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Punto Cero

versión On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.12 n.14 Cochabamba  2007

 

Bolivia precursora en la comunicación para el desarrollo

Semblanza de dos pioneros: Mario Villarroel y Jaime Cusicanqui1

Luis Ramiro Beltrán Salmón

Boliviano. Obtuvo en la Universidad del Estado de Michigan la Maestría (1968) y el Doctorado (1972). Comunicólogo de larga trayectoria internacional, así como periodista y guionista de cine, es también miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua. Premio Mundial de Comunicación MacLuhan-Teleglobe del Canadá (1983). Condecoración del Cóndor de los Andes de Bolivia (1983). Premio Nacional de Teatro del Ecuador (1987).

lrbeltran@unete.com


Resumen

Esta alocución comienza por señalar la condición pionera de Bolivia en la práctica de la comunicación para el desarrollo, hace algo más de medio siglo, en tres formatos. Subraya el de las radios sindicales mineras y el de las escuelas radiofónicas. Y en cuanto a la información de extensión agrícola se concentra en reseñar lo esencial de la trayectoria profesional de dos sobresalientes precursores: el chuquisaqueño Mario Villarroel y el paceño Jaime Cusicanqui, a quienes rinde homenaje por encargo de la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana en La Paz.

Palabras Clave: Comunicación para el desarrollo, comunicación alternativa, escuelas radiofónicas, información de extensión, radios mineras.

Resumo

Esta alocução começa assinalando a condição pioneira da Bolivia na prática da comunicação para o desenvolvimento, há mais de meio século, em três formatos. Sublinha o das rádios sindicais mineiras e o das escolas radiofónicas. E em quanto à informação de extensão agrícola se concentra en resenhar o essencial da trajetória profissional dos destacados precursores: o chuquisaquenho Mario Villarroel e o pacenho Jaime Cusicanqui, a quem homenajeia por conta do Curso de Comunicação da Universidad Católica Boliviana em La Paz.

Palavras Chave: Comunicação para o desenvolvimento, comunicação alternativa, rádios mineiras, escolas radiofónicas, informação de extensão.

Abstract

This speech begins by signalizing the pioneering condition of Bolivia in the practice of communication for development, a bit over half a century ago, with three formats. It underlines those of radio stations of mining workers’ unions and radio schools. And in reference to the format of agricultural extension information, it concentrates on reviewing the essence of the professional trajectories of two outstanding precursors: Mario Villarroel, from Chuquisaca, and Jaime Cusicanqui, from La Paz, to whom it pays homage on behalf of the School of Communication of the Catholic University of Bolivia at La Paz.

Key words: Communication for development, alternative communication, radio schools, extension information, miners’ radios.


La actividad que sólo muchos años después iba a ser llamada “comunicación para el desarrollo” se inició a fines de los años 40 y comenzó a tomar ímpetu a mediados de los 50. Latinoamérica fue pionera en la práctica de dicha disciplina y llegaría también a hacer aportes sustantivos a la teoría de la misma.

En 1947 el párroco de Sutatenza, una aldea andina de Colombia, fundó –con escasos recursos, pero con mucha creatividad– un sistema de comunicación educativa rural. Lo llamó “escuela radiofónica” porque consistía de reuniones periódicas de pequeños grupos de campesinos para recibir por radio, además de adoctrinamiento religioso, clases de alfabetización e información para mejorar sus labores agrícolas y cuidar su salud. Al término de cada clase, orientados por un coordinador voluntario y auxiliados por cuadernos y cartillas, los miembros de cada grupo analizaban la problemática de su comunidad y tomaban decisiones para la acción colectiva solutoria. Ese fue uno de los tres ejercicios primigenios de comunicación para el desarrollo que, para fines de los 50, se había convertido en una poderosa cadena nacional con varias y potentes emisoras llamada Acción Cultural Popular (ACPO).

1. Las Radios de los Trabajadores Mineros

También en 1947 surgió en Bolivia otro formato de comunicación para el desarrollo en una localidad del distrito minero estañífero que constituía entonces el eje de la economía de nuestro país. Fue una modesta emisora aparentemente creada por unos maestros rurales en contacto con algunos trabajadores de las minas. Se tiene entendido que ella tuvo corta existencia, pero sirvió cuando menos para demostrar que los pobres y olvidados podían acceder como emisores de mensajes siquiera a uno de los medios de comunicación masiva. En 1952 se produjo la revolución encabezada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario que contó con la participación de aquellos trabajadores mineros. Y esto dio a ellos la oportunidad para aliviar su aislamiento valiéndose de la radiodifusión. Así fueron naciendo en varias localidades de la región productora de minerales pequeñas emisoras sindicales que llegarían en diez años a sumar alrededor de treinta que a veces operaban en cadena. Estas “radios mineras” eran de corto alcance por sus elementales equipos y, sin embargo, sirvieron como útil instrumento en la lucha de los obreros por sus reivindicaciones. Eran autofinanciadas por cuotas de los asalariados y también eran autogestionarias. Las operaban ellos por intuición y con más entusiasmo que pericia. Pero lograban comunicarse primero con su gente a la mano y luego inclusive con la de otras partes del país. Su característica primordial era la del “micrófono abierto” a todos los habitantes de los distritos sin limitación ni costo. Los radialistas mineros hacían gran parte de su programación “en vivo y en directo” conversando con la gente en los socavones y en los ingenios mineros, pero también en hogares, escuelas, mercados, iglesias, canchas deportivas, calles y ferias. Así la voz del pueblo rompió el silencio de muchos años que la explotación empresarial y la opresión gubernamental les habían impuesto y lo hicieron aún al precio de sufrir a veces violenta represión.

2. La Información de Extensión Agrícola

Al mismo tiempo hizo su aparición en Bolivia un formato más de comunicación para el desarrollo que provino de Estados Unidos de América: el de la información de extensión agrícola. Los gobiernos de Estados Unidos y Bolivia establecieron una entidad cooperativa llamada Servicio Agrícola Interamericano (SAI) con la misión de incrementar la investigación agropecuaria para hacer extensivos sus resultados a los campesinos, también participantes del ya mencionado proceso revolucionario. La Dirección de Extensión tenía una Unidad de Información sustentada por la experiencia de los Estados Unidos en transferir conocimientos científicamente generados por universidades a los granjeros para que potenciaran su producción. Esa unidad no sólo iría a emplear impresos y radio para transmitir mensajes sino que dotaría a los agentes de extensión agrícola, situados en el campo a lo largo de todo el país, de atractivos materiales de apoyo a la comunicación interpersonal que hacían esos agrónomos visitando fincas y hogares. Por ejemplo: ayudas gráficas como portafolios y audiovisuales como la fotografía, los “slides”, las “filminas” y películas cinematográficas en 8 milímetros. La unidad aún no sustentaba sus mensajes en investigación ni hacía evaluación de ellos, pero ya mostraba un principio de inquietud planificadora.

3. La Condición Pionera de Bolivia

Bolivia vino a ser, pues, el país predecesor de dos ejercicios señeros de comunicación para el desarrollo. Por una parte, creó el formato de las radios mineras, correspondiente –sin saberlo entonces– a lo que unos veinte años más tarde iba a conocerse como el modelo de “comunicación alternativa, participatoria y dialógica para el desarrollo democrático”. Por otra parte, adoptó de los Estados Unidos de América el sistema de la información de extensión agrícola, correspondiente al modelo clásico de comunicación. Más aún, nuestro país también resultó ejemplar en la aplicación del formato colombiano de las radioescuelas de Sutatenza, pues éste inspiró a la iglesia católica boliviana para comenzar a organizar lo que hoy es la cadena más grande, productiva e influyente de radios educativas multilingües de Latinoamérica, Educación Radiofónica (ERBOL).  Ella llegaría a hacer gradualmente importantes modificaciones de enfoque y procedimiento orientadas hacia lo participatorio democratizante.

Consciente del mérito de ese temprano protagonismo en la construcción de la comunicación para el desarrollo en nuestro país, la Universidad Católica Boliviana previó muy atinadamente como parte especial de esta sesión un justificado homenaje a dos sobresalientes precursores en el campo de la comunicación para el desarrollo rural mediante la información de extensión agrícola. Ellos son Mario Villarroel Terán y Jaime Cusicanqui Velasco. La Directora de la Carrera de Comunicación de la Católica, Lic. Deisy Orozco, ha tenido la bondad de encomendarme la presentación aquí de una breve semblanza de estos profesionales. Aprecio esa deferencia que me permite dar testimonio fiel de su carrera y de su personalidad puesto que tuve el placer de compartir con ellos aquellas labores iniciales.

En efecto, los tres fuimos veintiañeros funcionarios del Servicio Agrícola Interamericano (SAI), yo desde 1953, Cusicanqui desde 1954 y Villarroel desde 1956. Mario es agrónomo y, por tanto, fue situado como extensionista agrícola  en el campo potosino. Jaime, maestro rural, y yo, periodista y guionista de cine documental, fuimos incorporados a la Unidad de Información con sede en La Paz aunque con responsabilidad en el campo a escala nacional. No teníamos familiaridad alguna con el uso educativo de los medios de comunicación como instrumento de apoyo al desarrollo rural. Pero el jefe de la unidad, Frank Shideler, fue nuestro paciente maestro que, poniendo estimulante confianza en nosotros, guiaría nuestros primeros pasos en el oficio y nos iría enviando –más tarde– a Estados Unidos a recibir capacitación básica.

¿Cómo resumir en pocas palabras trayectorias tan sustantivas y extensas como las de mis admirados colegas y camaradas Villarroel y Cusicanqui? Sólo habrá margen aquí para trazar esquemáticamente los rasgos principales de ellas, comenzando por aquel que los hermana en su origen. Me refiero al hecho de que ambos son hijos de maestros rurales y por ello pasaron su infancia y su adolescencia conviviendo con la población campesina, principalmente la autóctona. De ahí que, además de conocer y estimar a esa gente, hablen sus idiomas: Mario, nacido en Chuquisaca, el quechua, y Jaime, nacido en La Paz, el aimara. Esa sola vivencia los hizo de principio personas ideales para llegar a ser un día cultores ejemplares de la comunicación educativa para el desarrollo rural.

4. El Agrónomo Enamorado de la Comunicación

Entre todos los agrónomos extensionistas del SAI, Villarroel se destacó de comienzo por entender ese oficio esencialmente como un ejercicio de educación no formal basado en la comunicación. Sin perjuicio de tomar cursos en materias agronómicas, esa comprensión lo llevó a capacitarse principalmente en materia comunicativa a lo largo de 25 años de su desempeño profesional. Lo hizo primero en Bolivia y luego en el exterior, tomando cursos cortos de instituciones altamente calificadas en Uruguay, Puerto Rico, México y Colombia. Su capacitación en México se realizó al nivel de postgrado en la Universidad Iberoamericana de 1979 a 1981. Por otra parte, tomó en Bolivia algunos cursos de antropología cultural y de desarrollo comunitario.

Mientras iba acumulando experiencia en el trabajo, Mario la enriquecía intercalándola perseverantemente con tales estudios y combinando la práctica de terreno con la frecuente docencia, en muchas partes del territorio nacional, al servicio tanto de agricultores y sus familias como de técnicos agrícolas, especialmente los extensionistas.

A fines de 1959, a sólo tres años de haberse iniciado como extensionista en puesto de campo en Potosí, Villarroel fue ascendido al nivel de Subdirector de Extensión Agrícola para el Departamento de La Paz. Y entre 1961 y 1965 se desempeñó aquí como Jefe Nacional del Programa del SAI para la Juventud Rural. Al desaparecer entonces ese servicio cooperativo binacional, surgió como órgano autónomo del Ministerio de Asuntos Campesinos y Agropecuarios el Instituto Boliviano Agropecuario (IBTA), del que Villarroel fue nombrado Jefe del Departamento de Comunicación Técnica, cargo en el que se desempeñó con excelencia hasta 1985. Y al año siguiente el propio Ministerio de Asuntos Campesinos y Agricultura le encomendó su Dirección General de Comunicación Social y Técnica. Finalmente, en el último tercio de la década del 80 fue Jefe de Capacitación y Comunicación del Programa de Macroproyectos Rurales de la Corporación de Desarrollo Regional de La Paz apoyado por la Unión Europea.

Consagrado así como el principal comunicador agrícola de Bolivia, fue a lo largo de la década del 90 consultor en comunicación en algunas entidades públicas y privadas del país y de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Villarroel fue, además,  profesor de comunicación para el desarrollo en la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana primero de 1983 a 1985 y luego entre 1989 y 1991, así como profesor de sociología rural en la Universidad Campesina que la propia Católica opera en Pucarani. En cuanto a producción de literatura profesional ha sido fundador y director de un boletín, dos periódicos y dos revistas, todos dedicados al desarrollo rural, así como autor de varios manuales de comunicación. Fue editor técnico del programa de radio “Crónica” difundido en todo el país por 40 emisoras en español, aimara y quechua. También hizo algunas cintas educativas en cine y en video, incorporando a campesinos a las tareas de producción.

Y en 1987 recibió de la FAO la Medalla “CERES” por su extraordinaria carrera.

5. El que Nació para Comunicar

Comunicador que diríase nato, Jaime Cusicanqui tuvo su primera oportunidad de aprendizaje de comunicación educativa para el desarrollo al ser enviado por el SAI en 1956 a Panamá para participar del Segundo Seminario Interamericano de Comunicación Audiovisual auspiciado por la Administración de Cooperación Internacional de los Estados Unidos de América, predecesora de la USAID de hoy. Se distinguió allá en el curso de redacción de materiales educativos, con énfasis en simplificación del lenguaje y en el de ayudas audiovisuales, con énfasis en el uso de títeres.  Dos años después formó parte en La Paz de otro curso semejante, pero con atención especial a materiales gráficos como cartillas, franelógrafos, carteles y portafolios. En 1961 fue participante del Primer Curso Nacional de Liderazgo en Comunicación Educativa ofrecido en Bolivia por el Centro Audiovisual del Punto IV. Al año siguiente asistió a un Curso sobre Comunicación Social en el Instituto Politécnico de la Universidad del Estado de California. Entre 1961 y 1962 se benefició con una beca para tomar en la Universidad de Maryland, EE.UU., un Curso sobre Extensión Agrícola y Juventudes Rurales que tenía un componente sustantivo de comunicación.

Una década después volvería a las aulas para capacitarse en un Seminario Latinoame­ricano sobre Educación Fundamental de Adultos realizado en Colombia. Además, deseoso de servir especialmente a la juventud rural, tomaría otros cursos más para ello en Estados Unidos de América y en Panamá. Por otra parte, cuando estuvo radicado en Costa Rica, completó con mención honrosa estudios para licenciatura en administración de empresas ofrecidos por la Universidad Autónoma de Centro América. Y al cabo de dos años de haberse reintegrado a Bolivia, culminó sus estudios de derecho recibiendo en 1984 el título de abogado en la Universidad Mayor de San Andrés.

Inquieto y dinámico, Cusicanqui trabajó intensa y eficazmente de 1955 a 1958 en la Unidad de Información Agrícola del Servicio Agrícola Interamericano en calidad de Especialista en Técnicas Audiovisuales.  Diseñó y montó entonces un teatrillo portátil de títeres, creando como personaje central de éste al simpático “Pedrito Jampaturi” que dialogaría, en aimara y español, con los espectadores, logrando muy buena acogida en su entretenida labor educativa.  En 1959 el SAI le encomendó la Jefatura del Programa Nacional de Juventudes Rurales, responsabilidad que asumió con agrado y entusiasmo por seis años y en apoyo de la cual desplegaría sus conocimientos de comunicación. Al extinguirse el SAI, desempeñó otros puestos importantes en organismos públicos y privados de desarrollo al precio de alejarse un poco del cultivo de la comunicación educativa. En 1971 volvió a ella contratado por el Centro Interamericano de Desarrollo Rural y Reforma Agraria (IICA-CIRA) para trabajar regionalmente desde Colombia como Especialista en Comunicación Audiovisual y Editor de Publicaciones.

Pero a fines de 1973 temporalmente dejó de nuevo este oficio al ser requerido por la central del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA (IICA) para asumir en Costa Rica el cargo de Secretario Ejecutivo del Programa Interamericano de Juventudes Rurales. Tan extraordinaria fue su gestión en este campo a lo largo de varios años y en muchos países de nuestra América que en 1995 el IICA y el Consejo Asesor Iberoamericano para la Juventud Rural le otorgaron un público reconocimiento.

Cuando retornó a Bolivia en 1982 lo primero que hizo fue establecer con su esposa Nora un modesto, pero original, servicio móvil de educación y recreación campesina, contando con aportes de tres de sus hijos que son comunicadores y con el apoyo de otro de ellos que es administrador. Compraron un jeep y montaron en él un sistema de televisión y de proyección cinematográfica y se lanzaron por las rutas rurales del altiplano a ofrecer funciones audiovisuales a moderado precio para grupos comunitarios.

Jaime había sido iniciador de la radiodifusión en aimara ya en 1959 al hacer para la Radio Nueva América de Raúl Salmón uno de los primeros programas en ese idioma en asocio con Elías Ticona. Y en 1987, contando con el apoyo de José Luis Aguirre, Director del Servicio de Capacitación y Radiodifusión para el Desarrollo de la Universidad Católica, promovió el establecimiento de la Asociación de Radios Comunitarias de La Paz (APRAC). En 1988 asumió, por encargo de la USAID, la conducción de un Programa Piloto de Desarrollo Urbano en El Alto (PROA), responsabilidad que ejerció exitosamente por cerca de diez años. Y de 1997 a 1999 dirigió el Programa de Apoyo al Microcrédito (FONDESIF) en La Paz. Casi a la par con ello, también enseñó en la Universidad Católica en La Paz estableciendo la materia “comunicación y actores sociales”, labor que considera una experiencia inolvidable y estimulante.

Cusicanqui vive ahora con su familia en Taypichullo, localidad de Río Abajo en La Paz. Él y su esposa, Nora, siguen trabajando, desinteresadamente, desde allá en pro de los campesinos. Establecieron para eso, por su cuenta y sin fines de lucro, una pequeña emisora bilingüe que dirige ella, una admirable y antigua promotora del avance de la mujer campesina. Y él dirige gratuitamente el Proyecto Trébol Ecológico de la Juventud auspiciado en Chasquipampa por la Fundación Casa de la Agricultura.

6. Un Justo Homenaje

En nombre de la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, que me ha honrado al encargarme su expresión de homenaje, y en nombre propio, congratulo con mucho afecto y con regocijo a los eminentes colegas precursores y entrañables amigos Mario Villarroel y Jaime Cusicanqui por haberse hecho merecedores de la distinción que ahora pondrá en sus manos la Directora de la Carrera de Comunicación, Lic. Deisy Orozco. Digo con ella que admiramos mucho su talento y su integridad y, primordialmente, su devoción de toda una vida por poner nuestro oficio al servicio de los más pobres y olvidados de nuestros compatriotas.

Cita

1.  Palabras de homenaje a ellos pronunciadas en la sesión de la “Cátedra Luis Ramiro Beltrán” de la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana del 5 de septiembre de 2006 en La Paz.

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