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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.12 n.2 La Paz ago. 2014

 

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Violencia en la pareja, apoyo social y bienestar psicológico en adultos jóvenes

 

Partner violence, social support and psychological well-being in young adults

 

Violência por parceiro, apoio social e bem-estar psicológico em adultos jovens

 

 

Felipe E. García 1, Anna Wlodarczyk2, Alejandro Reyes Reyes3, Carla San Cristóbal Morales4, Claudio Solar Osadey5

 

 


RESUMEN

El propósito de este estudio fue evaluar la influencia de distintos tipos de violencia en la pareja y el apoyo social sobre el bienestar psicológico en adultos jóvenes. Además, se analizó la naturaleza mediadora o moderadora del apoyo social entre la violencia recibida en la pareja y el bienestar psicológico. Con este fin, se encuestó a 148 estudiantes universitarios de la provincia de Concepción, Chile (66.3% mujeres), en edades comprendidas entre los 18 y 37 años. Se les aplicó la Encuesta CUVINO–R para medir la violencia en la pareja, la Escala MOS para el Apoyo Social Percibido y la Escala de Bienestar Psicológico de Ryff. Los datos revelan que la humillación y la violencia de género son predictores negativos del bienestar; en cambio, el apoyo afectivo y la violencia por desapego son predictores positivos. Por otro lado, el apoyo afectivo modera la relación entre humillación y bienestar psicológico.

Palabras claves: violencia íntima, adultez temprana, resiliencia, violencia en el noviazgo, violencia doméstica.


ABSTRACT

The aim of this study was to evaluate the influence of different types of partner violence and social support on psychological well-being in young adults. In addition, the mediating or moderating nature of social support between partner violence and psychological well-being is analyzed. To this end, 148 college students in the province of Concepción, Chile (66.3% women), aged between 18 and 37 years were surveyed. They applied the Survey CUVINO-R to measure partner violence, the Scale MOS for Perceived Social Support and Psychological Well-being Scale of Ryff. The data reveal that the humiliation and violence are negative predictors of well-being; however, the emotional support and violence detachment are positive predictors. Furthermore, emotional support moderates the relationship between humiliation and psychological well-being.

Keywords: couples violence, domestic violence, early adulthood, intimate violence, resilience.


RESUMO

O objetivo deste estudo foi avaliar a influência de diferentes tipos de violência por parceiro íntimo e de apoio social no bem-estar psicológico em adultos jovens. Além disso, o mediador ou moderador natureza do apoio social recebido entre a violência na família e também psicológico analisado. Para isso, 148 estudantes universitários na província de Concepción, Chile (66,3% mulheres), com idade entre 18 e 37 anos foram entrevistadas. Eles aplicaram o Inquérito CUVINO-R para medir a violência entre parceiros, a Escala MOS para Escala de Percepção de Suporte Social e Ryff Bem-Estar Psicológico. Os dados revelam que a humilhação ea violência são preditores negativos de bem-estar; no entanto, o apoio emocional e desprendimento violência são preditores positivos. Além disso, os moderados de apoio emocional a relação entre humilhação e bem-estar psicológico.

Palavras-chave: violência íntima, início da idade adulta, resiliência, violência no namoro, violência doméstica.


 

 

INTRODUCCIÓN

La violencia en la pareja constituye un problema social de relevancia debido a la magnitud del fenómeno, y por las consecuencias, tanto físicas como psicológicas que acarrea (Poo y Vizcarra, 2008). Esta violencia comienza habitualmente desde el principio de la relación, bien desde el noviazgo o en las primeras etapas de la vida en común, para luego ir aumentando, tanto en frecuencia como en intensidad con el paso del tiempo (Blázquez, Moreno, & García, 2010). La violencia en la juventud se constituye, por lo tanto, en un fuerte predictor de la violencia en la adultez (Capaldi y Gorman-Smith, 2003; Smith, White y Holland, 2003), lo que fundamenta la necesidad de intervenir tempranamente sobre este problema social.

En un estudio realizado a nivel latinoamericano se encontró que los índices más altos de violencia juvenil de pareja se registran en Perú con un 40.8%, Colombia con un 39%, Chile con un 24.6%, Bolivia con un 24.2%, Haití con un 20% y Republica Dominicana con un 17.2% (UNICEF, 2006). En Chile, la séptima encuesta nacional de la juventud realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (2012), aplicada a una población de 7.570 jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, muestra que un 6.4% de los encuestados considera que en las relaciones de pareja el hombre tiene el derecho a ejercer el control de la mujer, lo que aporta un sustento cultural a la dinámica de violencia. En este mismo estudio un 13.5% de hombres y mujeres, reconoce haber recibido un golpe o empujón por parte de su pareja, fenómeno que ­opera independiente del estrato socioeconómico al cual pertenecen.

En otro estudio realizado con estudiantes universitarios (Póo y Vizcarra, 2008), los jóvenes hacen una distinción entre conductas de juego y violencia de acuerdo a la intencionalidad, perciben la violencia psicológica como la forma de agresión más prevalente, reconocen bidireccionalidad y diferencias de género en las manifestaciones de la violencia, y atribuyen el origen y mantención de la violencia a factores individuales más que culturales y sociales.

En el informe mundial sobre la violencia y la salud (UNICEF, 2006) se realiza una clasificación de la que se desprenden tres tipos principales de violencia en la pareja: abuso físico, sexual y psicológico. A esta clasificación general se le suma otra tipificación de violencia de pareja más específica (Rodríguez et al., 2010) que clasifica la violencia en: violencia por desapego (actitud de indiferencia y descortesía hacia la pareja y sus sentimientos), violencia por coerción (amenazar con suicidarse ante término de la relación, manipulación a través de mentiras, poner trampas para comprobar si le engaña y hablar sobre relaciones imaginarias), violencia por humillación (críticas personales dirigidas contra la autoestima y orgullo personal de la pareja, dejadez y denegación de apoyo y conductas tendentes a rebajar la estimación de una persona), violencia de género (conductas de burla y sentimientos sexistas de superioridad), violencia física (golpes, empujones, heridas o, de forma indirecta, a través del daño a objetos con significación emocional para la víctima), violencia instrumental (utilización de medios indirectos con el objetivo de infligir daños o sufrimiento a la víctima) y violencia por castigo emocional (demostraciones de enfado ficticias por parte del agresor, que resultan poco adaptativas y no convenientes en una relación de pareja).

Los estudios muestran que entre las consecuencias de la violencia de pareja en la juventud está una disminución de bienestar psicológico, la satisfacción con la vida y la calidad de vida (Callaham, Tolman y Saunders, 2003; Coker et al., 2000). Por otro lado, la severidad de daño físico producto de la violencia recibida está relacionada con un menor bienestar psicológico (O'Leary, 1999).

El concepto de bienestar psicológico surge del interés por conocer el nivel de satisfacción con la vida y se refiere al desarrollo del potencial humano y al funcionamiento psicológico pleno (Deci y Ryan, 2008). Ryff (1989) definió seis dimensiones para evaluar el continuo positivo-negativo del bienestar psicológico, las que incluyen la evaluación positiva de uno mismo y de la propia vida pasada (auto aceptación); un sentido de crecimiento continuo y desarrollo como persona (crecimiento personal); la creencia de que la propia vida tiene un propósito y un significado (propósito en la vida); el desarrollo y el mantenimiento de relaciones de calidad y de confianza con otros (relaciones positivas con otros); la capacidad de dirigir efectivamente la propia vida y el ambiente para satisfacer necesidades y deseos (dominio ambiental), y un sentido de autodeterminación personal (autonomía). Cada una de estas dimensiones indica los desafíos que enfrentan los individuos en sus intentos por funcionar plenamente y desarrollar sus potencialidades (Keyes, 2006).

El efecto de la violencia de pareja sobre el bienestar psicológico parece estar influido por el apoyo social percibido por la persona. El apoyo social percibido se refiere a la valoración que una persona hace sobre su red social y los recursos que fluyen desde ella, lo que implica destacar el grado de satisfacción que obtiene del apoyo disponible (Méndez y Barra, 2008). El apoyo social es un componente fundamental para el desarrollo del bienestar individual y familiar. Las personas que se encuentran en mejores condiciones psicológicas y físicas son aquellas que mantienen un mayor número de interacciones o se hallan integrados socialmente (Gracia y Herrero, 2006). También se ha podido establecer que la existencia de relaciones humanas positivas permiten alcanzar estados de relativo bienestar y superar acontecimientos estresantes durante las distintas etapas de la vida (Galván et al., 2006). En línea con lo anterior, se ha encontrado una relación inversa entre el apoyo social percibido y el malestar psicológico experimentado, a pesar de la existencia de factores estresores en el medio ambiente (Aduna, 1998). Esta relación entre apoyo social y bienestar se ha encontrado también en jóvenes que han experimentado una ruptura de pareja (García y Ilabaca, 2013), funcionado este apoyo social de tipo emocional como un factor que promueve el bienestar psicológico a pesar del estrés generado por la pérdida

Las investigaciones sobre apoyo social pueden ayudar a dilucidar el medio por el cual la violencia de pareja influye en el bienestar psicológico de las víctimas. Por ejemplo, las mujeres con una historia de violencia de pareja son más propensas a recuperar y restaurar su salud psicológica y emocional, si una red de apoyo social está presente (Mitchell y Hodson, 1983). Este hallazgo sugiere que el apoyo social puede servir como un amortiguador o moderador de los efectos de la violencia.

Alternativamente, el aislamiento de las víctimas de las fuentes de apoyo social se ha asociado con un aumento en la severidad de abuso de pareja (Homer, Leonard, y Taylor, 1985). Este aislamiento puede darse ya sea por un restricción del agresor o por una auto-exclusión social (Salazar, Winwod, DiClemente, Lang y Harrington, 2004). Este hallazgo sugiere que el apoyo social es un factor que mediaría la relación entre violencia de pareja y bienestar psicológico. En el estudio de Salazar et al. (2004) con mujeres afroamericanas se observó que el apoyo social no actuaba como moderador pero sí mediaba la relación entre violencia y bienestar.

Con todo, resulta fundamental evaluar el impacto de la violencia de pareja en el bienestar psicológico de los jóvenes debido a que ellos están progresando a través de una etapa de desarrollo que pueden ponerlos en mayor riesgo que los adultos de sufrir daños físicos y psicológicos (Callaham et al., 2003). Evaluar el impacto de la violencia de pareja en el bienestar psicológico y el rol que cumple el apoyo social en dicha relación tiene entonces una relevancia central.

El presente estudio tiene por objetivo determinar la influencia de la violencia en la pareja y apoyo social sobre el bienestar psicológico en adultos jóvenes. En segundo término, su finalidad es evaluar la naturaleza mediadora y moderadora del apoyo social en la relación entre violencia y bienestar.


MÉTODO

Participantes

La muestra, no probabilística e intencional, estuvo compuesta por 148 participantes (66.3% mujeres; 33,7% hombres), con edades comprendidas entre 18 y 37 años (M=25.02, DE=3.47), todos estudiantes universitarios de la provincia de Concepción, Chile. Antes de contestar las encuestas se les explicó la naturaleza de la investigación y se les solicitó formar una carta de consentimiento informado en el que se señalaba la voluntariedad de la participación y la confidencialidad de los datos.

Variables e Instrumentos

Bienestar psicológico: se utilizó la Escala de Bienestar Psicológico de Carol Ryff (1989, Díaz et al., 2006) en suversión adaptada por van Dierendonck (2004) de 39 ítems. Mide seis dimensiones o atributos positivos del bienestar psicológico. Estas dimensiones junto a su consistencia interna en el presente estudio son: crecimiento personal (α=0.62), relaciones positivas (α=0.60), auto aceptación (α=0.71), autonomía (α=0.62), dominio del entorno (α=0.41), y propósito en la vida (α=0.70). La escala total obtuvo una consistencia interna obtenida mediante el alfa de Cronbach de α=0.88. Los participantes respondieron utilizando un formato de respuesta tipo Likert con puntuaciones comprendidas entre 0 (totalmente en desacuerdo) y 5 (totalmente de acuerdo).

Apoyo social: se utilizó la Escala de Apoyo Percibido MOS, validado en España por De la Revilla, Luna, Bailón y Medina (2005) para su empleo en contextos clínicos. Consta de 20 ítems y se pregunta, mediante una escala de cinco puntos, con qué frecuencia está disponible para el entrevistado cada tipo de apoyo. El análisis factorial realizado por De la Revilla et al. aconseja unificar los ítems de apoyo emocional e informativo, quedando al final cuatro subescalas, para las que se pueden obtener puntuaciones independientes: apoyo emocional (α=0.94), instrumental (α=0.84), interacción social positiva (α=0.87) y afectivo (α=0.77). El coeficiente de fiabilidad para el total de la escala fue muy satisfactorio (α=0.95).

Violencia en la pareja: se emplea la Encuesta de relación de pareja de CUVINO–R, (Rodríguez et al., 2010), un instrumento diseñado para la evaluación de la experiencia de victimización en jóvenes dentro de una relación de pareja. Consta de 42 reactivos, en los que los participantes responden utilizando un formato de escala Likert con puntuaciones que van desde 1 (nunca) hasta 5 (casi siempre) y que miden ocho dimensiones en las que se evalúa frecuencia de ocurrencia y grado de molestia que produce: violencia por desapego (α=0.81), violencia sexual (α=0.73), violencia por coerción (α=0.67), violencia por humillación (α=0.87), violencia de género (α=0.73), violencia física (α=0.75), violencia instrumental (α=0.71) y violencia por castigo emocional (α =0.72). La escala total obtuvo el presente estudio un coeficiente alfa de Cronbach de 0.94.

Variables socio-demográficas: Se indagó sobre el sexo, la edad y la carrera que estudia.

Análisis de datos

Inicialmente se realizó un análisis descriptivo de los participantes y características psicométricas de los instrumentos. Se realizaron correlaciones bivariadas de orden cero y regresiones lineales múltiples para evaluar la relación entre las variables. Luego, para comprobar los efectos de mediación y moderación se utilizó el programa PROCESS desarrollado para el paquete estadístico SPSS por Hayes (2013). Así, en este estudio, se presentan los análisis de modelos de regresión con la exposición a violencia en pareja como variable predictora, las dimensiones de apoyo social como mediador o moderador y el bienestar psicológico como resultado.

 

RESULTADOS

Estadísticos descriptivos

La puntuación total del bienestar psicológico para hombres y mujeres están por sobre los 152 puntos, indicando alto bienestar psicológico pues supera en todas las dimensiones la media teórica de la escala. Los participantes de este estudio exhibieron relativamente altos niveles de auto-aceptación (M=26.84, DE=5.11), relaciones positivas (M=26.76, DE=4.79), autonomía (M=29.61, DE=5.63), dominio del entorno (M=27.63, DE=3.94), crecimiento personal (M=34.17, DE=5.07) y propósito en la vida (M=28.85, DE=4.67). No se constataron diferencias estadísticamente significativas entre los hombres y las mujeres en ninguna de las dimensiones (ver Tabla 1).

Tabla 1
Medias, desviación estándar, valor F, valor p y tamaño de efecto en las variables de estudio

El nivel de apoyo social percibido por los participantes fue alto superando la media de la escala en todas las dimensiones propuestas, no se constataron diferencias estadísticamente significativas entre los hombres y las mujeres en ninguna de las dimensiones (ver Tabla 1).

Respecto al uso de violencia, se hallaron niveles muy bajos de frecuencia de utilización de violencia, siendo los más altos los valores de coerción (M=5.49, DE=4.26), desapego (M=5.73, DE=5.75) y castigo emocional (M=4.29, DE=5.71) en el caso de los hombres y coerción (M=3.52, DE=3.24), desapego (M=3.59, DE=3.59) y humillación (M=2.28, DE=3.01) en el caso de las mujeres. En la Tabla 1 se muestran medias y diferencias significativas de todos los tipos de violencia.

Además, las personas que no reportaban violencia por parte de su pareja no mostraron diferencias significativas en sus puntajes en violencia sexual, violencia de género, violencia física y violencia instrumental respecto a aquellos que sí reconocían haber sufrido violencia. Sí se observaron diferencias significativas entre el grupo que no reconocía violencia y quienes sí lo hacían en sus puntajes en desapego, coerción, humillación y castigo emocionales, justamente aquellas que obtuvieron puntajes más altos en ambos géneros (ver tabla 2).

Tabla 2.
Diferencias de medias de frecuencia de experimentación de comportamientos violentos
en personas que declaran haber sido maltratadas por su pareja versus las que no
.

Correlaciones entre el bienestar y apoyo

Las correlaciones entre el bienestar y las dimensiones de apoyo social indican una relación positiva medianamente fuerte entre ambos. La asociación es más fuerte en el caso de apoyo emocional/informacional (r=0.29, p<0.01) y apoyo afectivo (r=0.28, p<0.01), siendo un poco más baja con interacción social positiva (r=0.23, p<0.01) y menor con apoyo instrumental (r=0.18, p<0.05). Si se analizan las diferentes dimensiones del bienestar se observa que las que más se asocian a las dimensiones de apoyo social son la auto-aceptación, dominio del entorno y propósito en la vida; por otro lado, la dimensión de autonomía no se asocia al apoyo social, salvo una relación negativa con el apoyo instrumental. Por otro lado la dimensión de crecimiento personal está relacionada solamente con el apoyo afectivo (ver Tabla 3).

Tabla 3
Correlaciones entre las dimensiones de bienestar psicológico y apoyo social

En cuanto a la relación entre bienestar y violencia, se observan correlaciones negativas y significativas entre la humillación, violencia de género, violencia física, violencia instrumental y castigo emocional, con casi todas las dimensiones de bienestar. La relación más fuerte se encuentra entre violencia de género y auto-aceptación (r=-0.35). No resultan significativas las relaciones entre el desapego, la violencia sexual y la coerción, con ninguna dimensión del bienestar (ver Tabla 4).

Tabla 4
Correlaciones entre las dimensiones de violencia en la pareja y bienestar psicológico

Análisis de mediación y moderación

Un análisis de regresión múltiple de la frecuencia de haber experimentado diferentes tipos de violencia y de los distintos tipos de apoyo social sobre el bienestar total, indicó que la humillación (B=-2.61, ET=0.84, t=-3.10, p<0.001) y la violencia de género (B=-3.06, ET=1.44, t=-2.13, p=0.04) son las que afectan negativamente en mayor grado al bienestar; por otro lado, controlando todas las demás formas de violencia, el desapego es la que predice mejor ajuste (B=2.55, ET=0.72, t=3.55, p=<0.001) a lo que se suma el apoyo afectivo (B=3.09, ET=1.34, t=2.31, p<0.02), todo esto controlando las diferencias por sexo. El modelo en su conjunto explicó el 27.9% de la varianza de bienestar psicológico (ver Tabla 5).

Tabla 5: Regresión Lineal Múltiple de los tipos de violencia y apoyo social sobre el
Bienestar Total (N=150).

A continuación, se analizaron múltiples modelos de regresión, con la humillación y la violencia de género como variables predictoras y el bienestar psicológico como variable dependiente, con las cuatro dimensiones de apoyo social como mediadores o moderadores: apoyo emocional, apoyo instrumental, interacción social positiva y apoyo afectivo. De estos modelos, ninguno mostró mediación y sólo uno proporcionó efectos de moderación: la interacción del castigo por humillación con apoyo social afectivo.

Como se muestra en la Tabla 6, en cuanto a los efectos condicionales, la mayor frecuencia de humillación tuvo un efecto significativo y negativo en el bienestar psicológico para los valores moderados y altos de apoyo afectivo, mientras que el efecto no fue significativo para los niveles bajos de apoyo afectivo (véase Figura 1). Es decir, mientras que para el bajo apoyo afectivo a todos los niveles de humillación implican menor bienestar, el alto apoyo afectivo protege el bienestar de los participantes pero únicamente si estos han experimentado bajos niveles de humillación.

Tabla 6
Efectos condicionales de la humillación en bienestar social para valores específicos de apoyo afectivo

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img1
Figura 1: Bienestar psicológico explicado por la interacción entre la frecuencia de humillación y apoyo afectivo

La relación entre la frecuencia de humillación es negativa y aún más fuerte para los niveles moderados y altos de apoyo afectivo, apuntando que la ausencia de humillación está relacionada con mejor bienestar sobre todo a altos niveles de apoyo afectivo.


DISCUSIÓN

Un primer aspecto a destacar es la ausencia de diferencias significativas entre hombre y mujer en apoyo social percibido y bienestar psicológico, tanto en los puntajes totales como en cada subescala. Estos resultados no coinciden con lo reportado por otros estudios (Ryff, 1989; Ryff y Keyes, 1995; Zubieta, Muratori y Fernández, 2012) en los que mujeres señalan, en mayor medida que los hombres, mantener relaciones sociables estables y tener amigos en los cuales confiar, y que las mujeres presentan un tipo de bienestar más contextual que los hombres (Zubieta y Delfino, 2010)

En este estudio, el porcentaje de personas que admite recibir violencia (47%) es más alto que el encontrado en el estudio de UNICEF (2006) lo que puede implicar un mayor reconocimiento en la actualidad de que ciertos actos en la relación de pareja que antes se consideraban normales constituyen actos de agresión. A pesar de ese mayor reconocimiento, las frecuencias obtenidas en cada una de sus dimensiones fueron bajas, lo que se suma a la existencia de medias similares en la exposición a algunos tipos de violencia entre quienes reconocen haberla recibido y quienes la niegan. Esto da cuenta del fenómeno ya expuesto por Poo y Vizcarra (2008) en el sentido que muchas expresiones de violencia en la pareja siguen sin ser percibidas como tales. Leytón y Hurtado (2005) señalan al respecto que las personas optan por una actitud asertiva principalmente ante situaciones de violencia física y sexual, minimizando la violencia psicológica.

De los tipos de violencia evaluados, la coerción (es decir, amenazas, manipulaciones y trampas) y desapego (indiferencia y descortesía) son las que obtuvieron medias más altas tanto en hombres como en mujeres. El castigo emocional (manifestaciones ficticias de enfado) tuvo una media alta en hombres, es decir, los hombres reportan haber recibido este tipo de violencia de parte de sus parejas de sexo femenino. A su vez, la humillación (críticas y denegación de apoyo que tienden a socavar la autoestima) tuvo una media más alta en las mujeres. Hundek (2010) señala que la violencia física es predominante del hombre hacia la mujer, pero que la mujer también ejerce tipos de violencia hacia el hombre dentro de los cuales reconoce la manipulación emocional y el alejamiento afectivo, con amenazas de irse y dejarle sin hijos ni pertenencias, lo que explicaría que en el presente estudio los hombres diferencialmente reconozcan más haber sufrido este tipo de violencia de parte de su pareja. Por su parte, Blanco, Ruiz-Jarabo, de Vinuesa y Martín-García (2004) señalan que la desvalorización, la intimidación, el desprecio y la humillación en público o privado, constituye un tipo de violencia habitual de hombres hacia mujeres.

Se observan también correlaciones significativas y positivas entre el bienestar psicológico y los distintos tipos de apoyo social. La correlación negativa entre la dimensión de “autonomía” del bienestar y el apoyo instrumental se explicaría debido a que la autonomía es justamente la capacidad para actuar en la vida con independencia. En otras palabras, mientras mayor es la autonomía, menor la necesidad de contar con apoyo instrumental en la determinación de la propia vida. Por otro lado, las correlaciones entre violencia en la pareja y bienestar psicológico muestran relaciones significativas y negativas en humillación, violencia de género, violencia física, instrumental y castigo emocional, por lo que se puede concluir que estos tipos de violencia son las que más socavan el bienestar de las personas.

La regresión lineal múltiple que intenta evaluar la capacidad predictiva de los tipos de violencia y de apoyo social sobre el bienestar psicológico, controlando la variable sexo, encuentra tres predictores significativos: la humillación y la violencia de género como predictores negativos y el desapego y apoyo afectivo como predictor positivo. Si bien la relación de la humillación, violencia de género y bienestar ya se había discutido anteriormente, resulta especialmente llamativa la influencia positiva de la violencia por desapego sobe el bienestar. Si definimos este tipo de violencia como recibir por parte de su pareja sexual una actitud de indiferencia y descortesía, podemos suponer que en una pareja en conflicto la disminución en la frecuencia de interacción que se produce por la indiferencia, acompañada del apoyo social afectivo por parte de otras personas relevantes, terminaría por favorecer el bienestar. En la misma línea, en un estudio con adultos jóvenes que habían terminado su relación de pareja, se determinó que la evitación de la expareja y la búsqueda de apoyo social emocional tenían una relación más fuerte con el bienestar que otras variables (García y Ilabaca, 2013).

En relación a la pregunta sobre el rol mediador o moderador del apoyo social en la relación entre violencia y bienestar, los resultados no muestran efecto de mediación en ninguna de la relaciones puestas a prueba.

En cambio, se observa una moderación del apoyo social afectivo entre la humillación y el bienestar psicológico. Los datos indican que ante una baja frecuencia de humillación, el apoyo afectivo contribuye a un aumento en el bienestar psicológico; por otro lado, cuando la humillación es alta, el apoyo afectivo no tiene efecto sobre el bienestar. Estos resultados pueden indicar que cuando existen niveles altos de violencia en el noviazgo (específicamente humillación), cualquier apoyo afectivo con que cuente la persona es insuficiente para generar bienestar psicológico, lo que está en consonancia con la fuerte relación inversa entre violencia y bienestar encontrada en otros estudios (Callaham, Tolman y Saunders, 2003; Coker et al., 2000; O'Leary, 1999). En el caso de una violencia psicológica incipiente es probable que el apoyo afectivo recibido contribuya a una menor probabilidad de volver a ser maltratada por una pareja distinta, tal y como han encontrado algunos estudios (Plazaola, Ruiz, y Montero, 2008).

El presente estudio tiene algunas limitaciones que deben ser consideradas antes de evaluar los alcances de estos hallazgos. La primera es que la muestra es reducida, de un nivel socio-educacional elevado (estudiantes universitarios) y no fue elegida al azar, por lo que estos resultados no son generalizables para toda la población. Además, se trata de un estudio transversal, por lo que si bien se habla de influencias, estas relaciones no podrían considerarse causas o efectos, lo que sólo podría observarse en estudios longitudinales y experimentales.

Proponemos, por lo tanto, que estas relaciones continúen estudiándose en otros niveles sociales y rangos de edad, con una muestra más amplia y en la que se pueda establecer un seguimiento que permita evaluar las variaciones en malestar y bienestar en personas que estén siendo afectados por violencia de pareja a lo largo del tiempo.


CONCLUSIÓN

El presente estudio muestra por un lado que existen variables que predicen positiva (apoyo social afectivo y violencia por desapego) y negativamente (humillación y violencia de género) el bienestar psicológico y que prestarles atención en parejas de adultos jóvenes podría ayudarles a una mejor relación sentimental. Además, muestra que el apoyo social ayudaría a amortiguar los efectos de la violencia sobre el bienestar, en la línea de quienes sostienen que las relaciones entre los factores de estrés y los resultados varían en función del nivel de apoyo recibido (Coker et al., 2002). De ese modo, sugerimos que aquellos programas destinados a prevenir la violencia de pareja debiese incorporar a las redes familiares, sociales y comunitarias que fomenten el apoyo social y posibiliten a los jóvenes para hablar de sus experiencias de violencia en un ambiente no culpabilizador; sin embargo, esta intervención debe ser temprana y oportuna, cuando la violencia psicológica ejercida está aún a niveles controlables, de modo que el apoyo entregado pueda ser una ayuda efectiva.

Creemos en fin que este estudio aporta a la hora de comprender la influencia del apoyo social en personas que sufren violencia en la pareja, de modo de fomentar el bienestar psicológico y aporta ideas que apunten a la prevención y a la intervención temprana en adultos jóvenes a fin de ayudarlos a mejorar su calidad de vida y su vida en pareja.


Referencias

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Artículo recibido en: 16-05-2014
Manejado por: Editor jefe IICC
Aceptado en: 7-07-2014

no existen conflictos de intereses

 


Notas

1. Enviar correspondencia a Felipe E. García, Escuela de Psicología, Universidad Santo Tomás, Av. Prat 855, Concepción, Chile. E-mail: fgarcia@santotomas.cl

2. Universidad del País Vasco, España

3. Universidad Santo Tomás, Chile

4. Universidad de Las Américas, Chile

5. Universidad de Las Américas, Chile

 

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