SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.09 número09“RAVERS”, ”SKATERS” Y “MAMGA FANS”: THE VOODOO PEOPLEWALTER BENJAMIN O LA HISTORIA A CONTRAPELO índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO

Compartilhar


Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.09 n.09 Cochabamba jun. 2004

 

ARTICULO

DE LIBERALES, CONSERVADORES Y REPRESIONES SEXUALES: EROTISMO Y CULTURA EN LA SOCIEDAD COCHABAMBINA

José Eduardo Rojas

eduardex@hotmail.com

Egresado de Sociología de la UMSS Maestrante en Comunicación y Desarrollo Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz.


Ésta es una propuesta de discusión para abordar la configuración del ejercicio de las sexualidades en la sociedad cochabambina desde una perspectiva cultural y transdisciplinaria; donde el objetivo no es el de postular verdades ni soluciones sustanciales a temas considerados como “polémicos” y así legitimados en el imaginario social (como acontece en la discusión sobre las sexualidades). Sino mas bien, se trata de poner en agenda, algunos elementos para abordar el tema sin recaudos “culturales o morales” para la comprensión de las interacciones socio- sexuales cotidianas.

El abordaje del tema, se realiza considerando las siguientes premisas:

÷ Cultura y sexualidad se configuran entre sí.

÷ Toda interacción social es afectiva.

÷ La configuración de la vida cotidiana es resultado de la interacción entre cultura y sexualidad; los fenómenos sociales y sus manifestaciones pueden ser explicados desde esta interpretación.

Cultura y Sexualidad se configuran entre sí

La comprensión de la cultura y la sexualidad como ínter-actuantes entre sí, pasa por el reconocimiento de algunos procesos que se dan entre ambas; entre ellos, pensar la relación entre sexualidad y cultura en términos de “interacción” en vez de pensarla como determinación de una sobre otra. Por otro lado, supone también realizar una re-lectura sobre la configuración de la cultura y los mecanismos de represión/retraimiento que se construyen socialmente en el mismo tema; como también, supone centrar la mirada sobre las manifestaciones (objetivas y subjetivas) cotidianas del ejercicio de la sexualidad en la sociedad cochabambina.

De la determinación a la interacción: cultura y sexualidad

¿La cultura configura la sexualidad o viceversa?. Comparativamente, qué viene primero ¿el huevo o la gallina?. Al estilo del sociólogo francés Pierre Bourdieu, veo conveniente responder ésta pregunta de la misma forma en que resuelve la discusión entre la validez de las explicaciones prestadas por el subjetivismo versus el objetivismo (recuérdese que cuando hablamos de cultura y sexualidad reproducimos la vieja discusión entre sociedad-individuo equiparable a la de lo objetivo-subjetivo).

Bourdieu, a través del concepto de Habitus explica la existencia de las prácticas sociales como resultado de “la construcción de estos dos modos de existencia de lo social” es decir, subjetivismo y objetivismo; superando con este argumento la vigencia de una mirada maniqueísta que se puede reconocer hoy en diferentes discursos. (véase por ejemplo, los discursos de educación sexual en sistemas escolares religiosos, que se mueven entre la lógica maníquea de lo bueno y malo, lo permisible y lo no permisible...).

De esta manera, es posible afirmar que la configuración social de la cultura y de la sexualidad se produce a través de una compleja articulación entre ambas. No existe determinación ni sobre determinación de una sobre la otra; sí existe en cambio, interacción. Por ejemplo, cuando hablamos de cultura, la estamos pensando desde “lugares determinados” que pasan por la identidad (proceso subjetivo) e identificación (proceso de construcción de la identidad desde el/l@s otr@s) de género de las personas. Se piensa como hombres, mujeres o desde otras identidades sexuales (gay, lésbica, transexual, drag,..).

Al mismo tiempo, cuando se piensa el ejercicio y configuración de las sexualidades, se lo hace desde lecturas atravesadas por la cultura, por un sistema de valores, normas y códigos pre-establecidos y en constante configuración y re-configuración.

Represiones Sexuales: ¿Quién teme al lobo feroz?

Siguiendo el razonamiento de Sigmund Freud en su obra antropológica “El malestar en la cultura”; se argumenta en el presente trabajo, que en la sociedad cochabambina se gesta –en diferentes dimensiones- una cultura represiva de la sexualidad que condiciona la organización de un malestar cultural respecto al ejercicio de las sexualidades.

Si convenimos que el “malestar” es un sentimiento que se genera en la subjetividad y que se manifiesta en las relaciones sociales (que son inter-subjetivas); dicha manifestación se realiza en función del orden social, de las normas y reglas, del respeto a la moral y del control social e institucional que sirven como marco de referencia para afirmar la existencia de “una organización social del ejercicio de las sexualidades”, que produce el malestar al que nos referimos.

La organización social del ejercicio de las sexualidades se reconoce en cuanto a su carácter prohibitivo, represivo y estructura mítica. En este contexto (lo social), se sobre dimensiona el carácter privado de un asunto –el ejercicio de la sexualidad- que por su naturaleza es y requiere ser tratado pública y socialmente; relegando el ejercicio de la sexualidad a la privacidad y negando las posibilidades de abordarla sin recaudos morales y culturales en ámbitos públicos.

La moral social (que ya no es solo religiosa o política, sino que, internalizada por los sujetos y reflejada en el imaginario colectivo; es social, legítima) no sólo es represiva sino impositiva, a tal punto que es difícilmente imaginable “dialogar cómodamente” sobre aspectos referidos a la sexualidad, aún en espacios y con personas íntimas y de confianza.

En un trabajo de discusión grupal con jóvenes ésta “incomodidad” cultural de abordar e interiorizar el tema de las sexualidades cotidianamente, se manifestó en la postulación de tres grandes argumentos que reproducen los discursos represivos asimilados cultural, contextual e históricamente, a la hora de dialogar sobre el tema.

1. No se puede hablar de sexo y sexualidad en cualquier lugar.

2. No se puede hablar de sexo y sexualidad con cualquier persona.

3. Se necesita tiempo y capacitación para hablar de sexo y sexualidad, para no “pervertir a la sociedad”.

El primer argumento, hace referencia a que vivimos en una sociedad en la que la cultura y tradición nos han enseñado a ver y vivir las sexualidades en la clandestinidad. Sugiere, que, de golpe, sin “más argumentos” no es posible cambiar la forma de ver y ser de las cosas, mucho menos las formas de concebir la sexualidad. Más aún, no es posible hablar de sexualidad en cualquier lugar, existen lugares prohibidos como las calles, las plazas, los salones... etc. Pero sobre lugares permitidos para abordar el tema, no hay respuestas. Cuando implícitamente el único lugar imaginariamente permitido que queda para hablar de sexualidad es en la soledad de la habitación.

El segundo argumento, muestra la arbitrariedad con la que se evita el trato social del tema. Se argumenta –atendiendo una explicación usual dentro el sistema escolar- la incapacidad cognoscitiva de los más jóvenes y de los sectores no letrados de la sociedad para hablar de sexualidad. La “ignorancia” es la excusa perfecta para evadir el tema y autoritariamente permite al interlocutor decidir quiénes “son” y “no son” capaces de discutir y comprender el tema. Así, uno de los argumentos mayormente utilizados es el de la “minoría de edad” y la “incapacidad de asumir posiciones críticas y conscientes” de “los más jóvenes” sobre el tema.

Finalmente, se argumenta que como no es posible hablar de sexualidad en cualquier lugar, tampoco es posible hacerlo en un tiempo reducido, por lo que -dicen- es necesario contar con el tiempo suficiente para hablar del tema: “toda una tarde no bastaría”, “en tres días podríamos hablar tranquilamente del asunto”, “necesitamos capacitarnos para hablar de éstas cosas, así no mas no se puede”. Junto a éstos argumentos, el de la “capacitación” para hablar de sexualidad, se convierte en un requerimiento, legitimado por instituciones que trabajan con jóvenes en el área de educación en salud sexual y reproductiva, que –según nuestra lectura- reproducen en gran medida un discurso conservador.

Estos “argumentos” (aunque prefiero denominarlos estrategias discursivas) para evadir el abordaje y discusión sobre las sexualidades aún en espacios cerrados e íntimos, nos muestran un importante elemento: la peligrosidad y poder que se le atribuye a la sexualidad sobre la sociedad. Se teme a los efectos peligrosos que cada persona puede causar socialmente y se le atribuyen culpas. Es decir, los actores se auto atribuyen consecuencias tan problemáticas cuando hablan de sexualidad que interiorizan la represión moral hasta el grado de reproducir un discurso auto represivo, como sucedió en los trabajos de discusión: “si hablo puede ser producto de perversión de la sociedad”, “produce perversión de los menores y perversión de uno mismo”, “lleva al libertinaje”.

Así, el malestar, del que inicialmente se habló, es controlado culturalmente por los mismos individuos y es negado discursiva y actitudinalmente por el efecto de la interiorización de la cultura (civilización). La interiorización de la cultura es tan profunda que la represión cultural interiorizada ya no es sólo social y externa, sino que se vuelve también -y principalmente- interna.

Es decir, el individuo asume el discurso cultural y niega la sexualidad (el ejercicio y abordaje discursivo) y se auto-reprime aunque sea sólo para hablar de ella. El malestar persiste reflejado en la incomodidad de abordar el tema de la sexualidad, de ejercerla; más aún, persiste en el retraimiento de los pensamientos y fantasías sexuales de las personas tanto en ámbitos individuales como colectivos.

Se trata pues, del carácter prohibido que se produce y re-produce respecto a las sexualidades reconociéndolas como: “encarnación mítica del pecado original”, “vuelta a la barbarie”, “realidad instintiva del ser humano”, “vuelta a la animalidad”, “espacio para la irracionalidad”, “perversión de los más jóvenes” y otras concepciones medievales, que social y culturalmente acumuladas y transmitidas evitan realizar miradas directas del tema justificando su evasión, represión y retraimiento; en este contexto es válido considerar que “lo que, para la antigua concepción de la política, aparece como ʻregresión antipolítica a lo privadoʼ, como ʻnueva vuelta a la interioridadʼ o ʻperplejidadʼ, es posible que, visto desde la otra parte, sea la lucha por una dimensión de lo político”6.Respecto de un saludo callejero entre jóvenes “fue un placer sexual hablar contigo” una de las participantes argumentó:

“Placer sexual, por qué utilizar un concepto tan liberal, morboso. Incita a captar conceptos equivocados; hablar con gente que no sabe y lo interpreta de forma mala, se pervierte a la sociedad”

Los individuos al reproducir y reconocer el orden cultural y moral social, que se encuentra interiorizado en cada uno, asumen un discurso que representa a la sexualidad como un asunto imposible de discutir de forma colectiva y mucho menos pública.

Sin embargo, el tratamiento cotidiano del ejercicio de las sexualidades (discurso y praxis) muestran una dinámica subjetiva/interna, que trata de escapar a la mirada cultural y socialmente dominante descrita; de tal forma, que se producen abordajes “estratégicos” de la sexualidad que suelen ser aislados, privados, no oficiales, y que pueden ser re-presentadas a través de una metáfora:

Al estilo de los cuentos de los hermanos Grimm, podemos retomar la conocida frase del cuento de Pedrito y el Lobo “Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo...”(Mires, 1998: 114) mientras simbólicamente convertimos al lobo del cuento en las restricciones, prohibiciones y aquella animalidad marginal continuamente exiliada por el hombre; ¿no es el papel del lobo feroz el que juega la sexualidad en la sociedad cochabambina moderna?, donde a modo de juego en los niños, como una lucha real en los jóvenes y adultos; se “juega” a desafiar al lobo, a buscarlo, conocerlo e internarse en él -por supuesto- hablamos de la sexualidad.

Nuevamente en la discusión de grupo, sobre las curiosidades sexuales en la juventud una participante argumentaba:

“Claro, algún día tuve que saber de ʻesoʼ; (educación sexual) pero no tan temprano como otros adolescentes, que corren el peligro de interpretar el mensaje de otra manera, de forma mala”.

Entonces el malestar se produce, primero, por que no es permitido mantener una relación social –pública- con el lobo, con la sexualidad, sin tener por ello un sentimiento de culpa, de curiosidad, del mal encarnado en uno mismo y hasta de castración (entendida como pérdida de la cultura...). Segundo, porque cada persona interioriza el orden social en sí mismo y reproduce un discurso “prohibitivo y sesgado” sobre la sexualidad y su ejercicio; en este caso la represión social se convierte en auto represión; y ésta representa el climax del malestar. La misma auto represión que en términos Lacanianos correspondería al retraimiento7.

Por otro lado, resulta que hablar de sexualidad no tiene que ver solamente con órganos sexuales, genitales o relaciones sexuales, ni con asuntos exclusivos de la vida privada de las personas (miradas que le dan ése carácter social y moralmente prohibitivo); sino que, y básicamente, tiene que ver, con las formas de vida de cada sujeto, sus actuaciones sociales en términos de: identidades sociales, genéricas, colectivas, ciudadanas y cómo se las representa/actúa8.

Somos seres sexuados, donde la construcción identitaria de cada persona se realiza a partir de una variedad de características e interdependencias contextuales, fisiológicas, psicológicas, sociales, históricas, cotidianas producidas en las interacciones... Considerarlas de forma aislada sería equivalente a la división maniquea entre lo bueno-malo, feo-lindo, verdad-error, normalidad-patología. Se trata siempre de una construcción cuya principal característica es la dinámica con la que se la configura. Si el sexo marca la diferencia biológica entre varones y mujeres, la sexualidad de-marca el carácter dinámico y en construcción sobre el que “actúan” los seres sexuados. De allí que las sexualidades, su ejercicio y abordaje sean sociales e inter-subjetivas; –¿porqué no?- públicas; y de esta manera debe considerárselas.

Retraimiento: de la interiorización del lobo feroz a la manifestación discursiva.

“¿Censura respecto al sexo? Mas bien se ha construido un artefacto para producir discursos sobre el sexo, siempre más discursos susceptibles de funcionar y de surtir efecto en su economía misma.” Michel Foucault (1991)

Parece manifestarse una contradicción sobre lo argumentado hasta ahora. Es decir, de producirse, con la represión social y el retraimiento, el aislamiento de la sexualidad a ámbitos recónditos de la privacidad y su negación en ámbitos sociales; ¿cómo es posible argumentar que existen aparatos discursivos y prácticas “sociales” hegemónicas sobre la sexualidad?

El sub-título de este apartado enuncia (como se verificó en los trabajos de discusión) la dinámica que tienen la mayoría de las conversaciones sobre sexualidad. Es decir, una vez puesto en agenda el tema de las sexualidades para su discusión, las intervenciones visibilizaron algunos “aparatos discursivos hegemónicos” (estrechamente relacionados con lo que anteriormente denominamos como organización social del ejercicio de la sexualidad) a través de los siguientes procesos:

, Argumentaciones e intervenciones que revelan las características represivas de la cultura y el retraimiento producido automáticamente por la cultura internalizada. (No se puede hablar de eso con cualquiera y en cualquier lugar);

, Seguidas de un “reconocimiento discursivo” sobre la vigencia y validez del tema de las sexualidades en el imaginario social, fundamentado en el reconocimiento de las inquietudes, interpretaciones y miradas personales que se construyen. (Claro que alguna vez me pregunté por eso... Es un tema que me interesa también);

, Para, finalmente, exteriorizar éste reconocimiento “discursivamente” (validez y vigencia del tema) teniendo cuidado de no asumir nuevamente representaciones sociales y culturales represivas en ésta nueva versión discursiva, que puede ser considerada como de orden público. (no es malo hablar de sexo y sexualidad, ahora pienso y hago lo que siento...).

Sin embargo, una de las apreciaciones críticas que se observan en la investigación, es el hecho de que no se proyectan posibilidades de interiorización de los discursos sobre el ejercicio de las sexualidades, y mucho menos, se percibe la posibilidad (mecanismos) de aplicarlas en el ejercicio (prácticas) cotidiano. La interiorización de la sexualidad (del lobo), se traduce en una manifestación discursiva, (aceptación del lobo), más, persiste la posibilidad de ejercerla en las prácticas cotidianas públicas y privadas (aceptar, conquistar, actuar con el lobo).

Continuidades: ejercicio de la sexualidad entre lo privado y lo público

“la búsqueda de una verdad única sobre la sexualidad y el cuerpo ha llevado, durante demasiado tiempo, a una negación de la diversidad humana y de las opciones, ha limitado la autonomía individual, y ha convertido los placeres del cuerpo en un secreto indecente.” (WEEKS, 1998:12).

Si bien, se trata de superar los aparatos hegemónicos discursivos existentes sobre la sexualidad, a nivel del ejercicio de la misma (ya no sólo a nivel del discurso), también se mantienen las características represivas de la sexualidad hasta ahora descritas, relegando nuevamente el ejercicio de las sexualidades a ámbitos recónditos de la privacidad.

Precisamente, el hecho de “relegar” –a través de éstos aparatos discursivos- la discusión y ejercicio de las sexualidades a “ámbitos recónditos de la privacidad”, permite identificar una continuidad entre dos grandes ámbitos –no necesariamente separados- de expresión discursiva y del ejercicio de la sexualidad: lo privado e informal y lo público y formal. Estos macro ámbitos de representación y ejercicio de la sexualidad se encuentran tan articulados, que tratar de delimitar dónde empieza y termina cada una -además de ser casi imposible- sería un error; en el sentido que esa división corresponde con la discusión entre individuo y sociedad que inicialmente definimos como superada.

La continuidad es aquí entendida como un recorte de la realidad social, que permite ver la configuración del fenómeno en cuestión, atendiendo las dimensiones que atraviesan, acompañan, contextualizan y determinan las características del ejercicio de la sexualidad, dando cuenta de sus dinámicas (porque es un proceso en construcción), como del fenómeno en si mismo (la sexualidad tal cual, es decir como producto construido en un recorte espacio-temporal específico).

A través de la mirada de “las continuidades” que se producen entre éstos dos macro ámbitos (público-privado), se pueden identificar las formas en que se construyen, cambian y circulan los discursos y ejercicios de las sexualidades en la cotidianidad. Pues cuando se identifican las continuidades se atiende a) a los procesos externos que configuran los ejercicios de las sexualidades, tales como contextos, condiciones históricas, matrices culturales, lecturas y apropiaciones de discursos (los derechos), características sociales, etc. y b) los procesos internos que configuran a las sexualidades, tales como los discursos interiorizados, las prácticas, actuaciones, definiciones identitarias, mitos, ritos, creencias, etc.

Si bien, en el extremo de los ámbitos públicos (oficiales y formales con un componente alto de control social) aparentemente existe una negación a-sistemática9 de la sexualidad expresada en convencionalismos reproducidos por las personas como los extraídos del trabajo de grupo. En el otro extremo, de lo privado y no formal, se producen articulaciones (discursivas y prácticas) limitadas a colectividades de confianza donde se producen, cambian y circulan discursos y prácticas que ponen en la agenda cotidiana el asunto de las sexualidades, unas veces asumiendo los postulados del extremo formal-represivo, y otras, restándole importancia.

En la narración de un joven estudiante de secundaria se puede percibir la fluctuación a la que hacemos referencia: “En el colegio, no se puede hablar de eso así no más; pero en el recreo, en mi grupo no te puedes aburrir, siempre hay algo de qué hablar, y de sexo salen temas también; casi siempre en broma que es lo más usual y luego se cambia de tema y de nuevo sale. Cuando sale de nuevo a veces algunos se quedan callados”. Aplicando el análisis de las continuidades se identifica al colegio como el espacio público y formal, y al grupo de amigos (aunque dentro del colegio, se lo mira como “otro escenario” no formal en la lógica del recreo) como el colectivo privado. Es en la dinámica entre éstos dos ámbitos donde se pone en agenda entre otros, el tema de las sexualidades.

Por otro lado, la mirada sobre las continuidades entre los macro ámbitos descritos puede ayudar a comprender otras maneras en que se manifiestan aparatos discursivos represivos, como ocurre en la siguiente narración de una de las participantes de los grupos de discusión.

“Yo tengo varios hermanos mayores y menores, todos son varones y yo soy la única hermana. Un día estuvimos en mi casa viendo una película y salieron escenas pornográficas, estábamos todos en una sola habitación, cuando de repente vino mi papá y vio la tele y a nosotros y nos dijo que apagáramos la televisión. Mi hermano mayor, que se lleva muy bien con él, le dijo que no apagara la tele y que se pusiera a ver con nosotros la película; que la chica que salía tenía buenas “tetitas” (senos), que no era malo y que nos acompañe; entonces mi papá dijo: ya, pero apaguen la luz...”

En este ejemplo, se puede identificar la dinámica de continuidad que se da entre los ámbitos público-formal y privado-informal. Es decir, las configuraciones discursivas y prácticas respecto de asuntos relacionados con la sexualidad. Si bien existe cierto grado de permisividad (oficial, el padre) sobre el trato de la sexualidad, se mantienen posturas represivas y auto-represivas, como sucede en la solicitud de apagar la luz, ¿quizá en busca de una ambientación que remitiera a la soledad de la habitación o a un lugar recóndito de la privacidad?. .

La delimitación de las continuidades entre los dos macro ámbitos señalados, permite generar procesos de construcción de identidad e identificación de las personas; sea como liberales o conservadoras, a través de la mirada de las determinantes externas señaladas: contexto, cultura, determinantes históricas y sociales, etc. Éstas categorías varían al ser conceptualizadas según la aproximación tanto discursiva, como del ejercicio de las sexualidades al ámbito privado y/o público.

Interacciones sociales afectivas: aproximaciones al ejercicio de la sexualidad

Toda interacción social es afectiva. Los procesos de internalización de la cultura que se producen en las personas, tienen -como lo señalamos- la peculiaridad de ser socialmente controlados, promoviendo lógicas específicas de interacción, culturalmente aceptables, que cohíben la posibilidad de “sentir” sin tener por ello culpas o fantasmas culturales. Es decir, la mayoría de las interacciones entre las personas, son relaciones cohibidas y faltas de afecto. Las representaciones sociales sobre el ejercicio de la sexualidad y el control social, no permiten simplemente sentir y expresar los sentimientos, y las personas lo aceptan por no quedar en falta con la cultura y con el control social.

Por ejemplo, cuando se habla de “la amistad” se reconoce que ésta tiene reglas. Romperlas, genera sospechas: lleva a perderla o a fortalecerla. En este sentido, es válido preguntarse, hasta qué punto puede considerarse, que la amistad como un hecho socialmente aceptable, no sea: a) una construcción/invención romántica para la canalización-proyección del afecto reprimido, aprobado histórica y socialmente, más aun si se trata de personas del mismo sexo; b) no sea una construcción mitológica cuya finalidad es la canalización y dominación de la afectividad; c) no sea un modelo estereotipizante, en el sentido que tiene la función de cohibir las relaciones entre las personas (por ejemplo el hecho de decir que “la amistad tiene sus límites, empieza y termina aquí...”).

La negación de la afectividad es propia de las interacciones sociales; mayor razón para asegurar que ésta –la afectividad- es parte constituyente de las mismas. La dimensión afectiva de las interacciones sociales se manifiesta a través de los sentimientos: la simpatía, el cariño, el amor, la necesidad de estar cerca de alguna o varias personas, los presentimientos, el alejamiento, el disgusto por una u otra compañía, la irritabilidad11, etc. En este sentido, vale preguntarnos, si toda interacción social además de ser afectiva ¿no es seductora?. Si hablamos de afectos en la interacción social, seducimos y nos sentimos seducidos por una u otra persona, por su discurso, sus formas de ser y hacer, sus identidades genéricas, su cuerpo, su compañía...

De allí que proponemos el postulado de que la configuración de la cultura cochabambina (como se muestra en los trabajos de discusión tras-generacionales) se encuentre atravesada por una dimensión afectiva, por una dimensión erótica. Lo erótico comprendido como la expresión más personalizada de la afectividad y que visibiliza la constitución de lo social a través de las subjetividades.

En esta última apreciación es necesario hacer un paréntesis, en sentido que el “erotismo”, oficialmente –y lamentablemente- no puede ser pensado más allá de las relaciones sexuales coitales. Es decir, no existe ni siquiera la sospecha de una dimensión erótica (explícita o implícita) en las interacciones sociales, en las interacciones afectivas (relaciones de pareja), las interacciones colectivas (la amistad, el grupo de amigos, de trabajo). Pareciera que hasta la(s) pareja(s) tiene(n) miedo de expresar- aceptar eróticamente sus sentimientos.

La noción de erotismo rebasa el concepto mismo de coito u orgasmo. Aquí lo relacionamos más con “sentir” y expresar ese sentimiento a través de la palabra y de los actos cotidianos, de estar juntos...simplemente estar. Al estilo de Michel Maffesoli (1990:69-106), es una suerte de energía subterránea, que al poner a gusto a las personas en la interacción, le da solidez y permanencia cumpliendo el papel de cohesionador de las relaciones sociales.

La propuesta de fondo que sugiere este trabajo es la de relativizar las pautas culturales en términos de sexualidad (entendida como actuación estratégica) y de identificar potenciales vetas de retraimiento en las personas. Implica pasar de un paradigma predominantemente racional y moralizante, a uno afectivo e intersubjetivo. Así parece esbozarse un desafío epistemológico en la construcción de las interacciones cotidianas: el de relativizar la cultura racionalizante y volver a aquella interacción afectiva y subjetiva abandonada. ¿Por qué no? Volver a comportamientos infantiles afectivos, aparentemente tribales (abrazos, besos, berrinches), desafiantes, retadores, cuestionadores, autoritarios, sumisos...todo al mismo tiempo. Al final de cuentas se trata de romper con el mito de la normalidad, la institucionalidad, el ejercicio de la sexualidad histórica y socialmente construida y aceptada. Más aún, el desafío epistemológico aquí propuesto, plantea cotidianizar el “paradigma afectivo” en las interacciones sociales y sexuales.

El reconocimiento del paradigma afectivo en la interacción social y sexual, abre las puertas al “amor”; en las palabras de Ulrich Beck (2000: 49) “el amor es una utopía que no hay que traer ni justificar ʻdesde arribaʼ –desde el cielo de las tradiciones culturales-, ni predicarse desde lo alto del púlpito, sino que desarrolla sus vínculos ʻdesde abajoʼ, con la fuerza de las pulsiones sexuales, desde los centros del deseo de la existencia individual. Y en este sentido el amor es una religión sin tradición, no en lo que se refiere a su significado, sino en cuanto al meollo de sus obligaciones: no hay que convertir ni afiliar a nadie”.

Y continúa, “la fe en el amor es la no tradición, la postradición, porque no tiene las características clásicas, no necesita institucionalización ni codificación ni legitimación, para ser eficaz subjetiva y culturalmente. Él nace, más bien, en combinación y como consecuencia de una sexualidad libre de tabúes, liberada, junto con y como producto de una profunda erosión de los que se han considerado los roles naturales de ésta. En el amor -según la estructura social moderna- no es competente ninguna instancia moral externa, sino sólo el acuerdo de quienes se aman. Mientras se destruye una fe que ya no se enseña, el amor es una religión sin iglesia ni sacerdotes, de consistencia tan segura como la fuerza de la gravedad de una sexualidad liberada de la tradición”. (Beck. 2000:49).

Propuesta: hacia el ejercicio de la ciudadanía sexual

El ejercicio de las sexualidades sin represiones, retraimientos, malestares culturales y condicionantes sociales conservadoras, es posible en la medida que las personas realicen lecturas, apropiaciones, actuaciones y ejercicios de sus sexualidades instrumentalizando el marco teórico-conceptual de los derechos humanos.

En la ciudad de La Paz, se realizó una propuesta denominada “ciudadanía sexual12” que permite, pensar el ejercicio de las sexualidades en el marco de los derechos humanos; así:

“El concepto de ciudadanía sexual legitima las reivindicaciones en el campo sexual como asuntos de importancia e interés, no sólo en la esfera personal sino también en los niveles público, estatal y global. La propuesta de ciudadanía sexual busca integrar la legitimación social y jurídica de diferentes identidades y prácticas sexuales, y la aplicabilidad universal de derechos al reconocer:

- La diversidad de las sexualidades y géneros, cuya expresión cambia en forma dinámica en diferentes tiempos y contextos de la vida de cada persona; y

- El carácter universal de los derechos humanos que proveen el marco para la igualdad de derechos ciudadanos, con el respaldo efectivo de leyes y políticas acordes a los principios de inclusión y no discriminación.” (Rance: 2001).

Las principales premisas planteadas en la propuesta de la ciudadanía sexual son las siguientes:

, L@s ciudadan@s son diversos, no iguales.

, Los derechos ciudadanos se aplican a tod@s sin exclusiones ni discriminación.

, Los derechos ciudadanos incluyen derechos en el ámbito de la vivencia de la sexualidad.

, Estos derechos no son privativos de grupos sociales minoritarios, discriminados o estigmatizados.

, Las diversas formas de vida sexual y genérica merecen legitimidad social y jurídica.

, El ejercicio de la ciudadanía sexual corresponde a todas las personas por igual, durante toda la vida.

Atendiendo las palabras de Fernando Rodríguez, se entiende que “la propuesta de ciudadanía sexual no es otra cosa que resistencia a un orden que controla, vigila y disciplina nuestros cuerpos. Significa el desafío de romper un círculo perverso que impide la apertura a nuevos derechos específicos como son los derechos sexuales como expresión de ejercicio de ciudadanía”. (En revista: “Pensamientos sexuales”: 2002).

El ejercicio de la ciudadanía sexual, supone la posibilidad de ejercer y actuar las sexualidades de manera legítima y amparada en el derecho; reconoce el carácter autónomo y de decisión de las personas sobre el manejo y direccionamiento de sus sexualidades, la extinción de represiones y retraimientos en el marco del ejercicio informado y autónomo, la cotidianización del tema (ejercicio de sexualidades) y la posibilidad de afectivizar (afecto) las interacciones sociales e institucionales. Mejor aún, permite asumir una mirada comprensiva del ejercicio de la sexualidad, abierta, sin recaudos culturales y morales, refuerzando la posibilidad de alentar un paradigma afectivo en las relaciones sociales.

Por otro lado, este concepto permite posicionar a los individuos como pertenecientes a una comunidad de destino (territorial, virtual, simbólica, compartida), y por lo tanto supone la posibilidad de apropiaciones de “esos lugares de pertenencia”, de darles sentido, construirlos, ampliarlos o reducirlos. En otras palabras generar culturas en torno al ejercicio de la sexualidad, las cuales coexisten y convergen con otras formas de expresión cultural (estudio, trabajo, diversión, familia, instituciones, etc.) en el entramado social.

En este sentido, se podría explicar que las actuaciones que se producen en torno al ejercicio de la sexualidad, más allá de ser interpretadas como conservadoras o liberales, son reconocidas como actuaciones que son parte constituyente de la vida cotidiana y de la configuración de las relaciones sociales, afectivas y sexualizadas. Se entiende entonces, porqué las segunda parte del título de este trabajo hace referencia al “erotismo y cultura en la sociedad cochabambina”.

NOTAS

1 Egresado de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba. Actualmente cursa la Maestría en Comunicación y Desarrollo de la Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz (2001-2002).

2 Realizado los días sábados 10, 17, 24 y 31 de marzo de 2001, con la presencia de miembros de la organización juvenil GENEALOGANDO, compuesta por jóvenes entre 15 a 27 años; esto permite considerar que se trató de un grupo transgeneracional, puesto que se encontraba atravesado por miradas y opiniones de personas generacionalmente distintas en interacción cotidiana.

3 Lo interesante, es que el carácter “prohibitivo” de cada lugar lo considera cada persona, en función del control social sobre el tema, donde influye drásticamente la opinión pública asumida en términos: de qué dirá la gente...

4 Mires (1998) señala: “La sexualidad anda suelta, y se la encuentra por todos lados, aunque pocas veces, como dijo sarcásticamente Foucault, en el lugar que más le corresponde: en la cama”. Aún, la privacidad de la “cama” en el seno de la familia es selectiva para sus miembros “Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto no tiene más que esfumarse; la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos.” (Foucault, 1991:9-10).

5 Afirmaciones realizadas en el trabajo de grupo.

6 Ulrich Beck: “La democracia y sus enemigos”. Ed. Paidós. Barcelona. 2000: 41.

7 Sobre el retraimiento, Jacques Lacan argumenta: “pues no hay que confundir. La represión proviene del consciente y de la realidad exterior e impide la realización de un deseo. El retraimiento es una cosa distinta y mucho más compleja, pues se trata de un conflicto que sucede en el interior del psiquismo y está vinculado, en parte, al inconsciente. {…} El retraimiento está unido a la existencia del inconsciente y, por ello, adquiere una importancia mucho mayor que la represión exterior, que siempre será un fenómeno secundario cuyos efectos sobre el sujeto diferirán según el modo como se hayan pasado los primeros retraimientos”. (Simón, Michel: 165).

8 En este sentido asumimos la propuesta desarrollada por Monteiro, quien concibe las representaciones de la sexualidad como actuaciones que las personas realizan y que están determinadas histórica, social y contextualmente. Así la identidad sexual no sería otra cosa que una actuación, una puesta en escena con relación a “pautas o modelos” de identidad.  “Las visiones pos-estructuralistas de Martín y de Butler van a intentar decirnos que la dicotomía heterosexual es tan falsa y vacía de esencia cuanto la homosexual, ya que no deja de ser imitación de un ideal de masculinidad o feminidad, muchas veces intangible, que no posee correspondencia alguna con una supuesta esencia o naturaleza, algo que estaría inscrito en nuestra mente y en nuestro cuerpo. O sea, un performance (actuación) de una drag queen (personas que se trasvisten de manera grotesca o resaltante (hiper-realismo) representando al género femenino o femenino), que imita de forma lúdica y no comprometida lo femenino, auto- consciente de ser un simulacro, seria un ejemplo que trae a tono toda la condición de drag de las identidades de género, inclusive las heterosexuales. (Marko Monteiro; traducción de Jaime M. Tellería. Documento interno. La Paz. Cistac. 2002).

9 A-sistemática, por la forma en que la negación es utilizada como recurso por las personas cuando se habla del tema; utilizando argumentos de diferente naturaleza sin una coherencia interna ni articulación entre los diferentes discursos ya sean moralistas, culturalistas, religiosos, psicologistas, de impacto, catastróficos (el poder que se le atribuye), etc. Por ejemplo, un joven estudiante de secundaria explicaba en el trabajo de grupos, que la masturbación así como tener relaciones sexuales antes de los 21 años era malo, ya que hacía que crezcan pelos en las manos, dejaba a los jóvenes “chatos” (de baja estatura) y que podía arruinarles la vida por las infecciones de transmisión sexual y el sida. Se trata evidentemente de una argumentación represiva a-sistemática, que mezcla una serie de discursos, cuya intención es la de reprimir de cualquier manera el ejercicio informado de la sexualidad.

10 Por ejemplo, en el caso de los establecimientos educativos, actualmente en Bolivia se atiende con la reforma educativa, la inserción de la transversal de educación sexual. Éstos promueven el abordaje discursivo de la sexualidad que pareciera darles la característica de “medidas liberales”; sin embargo, el análisis de continuidades sobre el discurso y ejercicio de las sexualidades son mas bien de orden represivo; en la medida que enfocan el tema bajo el supuesto que se trata de una población con comportamientos de alto riesgo; por lo tanto comportamientos anómicos que hacen daño a la sociedad y a sí mismos, por lo que es necesario reprimirla (o retrasar el ejercicio de la sexualidad). Entonces vale la pregunta: ¿liberales o conservadores? ¿qué pasó con las represiones sexuales?.

11 Aquí, se incluyen incluso aquellos sentimientos que no producen satisfacción personal: por ejemplo, aún en el caso de la indiferencia, se produce interacción afectiva, porque alguna reacción subjetiva genera el rechazo que es producto de una interacción social.

12 Susana Rance MASQUE V. “Ciudadanía Sexual”.  En Revista: Conciencia Latinoamericana. XIII. N°3. La Paz, septiembre de 2001.

BIBLIOGRAFIA

1. BECK, Ulrich 2000 “La democracia y sus enemigos”. Ed. Paidós. Barcelona.

2. FOUCAULT, Michel 1991 “Historia de la sexualidad: la voluntad de saber” Tomo II. 18° ed. Siglo XXI. México.        [ Links ]

3. MIRES, Fernando 1998 “El malestar en la barbarie”. Ed. Nueva Sociedad. Venezuela.        [ Links ]

4. MASQUE V y CISTAC 2002 “Pensamientos Sexuales”. Revista de experiencias en ciudadanía sexual. Nuestra Señora de La Paz. Enero.        [ Links ]

5. MONTEIRO, Marko 2002 “El post-estructuralismo en los estudios de género”. Trad.Jaime M. Tellería. Documento interno. Cistac. La Paz.        [ Links ]

6. RANCE, Susana2001 “Ciudadanía Sexual”. En: Revista Conciencia Latinoamericana.XIII. N°3. La Paz.WEEKS, Jeffrey 1998 “Sexualidad”. Ed. Paidós México.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons