Foucault, 1985).

A esa edad que se desarrollan todos los encantos de la mujer, un ligero vello que se acrecentaba todos los días cubría mi labio superior y una parte de mis mejillas…evitaba cuidadosamente desnudar mis brazos…en cuanto a mi cintura era de una estreches ridícula (Foucault, 1985, 42).

Las discordancias en su cuerpo eran también las discrepancias en su despertar sexual, por un lado, amada por sus compañeras y por el otro sus respuestas temerosas y llenas de culpas. Su imaginación agitada a raíz de las sensaciones producto de sus encuentros sexuales  no deja de estar acompañado de reproches como si se tratara de un crimen.

Por otro lado, las dificultades presentes al momento de encontrarse con su cuerpo erótico hasta entonces casi desconocido, le confrontaran al mismo tiempo con una identidad sexual que no le pertenece y una subjetividad que no cesa de pronunciarse mediante malestares corporales. En este sentido nuestro caso puede ser colocado en los terrenos de lo paradigmático, Herculine es ese sujeto cuya identidad sexual no puede ser clasificada bajo la luz de un verdadero sexo y ni mucho menos bajo una correspondencia anatómica.

Ya con 20 años y una vez conseguido su  diploma en la Escuela Normal empezó a trabajar como institutriz-ayudante, ahí se encontró a Sara quien más tarde se convertirá  en el gran amor de su vida. El amor que le profese será  inconmensurable y las consecuencias de este amor serán para Herculine transcendentales. Sus encuentros serán descritos de la siguiente manera:

Poco a poco me habitué a desnudarla, si se quitaba un solo broche sin mí, me ponía celosa…después de extenderle sobre la cama me arrojaba sobre ella, rosando mi frente sobre la suya, sus ojos se cerraban pronto bajo mis besos, yo la miraba amorosamente, no pudiendo decidirme a marcharme de allí…lo que sentía por Sara no era amistad, era verdadera pasión…hacia todo lo posible por desabotonar su ropa llevando mis labios inmediatamente a su cuello para posteriormente seguir sobre su pecho desnudo (Foucault, 1985,63-64).

Relata que después de estos encuentros apasionados aparecían sentimientos ambivalentes, por un lado  el amor indescriptible hacia su amada Sara  y por el otro una gran molestia al saber que ese cariño no le bastaba para hacer frente a la pasión que desbordaba esa relación “le grite desde el fondo de mi alma te amo como nunca he amado…Envidio la suerte de quien será tu marido”.

Estas confesiones realizadas por Herculine y que no duda en hacer estuvieron acompañadas de un apretón de manos por parte de Sara precipitando con ello al silencio inmediato, al tiempo que le otorgaba a esta declaración la dimensión de un secreto entre ambas, curiosamente esta confidencia tendiente a quedar “callada” se contrapone a los sufrimientos físicos advenidos de inmediato, como un efecto subjetivo que intenta por demás salir a la luz. Posteriormente a esto la cuestión se desplazara al examen de la naturaleza de sus síntomas corporales (Capurro, 2004).

De  realidad sexual y sus laberintos.

Procuraremos situar de aquí en adelante los cuatro discursos que dieron seguimiento al caso de Herculine Barbin, procuraremos establecer los puntos nodales de la racionalidad implementada en el contexto de un “verdadero sexo” materializadas en nuestro caso.

En el primer discurso situemos “la confesión” a Sara. Herculine durante sus primeros 19 años de vida a nadie le había realizado tales declaraciones, su precipitación inesperada de expresarle con palabras su amor desbordará un “juego de verdad” que con el tiempo se convertirán en su propio laberinto.

Este paso de lo privado a lo público de la realidad sexual que l@ habita no tendrá eco, es un  movimiento que no permite desanudar la cuestión, no posibilita otra salida a ésta verdad desbordante, contrariamente es empujada a las sombras del secreto.

No podemos olvidar que Sara es al mismo tiempo efecto de un discurso que a su vez no admite diferencias, proveniente de una familia conservadora, se casará años más tarde  a decisión de su madre, a condición de mantener fuera de sospecha su relación con Barbin, conservando con esto la reputación de la empresa familiar[8] que dependía básicamente de muchachas jóvenes.

Un año más tarde de la confesión realizada a su amada y sin poder continuar con el secreto decide lo siguiente: “poner fín con un ‘sexo’ que no era el suyo”, bajo promesa de convertir a Sara en su esposa. Por tal motivo, si durante un tiempo había sostenido las apariencias, no podía ocultarlas a quien ocupaba aquí en la tierra el lugar de Dios (Foucault, 1985), entonces habría de solicitar a su guía espiritual las respuestas necesarias para resolver lo que nadie más podría, es decir, “su identidad sexual”.

El segundo discurso será el religioso. Al momento de confesarse  Herculine Barbin ha de recibir no sin notable sarcasmo violentas injurias y desprecios, “…No le inspire piedad, sino horror, un horror vengativo…” (Foucault, 1985, 70), ésta respuesta aparece aquí como la síntesis del clero de la época, asentada sobre la máxima "Dios los hizo hombre y mujer" y cuya expresión colocaba a una escucha sacerdotal  por anticipado en una posición ideológica sobre la sexualidad.

Posteriormente y sin desanimarse por la primera experiencia decide confesar por segunda vez su íntimo secreto a un  sacerdote desconocido. Su revelación solo causó asombro y  estupefacción ahí donde había colocado su porvenir, señala: “había colocado mi destino en sus manos”, se trata como podemos notar, de exigirle al otro justamente lo que nadie más puede responder y con ello solo alcanza aplazar una realidad sexual que no está dispuest@ a  asumir.

La respuesta ante tal confesión no se hizo esperar, sin embargo resultará para Barbin “insospechada”

No os diré lo que sabéis también como  yo, es decir que podéis desde ahora adoptar en el mundo el titulo de hombre que os pertenece, seguramente podéis hacerlo, pero ¿cómo lo obtendréis? Tal vez a costa de grandes escándalos. No podéis sin embargo mantener nuestra situación actual, tan llena de peligros…Retiraos del mundo y entrad en religión; pero guardaos muy bien de repetir la confesión que me habéis hecho: un convento femenino nos os admitiría. Esta es la única solución que os propongo y, creedme, aceptadla (Foucault, 1985, 77).

Este consejo trae consigo la más temible y pesada materialidad del discurso religioso del siglo XIX, que como señala  Foucault, invita a “callar” aquello que de la subjetividad cesa de no inscribirse y que  paradójicamente vuelve a colocar a Herculine Barbin en el mismo “corto circuito” del cual quiere salir por medio de su confesión. De igual modo, la respuesta otorgada por su confesor pondrá de manifiesto el lugar que asume el discurso religioso frente a esta verdad próxima sobre las identidades sexuales y contra la cual no hay que escatimar fuerzas para conservarlas en la sombra del secreto a precio de evitarle al clero la realidad  insostenible de “un sexo verdadero”.

Posteriormente, y ante las exigencias de su madre por una explicación apropiada a sus comportamientos decidió buscar respuesta en el Obispo,  hombre que consideró era el más indicado para darle una respuesta a su “catástrofe” de vida, su confesión a decir de Herculine tomó el lugar de consuelo al tiempo que recibía la indulgencia, sin embargo no pretendía únicamente liberarse de su proceder  pecaminoso la búsqueda de una respuesta  se perfilaba aún pendiente, las palabras del Prelado fueron las siguientes:

Mi pobre criatura…no sé todavía cómo va acabar todo esto ¿Me autorizáis a utilizar vuestros secretos? Porque, aunque sepa bien a qué atenerme respecto a vos, no puedo convertirme en juez de semejante materia. Hoy mismo veré al médico. Me pondré de acuerdo con él sobre la conducta a seguir…. (Foucault, 1985).

Lo que aparece con cierta claridad para el Obispo, a decir, la posición sexual que Barbin  se resistía a asumir, se desvanece ante la determinación de hacer pasar a manos de la ciencia médica la explicación que él no podía dar.

Mientras permanece pendiente la responsabilidad subjetiva de su sexualidad los efectos corporales cada día se hacían más fuertes, la solicitud de Sara de que visitará a un médico resultó inevitable.

Ubiquemos el tercer discurso como el de la ciencia médica, asentada sobre la tésis: a cada sujeto una identidad sexual determinada por su correspondiente anatomía, Herculine procura mantener el desencuentro con su realidad sexual, encontrándose con estas primeras impresiones:

De pie junto a mi cama, el médico me observa con una atención cargada de interés. Se le escapaban sordas exclamaciones del tipo: ¡Dios mío será posible!..  Paseaba sus manos indecisas y temblorosas, hasta llegar al abdomen, sede de mi mal…era fácil percibir que sobrepasaba todas sus previsiones (Foucault, 1985,82).

En este punto vemos, lo que para la ciencia médica será el límite  de su saber sobre la subjetividad de los cuerpos. Sin embargo, el encuentro con éste cuerpo extraño que interroga la heteronormalidad sexual tendría que ser considerada una equivocación. En este sentido se irán direccionando  cada uno de los esfuerzos que permitirán el establecimiento de los mecanismos necesarios tendientes a desaparecer cualquier contradicción sobre un sexo verdadero. El postulado que traiga consigo esta racionalidad será de lo más radical “los elementos del otro sexo que puedan aparecer tendrán que ser accidentales e incluso,  ilusorios (Foucault, 1985, p.13).

Una vez realizadas las observaciones en Barbin, el médico no tardo en calificar de “grave” la situación, con ello estaría sumamente justificado “saberlo todo” y ocupar el lugar de confesor de aquello que, contrariamente se había hasta ese momento empujado a callar. Los minuciosos detalles del examen llevaron a conclusiones a nuestro pensar ya “anunciadas” sólo que ahora la ciencia médica sería la encargada de  legitimar, se trataba de la “aparente” respuesta que Herculine había decidido franquear, sin tener la claridad de los efectos que sobrevendrían con ello.

En mí no debéis ver solamente a un médico, sino también a un confesor... Tengo que responder de usted con total seguridad, primero ante Monseñor, y sin duda también ante la ley, que se remitirá a mi testimonio…Su madrina estuvo afortunada de llamaros Camille. Dadme la mano mademoiselle[9], espero que dentro de poco os llamaremos de otra manera (Foucault, 1985, 91)

La problemática del diagnostico médico es develada al tiempo de pretender pasar por la anatomía aquello que pertenece al orden de la realidad subjetiva. Para la medicina se trataba de “reparar un error cometido en circunstancias que no eran las ordinarias” una identidad sexual discordante de su respectiva  anatomía vendría a ser el resultado final, “Para ello se debía proceder a la rectificación del sexo, estado civil y vestimenta”

Finalmente, todo había sido previsto para que el cuarto discurso  hiciera lo suyo, la ciencia jurídica  preparó para el tratamiento del caso un voluminoso informe,

…obra maestra del estilo médico, destinado a promover ante los tribunales una demanda de rectificación… provisto de este documento partí…contando además de recomendaciones particulares para el presidente y el procurador imperial… (Foucault, 1985).

El primero, después de haberse puesto al corriente de los hechos y de realizarle algunas preguntas informó que solamente era necesario entregar los documentos requeridos para  realizar el proceso de la reasignación sexual, de tal manera que no se habría de consultar a Herculine para ello, “se hará sin vos” fueron estas las palabras el único eco que resonó ante la complejidad del caso.

Esta lógica que vemos asomarse la planteamos como el núcleo mismo de la problemática jurídica frente al caso, refleja el límite de un saber que se pone en marcha  sin sujeto y en el cual la subjetividad es una categoría ausente (Legendre, 1994).

 

Conclusiones

Lo que parece ser un caso tan lejano para nuestro tiempo cobra la suficiente actualidad en el conjunto de testimonios que podemos reunir ahí donde la formación anatómica cuestiona la  supuesta bio-normatividad sexual. 

Se trata en nuestro caso, de un hermafrodita que es hablado por una serie de discursos, los cuales le posibilitan una creciente dificultad para asumir subjetivamente su realidad sexual.

En este mismo sentido su vida –sin saberlo- cuestiona toda una época en la cual el tratamiento de las identidades sexuales estaba organizada bajo la tesis de “un verdadero sexo” y su univoca anatomía.

Señalamos que con la llegada del siglo XX Freud con su teoría sexual estableció un cambio de problemática, conduciendo entre tantas cosas a la desnaturalización de las identidades sexuales.

Por último puntualizamos sobre la operación de cuatro discursos sobre un mismo sujeto, que a propósito de mantener un biopoder implementan una serie de mecanismos tendientes a callar lo “infame” y a conservar su temible y pesada materialidad -Foucault-.

 

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RECIBIDO 22/11/2016

REVISADO 14/12/2016

NO EXISTEN CONFLICTOS DE INTERÉS


NOTAS

[1] Artículo resultado del proyecto de investigación: La racionalidad científica y sus efectos en los procesos de subjetivación de las identidades sexuales. El caso de Herculine Barbin. Registro COFINPO:DACSA/2015-08

[2] jsanchez@pampano.unacar.mx

[3] Las referencias que de aquí en adelante se realizan sobre las memorias de Herculine Barbin fueron tomadas de la versión en español publicada en 1985, en Madrid por la editorial Revolución. La primera versión fue publicada en Francia en 1978 por ediciones Gallimard. En 1980 se realizó una edición en idioma inglés para UE por la editorial panteón books.

[4] Persona de la que parte la atracción

[5] En conclusiones del apartado “A” en Tres ensayos de teoría sexual escrito en 1905.

[6] Para Maud Mannoni (2002), señala que estas elaboraciones freudianas  referidas a las “diferencias entre los sexos”, estuvieron atravesadas por la misma lógica surgidas alrededor de la concepción del Inconsciente.

[7] Para una explicación más detallada de esta “revolución teórica” freudiana Ver, Unzueta y Lora (2003).

[8] Se hace referencia a un pensionado

[9] Señorita.

 

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