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Punto Cero

versión On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero vol.12 no.15 Cochabamba  2007

 

Esperanza ante una promesa sin cambio: el desarrollo y la educación en el contexto actual

Carlos Mauricio Arroyo Gonçalves

Boliviano. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UCB – La Paz) y Magíster en Comunicación y Desarrollo (UASB – La Paz). Candidato al título de Doctor en el programa sobre Derecho a la Información y Ética de la Universidad Complutense de Madrid, España. Docente Tiempo Completo de la Carrera de Comunicación Social y Responsable del Servicio de Capacitación en Radio y Audiovisuales para el Desarrollo (SECRAD) de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, Regional Cochabamba.
e-mail:arroyo@ucbcba.edu.bo


Resumen

La sociedad contemporánea vive un gran cambio de época, cuya principal característica es la presencia de plataforma de múltiples prestaciones que se manifiestan a través de pantallas que, al incrementar la interactividad, median cada vez más las relaciones de los sujetos sociales.  Si bien estas nuevas condiciones significarían para algunos el alcance de la democratización de la comunicación anhelada en décadas pasadas para promover procesos de desarrollo, la inclusión de la variable política (crítica) en el análisis de esta realidad nos hace dudar de ello, pues con ella se evidencia una vez más la presencia de la lógica instrumental que impide ver las múltiples diferencias y desequilibrios (brecha digital estructural) que aún existen entre las regiones, como por ejemplo en el ámbito de la educación.

Palabras clave: Brecha digital, Crítica, Desarrollo, Educación, NTIC

Resumo

A sociedade contemporanea vive uma grande mudança de época, cuja principal característica é a presenta de plataformas de múltiplas prestações que se manifestam a través de telas que, incrementando a interatividade, mediam cada ves mais as relaçoes dos sujeitos sociais. Embora estas novas condoçoes significariam pra alguns atingir a democratização da comunicação desejada em décadas passadas para promover processos de desenvolvimento, a inclusao da variavel  política (crítica) na anállise desta realidade faz duvidar a respeito, pois com ela se faz evidente mais uma vez a presença da lógica instrumental que impede ver as multiplas diferenças e desequilibrios (brecha digital/ brecha estrutural) que ainda existem entra as regioes, como por ejemplo no âmbito da educação.

Palavras chave: Brecha digital, crítica, desenvolvimiento, educação, NTIC.

Abstract

Today´s society is witnessing a significant change of times. Its main characteristic is the presence of multiservice access platforms on screen which, by boosting interactivity, are increasingly mediating the relationships of social individuals. For some, these new conditions would indicate the attainment of communication´s democratization, longed for over the last decades to promote development. However, the inclusion of the (critical) political variable in the analysis of this reality makes us doubt  this given that, once more,  the presence of the instrumental reasoning that prevents seeing the multiple differences and imbalances (digital  gap) that still prevail between regions is made evident.  Such gaps, for example, are observed in the field of education.

Key words:  Criticism, Development, Digital gap, Education, NTIC


El propósito del presente documento es reflexionar sobre los cambios que se han producido en el contexto actual y su importancia para los procesos de desarrollo y concretamente los de educación. Con este fin, y desde una mirada crítica, se presentan a continuación algunas ideas sobre el momento actual que vivimos en la sociedad contemporánea, haciendo especial énfasis en las variables comunicacionales y educativas del mismo.

Sin embargo, no se busca ahondar sobre la importancia de tomar en cuenta el contexto como base para la planificación de acciones, pues se considera que existe ya un consenso sobre ello, es decir, no se ve útil insistir en la necesidad de tomar en cuenta el entorno para planear y luego gestionar cualquier actividad; la intención final, en todo caso, es interpelar sobre la forma en la cual miramos o consideramos ese contexto.

1. La promesa del gran cambio de época

A partir de la llegada del nuevo siglo, e incluso desde algunos años antes, presenciamos una transformación sin precedentes en la historia de la humanidad que está definiendo una nueva sociedad contemporánea.

Esta transformación que se va dando a pasos acelerados y con grandes efectos en la economía, la política y la cultura, ha sido denominada de diferentes maneras: sociedad informacional, sociedad del conocimiento, sociedad de la educación, entre muchos otros. Sin embargo, todas ellas coinciden en que el factor distintivo de esta época es la centralidad de la información y el conocimiento en su condición de fuentes de la productividad y el poder (Cf. CASTELLS 1999).

Esto ha sido posible, entre otras cosas, debido a la llamada REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA expresada en la convergencia acelerada entre las telecomunicaciones, los multimedios, la microelectrónica, la radiodifusión y las tecnologías de información y comunicación, convergencia que ha permitido generar nuevos productos y servicios (NUEVO PARADIGMA PRODUCTIVO).

¿Qué tiene que ver esto con la educación, la comunicación y el desarrollo?

Mucho más de lo que se cree, pues “al convertirse el conocimiento en el elemento central del nuevo paradigma productivo, la transformación educativa pasa a ser un factor fundamental para desarrollar la capacidad de innovación y la creatividad, a la vez que la integración y la solidaridad, aspectos clave tanto para el ejercicio de la moderna ciudadanía como para alcanzar altos niveles de competitividad” (CEPAL/UNESCO 1992: 119).

Asimismo, los medios de comunicación que hoy conocemos (radio, televisión, prensa, etc.) serán cada vez más difíciles de distinguir, ya que gracias a los crecientes procesos de convergencia tecnológica -basados en la digitalización- todos estos medios estarán disponibles en un mismo aparato o plataforma de múltiples prestaciones (Cf. GÓMEZ 2007). Este es un dato significativo que no debe ser pensado sólo en términos de cambio o evolución técnica, sino y sobre todo en el del impacto que tendrá en nuestras relaciones o interacciones, en otras palabras, en los procesos de comunicación.

Como se dijo, entonces, esta convergencia tecnológica se constituye en una de las marcas distintivas de las sociedades contemporáneas. Para Guillermo Orozco (2007), estas nuevas plataformas de múltiples prestaciones se caracterizan por la “PRESENCIA DE LAS PANTALLAS” y las diversas relaciones que los sujetos sociales establecen a través de ellas, alentados por la cada vez mayor INTERACTIVIDAD.

La interactividad propiciada por las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC) supone, a criterio de Orozco (2007), la posibilidad de interactuar con los referentes1 no sólo a nivel simbólico, como planteaban las primeras teorías de la audiencia activa, sino que también le estaría permitiendo al sujeto social asumir el rol de productor. Para los más ingenuos, esta nueva condición propiciada por las NTIC sería la materialización del ideal de una comunicación más democrática alentada por los movimientos populares en las décadas pasada, donde el individuo deja efectivamente de ser objeto y se constituye plenamente en sujeto productor de mensajes.

Lo innegable de lo anterior es que la relación con el entorno está mediada como nunca antes. Como afirma Orozco (2007), los sujetos sociales –sobre todo las nuevas generaciones- le dan sentido a su existencia a través de la tecnología, pues ya no sólo pertenecen a una cultura, una raza o a una creencia política o religiosa sino que también construyen una diversidad de identidades, mucho más volátiles o funcionales, a partir de su interacción con las diversas pantallas. Hoy, como nunca antes, se debería hablar de audiencias múltiples, tantas como pantallas existan (cine, televisión, computador, teléfono celular, vídeo juegos, etc.), criterio actual que al recombinarse con los tradicionales (sexo, edad, procedencia geográfica, clase social, etc.) nos permitiría entender de mejor manera la realidad.

Este cambio de época, por lo tanto, se caracteriza por la posibilidad de estar aprendiendo permanentemente. La educación se lleva a cabo cada vez menos en las instituciones sociales tradicionalmente pensadas para ello (ej. escuela) y cada vez más frente a las pantallas (ej. internet).

Esto supondría el paso de la educación tradicional tan criticada en las anteriores décadas (P. Freire; J. Díaz Bordenave; M. Kaplún entre otros), por ser un modelo pedagógico basado en un instructor que transmite a un sujeto pasivo, a una educación menos sustentada en la enseñanza sino en la intuición y la exploración individual (criterios que guían la elaboración de los nuevos “software amigables”2).

En otras palabras, se estaría modificando la manera de producir y difundir conocimiento, con las NTIC los ciudadanos se convertirían en productores de sus propios contenidos, se volverían emisores. Sin embargo, como afirma Orozco (2007), todo este proceso se estaría desencadenando de manera intuitiva, por ensayo y error, ya que en ningún espacio se forma a la audiencia para asumir su rol de productor. Los sujetos sociales nunca terminaron de estar preparados para ser audiencia y mucho menos para ser emisor, pero la tecnología los estaría habilitando para ello (Cf. OROZCO 2007).

2. Una crítica a la promesa

Todo lo dicho en la primera parte de este documento podría ser alentador si y sólo si perdiéramos de vista la variable política presente en ese mismo contexto en el que se configura el gran cambio de época. Esta variable nos lleva a pensar en las desiguales posibilidades de acceso a esas NTIC, fruto del ancestral desequilibrio en las relaciones de poder entre las regiones, que han incrementado las diferencias y la pobreza, en otras palabras, han deteriorado los procesos de desarrollo.

Olvidar la variable política en el actual contexto supondría reproducir el discurso engañoso del desarrollo, que nos ha llevado a concebir la historia de los diferentes países como una serie de acciones homogéneas y rígidas; es decir, como si todos los países para alcanzar cierto grado de desarrollo tuvieran que recorrer un único y similar camino, ruta por la cual algunos países habrían recorrido más rápidamente y otros aún lo estarían recorriendo. Esta lógica lleva a diferenciar entre países desarrollados y países “en vías de desarrollo o menos adelantados”, en el entendido de que estos últimos vienen recorriendo este único camino un poco más rezagados.

En otras palabras, supondría olvidar que el desarrollo es ante todo un proceso sociopolítico y cultural y no sólo una secuencia de pasos que amerita un determinado conjunto de acciones; pero sobre todo, supondría olvidar que en el centro de toda acción –debiera decirse proceso- de desarrollo está el ser humano.

Nelson Mandela recordó al mundo que “la pobreza [principal síntoma de la ausencia de desarrollo] no es un estado natural. Son las personas las que han generado y tolerado la pobreza y son la personas también las que la superarán” (2006).

La esencia del desarrollo, por lo tanto, es el PROCESO DE INVENCIÓN CULTURAL, donde el ser humano se constituye en un FACTOR DE TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO. Y como tal este proceso tiende a ordenarse en base a dos ejes:

–    Las ACCIONES del individuo; y

–     Los FINES a los que el individuo vincula estas acciones.

La invención vinculada a la acción del individuo produce la TÉCNICA; mientras que la invención vinculada a los fines genera los VALORES. Ambos debieran siempre mantenerse en equilibrio.

Sin embargo, en el recorrido del desarrollo siempre se ha dado mayor énfasis a la técnica y menos a los valores. Es decir, que la capacidad inventiva del ser humano ha sido empleada para la creación de tecnología, lo que ha incidido en que la VISIÓN DEL DESARROLLO predominante hasta nuestros días esté normalmente circunscrita a la LÓGICA INSTRUMENTAL, existiendo una gran preocupación por los MEDIOS para alcanzar el fin, pero –paradójicamente- olvidándose de cuál es el fin (la realización del ser humano de manera integral).

La pregunta, entonces, sería ¿por qué favorecer la creación de técnica y no la de valores? ¿por qué se olvida que la tecnología es sólo un medio y sólo eso?.

El tema no es nuevo y las preguntas tampoco. Ya en la década de los ‘60, las propuestas críticas plantearon que la evolución de un sistema social en particular depende en gran medida del lugar que ocupe dentro de la jerarquía y las estructuras de poder del sistema general.

En el actual contexto, esta crítica parece aún válida, ya que si el problema de la falta de equidad, de la desigualdad de oportunidades, en síntesis, las diferencias estructurales no cambian, las regiones dominantes seguirán desarrollándose y las regiones subordinadas seguirán siendo subdesarrolladas.

Y es que el desarrollo, desde siempre y hoy más que nunca, es un tema de poder y de relaciones de poder. Esto no quiere decir que las regiones subordinadas no crecen y no cambian o que la causa de todos sus males sea foránea, simplemente quiere decir que estas regiones continúan subordinadas en el sistema global y, por consiguiente, nunca alcanzarán la “forma prometida” de desarrollo.

Por ello, este gran cambio de época descrito líneas arriba plantea un momento estratégico, de grandes retos y oportunidades, en el que las estructuras de poder podrían redimensionarse para dar paso a un desarrollo integral de todas las regiones o podrían simplemente incrementarse las grandes brechas de desigualdad e inequidad existentes en la sociedad.

3. Promesa sin cambio: el caso de la educación

A criterio de Díaz Bordenave (2007), la médula del proceso educativo es la experiencia del cambio, por lo que se podría afirmar que educación es cambio. Y la didáctica no sería otra cosa que el procedimiento pensado para que la persona tenga una experiencia significativa que le permita generar ese cambio.

Las condiciones para que se generen experiencias significativas son la motivación, la situación de aprendizaje (natural o artificial), la realimentación, los objetivos y los contenidos. En la actualidad, las NTIC reunirían casi todas estas condiciones, lo que nos permitiría entender por qué están asumiendo el rol protagónico que antes le estaba reservado a instituciones educativas como la escuela.

En ese sentido, en el actual contexto, si no se quiere dejar la educación en manos de los medios de comunica­ción o de las pantallas, que en su mayoría no tienen la intención y mucho menos la conciencia de que lo están haciendo, las instituciones educativas deberían preparar a la gente para aprender a cambiar y preocuparse menos por la transmisión de habilidades que en un corto plazo perderán su utilidad. Es decir, estas instituciones deben poner especial atención al reconocimiento de esta realidad, fomentando un proceso permanente de aprendizaje sustentado más en la PRÁCTICA y menos en los contenidos curriculares.

No hacerlo sería cerrar los ojos a los grandes cambios en el ámbito productivo y comunicacional que impone la época actual, mismos que exigen a la vez pensar cambios importantes en el proceso de producción y de transmisión de conoci­mientos.

Si esto es así, pensar la educación en procesos de desarrollo supondría, más que discutir contenidos curriculares o procedimientos didácti­cos, lograr una disposi­ción general al cambio en las formas de educar (aprender/enseñar), comunicar y producir. Lo que nos permite entender que éste es un problema que no puede ser resuelto al margen de un PROYECTO POLÍTICO.

Por ello, no se debe perder de vista la gran importancia que tienen las mediaciones entre las NTIC, la industria cultural y la educación. En otras palabras, educar en el actual contexto implica pensar las nuevas formas de producir y trabajar. En el contexto actual, la educación se constituye, como nunca antes, en un indicador importante para medir el desarrollo así como en una condición para mejorar estos procesos.

Pero, ¿dónde estamos en términos de educación?

Según el informe elaborado para la CEPAL por Martín Hopenhayn (2003), en Latinoamérica y el Caribe la educación padece de un alto grado de estratificación que reproduce las DESIGUALDADES DE INGRESOS.

En otras palabras, la educación, que es una de las variables fundamentales para generar desarrollo, enfrenta grandes problemas de logros y de equidad. Esta situación, según Hopenhayn (2003), se evidencia en el continente latinoamericano a través de 4 aspectos:

1º    El nivel de logros educativos, aspecto que en las décadas recientes en Latinoamérica y el Caribe ha aumentado a un ritmo menor que en otras regiones del mundo. El principal motivo serían las deficiencias en la cobertura de educación secundaria, debido a que un alto porcentaje de estudiantes abandona el sistema escolar antes de completar dicho ciclo.

2º    La disparidad en logros y aprendizajes es alta debido a que, si bien las nuevas generaciones alcanzan mayor nivel educacional que las precedentes, dentro de cada generación persisten brechas notorias en logros educativos según ingreso, clase social y localización territorial de los educandos (urbano o rural).

3º    Los bajos retornos a la educación en los primeros años de escolaridad hacen evidente la inequidad, pues existen diferencias fuertes de retorno por estratos sociales. Las tasas de retornos también son marcadamente diferentes entre zonas rurales y urbanas, así como por género.

4º    La calidad de la educación para los estudiantes de familias con bajos ingresos no es de las mejores. Quienes asisten a escuelas públicas normalmente ya no acceden a educación superior de mayor calidad. En la calidad incide también las condiciones docentes, que se vinculan con los ingresos que perciben, mismos que además de afectar su motivación limitan además sus posibilidades de actualización.

A estas brechas estructurales, en el contexto actual, debe añadirse la llamada BRECHA DIGITAL, expresada en las desigualdades en el ACCESO y el MANEJO de las redes informáticas y medios de comunicación donde circula y se renueva incesantemente la producción de conocimiento.

La brecha digital, nos dice Hopenhayn (2003), existe entre países de distintos niveles de desarrollo, pero también dentro de un mismo país donde las diferencias se manifiestan entre zonas urbanas y rurales, entre hombres y mujeres, entre personas con acceso a la educación formal y aquellas no escolarizadas, entre los jóvenes y las personas adultas.

En otras palabras, la brecha digital se suma pero a la vez es resultado de las brechas estructurales, ya que cuanto menos posibilidades (ingresos, educación, etc.) tengan los habitantes de un país, menos probable es que utilicen y se beneficien de las bondades de las NTIC.

4. Una esperanza ante la promesa

Reconocer esta cruda realidad no supone renunciar al rol central que tiene la educación en los procesos de desarrollo, sino más bien ser conscientes de que es necesario trabajar mucho para resolver problemas estructurales que impiden aprovechar al máximo las potencialidades de la actual época dominada por la tecnología.

Sólo desde una mirada comprometida (proyecto político) podremos entender que la importancia creciente de la innovación tecnológica hace de la educación un factor clave para generar procesos de desarrollo, porque si bien es reconocida como un campo de reproducción de las desigualdades, también puede constituirse en el espacio desde el cual se trabaje para la reducción de las mismas dado que los diferentes organismos internacionales que trabajan por el desarrollo han confirmado la relación causal entre MAYOR EDUCACIÓN – MOVILIDAD SOCIAL – MEJORES INGRESOS.

Sin embargo, para que esto sea posible la educación debe ser liberadora y con un alto valor político y social, de tal manera que todos los sujetos sean capaces de mirar su realidad de manera crítica y comprender que la tecnología es un medio para TRANSFORMAR LA REALIDAD, devolviéndole así la dimensión humana a los procesos de desarrollo.

En otras palabras, sólo la mirada crítica al contexto actual permitirá construir las bases necesarias para una acción pedagógica con sentido, que supere la lógica instrumental y permita reconocer claramente los fines para los cuales utilizaremos los medios actualmente disponibles, mejorando así los procesos de desarrollo de las diferentes regiones.

NOTAS

1. Recordemos que la comunicación es ante todo relación o interacción social que se hace a través de signos en un contexto determinado. Los elementos del signo son tres: el referente (objeto, cualidad, acontecimiento); el significante (representación física); y significado (imagen mental del referente).

2. Un software amigable se caracteriza por ser de fácil entendimiento, muy ágil y porque requiere un mínimo nivel de capacitación.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1. CASTELLS, Manuel (1999) La era de la información: economía, sociedad y cultura, vol. 1 (La sociedad red), Madrid, Alianza Editorial.        [ Links ]

2. CEPAL/UNESCO (Comisión Económica para América Latina y el Caribe/Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) (1992) Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad, Serie libros de la CEPAL, N° 33, Santiago de Chile.         [ Links ]

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