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Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.09 n.08 Cochabamba  2004

 

ARTICULO

MUNDO COMPARTIDO Nuevas Narrativas de Identidad 

Podemos soportarlo todo si tenemos una historia que contar

Karen Blixen, Jorge Komadina Rimassa

komadina@rocketmail.com

Sociólogo UMSS,

Magister Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales - París

Doctorante en Sociología en la misma escuela.

Docente Sociología - UMSS.


En los últimos años se ha modificado radicalmente la subjetividad de las nuevas generaciones de bolivianos. Las narrativas de identidad de los jóvenes, de acuerdo a la hipótesis propuesta en este trabajo, se organizan en torno a la tensión entre el individuo y las comunidades modernas.

Este trabajo versa sobre los sentidos comunes que los jóvenes construyen sobre sí mismos. En los últimos años, los sentidos de pertenencia entre las nuevas generaciones de bolivianos se han modificado radicalmente, creándose nuevas narrativas de identidad: tal es la hipótesis que organiza estas páginas. La emergencia de nuevas subjetividades, no obstante, no puede ser leída al margen de procesos de transformación social, que han cambiado la textura de la sociedad boliviana: la “des­intitucionalización”, la individualización, la formación de nuevos sentidos de pertenencia, la “salida” de la política y la globalización, son las tramas sociológicas que acompañan los cambios en la subjetividad generacional. La convergencia de esas dinámicas ha situado el problema de la identidad, personal y colectiva, en el centro de la (nueva) cuestión social.

Para organizar este texto ha sido necesario reconstruir diversas narrativas de identidad sobre la base de un conjunto de doce entrevistas; en ellas los jóvenes relatan sus trayectorias personales, cuentan sus experiencias de vida e identifican sus aspiraciones, sueños y valores2. Un dodecaedro de historias, se diría, en cuyas caras irregulares se inscriben distintas versiones de un horizonte común. En cierto modo, esos episodios han sido re-escritos al ser insertados dentro de tramas y figuras de identidad, donde es posible advertir la intersección de los hechos sociales y las trayectorias personales, la encrucijada de acciones reflexivas y de gestos pulsionales.

La importancia de contar historias

En los últimos años, estimulados por los historiadores, los cientistas sociales han reinventado la noción de narrativa. Desprestigiada por su forma discursiva y por su bajo perfil “causal-explicativo”, el concepto de narrativa tuvo que transformarse radicalmente para sobrevivir. Y no sólo sobrevivió. En la actualidad se ha convertido en una categoría sancionada por un amplio abanico de disciplinas y autores3 . En su nuevo contexto, la narrativa aparece dotada no solamente de atributos ontológicos y epistemológicos, en virtud a los cuales se pueden comprender los sentidos del mundo social y del individuo, también es dueña de cualidades performativas: tiene el poder de crear identidades sociales.

Las narrativas son constelaciones de relaciones situadas espacial y temporalmente, constituidas por una intriga o trama causal (Ricoeur: 1985). Esta cualidad relacional permite transformar eventos contingentes en episodios, articulados más o menos cronológicamente. La intriga crea una relación de sentido entre eventos aparentemente desconectados, volviéndolos inteligibles: ella es la sintaxis de la narrativa. La selectividad es otro principio, discriminatorio, que permite al actor apropiarse solo de ciertos hechos, olvidando o minimizando la importancia de otros eventos. Finalmente, la trama supone también la priorización de un eje o campo temático.

Las narrativas son, en suma, historias. Los actores sociales construyen y usan historias para producir sentidos de vida y para actuar en consecuencia. Pero ellas no son meros artificios, encadenamientos de historias creadas ex nihilo, sino que se producen y se despliegan en constante “ajuste” con los contextos sociales. Tampoco las narrativas se agotan en el relato individual puesto que se aplican también a una comunidad. La Nación boliviana se ha constituido a través de las narrativas de la fundación de la República, las guerras de Pacífico y el Chaco, la Revolución del 52, la instalación de la democracia representativa... La idea de la narratividad es complementaria pero también importante: ella alude a las explicaciones y conceptos que utilizan los investigadores para re-construir las narrativas.

Las ciencias sociales han recurrido a la noción de narrativa para interpretar hechos que antes eran aprehendidos según el modelo de un espacio de posiciones, más o menos fijo. La subjetividad del individuo (su estilo de vida, sus preferencias electorales, sus inclinaciones religiosas y estéticas) debía inevitablemente corresponder a una posición o estrato social y económico. Emulando el oficio del historiador, el sociólogo ha recurrido a las biografías y a las trayectorias para aproximarse mejor a la complejidad de lo real. La identidad del individuo no puede ser establecida como una cualidad, sino como una historia. Son trayectorias y crónicas las que verdaderamente interesan: el lazo social es la experimentación, entrecruzada, de historias comunes.

La potencia de la narrativa, sin embargo, sólo adquiere plenitud cuando se asocia al concepto de identidad: identidad-narrativa. Esta articulación conceptual ha permitido superar, por una parte, las visiones substancialistas de la identidad, en la cuales ésta aparece como una cualidad -una esencia- de la cual se desprenden relaciones de diferencia y semejanza entre el individuo y el grupo; aquel, el Yo, se presenta como idéntico a sí mismo, en una variedad de estados. Por otra parte, la identidad narrativa también proporciona una respuesta a quienes, desde Nietzsche hasta los pensadores postmodernos4, han denunciado el carácter ilusorio de la identidad. Ni ilusión, ni esencia: este esquema afirma que la identidad, individual y grupal, no puede separarse de una narración, a través del cual el sujeto se constituye como diferente e irreductible a los demás. La identidad del individuo o la comunidad no se afirma como una continuidad y una unidad incuestionable, sino que está constituida por una historia que admite el cambio y la transformación de una vida.

Poéticas y Socio-lógicas

Las historias y relatos recogidos han sido insertados en distintas narrativas. La ambición del éxito, la búsqueda de una vida auténtica (que han sido consideradas como formas de individualismo), la militancia política, la etnicidad y la religiosidad (formas de escenificar la comunidad) son las narrativas que se han tipificado en este trabajo. Estos “campos narrativos”, si vale el término, contienen diferentes tramas, formas singulares de encadenar acontecimientos. Estas variaciones son tantas como individuos existen; aunque Carla y Esteban comparten una narrativa, la del éxito, sus trayectorias individuales son diferentes. Este esquema puede también ser aprehendido como poéticas del sujeto, idea propuesta por Lacan para referirse a una construcción simbólica que se configura sobre el caos de lo “real” y supone una cierta organización de ese caos, aunque sea precaria. Una figura poética implica un 5principio de estructuración de la subjetividad y el consiguiente rechazo a otras figuras . Asimismo, en cada narrativa es posible construir algunas figuras, una suerte de personajes arquetípicos que son encarnados (played) por los jóvenes entrevistados. Así, ha sido posible recortar las figuras del triunfador, del militante, del creyente, del artista inconformista, y del rebelde.

Sin embargo, en este trabajo, cada narrativa y cada trayectoria está vinculada a ciertos hechos sociales, que se han denominado genéricamente transformaciones sociales6, cuyo análisis permite visualizar mejor la producción de la subjetividad. Las narrativas del éxito y la vida auténtica se hallan relacionadas con los procesos de individuación y des-institucionalización en curso; las tramas políticas a las dinámicas llamadas de “salida de la política”; la adhesión religiosa a la construcción de nuevos sentidos de pertenencia. En suma, como se verá, hay un permanente entrecruzamiento de lo social y lo individual.

Exito e individualismo

Las transformaciones sociales ocurridas en Bolivia en los últimos años han colocado al individuo en el centro mismo del debate y del quehacer sociológico. El individualismo (que debe distinguirse netamente de las doctrinas morales así denominadas) ha sido considerado por el pensamiento social desde sensibilidades muy diferentes, a tal punto que puede sostenerse la dispersión de la noción de individuo. Por un parte, ha sido criticado y denunciado como una suerte de patología de la modernidad que, separando al individuo de la sociedad, ha convertido al hombre en un ser vacío, alienado y narcisista7. Por otra parte, el individuo ha sido asociado a las ideas del progreso, la autonomía y la libertad; es el héroe moderno, desencantado de las supersticiones de todo tipo, medida y obra de sí mismo.

En este texto, antes que prolongar una de esas retóricas, se analiza al individuo frente a las pruebas y desafíos concretos que debe enfrentar: el individuo es sobre todo un problema social. Los jóvenes deben desenvolverse en contextos complejos y deben sortear pruebas muy difíciles: la escuela, el trabajo, la sexualidad. El individuo debe construir su experiencia sin que medie, como en el pasado, una empatía con las grandes instituciones y las grandes narrativas públicas: el tema de la autonomía y la identidad personal adquiere una importancia central. Este proceso ha sido descrito como una “des-institucionalizacion8” o “desafiliación”9. Si, en el pasado, la institución (universidad, familia o iglesia) producía una homogeneidad relativa de valores, articulado a un sistema de normas y roles, esta unidad no es evidente hoy en día. La emergencia de una cultura del individuo supone, por ejemplo, que cualquier persona pueda escoger su religión: no hay ni un monopolio de la iglesia católica ni tampoco una coacción que predetermine ésta elección. La función de “socialización”, en los viejos términos durkheimnianos, propia de las instituciones se ha debilitado grandemente.

Nuestro tiempo se caracteriza por la obsesionada búsqueda de la identidad personal y por el deseo de descubrir un destino personal o de forjar una leyenda frente a la amenaza que involucra la ausencia de sentido y la transmutación de valores, hechos ligados a las profundas transformaciones tecnológicas, políticas, culturales y económicas de la época actual.

A continuación se mostrará como se insertan las historias personales en las narrativas del individualismo:

Esteban tiene 17 años y estudia en un prestigioso colegio particular de Cochabamba. Su padre tiene una empresa constructora y su madre, de nacionalidad argentina, dirige las labores domésticas. La situación económica de sus padres le permite tener una vida holgada, donde no cabe el miedo al futuro. Esteban, el menor de cuatro hermanos, acaba de regresar de Estados Unidos donde vivió 8 meses, participando en un programa de intercambio estudiantil. La grandeza norteamericana lo ha marcado. Piensa estudiar arquitectura, como su padre y como uno de sus hermanos, en la Argentina o en Estados Unidos. Las universidades bolivianas, incluidas las privadas, no están en sus planes. Esteban es miembro de un “eco-club” en su colegio, una organización estudiantil que promueve actividades de defensa medio-ambiental. Actualmente (en el momento que se realizó la entrevista) planifican una campaña de concientización en los colegios para evitar las fogatas en San Juan, con el lema “No quemes tu futuro”. Su club forma parte de una red ecologista nacional e internacional cuyo objetivo principal es la formación de líderes. La contaminación ambiental es, según él, un problema de educación. Esteban no tiene ningún interés en la política; los políticos son para él “parásitos”. Son las instituciones y las empresas las que importan, estos organismos deberían promover el cambio y la modernización en Bolivia. Esteban aspira triunfar, como su padre y sus hermanos. Ganar dinero es importante porque garantiza la independencia y permite disfrutar de la vida sin sobresaltos. El camino es la buena educación (“es la clave del futuro, sobre todo en matemáticas y ramas técnicas”) y la responsabilidad. A Esteban le gustaría vivir y trabajar como arquitecto en Estados Unidos.

Armando, 25 años, es analista de sistemas y experto en serigrafía, profesiones que no ejerce. En realidad trabaja como de gerente de ventas en una industria de alimentos, de propiedad de sus padres. Su tarea consiste en explicar al personal las astucias del buen vendedor. La carrera empresarial de Armando es exitosa, al punto que ha podido montar su propia empresa en el mismo rubro, e incluso ha “incursionado” en las exportaciones. “Dedicación” y “fe en si mismo”, son dos ideas estratégicas en la narrativa de este joven empresario, cuya observancia es la garantía del éxito. Tal vez por eso admira el arte marcial donde deben juntarse, de forma estudiada y perfecta, la habilidad física y mental, cualidades que se personifican en Jacky Chang, un artista del cine experto en Kung Fu, que representa la perfección y energía del samurai moderno, el empresario. Armando es un heredero, no sólo de los negocios de sus padres sino de sus creencias y convicciones más íntimas. Los domingos almuerza con sus padres, realizan parrilladas, se reúnen con los compadres de la hermandad de la virgen de Fátima. Esta cofradía, al cual pertenecen sus padres, es una agrupación donde existe el compañerismo, la devoción a la virgencita y el relacionamiento que tienen uno al otro; son lazos que los estrechan.

Carla tiene 22 años. Su padrastro trabaja con un taxi y su madre tiene una tienda de abarrotes en su barrio, el Temporal. No le interesa hacer una carrera universitaria, “no tengo aptitudes”, dice, pero ella es lo suficientemente inteligente para comprender que 5 años de estudio son demasiado tiempo y que no garantizan un buen empleo. Carla trabaja (de 10 a 12 horas al día) como niñera en una familia de cooperantes flamencos. Aunque sus empleadores le parecen muy exigentes, le pagan bastante bien; es más, le han propuesto trabajar con ellos en Bélgica. “Es una gran oportunidad” dice, aunque confiesa que la idea de vivir en el extranjero le asusta un poco. Los sábados y domingos trabaja como vendedora en un supermercado. Ella quiere vivir sola, independiente. En el futuro piensa asociarse con sus hermanas para “poner” una tienda de ropas. A Carla le gusta vestirse bien, a la moda, tener una figura siempre en forma. Gran parte de su sueldo le sirve para comprarse ropa. Ella misma confecciona algunas cosas. Le gustaría tener éxito en los negocios, diseñar, vender ropa. El esfuerzo y la constancia son los valores, según ella, que producen el éxito en la vida. La política no le interesa en absoluto. Sus hobbies son la ropa y las discotecas. Sale a bailar todos los sábados. Le gusta estar en forma, cuidar su cuerpo, a través de ejercicios especiales: aereobics. Quiere conocer hombres exitosos y “bellos”. Le gusta “todo tipo de música”, sobre todo la bailable “tropical”: salsa, cumbia, merengue Tiene muchos grupos de amigos. Le encanta mirar la televisión. Sus programas favoritos son los videos musicales y las telenovelas. Es católica aunque solamente “a veces” asiste a misa. Ha probado el Internet un par de veces pero no le ha “encontrado todavía el chiste”.

Las historias precedentes, a pesar de sus importantes matices (entre ellos el hecho de que Carla sea una empleada y no una heredera o que Armando tenga una sensibilidad religiosa), permiten construir una narrativa, cuya trama es el éxito y su figura el triunfador. Esta poética se ha convertido hoy en día en un sentido común entre los jóvenes ya que circula en todos los resquicios de la sociedad y la cultura. De alguna manera, esta trama puede resumirse en las siguientes ideas :

El trasfondo de esta narrativa parece estar constituida por una suerte de ontología social a través de la cual se concibe a la sociedad como una competencia permanente e irrecusable entre individuos (a la manera de ciertas visiones del liberalismo filosófico y político). En esa competencia sólo hay winers y loosers. La diferencia entre el éxito y el fracaso reside única y exclusivamente en el individuo y no en las condiciones de adversidad o fortuna que lo rodean. El éxito está asegurado cuando el individuo demuestra una conducta basada en el esfuerzo, la responsabilidad y la iniciativa. Hay muchos escenarios para esta competencia pero uno de ellos tiene una importancia capital, la educación. Aquí hay una carrera reñida para acumular un capital simbólico, por la vía de las titulaciones (Armando tiene tres títulos y Esteban busca un diploma en alguna universidad extranjera, que le proporcionará mayor reconocimiento que el título de una institución universitaria local). A Carla, no obstante, los títulos la dejan indiferente porque intuye que su valor se ha devaluado en los últimos tiempos; su actitud es más pragmática. En este último caso, el ansia de reconocimiento no está asociada a los éxitos educativos, sino al esfuerzo y al trabajo: tener una boutique es tener reconocimiento.

La persona es concebida como dotada de una energía sobrehumana (y una extraordinaria capacidad de cálculo estratégico) para lograr sus fines: todo lo puede si lo quiere. Para ello debe educar su fuerza intelectual y física, buscar la perfección, desarrollar su potencia. La figura del héroe moderno está personificada en la imagen del empresario-samurai. Sin embargo, los cuidados que Carla prodiga a su cuerpo implican un propósito similar: construir la autonomía del Yo. El cuidado del cuerpo, como lo ha sugerido M. Foucault (1984), ¿Implica acaso una forma de resistir a los poderes?, ¿Es una forma de autonomía individual ?

Sea como fuere, cabe preguntarse ¿Por qué están de moda estas figuras?, ¿Por qué resultan tan atrayentes? En los últimos años, los bolivianos han conocido un despliegue sin precedentes del discurso neo-liberal, producido por políticos, empresarios e intelectuales. Esta retórica se ha introducido en todos los resquicios del tejido social, posicionando imágenes persistentes: el mercado, la libertad individual, el esfuerzo. Pero estas imágenes no sólo circulan en el discurso político; en el cine y la televisión, en la publicidad, en los libros de moda, en las empresas, en el Internet, en la universidad, se han impuesto valores y sentidos que giran en torno al éxito y al triunfo, a la autonomía y a la libertad del individuo.

No se trata aquí, sin embargo, de condenar esta figura del individuo, calificándola a priori de narcisista o alienada. Si el individuo logra una distancia crítica respecto a las instituciones y las identidades comunitarias, que prescriben la adecuación a roles sociales, entonces podrá estar en mejores condiciones para construir su subjetividad con autonomía.

La ética y las trampas de la autenticidad

La búsqueda de la autenticidad se presenta como una reacción contra el extremo individualismo de la sociedad moderna, y se basa en el desarrollo de las capacidades personales, en la autorealización. Aunque Clarissa (26 años) pertenece a una “antigua” familia cochabambina de clase media alta, parece no compartir los valores y el estilo de vida de sus padres. De hecho, ella se ha “independizado” de su familia y ha recusado (por el momento) sus habitus sociales y políticos. Ella es egresada de la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica de La Paz pero no trabaja en su profesión; prefiere concentrar todas sus energías y capacidades en el teatro, la “pasión” de su vida. Su sueño es convertirse en una artista profesional, vivir del teatro. El mundo del teatro es parte, según ella, de una vida auténtica, “autónoma” e independiente y, sobre todo, una vida creativa. Pero la vida es dura. Clarissa se ha visto obligada a trabajar en una oficina de abogados para ganar un pequeño salario que apenas le permite alquilar una habitación, alimentarse y pagar algunos cursos de francés. ¿Aspiraciones? Mas bien sueños: vivir en París (con su compañero) haciendo teatro, danza contemporánea o cine. En Bolivia no pasa nada: “Las cosas importantes no pasan en Bolivia...Las posibilidades de hacer algo creativo son muy pocas, el medio es muy mediocre y no hay trabajo”.

La historia de Diego presenta una trama parecida. Diego tiene 22 años, estudia Comunicación en la Universidad Católica y trabaja en el hospital de la Caja Nacional de Salud, pero su verdadero interés es el teatro. Diego asume abiertamente su “condición gay”. En una “sociedad llena de máscaras y mentiras” hay que tener mucho coraje para representarse a sí mismo como homosexual. El considera que su vida no tiene nada que ver con lo que ellos hacen, los homosexuales, proselitismo. “No se debe expresar la diferencia por la diferencia, sino la diferencia por la igualdad, ante la sociedad en todos los aspectos”. ¿Discriminación? Hay en la sociedad, dice, una falta de conocimiento de la vida, falta de respeto a sí mismo y una enorme cantidad de ignorancia. Recibió agresiones verbales pero eso le tiene “sin cuidado”.

La vida auténtica se basa en el respeto de las relaciones verdaderas, amistades, filiaciones, adhesiones, amores, que el mercado no comprar ni vender: cosas puras. Diego en su círculo de amigos se siente completamente aceptado porque siente que su condición de gay es el último detalle que ellos toman en cuenta.

La narrativa de la autenticidad desdeña los estilos de vida considerados “plásticos” y consumistas, el efímero mundo de la modas y los espejismos del éxito. Tan radical puede ser este comportamiento entre los jóvenes que involucra la salida voluntaria (acaso un “escape”) de ciertos espacios sociales como una forma de resistir su influencia. La crítica permanente de la sociedad que produce la vida auténtica puede implicar entonces un extremo individualismo, un rechazo de todo tipo de lazo social y un cuestionamiento radical de las instituciones. Valeria se define como una “feminista solitaria”. Mira con dureza a los grupos feministas: Mujeres Creando, feministas liberales, feministas anarquistas, grupos universitarios, con quienes tuvo una experiencia poco grata. Diego no participa de ninguna comunidad gay. Clarissa prefiere vivir con fuertes privaciones materiales antes que “hipotecar su independencia”; aún más, ella no se siente parte de una “comunidad” artística, “yo creo que el artista es individualista, en el buen sentido del término, debe pertenecerse sólo a sí mismo para poder crear, debe ser autónomo”.

Sin embargo, la búsqueda de la autenticidad y la afirmación de la subjetividad no derivan inevitablemente en el ostracismo del sujeto, sino que puede configurarse como un horizontes de sentido compartido, como una intersubjetividad. Sea como fuere, como se apreciará a continuación, se trata de experiencias altamente personalizadas que se oponen a las experiencias “mercantilizadas”.

Buscando la comunidad

La individualización no tiene jamás un desenlace perfecto: el individuo no ha cesado de insertarse en tramas y espacios colectivos. En tal sentido, el Yo nunca ha dejado de ser un abstracción en tanto no existe sin Nosotros. Hoy en día, y esto es lo novedoso, las identidades colectivas son reivindicadas por el propio individuo. Las diferencias identitarias son construcciones de la subjetividad a partir de múltiples referencias: género, sexualidad, etnicidad, generación, religión. Es decir, las pertenencias del individuo no son resultado de un habitus, sino de una elección libre. Este es el caso de Mario quien pertenece a los Testigos de Jehová por una elección estrictamente individual; ningún otro miembro de su familia forma parte de esa agrupación.

Pablo dice ser parte de la “religión andina”, que nada tiene que ver con el catolicismo, porque para él “la tierra fue creada por la Pachamama”. La religión católica, en nombre de Dios, destruyó a la religión andina (sus ritos, lugares sagrados, sacerdotes), dejando vivos solo yatiris y curanderos. La cultura andina ocupa un lugar importante en la vida de Pablo. El objetivos de su grupo es la “recuperación de la música andina, que es muy bella en su melodía, que te involucra con la naturaleza, a ser parte de ella y a recibir de ella”. En su grupo no hay jerarquías, hay solidaridad y reciprocidad entre los componentes: es una comunidad. Cristian pertenece a un grupo colectivo cuyo nombre es « Colectividad Libertaria », grupo de jóvenes universitarios que trabajan con los colegios “mostrándoles la realidad en que vivimos, ya que los colegiales son subordinados por sus profesores”. El grupo de identifica con la música y las ideas, les gusta la música punk hardcore que es música de barrios pobres y periféricos, una forma de protesta ante la sociedad, ahora muy famosa. Realizan ferias de « fanzines », revistas de expresión juvenil, que son escritas(en base a “la realidad social”) y vendidas por ellos. No le gustaría participar en un grupo donde haya jerarquías.

Sebas, 25 años, pertenece a un grupo hardcorero, remanente del viejo movimiento Thrasher; que eventualmente puede publicar revistas, fanzines y volantes, y que vincula a sus integrantes con otros grupos del país y el exterior. Sebas vive en Quillacollo; la mayoría de sus amigos proviene de familias de bajos ingresos, a menudo residentes en las provincias y en los barrios periurbanos. Los grupos metálicos de “cepa” desdeñan su “resentimiento” y su “anarquismo”. La identidad de los hardcoreros cochabambinos está construida en base a una negociación de referentes étnicos con los imaginarios globalizados de las metrópolis: su pasión por el rock metálico no impide su admiración por la música autóctona no-comercial que “hacen” los Awatinas, Calamarca, Música de Maestros, Benjo Cruz, Luis Rico. Bailan el Tinku norpotosino con elementos del rock funky y el raggae. Los fanzines son en muchos caso escritos en quechua y español. Visten el negro ritual de los rockeros pero nunca falta el accesorio “típico”, generalmente la chuspa.

Los relatos aquí presentados giran en torno a grupos comunitarios que, a diferencia de otras identidades que son meramente defensivas, involucran un proyecto de vida diferente y adoptan valores alternativos a los de la sociedad. De acuerdo a Manuel Castells (1998), el fin de la sociedad industrial y la emergencia de la “sociedad de comunicación” no han producido un vacío de significación de lo colectivo: “nuevas” identidades han sido construidas, formas inéditas de agregación social, que constituyen mecanismos de defensa del individuo ante la omnipresencia de los poderes. Algunas de ellas sólo son formas de resistir a los nuevos fuerzas de la globalización pero otras se proyectan al futuro y llevan in nuce la posibilidad de producir una nueva sociedad civil y un nuevo tipo de Estado.

Es claro que aquí no se usa el término “comunidad” en un sentido escencialista ni tampoco en oposición a la “sociedad”, como en la famosa distinción propuesta por Tonnies. De hecho, existen comunidades de vida en el seno de la sociedad moderna, que generan fuertes sentidos de pertenencia. Entre ellas sobresale la adhesión religiosa.

Si bien existe una actitud de rechazo a la religión por parte de muchos jóvenes, la religiosidad no solamente no ha desaparecido, sino que han emergido nuevas sensibilidades: Sergio no pertenece a ninguna religión pero cree en Dios a su modo y critica a la religión católica porque jugó “papeles asquerosos en la colonización”; Cristian es ateo pero su mamá pertenece a la religión Pentecostal, hecho que le tiene sin cuidado. Los símbolos y las prácticas religiosas no son arcaísmos del pasado: hay un despertar o resurgimiento de la religiosidad, al contrario de lo que pensaban los clásicos de la sociología. La religión produce adhesiones y genera convicciones cuando la modernidad (y sus discursos) ya no pueden hacerlo. Esto es lo que Giddens (:262) ha llamado “el retorno de lo reprimido” ya que los nuevos templos tocan cuestiones relativas al sentido moral de la existencia, que las instituciones modernas han eliminado.

Adriana tiene 22 años y estudia Comunicación en San Simón, pero “no para los medios”. Como toda su familia, ella pertenece a la religión Bahai, una “nueva religión que tiene más de cien años”. La comunidad Bahai en Cochabamba consta de unas quinientas personas; los más jóvenes desarrollan sus actividades en torno a un taller de arte: a través de la danza contemporánea tratan de expresar con el cuerpo sus ideas . Los jóvenes recrean los principios morales de la comunidad: no beber, mantener la igualdad tanto hombres como mujeres, apreciar la cultura boliviana, aprender a vivir con la religión y con la ciencia. Adriana enfatiza que no tienen un líder, cada uno es libre de expresarse sin temor alguno.

Los grupos comunitarios tienen además dos rasgos importantes. Por una parte son comunidades emocionales que dan respuesta a los problemas existenciales de los jóvenes.

Mario, por ejemplo, se convirtió Testigo de Jehová porque tenía ansiedades, problemas, decepciones “necesitaba estar cerca de Dios para poder afrontar los retos que tenía en mi vida”. Por otra parte, el lugar del rito es primordial porque permite hacer visible la comunidad. Esta escenificación produce en el individuo seguridad y certidumbre: la comunidad lo protege. Para Sebas son importantes las “reuniones”, espacios asociativos del grupo, siempre organizados en torno al rock metálico de tipo hardcore, que generalmente se realizan en chicherías donde el consumo de la bebida típica es siempre generoso. Pablo pertenece a un grupo que toca música andina llamado “Cica Ayllu” (Hermanos de los Andes), que interpretan ritmos andinos como la tarqueada en challas comunitarias, en los solsticios y cada primer viernes, generalmente en una chichería llamada “Negro Pedro”.

Si el proceso de individualización, en tanto dinámica de “des-afiliación” o “des-institucionalización” es un dinámica importante del actual momento, no es menor el peso de la construcción de nuevas identidades colectivas. Aunque a primera vista estos procesos aparecen como contradictorios, la individualización de la sociedad, como se verá posteriormente, es una condición de los nuevos re-agrupamientos. Los nuevos colectivos tampoco implican la subordinación total del individuo ya que sus márgenes de acción son bastante considerables. Individualismo e identidad colectiva parecen ser dos movimientos paradójicos de la modernidad.

La “política” no es “la” política

Para Diego la política es un verdadero misterio: “No se sabe muy bien que es lo que pasa. Y pasa algo pero no se sabe qué. No sabemos bien para que has votado muchas veces, no sabes ni siquiera por quién has votado y cuando sabes por quien has votado, no sabes lo que hacen, y cómo se maneja”. Las prácticas políticas en la Universidad (UMSS) son un arte de lo ilusorio “no existe nada tangible de las universidades, cuando los vas a elegir [a los dirigentes] sacan una lista de cosas que van hacer; pero nunca sabes muy bien cuales eran, si las cumplen o no”. Adriana reconoce que “somos políticos en cualquier momento de tu vida” pero el “político partidista es otra cosa: o estas buscando un beneficio para tu grupo específico, o estas buscando tu beneficio particular y vas ... a tratar de llegar a ese beneficio, sea buenos los caminos o sean malos, por eso no me gusta ese tipo de política”.

Clarissa es más breve pero más contundente: “La política es una mierda. Yo creo que todos los políticos son demagógos y ladrones, deberían estar en la cárcel”. Pablo es igual de rotundo al referirse a la política universitaria: “Todo es pillaje entre autoridades [...], todo ocurre por compadrerío”. Los líderes pueden tener excelentes ideales, pero “a medida que pasa el tiempo, los mismos dirigentes se van corrompiendo y maleando, ya no hay buenos dirigentes dentro la Universidad”.

La corrupción y el ansia de poder se dan en diversas instituciones, según opinión de Valeria, la política “no es política”, es “politiquería ... hay mucha corrupción y muchas ansias de poder, más que de plata”. “ No creo en ningún partido político, no creo en ningún frente, no creo en personas que tengan el poder. Englobando, no creo en personas que tengan el poder de las masas, en las vanguardias, no creo”. El escepticismo con el cual Cristian juzga a los políticos, un non-credo, es el espejo inverso de la adhesión política de los setenta y ochenta, basada, más que en una estrategia o un cálculo, en un credo utópico.

Aunque Esteban y Carla provienen de estratos sociales muy diferentes tienen una percepción común sobre la política, que puede sintetizarse en una palabra: indiferencia. Carla vacila cuando habla del tema como queriendo rescatar de su memoria un recuerdo muy lejano; siente una tibia y confusa afinidad por el “Bombón” pero no puede explicar claramente su adhesión a ese líder. “no conozco bien”, “no sé”, “no me meto”, son sus lacónicas respuestas, que contrastan con la fluidez de sus opiniones cuando se trata de otros temas. Esteban está mejor informado que Carla de los avatares de la política boliviana pero tampoco se siente directamente interpelado. Es “gonista” por una suerte de habitus político, tal vez porque sus padres lo son. En ambos casos la política no constituye un horizonte que organiza su experiencia de vida: ni Esteban ni Carla consideran importante y útil participar como militantes en alguna organización política. Otro registro: aunque Sebas se declara antimperialista, indigenista y radical, aclara que nunca militó en un partido político ni tampoco votó en elección alguna.

En el caso de Esteban y de Armando es más plausible aceptar la afirmación de que la negación de la política es una pieza maestra del orden neoliberal, porque se considera implícitamente que el mercado es el mejor ordenador de la política y que el bienestar social es resultante de los éxitos individuales. Armando afirma que la parte negativa de la vida es la política, no existe el cambio del bien “mientras exista la política esto ocasiona la desestructuración de las instituciones como el colegio y la universidad por medio de la corrupción”. La existencia de políticos y administradores corruptos, y las deficiencias del sistema político, crean un problema, ellos mismos son una amenaza. La política debe existir como un mal necesario: reducida al mínimo. Esta deriva supone una mistificación de lo privado, separada de la política y de la economía.

No obstante, la negación de la política no tiene el mismo sentido para otros, como Sergio, por ejemplo. Aunque ellos admiten que la actual vida política es corrupta y estéril, porque está monopolizada por grupos políticos pequeños que usurpan el dominio de la política, se admite también implícitamente que en otras condiciones la política podría cumplir otro tipo de funciones, sobre todo si alcanza una dimensión utópica.

Para Cristian ha desaparecido la representación política, respecto de lo que denomina la “masa”: “No creo en ningún partido político, no creo en ningún frente, no creo en personas que tengan el poder, englobando, no creo en personas que tengan el poder de las masas, en las vanguardias, no creo”.

Las figuras de rechazo, indiferencia, ironía podrían multiplicarse ad infinitum. No es casual que entre los personajes admirados por los jóvenes no existan políticos, sino músicos, presentadores de televisión, periodistas, líderes religiosos, deportistas, artistas de cine y escritores.

En las historias reconstruidas, la política ocupa un lugar liminar e incluso, en algunos relatos, ella está, simplemente, ausente. En las décadas de los setenta y ochenta, la producción de identidades en base a referentes políticos era muy importante entre los jóvenes, particularmente entre los universitarios. La década de los noventa ha conformado otro teatro: a pesar que no ha desaparecido del todo, la política ha dejado de ser una referencia central y ha sido reemplazada, como fuente de identidad, por otro tipo de prácticas y de símbolos (culturales, religiosos, étnicos, nacionales, etc). Este proceso no puede ser resumido como un rechazo y una decepción por la performance mediocre y corrupta de los políticos bolivianos (aún si existe una percepción generalizada sobre la mediocridad y la corrupción), ni al desencanto que sobrevino al naufragio de la izquierda radical. Para una explicación mas completa es necesario recurrir a otros argumentos. El hecho es más complejo y forma parte de una dinámica que ha sido leído como una “salida de la política”, que dista de ser exclusiva del escenario boliviano. Esta idea (cuya homología es la salida de la religión que produce, según Weber, el desencantamiento del mundo) no significa en absoluto el abandono de la política sino una progresivo debilitamiento de su función productora de símbolos colectivos y provoca rupturas con las pertenencias colectivas tradicionales (Gauchet 1998).

La sociedad civil ha sufrido una especie de descontextualización radical: ella debe aprehenderse fuera de lo político de la misma manera que el individuo se afirma de una manera autónoma vis á vis del Estado. La crisis de lo político ha hecho emerger la sociedad civil en toda su diversidad. El individuo se define como sujeto fuera de la política, construyendo su identidad en relación a diferentes referente, sobre todo de tipo cultural. Es por ello que el mercado -no el Estado- es asumido como modelo del conjunto social.

Las nuevas percepciones sobre la política son visibles entre las nuevas generaciones de bolivianos. El imaginario de las revoluciones, anclada profundamente en el pensamiento de las generaciones contestatarias de los sesenta y setenta, parece haberse desvanecido. Se han levantado nuevas construcciones del Yo que combinan varios registros: el “cuidado de sí”, una mayor capacidad de reflexividad, una mayor sensibilidad hacia el consumo y el mercado, una adscripción a las representaciones de la “civilización mundial” No es que la política haya desaparecido de su horizonte, sino que ella no estructura ya el imaginario juvenil.

Este escenario involucra una nueva definición de lo social que reposa más en sí misma. La “salida” de lo político rebasa el mero descrédito del sistema político y la simple desconfianza en las instituciones, producida por la corrupción, la manipulación partidaria y el clientelismo. La política no puede ya representar a la sociedad como una totalidad estructurada a causa de las fracturas del Estado-nación, ciertamente, pero también como consecuencia del trabajo de representación de los actores sobre sí mismos, que ha producido nuevas formas de agregación.

Es evidente que la política no ha desaparecido pero al debilitarse su función instituyente ha dejado de ser el lazo estructurador del tejido social. El poder estatal no aparece como un fin en sí mismo. Las nuevas identidades no son políticas a la manera tradicional. El conflicto social, en consecuencia, adquiere otras connotaciones: se torna desestructurado, sin adversarios netamente perfilados. Los espacios personales de los jóvenes son construidos a distancia de la política y en algunos casos, en contra de ella.

Sin embargo, las política militante no ha desaparecido completamente del horizonte juvenil. Este es el caso de Sergio (22 años), estudiante de Agronomía en la UMSS y por las noches regente en un colegio. Muy orgulloso, afirma pertenecer al Partido Comunista de Bolivia, al cual se afilió por influencia de su padre, un viejo comunista, a quien admira porque no claudica. “No es odio lo que nos mueve, sino pasión de justicia”, dice Sergio sobre las motivaciones de su identidad política; sin embargo, a pesar de su posición radical, no participa en actividades políticas ni en la universidad (“He participado varias veces pero ahora estoy seguro de que me he equivocado”) ni en el trabajo. Le gusta manejar bicicleta, leer filosofía y drama, jugar fútbol; escuchar la música de Silvio Rodriguez, Victor Jara y tal vez un poco de rock. Su personaje favorito es el Che, al cual admira por su fe y valentía. Utiliza el Internet para bajar música y leer el periódico cubano Grandma. No le gustaría vivir el Estados Unidos por que se “cree el dueño y la policía del mundo”, le consuela saber que éste gigante se está cayendo con su sociedad consumista y sumida en drogas. Lo único que le llama la atención es conocer la geografía de los Pieles Rojas.

En esta narrativa se perfila netamente la figura del militante, que actualmente vive su momento crepuscular. De acuerdo a Portocarrero (2000), la figura y la narrativa del militante fue muy influyente en el Perú en la década de los setenta, aunque, ciertamente, no fue generalizada. Lo propio sucedió en Bolivia en los mismos años, sobre todo entre los estudiantes universitarios: la militancia política, en los partidos de izquierda, estaba rodeada de un aura de prestigio. Esta narrativa se sustenta en una concepción heroica de la vida: “El valor, la abnegación y la solidaridad son sus virtudes supremas. Sólo la causa es importante: es el único fin en sí mismo. Todo lo demás es simplemente medio, y se justifica sólo en tanto contribuye al éxito de la causa. La vida misma es imaginada como instrumento, como estructurada por una ʻmisiónʼ que la debe agotar pues fuera de ella sólo existe el absurdo y la culpa” (: 4). No es impertinente pues hacer analogías con las figuras del monje y el mártir.

¿Por qué ha declinado esta figura? Aunque la explicación no puede prescindir de factores políticos (la instalación de la democracia y el sistema de partidos, la marginalidad de los partidos de izquierda como consecuencia de las transformaciones ideológicas y políticas mundiales, la desaparición del clivaje derecha-izquierda como fuente de identidad política), la declinación de la vida militante entre los jóvenes tiene que ver con sus propios limites: el militante tiene un sistema de valores reducido, aunque pueden ser muy respetables, y sus experiencias no abarcan una gama amplia. Mientras que la subjetividad de los jóvenes de hoy se construye desde una pluralidad de pertenencias, el militante sólo admite un registro, es “unidimensional”.

Las incertidumbres de la educación superior

La idea de la des-intitucionalización puede ser aprehendida mejor en relación a las transformaciones que conoció la universidad pública boliviana en los últimos años. A lo largo del proceso histórico de la reforma universitaria, y salvo en situaciones excepcionales (por ejemplo, la intervención de la dictadura de Banzer a las universidades autónomas), se produjo una articulación discursiva entre la institución y el movimiento universitario1. La institución recreó permanentemente un discurso que tuvo la capacidad de instituir y movilizar al movimiento universitario estudiantil; los tópicos mas importantes de ese corpus discursivos eran la autonomía, el co-gobierno y el “compromiso con el pueblo”, que se conectaban, por abducción, con los discursos sociales que provenían de la sociedad civil, particularmente de la Central Obrera Boliviana, organización a la cual se adhería el movimiento estudiantil, y de los partidos políticos de izquierda.

Hoy se puede hablar más bien de una separación entre la institución y los actores, una de cuyas consecuencias es la fragmentación del movimiento universitario. El discurso de la reforma universitaria ha perdido la importancia -la centralidad- de antaño. En el pasado el estudiante universitario organizó su experiencia en base a representaciones y prácticas de naturaleza política; hoy, sin embargo, construye su identidad en base a múltiples referentes: culturales, religiosos, étnicos, de género y sexualidad, entre otros. Se puede apreciar, entonces, una dinámica de individualización entre los estudiantes universitarios, que miran con escepticismo a los grupos y a los colectivos políticos universitarios. Los estudiantes tienen la capacidad de manejar varios códigos de identidad simultáneamente, el hecho de ser universitario no impide su adhesión a una causa religiosa ni a grupos de rock “pesado”. El movimiento universitario boliviano, instituido por un discurso político radicalizado, se ha fragmentado y ha dado origen a muchos “movimientos universitarios” (“movidas”, según algunos): Valeria ha pertenecido a varios grupos feministas, Sebas forma parte de un grupo Trasher, Clarissa construye su identidad en torno al arte, Cristian se define como libertario, Mario y Adriana se han adherido a grupos religiosos no-católicos, Pablo pertenece a un grupo indigenista, Esteban a un grupo ecologista.

La educación, y particularmente la educación universitaria, ocupa un lugar estratégico en las narrativas analizadas. Se ha establecido que las universidades constituyen no sólo espacios donde los jóvenes despliegan, mas o menos conscientemente, estrategias de movilidad social -que gira en torno a la acumulación de capital simbólico-y realización personal, sino también son escenarios de socialización y de tránsito hacia la edad adulta. En el primer caso, Adriana destaca que sus “padres no tuvieron la educación, mi mamá apenas sabe escribir, no sabe leer, mi papá es la persona que tuvo un poco de instrucción pero yo respeto mucho a mis padres, lo que ellos hacen, pero no quisiera quedarme estancada en eso, o sea, yo quiero tener una profesión”. Sergio está convencido que la carrera universitaria es importante para ocupar cargos destacados en la sociedad. A Valeria le gustaría ser docente universitaria como su madre. Pablo busca el título académico para “superarse”. En el caso de Armando y Esteban hay un cálculo reflexivo: la universidad sirve para incrementar un capital simbólico - títulos “fuertes” en carreras técnicas de preferencia en el exterior- que se traducirá en el futuro en ingresos económicos y en reconocimiento social.

Sin embargo, casi todos los jóvenes entrevistados han manifestado su decepción y su escepticismo respecto a la formación universitaria que reciben. Esta actitud está alimentada cotidianamente de juicios duros y críticos respecto a la capacidad de los docentes, a la politiquería y corrupción que cunden en la “U”, a los roles negativos que cumplen los partidos políticos y a las deficiencias pedagógicas e infraestructurales. En suma, la visión que los jóvenes tienen de la universidad es muy sombría. A pesar de ello, salvo en uno o dos casos, como en la entrevista de Clarissa, no se sienten atraídos por la idea de desertar o abandonar la universidad: se proponen por el contrario suplir las deficiencias en su formación a través del esfuerzo personal. Los jóvenes concuerdan en que la educación que brinda la universidad no es suficiente ni corresponde con sus aspiraciones; también consideran que se debe ampliar más el conocimiento mediante la investigación personal, ya que la enseñanza es muy vaga e imprecisa. Pablo opina que en la universidad existe una “deficiencia muy grande, todo es teoría, existe poca práctica, hay teorías que no se adecuan a una determinada realidad ajenos al estudiante no da todo lo que necesariamente debería darte pero si te da las pautas y esto se debe a la mala formación de los docentes”. Para Valeria “la universidad es muy cuadrada. Por ejemplo uno dice, ʻentro a la universidadʼ y ya espera el saber máximo, pero es mentira te enseñan unas verdades que ni los docentes saben y que no dan lugar a cuestionamientos, te dicen hay una forma de hacer las cosas, y si no te gusta esa forma, entonces tienes que hacerlo fuera de la universidad”; a ella le gustaría tener una universidad más abierta, con menos esquemas, donde “se pueda inventar”.

Sergio piensa que actualmente la situación académica en la UMSS es “muy baja”, según él por los malos docentes que sólo les interesa ”cobrar su sueldo y mantener la pega”. Otra causa es el poco dinero que le concede el “mal gobierno”, razón por la cual Bolivia está muy atrasada en la educación básica y superior en relacion a otros países. Clarissa no tiene intenciones de terminar su tesis porque, según ella, eso no le garantiza un empleo; cree que se equivocó en elegir esa carrera ya que en su momento parecía tener futuro pero terminó abandonando la universidad. A Diego tampoco le satisface su carrera porque no hay mucho campo laboral; su aspiración es ser actor de teatro y estudiar artes escénicas en España “Yo en mi campo profesional no tengo mucha aspiración, propóngome trabajar digamos unos años en comunicación porque después me voy a España a estudiar teatro”. Sergio piensa que en la “U” está gobernada por camarillas partidarias. Sebas no parece muy convencido de su elección profesional, influido por sus padres, y declara su escepticismo respecto a la educación superior, sobre todo por la calidad “mediocre” de los docentes y la obsolescencia y rigidez de los planes de estudio. Cristian, estudiante de sociología de 22 años, no cree en ningún partido político, afirma que las ideas partidarias están acabando con la universidad, que antes era revolucionaria.

Las biografías muestran que las experiencias de los jóvenes en la universidad están hechas de múltiples frustraciones, deserciones, conflictos, vacilaciones. La universidad, en algunas entrevistas, aparece como una suerte de nueva etapa en la vida de la persona, como un rito de iniciación hacia la edad adulta; la experiencia universitaria se construye en base a una lógica de adaptación y sobrevivencia y no como la libre elección de una vocación o como un estrategia calculada racionalmente.

Distinciones e imaginarios

Los estilos de vida son una suerte de materialización de las trayectorias del Yo: prácticas rutinarias, hábitos en el comer y el vestir, espacios de socializaciónón, que tienen un cierto parón. En las grandes ciudades y en el contexto de la globalización, ellos suponen una elección entre una pluralidad de opciones (Giddens 1991:106). Por supuesto, estas rutinas están estrechamente relacionados con consumos culturales diferenciados. Los estilos de vida distinguen, dibujan líneas simbólicas e imaginarias entre grupos de jóvenes.

Hay una interesante conexión entre la búsqueda de autenticidad y el consumo cultural personalizado. Valeria, Clarissa y Diego quieren distinguirse, hacer cosas que no sean comunes. A Valeria le gusta la música tranquila, el Jazz, la música experimental “prefiero descubrir otra música, y no así escuchar lo que todo el mundo escucha”. Lo que le gusta de la vida es bailar, leer cosas interesantes y “raras”, salir a conocer gente, hablar y víajar, ver cosas interesantes en la televisión como programas documentales. Clarissa tiene afición muy fuerte por el teatro “Es mucho más que un hobby, una pasión tal vez”. Clarissa también es aficionada al Jazz: Keith Jarret, Miles Davies, Charlie Parker. La música folklórica le parece un poco pesada. No obstante le gusta la fusión en las versiones de Altiplano y Wara. Lée mucho, “varias horas al día”. Autores de teatro, por supuesto (Beckett, Brecht, Stanislasky) pero también novelas: Julio Cortazar, Italo Calvino, Margaritte Yourcenar y Perez Reverte. “Ya he estado en París y en Barcelona de vacaciones y me ha encantado la vida cultural, los museos, el mundo del teatro, el cine...todo”. Los hobbies favoritos de Diego son el teatro, dormir y ver televisión.La música favorita de Diego es Leven Blues, música electrónica, también le gusta el Hip Hop, algunas románticas tal vez, pero no “en exceso”; su grupo favorito es Iliakuliaqui ­ porque le gusta el Funk- y Yhamiro Kuay. De la televisión, “sólo en cable”, le interesa un programa que corresponde a su sensibilidad personal, William Gray. También le gustan algunos programas cómicos de Fox. Diego se reúne con sus amigos, generalmente en los alrededores de la “España” o en un boliche homosexual. Clarissa, Valeria y Diego frecuentan mucho los cafés de la España, en Cochabamba, que son sus lugares de reunión con sus amistades, sobre todo los fines de semana.

En las narrativas de los jóvenes que se han adherido a grupos religiosos los artefactos culturales parecen tener una importancia secundaria en la construcción de fronteras simbólicas. La adscripción religiosa funciona como referente central. El pasatiempo favorito de Marco es leer las revistas Atalaya y Despertad de los Testigos de Jehová. Le gusta mucho jugar fútbol, participa en un equipo en campeonatos a nivel interprovincial. También le gusta mirar las telenovelas del canal 9, por ejemplo el programa Milagros. Marco, al igual que Mario, otro joven que pertenece a la misma congregación religiosa, se siente identificado con personajes del medio artístico, muy populares en los programas de televisión y el cine. Lo que está de moda le gusta mucho: “Cristina Aguilera, es muy formada inteligente y además capacitada para enmarcar una carrera artística que es muy competitiva, como es ser artista, y una de las cantantes que se acoge a la perspectiva a la exigencia de la juventud, que exigen temas románticos, bailables, una de las pocas artistas que se esta dando a conocer en el medio artístico en el ámbito de la música internacional, mas propiamente latino anglosajón”. El hobby favorito de Adriana -recordemos que ella pertenece a la comunidad Bahai - es bailar música folklórica en un grupo llamado Taller sin Fronteras, pero también le gusta bailar música disco y clásica; ama el ballet. Tiene un gusto variado de géneros musicales, exceptuando al rock pesado. Entre sus programas favoritos de la televisión están los programas cómicos como Paso a Paso, El Príncipe del Rap, y algunos noticiosos como P.A.T. “son ecuánimes me encantan por la forma de mostrar la realidad”. Entre sus favoritos están Mirian Hernández, Luis Miguel, Amaru, y los Kʼarjkas.

Sergio tiene un estilo de vida muy especial: le gusta la música de Silvio Rodríguez y de Víctor Jara, “por la rebeldía que muestran en su letra”, y también el rock “porque es violencia”. Le apasionan también las lecturas y discusiones filosóficas. A Cristian le gusta escuchar música y escribir. No tiene un programa favorito pero le agrada ver Los Simpsons.

La historia de Pablo gira en torno a un proyecto de vida comunitario cuyo centro es el rescate de los valores culturales indígenas a través de la difusión y rescate de la música autóctona. Pablo participa en un grupo de música autóctona andina, boliviana, ecuatoriana y peruana, pero también le gusta un poco de rock del tipo Pink Floyd. Tiene predilección por Kollasuyo Ñan, Kollamarka, Kala Marka, Y Awatinas. Wara merece un comentario especial: “tiene una forma de tocar la música que es fusión entre rock exterior y música boliviana y esta tratando de nexar estos dos géneros y lo expresa de una forma contestataria a los problemas que pasan hoy en día nuestro país, por ejemplo, qué la coca no es cocaína”. Kalamarka es otro grupo especial porque “rescata mucho la cultura de etnias olvidadas como los Tobas”. ¿La televisión? No le interesa: no tiene programas ni personajes favoritos. No se trata de un rechazo fundamentalista a los valores occidenteles, sino de una permanente negociación de sentidos expresada en las tensiones e hibridaciones entre los sentidos e imágenes producidos por la industria cultural y los sentidos e imágenes de la tradición.

Esteban se define como un “adicto” de la televisión por cable. Le gustan MTV, el Discovery Channel, The Tom Green Show y, sobre todo, los canales que cubren los deportes, particularmente las carreras de autos y motos. Armando tiene preferencias distintas, le gusta la música latina antes que la anglosajona: cultiva su admiración por el merengue y la salsa (aunque no tiene un grupo preferido); Ricky Martín y Luis Miguel son sus cantantes románticos preferidos.

¿Te gustaria vivir? en Estados Unidos La pregunta provoca, estimula y traza fronteras. Las respuestas, sean de rechazo o de aceptación, son siempre enfáticas. Valeria no siente ninguna afición por el estilo de vida que se lleva en los Estados Unidos “es una sociedad tan vacía, tan plástica, todo es lo más moderno, la gente solo piensa en hacer plata, no es mi estilo de vida. En todo caso yo viviría viajando pero no allá”. A Diego tampoco le gustaría vivir en los Estados Unidos porque: “la gente es muy neurótica, algún día me gustaría vivir algún tiempo tal vez, pero así pasar mi vida, irme a vivir para siempre no, preferiría vivir en Europa. La gente es muy agresiva el país mismo es muy agresivo, en sí yo preferiría vivir en Europa, porque la gente es más culta, el arte es mucho más, se lo considera de mejor manera. Mi meta no es vivir en los Estados Unidos, jamás, eso que quede claro”. Clarissa ha estado ya en Miami pero preferiría vivir en Europa (conoce Barcelona y París) porque la gente es mas “culta”. A Sergio no le gustaría vivir nunca en Estados Unidos, lo único que le gusta de ese país es la “geografía de los pieles rojas”, por lo demás tiene una opinión muy dura sobre la sociedad norteamericana. A Adriana no le gustaría vivir en EEUU porque prefiere su cultura convivir con su gente, sobre todo ayudar a la gente que más necesitada.

Con Carla sucede lo contrario: le “encantaría” vivir en los Estados Unidos no sólo por las posibilidades de trabajar y ahorrar también “por la gente, por las comodidades”. Esteban tiene la firme intención de estudiar en alguna universidad norteamericana, habla inglés corrientemente, vivió siete meses en Norteamérica, mira programas de televisión producidos en Estados Unidos, su ropa ha sido confeccionada en Miami. Federico de la misma manera “Me encantaría vivir, digamos, en los Estados Unidos, por el factor económico, quisiera ir allá a reunir dinero, también por el modo de vida que puedan tener allá, no me imagino porque no lo conozco pero quisiera comprobarlo”. Mario radica actualmente en los Estados Unidos, tuvo que emigrar por cuestiones de trabajo ya que en el país es muy difícil poder conseguir trabajo. Aspira poder ejercer su profesión y ser reconocido por la comunidad latina de ese país, de esa manera ayudar a sus semejantes. Le gustaría formar parte de un grupo de ayuda social el inmigrante. Tiene deseos de superación en la vida. Le gusta salir de paseo, visitar los shoppings, ir al cine, jugar fútbol; mira los Simpson ya que muestra la realidad de los EEUU. A Pedro si, le gustaría vivir en Estados Unidos porque “ la misma forma de vida que tienen allá me parece muy buena”.

La identificación de los jóvenes con personajes “reales” o ficticios aporta elementos interesantes al análisis de sus universos simbólicos e imaginarios. Esteban, un triunfador de cepa, admira a Michael Schumacher, campeón mundial de Formula 1. Una correspondencia inquietante. Lo propio sucede con Armando cuyo personaje favorito es Jacky Chang, un actor que interpreta films de artes marciales. Los personajes favoritos de Diego son actores “serios”: Tom Hanks y Anthony Hopkins. El cine y la televisión generan sistemas poderosos de identificación e, implícitamente, proyectan el futuro de los jóvenes. Adriana respeta a Carlos de Mesa y Marco a Cristina Aguilera. Otros entrevistados prefieren personajes “reales”: Sergio admira el valor y la fe de Ernesto Che Guevara y Valeria admira a las mujeres mineras porque: “con una huelga han sacado a Banzer, es el coraje, y por muchas cosas que yo admiro ..”. .

Con la excepción de Carla, el Internet es para los jóvenes una piedra de toque común, aunque sus significaciones se distribuyen en un amplio abanico. Críticos mordaces de la “globalización” como Sergio y Pablo (quienes, desde registros diferentes, cuestionan la “inautenticidad” del mundo capitalista) navegan por la Red con propósitos distintos: Pablo tiene una página Web, a través del cual no sólo pretende difundir la música autóctona andina, sino también la cultura, con sus ritos y costumbres; a pesar de tener una adhesión “local” se sirve de medios globalizados para poder rescatar valores locales, y este hecho no genera ningún trauma. Sergio, por su parte, usa el Internet para leer el Grandma, el periódico oficial del gobierno cubano. Clarissa es una internauta muy selectiva: le interesan las bibliotecas virtuales, los sitios de arte como Panoplie, leer periódicos como El País y Le Monde y, por supuesto, bajar música de Napster. A Esteban también le fascina el Napster; se ha comprado un “quemador de Cds” para grabar todo tipo de música: hip–hop, punk, punky, rock, funky, hardcore, fusión, salsa, clásica. También usa la Red para juegos y para no aburrirse. Diego sólo lo usa para escribirle a su pareja y bajar información referente a su carrera. Adriana busca información científica, que le permita orientar mejor su carrera y también utiliza el Internet para comunicarse con personas que tienen las mismas perpectivas.

El Internet es ciertamente un poderoso soporte de la sociedad global pero los flujos de información que en él circulan no tienden exclusivamente a la formación de un estilo de vida “globalizado”: producen asimismo “comunidades” ( Cuán necesaria es la reinvención sociológica de este término! ) virtuales de todo tipo, diferencias, en suma.

La globalización es un “hecho social” -un conjunto complejo de hechos, en realidad- que sólo puede ser aprehendido por las representaciones que produce. Un amplio abanico de imaginarios se despliega en torno a la globalización, que sin embargo puede oscilar entre dos polos: la homogeneización y la diferencia. Aunque a primera vista se advierte un conflicto entre representaciones opuestas, estos polos no representan mundos herméticos: las imágenes se filtran desde uno hacia otro imaginario. El imaginario de la homogeneización se presenta como la negación de toda diferencia y como un proceso -inevitable y necesario- de paulatina destrucción de fronteras: territoriales, económicas, culturales y políticas. Este registro niega el hecho nacional (y su rol político comunitario) y lo sustituye por una “ciudadanía planetaria”. La oposición simétrica es la representación diferencialista: el discurso de la alteridad y la tradición que exhalta la diferencia religiosa, étnica, lingüística y nacional. La acelerada expansión de los medios masivos de comunicación no ha conducido inexorablemente a la conformación de una sociedad mundial con patrones culturales standarizados. Todo lo contrario: la emergencia de identidades étnicas, regionales, de género y sexualidad, religiosas, en todos los rincones del mundo, es una de las consecuencias del trabajo de homogenización, ...como si los hombres quisieran ser más y más diferentes cuando más iguales son.

Epílogo: Nuevos conflictos en el horizonte

El problema de la identidad, individual y colectiva (estrechamente relacionadas entre sí), se ha convertido en un nuevo escenario de conflictos sociales y políticos. No son pocos los cientistas sociales que otorgan un lugar central a estos conflictos, desplazando en importancia a las luchas entre el capital y el trabajo. Sea como fuere, la des­intitucionalización y la salida de la política no han conducido a los jóvenes a encerrarse, herméticamente, en su mundo privado, refugio defensivo contra las “ilusiones” de lo político. Estas transformaciones han desembocado en una reformulación de la cuestión social y en una renovación del lenguaje político. Esto no quiere decir, sin embargo, que la “vieja” política haya desaparecido, sino que a ella se han sobrepuesto nuevas luchas y tensiones políticas (nuevos programas y acciones) cuyo centro de gravedad es lo que los sociólogos han llamado politics of identiy. La política reinventa la política.

Este “nuevo lenguaje político” tiene que ver, por una parte, con la construcción de nuevas identidades (religiosas, étnicas, sexuales, de género, regionales, “comunitarias”, etc), que plantea implícitamente un problema de naturaleza política: las demandas de reconocimiento público de las diferencias culturales. Esto significa que las comunidades de vida no se desarrollan simplemente en los espacios privados. El Estado, por contrapartida, se ve obligado a reconocer y sancionar esas diferencias para refundar su propia legitimidad. Por otra parte, el mundo del individuo -su estilo de vida, su moral- se ha convertido en un problemas político en la medida que involucra un choque de intereses entre formas de vida y cultura, cuya existencia plural sólo la política puede instituir.

NOTAS

1 Título de un libro de ensayos del escritor cochabambino Jorge Zavala S.

2 Algunas de las entrevistas aquí presentadas han sido recopiladas por el Taller de Investigación Colectiva, área de cultura (2000-2001), de la Carrera de Sociología de la UMSS, compuesta por Ecarlett Salinas, Gloria Soliz, Teresa Oporto y Raymundo Soto, y dirigido por J. Komadina.

3 Entre ellos no se puede dejar de mencionar a Ricoeur (1985), Dworkin (1982), Geertz (1983), MacYntyre, (1981) y Taylor (1989).

4 Nietzsche opone la idea de los “seres periodicos” a idea de un “yo” auténtico e irremplazable: “Nous n'avons pas le droit de ne souhaiter qu'un seul état, nous devons désirer devenir des étres periodiques comme l'existence” (1948: IV, § 20).

5 Estas similitudes me han sido sugeridas por Portocarrero (2000: 14).

6 Estas tansformaciones no pueden resumirse en los cambios políticos institucionales de la democracia representativa, tal como lo proclama la ciencia política de inspiracion anglosajona.

7 Según Sennet (1979)la “muerte” del espacio público es una razón de la omnipresencia de este narcisismo, en tanto búsqueda permanete de identidad.

8 Concepto propuesto por Dubet y Martuccelli (1998: 147-215) 9 Castell (1992) 10 Komadina: 1991.

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