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Revista Latinoamericana de Desarrollo Económico

Print version ISSN 2074-4706On-line version ISSN 2309-9038

rlde  no.9 La Paz Oct. 2007

 

 

 

Ayn Rand (1905-1982)

 

 

Alejandro F. Mercado*

 

 


Resumen

La adhesión a una estructura de valores que privilegia al Estado por encima del individuo se ha constituido en nuestros países en una especie de barrera de contención a las ideas liberales, lo que, lamentablemente, nos ha impermeabilizado a la positiva influencia de los valores que promueven el desarrollo. El presente ensayo tiene como objetivo aportar al derrumbe de tales muros mentales, presentando, de manera breve y sencilla, la visión filosófica de una de las prominentes figuras en la lucha por los derechos y las libertades de los individuos. Esperamos que este trabajo se constituya en una invitación para acercarse a las obras de Ayn Rand.


Abstract

The fact that in our countries we lay great stress on the state rather than on the individual has resulted in a sort of barrier against liberal ideas. This, unfortunately, has isolated us from the positive influence of the values that promote development. The aim of this essay is to contribute to the weakening of this mental wall, by presenting, in a brief and simple way, the philosophical views of one of the most important figures when it comes to fighting for the rights and freedom of Men. We hope that this work will give you the will to learn more about Ayn Rand's work.


 

 

La libertad y la razón son corolarios. Su acción es recíproca. Cuando los hombres son libres, triunfa la razón; cuando los hombres son racionales, la libertad se impone. La libertad intelectual no puede existir sin libertad política y la libertad política no puede existir sin libertad económica. Una mente libre y un mercado libre son corolarios

Ayn Rand

1. Breve imagen biográfica

Ayn Rand, cuyo verdadero nombre era Alissa Zinovievna Rosenbaum, nació el 2 de febrero de 1905 en la Rusia zarista, al interior de una familia judía, aunque no practicante. Desde muy pequeña tuvo un gran interés por la literatura, la historia y la filosofía, o lo que ella llamaría el pensar sobre el pensar, de allí que se entiende su elección de los estudios de Filosofía e Historia en la Universidad de San Petersburgo.

La joven romántica, como ella misma se describiría, sufrió los difíciles años de la caída del zarismo y, lo que fue peor, los primeros años de la revolución de 1917. A sus veinte años logró salir de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para establecerse definitivamente en Estados Unidos, país en el cual adoptaría el seudónimo de Ayn Rand, para evitar represiones contra su familia, que se había quedado en la Rusia soviética. Rand optaría posteriormente por la nacionalidad norteamericana.

Después de estar un corto tiempo en Chicago, se fue a Hollywood impulsada por su gran atracción por la actividad cinematográfica. Allí comenzó trabajando como extra, donde conoció a Frank O'Connor, con quien contrajo matrimonio en 1929. Frank habría de ser su compañero inseparable hasta su muerte y, en cierta medida, su principal apoyo para sus actividades literarias y filosóficas.

Sus actividades de guionista para Universal, Paramount y MGM culminaron en la puesta en escena de una de sus principales obras literarias, "El Manantial", llevada al cine en 1948. Más allá de sus actividades en las letras, a las que nos referiremos en el siguiente punto, fue la creadora, junto a Nathaniel Branden y otros, de una nueva corriente filosófica al interior de la tradición liberal: el objetivismo.

Cabe destacar que Ayn Rand vivió tal como pensaba, es decir que sus ideales no fueron traicionados por su vida. Así queda expresado en sus propias palabras: "Pasé tiempos difíciles, ganando mi sustento con trabajos sin importancia, hasta que pude conseguir el éxito financiero con mis textos. Nadie me ayudó y no pensé, en ningún momento, que alguien tuviera el deber de hacerlo".

La filósofa norteamericana de origen ruso falleció en 1982. Sus restos hoy descansan junto a los de su esposo en el cementerio de Vahalla, en Nueva York. (Ref: Branden Nathaniel, 1999 y Branden Bárbara, 1987).

 

2. Obra literaria

Ayn Rand, siguiendo la tradición de Dante, Camus, Sartre y Orwell, para citar algunos pensadores fundamentales, expuso su filosofía sobre todo a través de sus obras literarias. En todas ellas expuso, de manera clara, su concepción del mundo y del hombre, su intransigente lucha por la libertad individual y su rechazo a todo tipo de colectivismo.

Sus trabajos literarios, más allá de una denuncia contra el colectivismo, que inexorablemente conduce al totalitarismo y la pérdida de las libertades individuales, fueron la fuente de donde nació la filosofía objetivista. Mientras George Orwell (1945, 1949) nos presenta la aterradora imagen de un mundo gobernado por el totalitarismo, Ayn Rand nos dice que es posible un mundo regido tan sólo por el respeto a los derechos y libertades de los individuos. En ese sentido destaca que escribe para quienes aman la libertad, para quienes mueven el mundo y dan sentido a la vida; los otros, dice Rand, no me interesan.

We the Living (1936) (Los que vivimos) es casi una autobiografía de Ayn Rand o, por lo menos, un alter ego que refleja sus ideales. La obra trata de la vida de la joven Kira Argounova durante los difíciles años que siguieron a la revolución rusa de 1917. Es una denuncia en contra del totalitarismo que se puede apreciar en el siguiente extracto de un diálogo de Kira con un miembro del partido comunista:

- ¿Por qué vosotros admiráis nuestros ideales, pero odiáis nuestros métodos?

- Al revés: odio vuestros ideales y admiro vuestros métodos.

- ¿Por qué odia usted nuestros ideales?

- A causa de una razón importante, principal y eterna, por muy bello que sea el paraíso que vuestro partido promete a la humanidad, ¿qué pueden ser vuestros ideales si hay uno que no podéis evitar, sino que sale a la superficie como un veneno mortal capaz de convertir en infierno horrible todos vuestros paraísos, ese ideal vuestro que quiere que el hombre viva para el Estado?

Como anécdota anotemos que la Italia fascista realizó, sin conocimiento de la autora, dos películas con base en su novela, considerando que se trataba de un buen mecanismo de propaganda contra el comunismo soviético, hasta que se percataron que no era solamente una crítica a! totalitarismo soviético sino una crítica a todo tipo de totalitarismo, recogiendo apresuradamente todas las copias de las películas.

Anthem (1938) (Vivir) es una novela corta, una parodia o, probablemente, un sarcasmo a una sociedad dominada completamente por el colectivismo, una sociedad donde ha desaparecido la peligrosa palabra "yo", siendo sustituida por la santificada "comunidad". Esta misma idea ya había sido expresada en Los que vivimos cuando, en un discurso del camarada Victor Dunaev, éste decía: "¿Cuáles son pues los principios de nuestra nueva humanidad? El primero y fundamental es la desaparición de una palabra del lenguaje humano, sin duda la más peligrosa, la más insidiosa, la más baja: la palabra "yo". Nosotros la hemos rebasado; la palabra del porvenir no es "yo", sino "nosotros". La colectividad ha ocupado en nuestro corazón el lugar que en otro tiempo detentaba el "yo mismo".

En el año 1943, en la editorial Bobbs-Merril, que originalmente había rechazado The Fountainhead (El manantial), el editor convenció a su jefe de la necesidad de publicar el libro con estas palabras: "Si este no es un libro adecuado para usted, entonces yo tampoco debo trabajar para usted". De ahí su publicación en 1943, después de haber sido rechazada por una docena de editores. El libro, como para confirmar el principio ran-diano de que siempre es posible vencer, al poco de tiempo de su primer tiraje se convirtió en un best seller y, como ya destacamos, fue llevado al cine, película cuyo título en español fue: "Uno contra todos".

El manantial es una novela de ideas, es la defensa del individualismo en contra del colectivismo. El personaje principal, el arquitecto Howard Roark, encarna al hombre randiano, un hombre dispuesto a luchar por sus principios y su libertad individual pese a todas las adversidades, en un mundo donde el colectivismo va ganando espacio.

Roark simboliza la lucha que Ayn Rand sostuvo durante toda su vida contra todo tipo de colectivismos.

Atlas Shrugged (1957) (La rebelión de Atlas) es, sin duda, la obra mejor lograda por Ayn Rand. Se trata de una ficción literaria destinada a exponer las bases filosóficas del objetivismo. Una encuesta realizada por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica sobre los libros que habían causado mayor influencia en la vida de las personas, colocó a La rebelión de Atlas en un segundo lugar después de La Biblia.

La obra trata de que existen dos grupos de personas en el mundo: aquellos que lo sostienen y que lo mueven y los otros, los que consideran que el Estado debe expoliar la riqueza lograda por los primeros, para beneficio de los que no la generaron. La trama se desarrolla cuando los que producen, los que trabajan, los que arriesgan, los que inventan, es decir, los que sostienen el mundo, cansados del despojo de su esfuerzo deciden entrar en huelga; como no podía ser de otra manera, la sociedad se hunde y el mundo se cae, para usar la metáfora de Atlas, que sostiene el mundo. "La rebelión de Atlas, señala Fredy Kofman en la contratapa del libro, es un canto al espíritu y la mente humanas, un canto que impulsa a romper las cadenas de la esclavitud y el subdesarrollo, un canto que merece ser escuchado por todos aquellos que aman la libertad".

El hecho de que las obras de Ayn Rand hayan tenido poca difusión en muchos de nuestros países no es algo que debiera sorprendernos. Una visión que no acepta a la libertad como el principal valor, que no entiende el individualismo, que busca diluir la individualidad en grupos colectivos y que ha logrado convertir el éxito individual en un pecado que debe ser castigado por la sociedad, requerirá, probablemente, de varias generaciones antes de llegar a la filosofía randiana.

 

3. Filosofía y ética objetivista

Ayn Rand se califica a sí misma como romántica, entendiendo al romanticismo como una corriente conceptual que se preocupa por los factores fundamentales de la existencia humana, una manera de proyectar un mundo como debiera ser, en el sentido de Aristóteles. Rand se justifica al señalar: "Con respecto a nuestra era, nunca ha habido una época en que los hombres tuvieran una necesidad tan desesperante de la proyección de las cosas como deberían ser".

La base filosófica del objetivismo parte de las leyes de la lógica y los medios del conocimiento humano de Aristóteles, para llegar a su premisa básica de que cada individuo tiene derecho a existir por si mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros para sí, y que nadie tiene derecho a buscar valores de otros ni a imponerles ideas mediante la fuerza. Idea que está en línea con el mandamiento principal de la moral popperiana, de que el principio sigue siendo el mismo: "no matarás" pero con el aditamento: "No matarás en nombre de una idea". Este mandato, expresado como un imperativo, que marca la filosofía de Popper (Zanotti, 2007), también se constituye en una de las bases de la filosofía objetivista.

El rótulo de objetivismo deviene de la concepción de que la realidad existe objetivamente, independientemente de los deseos, temores o esperanzas de los hombres. Es una cosmovisión basada en la realidad objetiva desde una óptica filosófica, basada en la razón desde la epistemología, en el bienestar individual desde la ética y en la libertad desde la economía.

De acuerdo con Kant (1781), la filosofía tiene como objetivo responder a tres preguntas básicas: ¿qué es posible conocer?, ¿qué se puede hacer? y ¿qué se debe esperar?, las que son respondidas con base en la existencia de juicios analíticos apriorísticos; por el contrario, para Ayn Rand los fundamentos del proceso de cognición están en la experimentación empírica, con base en el respeto riguroso a la lógica analítica planteada por Aristóteles; vale decir, el respeto a la ley de la identidad, la ley de la no contradicción y la ley del tercero excluido; en otras palabras, la epistemología randiana descansa en la razón humana.

En ese marco, la ética coagula en un código individual que reconoce el bien y el mal o, si se prefiere, el acierto y el error. Subráyese la palabra individual, en tanto que la suposición de que existe un pensamiento colectivo, más allá de una opinión compartida sobre cierto aspecto por los miembros que componen el entramado social, no resiste el menor análisis de consistencia. No existe algo así como un cerebro colectivo. De manera resumida, es posible plantear que el objetivismo enaltece la racionalidad humana como único instrumento de conocimiento de la realidad, como instrumento de transformación de la naturaleza y, fundamentalmente, como estímulo para los inversores, no menos que para los filósofos, académicos y artistas, en tanto creadores de riqueza y bienestar.

Para graficar esta idea me permito comentar la exposición que hiciera uno de mis colegas en un coloquio realizado en mi universidad1. Refiriéndose al criterio de falsabilidad popperiano, mi colega decía que no le parecía correcto, especialmente en una universidad, establecer criterios demarcativos entre lo correcto e incorrecto, entre lo falso y lo verdadero, ya que, según mi colega, el mundo no es maniqueo, no es blanco o negro, sino un conjunto de tonalidades grises. Debo reconocer que me sentí tentado a responder a mi colega, pero no era la ocasión; hoy, parafraseando a Ayn Rand, le diría que efectivamente yo pienso en esos términos, en términos de blanco y negro y no en términos de grises, que creo efectivamente en la famosa expresión de Shakespeare: To be or not to be. Trasladado este debate al ámbito moral, el aceptar que existe un gris supone, necesariamente, aceptar que existe un blanco y un negro, porque, al final de cuentas el gris viene de una combinación de ambos; entonces, una moral racional debe ser capaz de identificar claramente lo bueno y lo malo. De allí se sigue que, una vez identificada la alternativa buena y la mala, no debería existir justificación moral para aceptar una mezcla de ambas; hacerlo supondría ir en contra de nuestros valores y, en última instancia, negarnos a nosotros mismos.

Ayn Rand, refiriéndose a la moralidad gris anotaba: "Lo que le da un sabor peculiarmente moderno es que no abogan por vender su alma al diablo; quieren venderla al menudeo, poco a poco, a cualquier revendedor que quiera comprarla. La moralidad gris no constituye una corriente filosófica de pensamiento; es el típico producto de la falta de una filosofía, de la bancarrota intelectual que ha producido el irracionalísimo en la epistemología, un vacío moral en la ética y una economía mixta en política" (Rand, 1961).

Por otra parte, el punto de partida del derecho a la vida es una de las premisas básicas en contra de todas las variantes del colectivismo que exigen al hombre su autoinmolación a favor de! Estado. Si el autosacrificio por la sociedad es la base de la moral, si el individuo no tiene valor fuera de la sociedad, si consideramos que el fin del hombre es servir a los demás, si el hombre no es concebido nada más que como un animal sacrificable para el supuesto bien común, si castigamos a quien hace lo que desea, porque no hace lo que nosotros quisiéramos que haga, no existiría ninguna razón para reprochar las acciones de los dictadores cuando cometen atrocidades en función del bien común.

El principio social básico de la ética objetivista es que la vida y el hombre son un fin en sí mismo y no un medio para los fines o bienestar de los demás, de donde se deriva que el hombre debe vivir privilegiando su propio bienestar, sin sacrificarse por los demás ni exigiendo el sacrificio de otros para su felicidad. En palabras de Ayn Rand: "No sé si esta tierra en la que estoy es el corazón del universo o si no es más que una mota de polvo perdida en la eternidad. Ni lo sé ni me importa. Pues sé qué felicidad puedo alcanzar en esta tierra. Y mi felicidad no requiere un propósito más elevado para ser vindicada. Mi felicidad no es el medio para fin alguno. Ella es el fin. Es su propio objetivo. Tampoco soy yo el medio para que otros lleguen a los fines que anhelan conseguir. No soy una herramienta para que me usen. No son un sirviente de sus necesidades. No soy un vendaje para sus heridas. No soy un cordero a sacrificar en sus altares" (Rand, 1961).

Este principio básico se sustenta en tres valores fundamentales: la razón, el propósito y la autoestima, los que coagulan en la independencia, entendida como la responsabilidad individual sobre los juicios y acciones; la integridad, es decir, el no sacrificio de los valores personales por los deseos de otros; la honestidad, entendida como el no falsear la realidad; y, finalmente, la justicia, que implica que no se debe buscar o conceder lo no ganado o lo inmerecido, así como el hecho de que todos aquellos que mediante sus acciones generen ciertos efectos deberán ser responsables de los mismos.

En ese marco, el uso de la palabra egoísmo que hace Rand deviene de la palabra inglesa "selfishness", es decir el derecho que tienen los hombres para preocuparse por su propio bienestar, contrario a toda aquella visión que considera que solamente es buena una acción si su beneficiario no es uno mismo, una concepción monstruosa, decía Rand, que exige el esfuerzo de los demás para beneficio propio.

Esta concepción del egoísmo es, probablemente, la punta de lanza con que se ha atacado a la filosofía randiana. La visión generalizada, impulsada por el altruismo, es que el egoísmo es sinónimo de maldad, siendo que el egoísmo no es nada más que la preocupación que tienen los individuos por sus intereses personales. La tergiversación deviene del hecho de que se ha sustituido los valores por los beneficiarios de las acciones, es decir, se considera una acción buena, moral, a toda aquélla cuyo beneficiario no sea uno mismo, mientras que todas las acciones cuyo beneficiario es uno mismo es considerada mala o amoral. Rand destaca que los beneficiarios de las acciones no son un sustituto a los valores morales, ni siquiera una regla que nos permita juzgar si las acciones son buenas o malas.

Es evidente que la perversión y la difamación del individualismo ha hecho carne en muchas de nuestras sociedades, que se considera individualista a quien desea hacer lo que le plazca sin tener en cuenta los derechos de los demás, por lo que, según Rand, es necesario redimir al individualismo de tales acusaciones, porque es una contradicción querer reclamar derechos para quien niega los derechos de los otros.

 

4. Filosofía política

La filosofía política de Ayn Rand tiene su base, como ya lo destacamos, en Aristóteles, y se nutre con las ideas de John Locke, Ludwig von Mises y Frédéric Bastiat. Especialmente toma de este último su visión respecto al Estado y el derecho, derivando de allí una concepción liberal como un sistema de derechos individuales, donde los aparentes derechos de un hombre que estén basados en la violación de los derechos de otros terminará conduciéndonos al totalitarismo.

El hombre randiano o, para ser más claros, la moral y la ética del objetivismo, es la exaltación de un hombre racional que busca lo mejor para sí, entrando en franca contradicción con el hombre-masa. Esta manera de concebir al hombre está en línea con Ortega y Gasset (1930) quien destacaba: "En rigor, la masa puede definirse como un hecho psicológico, sin necesidad a que aparezcan los individuos en aglomeración. Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente 'como todo el mundo', y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás. Cuando se habla de 'minorías selectas', la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión, fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás".

El hombre, para la filosofía objetivista, es aquel que se esfuerza por conquistar la naturaleza; por el contrario, el parásito es aquel que gasta todas sus energías en la búsqueda por conquistar a otros hombres. El liberalismo, por su parte, no es, para Rand, un catecismo, no tiene una agenda para el futuro, no tiene una utopía de felicidad, pues considera, como Karl Popper, que todo intento de crear un paraíso termina en el infierno. El liberalismo es tan sólo una interpretación de la realidad que se mantiene sobre la única premisa de que el hombre debe ser libre de hacer lo que desea, siempre que ello no perjudique a los otros; en otras palabras, consiste en respetar las leyes, respetar los derechos de los otros.

Uno de los temas generalmente esgrimidos en contra del objetivismo es que todos los individuos tienen derecho a un mínimo de bienes para satisfacer sus necesidades básicas (léase alimentación, vivienda, vestimenta, educación y salud) pero que el sistema capitalista no asegura estos derechos, por lo que se hace necesaria la participación del Estado para proveer de tales bienes a quienes no pueden lograrlos por su propio esfuerzo. Esta concepción, que coloca a ciertos bienes o servicios económicos como derechos de las personas, implica que éstos están recibiendo de "manera justa" algo que les pertenece.

Lo cierto es que los bienes o servicios que satisfacen tales "derechos" no son gratuitos, no caen como el maná del cielo, alguien debe crearlos; por ejemplo, si una persona tiene derecho a la comida pero no tiene la capacidad de producirla, alguien tendrá la obligación de producirla para él, es decir, alguien tendrá que perder algunos de sus valores producidos para que otro tenga la posibilidad de su disfrute. Probablemente, expresa Ayn Rand, no exista una ética más perversa que ésta, en tanto nadie puede reclamar como un derecho a que otros lo sirvan en contra de su voluntad, aún cuando su propia vida dependa de ello.

Los derechos no son derechos a alguna cosa, son derechos a la acción. No es posible garantizar a nadie que logrará la propiedad de alguna cosa, lo único que se le garantiza es su libertad para trabajar y conseguirla, y, cuando la consiga, que tendrá el derecho de hacer con ella lo que le plazca. Así por ejemplo, no existe el derecho a una vivienda, como no existe el derecho a unas vacaciones en El Caribe, solamente existe el derecho a trabajar para comprarla, no el derecho a que otros se la proporcionen. Los derechos son principios morales que protegen la libertad de los hombres, sin imponer ningún tipo de obligación a otros; en otras palabras, los derechos adquieren la visión positiva para quien los detenta, es decir, la libertad de hacer todo cuanto esté a su alcance para lograr sus objetivos, y tienen una visión negativa para los otros, es decir que nadie tiene el derecho de interferir en la búsqueda del bienestar de otras personas.

La transgresión de estos principios fundamentales de la libertad a favor de los derechos de la sociedad con base en la expresión: Vox populi, vox dei. han conducido al adormecimiento de la razón humana, a la pérdida de las libertades, a la triste situación en que los hombres creen que sus derechos y libertades les han sido concedidos por gracia del gobierno que expresa la voz de la sociedad.

Trasladar los derechos de los individuos a la sociedad, es decir, reemplazar los derechos del hombre por los derechos de las masas, ha llegado al extremo de que se considera a la Constitución como un instrumento mediante el cual el Estado puede imponer ciertas obligaciones a los individuos, siendo que la misma no debería ser otra cosa que las limitaciones que los individuos le imponen al gobierno para asegurar sus derechos individuales. El gobierno no es un soberano; por el contrario, es un servidor cuya legitimidad está en el hecho de que no tiene otros derechos que aquéllos que les han sido delegados por los ciudadanos para cumplir una tarea específica, fundamentalmente la de resguardar los derechos de los individuos. En ese contexto, la Constitución no es una garantía de los derechos del gobierno, es una garantía de los derechos de los individuos en contra del poder público o, en otras palabras, la Constitución no es una carta de privilegios para el poder del gobierno sino una carta de derechos para la protección de los ciudadanos en contra del poder del gobierno.

En su lucha contra el totalitarismo, Rand defendió intransigentemente la libertad de pensamiento y de expresión, señalando que cualquier acción que el Estado haga por limitar la expresión de ideas "erróneas", "equivocadas" o "peligrosas", terminará en una censura total de las ideas. El proceso de pérdida de libertades en gran parte de los casos se inicia con "inofensivas" limitaciones y termina, invariablemente, en la pérdida de todas nuestras libertades, al ensordecedor ruido de los aplausos de foca de sus víctimas, un "Camino de servidumbre", como destacara el premio Nobel de Economía, Friedrich A. Hayek (1944).

La libertad de expresión, cuando es mal entendida, considera que la censura viene del lado privado, en el sentido de que los medios de comunicación tienen el deber de dar espacio a quienes son contrarios a sus ideas. La libertad de expresión solamente es el derecho que cada uno tiene para expresar sus ideas, pero no tiene el derecho de exigir que quienes no creen en las mismas tengan que financiarlos.

A pesar de que la filosofía de Ayn Rand descansa en la razón y la realidad como criterios últimos para juzgar los fenómenos, lo que se expresa claramente es sus propias palabras: "Cuando estoy en desacuerdo con un hombre racional, dejo que la realidad sea nuestro último arbitro; si yo estaba en lo cierto, él aprenderá; si yo estaba equivocada, yo aprenderé; uno de los dos ganará, pero ambos saldremos beneficiados", la misma ha sido criticada tanto desde la izquierda como de la derecha, incluso desde la palestra liberal. Así por ejemplo, el destacado filósofo Robert Nozick (1997), si bien simpatiza con varias de las conclusiones a las que llega Rand, señala que la defensa del egoísmo en Rand es un pedido de principio que no necesariamente puede ser sometido a comprobación y que la solución de Rand al problema del "ser-deber ser" de Hume es insatisfactoria. Lo que Rand planteó es el hecho de que un ente sea viviente se determina lo que debe hacer, que para toda conciencia viviente "es" implica un "debe", derivándose de ello que los hombres no pueden vivir con base en el uso de la fuerza, que es propio de los animales, como los animales no pueden vivir utilizando el método de las plantas, es decir que el hombre debe vivir con base en su razón.

Sin embargo, más allá de las críticas, la cruzada emprendida por la filósofa ruso-norteamericana, en un mundo donde las cosas están "patas arriba", donde se ha subvertido la realidad, donde hay quienes creen que el único que puede hacer lo que quiere es el Estado y que los individuos solamente pueden actuar con su permiso, cerrando los ojos al hecho de que la tarea del gobierno no es dar la felicidad a la población, sino el dar la oportunidad a la gente para que pueda alcanzar la felicidad por si misma, es de plena actualidad, sin duda alguna.

 

5. Liberalismo y economía

Ayn Rand partió de dos premisas para construir su concepción sobre el funcionamiento del sistema económico. La primera de ellas es que la riqueza es el producto de la capacidad del hombre para pensar, y la segunda, el hecho de que la propiedad es la fuente de todos los derechos y el derecho a la propiedad es solo su realización, que sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible. Textualmente, Rand destacó: "El hombre tiene derecho a sostener su vida con base en su propio esfuerzo, el hombre que no tiene derecho al producto de su esfuerzo no tiene medios para sostener su vida. El hombre que produce mientras otros disponen de su producto es un esclavo" (Rand, 1961).

Contrariamente al precepto comunista de: "De cada quien de acuerdo a su capacidad y a cada quien de acuerdo a sus necesidades" que, según Rand, conduce a la pérdida del incentivo para el esfuerzo, condena a cada ser apto al agujero negro de deslomarse, sacrificando todo su ser en el altar colectivo a cambio de nada, un sistema económico liberal, que en su versión práctica corresponde al capitalismo, requiere lo mejor de cada hombre y lo recompensa conforme a ella, creando así el incentivo para el crecimiento, incentivo individual que descansa en sus intereses egoístas.

Esto ya había sido señalado claramente por Adam Smith (1776): "No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestra cena, sino del cuidado que éstos pongan en sus propios intereses. No apelamos a su humanidad sino a su egoísmo y nunca les hablamos de nuestra necesidades sino de sus beneficios". O, tomando las palabras de Einstein: "No es accidental que el capitalismo haya generado progreso, tanto a nivel productivo como también a nivel del conocimiento. El egoísmo y la competencia son fuerzas aún más poderosas que el espíritu público y el sentido de deber" (cit. en Pelz, 2005).

De manera más clara, el sistema económico acorde a los valores del objetivismo es aquél que plantea la maximización del bienestar individual desde una perspectiva liberal individualista. Reconoce que en el sistema capitalista la afirmación del libre mercado y el ideal del interés personal, mediante la cooperación social del mercado, es la base del desarrollo. Un sistema donde las personas tratan unas con otras, no como verdugos y víctimas, no como amos y esclavos, sino un sistema basado en el intercambio libre y voluntario para el beneficio mutuo.

El valor económico del trabajo de un hombre en un mercado libre está determinado por un solo principio: por el consentimiento voluntario de aquellos que están dispuestos a darle en cambio su trabajo o sus productos. Éste es el sentido moral de la ley de la oferta y la demanda.

Representa el reconocimiento del hecho de que el hombre no es propiedad ni siervo de la tribu, que el hombre trabaja para sostener su propia vida (que es a lo que está obligado por su propia naturaleza), que ha de ser guiado por su propio intere's racional y que si quiere tratar con los otros, no puede esperar que ellos sean sus victimas sacrificables, no puede esperar recibir de ellos valores sin darles en cambio valores equivalentes. Y el solo criterio de lo que es equivalente es el juicio libre, voluntario y exento de coacción de los contratantes.

El capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluso el derecho de propiedad, en el que toda propiedad es poseída individualmente.

En una sociedad capitalista, todas las relaciones humanas son voluntarias. Los hombres son libres de cooperar o no, de tratar con otro o no tratar, según les dicte su propio juicio individual, sus convicciones y sus intereses. Pueden tratar entre sí sólo en términos y por medio de la razón, esto es, por medio de la discusión, la persuasión y el pacto voluntario por libre elección para beneficio mutuo. El derecho de consentir con otros no es problema en ninguna sociedad; lo que es crucial es el derecho de disentir. La institución de la propiedad privada protege y pone en practica el derecho de disentir, y asi deja abierto el camino para el más valioso atributo del hombre (valioso, personal, social y objetivamente): ¡a mente creadora. Ésta es la diferencia radical entre el capitalismo y el colectivismo". (Rand. 1965).

Es evidente que el sistema de mercado no conduce a la igualdad en términos de distribución de la riqueza y no creo que nadie busque racionalmente una igualdad de resultados. Si una estrella de fútbol, por ejemplo, logra acumular millones de dólares, no es que la "sociedad" ha decidido que su actividad es tan valiosa que había que retribuirle de esa manera, es tan sólo el resultado de que miles de fanáticos están dispuestos a pagar por verlo jugar. En ese mismo sentido, aquellos que deseen alimentos, vivienda, educación o salud, deben ofrecer un valor similar a cambio.

Lamentablemente, bajo la engañosa falacia de que la economía es una ciencia social, en el sentido de que debe estar basada en el altruismo, se considera que su propósito debe consistir en el estudio de cómo utilizar los recursos para el bien común. La pseudociencia que se desarrolló con base en este error no considera al panadero como aquel que produce pan en función a su bienestar egoísta, sino porque tiene el deber de proveer de panes a la sociedad. Así, el sistema económico liberal ha sido presentado como un resultado del pecado, de un oscuro deseo por acumular riqueza. El capitalismo, con su avaricia y su competencia desenfrenada, habría sido el causante de la pobreza, la explotación, la injusticia y todos los males del pasado siglo.

El sistema capitalista, es un "sistema que nos pone a salvo de cualquier tipo de discriminación, en tanto que solamente juzga a los hombres por su capacidad y los premia de acuerdo con ella" ( cit. en Pelz, 2005).

Rand fustigó la intervención del gobierno en la economía, comparándola con la persecución política y destacando que la única forma en que el gobierno puede servir a la prosperidad de una nación es manteniendo sus manos afuera de los asuntos económicos. En Capilatism: The Unknown Ideal (1967), trabajo elaborado junto a Alan Greenspan, Nathaniel Branden y Robert Hessen, Rand destacó que era necesario disociar el poder económico del poder político para generar los incentivos al crecimiento. "La civilización es el progreso hacia una sociedad donde existe el reconocimiento de lo privado. La existencia de los salvajes es pública, regida por las leyes de la tribu", anota de manera taxativa.

Su concepción sobre el Estado en muchos casos ha sido malinterpretada, considerándola como una anarquista. Sin embargo, hay que destacar que para Rand el Estado tiene una función legítima pero limitada, por lo cual no se la puede confundir con una anarquista, sino, posiblemente, identificarla como una liberal minarquista.

 

Notas

* Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Socio/Económicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana.

1 En mayo de 2007, el IISEC realizó en lo Universidad Católica Boliviana un coloquio sobre la filosofía política de Karl Popper, con base en el documento del mismo título de Zanotti (2007).

 

REFERENCIAS

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Branden, N.. 1999. My years with Ayn Rand. Jossey-Bass Inc. California: Publishers.

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Nozick, R. 1997. Puzzles socráticos. Madrid: Ed. Cátedra,

Ortega y Gasset, J. 1975 [1930]. La rebelión de las masas. Perú: Editorial Universo. Colección Autores Clásicos.

Orwell, G. 2000. La rebelión en la granja. España: Editorial El Comercio.

____. 2005. 1984. México: Grupo Editorial Tomo S.A.

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