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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.11 n.2 La Paz ago. 2013

 

 

IDENTIDAD FEMENINA EN LAS CONVERSACIONES DE LA REUNIÓN DE TÉ

 

FEMALE IDENTITY IN TALKS OF THE TEA GATHERING

 

 

Mariana Medina Catacora[1] 

Universidad Católica Boliviana “San Pablo”
La Paz- Bolivia

 

 


RESUMEN 

La reunión del té es considerada como una velada únicamente de mujeres en el horario de la tarde donde el té es la bebida principal. Además representa un lugar de encuentro e intimidad entre mujeres. Por este motivo el presente estudio pretendió analizar cómo la reunión de té generaba un espacio en el que las mujeres a través del discurso, como los temas de conversación, representaban y construían su identidad. La presente investigación es de carácter cualitativa descriptiva. La técnica que se utilizo fue el grupo focal. Se seleccionaron mujeres de tres generaciones ya que la identidad femenina  es un concepto que varía de una generación a otra. Se trabajo con tres grupos, cada uno de seis mujeres pertenecientes a tres generaciones. Los rangos de edades fueron de veinticinco, cincuenta y setenta y cinco. Los principales resultados mostraron que el discurso en este tipo de reuniones permite a las mujeres significar y representar tanto la estructura social como su propia identidad. Se encontró también que la velada de té como grupo permitía la identificación entre sus participantes. Las mujeres compartían características grupales que determinaban y contribuían al sentido de su identidad. Otro hallazgo fue que el espacio de la reunión de té permitía a las mujeres elaborar una representación de su realidad social. Asimismo se descubrió que estas reuniones hacían posible la satisfacción de necesidades sentimentales. Finalmente los resultados evidencian que la reunión de te genera un encuentro idóneo de interacción haciendo posible la elaboración de la identidad femenina.

Palabras claves: Reunión del té, identidad de género, temas de conversación, generaciones. 


ABSTRACT

The tea gathering is considered a women's only soiree in the afternoon hours where tea is the main beverage. It also represents a meeting place and intimacy among women. For this reason, the present study sought to investigate how the tea party generated a space in which women through discourse, such as talking topics, represent and construct their identity. This research is focused on the descriptive qualitative basis. The technique used was the focus group. Women were selected of three generations since the female identity is a concept that varies from one generation to another. We worked with three groups, each of six women from three generations. The range of ages were twenty-five, fifty and seventy-five. The main results showed that the speech at such meetings allows women to signify and represent both the social structure as its own identity. It was also found that the soiree tea as a group allowed the identification of participants. The women shared group characteristics that determined and contributed to their sense of identity. Another finding was that the space of the tea gathering allowed women to develop a representation of social reality. It was also found that these meetings make it possible to satisfy emotional needs. Finally, the results show that the tea gathering generates an ideal interaction meeting enabling the development of female identity.

Keywords: Tea Gathering, gender identity, talking topics, generations.


 

 

INTRODUCCION

Cuando se hace referencia al género es preciso considerar los dos pilares que lo constituyen; las características biológicas del propio sexo y las elaboraciones sociales en relación a lo más apto para cada sexo. El nivel de identificación con los papeles determinados por una sociedad a la condición de una particular característica biológica sexual se denomina identidad de género (Barberá y Martínez, 2004).

La construcción de la identidad genérica se fundamenta en lo biológico como también en las elaboraciones culturales, históricas y subjetivas que los individuaos van adquiriendo y construyendo de forma continua a través de interacciones sociales y del lenguaje como instrumento mediador (García, 2005).

Dentro de este marco se puede inferir que la identidad femenina es un conjunto de atributos; históricos, socioculturales y subjetivos, adquiridos a través del lenguaje e interacciones sociales que representan formas de pensar, formas de comportarse en un tiempo y lugar determinado (Lagarde, 1993).

El tema de la identidad femenina históricamente remite a la concepción de subordinación de la mujer frente al hombre, según estudios de Babel (1884), Kollontai (1921), Montesinos y Pomar y Martínez (2007), Godoy y Mladinic (2009), Montesinos y Carrillo (2010).

La opresión genérica continuamente ha formado parte de la condición histórica de la mujer. Donde la mujer era dedicada al hogar, a ser esposa obediente y madre responsable, además encargada de las labores domésticas no remuneradas y manteniendo la imagen de sumisión y relegada al espacio privado (Lagarde, ob.cit.).

La identidad genérica como todo proceso social está sujeta a continuos cambios, históricos y culturales. En la actualidad se puede detectar el proceso de cambio cultural que ha permitido la emergencia de una nueva identidad femenina. La creciente participación de la mujer tanto en la educación superior como en el mercado de trabajo han dado lugar a la emergencia de nuevas identidades genéricas (Pomar y Martínez, 2007).

Según la UNESCO el crecimiento de la matricula mundialmente a sido acelerada. La participación de la mujer en la educación terciaria a avanzado precipitadamente hallándose muy cercana al cincuenta por ciento en la actualidad (Pomar y Martínez, ob. cit.).

De acuerdo con datos del Banco Mundial durante el año 2010, la fuerza laboral aumento en un cincuenta por ciento. Explican que a pesar de la gran participación de la mujer en el mercado de trabajo es baja la generación de sus ingresos (ob. cit.).

La construcción de la identidad genérica no solo implica factores histórico-culturales sino también factores sociales. Las interacciones sociales son fundamentales en la formación de la identidad ya que la construcción de si mismo supone la existencia de otros (ob. cit.).

Los individuos comparten características grupales como el género, religión, nacionalidad, entre otros que determinan y contribuyen al sentido de identidad. La identidad de género vendría a ser la autoclasificación dentro de un grupo o categoría como mujer o varón (Tajfel y Turner, 1986; García, 2005).

El espacio al igual que las interacciones sociales es un factor fundamental en la construcción de la identidad. De acuerdo con McDowell (2000) los espacios son componentes imprescindibles por la adquisición de conocimientos y la actuación social. Las vivencias en ciertos espacios producen conocimientos específicos que permiten elaborar a las personas diferenciaciones con respecto a los demás (ob. cit; Soler, 2004).

Además de las interacciones sociales la identidad es definida como un proceso de construcción que se da a través del tiempo.  La identidad es considerada como un concepto ligado al cambio, al tiempo. Eventos sociales como individuales ocasionan la emergencia de nuevas identidades de forma continua.  (Gómez, 2009).

Los cambios vividos no afectan de la misma manera a la identidad genérica de todas las generaciones ya que sus vidas transcurren en escenarios sociales, económicos y culturales muy distintos (Guzmán y Mauro, 2001).

La identidad genérica se construye, se define, y renueva a través del tiempo y también a través de la utilización del lenguaje como instrumento mediador. El lenguaje se define como la mediación que permite a los seres humanos significar y representar tanto la estructura social como sus propios papeles sociales (Martínez, 1999). 

De acuerdo con Vigotsky el lenguaje es adquirido a través de procesos históricos, sociales y culturales en la interacción entre individuos. Provee un espacio de interacción para la construcción tanto de realidades como conocimientos El discurso tiene el poder de definir tanto los espacios, las interacciones, las relaciones sociales como la propia identidad (Martínez, ob. cit.).

El discurso desarrolla un papel muy importante en la elaboración y preservación tanto de identidades genéricas como de actitudes lingüísticas. La identidad es una imagen tejida de forma discursiva que refleja sistemas de creencias de tipo social. Las actitudes lingüísticas como parte de este tejido discursivo de igual forma reflejan dichos sistemas de creencias de tipo social (Álvarez y Betancourt, 2007).

Las investigaciones pioneras de Lakoff (1975) dan a conocer las diferencias entre las actitudes lingüística de varones y mujeres en el lenguaje y como reflejan estas las posición de la mujer y del varón en la sociedad. La autora denomina dichas diferencias comunicativas entre varones y mujeresestilos comunicativos. (ob. cit; Tannen 1996).

Las diferencias entre los estilos comunicativos también abarcan los temas de conversación. Se ha observado que existen tendencias a hablar de ciertos temas entre mujeres y de otros entre varones (Lozano, 1995).

De acuerdo con Dallaire (2002) en las reuniones de mujeres se habla sobre estados de ánimo, experiencias íntimas, y relaciones amorosas. Los varones, en cambio, tienden a hablar sobre sus hazañas y rara vez sobre sus malas experiencias, y como en una subasta van apostando cada vez más entre comparaciones y competencias.

De acuerdo con Soler (2004) en general las mujeres optan por hablar sobre las personas y sentimientos, a diferencias de los varones que prefieren las conversaciones sobre cosas y  situaciones.

Kramarae (1978) en sus investigaciones encontró que los varones tendían a mostrar mayor autoridad al referirse a temas como los negocios, la política y los deportes mientras que las mujeres se sentían más seguras hablando de la vida social, los alimentos y del cuidado de los maridos  (ob. cit.; Soler, 2004).

García y Morant (1991) observaron que entre los temas exclusivamente femeninos se encontraba el del amor. En las conversaciones masculinas temas como el fútbol eran mucho más comunes. Muy rara vez se establecían diálogos y cuando los había eran enfrentamientos verbales (ob. cit.; Lozano, 1995).

Las investigaciones de Fehr (2000), encontraron que las conversaciones de los varones se inclinaban más por la impersonalidad de los temas. A diferencia de los varones, las mujeres cuando pasaban tiempo entre amigas hablaban sobre cuestiones personales. (ob. cit.; Barberá y Martínez, 2004).

Es en este sentido que se pretendió investigar como la reunión de té creaba un espacio idóneo para la elaboración de la identidad genérica. Principalmente porque es considerada una reunión acerca del conversar y como se había mencionado anteriormente que la identidad genérica se construía y definía a través del discurso.

Además el discurso no solo permite significar y representar los papeles sociales en este tipo de reuniones sino también el discurso que se maneja dentro de estas veladas como los temas de conversación, reflejan los elementos que conforman la identidad genérica de sus integrantes.

Asimismo la reunión del té es conformada por un grupo de personas. El grupo representa un factor fundamental en la construcción de la identidad genérica ya que los individuos comparten características grupales que determinan y contribuyen al sentido de su identidad.

De igual forma la reunión del té es un espacio del que se obtiene información de tipo social que contribuye a la elaboración de la identidad genérica. Los espacios son componentes imprescindibles por la actuación social que se da en estos.

Finalmente la identidad genérica es un proceso de construcción que se da a través del tiempo. Eventos socioculturales como individuales ocasionan la emergencia de nuevas identidades de forma continua. Por lo que en el presente estudio se trabajó con grupos de mujeres de tres generaciones, alrededor de los veinticinco, cincuenta y setenta y cinco años.

La relevancia del presente estudio reside en la carencia de investigaciones que aborden las tendencias al hablar de ciertos temas entre mujeres, dentro de un contexto grupal femenino, como la reunión del té. Sin embargo se cuenta con investigaciones acerca de las diferentes tendencias al conversar de ciertos temas tanto entre mujeres como varones desde diferentes contextos como el trabajo, lugares públicos o pandillas.

Las investigaciones de Tannen (1996) sobre los temas de conversación que se dan entre varones y mujeres, son abordadas por la autora desde un contexto de trabajo. La autora observó que surgían modelos que se asociaban al género y que penetraban en las interacciones y se reflejaban tanto en el vocabulario como en los temas de conversación.

Deakins (1989) investigó acerca de las preferencias de varones y mujeres al momento de escoger un tema de conversación en el contexto de trabajo en el horario del almuerzo. El autor observo que en los grupos exclusivamente de mujeres solía hablarse de gente, como los amigos, los niños y la pareja (Lozano, 1995).

Como segundo tema preferido estaban los negocios y en tercer lugar la salud. A diferencia de los grupos de varones donde el tema principal era sobre negocios y nunca sobre gente (Lozano, ob. cit.).

De igual forma el estudio de Aries (1976) analiza los temas de conversación de varones y mujeres adolescentes pero desde el contexto de las pandillas. Observó que los varones apenas introducían variaciones a su conversación cuando se trataba de grupos mixtos que incluían mujeres (ob. cit.).

Sin embargo esta falta de adaptación de los varones hacia otro tipo de temas en grupos mixtos, era percibida por las mujeres, ya que optaban por escoger otras mujeres para hablar dentro de estos grupos (ob. cit.).

Los estudios de Meseguer (1982) se basaron en los mensajes pintados de los retretes públicos de Finn Schundi en Noruega. El autor revela en su estudio que las mujeres escribían diálogos, tocaban temas humanos y respondían con replicas apasionadas. Mientras que los varones tocaban temas sexuales, políticos y usaban humor agresivos (ob. cit.).

 Morant (1991) llevo a cabo un estudio similar, en los retretes de diferentes facultades en la Universidad de Valencia. Encontró de igual forma diferencia en relación a la temática en las conversaciones exclusivamente femeninas y masculinas (ob. cit.).

Observó que entre los temas exclusivamente femeninos se encontraba el amor y la liberación femenina. En los retretes masculinos el tema amoroso desaparecía por completo y era remplazado por tópicos como el fútbol o enfrentamientos verbales (ob. cit.).

Por otro lado la presente investigación fue sobre la identidad femenina la cual en la actualidad atraviesa por una considerable transformación. La creciente participación de la mujer en el mercado laboral y la gradual implicación de la mujer en las instituciones de educación superior, han producido una ruptura evidente en la identidad femenina (Pomar y Martínez, 2007).

La inserción de la mujer al mercado laboral se caracteriza por ser uno de los eventos más relevantes mundialmente en los mercados laborales en las últimas décadas, de acuerdo con la Organización Mundial del Trabajo (Godoy y Mladinic, 2009).

Lo cual evidencia un aumento de la mujer en el mercado de trabajo en diferentes países, como también un crecimiento más rápido, en relación a las tasas de ocupación de  los varones, tanto en empleos técnicos como profesionales (Godoy y Mladinic, ob. cit.).

Además el presente estudio analizó el concepto de identidad femenina en tres generaciones ya que la identidad femenina no puede concebirse aislada de cambios socioculturales o aspecto de la propia identidad como las diferencias generacionales.

La identidad se va elaborando de forma interactiva de acuerdo a las experiencias vividas de las personas, los distintos momentos de su ciclo de vida y sus percepciones personales. El medio cultural, familiar, en el que se desenvuelven los individuos, en la vida cotidiana actual, dista mucho de la vida cotidiana de ayer (Guzmán y Mauro, 2001)

 

METODO

El presente estudio fue de carácter cualitativo, el cual pretendió obtener una comprensión completa pero no traducible en términos matemáticos pero si poniendo el énfasis en la profundidad (Creswell, 2007).

También la presente investigación fue descriptiva, trató de integrar la información de cada uno de los conceptos para dar a conocer como son y cómo se manifiestan. Este tipo de estudio se abocó únicamente a describir situaciones y acontecimientos, no se interesó en comprobar explicaciones, ni en elaborar predicciones (Naghi, 2000).

La técnica que se utilizó para la recolección de información fue el grupo focal. Se define como un método con el propósito de recoger datos cualitativos. Se centran en temas específicos de interés y genera información a través de la discusión grupal (Morgan, 1998).

El contexto social del grupo focal brindó la oportunidad de analizar cómo se formaban y como se modifican las opiniones. El significado se modifica constantemente en este tipo de contexto, permitiendo el análisis de la co-construcción del significado y la elaboración de las identidades a través de la interacción (Smith, 2008).

Las participantes fueron seleccionadas de acuerdo con las características requeridas por el estudio. Se escogieron solo mujeres porque el fenómeno que se pretendía investigar era la reunión del té, caracterizada por ser una reunión femenina únicamente. Se seleccionaron mujeres de tres generaciones porque se intentaba indagar acerca de la identidad femenina, considerada como un concepto no fijo, ni estable ya que varía de una generación a otra.

Al iniciar cada grupo focal se presentó la información necesaria sobre dicha investigación. Se comentó que se llevarían a cabo los grupos focales como parte de la investigación de una tesis de licenciatura de psicología. Antes de empezar cada sesión se les pregunto si deseaban ser grabadas por audio o video.

Asimismo se les explicó que durante la grabación podrían llamarse por sus nombres pero que posteriormente en las transcripciones aparecerían anónimos. Se les aclaró que el investigador sería la única persona en tener acceso a esas grabaciones para que pudieran estar seguras de la confidencialidad.

Se trabajó con tres grupos conformados por seis mujeres pertenecientes a tres generaciones diferentes. Entendiendo por generación veinticinco años transcurridos entre una y otra generación. Los rangos de edad fueron de veinticinco, cincuenta y setenta y cinco años de edad. Fueron en total dieciocho participantes, distribuidas en tres grupos (Cazabonne, 2009).

El primer grupo fue conformado por seis mujeres de edades comprendidas entre los veintiséis y treinta y uno. En relación al nivel educativo, seis habían realizado estudios en la universidad. Cinco obtuvieron un nivel de licenciatura y tres de posgrado. Respecto a su estado civil, dos eran casadas, y las demás cuatro eran solteras.

El segundo grupo estaba integrado por mujeres de edades comprendidas entre los cincuenta y uno y sesenta y dos años. En relación al nivel educativo las seis habían estudiado hasta un nivel técnico. Respecto a su estado civil, cinco eran casadas y una era viuda.

El tercer grupo estaba formado por mujeres de edades comprendidas entre los setenta y uno y ochenta años. En relación al nivel educativo, cinco habían estudiado hasta un nivel técnico y una había realizado cuatro años en la universidad. Respecto a su estado civil, tres estaban casadas, dos eran soleteras y una era viuda.

Los tres grupos de seis integrantes fueron conformados en base a grupos de té ya existentes de amigas. El estudio se llevó a cabo en los domicilios de tres mujeres; cada una perteneciente a un grupo generacional.

Se trabajó con mujeres, de la ciudad y de cultura occidentalizada. Se escogieron mujeres de la ciudad porque eventos socioculturales como la resignificación de la identidad femenina suelen manifestarse de forma más evidente en las ciudades que en zonas rurales. Se eligió participantes de cultura occidentalizada ya que el acontecimiento de la reunión de té justamente es un evento heredado de la cultura occidental, específicamente de Inglaterra.

 

RESULTADOS Y CONCLUSIONES 

La reunión del té es un espacio que permite el encuentro entre mujeres. Los espacios hacen posible la adquisición de conocimientos de tipo social por lo que al conversar en este tipo de reuniones, las mujeres elaboraban una representación de su realidad social. En este sentido la reunión de té se convierte en uno de los medios para acordar lo que define a la mujer (Soler, 2004).

Para las participantes, el ambiente de la reunión del té, se caracteriza primero por la presencia del té, que viene acompañado de diferentes masitas, como empandas, tortas, queques, cuñapes, humintas, sándwiches, galletas, etc. Segundo por la sola presencia femenina, incluso lo denominan “té blanco” por el hecho de que solo participan mujeres.

Tercero por el tipo de conversación que surge en estas reuniones. Conversaciones que involucran temas como el chisme, de desahogo y de consejos. Por ultimo lo definen como un espacio de escucha, donde se sienten escuchadas por las demás.

De acuerdo con las participantes, empezaron a involucrarse en este tipo de veladas a través del ejemplo de las mujeres de su familia como también de amistades. Algunas explican que conocieron estas reuniones desde su niñez, a través de sus madres, abuelas e incluso tías. A diferencia de otras que llegaron a participar de estas reuniones ya en la adultez mediante amistades.

Explican que lo común para ellas es reunirse en las casas de las diferentes miembros. Además concuerdan en que las miembros se turnan en recibir a las demás para que no se vuelva una tarea agotadora.

Según ellas el principal requisito para ingresar a su grupo es la amistad. Como segundo requisito mencionan que además debe ser afín al grupo para que se pueda crear un espacio de confianza.

La mayoría de las participantes concuerdan que la frecuencia con que suceden estas veladas son mensualmente. Pero explican también que se dan excepciones como cuando se reúnen cada semana o cada dos meses.

La duración de dicha reunión de acuerdo con ellas regularmente es de tres a cuatro horas pero también se dan irregularidades. Por ejemplo hay reuniones de solo dos horas, hay otras que duran hasta seis. Finalmente argumentan que la duración depende mucho de la cantidad de cosas que tengan para contarse. 

De acuerdo con ellas, el hecho de pertenecer a un grupo de té, les permitía la comprensión y la identificación con las demás miembros del grupo. Cada una compartía con las demás tanto sus alegrías como sus problemas o tristezas. En una atmósfera amistosa tomaban consciencia de que a las otras, a veces les ocurría lo  mismo.

Se identificaban como madres, abuelas, esposas. Cuando conversaban,  reconocían en la otra lo que vivían, sus problemas, alegrías, tristezas o preocupaciones. Estas identificaciones hacían posible el compartir características grupales, que determinaban y contribuían al sentido de su identidad.

Al igual que los grupos sociales, el lenguaje es un factor fundamental en la construcción de la identidad. En esta rica experiencia subjetiva de la reunión de té, la vida de cada mujer se va construyendo al ser contada.

De acuerdo con lo dicho y lo no dicho, el resultado puede ser la incorporación de ciertas cualidades a la autoimagen y a la imagen social de cada mujer. Por medio de la palabra la mujer interviene en la vida de las otras. Cada mujer se transforma, se reelabora y va creando una nueva representación de su identidad.

La palabra en el entorno del té, crea un ambiente particular, una cercanía entre las mujeres. Donde se juntan para hablar sobre su vida cotidiana, sobre sus parejas, sus problemas, su trabajo, sobre proyectos a corto y largo plazo, sobre su salud, enfermedades, dolores, sobre su familia, sus hijos, sobre su cuerpo, su peso, su hogar,  sus maridos, sus nietos, sobre lo que para ellas subjetivamente constituye a la mujer.

En general, las integrantes del grupo establecieron que lo que se hablaba en cada reunión, cambiaba de acuerdo con la edad de las integrantes de cada grupo. Por ejemplo, para las reuniones de mujeres más jóvenes, alrededor de los veinticinco años, el tema que nunca faltaba era el de las relaciones amorosas.

Para las mujeres de la siguiente generación, alrededor de los cincuenta años, el tema principal era el de los hijos. Finalmente para la generación de setenta y cinco, la salud era el tema más importante.

Para las participantes del grupo mas joven, el tema que siempre se encontraba presenta era el de las relaciones amorosas. Algunas veces renegaban contra su pareja, o comentaban sobre sus peleas, para ellas estas reuniones servían para desahogarse.

También solían aconsejarse entre ellas, a veces se daban la razón y a veces le daban la razón a la pareja. Conversaban asimismo sobre nuevas experiencias con sus novios. De igual forma las que estaban casadas compartían sus experiencias con las solteras.

El grupo de la generación alrededor de los cincuenta años estuvo de acuerdo en que el tema principal era el de los hijos. Hablaban mayormente de lo que hacían sus hijos, si viajaban, si trabajaban, etc. También hablaban sobre los logros de sus hijos, sobre lo que han hecho, sobre lo que han conseguido.

Para el grupo de setenta y cinco uno de los principales temas era la salud. Lo consideraban un tema de importancia ya que se encontraban en una edad avanzada, cuando las dolencias empezaban a aparecer. Conversan sobre sus propias enfermedades, se informaban, se aconsejaban, se advertían sobre posibles consecuencias sino cuidaban de su salud.

A pesar de la diversidad de temas, en cada grupo de reunión de té, existió un hilo conductor en estos; todo giraba en torno a la concepción y actitud de cada mujer  respecto a su generación. La elaboración de la identidad femenina variaba en cada generación ya que sus vidas transcurrían en escenarios sociales, económicos y culturales distintos.

El tema de las relaciones amorosas era concebido desde puntos de vistas muy distintos entre la generación de mujeres de veinticinco años y la generación de setenta y cinco años.  La generación de mujeres más jóvenes, por ejemplo, cuando conversaba sobre su pareja, sobre problemas que puedan estar pasando, se quejaban, renegaban, protestaban contra su pareja, se desahogaban con las demás.

En cambio la generación de mujeres de setenta y cinco años cuando conversan sobre sus relaciones de pareja, lo hacían de manera pasiva, resignada. Cuando hablaban de sus esposos los calificaban como ojo alegres, es decir, sexualmente infieles. Situación que producía en ellas mucha tristeza e impotencia. Incluso explican que anteriormente era muy popular la frase “hazte la ciega, la sorda y la muda para vivir feliz” y eso es lo que generalmente hacían.

De igual forma, cuando hablaban sobre el matrimonio, lo hacían de manera resignada. Según ellas el matrimonio implicaba sacrificio, porque a veces tenían problemas con sus esposos pero continuaban con sus matrimonios por el bien de sus hijos.  

En las reuniones de mujeres de veinticinco años uno de los principales temas era el trabajo a diferencia de las reuniones de las mujeres alrededor de los cincuenta y setenta y cinco años, donde dicho tema desaparecía por completo. En ocasiones las mujeres de cincuenta años hablaban sobre el trabajo pero sólo cuando se relacionaba con sus hijos.

Uno de los temas más usuales para la generación de veinticinco años era el trabajo porque la mayoría de ellas trabajaba. Cuando conversaban acerca del trabajo, por ejemplo, hablan sobre sus horarios, sobres la carga laboral, sobre sus compañeros de trabajo.

En las reuniones de las mujeres de cincuenta años, el tema del trabajo no se lo toma mucho en cuenta ya que la mayoría eran amas de casa. Por esta razón para esta generación, el tema principal era el de los hijos. Conversan sobre el trabajo pero en relación a sus hijos. Sobre los estudios de sus hijos, sobre sus viajes de trabajo y sobre sus diferentes logros.

Se encontró que el chisme era uno de los tópicos favoritos ya que aparecía en el repertorio de las conversaciones de los tres grupos. Según ellas, chismear era hablar sobre la vida de las otras personas. Explicaron que en realidad hablaban de otras personas pero de forma crítica, como ellas decíanles daban palo.

El chisme de cierta forma, transmite un tipo de moral, debido a su naturaleza sancionadora. Usualmente contiene una moraleja; en la que la mujer se muestra como ejemplo a quienes la escuchan, para que aprendan de la evidencia a través de ella, a no equivocarse (Lagarde, 1993).

La reunión del té además de ser un espacio donde se adquiere conocimientos de tipo social representaba también para sus integrantes un lugar de contención sentimental.

Para las integrantes de los tres grupo la principal característica que definía a la mujer era la parte sentimental. Según ellas, la mujer solía exponer esta parte de forma más evidente, mostraba mucho mas sus sentimientos. De acuerdo con ellas la mujer simbolizaba sensibilidad, comprensión y cariño.

Para ellas, la mujer tenía la necesidad de este tipo de apoyo sentimental, una red de amigas, que la sostenga, entienda, apoye, ayude, escuche, aconseje y que le brinde cariño al hablar de sus sentimientos.

Por esta razón uno de las principales motivos para regresar a las reuniones de te, de acuerdo con ellas, era el tipo de conversación que se daba en estas. Conversaciones que involucraban cariño y apoyo. Charlas en las que se podían desahogar de sus problemas, donde las demás escuchaban y les brindaban consejos o palabras alentadoras.

En cuanto a temas de conversación sobre sentimientos, estas reuniones hacían posible el encuentro y la satisfacción de necesidades sentimentales. En este sentido el té se convertía en un espacio amoroso, único entre mujeres.

 

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Articulo recibido en: 07/05/2013
Manejado por: Editor en Jefe - IICC
Aceptado: 16/06/2013

No existen conflictos de interés


[1]Enviar correspondencia a: marianamedina1012 @gmail.com

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