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Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.8 n.7 Cochabamba jul. 2003

 

ENTREVISTA  “TENEMOS QUE ROMPER NUESTRO ASCO AL MERCADO...”

 

 

Rossana Reguillo

- Mexicana

- Doctora en Ciencias Sociales.

- Mención Antropología, por la Universidad de Guadalajara.

- Vicepresidenta de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación.

Email: rossana@iteso.mx

 


En Cochabamba tuvimos la oportunidad de escucharla en eI Seminario Latinoamericano del 99. Sus contribuciones a la investigación de la comunicación, cultura, jóvenes y miedos urbanos es indiscutible. El mes de septiembre del 2000, presentó una ponencia en el Encuentro de Facultades de Comunicación organizado por la FELAFACS. Aprovechamos la ocasión para conversar sobre temas de actualidad y sobre algo que parece se está olvidando en la investigacióbn social: la dimensión política.   (Marcelo Guardia Crespo)

Marcelo Guardia (M.G.).- ¿Cual es la importancia política del estudio de los miedos y la comunicación?

Rossana Reguillo (R.R).- Mirá yo estoy trabajando bajo el supuesto de que hacer investigación en torno a cómo se están configurando los miedos en la sociedad contemporánea, siguiendo su raíz de conformación histórica, nos permite dos cosas fundamentalmente: la una entender las transformaciones en el modo de socialidad contemporánea y es que creo que los miedos son uno de los ingredientes y una de las características para definir lo que está pasando en este momento y cuando hablo de formas de socialidad definidas desde los miedos o articuladas alrededor de los miedos, estoy pensando en cómo hoy el miedo se convierte no solamente en una emoción experimentada de manera subjetiva, sino en una plataforma política de acuerpamiento de los movimientos sociales. Esa sería una primera cuestión y una segunda cuestión es que estoy convencida de hacer esta investigación entorno a los miedos nos permite entender desde la comunicación los procesos autoritarios de apropiación del miedo. Es decir cómo el poder o los poderes estarían capitalizando los miedos de la sociedad contemporánea para impulsar el proyecto político económico en una dirección.

M.G.- Cómo podría la academia, una vez detectando y conociendo ese mapa de miedos, conectar ese conocimiento con el ejercicio de la ciudadanía de la propia gente o cómo devolverle a la gente?

R.R.- Claro yo creo que una de las enormes ventajas de este tipo de temáticas tan vigentes es que permiten hacer un ejercicio de narrativa cuyo objetivo principal sería de construir estos relatos que paralizan una participación ciudadana más activa yo no tengo recetas por supuesto me rehuso a pensar en esos términos. Pero lo que sí creo es que desde la academia se puede hacer un trabajo critico muy serio, un trabajo intelectual de develamiento de deconstrucción de estos discursos autoritarios y tratar, a partir de distintos tipos de registro de géneros de narrativas, crónica, audiovisual, de ejercicio periodístico permanente, el desnaturalizar muchas de las categorías que hoy comandan las relaciones ciudadanas

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M.G.- Ayer hablaste de un mapa de silencios ¿cómo trabajar algo tan impreciso como son los silencios desde la comunicación?

R.R.- Claro, mira mi propuesta tanto teórica como metodológica es el primer asunto tendría que ver con historizar la mirada ¿no? o sea, eso le quita la impresión a estas cuestiones. Por supuesto, cuando yo hablo de la noción de silencios estoy refiriéndome a todo aquello que está invisibilizado en la afirmación de un poder monolítico, estatal, egocéntrico y que entonces considero que uno de nuestros desafíos o tareas sustantivas debiera ser precisamente hacer este mapeo histórico de ver qué fue lo que perdimos en el proceso de construcción de nuestros estados nacionales. ¿Qué fue lo que perdimos en términos de actores, de prácticas, de procesos sociales en este proyecto de afirmación de modernidad latinoamericana?. ¿Cómo se hace eso?. Con preguntas muy claras en términos metodológicos de cómo se fueron codificando los procesos de pensamiento en torno al otro ¿no?. Ese otro que quedó por fuera del centro, del centro de esta modernidad y todo esto te lleva a decir... a ver?, ¿Quiénes fueron condenados al silencio?, evidentemente las mujeres ¿no?. Pero no en un afán maquiavélico, sino para entender qué papel se le otorgó a la mujer, qué papel se le otorgó a los jóvenes, qué papel se le otorgó a los indígenas, qué papel se le otorgó a los negros ¿no? y qué papel en términos generales se le otorgó a los excluidos de la palabra ¿no?

Entonces es trabajar mucho con el binomio que no es la oposición entre palabra y silencio que tiene una vigencia hoy muy grande. Decir quienes son finalmente los que siguen excluidos de la palabra pública ¿no? esa es como la hipótesis como de fondo.

M.G.- Ayer hablaste de una opción que me pareció muy llamativa: “hacer las paces con la diferencia”

R.R.- Exacto, sí mira yo creo que pasaría precisamente por esta preocupación mía de que yo en la medida en que avanzo, Marcelo, en mi investigación en la parte más etnográfica y por supuesto en las reflexiones teóricas me doy cuenta de que muchas de nuestras prevenciones con respecto a la familia digo con respecto al otro pasan por procesos de educación que naturalizan la amenaza que puede representar el otro yo.

Ayer ya no tuve tiempo de plantear los cuatro espacios que me parecen fundamentales para hacer las paces con esta diferencia; que serían, por un lado, la familia como un eje sustantivo que nos permita la reconstrucción de este tejido social. La familia es un espacio que ha sido sacralizado como lo más bonito ¿no?, toda esta narrativa norteamericana del valor familiar y sin embargo ahí se están construyendo muchos de los terrores mayores que tenemos con respecto a la alteridad o la diferencia. Un segundo espacio me parece la escuela, la escuela no se está haciendo cargo, la escuela está en crisis, no sabe entender esta crisis de saberes, de sensibilidades y sobre todo no está haciéndose cargo de las transformaciones del mundo contemporáneo en relación a la globalización. La escuela está formando ciudadanos incapacitados, afásicos, temerosos, prevensivos o con muchas prevenciones con respecto a lo diferente y no está pensando en el ciudadano que eso es lo que me parece muy, muy dramático de este asunto.

Y un tercer espacio sería la ciudad ¿no? por eso mi obsesión ¿no? siempre con este tema de la ciudad porque finalmente la ciudad es el espacio de organización o desorganización de la diferencia, es el espacio fundamental del encuentro con el otro y con lo otro y si no somos capaces de pensar en términos políticos, urbanísticos, sociales y culturales, una ciudad multicultural que sea capaz de acoger a esta diferencia y darle reconocimiento legítimo, no tolerancia que ese me parece un concepto muy peligroso este porque se tolera siempre desde una posición superior. Entonces yo creo que debemos transformar la noción de tolerancia por la de reconocimiento y respeto ¿no?, pero en fin, ahí me parece que hay un trabajo muy fuerte que hacer, tanto en términos de investigación como de intervención.

Y el último espacio, el cuarto, para hacer las paces con esta diferencia sería el de los medios de comunicación ¿no? Me parece que hoy día no podemos hacer una propuesta política en términos de ciudadanía si no somos capaces de incidir en los medios de comunicación, tenemos que romper con nuestras concepciones tanto maniqueas de los medios como todopoderosos. Tenemos que romper nuestro "asco" al mercado y tratar de hacer un trabajo mucho más político, mucho más de cabildeo, mucho más de intervención, de calidad crítica en los medios de comunicación porque hoy día en la medida que se ha producido este vaciamiento de la política del que yo trataba de hablar ayer, los medios se están en convirtiendo hoy en gestores, en jueces y en dinamizadores de la dinámica social; o sea, hoy la televisión centralmente se ha convertido en una proveedora ¿si? de imágenes para pensar el mundo ¿no?

M.G.- Ahí aparece una ambivalencia en el discurso oficial o tal vez en la acción del poder en sentido de que, por un lado, decías tú hace un momento, se apropian o utilizan el miedo para promover su proyecto y por otro lado, tienen una condena al silencio ¿cómo explicas esa ambigüedad?

R.R.- Yo diría que no son ambigüedades sino partes de una misma estrategia en la medida en que, por un lado los poderes, cuando yo digo la apropiación autoritaria de los miedos esta es una idea que ha sido bellamente trabajada por Norber Lechner, el chileno, que me parece uno de los politólogo más lucidos del continente, el que está pensando bien la relación entre política y cultura. Me refiero, siguiendo el planteamiento de Lechner al uso que el poder está haciendo de la propia debilidad social. A ver si soy capaz de ponerlo en un ejemplo: Pete Wilson el ex gobernador de California gana las elecciones de su Estado apropiándose del miedo, explotando el miedo al migrante mexicano, o sea, él consigue sus votos a través de una campaña donde coloca al migrante mexicano como el gran operador del deterioro de la sociedad norteamericana y estamos hablando no de una estrategia simbólica en el mal sentido de la palabra que flota en el aire, sino de una estrategia que tiene carne, que tiene piel y que se hace proyecto de gobierno local ¿no?. Eso es bien peligroso y simultáneamente en la medida en que avanzan estos procesos los otros están siendo condenados al silencio porque tú lo ves y tú lo has estudiado Marcelo en tu trabajo sobre la prensa amarillista. Estamos viendo cómo se construye al pobre, cómo se construye al indígena, cómo se construye a este migrante, al territorio de lo urbano como un ser inferior y portador de genes deteriorados y salvajes. Pero nunca se les da la palabra; es decir, si tú revisas los reportajes por ejemplo políticos, si tú revisas los reportajes policíacos, te vas a dar cuenta que seguimos instalados en un imaginario oficialista ¿si?; Es decir, donde se le da la palabra al experto y donde se le da la palabra al funcionario pero nunca al movimiento social, nunca al sujeto. Entonces yo no diría ni es contradictorio ni es ambigüedad, sino que se instalan en una misma lógica de la atmósfera cultural.

M.G.- ¿Porqué existen todavía discursos tan apocalípticos y tan negativos en relación, no sólo a los medios, en relación a temas culturales como la globalización?. Ahora mismo he notado en las preguntas que hacían, un panelista en la mesa de Medios y Violencia presentó una noción muy racionalista de la humanidad. ¿Por qué esa negación de la emocionalidad, de la inteligencia de las personas en el relacionamiento no solamente con los medios sino con la ciudad, con la cultura, con las otras personas?

R.R.- Mirá es una pregunta muy inteligente y muy compleja de responder porque tiene muchas aristas.

Voy a usar dos ideas nada más para que tratemos de pensar juntos esto. Una primera tendría que ver con la tradición del pensamiento ¿si?. Indudablemente que seguimos atrapados en una forma de raciocinio ¿si?. Dependemos de una forma de racionalidad instrumental, una racionalidad que se deriva del proyecto iluminista de la sociedad, donde el Estado como categoría central, no como figura, como concepto fundamental, sigue obnubilando mucho nuestros procesos de pensamiento ¿no?. Es entonces mucho más fácil culpar a la globalización en su sentido..., en su sentido peroyativo, de todos los males que nos pueden ocurrir. ¿Por qué?. Porque si bien la globalización tiene un rostro terrible de muerte en tanto la globalización es ese proceso, como lo definió Castells, que engancha lo que le sirve y desengancha todo aquello que no le sirve, sirve al mismo tiempo como pretexto para proteger los esencialismos; entonces yo diría que la esencialización es una herencia de este pensamiento, de esta tradición que nos tiene atrapados.

Esa es una arista que debemos explorar con mucho cuidado de esta continuidad de pensamiento, pero una segunda arista tendría que ver con la orfandad, tendría que ver con la incertidumbre como característica local ¿no?. En el sentido de cómo los tiempos nuevos que estamos viviendo nos mantienen siempre muy temerosos de procesos que no entendemos y cuando no entendemos, no podemos nombrar y cuando no podemos nombrar, no podemos actuar ¿si?. Ahí Humberto Eco tenía mucha razón ¿no?. El nombre de las cosas es fundamental para la acción y en ese sentido me parece pues que esto que tú llamas maniqueísmo, que tú llamas el Apocalipsis hecho práctica, hecho piel, tiene que ver con esas dos cosas, no de manera exclusiva, pero sí pasa mucho por ahí.

M.G.- Hay un ejemplo interesante en Cochabamba. Un Prefecto de la ciudad dijo una vez en un discurso público que los responsables por el aumento de las violaciones a niñas y a violencia en general, serían los periódicos sensacionalistas. ¿Habría una especie de astucia, de enmascaramiento por detrás, al no asumir una responsabilidad que es de las elites gobernantes?. ¿Qué te parece?

R.R.- Yo diría que esto que tú llamas enmascaramiento, yo le llamo transferencia de responsabilidades que está pasando mucho en las instituciones en crisis contemporáneas, modernas ¿no?. Los gobiernos que culpan a los medios, los medios que culpan a la sociedad en cuanto que ellos nada más hacen lo que nos gusta. El ciudadano que le deriva todo al Estado. En fin hay como una poca capacidad de compromiso político. Ayer me sorprendía mucho en la última intervención del público, un muchacho planteaba que el tema le había interesado, pero que le parecía que aquello de hacer una suma armónica de voces, le parecía que era absurdo, que no se iba a poder ¿no? y que por otro lado, esta visión de tratar de despertar estas historias, estos silencios, de hacer su historia, tenía que ver con paternalismo ¿no? y yo le contestaba al final, y con eso cerré la intervención, que precisamente lo que yo había tratado de colocar al final era la utopía ¿no? y la utopía pasa centralmente por el compromiso, por la solidaridad, por el cuidado y el respeto al otro. Pero cómo vamos a pedirles a estos jóvenes desencantados que tengan respeto, que se comprometan si el mundo erosiona rápido y cotidianamente estos elementos de solidaridad y de cuidado por el otro ¿no?, o sea, ahí es donde, me parece, está el principal problema: ¿cómo vamos a lograr transformar estos imaginarios? y ¿cómo vamos a colocar en términos de un relato, en términos de una estrategia política, en términos de una producción audiovisual, esta necesidad de la auto responsabilidad por lo que está aconteciendo en el mundo?.

M.G.- En Bolivia hace unos meses ha explotado un silencio. Los campesinos han dicho que hay dos Bolivias: una, la de los blancos que los dominan y los explotan; y otra, la de los indios que no pueden modernizarse. Esa explosión del silencio es un momento de crisis. Ayer has hablado de que la crisis también es una oportunidad ¿Qué me dirías?

R.R.- Mirá es que esa imagen que tú colocas es fortísima porque yo estoy convencida de que en buena medida el tránsito hacia la democracia, que ha completado o que ha tratado de completar México en estos últimos tiempos, tiene mucho que ver con la ruptura del silencio de los indígenas mexicanos ¿no?. Cuando tú entras en crisis se desconfigura el orden naturalizado y estable que nunca nadie, ni nosotros cuestionamos porque hace parte de la historia, de la piel. No la podemos ver porque a través de ese orden es que vemos el mundo.

Cuando estos silencios se rompen, cuando esta normatividad tan fuertemente fijada se altera, hay posibilidades para detonar procesos de reflexión ciudadana, procesos de reflexibidad y en ese sentido es que señalo de manera enfática cómo la crisis, siendo un momento muy angustioso, es al mismo tiempo potencia pura y éste es un concepto muy antropológico ¿no?. Muy antropológico, en el sentido de cómo la crisis, al desanclar estas cuestiones, al producir un safamiento entre los goces del sistema, abre intersticios para mirar la luz del otro lado ¿no?, o sea, dices.... ¡Ay! ¿no?, o sea, si... cierto, nosotros no nos pensábamos como una sociedad racista y sí somos. Nosotros habíamos resuelto mediante las estadísticas modernizadoras que ya éramos países del primer mundo, cuando ves los datos que develan ciertos silencios, que se rompe el asunto, se pone en otros términos y ahí es donde yo creo donde está la política hoy día ¿no?. Ahí está donde creo que está.

M.G.- Un saludo a Bolivia.

R.R.-Pues como siempre Bolivia es para mi un país al que, por mucho que me esfuerzo, no lograré entender jamás, lo cual me parece un desafío maravilloso. Es un país complejo, un país hecho de muchos dolores pero simultáneamente de profundos goces que me desconciertan profundamente y donde yo me siento siempre desafiada. Por lo tanto, es un lugar al que me gusta volver. Un abrazo grandísimo para los amigos y amigas. Gracias.

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