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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.7 n.2 La Paz ago. 2009

 

ARTÍCULO

 

ALGUNOS LINEAMIENTOS ACERCA DEL DIAGNOSTICO DE UNA ESTRUCTURA HISTÉRICA
ABORDAJE DESDE EL PSICOANÁLISIS

 

SOME GUIDELINES ABOUT THE DIAGNOSIS OF A HYSTERICAL STRUCTURE
AN APPROACH FROM THE PSYCHOANALYSIS

 

 

Lenny M. Bertsch C.

Departamento de Psicología

Universidad Católica Boliviana “San Pablo”

 

 


RESUMEN

Un diagnóstico acertado es el punto de partida de un trabajo exitoso, es así que el tema del diagnóstico en la Clínica Psicoanalítica implica un cuidadoso proceso de observación y análisis. Se trata de una cuestión altamente compleja; a tal punto que las investigaciones en el campo de la práctica clínica definen la cuestión del mismo en tanto; la Construcción del Diagnóstico. Por ello, el analista se toma un buen número de entrevistas preliminares antes de pasar al diván y de empezar el análisis propiamente dicho; sabe que investigando profundamente cada caso podrá estar seguro de haber llevado de manera adecuada el complejo proceso de edificar el diagnóstico.

El eje central del presente trabajo gira en torno a la construcción del diagnóstico de un Caso Clínico fundado en la revisión de algunos lineamientos teóricos acerca de la organización psíquica de la Estructura Histérica; planteando la siguiente interrogante: ¿El caso presentado evidencia una estructura psíquica histérica?. La misma que a su vez gravita en puntos teóricos como los rasgos de estructura, la constitución del sujeto y preguntas especificas acerca de rasgos estructurales en la histeria.

Palabras clave: Teoría Psicoanalítica, Construcción del Diagnóstico, Estructura Histérica.


ABSTRACT

An accurate diagnosis is the beginning of a successful work. Therefore the topic of diagnosis in the Psychoanalytic Clinical implies a careful process of observation and analysis. It is a highly complex matter to the point that the investigations in this field defines the question of the “the diagnosis construction”. For this reason the analyst takes a large number of preliminary interviews before going into the sofa to star the specific analysis. He knows that by investigating profoundly each case he will be able to be certain of how the case had been carried along the best possible way the complex process of diagnosing.

The central axis of the present work evolves around the construction of the diagnosis of a clinical case, based in the review of some guidelines about the psychic organization of the hysterical structure by proposing the following approach: Is the following case an evidence of a psychic hysterical structure? At the same time, this rests in theoretical points like, the features of the structure, the constitution of the subject, and specific questions about the structural features of the hysteria.

Key words: Psychoanalytic Theory, Diagnosis Construction, Hysterical Structure


 

 

En la Clínica Psicoanalítica el analista toma el tiempo de las Entrevistas Preliminares y el curso del análisis mismo para construir el diagnóstico; en tanto dispone de la asociación libre o; su contraparte: de la escucha; como principal técnica de investigación. Este método de investigación, permite al analista tomar distancia del registro de lo medible y de lo observable donde se anotan los datos como empíricos y controlables. En el campo de la medicina estos datos suponen los signos y síntomas que trae el paciente; el dispositivo "causa-efecto", resulta eficaz en este campo. En la práctica psicoanalítica, este principio no resulta valido; por ser reduccionista. De este modo, se concluye que para la construcción del diagnóstico en la clínica psicoanalítica: no existe una inferencia fija entre las causas psíquicas y los efectos sintomáticos.

Bajo esta concepción, la Clínica Psicoanalítica establece la importancia de realizar un tiempo de Entrevistas Preliminares, en las que se explora la dinámica del inconsciente identificando rasgos estructurales en el sujeto; que permitan la construcción del Diagnóstico.

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL DIAGNÓSTICO.-

Para abordar la construcción del "diagnóstico" en el campo de la Clínica es imprescindible hacer un recorrido desde los inicios del Psicoanálisis, es decir, un retorno a ciertas concepciones clásicas adelantadas par Freud a partir de 1895. Desde el nacimiento del psicoanálisis, Freud planteaba el problema del diagnostico en los siguientes términos: "Es muy difícil ver acertadamente un caso de neurosis antes de haberlo sometido a un minucioso análisis (…) Pero la decisión del diagnostico y de la terapia adecuada al caso tiene que ser anterior a tal conocimiento 1 ". Es así como Freud plantea una situación aparentemente paradójica, es decir, para construir el diagnóstico hay que ir con cautela pero con rapidez. Puesto que, la construcción del diagnóstico requiere un análisis cuidadoso y detallado, pero a la vez oportuno que permita identificar elementos estables de la dinámica de de la vida psíquica del sujeto; los que se conocen como Rasgos de Estructura. Los Rasgos Estructurales permitirán establecer el Diagnóstico de Estructura. Los mismos se definen como aquellos rasgos que se manifiestan en el discurso del sujeto, de manera estable, siguiendo ciertos patrones comunes que lo definen dentro del funcionamiento de una de las estructuras psíquicas.

Ahora bien, para dar cuenta de algunos lineamientos de la lógica estructural en la histeria es elemental revisar desde las primeras reflexiones freudianas realizadas sobre sus pacientes histéricas. Sobre quiénes da cuenta de que en la histeria femenina, la niña ingresa al Complejo de Edipo al darse cuenta de su Castración, que es vivida como una Privación; a la salida del Edipo, en el devenir de su constitución como sujeto de deseo toma una posición ante su propia castración y ante la castración del Otro. Su salida del Complejo de Edipo está marcada porque asume una posición de no saber de la falta. No saber nada de la castración del Otro que la remite a su propia castración. Es así que una de las estrategias que utiliza la histérica para no saber del Otro en falta es volverse en la que denuncia la falta misma.

Otra de las estrategias que adoptara es la de sostener al padre como completo. Y para poder sostener a este padre se fiara del objeto a, el cual va a actuar como obnubilación pura, prometiendo, falsamente, que el Otro es completo. Hasta que el acercamiento al objeto le haga recaer en lo decepcionante de la falta: "no era eso .... ". Pues la histérica se asombra ante el falo como espejismo: "¿Como hacen para contentarse con eso, para resignarse con eso; como eso puede bastarles?: La histérica rehúsa, con el mayor encaminamiento, la falta del Otro. Por ello la histérica se presenta como víctima. Expresa su división esperando ser reasegurada, que el otro Le asegure lo contrario. Es así que en el discurso de la histérica, encontraremos la denuncia, la denuncia de la falta transformada en queja. En este sentido; Lacan da cuenta de que la histérica aparecerá con sus quejas y/o sus síntomas dirigidos al Otro, que hará que ella se transforme en quejumbrosa, en la que plantea las quejas. Es característico de la histeria que describa la falta a nivel del reproche. No denuncia la verdad para asumirla, sino para reprocharla. Inconscientemente se siente capaz de esa verdad desagradable, pero su discurso denuncia con fuerza al Otro como culpable, como responsable2.

Uno de los rasgos características va en función de la economía del deseo. En la estructura histérica, el deseo se manifiesta como un deseo insatisfecho, es decir; la histérica se las ingeniará para procurarse un deseo insatisfecho. Un ejemplo muy didáctico acerca de los mecanismos que rigen la economía del deseo en la histeria; es decir de los modos que se da la histérica para procurarse un deseo insatisfecho, es el del Sueño de la bella carnicera 3 .

La bella carnicera sabe que tiene un deseo insatisfecho más allá del sueño. Un deseo insatisfecho que no es el Salmón Ahumado. Más allá del sueño esta histérica, tan enamorada de su marido, demanda amor. Las histéricas como todo el mundo demandan amor, solo que ellas lo hacen de manera más aparatosa. La cuestión, precisamente, radica en que para que una histérica mantenga su comercio amoroso y que este le resulte satisfactorio, primero, necesita desear otra cosa, no amor. Asimismo, el deseo insatisfecho de caviar, está representado a través de la persona que está en juego en el sueño; es decir, la amiga; con quien ella se identifica. De este modo, el sueño permite al sujeto histérico constituirse a partir del deseo del Otro; es decir a partir del deseo de la amiga. Asimismo, este deseo del Otro es vivido, al mismo tiempo, como algo que puede ser satisfecho, aunque solo para el Otro. En torno a estos elementos que presenta el sueño de la bella carnicera es posible dar cuenta de algunos rasgos en la economía del deseo en la histeria:

  • en la estructura histérica la economía del deseo encuentra su valor par faltar, es decir, por ser un deseo insatisfecho.

  • la histérica tiene dificultad para constituirse como sujeto frente a un Otro, en otras palabras, dificultad para establecer una relación que Le permita conservar su lugar de sujeto de deseo. Por lo tanto, el sujeto histérico necesita crearse un deseo insatisfecho, para constituirse frente al Otro a través de la queja; o a veces recurrir a la identificación al deseo del Otro y poder presentar su deseo.

  • la histérica necesita que la satisfacción de la demanda no sea completada, para así sentir que su deseo es capturado por la palabra del Otro. En la clínica, la histérica, a través de la asociación libre, propone la alienación de su deseo en la palabra, bajo el modo de la identificación para así sostener el deseo del Otro. No bajo el modo de la respuesta

La pregunta por la feminidad constituye otro rasgo estructural de la histeria. Lacan da cuenta de este rasgo característico de la estructura a través del estudio del Caso de Dora; que muestra que lo que interviene en la relación de amor, en la histeria, es la pregunta por la feminidad ¿Que es una mujer? En tanto se pide un signo de amor, que siempre es algo que solo se ofrece como don, pero que no se tiene. Y para que la histérica pueda hallar una respuesta a esta pregunta necesita de relaciones de amor trianguladas, si la triangulación se desarma ella no tiene donde buscar respuestas. Al mismo tiempo si se desarma la triangulación y la histérica es deseada, emerge la angustia en ella, puesto que la histérica no tolera ser colocada como objeto de deseo.

Asimismo, Freud, a lo largo de sus investigaciones introduce la sexualidad para estudiar la neurosis histérica; en esos momentos debatía entre la disposición hereditaria, el uso inadecuado de la función sexual y; el traumatismo psíquico como posibles etiologías de la misma. Antes de optar por la causalidad traumática del síntoma. Después de algunos intentos, en una comunicación preliminar que iba acompañada de dos exposiciones en la Sociedad Medica de Viena, propone una primera definición de la histeria. De acuerdo a esta definición, Freud encontraba en el origen de esta neurosis, infaltablemente, un incidente, generalmente sexual, cuyo recuerdo por no haber sido elaborado asociativamente se transforma en patógeno y provoca un síntoma; entonces, afirma que: fa histeria sufre de reminiscencias.

Es así que en sus Estudios sobre la histeria, Freud reflexiona sobre la forma que la histérica asume el encuentro con lo sexual ya sea durante la segunda infancia o en el momento de llegar a la adolescencia.

Generalmente, este encuentro con la sexualidad se tomara, para la histérica, en un recuerdo de seducción violación o experiencia libresca; aunque objetivamente no haya sucedido así. Ahora una vez que se constituye en un recuerdo de una tentativa de seducción es reprimido en el inconsciente.

Cuando el sujeto se encuentra en una nueva situación donde se hace manifiesto, nuevamente, el encuentro con la sexualidad el recuerdo se vuelve traumático, en un sentido retroactivo, aprés coup. Es decir; esta nueva experiencia es asociada al recuerdo reprimido que será recordado como un hecho doloroso. De esta manera, se constituye en el trauma, construido en dos momentos.

De esta manera es descrito el mecanismo de la histérica: "el incidente sexual pre sexual (anterior a la pubertad) es sufrido con disgusto, asco y temor por la histérica".
Sobre el que, Freud precisara que el shock sexual pre-sexual depende en la histeria de una seducción infantil.

Y en función de estas investigaciones Freud considerara las tres causas posibles de los síntomas histéricos, el recuerdo, el fantasma y la pulsión, y retendrá la siguiente: "los síntomas histéricos no se vinculan con los recuerdos sino con los fantasmas edificados sobre ellos".

Ella cree en la falsa promesa de la existencia de una relación sexual completa, por eso el sujeto puede abrigar la certeza ilusoria de haber encontrado lo Verdadero, lo Único. Hasta que el descubrir que la relación sexual no existe le haga recaer en la decepcionante: "no era eso". La histérica se asombra ante el falo como espejismo: "¿Como hacen para contentarse con eso, para resignarse con eso, como eso puede bastarles?”. La histérica rehúsa, con el mayor encarnizamiento, toda complicidad con el mundo del semblante por ello denuncian la falta. Ella está dispuesta a seguirla la ilusión de completitud, eventualmente sin límite, todo el tiempo, siempre que se le deje el derecho de sonar con la existencia de la relación sexual, de la igualdad respecto del significante de la identidad sexual.

Es precisamente por la falta de puentes de estas dos grandes dimensiones, entre lo que es la relación sexual en el Otro y lo que debería ser para ella, que la histérica queda prisionera de su patología. La falta del objeto la enfoca en lo sexual. En estas investigaciones, al dar cuenta de los procesos inconscientes que se juegan en la estructura histérica, Freud ya dio cuenta de que no existe una relación directa entre la sintomatología que trae el paciente y el diagnóstico de estructura. La clínica psicoanalítica sabe, que existe una cadena de procesos inconscientes que se asocian en función de mecanismos de condensación y desplazamiento en función de un tiempo lógico. Estas asociaciones inconscientes se desmarcan del tiempo cronológico; es por ello que no podemos asumir la existencia de relaciones directas causa-efecto. En los procesos intrapsíquicos los efectos pueden tener más de una causa y no tener una continuidad temporal. Es mas a simple vista, causa y efecto pueden presentar elementos totalmente distintos.

En síntesis; un síntoma, en la Histeria, se constituirá en elemento confiable para la evaluación diagnostica siempre y cuando se la separe de la identificación a síntomas que trae la histérica. Puesto que; la identidad de la sintomatología de la cual se queja la histérica se remite, la mayor parte de las veces, a una entidad clínica engañosa, un artefacto producido por los efectos del inconsciente.

 

PRESENTACIÓN Y ANÁLISIS DEL CASO CLÍNICO

MOTIVO DE CONSULTA.

Ana de 26 años de edad, llega a la consulta identificándose como “deprimida”. Casada ya hacía un año atrás, llegó al país acompañando al esposo; quién obtuvo una beca de investigación de dos años de duración. En la Primera Entrevista se presenta de la siguiente manera: “Vengo a buscar una terapia psicoanalítica, mi marido hizo una; él estaba muy deprimido porque fue abusado sexualmente cuando era niño.” Ana se planteaba la posibilidad de haber sido, también, abusada cuando era niña; puesto que, desde el momento que se enteró del abuso del esposo, empezó a sentirse muy triste; y se mantuvo con ese estado afectivo durante todo el año; que era su primer año de matrimonio.

Explica: “Todo empieza cuando me voy a Nueva York; mi novio había descubierto que fue abusado sexualmente de pequeño, él estaba deprimidísimo, hasta que empezó un tratamiento con Prozac (un antidepresivo)”. “Yo siempre tuve carácter nostálgico... pero, tengo la sospecha de que a mí me pasó. Yo también fui abusada. Mi forma de ser me lo hace pensar!“. “Y mi madre, también fue abusada de niña y está llena de fobias”.

Ana construye el siguiente silogismo que la conduce a una identificación:

  • “Mi novio fue abusado de pequeño... se deprimió”

  • “Mamá fue abusada de pequeña... está llena de fobias”

  • “Yo estoy deprimida y tengo miedos... fui abusada de pequeña”

  • “Mis crisis deben tener los mismos motivos ... que las crisis de mi novio y de mi madre”.

En esta formación del inconsciente se identifica el mecanismo primario del desplazamiento; concluyendo en una construcción simbólica que lleva a la paciente a un proceso de identificación al discurso. Esta identificación al discurso es un mecanismo de la Estructura Histérica: la identificación histérica. Ana está triste, no sabe la causa, entonces toma prestada la causa que tiene triste al esposo y toma la causa que provoca los miedos de la madre.

La identificación en tanto Rasgo de Estructura, ha sido revisada con el ejemplo del sueño de la Bella Carnicera, en el Capítulo II. La Bella Carnicera, en el momento del sueño, estaba preocupada por procurarse un deseo insatisfecho; esta Bella Histérica, Ana está preocupada por explicar su tristeza. El deseo insatisfecho de la Bella Carnicera está representado a través de la persona que está en juego en el sueño; es decir, la amiga; a quién la bella carnicera se identifica. Ana se identifica al esposo y a la madre.

De manera general, se aprecia que la asociación de la histérica es la siguiente: si a esa persona ese motivo le genera este síntoma o este estado. Yo me siento igual, entonces, debo tener los mismos motivos, y se identifica al discurso del otro.

Es así como, la identificación le permite a la histérica constituirse como sujeto de deseo frente al Otro. Pero además la histérica va a utilizar sus propios recursos para demandar amor. Como ya dijimos: “las histéricas como todo el mundo demandan amor, sólo que ellas lo hacen de manera más aparatosa”. Y esta analizante, se identifica al discurso del esposo y de la madre y; al mismo tiempo esa identificación le permite demandar atención y afecto del esposo.

ESTRUCTURA FAMILIAR.

En siguientes entrevistas; se va tomando en cuenta otro rasgo de la Estructura Histérica; a saber, la manera en que la histérica aprehende la falta en el Otro. Ana llega con una queja, viene a denunciar acerca de la falta. Este constituye un segundo rasgo estructural que se va constituyendo en la Histeria, a partir de su constitución como sujeto de deseo a través de su posición ante la Castración tanto propia como la del Otro y su salida por el Complejo de Edipo en la que asume una posición para no saber de la falta. La histérica denuncia la falta del Otro y la convierte en su queja. En esta oportunidad Ana viene a denunciar esta falta a través de su Novela Familiar. Viene a mostrar lo no buena que es la familia para ella.

Comenta que en la rama materna; con quiénes ha compartido la mayor parte de su vida, se consume alcohol en exceso; la describe como una familia que encuentra el goce en el consumo de alcohol; definiéndola de la siguiente manera: “es una familia disfuncional, alcohólica, depresiva y violenta”. Menciona que el abuelo era alcohólico y murió por ello; que desde la separación de los padres, la madre empieza a beber sola en casa y; finalmente, que ella misma empieza a beber a los 14 años, relata: “Comencé bebiendo ron, tequila, agua ardiente y cerveza, al menos una vez por semana; a los 17 probé marihuana y a los 22 ya la consumía habitualmente, me estaba poniendo muy paranoica”. Asimismo, en su Novela Familiar Ana; describe recuerdos de los padres, delata lo tortuosa que fue la relación entre ellos: una relación conflictiva desde su inicio, menciona que se casaron porque su madre estaba embarazada de ella. La abuela, por parte de madre, consideraba que el padre era muy poca cosa para su hija, pues se refería al padre de Ana como “indio”; puesto que, era del interior. Por otra parte, la madre de Ana, mayor que él, era la que trabajaba en el hogar; mientras que él seguía estudiando. Finalmente, él empieza a ejercer violencia verbal y física contra la madre de Ana.

Durante los primeros años de matrimonio, la pareja vivía con la madre y la de hermana de parte de la esposa. Pero, a raíz de una pelea entre suegra y yerno; el padre de Ana echa de la casa a la suegra y a la cuñada. El momento de irse la abuela le encarga a Ana lo siguiente: “cuida a tu madre”; “y en ese momento; yo me olvidé de mi infancia y cuidaba a mamá”, refiere. De esta manera es como nuestra Ana va denunciando la falta del Otro, a través de su Novela Familiar, en la que describe las dependencias familiares que se han arrastrado de una generación a otra, las amarguras que tuvo que pasar en su infancia y los recuerdos acerca de la abuela y del padre.

Y de esta manera Ana va dirigiéndose a la Implicación Subjetiva, su discurso se desvía de la novela familiar para llegar a sus propias identificaciones que había ido construyendo a lo largo de su infancia.

La recomendación que le había dado la abuela, de cuidar a la madre, se torna en una sentencia, y desde ese momento Ana se convierte en la “Guardaespaldas de mamá”. Entretanto, la relación de los padres de Ana se tornaba más conflictiva y violenta. En ella nace el deseo de que sus padres se divorcien.

En esa época, el padre empieza una relación extramarital y cuando la madre descubre esto, hace que Ana participe de ello. Ella recuerda: “Yo estaba furiosa con papá porque tenía una amante “. “Mamá me llevó a enfrentar a la amante de papá… yo recuerdo que mamá impulsiva gritaba e insultaba, se acercó a la camioneta donde estaba mi padre y esa mujer; mamá le empezó a jalar de los cabellos a la mujer… y mi padre arrancó… y arrastró a mamá un poco... se fue con esa mujer”. Es posible dar cuenta como Ana ya identificada en el lugar de “Guardaespaldas de la Madre”; en el inicio de la adolescencia; cuando la figura del Padre para la histérica es primordial empieza a tener la imagen de un padre que le falla. De un padre mal hecho, infiel. Finalmente, los padres de Ana se separan cuando ella tenía, aproximadamente, 12 años. Pero es ella quién echa al padre de la casa siguiendo el mandato de la abuela. Recuerda la escena: “Un fin de semana, mis padres peleaban y yo; como guardaespaldas de mamá, con ella. En ese momento me puse a empacar mis cosas; me dirigí a papá y le dije: ‘papá o usted yo’; refiriéndome a que se iba de la casa él o yo. En ese momento, Papá me dijo: ‘Nunca te lo voy a perdonar’ y se fue ese mismo día“.

Yo me sentí miserable. Mamá se enojó conmigo”. Desde el momento en que el padre de Ana se va, ella se siente más atrapada en el lugar que le había designado la abuela; menciona me sentía “atrapada entre el mandato de la abuela y el sentimiento de culpa por la infelicidad de mamá”, incluso, señala que se llega a sentir culpable de que su madre fuera infeliz, puesto que; los padres se habían casado porque la esperaban a ella. Pero por otra parte, Ana iba confirmando la imagen de un padre devaluado, que le falla.

Todo este material desplegado, permitiría dar cuenta; primeramente, de que se estaría frente una Estructura Neurótica, en la que existe una crisis edípica. Es posible afirmar que Ana ha alcanzado la crisis edípica, y que al mismo tiempo ha podido y no ha podido franquearla; puesto que aquel padre que tendría que haber compensado su privación del falo es un padre totalmente desvalorizado y que la abandona. En un inicio la abuela hizo ver a este padre como el que “no vale nada”. El concepto que la abuela tenía del padre de Ana era de: “un indio”. Y, más adelante, la madre le muestra que este padre “no sirve”; “no la quiere”; “es malo” y; “tiene otra mujer”. No recibe de su padre, simbólicamente el don viril, este padre la engaña y la abandona. Estos hechos se dan en el momento en que la niña tendría que haber virado su amor hacia el padre para buscar aquello que la madre le privó “el falo”; tendría que amar a este padre; pero en esos momentos, más que nunca, el padre de Ana se presenta como un padre que no la quiere y que la abandona. El amor que Ana tendría que haberle tenido a su padre a saber, se convierte en odio, rabia y en cumplir el mandato de la abuela: “Cuida a tu madre”. Por otra parte, Ana se identifica a la madre como ‘mujer herida’; ‘mujer abandonada’“.

DIAGNÓSTICO ESTRUCTURAL.

Una vez que se puede establecer si se trata de una Estructura Neurótica, una segunda lectura de este material, permitiría delimitar a cuál de las Estructuras Neuróticas pertenecería.

Es así que se retomando los dos rasgos estructurales ya identificados; característicos de la histeria: la identificación de la histeria al discurso del otro y; la queja histérica, que ya se había señalado. Y ciertos lineamientos de una posición subjetiva.

Acerca del primer rasgo de estructura, la identificación histérica, encontramos bastante material en el sueño de la bella carnicera; que constituye una de las primeras articulaciones muy netas, por parte de Freud, de lo que significa la identificación histérica. Es más, define su sentido, en lo que se llama la imitación histérica, la simpatía del histérico por el otro.

El proceso de la identificación histérica, es algo más complejo que la pura y simple imitación, como se suele juzgar. Se trata de una identificación al discurso del otro que sigue el siguiente mecanismo: “…si esta clase de motivos acarrea esta clase de crisis, yo también puedo tener esta clase de crisis —articulación con una identificación de discurso, con una situación articulada en el discurso—, porque yo tengo los mismos motivos”. Freud además delata el carácter inconsciente de esta identificación, puesto que si se tratara de conclusiones conscientes se suscitaría mucha angustia ante la idea de que se trate de la misma crisis. Esta identificación ocurre en otro plano psíquico y conducen a la realización de un síntoma. La identificación, no es, pues, simple imitación sino apropiación debida a una etiología idéntica: expresa un “como si” debido a los mecanismos asociativos del inconsciente. También, resulta importante dar cuenta de que la histérica se identifica preferentemente con personas con quienes ha tenido relaciones sexuales, o que tienen las relaciones sexuales con las mismas personas que ella.4 En este caso, Ana se identifica a la depresión del esposo y a las fobias de la madre.

El segundo rasgo estructural que se identifica es la queja histérica; que como se había estudiado en la revisión teórica del Capítulo II se ve que la histérica aparecerá con sus quejas y/o sus síntomas dirigidos al Otro, que hará que ella se transforme en la que viene a quejarse. Lo que ocurre es que la histérica se ilusiona con la ideas de completitud: la felicidad, la perfección, el amor incondicional; pero el momento que se da cuenta de que el todo no existe, siempre algo falta, ella no lo tolera y se asume una posición de asombro: “¿Cómo hacen para contentarse con eso, para resignarse con eso; cómo eso puede bastarles?: La histérica rehúsa, con el mayor encarnizamiento, la falta del Otro. Por ello se presenta como víctima. Y expresa su división esperando ser reasegurada, que el otro le asegure lo contrario. Y es lo que Ana hace con su Novela Familiar, viene a quejarse, a mostrar la clase de sujetos que existen en su familia y no puede creer de que sean tan enfermos, ella que hubiese deseado otro tipo de familia, más feliz, más fina, más educada, etc.

Este desarrollo de su novela familiar, también nos aporta pistas para localizar el lugar y la posición subjetiva en la que Ana se ubica dentro de su Familia. El material muestra que Ana se va colocando en el lugar que le demanda la abuela, pero además ella misma se va acomodando cada vez más a ese lugar desde el momento que echa al padre de la casa, se siente más que atrapada, en esos significantes; ella refiere: “Atrapada entre el mandato de la abuela y el sentimiento de culpa”. De este modo es como Ana llega a ubicarse en el lugar de Guardaespaldas de mamá. Es así que, cuando Ana llega a la consulta desde su lugar de “Guardaespaldas de mamá” llama a la madre por teléfono y se preocupa por saber cómo está y qué está haciendo esta madre. Indudablemente, Ana mantenía su lugar de guardaespaldas de mamá.

Desplegando más material es posible aprehender otras identificaciones que va encarnando en su novela familiar y a su paso por el Complejo de Edipo. Damos cuenta que Ana está identificada al objeto de Deseo de la Madre, en tanto, el momento en el que a la salida del Edipo debía girar hacia el padre, no encuentra un padre con quién entrar en la dialéctica del intercambio del don; entonces continúa sosteniéndose en el objeto de Deseo de la Madre. Y; esta madre lo que desea es una niña “Brillante e inteligente”. Como bien sabemos, en el Primer Tiempo del Complejo de Edipo; se encuentra el significante del Deseo de la Madre; debajo del cual, en el lugar del significado está el objeto de deseo, representado por el falo, al cual se identificará el sujeto infantil para hallar un lugar que le permita sostenerse en esta relación dual, madre-falo-niño. En esta dinámica, Ana desde pequeña se identifica a la niña brillante e inteligente.

La abuela, también la quiere en ese lugar de inteligente y brillante y así era tratada en la casa. Ana era escuchada en todo lo que decía y lo que hacía era visto como brillante y aceptado. Y Ante este Otro encarnado en estas dos mujeres tan presentes para Ana, la ley del Padre, ley que la podría haber liberado de esas identificaciones es totalmente devaluada; entonces no podía sostenerse sino desde esa identificación al objeto de Deseo de la Madre.

Asimismo, al encontrar únicamente, en la madre un lugar para sostenerse se va ubicando en una posición frente a la sexualidad. En cuanto a ésta se distinguen algunas respuestas que Ana va encontrando a la pregunta por la feminidad ¿Qué es una mujer?, otro rasgo estructural de la histeria.

Ana irá construyendo estas respuestas a través de las identificaciones que irá encontrando en las principales mujeres de su historia: la madre y la abuela, principalmente. Las identificaciones que van sobresaliendo de inicio están ligadas a ser “la Inteligente y la Brillante”. Es así que, Ana la inteligente y brillante empieza a ver a su madre: “Como una mujer impulsiva e inmadura emocionalmente“. Para el padre Ana era la buena alumna, inteligente. Mientras que ella veía a este padre, también como inteligente, pero sus emociones y afectos fueron una incógnita hasta que llegó a la conclusión que es: “Un incapaz emocional”.

Pero la abuela de Ana era una figura con brillo fálico para ella, esta abuela que vivía en la casa de sus padres durante sus primeros años infantiles; era la que mandaba en la casa, y además en la vida de sus dos hijas, la madre de Ana y una tía soltera. Esta abuela era una mujer profesional, Ana iba algunas veces a la oficina de la abuela, que era un trabajo que suponía saber ordenar y mandar; en su mayor parte mandar sobre varones. Esta abuela veía a Ana como una niña “juiciosa” y “responsable”, además de ser la mayor de los dos nietos, su hermano y ella.

A partir de estas identificaciones de “brillante e inteligente” Ana va ocupando una posición y un lugar; se hace responsable de la vida de la madre y del hermano; quienes al no ser tan brillantes como ella no son capaces de llevar su vida adelante; entonces ella empieza a controlarlos. De la misma manera, se ubica en la vida escolar y profesional muy competitiva, era un modelo a seguir para las amigas, una intelectual que analiza los complejos problemas sociales tanto de su país como de Sudamérica y que va haciendo justicia por el mundo, abogando por los desvalidos; rechazando lo superficial de aquellas mujeres que dedican su tiempo, cubrirse del brillo fálico, es decir a comprar ropas, maquillarse, dedicarse a las labores de casa, etc.

De ese modo, vamos decantando un tercer rasgo de la estructura histérica. Pues en Clínica se ve que la histérica moderna, presenta raramente síntomas espectaculares de conversión, peso sí hace de su vida el incesante enigma del deseo. De este modo, se encuentra que Ana responde a la pregunta por la feminidad: ¿Qué es una mujer?, con el estereotipo fundamental de la histeria: la función de la máscara; la máscara le permite siempre al histérico tomar distancia de sí mismo y por ende de su deseo y brindar una respuesta que se desliza en Ana de la siguiente manera: “Creo que mi racionalidad es mi fachada desde pequeña era un mito: ‘ser inteligente’. “Pero en el fondo me siento sola y abandonada, no atractiva y débil. Como pareja soy liviana – fácil, lo mío no importa, puede esperar“. Por otra parte, relata que siempre tiene una visualización de ella: “Convertirme en una escritora con mucho éxito y reconocimiento… una vida ocupada, pero siempre sola…” A través de esta fantasía, en Ana se genera el mecanismo que le permite anular su deseo y le permite seguir sin saber nada de él.

Finalmente, en el discurso de la paciente se identifica un mecanismo, el de la Represión del Afecto Sexual, que ha sido estudiado por Freud desde los inicios mismos de sus investigaciones acerca de la Histeria. Pues no olvidemos que Freud inauguró el desarrollo de su Obra con los estudios sobre la sintomatología que presentaban las histéricas de la época; de este modo, este tipo de síntomas e identificaciones al síntoma del otro, han ido consolidándose como un Rasgo Estructural en la Histeria, rasgos que fueron identificados en este caso. Pero al mismo tiempo; en el estudio de la histeria, Freud va descubriendo el Mecanismo que regía en esta estructura psíquica; a saber, la Represión de impulsos sexuales.

Sobre este rasgo, en entrevistas posteriores, Ana trae el siguiente material inconsciente al regreso de un viaje que hace su país. En este viaje se moviliza nuevamente, el material asociativo que la había llevado a la Identificación al discurso del esposo y a sentirse deprimida. Llega angustiada con la certeza de que de pequeña había sido abusada por alguien, aún no sabe por quién. Esta certeza venía del siguiente episodio de angustia que había experimentado: “Estaba en el pueblo de mi padre, fui para allá a hacer un trabajo de investigación. Me había fumado marihuana y empezó a invadirme una angustia muy grande, empecé a sentir como si mi cuerpo me fuera ajeno y ahí me vino la sensación de que era una niña pequeña y sentí la presencia de alguien, era un hombre, no sabía quién era... fue una sensación que me duró unos 30 minutos… estoy segura de que reviví los sentimientos de como si ese hombre me hubiese abusado”. A pesar de que Ana refiere no tener recuerdos de hechos concretos de haber sido abusada, y verdaderamente no existen, mantiene cierta certeza.

Analizando el material inconsciente que trae Ana, bajo la óptica de los Estudios sobre la Histeria de Freud, es posible identificar en Ana el mecanismo al que recurre la histérica para afrontar el encuentro con la sexualidad, Freud encontraba en el origen de esta neurosis, infaltablemente, un incidente, generalmente sexual, cuyo recuerdo por no haber sido elaborado asociativamente se transforma en patógeno y provoca un síntoma; entonces, afirma que:”La histeria sufre de reminiscencias”. Es así que en sus Estudios sobre la histeria, Freud reflexiona sobre la forma que la histérica asume el encuentro con lo sexual ya sea durante la segunda infancia o en el momento de llegar a la adolescencia.

En el caso de Ana estas reminiscencias de haber sido abusada responderían a una necesidad del sujeto de desplazar de alguna manera el goce autoerótico, descubierto en la infancia, y del cual quería seguir gozando, a través de la masturbación. Pero al ser este goce sancionado y acotado por la madre y por la monja del colegio, se ve obligada a dejarlo. A continuación vemos este recuerdo infantil de Ana: “Recuerdo que cuando era pequeña, a los 4 años empecé a masturbarme, en el curso una de las monjas me pescó y me llevó a la dirección; es a partir de ahí que mamá me vigilaba“. “Mamá me decía no gastes energías en eso, mamá me vigilaba y yo me sentía avergonzada, al tener deseos de hacerlo me sentía culpable. Por eso yo me cuidaba mucho de los hombres, no voy hasta sentirme segura, no me gusta arriesgarme, ando vigilando, vigilando respecto a mi sexualidad. Soy muy controlada, quiero tener el autocontrol, yo soy mi policía¿Qué vigila?. “Vigilo mi sexualidad, la atracción, los sueños eróticos”.

A través de este nuevo material, es posible apreciar cómo se ha ido desplazando la excitación sexual del goce autoerótico, goce de un placer desconocido durante la infancia; que tuvo que ser reprimido. En algún momento Ana recordaba que este goce autoerótico había sido descubierto mientras los padres le tomaban una foto. La sentaron sobre un taburete, y en un movimiento en el que rozó los genitales en el asiento tuvo una sensación agradable que se la calló para explorar más tarde; es así cómo Ana tiene ese primer encuentro con la vida sexual infantil, en tanto se trataba de una excitación sexual infantil, que tuvo que ser reprimida frente a la vigilancia de la madre y al sentimiento de vergüenza que se generaba en ella.

Un segundo recuerdo se esboza también cuando Ana era pequeña; habían violado a una muchacha por su barrio y ella había escuchado a la abuela y a la madre comentar el hecho. Es así que este segundo hecho le sirve a Ana para desplazar la excitación sexual reprimida, anteriormente.

Posteriormente, al llegar a la adolescencia la madre le confiesa que había sido abusada de pequeña, Ana refiere, “eso era algo que yo ya intuía” porque veía que era extraño que su madre presente ciertas fobias sin una causa, y refiere al respecto: “Mamá

nunca nos quería dejar solos con ningún varón”. Cuando Ana llegó a la adolescencia y tuvo que enfrentarse, nuevamente, a la excitación del goce sexual, empieza a construir fantasías de Ser violada, relata: “En la calle me imaginaba que me podía pasar (ser violada), estos temores empezaron a los 12 ó 13 años, edad a la que tuvo su menarca. Me imaginaba ser violada por uno o varios hombres adultos, más fuertes que yo, en un espacio público, en la calle, de noche. Había violencia física y verbal Y me preguntaba: ¿Qué haría en ese momento?; ¿Cómo sobrevivir a eso?; ¿Qué haría luego?”.

Entre estos recuerdos surge un nuevo material, otro recuerdo infantil: “una vez cuando disfrutaba masturbándose en el curso, goce autoerótico, es descubierta por la monja del colegio; entonces, recibe una severa llamada de atención y se cita a la madre. Desde ese momento la madre y luego ella misma se tornan vigilantes de su sexualidad.

En todo este material expuesto, encontramos, a través de los procesos conjuntos de represión y desplazamiento una construcción de reminiscencias de violación que le permiten al sujeto reprimir el afecto sexual. En la infancia descubre un goce autoerótico que es sancionado; por lo tanto debe ser reprimido, Ana se torna en “vigilante de su sexualidad”. Cuando llega a la adolescencia y se da un segundo encuentro con la sexualidad este goce sexual reprimido resurge, y se beneficia de una fijación; la historia de violación de la chica del barrio y de la madre y; finalmente, la historia de violación del esposo le vuelve a generar un encuentro con el material reprimido. Se va generando un rasgo identificatorio, proceso privilegiado en el caso de la histeria. Un rasgo de identificación inconsciente que se manifiesta como un evidente rasgo estructural. De ahí a el juego de sentirse culpable de su sexualidad, y de desplazarla en una fantasía de ser violada. Asimismo, no se puede olvidar que la función histérica neutraliza el afecto sexual y lo minimiza a través de la condensación y el desplazamiento aprovechándose de la connotación de otros hechos; lo que se llama el Proceso de la inversión de afectos.

Entonces se tiene la siguiente metáfora:

Masturbación x fantasía de ser violada = goce autoerótico reprimido

 

INTERVENCIONES DEL ANALISTA Y SUS CONSECUENCIAS.

Durante las Primeras Entrevistas Ana venía angustiada y a veces molesta se sentía deprimida; sobretodo cuando John, el esposo, se ponía mal; mencionaba que ella no sabía qué hacer: “ yo me deprimo con él…lo escucho, hablamos bastante y el motivo de sus depresiones es recuerdo de que fue abusado…entonces tiene pesadillas, se despierta mal y se queda todo el día en la cama, no quiere hacer nada….yo intento ayudarle en esos momentos…pero, también, me siento mal”. Como ya se analizó, Ana estaba identificada a los síntomas de su esposo, “estar deprimida” y probablemente “haber sido, igualmente, abusada”; de modo que las intervenciones irían a apartarla de la identificación a los estados de ánimo del esposo y de los motivos de los mismos. La dirección de la cura apuntaría a que ella pueda tomar distancia del otro, su pareja y; pueda preguntarse que ocurre con ella más allá del esposo; es decir, pasar de la identificación al discurso del otro a preguntarse por ella misma y por su propia sexualidad.

Desde el momento que toma distancia de la identificación al discurso del otro; va desplegando el material inconsciente de recuerdos infantiles reprimidos; es decir, la excitación sexual infantil cuyo recuerdo no pudo ser elaborado y asociativamente se transformó en patógeno.

En este sentido, emerge a la consciencia la escena en la que descubre el goce autoerótico infantil y acompañando a la misma los recuerdos de las sanciones del Otro de la Ley que le mandaba a reprimir el placer autoerótico, generando en ella un sentimiento de vergüenza. Asimismo, se fueron desplegando las fantasías construidas entre la infancia y la adolescencia, originadas en las historias de violación escuchadas. Todo este material había trabajado a favor de la represión y del desplazamiento del afecto sexual.

El trabajo de elaborar este material reprimido y las intervenciones dirigían a Ana a hacerse cargo de su propio goce. Al mismo tiempo que, se liberaba de la identificación al discurso del esposo.

Se iban movilizando aquellas identificaciones que respondían a la pregunta por la feminidad: ¿Qué es una mujer?. La posición de brillante e inteligente y la respuesta que había encontrado en la abuela, una figura importante para ella, que mandaba en la casa, y en la vida de sus dos hijas. La abuela era una mujer profesional cuyo trabajo implicaba ordenar y mandar a los varones que tenía a su cargo.

Ana iba por la vida con estas identificaciones; siempre muy competitiva, era el modelo a seguir para las amigas, la intelectual que analiza los serios problemas sociales, ayudando a los demás y rechazando lo superficial de aquellas mujeres que dedican su tiempo a ir de compras o a maquillarse, acomodarse y a las labores de casa. Hasta que esas respuestas son cuestionadas por ella misma y concluye que su racionalidad es sólo una fachada, una máscara, un mito “ser inteligente”; pero en el fondo se sentía sola y abandonada, no atractiva y débil.

En este recorrido se puede apreciar como Ana pasa de las Identificaciones:

  • “Mi novio fue abusado de pequeño... se deprimió”

  • “Mamá fue abusada de pequeña... está llena de fobias”

  • “Yo estoy deprimida y tengo miedos... fui abusada de pequeña”

  • “Mis crisis deben tener los mismos motivos ... que las crisis de mi novio y de mi madre”.

a preguntarse por su sexualidad y por su propio goce.

 

CONCLUSIONES

El estudio del Caso Clínico, presentado, posibilita delinear las siguientes conclusiones dentro de la Clínica Psicoanalítica, en función de la Estructura:

  • El diagnóstico se construye en torno a la constancia de los Rasgos de Estructura. Esta constancia permite suponer la estabilidad en la organización de la estructura psíquica.

  • La particularidad y singularidad de cada caso reside en la selección de significantes constitutivos; los cuáles son resultado directo del efecto de las fantasías del inconsciente de cada persona. Estas fantasías operan su selección bajo la acción conjunta de los procesos metafóricos y metonímicos.

  • Nos encontramos frente a una Estructura Neurótica en la que se puede encontrar material reprimido y una Novela Familiar.
  • Existe una resolución del Complejo de Edipo.

Siendo más específicos las siguientes conclusiones se elaboran en función de los Rasgos Estructurales que permiten identificar una Estructura Histérica:

  • Existe un proceso de identificación al discurso. Con Ana es posible dar cuenta de una identificación al discurso del otro y por tanto a los síntomas que presentan los otros con los que existe una relación afectiva cercana. De ésta manera Ana llega al consultorio con la frase: “estoy deprimida”…”y creo que porque al igual que mi esposo y mi madres fui abusada”. El razonamiento de Ana es el siguiente: ello tienen un motivo para estar deprimidos, yo me siento mal, estoy deprimida, entonces debo tener los mismos motivos que ellos. A partir del material significante, los rasgos característicos de su estructura permiten la movilización de algunas estrategias y una construcción que la identifica al discurso de estos otros.

  • La queja histérica; ella rehúsa la falta del Otro y la denuncia pero no para asumirla, sino para reprocharla. Ana viene a quejarse, a mostrar la clase de sujetos que existen en su familia y no puede creer de que sean tan enfermos, ella hubiese deseado otro tipo de familia, más feliz, más fina, más educada, etc.

  • Entonces Ana llega a acomodarse en el lugar de Guardaespaldas de mamá. De este modo, cuando Ana llega a consulta sabe mantener ese lugar pro eso la llamaba por teléfono, está muy preocupada por su madre. De este modo, Ana ocupaba el lugar de guardaespaldas de mamá, la llama por teléfono, se preocupa por cómo está, con quién está, etc.

  • Las identificaciones al objeto de Deseo de la Madre, que; vienen a dar cuenta del paso por el Complejo de Edipo, identificaciones que luego la ubican en el lugar de la niña brillante e inteligente.

  • La posición frente a la sexualidad, en la que se distinguen las respuestas de Ana a la pregunta por la feminidad ¿Qué es una mujer?. Ana irá construyendo estas respuestas a través de las identificaciones que irá encontrando en las principales mujeres de su historia: la madre y la abuela, principalmente.

  • Ana responde a la pregunta por la feminidad: ¿Qué es una mujer? con el estereotipo fundamental de la histeria: la función de la máscara; que le permite tomar distancia de sí misma y por ende de su deseo.

  • Freud ya deja sentado que, en la Histeria, debajo de cualquier manifestación sintomática o proceso identificatorio de síntomas hay que buscar una excitación sexual reprimida que venga del goce autoerótico que la paciente habría descubierto en la infancia; pero que habría sido sancionado al ponerlo en práctica. Es posible apreciar cómo el inconsciente de Ana trabaja selectivamente los recuerdos en una combinación de sustituciones metafóricas y metonímicas sucesivas; movilizados por el goce autoerótico redescubierto y sancionado en la infancia, hasta llegar a cristaliza la identificación de la fantasía de haber sido violada.

  • Otro componente de la problemática histérica: la neutralización del afecto sexual por medio de la represión y el desplazamiento; es decir, cuanto más tiende a reprimir el sujeto el afectos sexual; más rápidamente puede llegar a ver con connotación sexual una situación que no es así. El desplazamiento hacia la fantasía de violación permite al sujeto gozar a través de la fantasía de violación un goce autoerótico. A través de la identificación al discurso de la madre y del esposo. En otras estructuras el mecanismo de represión/desplazamiento no está necesariamente dialectizado por un proceso de identificación.

  • La estrategia de la histérica de la suspensión del deseo se ve en Ana en esa negación a colocarse como objeto de deseo, puesto que tienen que tornarse en la guardiana de su propia sexualidad, de su propio deseo, por ello una crítica tan dura a colocarse como objeto fálico; es decir, a todo lo que implica el arreglo femenino.

Sobre la dirección de la cura los efectos que se logran en el Sujeto a lo largo de este recorrido son los siguientes:

  • Haber dado un paso más allá del Imaginario de la sintomatología que traía la paciente y poder llegar a desplegar el material inconsciente. Freud, al dar cuenta de los procesos inconscientes que se juegan en la estructura histérica, ya había dado cuenta de que no existe una relación directa entre la sintomatología que trae el paciente y los rasgos de estructura; hecho que el analista lo sabe muy bien, de no ser así, correría el riesgo de perderse en lo observable, medible e imaginario de la sintomatología. En las investigaciones freudianas el hecho sintomático no fue suficiente por la simple razón de que ciertos síntomas, ya sea obsesivos; ya sea de otro carácter pueden ser identificables y de forma activa en la estructura histérica. Por lo tanto, la sintomatología que trae el paciente se la debe trabajar para dar cuenta si realmente puede adquirir el estatuto de síntoma clínico que de cuenta de la estructura psíquica; o se trate simplemente de una sintomatología a la cual el paciente se ha identificado.

  • Se logra una implicación subjetiva que llevan al Sujeto a preguntarse sobre su propia sexualidad y sale de la queja y de la identificación imaginaria.

  • El sujeto pasa de la identificación al síntoma del esposo a la pregunta sobre su propia sexualidad y su propio goce.

  • En síntesis se podría llegar a dar cuenta de que la Histeria es una respuesta a la pregunta por la feminidad: “¿Qué es ser una mujer?” en la que se juegan el mecanismo de la identificación y del deseo en la histeria, que se constituye a partir del deseo del Otro

 

NOTAS

1 S. Freud. (1981). La Histeria. En OBRAS COMPLETAS. Madrid-España. Biblioteca Nueva. 6ª edición. 1981.        [ Links ]

2 AA VV. HISTERIA Y OBSESIÓN. (1986). Fundación del Campo Freudiano. Buenos Aires -Argentina. Editorial Manantial.         [ Links ]

3 S. Freud. (1981). Los instintos y sus destinos. En OBRAS COMPLETAS. Madrid-España. Biblioteca Nueva.         [ Links ]

4 J. Lacan. (1999). EL SEMINARIO V. LAS FORMACIONES DEL INCONSCIENTE. Buenos Aires -Argentina. Editorial Paidós.         [ Links ]

 

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