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Fides et Ratio - Revista de Difusión cultural y científica de la Universidad La Salle en Bolivia

versión On-line ISSN 2071-081X

Fides Et Ratio v.1 n.1 La Paz dic. 2006

 

ARTÍCULO ORIGINAL

LA ESCUELA Y LA FAMILIA DE HOY

 

 

Pedro Jiménez Marín, f.s.c

Director de Desarrollo Humano

 

 


 

 

Si hay un tema que se está imponiendo, por su importancia, interés universal, por la problemática generalizada en el mundo, por la riqueza de contenido y forma en el aspecto humano, individual y social, es, sin duda, la educación. Reconocemos que el concepto de Educación, así puesto en mayúscula, genera gran controversia ya que implica un espacio amplio, factores distintos, contextos inagotables y nunca los mismos. Por lo mismo, estableceremos este concepto en e¡ lugar donde, formalmente, se lleva a cabo su práctica o aplicación: la familia y la escuela. Ahora bien, hemos de aceptar que ambos términos, conllevan también una serie de conflictos para determinarlos, en cuanto a su valor, función específica, modos y maneras, tácticas, estrategias, roles relacionantes, etc., situación que nos exige tomar una orientación, la más amplia y democrática que se pueda.

Revisando la historia, en cuanto a lo sociológico, nos encontramos con situaciones que nos permiten afirmar que tiempo atrás, hace unos quizá pocos años, las familias contaban con factores de solidez muy suyos y, de hecho, superiores a los actuales: contaban con una visión más clara de su realidad, con mayor número de miembros, con relaciones en cuanto a roies más precisos, mayores espacios de interacción entre sus miembros, más tiempo para poder mantener dichas relaciones, enriquecerlas con aspectos diversos desde lo emotivo hasta ío económico, menor cantidad de problemas con raíces externas, menor grado de influencia con aquello que venía del exterior; había, sin duda, mayor sentido comunitario y por lo mismo, la calidad de relacionamiento vencía en fuerza al estrés de la vida del siglo pasado, vertiginosa, dinámica, violenta, en constante y permanente cambio motivada por el desarrollo científico y técnico del llamado "primer mundo" con el poder del estereotipo merecedor de llamarse y considerarse modelo, el sueño e idea! de los demás, del segundo, tercero o más mundos. En nuestros días, las familias, a pesar de tener mejor y mayor nivel de formación y educación formal, generalizando la situación especialmente en el caso de la clase media de nuestro país como de tantos otros, sufre paradójicamente por las influencias negativas provenientes de! campo social, precisa y especialmente de la cultura occidental; estas familias presentan una estructura débil, inestable, más vulnerable, menos sólida y da cuenta de la pobreza de sus visiones comunitarias, del débil aporte de unos hacia los otros por la carencia de ideales claros, no compartidos por otro lado, la problemática generalizada de la fragilidad del sentido y significación del matrimonio que termina, con mucha más facilidad que antes, en ruptura, separaciones, sentido de duelo, dolor de pérdida y vacío creando de esta manera una profunda necesidad de otra institución capacitada en, a) menos, evitar peores desastres, y tal institución es la escuela.

No obstante, tampoco la escuela es ni puede ser, claro está, la misma que fuera hasta hace unas décadas: la encargada de instruir científica, cultural, cogaitivamente a) niño/a, adolescente, joven y de, simultáneamente con la casa, prodigarle el calor de un "segundo hogar", de unos segundos padre o madre que implicaban el ser maestro o maestra de la escuela. Hoy la escuela es el espacio en el que el estudiante se refugia, en el que los padres refugian al hijo/a, y claro está que ya no sólo debe ser la instructora y desarrolladora de capacidades y habilidades en las dimensiones del saber, del hacer y del ser; hoy debe estar abierta a dar al estudiante, las herramientas de supervivencia en un mundo violento, agresivo, de gran confusión; hoy la escuela tiene que ser la institución capaz de generar ideales, de forjar carácter frente a la vida y la realidad individual y colectiva de la sociedad en la que nos desarrollamos, debe ser el brazo de confianza y apoyo para una familia con caracteres distintos: monoparentales, separadas, recilientes, nucleares, extensas, creyentes, agnósticas y una gama más de mezclas de las unas con las otras, que confunden al niño/a y que problematizan su vida de un modo u otro. Para quienes hemos dedicado la vida a la educación de niños/as y jóvenes desde una orientación de fe el problema se profundiza y es que la base de sustento que estructura la tarea, la misión de educar está basada en la Palabra de Dios y desde ella consideramos que: "en el plan de Dios, un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, forman, por sí mismos y con sus hijos, una familia. Dios ha instituido la familia y le ha dotado de su constitución fundamental. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos. Entre los miembros de una misma familia se establecen relaciones personales y responsabilidades primarias. En Cristo la familia se convierte en Iglesia doméstica, porque es una comunidad de fe, de esperanza y de amor" (Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, pág. 146).

Desde otro ángulo, directamente relacionado al texto citado, podemos establecer claramente que son la familia y la escuela los permanentemente llamados a establecer tales cimientos; aceptar la realidad de la problemática que enfrenta la familia y consideran simultáneamente que, entre la misma y la escuela, ha de darse una particular y muy especial relación que exige de ambas entidades una auténtica y profunda colaboración y apoyo. Para poder realizar una verdadera formación requieren el logro de un alto grado de participación y comunicación con cualidades reciprocas: el respeto y la confianza.

Consideramos pues que "la familia es la célula original de la sociedad humana y precede a cualquier reconocimiento por parte de la autoridad pública. Los principios y valores familiares, constituyen el fundamento de la vida social. La vida es una iniciación a la vida de la sociedad" y entonces "la sociedad tiene el deber de sostener y consolidar el matrimonio y la familia en constante el respeto del principio de subsidiariedad. Los poderes públicos deben respetar, proteger y favorecer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, la moral pública, ios derechos de los padres y el bienestar doméstico" (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, pág. 147).

El principio de subsidiariedad es justamente el que marca la relación entre la familia y la escuela ya que es la familia la que tiene el derecho y el deber de la educación. Los padres son los responsables y llamados a decidir acerca de las cuestiones fundamentales, sobre todo cuando los hijos son menores. Son ellos, padre y madre, quienes eligen la escuela, especialmente en nivel Primario y Secundario y aun son los encargados de orientar y ayudar a elegir en futuro una carrera u oficio profesional, orientarles en cuanto a la selección de sus amigos/as, su entorno ya que son los padres los que los ubican en determinados contextos y les motivan ei inicio de su vida social, afectiva, intelectual a través de sus propias situaciones de trabajo, amistosas, sociales, educativas, culturas etc., desde su testimonio hasta sus formas y calidad de relaciones humanas.

Entonces, podemos ser claros al señalar que en la escuela se cumplen tareas compartidas. Considerando que la escuela es el espacio en el que se aprende a aprender de acuerdo a las corrientes educativas en vigencia y por lo mismo su visión parte de elementos estructurales y estructurantes que implican el hecho de la visión de que e! estudio es un medio de formación y de superación de! ser humano y no un fin en sí mismo; que la inteligencia se cultiva y desarrolla por medio del estudio; que las capacidades y aptitudes naturales pueden ser desarrolladas mediante e! estudio y el constante ejercicio; que el estudio no es responsabilidad sólo de la escuela, sino también de los padres; que la formación intelectual en nuestros tiempos ya no es una añadidura o una opción, es un imperativo ya que nuestro mundo rechaza la ignorancia, no tolera la mediocridad y exige a las personas cultivar cada vez más su inteligencia, que las posibilidades de aprender dependen en gran medida de la capacidad intelectual y de las oportunidades que frece su medio ambiente y que fundamentalmente la familia debe ser responsable de esta relación. Por otro lado se plantean los cuestionamientos en el sentido de ¿Qué han de hacer los padres y madres para apoyar a sus hijos en el estudio? Amarles y demostrarles cariño y comprensión; estimular su deseo de aprender. Planificar y alternar el estudio con otras actividades. Exigir dedicación, esfuerzo y responsabilidad. Valorar el estudio de los hijos. Evaluar su desarrollo intelectual, ético, moral y estético. Aportar con factores emocionales positivos. La familia y la escuela actual no pueden escapar de esta realidad. En ambas hay crisis de valores y de autoridad y una tendencia hacia la educación permisiva y sin límites claros. Un pensamiento pos moderno duda de "la creencia en una estructura estable del ser que rige el devenir y da sentido al conocimiento y normas de conducta" Otro rasgo sobresaliente de la sociedad actual es la rapidez con la que suceden los acontecimientos y la necesidad imperiosa de inscribirse en los mismos para no dejar de pertenecer o de ser.

Vivimos apurados, tensionados y preocupados. El tiempo es escaso y los acontecimientos son tantos. Recibimos muchísima más estimulación que nuestros abuelos; pero, el tiempo que tenemos para tomar las decisiones es el mismo.

Por lo antedicho, la familia actual tiene características propias del momento social al que pertenece. Nos queda poco tiempo para pasar en familia, para dialogar, para reflexionar, para decimos que nos amamos, para felicitamos por lo logrado, etc. Aquí cada uno de ustedes sabrá qué apuntar, con respecto a ustedes mismos y su familia. Tal vez esto se considere problemático, pero no lo es en sí mismo. El problema no radica en la cantidad sino en la calidad. Es decir lo importante no es cuánto tiempo se pasa con los hijos y esposos/as, sino cómo se lo pasa, cómo se vivencian esos momentos, y qué registros quedan en los adultos y en los niños.

La familia, ámbito genético y epigenético, así titula el capítulo primero del texto de los Profesores Abilio de Gregorio y Agustín Dosil que nos plantea que: "Lo que los padres gestan no es, solamente una biología; es un "ser viniente", como afirma Marías, que tiene que llegar a ser plenamente lo que es; persona, y para ello necesitará unas condiciones ambientales que permitan su evolución genética y epigenética. Este es el compromiso que contraen los padres en la gestación de un hijo. Es mucho más que aportar unos genes para que se produzca una vida. Se han comprometido con la personalización plena de esa biología. Por eso, cuando se reduce o se pierde este sentido de la persona, automáticamente se difumina el sentido de la familia". Nada más claro y más cierto que lo dicho por ambos intelectuales. Un/a hijo/a no son simplemente herencia genética, ni siquiera emotivamente hablando son simplemente "carne de nuestra carne", son más, tanto que asusta a la hora de percatarse de la responsabilidad que adquirimos quienes somos "padres o madres", que consideramos que se trata no de una función sino de una bendición y en el caso de la escuela y los maestros, la misión, el ministerio que da sentido de pertenencia y razón de existencia al servicio de los demás, al servicio de la patria y de la humanidad toda. Establecido por unos y otros comprometidos en esta situación que "buena parte de las patologías de despersonalización, o lo que es lo mismo, de ausencia de autonomía personal en el adulto, se podrían explicar por ese "descarrilamiento del diálogo" en la infancia al que conducen las conductas centrífugas (huida del centro o del núcleo) de los padres atraídos por las mil fuerzas extemas). "Parece hoy incontestable que no es posible llegar a adquirir el desarrollo equilibrado de la propia identidad si no es a través de la aparición en el niño del sentimiento que Erikson denomina de "confianza básica". Esto quiere decir que el hijo ha de percibirse a sí mismo, desde los primeros instantes de su vida, como digno de atención afectiva. Rof Carballo nos dice que la necesidad básica del niño no es, como se ha preconizado desde el psicoanálisis, el placer, sino la de relación, la de arrimo o la de vinculación, la de "ternura", en suma. Asi señalan los intelectuales nombrados y señalan además que " la conciencia de autoestima, necesaria para llevar a cabo una adecuada personalización, va a depender, asimismo, de la respuesta de estima que le dan los que rodean al niño respecto a los actos realizados.

Los demás, sobre todo los padres en los primeros años, se convertirán en espejo donde el niño va reflejando su propia imagen". Claramente están haciendo referencia a un factor determinante: el afectivo.

Esa relación afectiva es la que determina, matiza y da forma al binomio familia-escuela, que debe estar marcado por una actitud de responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar a los hijos. La familia ha de tener una actitud activa y participativa, trabajando en la orientación de la persona en sentido de un proyecto común de educación. La escuela no puede limitar su actividad al campo que sea de un exclusivo interés dejando de lado las necesidades de la familia, surgiendo así la relación de confianza-servicio que debe caracterizar a la escuela de hoy. Por ello haciendo uso del texto de un artículo (cuyo autor desconocemos) podemos afirmar coincidiendo con el mismo que "el rostro personal de la madre y el maestro otorgaban antes las fibras primarias del tejido de la vida, en el que se insertaban otras secundarias, hoy la situación se ha invertido. Es la calle la que arrastra orientación y determina convicción. La escuela era antes factor confígurador; hoy en cambio, es factor derivado. Ni el capitalismo ni el socialismo, ni el cristianismo, ni el islam pueden pretender ser forjadores de identidades cerradas. La abertura a la alteridad, el ensanchamiento a la historia y el diálogo como búsqueda cooperativa de la verdad son los caminos de lo humano y de lo divino. Tenemos que conjugar identidad propia y universalidad ciudadana, verdad y libertad, afirmación del individuo y solidaridad humana. Si la familia es la matriz primera de la identidad, la escuela es la puerta que abre hacia la verdad histórica del hombre y hacia la personalidad compleja. Sin arraigo primigenio no hay capacidad de vuelo hacia las alturas y distancias; pero, sin vuelo hacia otros mundos, el mundo propio se convierte en una cárcel. Occidente inclina hoy a fiarlo todo a la escuela, como lugar de la razón pública y social, mientras que el islam parece inclinar a fiarlo a la familia" Y como la relación entre la familia y la escuela ha cambiado y de su alejamiento han surgido problemas escolares diversos tenemos que reconocer que la escuela sola no tiene capacidad para superar todos los retos que se plantean por lo que se requiere urgente e indispensablemente repensar y replantear la situación de la familia y a la misma añadir, fusionar, los grandes logrados alcanzados por los padres y madres en los distintos campos de la profesión, ocupación, oficio, vocación; valorar a cada uno sin desmerecer ni sobreestimar a ninguno. El sentido del replanteo de la familia debe responder en todo caso en el reordenamiento de la familia en clave persona y reorganizarla en clave social, jurídica y fiscal para que asuma su rol educativo y al propio tiempo definir la tarea de formación y de extensión propias de la escuela.