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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.4 n.1 La Paz mar. 2006

 

ARTÍCULO

 

LOS JÓVENES FRENTE A LAS OPCIONES ELECTORALES EN BOLIVIA: Un Estudio Psicológico de las Preferencias de Voto

 

 

Erick Roth U1. y Jaime Gómez L.

Universidad Católica Boliviana

 

 


 

Como toda actividad humana, el acto electoral de votar, ha sido objeto de diversos análisis no sólo con fines descriptivos sino también buscando explicaciones más o menos plausibles, que permitan aportar elementos a la predicción. De hecho, existen razones tanto científicas como extra científicas que explican el interés por conocer las variables que influyen el acto de sufragio y sobre todo las decisiones políticas que lo preceden.

Por lo tanto, no debe extrañar la profusión de teorías, postulados y aproximaciones teóricas ensayadas desde diferentes disciplinas para aproximarse a este tema. Por ejemplo, desde la psicología, son al menos tres los enfoques que aportan elementos para el estudio del comportamiento electoral: el enfoque de los rasgos de la teoría clásica de la personalidad, destacando biografías y narrativas, estilos cognitivos, competencias políticas del candidato y cómo éstas se correlacionan con factores de personalidad del elector (Winter, 1992; Barber, 1985; Prost, 2003; Caprara y Barbaranelli, 2000; Caprara, Barbaranelli, Consiglio, Picconi y Zimbardo, 2003, Caprara, Barbaranelli, Borgogni y Perugini, 1993).

Una segunda a aproximación toma en cuenta la estructura de valores personales como indicadores o predictores del voto (Rokeach, 1973, 1979). Algunos autores señalan que subyacente a todo sistema de creencias políticas se encuentran los valores que constituyen el respaldo último de la política pública (Tetlock, 2000, citado por Caprara y Zimbardo). Los resultados de la investigación en esta tendencia señalan que los valores tienen funciones predictivas mucho más claras de los rasgos. En los fundamentos psicológicos de las preferencias político-partidarias de los votantes, los valores asumen la primacía en relación con los rasgos de personalidad. Resultados adicionales señalan la superioridad de los principios morales sobre las variables socioculturales y de personalidad en la predicción de la direccionalidad del voto.

Finalmente, han cobrado mucha fuerza las propuestas emergentes de la teoría de las decisiones y la teoría de la elección racional, cuya formulación es compartida con la ciencia social, contexto en el que ha sido recibido con mayor entusiasmo por ofrecer un marco referencial teórico diferente para conceptualizar el proceso electoral. El modelo teórico de la elección racional mediante el cual se explica la decisión de votar se basa en tres parámetros. El primero de ellos es el beneficio político (B) derivado de la elección del candidato preferido. El segundo componente que un elector racional debería tener en cuenta para tomar su decisión es la probabilidad (p) de que su voto determine el resultado de la elección. Por ultimo, el tercer elemento son los costos de votar (C). Dentro de estos costos se incluiría, por ejemplo, el tiempo y el dinero invertido en trasladarse hasta el asiento electoral y los costos de oportunidad. De acuerdo con esta formulación, los ciudadanos votarían siempre que los beneficios esperados de su comportamiento superen a los costos. Esto es, siempre que pB > C (Popkin, 1991, Satz, y Ferejohn, 1994).

El estudio que se presenta a continuación, busca describir la relación existente entre ciertas variables psicosociales como la estructura axiológica de los jóvenes votantes y algunas tendencias actitudinales, y sus decisiones preferenciales de voto. Por lo tato, el trabajo se inscribe en la tradición conceptual del modelo que enfatiza vínculos entre valores y voto.

De esta manera, el presente estudio concentró sus esfuerzos en lograr información sobre los siguientes procesos:

1. La estructura axiológica de los jóvenes universitarios

2.   Las preferencias electorales de estos jóvenes y los atributos deseables de los líderes políticos

3.   Las actitudes de los jóvenes hacia las perspectivas y viabilidad del país y el ejercicio de la política

4.   Las relaciones entre actitudes, valores, atributos del liderazgo y preferencias electorales.

 

Método.

Participantes y características de la muestra. El diseño de la muestra siguió el siguiente procedimiento matemático:

Se obtuvo la muestra con un 5 por ciento de error máximo aceptable, con el 50 por ciento de estimación de la muestra y con un 95 por ciento de confianza. Para una muestra estratificada proporcional, sobre un universo estimado de 89.100 estudiantes, población total de las universidades del estudio:

 

La muestra de 380 estudiantes fue incrementada a 430 universitarios, que fueron elegidos de cuatro universidades nacionales siguiéndose una lógica proporcional a sus poblaciones respectivas. De esta manera, se contó con 40 estudiantes de la Universidad Amazónica en su unidad de Riberalta (9.3%), 42 estudiantes de la Universidad Católica Boliviana, unidad académica de La Paz (9.8%), 38 estudiantes de la universidad de El Alto (8.8%) y 310 estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz (72.1%).

La muestra de jóvenes estuvo conformada por 206 mujeres (51.7%) y 192 varones (48.3%) con edades entre los 18 y 26 años, con una media de 21,24 años y una desviación típica de 1,963, lo que aseguraba ninguna o una incipiente experiencia electoral. La mayor concentración correspondió al grupo de los 22 años con el 20.5 por ciento del total, el 52.4 por ciento estuvo conformado por menores de 22 años y el 22.8 por ciento por mayores a esta edad.

Instrumentos. Los instrumentos que permitieron obtener los datos fueron tres escalas: una de actitudes, conformada por 12 ítems de estructura bipolar con siete opciones de respuesta cada uno; otra escala de valores universales con diez ítems de elección preferencial y un breve cuestionario de preferencias electorales y datos demográficos. Todos los instrumentos fueron aplicados de una sola vez y de manera colectiva, en las instituciones educativas donde fuera elegida la muestra.

 

Resultados

Estructura Axiológica de la Muestra. Los valores son representaciones cognitivas de objetivos abstractos, deseables y situacionales que sirven de principios que guían la vida de las personas (Rohan, 2000, Rokeach, 1973, Schwartz, 1992). El presente estudio exploró la estructura axiológica de los jóvenes estudiantes que conformaron la muestra, analizándose diez valores universales y pidiendo a los entrevistados que los jerarquicen según la influencia que piensan, ejercen en sus vidas. De esta manera, asignaban un número de 1 al 10 para dicho ordenamiento; 10 en caso de que se considere una máxima influencia y 1 cuando se asume que el valor en cuestión no supone influencia alguna.

Con el propósito de obtener una valoración genérica de la estructura de los valores de la muestra, se consideró únicamente las respuestas que denotaron mayor influencia para cada valor. La figura que se presenta a continuación resume gráficamente lo observado.

Nótese que los resultados exhiben una clara jerarquización de los jóvenes según los valores priorizados, cuyas diferencias porcentuales son de casi 30 puntos entre los valores menos elegidos (riqueza, respeto a las tradiciones y autoridad) y el que mereció mayor escogencia de parte de los jóvenes (igualdad).

Este sondeo de valores transparentó la naturaleza del conglomerado humano estudiado. Era de esperar que los jóvenes muestren indiferencia por aquellos valores que realzan la búsqueda y atesoramiento de los bienes materiales, o de los medios de dominación como son la autoridad y el poder social. Es inmemorial su reacción a toda forma que limite, coarte, reduzca la expresión del espíritu humano y no extraña que vean en estos valores, sus propios contravalores. Es también comprensible su desdén por las tradiciones; ellos se ven a sí mismos como el símbolo del cambio y la renovación, son el futuro y en ocasiones la tradición sólo significa lo viejo, lo pasado, lo obsoleto.

Por contraste, la libertad, la sabiduría y la igualdad constituyen su bandera, su escudo y su lanza en la desigual contienda por sus ideales. Los jóvenes aprecian la libertad porque se encuentran superando una etapa en su vida de excesiva dependencia y control parental y la consideran fundamental para iniciar una nueva vida y renovados proyectos personales. Por otro lado, han aprendido que no es posible ir por la vida desprovistos de conocimiento y saben también que si no lo atesoran en esta etapa de la vida, no podrán enfrentar un mundo cada vez más competitivo. Pero cuando eligen la sabiduría como valor quizá estén pensando también en el uso y aplicación del conocimiento.

Con relación a la igualdad como valor, quienes lo eligieron como criterio rector más importante de sus vidas, doblaron en porcentaje al que le sigue en la jerarquía. Ésta que parece ser una tendencia muy clara de los jóvenes de la muestra, nos dice mucho acerca de su experiencia, de sus anhelos y esperanzas. Los jóvenes muy probablemente nos están diciendo que viven en una sociedad excluyente con la que no están de acuerdo y que repudian en consecuencia. Sólo en un contexto carente de igualdad, podemos entender por qué ésta se constituye en un valor fundamental para la vida, concitando tanta atención.

La fuerza de este valor hace pensar que si el joven percibe que la sociedad, además de ser excluyente, resulta también ser insensible a sus anhelos, en el mejor de los casos puede y con toda justicia, apostar a salidas de coyuntura que comprometan su futuro, si no pasan a engrosar el ejército de frustrados y conformistas que esta sociedad no necesita. Acaso el creciente número de jóvenes que optan por dejar el país buscando sentido a su vida en otras latitudes, no sea la expresión del desaliento fruto del encuentro desigual entre sus valores básicos y una realidad que no les presta cabida.

Los Valores y la Política. Los valores, bajo ciertas condiciones pueden ser finos predictores del comportamiento de voto, tal como fuera reconocido por Rokeach (1979). En efecto, la importancia de los valores en el estudio de la política resulta central y han sido reconocidos como factores subyacentes a este sistema de creencias que permiten a la gente organizar sus evaluaciones políticas de una manera consistente (Feldman, 2003). Los valores asumen un rol particular en la elección de los votantes, puesto que en el juicio político de cualquier agrupación se encontrarían en juego ideales universales expresados en un conjunto de valores con los que el votante puede identificarse.

Así, en un estudio reciente, (Caprara y Cols., 2004) se encontró que a diferencia de las variables demográficas que no fueron capaces de explicar las tendencias del voto, los valores sí demostraron ser buenos predictores al relacionar tendencias de voto por opciones de izquierda o derecha con ciertos principios rectores. Sin embargo, si bien el estudio en cuestión corrobora la capacidad predictiva de los valores, la experiencia nos dice que los factores sociales en forma de normas y otros procesos tienen un impacto relevante sobre las relaciones valor-conducta. De esta manera, cuando por circunstancias contextuales, un conjunto de normas muy influyentes o muy fuertes operan en el dominio personal, los valores pueden influir menos en la conducta que si la dinámica situacional es débil. En este caso, el contexto social del votante, influenciado por el sentimiento de crisis nacional, por los riesgos de la polarización política y la amenaza de la confrontación, pueden lograr que el votante haga su elección no guiado por sus principios de vida, sino por criterios pragmáticos y de emergencia.

En este sentido, los psicólogos sociales (Milgram, 1974; Shoda, 1999 y Zimbardo, 2004), han demostrado que cuando los individuos se encuentran inmersos en situaciones en las que operan dichas fuerzas que aparentan ser incontrolables, las tendencias a actuar convencionalmente son sustituidas por un comportamiento emergente que poco tiene que ver con los valores. Actualmente poco se sabe acerca de las formas en que interactúan estas presiones normativas con los valores, rasgos de personalidad, etc., para determinar el comportamiento político y las decisiones de grupo, por lo que afirmaciones más contundentes requieren de investigaciones interdisciplinarias adicionales.

Preferencias Electorales de los Jóvenes de la Muestra. Si bien el objetivo del presente estudio no fue en sí mismo establecer la preferencia electoral de los jóvenes, se tomó esta información con el propósito de contrastarla con variables tales como las actitudes o los valores de los participantes. El sondeo de la preferencia de voto fue realizado un mes antes de las elecciones nacionales y prefecturales de 2005 e incorporó a todos los candidatos sin excepción. Los resultados se muestran en la tabla siguiente donde aparecen sólo los candidatos que recibieron al menos una mención.

Las preferencias electorales señalan dos candidatos (Morales y Quiroga) compartiendo la mayor preferencia relativa de la muestra, seguidos por un tercero con algo menos de diez puntos porcentuales; el resto de los candidatos merecieron muy poca atención de parte de los jóvenes.

No obstante, lo que destaca en la tabla es el alto porcentaje de indecisos con intención de voto (27.9%), que en realidad constituyeron el grupo más numeroso de la muestra y el también alto porcentaje de quienes simplemente habrían decidido por la abstención. Es importante señalar aquí, una vez conocidos los resultados electorales, que el grupo de indecisos (o quienes detrás de la indecisión ocultaron su verdadera intención de voto) que constituían casi un 28 por ciento, volcaron la elección a favor de Morales logrando su victoria indiscutible.

La figura anterior presenta los resultados de las preferencias electorales captadas un mes antes de las elecciones en las cuatro universidades de las que se extrajo la muestra. Como pude verse, las tendencias son claras en cada universidad en relación a los dos candidatos de mayor preferencia. A continuación revisaremos algunos datos que surgen del presente estudio y que intentan relacionar las preferencias electorales de los jóvenes con los valores por ellos expresados. El análisis de los datos se realizará sobre los resultados obtenidos antes de conocerse los resultados de la votación, es decir sólo con quienes expresaron su opinión electoral tal como lo hicieron en esa oportunidad; en otras palabras con quienes tenían ya su criterio formado.

De hecho, la distribución de la preferencia por los dos candidatos más mencionados parecería dividir al electorado que constituye nuestra muestra, en dos grupos ideológicamente bien diferenciados, lo que permitiría contrastar su estructura de valores. Así, para comparar las respuestas de los estudiantes, se dividieron arbitrariamente los puntos de la escala, de tal manera que las respuestas a los valores 1 al 7 sean considerados como "identificación baja" con el valor, mientras que las respuestas 8, 9 y 10, representaron "alta identificación". La figura siguiente resume gráficamente los valores mayormente elegidos, destacando la proporción de quienes prefieren a Morales y a Quiroga. Incluye también los resultados para el resto de muestra (otros candidatos, indecisos y abstencionistas).

Como puede advertirse en la figura anterior, los resultados muestran que con excepción del valor "Igualdad", que presenta una pequeña diferencia porcentual a favor de los potenciales electores de Morales (19.1% contra 15.8%), quienes manifestaros su preferencia de voto por ambos candidatos no difieren con respecto a los valores o principios que guían su vida. Ello supone que la estructura axiológica del joven elector en sí misma no se relaciona de manera clara con su intención de voto y por consiguiente, aquí el valor no permite predecir nada en relación al comportamiento lectoral.

Si bien parecería razonable pensar - como lo establece la teoría y algunas demostraciones empíricas llevadas a cabo en otros países ya citadas anteriormente— que los electores prefieran a los candidatos que comparten sus visiones y principios de vida, lo que permitiría a los electores reconocer en sus líderes aquellas tendencias comportamentales que son muy valoradas por ellos mismos, los resultados obtenidos relacionando los valores con las preferencias electorales, parecen respaldar más bien los argumentos que destacan el comportamiento del voto como una función compleja producto de la dinámica social y política prevaleciente en Bolivia, como respuesta a circunstancias emergentes que entrañan riesgo social.

Los Atributos del Candidato. Complementariamente, se indagó entre los jóvenes de la muestra su criterio acerca del atributo o rasgo que no debe faltar en la estructura de personalidad de los líderes políticos. Los atributos sondeados fueron los siguientes: Conciliador (buen negociador y dispuesto al diálogo); Solidario (preocupado por los que más necesitan); Autoritario (firme en hacer respetar las leyes); Honrado (no debe ser corrupto y debe ser transparente); Justo (debe ser imparcial y gobernar para todos por igual); y Capaz (debe tener conocimiento y saber gobernar).

Los resultados se exhiben en la figura anterior; de ella podemos concluir que la capacidad, el sentido de justicia y la honradez son los tres atributos destacados por la muestra como rasgos que todo líder debe poseer y evidenciar en su ejercicio político.

Adviértase también que la conciliación, la solidaridad y la autoridad, se encuentran en un claro segundo plano en la percepción de la muestra. Claramente, los jóvenes no consideran que la Presidencia de la República deba estar en manos de un simple negociador, ni en las de una buena persona preocupada por los necesitados aunque tenga toda la intención de hacer cumplir las leyes con firmeza. Los jóvenes consideran que debe gobernarse con justicia (para todos), de manera transparente y sobre todo con plena capacidad y conocimiento de la ciencia y arte de la política.

Al cruzar esta información con la preferencia electoral, destacando los dos primeros lugares, se descubren algunos datos interesantes. La muestra difiere muy claramente en relación a su concepto sobre el atributo más deseable de los líderes políticos, dependiendo de su preferencia electoral. Nótese que las diferencias son más evidentes tratándose de los atributos de solidaridad y autoridad. Así, el 40.7 por ciento de los potenciales electores de Morales piensan que la solidaridad debe ser el atributo más importante de un candidato político; en contraste, sólo un 3.7 por ciento de quienes apoyan a Quiroga coincidieron en destacar dicho atributo.

Este resultado hace pensar en que muy probablemente, esta porción de la muestra que enfatiza solidaridad y que al mismo tiempo apoya a Morales, constituye un grupo humano que pudo haber sido objeto en el pasado de abandono y exclusión social y por lo tanto su prioridad responde genuinamente la necesidad de que se ejerza política a favor de los más necesitados y ven en el candidato una opción en tal dirección. Si este fuera el caso, el electorado que respalda a Quiroga, es ciertamente diferente, pues desestima claramente este atributo en el líder político.

Las respuestas al atributo autoridad constituyen otro ejemplo en contrario. En este caso, del total de quienes reconocieron la autoridad como atributo fundamental para el político, el 40 por ciento respalda la candidatura de Quiroga, mientras que de este grupo sólo el 6.7 por ciento lo hace al candidato Morales. El dato es consistente con la idea de que es a través de la autoridad que se puede hacer un buen gobierno, cuando éste constituye un garantía para el cumplimiento de las leyes, sobre todo si éstas defienden el actual estado de cosas.

Honradez muestra también diferencias relativas en favor de Morales, aunque menos dramáticas; las demás diferencias entre los candidatos para los atributos restantes, carecen de interés descriptivo.

Actitudes de los jóvenes hacia el futuro del país. La escala de actitudes estuvo conformada por doce ítems a manera de una escala, referidos directamente a la posición de los jóvenes de la muestra en relación a las perspectivas sociales, políticas y económicas del país. Consisten en afirmaciones ante las que el entrevistado debe asumir una posición a favor (absolutamente de acuerdo) o en contra (absolutamente en desacuerdo), con posiciones intermedias entre ambos extremos.

De esta manera, cada entrevistado puede elegir un punto en la escala para definir su postura entre uno y siete dando a conocer de esta manera, una actitud con respecto a la afirmación, cuya fuerza se manifiesta según la graduación de la escala. Los valores 1, 2 y 3 reflejan los mayores desacuerdos, mientras que los valores 5, 6 y 7 los mayores acuerdos. Sin embargo, los valores 3, 4 y 5, señalan también posiciones de indefinición actitudinal, dependiendo de la concentración de las respuestas.

Veamos a continuación la predominancia de las actitudes de los jóvenes de la muestra ante las doce actitudes estudiadas.

Son pocos los jóvenes que expresan una actitud optimista sobre las perspectivas que ofrece el país en el futuro; menos de una cuarta parte de la muestra estuvo de acuerdo con la afirmación (23.2% para el agregado 5, 6 y 7) y por el contrario más de la mitad expresó una actitud pesimista en relación con el futuro del país (53.3% reuniendo los respuestas 1, 2 y 3). Las posiciones extremas (absolutamente en desacuerdo y absolutamente de acuerdo) destacan también una mayor tendencia a la visión negativa, aunque cerca de una cuarta parte de los consultados (23.5%) se mantiene en una posición de indefinición conceptual.

A pesar de la expresión pesimista antes descrita, más de la mitad de los jóvenes (52.6%) piensan que aún tienen futuro en este país; en contraste, algo menos de un tercio de la muestra (30.4%) sostienen un punto de vista contrario. Estos datos parecen desdecir los hallazgos iniciales, sin embargo, asumir que la situación nacional no cambiará, no necesariamente significa que el joven abandone la idea de construir futuro a pesar de la adversidad, lo que apoya el argumento aquel de que los jóvenes son el reservorio de la esperanza.

Una proporción importante (el 41.4%) de los entrevistados no cree que las próximas elecciones contribuirán a generar un clima diferente en el país y el 34.4 por ciento piensa que se necesita mucho más que un buen presidente para que la situación nacional pueda cambiar en positivo. Sin embargo, el 45.6 por ciento tiene la fe puesta en que el cambio puede sobrevenir con un buen presidente y un adecuado liderazgo. En otras palabras, los jóvenes aún mantienen la esperanza en la adecuada conducción del país como mecanismo para sobrellevar la crisis.

Es interesante notar que la mayoría de los jóvenes (52.1%) se encuentran también convencidos que los cambios en el país deben ser un producto de modificaciones estructurales profundas como por ejemplo, el cambio en la lógica del modelo económico en actual vigencia o en las raíces mismas de la educación del hombre boliviano. En este sentido el 17.4 por ciento asume una posición extrema (de absoluto acuerdo) en relación con la necesidad de ajustes en el enfoque económico.

Más evidente aún resulta la percepción del 79.7 por ciento de la muestra que asocia la posibilidad de una salida a los problemas del país con mejores condiciones de educación de la gente; así, el 44.4 por ciento se identificó como absolutamente de acuerdo con este razonamiento. De esta manera, las alternativas en la economía y la educación son las vías de la solución para la amplia mayoría de los jóvenes entrevistados.

Por otro lado, una importante proporción de la muestra (73.7%) expresó su convicción de que la solución debe sobrevenir por una vía alternativa a la política. Parece haber poca oposición a la idea de que el cambio debe depender más del trabajo de los bolivianos que de la opción de las decisiones basadas en el poder político. Probablemente esta idea surge del hastío de los jóvenes por todo lo que se relacione directa o indirectamente con la política o los políticos y por lo tanto su respuesta pasa por cualquier visión.

alternativa. Por ejemplo, cuando se trata de identificar las causas de los problemas que vive el país, más de la mitad de los jóvenes (55.6%) estarían de acuerdo en atribuirlos a la mala administración gubernamental de los últimos años, lo que significa, de alguna manera, pasarle la factura a la clase política nacional. Nótese que el 29.1 por ciento de ellos se encuentra absolutamente de acuerdo con dicha explicación contra sólo un 12.1 por ciento que está absolutamente en desacuerdo con tal posibilidad.

Complementariamente, los problemas se encuentran claramente asociados con las formas convencionales de hacer política; el 67,6 por ciento de los jóvenes de la muestra (los que respondieron a los puntajes 5, 6 y 7), coincidió en que las soluciones pasan por el cambio radical en la práctica política (el 35.1 % está por la opción más extrema del cambio de los estilos de práctica política). En consecuencia, el 61.2 por ciento de la muestra asegura que los cambios sólo serán posibles de la mano de una nueva generación de políticos jóvenes. Esta afirmación expresa la esperanza de un renacer de la política al amparo de una nueva ética.

Finalmente, el 70.5 por ciento de los jóvenes no están dispuestos a satanizar a los compatriotas que desean abandonar el país con el apelativo de "malos bolivianos", debido a que en su concepto muy probablemente, una decisión tal obedece más a la necesidad de sobre vivencia que a un desapego por lo nacional.

En resumen, los jóvenes estudiados expresaron actitudes pesimistas en relación al futuro del país, y probablemente lo hicieron, haciendo un reconocimiento objetivo de las actuales condiciones materiales en las que viven. Asimismo, reconocieron que las próximas elecciones ayudarán poco para superar el actual estado de cosas, aunque un buen liderazgo podría —no sin cierta cautela— favorecer el cambio. Sin embargo, demostraron una vez más ser los depositarios de la esperanza en el futuro al reconocer que a pesar de todo, se puede seguir teniendo fe en que las cosas pueden cambiar. Y la renovación puede venir siempre y cuando la sociedad asuma nuevos enfoques de lo económico al margen de los vaivenes de la política y amparados en el esfuerzo genuino de todos, fortalecidos por una mejor educación para todos. No se descarta la política como instrumento del cambio, siempre que el ejercicio de la misma asuma una nueva ética que la distinga de la que se practica actualmente.

Los mismos datos de actitud, pero cruzados según las preferencias electorales para los dos candidatos que llevan la delantera se presentan en las figuras siguientes:

Comparando las respuestas de los jóvenes que expresaron actitudes optimistas acerca del futuro del país apoyando al mismo tiempo las candidaturas de Morales y Quiroga, se advirtió que sólo dos de las doce actitudes estudiadas marcaban diferencias relevantes entre quienes apoyaban a ambos candidatos. De esta manera, podemos afirmar que entre quienes se constituyen en electores potenciales de Morales se encuentran los jóvenes más optimistas de la muestra sobre las perspectivas nacionales (63% contra un 37 % de los seguidores de Quiroga).

Por otro lado, en relación con la actitud de cambio condicionada por modificaciones en el modelo económico, quienes eligieron a Morales en primera instancia, adelantan en optimismo a los simpatizantes de Quiroga en seis puntos porcentuales.

Los datos, desde luego no son concluyentes sobre claras diferencias actitudinales, no obstante, nos informan sobre tendencias del electorado joven con claras opciones electorales.

 

Comentarios finales.

A manera de conclusiones, deberíamos subrayar los siguientes resultados:

1.   El análisis de la información fue realizada sólo en base a la porción de la muestra que expresó de manera clara e inequívoca su preferencia electoral un mes antes de las elecciones nacionales.

2.   Los datos no son concluyentes sobre el carácter predictivo de los valores en relación con la preferencia electoral. En otras palabras, dos de los grupos de mayor divergencia ideológica, no mostraron diferencias importantes en su estructura de valores.

3.   Este resultado más que poner en tela de juicio el papel de los valores en la descripción y/o predicción del voto, parece respaldar el argumento acuñado desde la psicología social que destaca que en circunstancias de emergencia social, económica y/o política, los valores pierden fuerza explicativa o predictiva, dando paso a otras variables psicosociales orientadas a resolver las contradicciones y disonancias producidas por la crisis. En estas circunstancias la gente no votará buscando coincidencias personales con las del candidato, sino acomodando su elección, buscando el equilibrio y nuevos sentidos a la correlación de fuerzas. Es probable que en estas circunstancias, las decisiones electorales sean una función cognitiva de las apreciaciones individuales acerca de la probabilidad de los beneficios y de los costos implicados en el proceso de decisión, tal como pregona la teoría de la elección racional.

4.   Algo parecido puede acontecer con las actitudes, las mismas que reflejan muy pocas variaciones cuando son asociadas a uno u otro candidato en pugna. Se puede decir que la juventud exhibe actitudes más o menos homogéneas independientemente de sus preferencias electorales. El simpatizar con un candidato u otro, no afecta en general, las convicciones de base de los jóvenes. Y esto es plausible cuando la subjetividad que es la base de la actitud, se rinde ante la evidencia contundente de una realidad que resulta evidente para muchos.

5.   En relación con los atributos que debe poseer un líder político, sin embargo, los datos indican resultados contundentes. En este caso, sí resultó evidente que los electores con diferente preferencia de voto perciben de manera diferente las virtudes que deben poseer los candidatos e incluso es posible asociar tales percepciones con las líneas generales de su propuesta política.

6.   Finalmente, debe insistirse en profundizar el estudio de las relaciones emergentes entre la preferencia de voto y los diferentes factores que la determinan, explorando nuevos modelos aplicables a circunstancias sociopolíticas como las nuestras.

 

Notas

1eroth@ucb.edu.bo

Los autores desean agradecer a Casto Villarroel por su apoyo en el trabajo de campo en la UPEA y a Aymara Llanque y Rubén Arze por el mismo motivo en la Universidad Amazónica en Riberalta.

 

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