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Revista Latinoamericana de Desarrollo Económico

versión On-line ISSN 2074-4706

rlde  n.21 La Paz mayo 2014

 

ARTÍCULO DE DEBATE

 

La política exterior de Evo Morales

 

Foreign policy of Evo Morales

 

 

Máximo Quitral Rojas *

 

 


Resumen*

Desde el ascenso al poder del presidente Evo Morales (2006), la política exterior boliviana sufrió un giro en su tradicional fórmula de internacionalización. Si antes existía una suerte de sumisión, desde Evo la posición fue más bien de autodeterminación. El origen indígena del presidente y los lazos construidos con Venezuela imprimieron un sello distintivo a su conducción, permitiendo posicionar a Bolivia en el concierto mundial.

Palabras clave: Política exterior, refundación, autonomía, nacionalización


Abstract

Since the rise to power of President Evo Morales (2006), Bolivian foreign policy suffered a spin on their traditional formula of internationalization. Where once there was a sort of submission, from Evo the position was rather self-determination. The President indigenous origin and the links built with Venezuela printed a hallmark ofhis leadership, allowing Bolivia position on the world scenary.

Keywords: Foreign policy, autonomy, nacionalization, refounding

Clasificación/Classification JEL: F50


 

 

1. Introducción

El proceso de transformación política que viene atravesando Bolivia ha suscitado una gran atención internacional, al punto de situar al presidente Evo Morales en la esfera mundial y en una condición muy distinta que la de sus predecesores. Es decir, desde el retorno a la democracia en 1982 y a casi más de 30 años de su recuperación, Bolivia no había sido objeto de una preocupación permanente en materia internacional, cuestión que ha ido variando con el correr de los años. El proyecto político de Evo justamente se preocupó de esto y utilizó esa estrategia política como fórmula de re-posicionamiento internacional para (de cierta forma) ubicar al líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) como un referente en el concierto internacional. La presencia del mandatario en foros internacionales, la realización de una agenda internacional bastante recargada y la instalación de la idea de una "diplomacia de los pueblos" dotaron a su administración de una visibilidad global mayor que cualquier otro presidente en Bolivia.

Las diferencias con los gobiernos anteriores son ostensibles, y no se trata sólo de aspectos ideológicos, también se observan cuestiones de fondo, como los aliados estratégicos en la cartografía local, así como la injerencia de los EE.UU. en la toma de decisiones del país vecino y el proceso de refundación del Estado. Hoy las relaciones internacionales que logra establecer el presidente Morales se han centrado en su ya reconocida frase "queremos socios, no patrones", develando que la constante manera de entregar la soberanía nacional con bajas exigencias hoy ha cambiado rotundamente: "Durante la década de los noventa el criterio para evaluar si Bolivia tenía una buena política exterior venía otorgado exclusivamente desde fuera del país, y era asumido como válido internamente con poca resistencia (...)" (Canelas y Verdes-Montenegro, 2011: 240).

En el fondo, el impacto de las ideas sobre integración emanadas desde Palacio Quemado tenían muy poca resonancia multilateral, pues existía una evidente sumisión internacional a las decisiones adoptadas desde otras latitudes, y los impuestos a la empresas extranjeras eran bastante irrisorias. Pero desde 2005 la política internacional no fue vista como una moneda de cambio en el ejercicio político de las elites, sino que adquirió un peso político destacado, ampliando las alianzas regionales y mundiales (como en los casos de Irán e India), lo que permitió al MAS robustecer su respaldo internacional y multilateralizar muchas de sus demandas internacionales. Sin ir más lejos, la situación de acceso al mar no logró tener tanta incidencia en los pasados gobiernos bolivianos como el alcanzado con la actual administración de Morales, politizando el tema y rompiendo con el viejo estigma de que la política exterior era una excusa positiva para mejorar la popularidad en las encuestas.

Quizás en el caso de Evo, al contar con una base social de apoyo más fuerte y una maquinaria partidaria comprometida con la causa de la mediterraneidad despojada o usurpada como le han llamado, ha significado que la búsqueda de acceso al mar esté motivada más por cuestiones de convicción política que cálculos electorales, y hayan hecho de esta lucha internacional uno de sus compromisos más mediatizados en el último tiempo. Fue de esta manera como comienzan a producir una nueva reorientación en la política internacional, motivada por la reconversión de mayorías sociales y políticas, como la llegada al poder de un presidente indígena, situación que ha sido destacada en la concreción de una agenda internacional. El mensaje de un presidente indio para un país indio fue bien acogido por la comunidad internacional, idea con la cual se lanzó la candidatura del Presidente boliviano al Premio Nobel, bajo el patrocinio de Rigoberta Menchú, con la idea de convertir a Morales en una especie de "Mandela andino". Todos estos elementos asignan a la administración de Morales una identidad que ha sido enfatizada a escala global. Precisamente esta identidad étnica fue traspasada al ámbito estatal, al punto de refundarlo y dar pie al Estado plurinacional, reconociendo el pluralismo como uno de los ejes centrales del nuevo Estado que emerge, cuestión que profundizaremos a posterior.

Considerando estos planteamientos, el trabajo tiene por objetivo central indagar sobre la dirección de la política exterior de Bolivia bajo la administración del presidente Evo Morales. La hipótesis que se sugiere es que con la llegada de Morales al poder, Bolivia adquirió una mayor autonomía mundial y contuvo la injerencia de actores políticos externos en la construcción de su agenda internacional. Con el propósito de profundizar en estas ideas y ponerlos en el ámbito de reflexión académica, este trabajo ha sido estructurado en tres secciones. La primera de ellas busca debatir sobre la construcción de la agenda internacional de Bolivia en términos ideológicos y de vinculación regional. En el segundo punto analizaremos el impacto de esta agenda en el concierto latinoamericano, para finalizar presentando una síntesis y consideraciones finales del trabajo en general.

 

2. 2005, Morales llega al poder en Bolivia

Desde un comienzo en la política del presidente Evo Morales, los desafíos de su gestión apuntaron a la recuperación de un espacio en el ámbito regional y mundial, así como la identificación de su política exterior con las principales características de la población indígena. Decisiones como la nacionalización de los recursos energéticos más importantes en su país, la contención de la ofensiva autonomista desde las regiones denominadas "de la media luna" (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando), así como los permanentes acercamientos con el "chavismo", le asignaron a su política internacional algunos elementos diferenciadores con respecto de épocas pasadas.

Morales asumió el poder en el año 2005 y se consagró como el primer presidente en la historia reciente de Bolivia que fue directamente elegido en las urnas, sin que el Congreso Nacional tuviera que dirimir. En aquella ocasión obtuvo un 53,74% de respaldo nacional, o sea, de 3.671.152 de personas inscritas en el Padrón Nacional Electoral (PNE), Evo obtuvo 1.544.374 de votos. Esta elección vino a poner término a un proceso de creciente inestabilidad política y que cerró el ciclo de la llamada "democracia pactada", suscrito en 1982 por Víctor Paz Estenssoro (MNR) y el dictador Hugo Banzer (ADN), acuerdo que dio forma a un proceso de reorganización democrática de Bolivia que cristalizaría con la adopción de un número importante de reformas político-económicas, que redefinieron el rol del Estado, en función de las reglas del libre mercado y la creación de una Nueva Política Económica (NPE), que dio pie al decreto 21060. El efecto producido por este paquete de medidas de corte neoliberal fue que "(...) tendieron a controlar la alta participación del Estado en la conducción de la economía y particularmente en la creación de empleos públicos, remuneraciones e inversión" (Quitral, 2012:72). Tal acuerdo contó con los apoyos de las principales fuerzas políticas de esos años, como el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de corte populista, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) de raíz marxista y de Acción Democrática Nacionalista (ADN), quien defendió la economía de libre mercado y la democracia representativa.

Desde aquella época hasta la llegada al poder de Morales, los indicadores económicos empeoraron, las elites internas reforzaron su poderío local y esta situación redundó en el agotamiento de la fórmula de democracia pactada, con altas tasas de abstención electoral y con bajos porcentajes de adhesión de los presidentes electos por vía democrática. Esto le ocurrió al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003), quien en su segundo periodo fue incapaz de contener el estallido social que se venía acumulando por años en Bolivia. Fue en ese momento cuando Evo Morales irrumpe en el escenario político local, transformando al Movimiento al Socalismo (MAS) y al Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), de Felipe Quispe, en las principales fuerzas políticas de esos años, partidos que finalmente lo llevaron al poder en 2005 con el lema: "territorio, soberanía, vida".

Desde sus inicios el MAS combinó elementos nacionalistas con el indigenismo, al punto de redefinir las relaciones entre el Estado y el mercado, y marcar una dura posición con la nacionalización de los recursos. El nuevo Estado que surge con al ascenso al poder de Evo remarca justamente esas diferencias y las hace explícitas en su nueva Constitución. "Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, autonómico y descentralizado, independiente, soberano, democrático e intercultural. Se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país" (El País).

El nuevo Estado naciente enfatiza en cuestiones como soberanía o mercado interno, así como también la inclusión y la cohesión social. Pero el punto que más fuerza impregnó al gobierno de Morales se tradujo en el ejercicio de la soberanía estatal en la posesión de los recursos naturales. Como resultado de lo anterior, se entró a un proceso de nacionalización de los hidrocarburos y con ello, a poder dotar al Estado de recursos frescos para ir en ayuda en los sectores populares postergados por años y fortalecer el rol del Estado en la sociedad civil. Esto se consiguió con el apoyo de su partido, pues logró implementar estas medidas, siendo clave a la hora de operacionalizar estas ideas y aportar con las transformaciones sustanciales que la administración de Morales requería desde un comienzo. En resumen, "(...) el MAS es un movimiento político que representa identidades y demandas campesinas y étnico-culturales, se asienta en un conglomerado de organizaciones sindicales, movimientos sociales y pueblos indígenas, esgrime un proyecto de nacionalismo estatista y despliega una política internacional afín a Venezuela y Cuba". (Mayorga, 2008: 21).

Esta decisión hizo plantear un verdadero giro a la izquierda, la cual chocó con una estructura político-social presente en Bolivia que era absolutamente contraria a esta nueva relación del Estado con sus instituciones. Por ejemplo, Morales en un primer momento produce una tensión entre el Estado y los inversionistas extranjeros con el objeto de redefinir el tipo de sociedad a desarrollar. Pero no solamente eso fue lo planteado por él apenas llegó al poder, sino que hubo otros elementos que se agregaron a la discusión ideológica en que se vio inmerso. Uno de ellos fue la "(...) mutación en las relaciones entre el Estado y las regiones, para impulsar un modelo de descentralización política; metamorfosis del proyecto de Estado-nación a partir del reconocimiento de derechos colectivos de los pueblos indígenas; y, finalmente, modificación de las pautas de participación y representación política en la institucionalidad democrática" (Mayorga, 2008:22).

O sea, una de las principales medidas que alteró significativamente su forma de relacionarse con las grandes transnacionales brasileñas (tema en el que ahondaremos en el apartado siguiente) trajo a discusión la vieja tensión entre Estado y mercado que ha vivido Bolivia permanentemente. Tales cuestiones han provocado que ciertos clivajes internos se vean reforzados permanentemente, expresándose en la falta de cohesión social o en la agudización de las desigualdades, las que provocan ciertos grados de ingobernabilidad cada cierto tiempo. Justamente estas deudas sociales fueron las que empujaron al presidente Morales a reorientar la forma en que el Estado boliviano asumía esos desafíos, y entendiendo que la base para disminuir las brechas sociales eran los recursos naturales. Lo que se hizo finalmente fue promover una serie de reformas dentro de su política exterior que fueran coincidentes con el ideario ideológico y político del nuevo gobierno. Grace Deheza (2007) percibió este cambio de la siguiente manera: "La política exterior del Presidente Evo Morales responde al concepto de interés nacional para Bolivia. En su discurso inaugural el primer mandatario plantea una política orientada a resolver los problemas de forma democrática, con justicia e igualdad y sin condicionamientos ni sometimientos" (Deheza, 2007). Estas palabras expresadas por el Presidente refuerzan ese ideario de marcar diferencias con la forma de entendimiento político que los anteriores presidentes habían adoptado, y que hablaban de una dependencia hacia las decisiones emanadas desde actores políticos extrafronteras, particularmente con los Estados Unidos.

En este punto, uno de los casos en que quedó de manifiesto la cercanía de Sánchez de Lozada con los EE.UU. fue el momento de mayor tensión política vivida bajo su mandato en 2003. En aquel entonces el gobierno de Sánchez buscó infructuosamente apoyo internacional, utilizando argumentos como "guerra contra el terror", para señalar que Bolivia era una víctima de un complot anarcosindical-terrorista (en clara alusión a Evo) y que contaba con el apoyo -político y financiero- de Chávez y de otras "fuerzas oscuras". La respuesta desde los EE.UU. no tardó en llegar y se expresó por intermedio de un comunicado del Departamento de Estado que señaló lo siguiente: "La comunidad internacional y los Estados Unidos no van a tolerar ninguna interrupción del orden constitucional y no reconocerán a cualquier régimen que sea el resultado de procedimientos antidemocráticos" (Bolpress). Si a eso le sumamos el antecedente de que el ex presidente Carlos Mesa, quien fuera vicepresidente durante el mandato de Sánchez de Lozada, recibió en su hogar al embajador de los EE.UU., la relación entre ambos países en ese momento era más estrecha de lo que se pensaba. Por el contrario, el gobierno pensó que los países de la región optarían por respaldar su mandato, pero"(...) la reacción de los países fue en el mejor de los casos tibia, y en su mayoría esquiva o de rechazo a la petición de apoyo por parte de Sánchez de Lozada" (Canelas y Verdes - Montenegro, 2011: 242).

Paralelo a este episodio, el movimiento social en Bolivia comenzó a articularse fuertemente en torno a Evo, y a estrechar lazos importantes con organizaciones sociales y agrupaciones políticas internacionales que comulgaban con las nuevas ideas levantadas por estos sectores de la población. Ya lo plantearon algunos autores, como Bertolini y Aguilar (2007), quienes afirmaron que "(...) se percibe una amalgama de ideas afines que apuntan en direcciones coincidentes a la Revolución Bolivariana propugnada por el presidente Chávez, como así también a la reivindicación indígena o capitalismo andino liderado por el presidente Morales." (Bertolini y Aguilar, 2007: 5).

Bolivia se hizo miembro de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), cuestión que significó que la administración de Morales fortaleciera sus vínculos con Cuba y Venezuela, lo que se tradujo en apoyos en materia de salud y educación, en el caso cubano, y en materia energética, en el caso venezolano. "Para reforzar las relaciones con estos dos países firmó el acuerdo Alternativa Bolivariana para los Pueblos, acuerdo comercial que es considerado antineoliberal y antiimperialista" (Deheza, 2007). Estos elementos dotaron a la política exterior de Evo de un sentido crítico y de una identificación con el socialismo del siglo XXI, que representaba el chavismo, sintonía ideológica que reforzó los lazos establecidos entre ambos países, transformándose ambos mandatarios en socios estratégicos de la región. Lo anterior se tradujo formalmente en "(...) inversiones del Estado venezolano por U$S 1.500 millones para la construcción de cuatro plantas de hidrocarburos, dos de separación de líquidos o gas licuado de petróleo (GLP); c) la donación a Bolivia de U$S 37 millones, de los cuales 24 deberían destinarse a financiar planes de alfabetización e identificación; y d) una política activa en cuanto a cooperación en comunicaciones que implica la donación de 30 estaciones de radio para uso oficial por un monto de U$S 1.5 millones" (Zapata, 2011:118).

 

3. La agenda internacional de Evo en el concierto latinoamericano

Durante la administración del presidente Morales, dos hechos en su gestión provocaron fricciones que tensionaron sus relaciones internacionales. Por un lado, la reivindicación del acceso al mar y por otro, la nacionalización de los hidrocarburos. Como lo señalamos en el apartado anterior, esta nueva forma de orientar la política exterior coincidió además con un giro en la estructura socio-económica de Bolivia, que fue cimentada bajo una tradición predominantemente agrícola, y con fuerte dominio del oriente boliviano, entró en un ciclo de contracción. Por cierto, muy en la línea del conflicto permanente entre el oriente camba y el occidente aymara, situación que fomentó la creciente supremacía de la zona de la Media Luna, en la cual Santa Cruz era el centro neurálgico de las operaciones económicas. Para poder romper esta hegemonía conservadora, Bolivia en 2006 tomó la decisión, un 1°de mayo, de ocupar las instalaciones de Petrobras en San Alberto y enseguida firmar el Decreto Supremo n° 28701 que nacionalizaba las propiedades de las empresas petroleras que operaban en el país. El Decreto Supremo se llamó "Héroes del Chaco", y buscaba dotar de la legalidad necesaria al proceso de recuperación de los recursos naturales. En el fondo, los puntos centrales del mismo plantearon lo siguiente:

1)  El Estado, mediante Y.P.F.B., toma el control y la dirección de la producción, transporte, refinación, almacenaje, distribución, comercialización e industrialización de los hidrocarburos.

2)  Implementa el monopolio de Y.P.F.B. para el proceso de comercialización, por lo que la estatal petrolera definirá nuevos mercados, volúmenes de exportación a nivel externo e interno y los correspondientes precios de venta.

3)  Obliga la transferencia de las acciones de los bolivianos depositados en las AFP a favor de Y.P.F.B., por un valor de 670 MM US$.

4)  Determina que mediante negociación concertada pasen el 51 % de las acciones de las empresas petroleras a propiedad de Y.P.F.B.

5)  Instaura la responsabilidad de que Y.P.F.B. pague regalías, IDH y participación a los departamentos, prefecturas, municipios y universidades.

6)  Obliga a que la Unidad de Administración de Fiscalización de Contratos de Y.P.F.B. pague alas empresas petroleras que trabajen en el marco de los contratos de operación. Este pago está conformado por costos de operación, amortización de inversiones y ganancias razonables.

7)  Implanta un período de "transición" máximo de 180 días para la aplicación plena de la Ley No. 3058, con el propósito de realizar auditorías a las empresas petroleras y, en base a dicha información, en forma definitiva suscribir los nuevos contratos de riesgo compartido y el desglose de regalías e impuestos a pagar al Estado boliviano.

8)  Define que, mientras dure este período de transición, las empresas están obligadas a destinar de todo el ingreso bruto el 18% a regalías y participaciones, 32% al Impuesto Directo a los Hidrocarburos, 32% para fortalecer a Y.P.F.B y el restante 18% para cubrir costos, gastos, amortización de inversiones y expectativas de utilidades de las transnacionales. Con esta modalidad el decreto logra que los ingresos para el Estado se incrementen significativamente hasta 1.100 MM US$ por año, es decir, un aumento de más del 62% con respecto a lo que establecía la Ley N° 3058.

Esta decisión causó extrañeza al presidente Lula en Brasil, pues la consideró como "un acto inherente a su soberanía y anunció una próxima reunión con su colega andino, Evo Morales" (La Jornada, 2006). Sin embargo, la situación de la nacionalización generó más resquemores por el lado de Petrobras, al punto de que José Sergio Gabrielli, entonces presidente de la transnacional, sostuvo que dicha empresa no tendría más inversiones en Bolivia, al tiempo que "Lula se reunía el día 4 de mayo de 2006, cerca de Foz de Iguazú, con los presidentes Evo Morales, Néstor Kirchner (Argentina) y Hugo Chávez (Venezuela), para intentar amenizar la crisis, pero afirmando que Bolivia había actuado dentro de los límites de sus derechos como país soberano" (Magalhães, 2009: 156). Si bien el presidente Lula comprendió que Morales tomó una decisión irrevocable, se produjo una suerte de tensión cuando esta determinación se fue materializando y la que se expresó en dos puntos relevantes: la indemnización, y los actores que serían responsables para negociar los nuevos contratos con el gobierno. En el fondo, "El presidente boliviano hablaba de la nacionalización como un acto simple, de pleno derecho soberano de Bolivia, de recuperación de las riquezas de un país históricamente explotado por otras potencias y por sus multinacionales, partiendo de la idea de recuperar la propiedad total de la cadena productiva del petróleo" (Magalhães, 2009).

Ciertamente, lo central de la nacionalización es que asumió ese cariz expresado por la autora, pero también buscando cumplir una doble función en el entramado institucional desarrollado por el presidente Morales. Por una parte, la generación de mayores recursos económicos para incentivar una nueva inversión en procesos de industrialización con predominio estatal, y por otra, permitir que estos recursos fueran vehiculizados hacia mejores políticas sociales de corte popular para aquellos sectores históricamente marginados en Bolivia. No se puede desconocer que el impacto económico de estas medidas fue notorio, pero empujó a Evo a negociar con Argentina y Brasil un incremento en los volúmenes y en los precios del gas boliviano, situación que coadyuvó al incremento en los ingresos fiscales.

Como dato complementario, el Presidente se mostró sorprendido ante los excelentes indicadores de crecimiento, que bordearían el 6.5%, algo inédito en la historia económica de ese país. Como lo relatara un medio internacional, "El Jefe de Estado atribuyó esa bonanza económica al esfuerzo del pueblo, el aporte del sector productivo y la política de nacionalización que se implementa en el país desde 2006 y que busca recuperar los recursos naturales y las empresas estratégicas para los bolivianos" (América Economía, 2013). Este antecedente de crecimiento es interesante a la hora de comprender el impacto del proceso de nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, reafirmando los dichos del Presidente en su momento acerca de recuperar lo que a la nación le pertenecía, al punto de enfatizar que Brasil había ganado demasiado dinero explotando el gas boliviano. Si bien la nacionalización produjo fricciones en las relaciones internacionales con Brasil, esto no causó el término de entrega del suministro a la administración de Lula. Lo que se logró, en cambio, fue complejizar políticamente al presidente Lula con el tema, y estimular la queja de Petrobras sobre el cumplimiento de contratos previamente contraídos.

Pero no solo con Brasil se produjo tensión por el proceso de nacionalización de los hidrocarburos. Con Argentina ocurrió algo similar, ya que desde abril de 2004 ambos Estados se comprometieron, mediante la Declaración de Buenos Aires, suscrita por los presidentes Carlos Mesa y Néstor Kirchner, a un contrato de compra-venta de gas natural, el que fijó los montos de exportación del recurso en 4 millones de metros cúbicos diarios por 6 meses. Posteriormente, en 2004, la firma del Protocolo Adicional para entregar gas natural a través del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA) posibilitó que un año después se reanudaran las negociaciones y se extendiera la cuota de 4 a 7.7 millones de metros cúbicos diarios hasta el año 2006. Sin embargo, en 2007 nuevamente se vivió una situación que puso en peligro la entrega de gas a la administración de Néstor Kirchner, pero la ejecución de los contratos entre YPFB y Energía Argentina S.A (ENARSA) continuaron con los niveles de importación-exportación en los 27.7 millones de metros cúbicos diarios hasta 2026, como forma de asistencia recíproca en torno a la comercialización del gas.

3.1. Morales y su relación con Chile

Luego de ser electo presidente de Bolivia, Morales buscó un acercamiento hacia Chile a partir de la invitación al entonces presidente chileno, Ricardo Lagos, como señal de amistad para su par chileno. La prensa local consideró esta visita como un "hecho histórico", situación que posteriormente fue replicada con la invitación extendida al presidente Morales para el ascenso de la presidenta Bachelet. En ese momento, ambos presidentes sostuvieron una reunión, que en palabras del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, era "una primera aproximación en un proceso de largo aliento, para "tejer" lazos de confianza y de mayor acercamiento" (26 noticias, 2006). Para este país, este encuentro fue visto como la oportunidad para dar inicio a una nueva era en la relación de los dos países, de forma que el Gobierno chileno se mostró abierto a entablar puentes de diálogo con su homólogo boliviano para lograr una nueva dinámica en la relación bilateral. Esto se concretó a partir de junio de 2006, entre Morales y Bachelet, por medio de la agenda de los trece puntos, discusión que se retomó posteriormente durante el gobierno de Sebastián Piñera, consolidando así una de las más estrechas estrategias de acercamiento diplomático. Esta agenda abordó temáticas de interés conjunto de alta relevancia que se detallan a continuación:

1.   Desarrollo dela confianza mutua: en este sentido, la confianza mutua responde a cuestiones de interés mutuo, instancias en las cuales el diálogo entre las respetivas autoridades de los países involucrados genera el reconocimiento de problemáticas que deben ser resueltas sin la intervención de terceros actores.

2.   Integración fronteriza: en este punto los comités de frontera tendieron a establecer estas cosas de fondo.

3.   Libre tránsito: el régimen de libre tránsito tiene su sustento jurídico en el tratado de 1904 y sus instrumentos posteriores (como los de 1912 y 1937). Es una de las bases de la relación con Bolivia.

4.   Integración física: ambos países establecieron en 2002 un grupo técnico mixto cuyo objetivo era vehiculizar las prioridades en obras viales así como las inversiones que cada país llevaría a cabo.

5.   Complementación económica: Un aspecto a destacar en las relaciones internacionales entre Bolivia y Chile tiene que ver con las relaciones comerciales, que se rigen por el acuerdo de Complementación Económica N° 22 (ACE 22), firmado en 1993. Finalmente, en 2006 en Chile entró en vigencia un protocolo adicional que entregó 100% de preferencia arancelaria a los productos importados desde Bolivia.

6.   Reclamo marítimo: Éste es uno de los temas más delicados en la agenda internacional de ambos países. Si bien Bolivia ha insistido en este punto históricamente, desde Chile se aplica la teoría del negacionismo, la cual sostiene que entre ambos países no hay temas pendientes y que éstos fueron resueltos bajo el Tratado de Paz y Amistad en 1904.

7.   Manantiales del Silala: se conformó un grupo de trabajo entre Bolivia y Chile con la misión primaria de buscar una solución diplomática a la controversia suscitada por estas aguas, teniendo en cuenta que ambos países manifiestan la voluntad de lograr acuerdos en esta materia a ambos lados de la frontera. Originalmente Bolivia planteó el pago de una deuda histórica, la que sería analizada por el grupo antes mencionado.

8.   Lucha contra la pobreza: En este aspecto se dio importancia a la necesidad de fortalecer los lazos en la cooperación mutua y trabajar en instancias comunes en ámbitos de la salud, destacando el hermanamiento hospitalario.

9.   Seguridad y defensa: este punto fue importante, pues demostró la clara intención de avanzar en la relación de confianza mutua, considerando (por ejemplo) el proceso de desminado de las fronteras, apelando a la Convención de Ottawa.

10. Lucha antidrogas: los emisarios de ambos países acordaron realizar el máximo de esfuerzo posible para cerrar cualquier posibilidad de ingreso de drogas por las fronteras a la droga, intensificando el intercambio de información entre las instituciones policiales y los ministerios públicos.

11. Educación y Ciencia: en este punto se propuso la generación de una comisión mixta de educación, con la responsabilidad de construir portales digitales con enfoque en educación y la generación de becas para educación superior, tales como magíster y doctorados.

12. Cultura: Originalmente se acordó realizar la segunda reunión de la Comisión Mixta Cultural entre el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile y el Ministerio de Culturas de Bolivia. Esto se ha visto materializado en la suscripción de acuerdos para el intercambio cultural, cooperación cinematográfica y la participación de Chile en la Feria del Libro de La Paz.

13. Otros temas: en este punto se visibilizan temas consulares de seguridad social, vinculación intraparlamentaria y diálogo multilateral, que no han sido puestos en discusión en los anteriores puntos. Adquieren -eso sí- una función más bien complementaria, pero no por ello irrelevante a la hora de evaluar las relaciones bilaterales.

Aun cuando Bolivia y Chile mantienen congeladas sus relaciones políticas, han abierto un punto de discusión entre ambos países, aseverando que"(...) la agenda es una institución clave dentro de la relación bilateral en el periodo reciente, fruto del acercamiento paulatino de las dos últimas décadas y a la que subyace la idea de que a través del diálogo es posible gestionar y resolver los asuntos y conflictos existentes en la relación chileno-boliviana" (Correa y García, 2012:96). No obstante, y sin desconocer el valor de todos los temas considerados en la agenda de los 13 puntos, el tema marítimo es al que mayor importancia le ha asignado el presidente boliviano, al punto de incluir su reivindicación como eje constitucional, particularmente con la "Novena Disposición Transitoria de la Constitución Política del Estado boliviano". Dicha norma señala que "En el plazo de cuatro años desde la elección del nuevo Órgano Ejecutivo, este denunciará y, en su caso, renegociará los tratados internacionales que sean contrarios a la Constitución" (Quitral, 2013). Es decir, de acuerdo a la carta magna (aunque no hay certeza absoluta) esa fecha sería a fines de este 2013, momento en el cual el Estado plurinacional de Evo debería dar por desahuciado el Tratado de Paz y Amistad de 1904, dando comienzo a una estrategia internacional, con el objetivo de reposicionar el debate sobre su enclaustramiento geográfico. Por ejemplo, en la Cumbre de Celac, realizada en Chile en 2013, el presidente Morales planteó ante todos los mandatarios que Chile no había respetado el acuerdo de 1904, en una clara señal de lo que se venía en las relaciones internacionales de ambos países. Si a eso le sumamos la demanda presentada por Bolivia antes la Corte Internacional de Justicia (CIJ), la política exterior de Evo ha remarcado sus puntos de diferencias y acentuado las diferencias ideológicas. A pesar de que esta estrategia puede ser considerada como una mala posición en el juego mundial y regional, lo cierto es que algunos analistas y políticos del país del Norte han encontrado que Evo Morales ha vuelto instalar en el concierto mundial a Bolivia. Así, el diario electrónico Xinhua sostiene que "La política internacional del mandatario Evo Morales logró posicionar "intensamente" a Bolivia en el contexto mundial bajo la premisa de relaciones de respeto mutuo, en proporción a anteriores gobiernos que optaron al sometimiento a potencias extranjeras a cambio de cooperación..." (Xinhua, 2013). Armando Loaiza y Juan del Granado coinciden en que la política internacional de Evo ha sido uno de los puntos fuertes dentro de su administración, al punto de alcanzar ciertos hitos que le imprimen fuerza a su gestión. Entre los puntos a destacar se encuentran el"(...) reconocimiento de los Derechos de la Madre Tierra; la declaración del acceso al agua como derecho humano; la despenalización de la hoja de coca y la declaratoria a 2013 como el Año Internacional de la Quinua, la demanda marítima ante la Corte de La Haya, pronunciamientos internacionales a favor de Morales cuando países europeos le negaron su espacio aéreo, entre otros temas" (Xinhua, 2013). En este sentido, Carlos Romero, considerado uno de los ideólogos del proceso plurinacional que vive Bolivia, señaló en un momento que"(...) el país ha logrado importantes triunfos en materia de política externa, como el reconocimiento internacional del acceso al agua como un derecho humano que implica el cambio del constitucionalismo clásico. Entonces Bolivia ha conseguido trascender su visión plurinacional en el contexto externo" (Xinhua).

Finalmente, se puede señalar que este proceso de refundación del Estado boliviano y su prolongación al ámbito internacional ha sido relevante dentro del proceso de consolidación del "socialismo del siglo XXI", lo que ha llevado a Bolivia a obtener un inusitado protagonismo en el tablero internacional. Es decir, no es menor la tensión permanente con los EE.UU., que significó la salida de sus embajadores o los recortes en cooperación con los cuales Bolivia contaba normalmente. Junto a eso, el giro hacia Venezuela como aliado influyó en que Norteamérica tomara distancia con su par boliviano, haciendo del estado de sus relaciones una de las más complejas en los últimos años.

 

4. Conclusión

En el último tiempo la política internacional de Bolivia ha logrado aislarse de las presiones norteamericanas fomentando la alianza con Venezuela en torno a la idea del "socialismo del siglo XXI" y a la construcción de un discurso indigenista subregional que moldea la identidad de la administración de Morales. Desde el ascenso al poder de este presidente (2006), la política exterior boliviana sufrió un giro en su tradicional fórmula de internacionalización. Si antes existía una suerte de sumisión, desde Evo la posición fue más bien de autodeterminación. El origen indígena del presidente imprimió un sello distintivo a su conducción, permitiendo posicionar a Bolivia en el concierto mundial. El gobierno reivindica la independencia y también la soberanía nacional como el pilar fundamental de su política exterior, haciendo de estos elementos cuestiones claves en la generación de un relato y de una identidad política interesante.

Por cierto que el rol del Estado ha sido clave en este punto, ya que se advierte una suerte de refundación del mismo, el que al ser considerado como plurinacional dota de algunas características importantes a la hora de manifestar posiciones en ciertos temas de interés regional y mundial. O sea, el claro compromiso con el cambio climático, con los derechos de la Madre Tierra y el Vivir Bien sustentado en la "diplomacia de los pueblos", dotan al gobierno del presidente Morales de una carga simbólica muy fuerte en el escenario latinoamericano. Paralelo a ello, el proceso de nacionalización de los hidrocarburos, que tensionó las relaciones vecinales, brindó un importante respaldo económico político a su gestión, pues sirvió de operacionalización y de ejercicio soberano de las reivindicaciones históricas y dotó de fuerza a sus planteamientos teóricos.

La política internacional no fue vista como una moneda de cambio en el ejercicio político de las elites, sino que adquirió un peso político destacado, ampliando las alianzas regionales y mundiales (como en el caso de Irán y el de la India) lo que permitió al MAS robustecer su respaldo internacional y multilateralizar muchas de sus demandas internacionales. En el fondo, se puede inferir que bajo el mandato del presidente Morales, Bolivia ha logrado una ostensible autonomía mundial, ha reducido la injerencia de actores políticos externos en la construcción de su agenda internacional y ha revitalizado el protagonismo de su Gobierno en el concierto internacional. La frase "queremos socios, no patrones", ha sido lo medular en estos tiempos, cambiando las fórmulas de entendimiento y mejorando los lazos internacionales.

 

Fecha de recepción: 27 de noviembre de 2013
Fecha de aceptación: 5 de marzo de 2014

 

Notas

* Historiador, Dr. en Ciencia Política, Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat (INTE). Contacto: mquitral@unap.cl

** Este trabajo corresponde al Proyecto de investigación Fondecyt n° 1130380 titulado: "El pensamiento latinoamericano en asuntos regionales y mundiales, 2002-2012".

 

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