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Punto Cero

versión On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.12 n.14 Cochabamba  2007

 

Acercamiento a la Comunicación como cultura académica y a sus proposiciones teóricas generales

Erick R. Torrico Villanueva

 Boliviano. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación y dirige el área de posgrado en Comunicación y Periodismo de la Universidad Andina Simón Bolívar en La Paz. Dirección postal: Casilla de correo 7143 - La Paz.

torrico.presidencia@alaic.net


Resumen

Aunque la discusión sobre el estatuto científico de la comunicación todavía plantea diversas interrogantes y profundos antagonismos, lo que sí es posible sostener más allá de las discrepancias sobre la materia es que existe una cultura académica cuyo objeto de referencia común son los procesos sociales de producción, circulación, intercambio y usos de significaciones y sentidos  culturalmente situados y mediados o no por tecnologías.

Dicha cultura consiste en un conjunto más o menos sistemático de proposiciones desarrolladas por autores fundamentales en los variados y aun contradictorios momentos de institución del campo, las cuales han sido asumidas por gran parte de la comunidad especializada y condicionan sus prácticas de investigación, formación y profesionales sin ser sometidas a debate por lo general. El artículo ofrece un acercamiento preliminar a esa cultura y a sus proposiciones generales.

Palabras clave: Campo comunicacional - Cultura académica - Momentos de institución - Proposiciones teóricas

Resumo

Embora a discussão sobre o estatuto científico da comunicação ainda apresenta diversas perguntas e profundos antagonismos, o que sim é possível sustentar é que existe uma cultura acadêmica cujo objeto de referencia comum são os processos sociais de produção, circulação, troca e uso de significações e sentidos culturalmente situados e mediados ou não por tecnologias. Tal cultura consiste num conjunto mais ou menos sistemático de proposições desenvolvidas por autores fundamentais nos vários momentos de instituição do campo, enunciados que têm sido assumidos por grande parte da comunidade acadêmica e são condicionantes de suas práticas de pesquisa, ensino e trabalho sem serem submetidos geralmente ao debate. O artigo oferece  uma aproximação preliminar a esta cultura e suas proposições mais gerais.

Palavras chave: Campo comunicacional - Cultura acadêmica - Momentos de instituição - Proposições teóricas

Abstract

Although the scientific statute of communication remains in debate and outlines many questions and deep antagonisms, it is possible to support that an academic culture exists in this field and that it has social processes of production, circulation, interchange and use of meanings —all of them culturally situated and eventually applied with technological means— as its common subject matter of reference.  This culture consists of  a more or less  systematic unity of theoretical proposals  which were developed  by  several authors during different and contradictory stages of  field’s institution and which most of specialists accept in their research, teaching and professional practices without discussing about their foundations. This paper offers an approach to this culture and its general proposals.

Key words: Communicational field - Academic culture - Stages of field’s institution - Theoretical proposals


1. Introducción

La cada vez más intensa dinámica que caracteriza a la Comunicación como un ámbito no solamente de ejercicio profesional sino también de elaboración y discusión conceptual devela la existencia de un territorio especializado relevante para la investigación académica que, sin embargo, continúa pugnando tanto por la delimitación de sus contornos como por su reconocimiento externo.

En América Latina ya son más de un millar los cursos universitarios regulares de pre y posgrado que se dedican a la materia, además de que son publicadas periódicamente poco más de medio centenar de revistas impresas o electrónicas de carácter científico. Pero, a la par de ello, la constante producción de decenas de libros, el funcionamiento de múltiples portales en Internet y la frecuente realización de foros, seminarios y congresos de distinto tipo constituyen pruebas adicionales de la vitalidad reflexiva que distingue a esta área de los estudios sociales cuya significación —no exenta de polémica— está siendo reforzada por la centralidad actual de las tecnologías informativo-comunicacionales en las relaciones sociales, la política, la economía y la cultura.

Si bien este movimiento intelectual general vino acrecentándose en el curso de las últimas tres décadas, es claro, por un lado, que tiene un origen que se remonta al menos al decenio de 1930 y,  por otro, que muchos de sus desarrollos más significativos fueron alcanzados en especial en los últimos diez años. Así, en lo que acá interesa, tanto la proliferación de las prácticas empíricas de la Comunicación como su enseñanza sistemática y, ante todo, el análisis teórico de las mismas fueron dando lugar a la sedimentación de un conjunto de ideas capaces de sustentar la vigencia de una zona de conocimiento particular no obstante las divergencias y aun las contradicciones registradas entre los principios epistemológicos, los enfoques teórico-metodológicos y los intereses de los autores y grupos de pensamiento reunidos en torno a la temática comunicacional.

Tiene sentido, por ello, aproximarse al examen de este proceso de estructuración en la perspectiva de señalizar algunos elementos básicos que pueden ser catalogados como producto y síntesis de una trayectoria de depuración y acumulación teórica que sí existen desde el punto de vista comunicológico1 y que conforman lo que aquí se considera la cultura académica de la Comunicación.

2. ¿Disciplina, campo o espacio transfronterizo?

Es evidente, pese a los distintos intentos de considerar a la Comunicación una ciencia o una disciplina —esto es, un sector del conocimiento no sólo con un objeto de estudio preciso sino con una teoría unificada y un método particular que forman un conjunto de estricta observancia para todos sus practicantes—, que tales esfuerzos no consiguieron fructificar, como lo han reconocido varios autores2.

Así, por ejemplo, Wilbur Schramm, en su ya clásica compilación intitulada La Ciencia de la Comunicación Humana, señalaba al respecto que “La comunicación, desde luego, no ha llegado a considerarse como una disciplina académica, como son la física y la economía, pero se ha transformado en un campo de extraordinaria vitalidad en la investigación y en la teorización” (1965:1). A su vez, Denis McQuail, que prefería hablar de la “teoría de los medios de comunicación”, decía que ésta “Suele ser una formulación imprecisa; rara vez constituye una base firme para hacer predicciones concretas; las tesis de que se compone rara vez han sido comprobadas de forma sistemática; y está sometida a grandes variaciones y matizaciones según cual sea el punto de vista ideológico de quien la exponga” (1985:267). Miquel de Moragas, que hablaba de la “ciencia de la comunicación de masas”, expresaba que “(...) más que la regularidad, es la irregularidad lo que la investigación de la comunicación de masas ha heredado o recogido de la evolución histórica de cada una de las ‘ciencias sociales’“ (1985:16). Y Mauro Wolf, que identificaba a la communication research como la vertiente fundamental de la investigación comunicacional, sostenía que esta tradición de análisis “(...) ha seguido los distintos problemas surgidos a lo largo del tiempo atravesando perspectivas y disciplinas, multiplicando hipótesis y enfoques. De ello ha resultado un conjunto de conocimientos, métodos y puntos de vista tan heterogéneo y disforme, que hace no sólo difícil sino tal vez insensato cualquier intento de ofrecer una síntesis satisfactoria y exhaustiva” (1987:11).

Resulta palpable, entonces, que la Comunicación no puede ser encasillada en los márgenes de un compartimento disciplinario estanco ni siquiera cuando es reducida por algunos al ámbito de los mass-media. En otras palabras, la pretensión positivista de cientifizarla sin más ha mostrado que no tiene posibilidades de prosperar3.

Sin embargo, lejos de optar por la cómoda posición de afirmar que si la Comunicación no llega a ser una “ciencia” en el sentido convencional no tiene otro camino que convertirse en mera “herramienta” de la eficacia transmisiva, se requiere más bien pensarla de otro modo. Los conceptos de campo científico en el sentido de Pierre Bourdieu, o sea de campo de confrontación de fuerzas que pugnan por apropiarse de un capital común en el mundo del conocimiento4, y de espacio transfronterizo, de diálogo polifónico próximo a la noción posdisciplinaria impulsada por Immanuel Wallerstein para las Ciencias Sociales (1998 y 1999), son útiles para esta nueva comprensión, ya que permiten dar cuenta de las inherentes multidimensionalidad, transdisciplina­riedad y conflictividad que caracterizan a la Comunicación5 como zona de la realidad social factible de ser investigada y, por ende, conceptualizada.

 3. ¿Fundación de qué?

Lo dicho conduce a poner en cuestión la extendida aceptación6 de que habría cuatro “padres fundadores” de la “ciencia” de la Comunicación en el plano internacional: Paul Lazarsfeld, Kurt Lewin, Harold Lasswell y Carl Hovland, calificación de paternidad que según varios es atribuible en sus orígenes a Schramm, quien sin embargo parece haber sido muy preciso cuando dijo que “Se ha considerado a cuatro estudiosos como los ‘iniciadores’ de las investigaciones de la comunicación en los Estados Unidos” (1965:2). Quizá, en este sentido, tenga mayor pertinencia la fórmula empleada por Miège (1996) respecto del papel desempeñado por algunas corrientes fundadoras en el surgimiento de este ámbito de estudios, pues es obvio que más que de personas específicas su paulatina configuración dependió de diferentes esfuerzos —tanto individuales o de grupo como institucionales— asentados en variadas perspectivas de pensamiento y método, considerando además que se trata de un proceso que aún se encuentra en curso.

Sí se tiene que admitir, empero, que los cuatro científicos nombrados contribuyeron notablemente con sus trabajos acerca de los efectos de los medios masivos o la presión  grupal, del análisis de los contenidos mediáticos o de la persuasión y el cambio de actitudes en la asunción de la Comunicación como un tema investigable en el universo de lo social. Pero eso no cambia el hecho de que el territorio comunicacional, con toda su complejidad de problemas y visiones, se fue estructurando más bien como la resultante de múltiples y complementarios o dispares y hasta antagónicos abordajes en torno a los procesos de producción, intercambio y utilización de contenidos significantes.

Ello estuvo y sigue estando signado por la tensión entre quienes buscaban dar a la Comunicación un lugar en las Ciencias Sociales con más o menos prerrogativas y aquellos que preferían mantenerla en la periferia del cosmos científico, apenas como una especialidad eminentemente técnica, perspectivas que además guardan relación con las maneras en que pueden ser planteadas su epistemología y sus imbricaciones políticas.

4. La institución del campo y la conformación de su cultura académica

Las preocupaciones académicas sobre la Comunicación, como es bien sabido, surgieron desde intereses disciplinarios ajenos a su especificidad y en estrecha vinculación con su utilización práctica —para la guerra o el comercio— y con las consiguientes potencialidades y limitaciones de sus recursos de mediatización.

Así, las principales aproximaciones analíticas que en un inicio mereció el fenómeno comunicacional  estuvieron orientadas por una teleología instrumentalizadora que prefirió desconocer sus particularidades humanizadoras: la unilateralidad y el tecnicismo prevalecieron en la definición del objeto antes que la participación equilibrada de los actores o  que la ilustrada aspiración del entendimiento.

Eso mismo se tradujo luego en la forma en que el campo fue siendo institucionalizado, es decir, dotado de estructuras, dispositivos y jerarquías tanto en el nivel de su enseñanza-aprendizaje como en el de su investigación-teorización y en el de su ejercicio profesional, aunque sin que se haya llegado a alcanzar una demarcación que le resultase autosuficiente y generalizable.

Pese a esa imposibilidad de completar su autonomización disciplinaria y a los disímiles modelos que fueron aplicados en su instalación universitaria y gremial, lo relevante de este trayecto es que, al final, el campo quedó instituido, hecho irreversible que a la vez ofrece una importante acumulación de construcciones teóricas y de reflexividad7.

Durante décadas fueron desarrollados, con diferentes lógicas y alcances, elementos pertinentes para la aprehensión intelectual de la Comunicación. Nociones fundamentales como las de proceso (David Berlo), efectos (Harold Lasswell), funciones y disfunciones (Charles Wright, Paul Lazarsfeld y Robert Merton), industria cultural (Theodor Adorno y Max Horkheimer),  relación comunicacional (Antonio Pasquali), imperialismo cultural (Herbert Schiller) o mediación cultural (Jesús Martín-Barbero), para citar algunas de las de mayor relevancia, hacen parte de un bagaje complejo y controversial8 del cual —sin embargo— es dable extraer un grupo de premisas en torno a las que pueden ser articuladas buena parte de las perspectivas prevalecientes en el estudio de la Comunicación hoy.

5. Proposiciones teóricas compartidas

De ninguna manera se busca con estas breves notas apuntar hacia una “disciplinarización” de la Comunicación que, como se dijo, se sabe inviable; lo que se quiere es sólo reseñar aquellos puntos comunes que desde los conceptos especializados señalan los límites compartidos de la Comunicología como mirada científica posible, pese a la multiplicidad y fragmentación existentes en el campo.

Se trata, entonces, de pensar la Comunicación en términos de cultura académica, es decir, siguiendo a Wallerstein (1999:14), como un conjunto de premisas que la mayoría de los miembros de la comunidad científica comparte subconscientemente y que no están sujetas a debate sino rara vez.

En el caso de la Sociología, Wallerstein reconoce a tres “pensadores formativos”    —Emile Durkheim, Karl Marx y Max Weber— e identifica tres axiomas cuyo sentido es irrefutable para las diferentes ópticas especializadas: 1) Existen grupos sociales que tienen estructuras explicables y racionales; 2) Todos los grupos sociales contienen subgrupos que se escalonan según jerarquías y que entran en conflictos entre sí, y 3) En la medida en que los grupos/Estados contienen sus conflictos, ello acontece mayormente porque los subgrupos de menor rango conceden legitimidad a la estructura de autoridad del grupo, basados en que esto permite al grupo sobrevivir, y los subgrupos ven ventajas de largo plazo en la supervivencia del grupo9.

Ahora bien, considerando que todo espacio teórico está compuesto por diversos tipos de enunciados con variada capacidad de abstracción y generalización10, es dable reconocer en el de la Comunicación, a similitud de lo mencionado por Wallerstein para la Sociología, unas proposiciones teóricas generales que presentan las condiciones requeridas para actuar como premisas aunque los abordajes utilizados en la investigación y la elaboración teorética, lo mismo que sus respectivos enfoques, difieran entre sí11.

Estos principios teóricos, que median entre supuestos de orden epistemológico y los hechos de la realidad concreta, estructuran el horizonte conceptual del campo, deslindándolo —sin desvincularlo— de otras dimensiones analíticas.

Se puede, pues, afirmar que tal como sucede en otros territorios polémicos del conocimiento de lo social (la Sociología, la Política, la Antropología o el Derecho, por ejemplo) en el de la Comunicación se tiene un agregado básico de enunciados teóricos.

6. La especificidad comunicacional

Si de modo amplio la Comunicación es el proceso social de producción, circulación, intercambio desigual y uso de significaciones y sentidos culturalmente situados y mediados o no por tecnologías, cabe recordar que diferentes autores fundamentales han contribuido a lo largo del tiempo a definir en distintas circunstancias históricas las proposiciones generales que hoy la peculiarizan como una de las “entradas” científicas al entramado societal. Es posible sintetizar preliminarmente tales premisas en las siguientes:

La comunicación es un proceso humano y social de interacción significante que opera mediante representaciones.

Sus elementos esenciales son los sujetos participantes, los lenguajes y los recursos de mediación que ellos emplean, las representaciones que construyen y el contexto social menor o mayor en que el proceso tiene lugar.

La comunicación está basada en convenciones socioculturales que interrelacionan agentes con estructuras y son capaces de expresarlos.

La comunicación puede posibilitar entendimientos mínimos o expandidos.

La comunicación contribuye a generar determinadas consecuencias perceptuales, cognitivas, afectivas y/o conductuales entre sus participantes.

La comunicación está vinculada al empleo de recursos tecnológicos que la mediatizan y pueden amplificar su alcance.

La comunicación, siendo transversal a ellos, interactúa con otros procesos de la sociedad, en particular la cultura, la política y el desarrollo.

Sin que la intención haya sido querer llegar al planteamiento de reglas de pensamiento canónicas en la materia, es claro que los enunciados precedentes se muestran potencialmente como el summum de la cultura académica especializada tanto porque resumen sus conclusiones más generales como debido a que sólo con dificultad será posible hallar estudiosos que pongan en duda su pertinencia.

Las siete proposiciones presentadas, por tanto, traducen los consensos alcanzados en el acumulado de saberes comunicológico y son asimilables, consiguientemente, al legado del campo.

7. Necesidades puestas en  evidencia

Esta aproximación preliminar, por supuesto abierta al debate, permite también hacer visibles otras necesidades propias de la conformación de la “cultura de la Comunicación” y complementarias de la pluridisciplinariedad ya admitida por muchos, a saber:

La aplicación de una visión diacrónica que dé lugar al reconocimiento crítico de la génesis, evolución y depuración conceptuales registradas en el campo.

La disposición para aceptar las aportaciones teóricas generales procedentes de distintas vertientes de pensamiento y de regiones diversas del conocimiento y la geografía a condición de que resulten plausibles para dar cuenta del proceso comunicacional.

La identificación y valoración sistemáticas de los pensadores formativos del campo que deben llevar a una recomposición razonada del grupo fundador tradicionalmente conocido.

La revisión crítica de aquellas nociones relativas al campo que todavía prevalecen en la práctica cotidiana e incluso en parte del lenguaje académico como producto de la prolongada predominancia de la concepción instrumentalizadora de la Comunicación.

A esta altura del tiempo, no cabe duda alguna respecto a la posibilidad de demarcar, como ya se indicó, la mirada comunicológica. Lo que resta es completar los aspectos que la legitimen en el ámbito de la observación científica.

Notas

1.                La Comunicología debe entenderse como la mirada analítica especializada que aborda la dimensión comunicacional de los procesos sociales en interacción con otras que sean pertinentes a los objetos de estudio concretos que se investigue.

2.  Hay otros, de todas maneras, que todavía insisten sin mucho fundamento en la existencia de una “ciencia de la comunicación” (Lazar, 1995) o de una “ciencia de la comunicación social” (Igartua y Humanes, 2004).

3.                Una interesante y bien fundada discusión en relación a este asunto es la que presenta López (1989).

4.  Véase Bourdieu (1990).

5.                Véase sobre temas afines los libros de Miege (1996), Vassallo y Fuentes (2001) o Vassallo (2003).

6.  Véase, por ejemplo, de Moragas (1993), Lazar (1995) u Otero (1998).

7.  Armand y Michèlle Mattelart se refieren a esto como la “(...) lenta acumulación, contradictoria y pluridisciplinaria, de conocimientos sobre el tema” (1997:11), que ya no es posible desconocer pese a las frivolidades y los neologismos de ciertas modas intelectuales.

8.                No en vano Mattelart se viene preocupando por la “arqueología de los saberes” en este campo. Véase, por ejemplo, sus libros de 1995 y 1996, como también los de Iglesias (1981), Barreto y Esté (1990) o Sfez (1995).

9.                Cfr. Wallerstein (1999), en particular las páginas 14 a 24.

10.  De acuerdo con Ladrón de Guevara, son las proposiciones empíricas básicas, las generalizaciones empíricas, las proposiciones con base empírica directa, las proposiciones con base en enunciados teóricos y los principios teóricos. (1992:118-121).

11. Los abordajes teóricos comunicacionales son el pragmático, el socio-técnico, el crítico y el político-cultural. Véase al respecto Torrico (2004).

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