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Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP

versión On-line ISSN 2077-2161

Ajayu v.3 n.2 La Paz ago. 2005

 

ARTÍCULO

 

TERAPIA GESTÁLTICA APLICADA A LA VIOLENCIA CONYUGAL

 

 

Edwin Rivero y Bismarck Pinto

Universidad Católica Boliviana

 

 


RESUMEN

Durante los últimos años la violencia conyugal se ha manifestado en nuestra sociedad con mayor fuerza, ya no es un fenómeno aislado, como durante tanto tiempo nos empeñamos en creer, es una problemática compleja, multifacética y extendida a todas las clases sociales y en todos los niveles socioeducativos. Los estudios realizados por el doctor Jorge Corsi (1994, 1995) acerca de la psicología del “golpeador” dan cuenta de la importancia de su estudio, puesto que los hombres violentos se ven afectados en la Gestalt de la autoestima, ya que cada uno de estos hombres golpeadores interiorizan, perciben y construyen sus propias características y capacidades en relación con los demás. La psicoterapia Gestalt, mas conocida como la terapia del aquí y el ahora, busca traer a la persona al presente poniéndola a tono con sus sensaciones y pensamientos, que se dan en el campo único del cuerpo. Cuando la persona se encuentra en desequilibrio, según la teoría Gestalt, está desarrolla y se mueve dentro los mecanismos neuróticos que son: la confluencia, proyección, introyección y retroflexión, que buscan el equilibrio interno manteniendo el proceso homeostático, natural en cada individuo. La presente investigación propone que, en primera instancia uno de los factores importantes en la formación de la Gestalt de los “golpeadores” es la familia de origen, que por excelencia es disfuncional (relación violenta o de privación emocional).Este es uno de los factores de importante consideración en la formación de una Gestalt no resuelta, que en primera instancia es con uno o ambos padres, y como no ha podido resolverla, la transfiere a su cónyuge, evitando el contacto con el aquí y el ahora, simplemente estancado en el pasado. Entonces se concluye que estos hombres habitualmente suelen insultar, humillar, avergonzar y maldecir a sus cónyuges, intentando resolver de manera “inconsciente” una Gestalt, que se forma con los padres y se transfiere a su cónyuge.


 

 

Durante los últimos años la violencia conyugal en nuestra sociedad se ha manifestado con mayor fuerza, ya no es un fenómeno aislado, como durante tanto se creyó, es una problemática compleja, multifacética y extendida a todas las clases sociales y en todos los niveles socioeducativos.

Los estudios realizados por el doctor Jorge Corsi (1994, 1995) acerca de la psicología del golpeador, dan cuenta de la importancia de su estudio, puesto que los hombres violentos se ven afectados en la estructura de su autoestima, puesto que interiorizan, perciben y construyen sus propias características y capacidades en relación con los demás.

Estos estudios ayudaron a develar el mito de los hombres golpeadores, según el cual, “aquellos son los pobres borrachos y enfermos” que cometen atrocidades en contra de sus cónyuges; sino que pueden ser doctores, ingenieros, mecánicos, albañiles, es decir cualquier persona, en cualquier ámbito social.

Después de un episodio violento, el hombre golpeador genera sentimientos de culpa y arrepentimiento hacia si mismo, culpándose por lo sucedido, evaluando sus acciones “buenas o malas”, que son determinadas por la sociedad y castigadas o elogiadas de acuerdo a la naturaleza de la acción.

Tomando en cuenta estos parámetros de comportamiento, el hombre golpeador según Perls (1976) desarrolla mecanismos de defensa, dirigidos a mantener la armonía de su organismo ante eventos que él perciba como agresores. No busca la destrucción de su objeto (cónyuge), sino mas bien busca la manera de apoderarse de el (controlarlo), pero al encontrar resistencia -ya que el organismo agredido también busca su supervivencia -el golpeador se siente disminuido o retenido por este obstáculo y trata de destruir esta defensa, dejando solo lo que él considere como “bueno”, que no inquiete su existencia.

En este sentido el hombre golpeador se caracteriza por la poca valía e imagen de sí mismo, cuando siente que pierde el control de una situación la única manera que él encuentra para solucionarla y mantener el control es golpeando a su pareja, a la cual él considera culpable de todos sus males y frustraciones. Además, y de manera paradójica, se trata de personas hacia las que genera un dependencia afectiva.

La psicoterapia Gestalt, centrada en el aquí y el ahora, busca traer a la persona al presente poniéndola a tono con sus sensaciones y pensamientos, que se dan en el campo único del cuerpo, dejando de lado el pasado que solo genera en la persona sentimientos de culpa o arrepentimiento, el futuro que genera sentimientos de ansiedad e inseguridad. Busca la madurez en la persona, tomemos a la madurez no dentro de los parámetros de desarrollo humano dividido en etapas, sino que en la teoría de la terapia Gestalt, la madurez se da en función de encarar y resolver situaciones cotidianas en contacto con uno mismo y el ambiente, una conducta madura es cuando se esta a tono con las capacidades y el proceso que nos hace ser lo que somos, pasar del apoyo ambiental al propio.

¿Entonces cómo se explica la formación del fenómeno figura-fondo en la Gestalt del golpeador?

La Gestalt del golpeador se conforma en torno a su cónyuge: figura central que él percibe como culpable de sus frustraciones. Sin importar el fondo, sea cual sea, por ejemplo los pormenores de un día “desastroso”, no pueden ser solucionados en el instante mismo de la formación de figuras, sino que la única manera que estos hombres encuentran para solucionarla es con su cónyuge, en quienes descargan toda su frustración, intentando resolver la gestalt formada por otras personas, objetos o situaciones.

Nuestra personalidad reacciona de acuerdo a la totalidad: las facultades cognoscitivas, los sentidos, el sistema motor, en cuanto a lo afectivo reaccionamos con cualidades que experimentamos como emociones, el hombre violento según la terapia gestalt, es considerado “neurótico”, coincide con el surgimiento de la incapacidad del individuo por encontrar y mantener el balance adecuado entre el mundo y él mismo. Su neurosis es una maniobra defensiva para protegerse a sí mismo de la amenaza de ser aplastado por las circunstancias, la neurosis es una técnica efectiva para mantener su sentido de autorregulación en un momento en el que la situación es desfavorable.

Se asume que en la neurosis los disturbios del limite operan primordialmente a través de cuatro mecanismos distinguibles entre sí, estos son: Introyección, proyección, confluencia y retroflexion (Perls, citado en Pinto, 2001).

  • Introyección: Se trata de “tragar sin masticar”, no se reflexiona y los mensajes se incorporan sin criterios, en este sentido el neurótico no habla por sí mismo sino que hace hablar a otros. Entonces el individuo se crea la ilusión de que esas ideas son suyas, no reconociéndolas como ajenas.
  • Proyección: Es culpar al ambiente de todo lo que le sucede a la persona, este mecanismo es la base de la paranoia. Los “hombres golpeadores” utilizan este mecanismo para no asumir la responsabilidad de sus conductas violentas, responsabilizando siempre a las circunstancias y a su cónyuge.
  • Confluencia: Donde no existe ninguna diferencia entre el organismo y el medio, las partes y el medio son indistinguibles entre sí, la persona que confluye es incapaz de decir “yo”, prefiere decir “uno” o “nosotros”. Haciendo simbiosis en todas sus relaciones, y no puede diferenciarse del otro, evitando las diferencias, exigiendo siempre las semejanzas.
  • Retroflexión: Se da cuando la persona se vuelca contra sí misma, no es capaz de trazar una línea divisoria entre él y el medio, percibe que todo lo que ocurre fuera, ocurre dentro de él. El sentimiento de culpa lo acompaña permanentemente, y la rabia hacia otros la convierte en rabia hacia sí mismo.

Es factible enunciar que el hombre golpeador utiliza estos mecanismos neuróticos los que se desarrollan durante el ciclo de la violencia mencionado por Corsi (1994). Este ciclo consta de tres partes que son: acumulación de tensión, donde la pareja pasa por una serie de pequeños conflictos que no son resueltos. Episodio segundo, que es la explosión de toda la tensión acumulada anteriormente, desencadenando un episodio violento, y etapa de luna de miel, que refleja la culpa y arrepentimiento por los hechos violentos sucedidos en la segunda etapa.

Debido al gran caudal de denuncias registradas en las instituciones publicas o privadas que atienden las denuncias de maltrato familiar (Unidad de la Mujer, PTJ, Defensorias) nos dan la premisa importante de que es fundamental aplicar el estudio de la Gestalt en estos hombres, dada la gran utilidad de la teoría gestáltica aplicada en grupos, por estar orientada a brindar una vida plena en el aquí y el ahora. Esta aplicación de los conocimientos teóricos de la gestalt es importante para conocer los sentimientos acerca de la capacidad y valía personal del golpeador, que se encuentran en desorganización, reflejadas implícitamente en las conductas violentas ya sean internas o externas, pues según la gestalt, cada uno construye de sus propios conceptos para así poder enfrentar la vida y sus desafíos.

Puesto que los gestaltistas se orientan más al trabajo intenso y práctico, primordialmente se preocupan por resolver el problemas, en lugar de generar especulaciones acerca del tema. Se cuenta con escasa literatura sobre la terapia gestáltica aplicada a la violencia, y la que existe, se encuentra orientada hacia aplicaciones de principios gestalt a la psicoterapia, y hacia otras actividades como el arte y la enseñanza, se ha escrito poca literatura de tipo explicativo o teórico; siendo esto así, es importante realizar una primera investigación tratando de aplicar la psicoterapia gestáltica a la teoría brindada por el doctor Jorge Corsi, que hizo grandes aportes sobre la psicología del golpeador.

Es necesario lograr un acercamiento teórico para conocer la configuración de la Gestalt del hombre golpeador, es decir conocer cómo éste forma y soluciona su Gestalt proporcionando las premisas básicas para la implementación de la psicoterapia gestáltica puesto que así se logrará dar los primeros pasos de investigación en nuestro país.

El presente trabajo, plantea el perfil del hombre violento, desde los principios de la Psicoterapia Gestáltica. Se dirige a tratar de explicar cómo se desarrolla la gestalt y su funcionamiento en hombres que ejercen algún tipo de violencia en contra de sus cónyuges.

 

Propuesta Teórica

En primera instancia uno de los factores importantes en la formación de la Gestalt de los “golpeadores” es la familia de origen, que por excelencia es disfuncional, ya que con frecuencia el hombre violento también ha sido víctima alguna vez, tanto de violencia física como emocional, pero también han sido víctimas de privaciones y exigencias emocionales más sutiles, que son capaces de producir una personalidad violenta que es exacerbada por el condicionamiento social.

Además se ha observado que dichos sujetos sufrieron la falta del padre, o han sido víctimas de abuso por parte de éste, sea cualquiera de los casos, encontramos que son ellos quiénes someten a sus hijos, en este caso varones, a castigos y exigencias emocionales, generando sentimientos de impotencia y menosprecio en especial en sus relaciones íntimas, estos factores son incorporados a la personalidad en sus relaciones familiares, sociales, y cuando forman su hogar es muy probable, que se relacionen de la misma manera, sintiéndose despreciados.

Este es uno de los factores de importante consideración en la formación de una Gestalt no resuelta, que en primera instancia es con uno o ambos padres, y como no ha podido resolverla, la transfiere a su cónyuge, evitando el contacto con el aquí y el ahora, simplemente estancado en el pasado.

Entonces se podría decir que estos hombres habitualmente suelen insultar, humillar, avergonzar y maldecir a sus cónyuges, intentando resolver de manera “inconsciente” una Gestalt, que se forma con los padres y se transfiere a su cónyuge.

La Gestalt del niño maltratado se forma hacia la figura central de su vida, el fondo cualquiera que sea, siempre va a desencadenar un episodio violento, que melle su calidad de persona. Los sentimientos ambivalentes (odio vs. amor) hacia la figura central se establecen como esquemas, pero no pueden ser nunca resueltos, puesto que ir en contra de esta sólo genera más violencia sobre él, es así que crecen con la Gestalt sin resolver, no pudiendo llegar a la autorregulación del organismo. Ante la impotencia de resolver esa Gestalt este niño deja que siga su curso, no permiten que se realice, desorganizado y reprimido, permanece ahí, adoptando las formas de conducta que son típicas de una persona violenta.

Un niño que se desarrolla en estas condiciones de privación de afecto, se va creando el mundo de acuerdo a sus necesidades, organizándolo a medida que vive, buscando la finalización de la interacción de figura y fondo, los sucesos y objetos que ha dejado atrás, cuando ha dejado de relacionarse con ellos (madre) mantienen una existencia independiente, y sin solución, vuelve a presentarse y él en su fenomenología incorpora esta Gestalt no resuelta, trasladándola a otra persona (cónyuge), incorpora esta reaparición al concepto que tiene del mundo.

De esta manera es que se plantea la teoría de, que un hombre que ejerce violencia sobre su cónyuge, quizás de alguna manera intenta resolver la Gestalt formada en sus primeros años, donde los padres, son la figura central.

Estos episodios violentos a temprana edad nos dan un panorama acerca de como esta persona va a calificar sus diferentes experiencias desde la niñez hasta la vida adulta, el hombre violento ha sufrido un trauma, desde el punto de vista psicológico, que volverá a aparecer cada vez que se produzca una frustración real.

¿Pero cómo es que este hombre traslada la Gestalt inconclusa a sus nuevas relaciones? Para explicar esto nos remitimos a las investigaciones de Dutton y Golant (1997), que hablan de “la marea roja”, que es el cambio abrupto que sufre un hombre violento, al encontrarse en una situación que él percibe como amenazante a su organismo, que se caracteriza por la mirada iracunda, el rostro enrojecido, las venas que resaltan de su cuello y los gritos o acciones desesperadas intentando mantener el control de la situación, es entonces que ingresa en esta “marea roja” percibiendo a su cónyuge como objeto, algo de su propiedad que debe ser controlado y conservado.

Se trata de una especie de estado disociativo, que son sucesos que ocurren en el ambiente que no concuerdan con lo que pasa en el interior de la persona, y acompañan la excitación física de un episodio de violencia.

Con relación a la Gestalt, es posible que en ese instante, vuelva a él toda la historia previa, la desvalorización, la humillación que lo ha marcado profundamente, se propone que en ese instante la Gestalt de esta persona sufre una especie de “regresión”, a los abusos de su infancia, donde la figura de su cónyuge es sustituida por la de sus padres, entonces a través del ejercicio del poder sobre su pareja intenta fallidamente resolver esa Gestalt, pero lejos de esto, profundiza el eje del síndrome del hombre golpeador que es la baja autoestima. Este conflicto de poderes solo puede ser resuelto mediante el ejercicio de la violencia.

La identidad masculina se construye sobre la base de dos procesos psicológicos simultáneos y complementarios: 1) hiperdesarrollo del yo exterior (hacer, lograr, actuar): 2) represión de la esfera emocional. Para poder mantener un equilibrio entre estos dos procesos, el hombre necesita ejercer un permanente autocontrol que regule la exteriorización de sentimientos tales como el dolor, la tristeza, placer, temor, amor, como una forma de preservar su identidad masculina.

Esto da una herramienta útil para comprender la neurosis desde la perspectiva de la terapia gestáltica, que estos hombres sufren. Entendamos a la neurosis como la división entre mente y cuerpo que es una forma trastornada de pensar, la neurosis diminuye el “sentir” de nuestros cuerpos, así como de las funciones sensoriales. El hombre violento se hace incapaz de ver lo que tiene delante, o no puede valerse de ello, para resolver su Gestalt y se siente vacío, confuso, incluso cuando sabe lo que tiene que hacer o decir, tiene dificultad para expresarlo.

Esto produce perturbaciones en el proceso homeostático, el término homeostasis en la psicología de la Gestalt se refiere al equilibrio que existe entre sujeto y ambiente, el individuo es incapaz de percibir sus necesidades dominantes o de manipular el ambiente para lograr satisfacerlas, entonces se comporta de un modo desorganizado e inefectivo.

El hombre golpeador se comporta como un neurótico ya que pierde la capacidad de organizar su comportamiento de acuerdo a la necesidad de respuesta que exige el ambiente, vive suspendido entre la impaciencia y el miedo, caduco en su modo congelado de actuar, no puede diferenciar entre él mismo y su cónyuge, tiende a verla más grande que su vida y a sí mismo más pequeño, de la misma manera en que ha aprendido a sentirse desde niño, restringido a soportar en silencio y callar sus sentimientos de humillación y desvalorización.

La terapia Gestalt propone cuatro mecanismos neuróticos que son: proyección, confluencia, introyección y retroflexión, son los mecanismos usados por los hombres violentos.

La proyección, ya que estos hombres no son capaces de soportar la presión de aceptar sus conductas violentas, que en todo momento van en contra de ellos, pues la violencia que ejercen, sólo sirve para profundizar la imagen negativa que tienen de sí mismos, se sienten desesperados, y difícilmente logran aceptar este hecho pues sería admitir, que están fuera de las pautas establecidas para alcanzar el ideal de hombre, culturalmente hablando.

Un aspecto fundamental en la proyección es, que el hombre violento borra la realidad y destruye lo verdadero, llenando el hueco que hizo con su fantasía, deja de ser consciente de lo que ha hecho, evitando cualquier responsabilidad, distorsionando la realidad, es por eso que proyecta su propia frialdad y aislamiento sentimental, atribuyéndolos a su cónyuge.

Esta necesidad de proyección genera la sensación de que no puede sobrevivir y poseer sus propias ideas y sentimientos, ya que esto sería involucrarse en situaciones que lo pongan en peligro. Separándose y estableciendo un límite entre lo que puede aceptar y lo que no, se sienten desvalidos e infantiles por no poder experimentar una parte de ellos mismos, permaneciendo inmaduros y dependientes.

Otro de los mecanismos neuróticos que el hombre violento utiliza es la confluencia, donde el individuo no siente ningún límite entre él mismo y el ambiente que lo rodea, las partes entre él y el todo se tornan indistinguibles entre sí, al igual que los niños recién nacidos, viven en confluencia, no tienen ningún sentido de distinción entre ellos mismos y el otro.

Es el mismo fenómeno que se da en los hombres violentos, en especial en momentos de gran excitación o concentración extrema pues no logran determinarse como sujetos independientes y libres de los demás, en especial de su pareja a la que perciben como una parte de sí mismos, haciéndola parte importante de su diario vivir, esperando que ésta responda del modo en que él lo haría, se siente mas él mismo, debido a que está identificado con su pareja y la disolución de esto es algo muy impactante, por lo tanto amenazante para él.

Para un entendimiento adecuado de cómo es que los hombres violentos funcionan dentro el ciclo de violencia y los mecanismos neuróticos se procederá a dar un ejemplo de cada uno de estos.

Acumulación de la Tensión.

Por ejemplo una cita para ir a cenar, él llega a tiempo y espera la llegada de su pareja, al ver la hora y no llega, la llama, pero ella no contesta por diferentes motivos, probablemente ya salió para la cita, es la hora pico y el tráfico esta congestionado, el hombre violento empieza a impacientarse, los sentimientos de frustración e impotencia empiezan a nacer, los pensamientos giran en torno a una sola idea, “seguro no le ha importado, que yo este aquí esperando”. Cuando está llega, él la recibe todo paciente tratando de contenerse, la explicación del tráfico al parecer lo calma, pero sigue dentro de él el enojo, es aquí donde se inician los comentarios sarcásticos, característicos de esta primera etapa.

¿Qué sucedió? Le pregunta. Ella responde, lo siento, me olvide de la hora, además este tráfico esta insoportable. Entonces el mecanismo neurótico de la proyección empieza, “claro, si tú te hubieras acordado que yo iba a estar puntual”, “Es tu culpa por que no te das cuenta, que a esta hora siempre hay tráfico”. “Tú me haces enojar, sabes que siempre te espero”. De esta manera es que se inicia un conflicto que al parecer es pequeño y sin importancia, él intenta dejar de lado el problema, dice que ya no quiere comer, pone mil excusas para esto, solo le pide que se vayan, tomándola del brazo bruscamente o finge tropezarse para empujarla ligeramente pero se disculpa, ya en su hogar solo le pide un poco de café, pero lo real es que se ha iniciado el ciclo de la violencia. Al llegar a su hogar el se sienta intranquilo esperando ser atendido.

Episodio Segundo

Espera y no llega el momento en que lo atiendan, y decide ir en busca de su pareja, cuando la encuentra le dice que sucede, por qué tardas, “realmente yo quería comer, pero claro tenias que llegar tarde”. Su Gestalt se forma en torno a ella y su frustración, el fondo sigue estancado en la escena anterior, y se ve a sí mismo esperando en la calle, “es tu culpa, por que no eres como yo, que siempre estoy puntual, que me doy el tiempo necesario para estar contigo”. El conflicto se hace más grande, si la pareja le responde incrementa su ira, la confluencia y la proyección se usan para justificar su enojo, e intentar solucionar la Gestalt, pero al no poder expresar totalmente sus frustraciones y sentimientos se desencadena la violencia física, la “marea roja” se ha iniciado, la golpea y humilla.

Luna de Miel

Al pasar el episodio violento, se da cuenta de lo sucedido, los sentimientos de culpa ahondan la imagen negativa respecto a sí mismo, desvalido y desamparado acude a ver a su pareja, se arrodilla y le pide perdón, las suplicas son características de esta tercera etapa, solo con el perdón de ella logra tapar este hueco en su interior, es aquí donde la confluencia entra en juego, palabras como “solo has lo que te pido”. “Hazme caso, si fueras como yo seria muy feliz”. “Puedes aprender de mí que siempre me fijo en la hora y me doy cuenta de cuanto tiempo tengo”. Al parecer aquí acaba el ciclo pero ciertamente es solo el inicio de la primera fase de acumulación de tensión.

Ahora observaremos como es que el ciclo de la violencia se ajusta a los mecanismos neuróticos de la introyección y la retroflexión.

La introyección es una función más discriminatoria, un intento más maduro, más preciso para manejar la ineptitud que el hombre violento siente, trata de remediar sus incapacidades llenado los vacíos internos adoptando actitudes y conductas discretas que él cree lo ayudaran a “sobrevivir”.

En un principio si este hombre fue agredido por alguno de sus padres, él tratará de llenar las expectativas de ellos, buscando complacerlos en todo, sin queja alguna ocultara sus sentimientos de inferioridad. Esta forma de actuar se interioriza y se extiende a las personas que él considera importantes en su vida, en este caso su pareja, y por la gran necesidad de conservar su amor, el proceso suprimir su Gestalt es mayor.

Lo esencial en este mecanismo de introyección es la imagen de control y poder que ejerce ella sobre él, entonces el hombre violento se considera a sí mismo como un traidor por identificarse con el enemigo (cónyuge), Corsi (1994) menciona que el hombre violento considera a su cónyuge más grande que él, el temor de ser pisoteado por está, esta siempre latente y por lo tanto la única forma de tener el control de todo es mediante la violencia.

Ahora veamos lo que sucede con la retroflexión en el hombre golpeador; es la solución a su renuencia o incapacidad para actuar enérgicamente y en forma decisiva al medio, volcándose en contra de sí mismo y encerrándose en una armadura evita el contacto con los problemas que le generan conflicto, por lo cual se encierra en el interior de su mente

Muchas veces se ha observado que la conducta violenta de los hombres golpeadores en un inicio se manifiesta con la violencia psicológica o física hacia ellos mismos, endureciendo el cuerpo, apretando los dientes o los puños, como un intento vago de controlar la situación, y no agredir a su pareja que se explica a sí mismo no tiene la culpa, sino que la culpa es de él por haber tomado una determinada acción o decisión, y al no poder más con esta represión de la esfera emocional, la solución mas pronta a tanta ira es la violencia.

Ahora observemos como es que el ciclo de la violencia se acomoda a estos dos mecanismos neuróticos.

Acumulación de Tensión

Los pequeños roces y conflictos hacen que aumente la hostilidad y la ansiedad en esta primera etapa, cuando la persona intenta contenerse frente al incumplimiento de sus exigencias le vienen los pensamientos “rumiantes” de culpa, “si yo no le hubiera pedido que hiciera esto”, “¿Por qué no puedo dejar de molestarme por eso?”, “No voy a hacer nada, es mi culpa”.

Los intentos por hacer notar su molestia se originan en la rigidez de sus movimientos, la retroflexión lo paraliza, quizás los recuerdos de su infancia sean los causantes de esto, cuando no podía evitar ser agredido.

Episodio Violento

Explota toda la tensión acumulada, las posturas rígidas que adopta no le son útiles para poder manejar la situación, los intentos de violencia inician deteniendo el golpe, en un intento de agresión psicológica, la pareja se asusta, el hombre violento se da cuenta que ya no es un niño que ahora puede reaccionar, defender su organismo, los gritos e insultos siguen liberando los sentimientos de inferioridad que intenta controlar, “soy como tu quieras que sea, pero no me entiendes”.

Ambos mecanismos neuróticos funcionan al mismo tiempo, uno que intenta contener, el otro que pide conductas o acciones a realizar, “¿que hago ahora?”, “intento ser como quieres que sea, pero nada te basta”, como consecuencia de este segundo ciclo la violencia se ejerce aún en contra de los deseos del agresor.

Luna de Miel

El arrepentimiento y la culpa hacen que el agresor pida perdón por lo ocurrido, calmando el problema y prometiendo cambiar, introyecta los orígenes de su desgracia, su deseo de suprimir el proceso Gestalt es mayor, sintiéndose mas ligado y necesitado del afecto de su cónyuge

Aquí es donde se inicia nuevamente el ciclo de la violencia pues al intentar ser como su cónyuge quiere que sea, vienen los conflictos internos y empieza la retroflexión puesto que se encuentra en incongruencia entre lo que es y lo que quiere ser.

 

CONCLUSIONES

El agresor experimenta remordimientos por haber golpeado a su cónyuge, cometiendo actos violentos de manera esporádica, como el sentimiento de culpa en ellos es difícil de sobrellevar, encuentran maneras de neutralizar el autocastigo, utilizando el mecanismo neurótico de la proyección, reconstruyendo mentalmente la acción reprensible atribuyendo la culpa a la víctima por haber provocado la acción.

Estos hombres se centran en su incapacidad para describir sus sentimientos y su intensa necesidad de controlar la situación, se relaciona con el hecho de no poder destruir una Gestalt, se sienten emocionalmente aislados de todo tipo de contacto social, en especial con su cónyuge, reprimidos y cansados de sentirse el blanco de los demás, encuentran en la violencia el único camino para descargar su tensión.

La necesidad de influir en los demás, en especial con quien mantienen una relación íntima es preponderante en la formación de la Gestalt de estas personas, es por eso que reaccionan con ira ante las escenas donde la mujer asume una posición dominante y se distancia desde el punto de vista emocional, quiere ser la figura dominante en la gestalt de su mujer, sin importar el fondo, la confluencia aquí es predominante ya que al no poder distinguir entre él y ella, espera ser él el punto de referencia, el “ejemplo” por así decirlo.

Experimentan una mezcla de sentimientos en los que se incluyen la ira y los celos, siempre encuentran el modo de malinterpretar y culpar a su pareja, de ver en ella la causa de su propio desaliento, de exigirle cosas imposibles de cumplir y de castigarla por no haberlo hecho.

En la terapia Gestalt la característica fundamental de la función del organismo es la formación y destrucción de la Gestalt, esta formación esta determinada por la percepción y la comprensión, ambas preceden a cualquier análisis de las partes constituyentes de la Gestalt, en un principio se ven como conjunto a todos y después se diferencian.

Para explicar esto en el agresor la gama de experiencias emocionales se basan en la formación de figura-fondo, al interactuar con el ambiente trata de seguir hasta el final sus intereses principales, tener el poder, controlar el ambiente de manera que no se sienta agredido ni desplazado de su lugar de privilegios, de reconocimiento y afecto, los diferentes aspectos de su personalidad reaccionarán en sus formas características como parte de la actividad del organismo total, sus facultades cognitivas piensan, sus sentidos sienten, su sistema motor actúa, tratando de no perder el control.

Una de las características fundamentales de los agresores es la presencia del miedo en todas sus relaciones, su temor es un intento febril de decidir que hacer, la respiración rápida, el contacto con lo que lo asusta y sus acciones forman parte de ese suceso determinado, brotando como parte de la dinámica del fenómeno figura fondo.

El juicio de lo que hace en cualquier circunstancia es lo más importante para él y como debe reaccionar, la sabiduría de su organismo se remite a sus experiencias previas de víctima, de humillación, sobre sus propias necesidades, son las selecciones que hace del medio para tratar de enfrentarse a ellas.

Por último los individuos violentos sufren de una especie de “estancamiento” de la Gestalt en su vida pasada, presente y futura. Pasada por su incapacidad de poder destruir o solucionar una Gestalt de su niñez generando sentimientos de soledad, tristeza y depresión (relación entre figura de poder y él mismo). Presente por el hecho de no poder establecer nuevas figuras ya que su Gestalt primordial gira en torno a su cónyuge, tratando de no repetir su historia pasada. Y por último en su vida futura ya que al no poder formar nuevas Gestalt, por estar ocupado empleando su energía en mantener e intentar destruir o solucionar esta Gestalt “pasada”, el “estancamiento” le produce sentimientos de angustia e inseguridad, que termina inevitablemente en actos de violencia en contra de sus cónyuges.

 

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