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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.12 n.1 La Paz mar. 2014

 

 

 

PSICOANALÍTICAS SOBRE EL ESTUDIO DE LAS PERVERSIONES

 

PSYCHOANALYTIC APPROXIMATIOS ON THE STUDY OF PERVERSIONS

 

 

Mtro. Juan Pablo Sánchez Domínguez[1]

Universidad Autónoma del Carmen, México.

 

 


Abstract: This essay discusses about the classic concept of perversion, its indiscriminate use in the ordinary language and the confuse employment in relation to another terms such as: perversity and perverse tendency. Analyzes on the same way the concept formulation in the psychoanalytic field bringing it to a condition of structure and away from a purely phenomenological question. Realizes a path from Freud and many other contemporary authors about mechanism employed into the perversion in relation to self excision, so that enables its delimitation respect to others structures.

Keywords: Perversion, Psychoanalysis, structure, self excision


Resumen: En el presente trabajo se discute el concepto clásico de perversión, su  uso indiscriminado en el lenguaje cotidiano y el empleo confuso con otros términos tales como: perversidad y tendencia perversa. Se analiza de igual modo la formulación del concepto dentro del campo psicoanalítico acercándolo a una condición de estructura y alejándolo de una cuestión puramente fenomenológica. Se realiza un recorrido desde Freud y otros autores contemporáneos sobre el mecanismo empleado en la perversión en cuanto a la escisión del yo, posibilitando de tal forma su delimitación respecto a otras estructuras.

Palabras clave: Perversión, psicoanálisis, estructura, escisión del yo.


 

 

Introducción

El término perversión es sumamente controversial y por ello no deja de incitar a una discusión rigurosa, simplemente por el hecho de tratarse de un concepto empleado al interior del campo “psi”. Sin embargo la situación contemporánea y a causa de que muchas disciplinas rebasan los límites teóricos y prácticos de su labor, el uso del concepto perversión se ha extendido a otras áreas del conocimiento haciéndolo aun más escabroso, por si fuera poco la familiaridad de su un empleo nocional e indiscriminado en lo cotidiano conduce a una confusión a nuestro pensar muy sui generis.

El recorrido próximo tiene como finalidad discutir la concepción clásica de las perversiones, la cual ha posibilitado que su empleo y tratamiento teórico-clínico sean tendientes a considerarse sinónimos a otras formulaciones tales como perversidad y  condición perversa.; En síntesis se trata de discutir una problemática tan común que tiene efectos prácticos, a decir, la confusión existente entre conceptos y  nociones pertenecientes a un campo determinado.

Tenemos entonces tal y como lo refiere Lacan en 1948, que para que un concepto tenga un uso científico dentro de una determinada disciplina, este ha de permitir representar hechos de la realidad que estudia, concretamente establecer la dimensión de una experiencia que remita a hechos atribuibles como parte de su abordaje.

El hecho de aproximarse de manera superficial al fenómeno impone una condición desfavorable para el abordaje riguroso del sujeto perverso, la ambigüedad permite que su  estudio y comprensión sea entendida como una serie de actos y conductas y no como un proceso subjetivo. Es aquí donde radica en si mismo la contribución de esta investigación, se procura en esta línea de trabajo mantener la importancia y complejidad del abordaje de las perversiones desde el punto de vista estructural y al mismo tiempo haciendo evidente el reduccionismo conceptual en el cual se ha caído.

Se han de orientar los planteamientos desde la teoría psicoanalítica considerándola como la única capaz de contribuir al entendimiento y dilucidación de las perversiones en su variante de estructura, reconociendo de antemano que pueden existir otras aproximaciones respecto a este “fenómeno” pero jamás de igual manera.

Otros de los elementos que se han de tomar en cuenta a lo largo de este recorrido es la aproximación que realiza Freud respecto a la escisión del yo en el proceso perverso así como sus consecuencias estructurales.

 

Perversidad, tendencia perversa y perversión

A lo largo de la revisión teórica se ha encontrado que en su sentido más clásico el abordaje de las perversiones requiere un trato mas formal, es decir, que si bien el psicoanálisis Freudiano ha contribuido considerablemente para estas elucidaciones, han existido hasta nuestros días otras aproximaciones que sin negar rotundamente la labor Freudiana  no han mantenido sus consideraciones más orinales (Bleichmar, 1995; Bruno, 2005; Dor, 2009). “Con esto se derivan consideraciones etiológicas completamente eclécticas y observaciones clínicas bastante inconsistentes” (Dor, 2009, p. 63). En este mismo contexto ya Freud en su obra “Tres ensayos de teoría sexual” alude que las cuestiones referidas a las propiedades de las pulsiones sexuales se encuentran aun llena de serias imprecisiones (Freud, 1901/1905). Reconocemos que fue a partir de estas aseveraciones realizadas por el fundador del psicoanálisis que las perversiones alcanzaron la dimensión de estructura, diferenciándose incluso de algunas posiciones fenomenológicas aceptadas paralelamente. Una posición positivista del fenómeno permitió que autores como  Krafft-Ebing y Moll presentaran algunos sujetos psicoticos como perversos (Bruno, 2005). Esta perspectiva ha permeado de tal manera que las perversidades que concretamente remiten a una malignidad actuante en el individuo y que podría aplicarse a ciertas apreciaciones morales del comportamiento sean consideradas de igual modo como perversiones. Estos elementos que procuran discernir aspectos referidos al bien y al mal precipitan una posición dogmática, donde la trasgresión a las normas estipuladas en un orden social impone la asociación confusa entre lo perverso y la perversidad, sin embargo, en el fondo contamos con un solo termino para denominar a estos sujetos, a saber perverso (Dor, 2009). Continuando con esto, sintetizamos que el uso corriente pone mayor énfasis sobre la noción de perversidad, que en el vocablo perverso. Obstante no podemos negar el dejo de verdad que contiene esta observación común, al designar como perversidades algunos aspectos generales en los sujetos, ahora bien, el psicoanálisis reclama en palabras de Freud eliminar las fronteras entre la perversión y la vida sexual “normal” formulando que en ambos casos se observan elementos pulsionales perversos, al respecto en su escrito, Tres ensayos…expone:

La experiencia cotidiana ha mostrado que la mayoría de estas trasgresiones…, son un ingrediente de la vida sexual que raramente falta en las personas sanas, quienes las juzgan como a cualquier otra intimidad. Si las circunstancias lo favorecen, también la persona normal puede remplazar durante todo un periodo la meta sexual normal por una perversión. En ningún hombre normal falta un elemento que pueda designarse como perverso, junto al fin sexual normal. (Freud, 1901/1905, p. 146)

Este hecho observado viene a dar  respuesta a las imprecisiones y confusiones reiterativas sobre la concepción y abordaje clásico de las perversiones. Alude a que no se podría pensar  la vida sexual sin tomar en cuenta que existen  en su satisfacción componentes que se podrían considerar como perversos. Pensamos que esta aseveración permite desde ya, desacralizar dicho término y atribuirle una concepción  más clara aplicable a una lógica y condición estructural. La tesis señalada por Freud estuvo acompañada por una previa realizada por Binet en 1888 cuando al referirse al fetichismo señala “En la elección del fetiche se manifiesta la impresión sexual recibida casi siempre en la primera infancia…, podemos pregonar esto con la proverbial pervivencia del primer amor en las personas llamadas normales” (Freud, 1901/1905, p. 140).

Siguiendo con esto, valdría mencionar que existe cierta dosis definitiva e in/suplantable en esta declaratoria Freudiana y posteriormente en este mismo texto será aun más contundente al decir  que:

En la vida anímica inconciente de todos los neuróticos (sin excepción) se encuentran mociones de inversión, de fijación de la libido en personas del mismo sexo… puedo asegurar que la inclinación inconciente a la inversión nunca falta y, en particular, presta los mayores servicios al esclarecimiento de la histeria masculina(Freud, 1901/1905, p. 151).

Esta reiteración argumentativa no tendría mayor lógica si al respecto no se sustentara el principio de que los síntomas no solamente surgen de la pulsión denominada normal “sino que constituyen la expresión convertida de pulsiones que se designarían perversas (Freud, 1901/1905, p. 150). Tendríamos entonces que la indagación clínica de Freud con sus neuróticos lo conduce por un nuevo camino, a saber, el de las perversiones, dicho sea de paso, no por tratarse de un descubrimiento a merced de las neurosis depara menos complejidad, si en un primer descubrimiento la perversión aparece como intrínseca a las neurosis no deja de haber correlativamente una dimensión de separación y de discontinuidad. En otras palabras y coincidiendo con Dor (2009) aludimos a que Freud en sus neuróticas localiza series descendentes y variaciones en la satisfacción de la pulsión, de tal manera que le permiten señalar que la sexualidad denominada normal muestra manifestaciones en principio perversas, este acercamiento permitió definir las perversiones en base a una doble determinación: como una desviación respecto al objeto y otra con respecto a su fin, la investigación  no podría conducir a otro estudio que no fuera el de las pulsiones parciales, las cuales  constituyen  el núcleo de la sexualidad infantil (Dor, 2009, p. 71-74). 

En síntesis, el fundamento mismo de la sexualidad se encuentra en  las perversiones, y  en la satisfacción de la pulsión sexual denominada normal se localizan componentes que conservan esta tendencia. Tal es el caso de los neuróticos, que para alcanzar la satisfacción sexual pueden emplear elementos intermedios para relacionarse con su objeto: mirar /tocar y alcanzar así “metas preliminares” destinados a un fin “normal”, estos hallazgos nos permiten entender los enlaces existentes entre la vida sexual normal y las perversiones (Freud, 1901/1905). Si admitimos que la meta ineludible de la pulsión solo se puede alcanzar cancelando el estado de estimulación de la fuente y que para ello se presentan un sin número de metas intermediarias,  intercambiables y permutables para su fin, tendríamos que sostener que regularmente existen trechos que no permiten avanzar hacia una satisfacción pulsional, de tal forma que el sujeto recusa hacia otros objetos que incluso pueden no ser ajenos, tal es el caso del propio cuerpo (Freud, 1901/1905, 1915). Estas observaciones articulan la relación  del circuito pulsional y las vías perversas intrínsecas. Dicho sea de paso y tal como se ha venido argumentando, no es raro ver algunas similitudes muy finas y al mismo tiempo diferencias bastante radicales entre las estructuras denominadas neuróticas y perversas a merced de esta “tendencia” por ello procuraremos precisar ciertos criterios que podrían disipar algunas dudas al respecto.

 

La estructura de las perversiones

Como se ha reiterado, la dificultad que presenta el abordaje de las perversiones en si misma por su límite bastante próximo a otras estructuras nos convoca a realizar ciertas precisiones. Coincidimos con Bruno (2005) que en la revisión teórica realizada sobre el estudio de las perversiones, generalmente nos encontramos con material que más allá de sus títulos en su conjunto no están directamente consagrados a esta estructura “como si la rareza clínica de esta fuera tanta, que tocara reemplazarla por una similitud”(Bruno, 2005, p.30). Resaltar esta dificultad carecería de toda importancia si la intención no fuera justamente mostrar nuestras dificultades al respecto. Consentimos que para ello podríamos partir de una premisa que encierra toda verdad de estructura “El perverso se dedica a tapar el agujero del Otro…” (Lacan, 1969, p. 230). Es decir, esta es una operación que solo adquiere  dimensión de consistencia si sostiene la posibilidad de acceso a un goce prohibido, a saber, la transgresión de la ley, dicho así, nos enfrentamos a una estructura que como las otras está centrada en establecer una relación inédita con la castración. El neurótico nos indica claramente que no hay deseo sin ley, el perverso dedicará la vida a su desmentida*. Al respecto nos encontramos que la dialéctica del juego perverso está sostenida en dos tiempos lógicos ante la castración, uno de reconocimiento y el otro de desmentida, vale mencionar que el reconocimiento de la castración  no conduce necesariamente a su asunción, es decir, que bajo esto el sujeto puede tomar otro camino. “Se trata de un reconocimiento que muestra dos caras, la primera que la madre no tiene el falo y la segunda la desmentida” (Freud, 1927; Julien, 2002; Bruno, 2005). La primera consideración a esta aproximación se puede pesquisar en el texto “Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci” publicado para 1910 donde Freud aplica el método psicoanalítico para el estudio de este personaje ilustre…comenta que en los primeros años infantiles el interés por la vida sexual y el apetito de saber sobre esta conlleva a un infatigable deseo de preguntar…

Cuando el niño varón dirige su apetito de saber sobre los enigmas de la vida sexual… lo gobierna el interés por sus propios genitales. Halla importante a esta parte del cuerpo para creer que podría faltarle a otras personas..., recurre a la hipótesis de que todos los seres humanos, también las mujeres poseen un miembro como el de él…este prejuicio se arraiga que ni siquiera lo destruyen las primeras observaciones en las niñas…la percepción le indica que no lo puede encontrar en la niña, de ahí una representación ominosa (Freud, 1910, p. 89)

Del hecho nos indica Freud que sobreviene una decisión mediadora, este momento  le permite sostener al pequeño la posibilidad de “negar” la realidad que se le presenta, alude entonces que el miembro viril está presente pero aun imperceptible, si la realidad no cesa de mostrarse, el infante ha de refugiarse en otra evasiva… “el miembro estuvo allí pero fue cortado”, en su lugar ha quedado una herida…su propia experiencia acusa de que le ocurrirá lo mismo si conserva su interés por dicho miembro. Esta amenaza posibilita al infante, lo quiera o no reconducir su libido, esto en el caso referido a la sexualidad “normal”, sin embargo en la perversión ocurre cosa distinta, comenta a propósito del fetichismo, “la veneración fetichista del pie y del zapato femeninos parece tomar a aquel  solo como un símbolo sustitutivo del miembro de la mujer otrora venerado” (Freud, 1910, p. 90).

Para decirlo de otra forma, el fetiche es el sustituto del pene materno y se muestra como un objeto vinculado con la esfera del cuerpo, con los usos del cuerpo (Masotta, 1995) de allí que él mayor protagonismo esté localizado en la madre y lo que para el niño resulta ésta, a condición de su propia ley. “El sujeto se crea un fetiche a fin de destruir toda prueba de una posibilidad de castración y escapar así del temor de esta” (Freud, 1937).

Con lo anterior Freud nos muestra una problemática central de todo proceso perverso, a saber, una formación sustitutiva que mantenga suspendida la realidad de los sexos, como consecuencia de una condición de compromiso que interviene entre dos fuerzas psíquicas en conflicto. Esta fuerza se suscita bajo dos condiciones, una que es la premisa negativa-imaginaria de que allí tendría que estar el falo y la desmentida de la realidad indeseada mediante una formación sustitutiva (Freud, 1927).

Para lo anterior expuesto tenemos una aproximación más clara aunque menos pormenorizada en el texto “Esquema de psicoanálisis”, allí Freud precisa que sabiendo que el yo debe su génesis al vinculo con el mundo exterior, se puede concertar de que los estados patológicos del él se fundan en una cancelación o en un aflojamiento de este vinculo con el mundo exterior (Freud, 1937/1939). En este mismo texto y bajo un par de observaciones clínicas Freud propondrá que bajo este hecho sobreviene lo que el denominará  “escisión psíquica”, es decir, ocurre que  se forman dos posturas psíquicas en vez de una considerada “normal” de tal modo que la otra  bajo el imperio de las pulsiones separa al yo de la realidad, sin embargo, en las dos coexisten contenidos psíquicos sin influencia reciproca, tenemos:

Me he convencido de esto sobre todo en casos de fetichismo…que tiene su fundamento, como es notorio en que el paciente no reconoce la falta de pene en la mujer, que, como prueba de la posibilidad de su propia castración., Por eso desmiente la percepción sensorial genuina y se atiene a la convicción contraria…este estado de cosas nos permite colegir que con tanta frecuencia el fetichismo alcanza solo una plasmación parcial. No gobierna la elección de objeto de una manera excluyente (Freud, 1937/39, p. 204-205)

Cabe señalar que Freud expresa a merced de lo anterior descrito que ha encontrado en sujetos fetichistas el desarrollo de la misma angustia de castración y que reaccionaron de igual manera como aquellos que no lo son, expresándose dos premisas contrapuestas y subsistiendo estas durante toda la vida, esto nos confirma los postulados anteriores, a decir, que podemos encontrar también en las otras estructuras elementos perversos que subsisten. Los argumentos de Freud localizados en 1937 también revelan una posición diferencial y estructural de las perversiones, caracterizada fundamentalmente  por dos mecanismos psíquicos propios, la desmentida y la escisión del yo, sin embargo a merced de esto la perversión permite la evolución de la libido hacia otro estadio sin separar su yo de la realidad del mundo exterior, a diferencia de lo que ocurre en la psicosis (Dor, 2009). En síntesis, ante la creencia de que la mujer es portadora del falo y  la experiencia de la realidad que la contraria, el pequeño repudia el desmentido que ello le infringe. Tenemos que, el fetichista repudia la experiencia que le indica la castración femenina pero no conserva la creencia de la existencia del falo, para ello erige el fetiche, haciendo de la experiencia algo imborrable, lo que se ha borrado es el recuerdo (Mannoni, 1969). Por eso no es raro como diría Mannoni, encontrar en lo cotidiano en el neurótico un “ya lo sé pero aun así” a diferencia que en el perverso fetichista el “aun así” es el fetiche.

En síntesis, tal como se ha señalado, el fetiche como reemplazo del falo materno se torna como prueba permanente del reconocimiento de una ausencia, logrando con ello incidir en el trámite con cierta eficacia de la angustia de castración (Pardo, 2006) Sin embargo, este proceso coloca al perverso en una imposibilidad de relación con el objeto y el deseo, puesto que la metoforizacion de la diferencia entre los sexos se torna inaccesible, quedando como resto una lógica de rechazo.

 

Conclusiones

Podríamos decir que se lo que se acaba de realizar permite matizar y delimitar el concepto de perversión a un campo y área muy determinada reclamando su estudio subjetivo y estructural desde el campo del psicoanálisis. Hemos mostrado a diferencia de lo que algunos promueven, que los primeros acercamientos estructurales sobre el estudio de las perversiones parten de Freud y sí, más tarde fue desarrollado por otros autores a estos no se le habría de atribuir dicha labor. También logramos realizar una aproximación al estudio de las perversiones gracias al trabajo de algunos autores contemporáneos, ellos posibilitaron también la discusión vigente con respecto a la clínica diferencial, pudiendo determinar que a pesar de los años aun nos falta mucho por hacer. Logramos localizar de igual modo algunas discrepancias entre el mecanismo descrito por Freud comoVerleugnung, auque no se profundizo al al respecto valdrá hacerlo en  estudios posteriores. Bajo esta consideración se empleo la propuesta realizada por M. Sauval.

Por último también reconocemos que este trabajo  no es definitivo, aun falta instituir las coordenadas del establecimiento del proceso perverso y su tratamiento clínico. Por ahora, nos basta con estas aseveraciones. Concertamos que es necesario referir para su estudio a las perversiones un orden topográfico, diferenciándola  tanto en teoría como en práctica y no obviar su abordaje simplemente como “el negativo de las neurosis”

 

Bibliografía

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Artículo recibido en: 2/12/2013

Manejado por: Editor en jefe IICC

Aceptado: 16/12/2013

No existen conflictos de intereses



Notas

[1] Correo electrónico: jsanchez@pampano.unacar.mx

*Verleugnung  Desmentida, es la aproximación  más precisa, comenta Sauval siguiendo a Freud e indica que a partir del texto  “La organización genital infantil” el termino está casi de forma sistemática asociado al concepto castración. Más tarde Freud relacionará Verleugnunga la perversión, sin embargo no deja de ser un mecanismo también para los  neuróticos. Lo que se pone en juego en la Verleugnunges un desplazamiento de valor, se ha transferido el significado del valor del pene a otra parte del cuerpo. Bleichmar por ejemplo, señala que Freud inicialmente emplea la palabra Leugnungy que en trabajos ulteriores será Verleugnungy que esto   refiere el mecanismo de renegación.

 

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