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Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.7 n.5 Cochabamba jul. 2002

 

 CREATIVIDAD Y CAMBIO CULTURAL EN EL CONTEXTO DE LA EDUCACIÓN

 

Juan Díaz Bordenave

Consultor Internacional en Comunicación y Educación

 


“Para liberar el país necesitamos antes que todo liberar la conciencia del pueblo”....... Leonardo Soff

Pronunciar esta conferencia en mi ciudad natal, que lleva el sugestivo nombre de Encarnación, ante ilustres compatriotas y hermanos de otros paises sudamericanos, no solamente me conmueve profundamente sino que me inspira a orientar mis palabras, no a un tratamiento académico del tema Cambio Cultural en el Contexto de la Educación, sino más bien a la perspectiva más ambiciosa de un proyecto transformador de nuestras mentes y nuestros corazones. Un proyecto que nos entusiasme a luchar juntos por una Latinoamérica que satisfaga las aspiraciones que siempre hemos sentido pero que las tenemos ocultas y reprimidas porque tememos que no coincidan con las tendencias que nos son impuestas por corrientes poderosas que nos llegan desde afuera.

Me explico. Darcy Ribeiro escribió que “Nosotros, los mestizos, estamos mal, pues la América Latina está amenazada por una recolonización. Está en marcha una nueva civilización con una tecnologia revolucionaria....Es grande el riesgo de que entremos, una vez más, por la vía de la actualización histórica. “Actualización” es entrar en una nueva civilización como consumidores, comprando trenes y enriqueciendo a los otros, organizándonos para tener aquí trenes con la finalidad de exportar mercaderías al exterior y después comprar motores eléctricos y a vapor.”

Darcy Ribeiro era antropólogo y, habiendo convivido con indios muchos años de su vida, de ellos extrajo las ideas que, según él, deben orientar nuestro proyecto latinoamericano. Dice Ribeiro: “Lo hermoso de la herencia indígena, una de las cosas que me apasionaron por los indígenas durante diez años, es la capacidad de convivencia humana, lo profundo de su solidaridad, el sentido de reciprocidad y de responsabilidad social”.

Cercanos al comienzo de un nuevo milenio, estamos justo a tiempo para hacer nuestro proyecto y luchar por él. Si no tenemos un proyecto propio, si no luchamos por él, las grandes amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro, amenazas que se llaman corrupción, narcotráfico, militarismo,  armamentismo, depredación ambiental, exclusión social, pérdida de identidad cultural y pérdida de soberanía, se convertirán en realidades cada vez más generalizadas   y más destructoras.

Es en este contexto que me gustaría pensar con ustedes., creativamente, el cambio cultural en el contexto de la educación. Tenemos inclusive que empezar revisando el significado de estos términos ­ cambio cultural y educación ­ pues a menudo tendemos a atribuirles connotaciones siempre positivas, como si cualquier cambio cultural fuese favorable a nuestro proyecto y como si  cualquier tipo de educación pudiese ayudarnos a desarrollarlo.

Los cambios culturales que necesitamos

Les invito, entonces, a auscultar nuestros corazones latinoamericanos y a tratar de identificar cuales son los cambios   culturales  que necesitamos promover como parte de nuestro proyecto de sociedad. Como estructura organizadora, propongo que utilicemos la conocida tipología de instituciones sociales que hemos aprendido en los libros de Sociología: la familia, la política, la economía, la educación, la seguridad, la religión, la relación con la naturaleza.

Podemos entonces pensar qué es lo que debe cambiar en nuestras actuales instituciones sociales para que ocurran los cambios   culturales indispensables para nuestro proyecto latinoamericano.

Es claro que esta tarea no la vamos a hacer nosotros aquí, de forma completa. Ella debe ser realizada por nuestros pueblos, con nuestra ayuda. Porque como intelectuales, como educadores, como comunicadores, tenemos la responsabilidad de ofrecerle a nuestros pueblos ideas claras y propuestas valientes. Ellos esperan eso de nosotros, que les ayudemos a encontrar su camino, a formular su proyecto. Como dice Darcy Ribeiro:

“El objetivo es ayudar a la población, con la dificultad de luchar contra la televisión, la radio y todo lo demás. Es esa nuestra lucha y necesitamos con urgencia que la intelectualidad sea más responsable. Tenemos una intelectualidad fútil, más propensa a procurar los sueldos de las multinacionales o los privilegios del Estado, que a pensar y luchar para definir un p r o y e c t o latinoamericano”.

En esta tarea inmensa, debemos tener en cuenta que, en cuanto los cambios políticos pueden ser rápidos, los económicos un poco menos, y los sociales bastante demorados, los cambios culturales son los que toman más tiempo, por lo cual tenemos que comenzar a promoverlos ahora mismo.

Qué cambios culturales creemos que es preciso que ocurran en la familia, la política, la economía, la seguridad, la educación, la ecología? En mis viajes por los países latinoamericanos siento que algunos de los cambios deseados incluyen los siguientes:

En la familia, la sociedad tiene que encontrar nuevas formas de fortalecerla y preservarla de su desintegración, favorecida por la necesidad actual de que todos sus miembros trabajen fuera del hogar; por la influencia de la televisión y por el machismo tradicional. Por otra parte, creo que debe haber un cambio en la forma en que los adultos tratan a los niños. En ciertos países latinoamericanos, cuando un niño interrumpe la conversación de los adultos, éstos reaccionan indignados y lo expulsan con improperios. En otros países, sin embargo, los adultos paran su conversación, escuchan al niño y éste se retira con su dignidad respetada. Sostengo la hipótesis de que el niño que es oprimido en su familia, crecerá con su autoestima reducida y buscará formas, a veces poco recomendables, para conseguir ser estimado. Creo, por ejemplo, que en el Paraguay, mucho de la corrupción y el mandonismo reinantes puede atribuirse a personas que en su infancia no recibieron la atención y el respeto que necesitaban. Cuando adultos, ellos buscan ser respetados por el dinero o el poder que logran poseer.

En la política: la población en general, y especialmente la juventud, quiere participar, desean que pasemos de la democracia representativa a la democracia participativa. Aunque como cambio político este pasaje puede ser rápido, como cambio cultural nos llevará muchos años conseguirlo. Así, por ejemplo, acabamos de presenciar como, en el Paraguay, el deseo de participar no ha conseguido todavía vencer al caudillismo tradicional. Importantes sectores de la población paraguaya, angustiada por la violencia y criminalidad reinantes, sienten nostalgia del dictador Sortearen y buscan otra figura, preferentemente militar, que les prometa resolverlo todo. Aun así, la población siente la necesidad de líderes y partidos realmente democráticos, que no hagan de la política un fin en si mismo y menos de enriquecimiento propio, y que más bien sirvan al pueblo. Creo que un cambio cultural urgente es que un mayor número de jóvenes ingresen a la política, pero por considerarla una oportunidad de servicio al país y no de riqueza o poder.

En la economía, nuestras poblaciones están perplejas y desarmadas frente a la invasión aparentemente inexorable de la globalización neoliberal. Para contrarrestar sus efectos deshumanizadores, necesitamos subordinar la economía a la ética del humanismo y la solidaridad y fundamentarla no en el lucro sino en la satisfacción de las necesidades reales del pueblo. Esto exige un cambio radical de nuestra visión del desarrollo, que tome en cuenta, entre otras cosas, que nuestros países son pobres y rurales y que, por consiguiente, la pobreza y lo rural deben ser convertidos en factores positivos. Los pobres deben ser tratados no como objeto de exclusión o de mera filantropía sino como agentes protagonistas del desarrollo. Y lo rural debe ser conceptualizado como factor de riqueza y diversidad. Como decía Julius Nyerere, ex-presidente de Tanzania: “en países con grandes poblaciones viviendo y trabajando en el campo, el desarrollo nacional debe confundirse con el desarrollo rural”. Esto demanda la interiorización del desarrollo, la descentralización no sólo de la administración sino también de la industria, la educación y la salud, en fin, de la calidad de vida.

En la seguridad, nuestros pueblos no quieren más la guerra, sueñan con trabajar y vivir en paz. Por consiguiente, hace falta declarar fuera de la ley a la misma guerra y colocar en la Constitución Nacional la

- el respeto exagerado y acrítico al profesor, autoconsiderado infalible, respeto y submisión que transferimos a cualquier autoridad o persona importante, aun cuando esté lejos de merecerlos;

- la alienación con respecto a la realidad propia, lo que nos conduce a la imitación servil de todo lo que nos viene de culturas tecnológicamente  más desarrolladas y poderosas;

- la falta de auto-estima y la desvalorización de nuestro caracter de ciudadanos;

- el conservadorismo de las instituciones educativas, incluyendo las universidades, que se mantienen como ámbitos elitistas y privilegiados de los cuales egresan profesionales individualistas con poca identificación con los problemas del pueblo.

Nos hace falta, pues, un nueva visión de la educación, en la cual ella sea considerada como el proceso por el cual las personas desarrollan su capacidad de transformarse a si mismas y de transformar la realidad en que viven. Es claro que, para eliminación de la guerra como una alternativa de seguridad nacional Al hacerlo, nos percataríamos del anacronismo de nuestras fuerzas armadas y las substituiríamos por otros mecanismos de seguridad tales como los tratados internacionales de integración, la revisión de los nacionalismos a veces mentirosos de nuestras historias oficiales, el servicio civil obligatorio para acciones de desarrollo, la policía comunitaria, y otros. .

En la religión, institución social que es mucho más importante de lo que se piensa en términos de apoyar o frenar el cambio cultural, nuestros pueblos necesitan superar la esquizofrenia actual entre la fe y la vida, que nos lleva, por ejemplo, a muchos católicos a ir el domingo a misa y el resto de la semana a explotar a nuestros trabajadores o a enriquecernos a costa del Estado y del bien común. Así, nuestra fe purificada de supersticiones y sentimientos de culpa, nos fortalecerá en la denuncia de la injusticia gritante de nuestras sociedades clasistas y en la defensa de nuestra identidad y nuestra espiritualidad contra la invasión de otras culturas materialistas con tentaciones alienantes. Necesitamos cambiar nuestro moralismo mojigato y nuestro excesivo ritualismo por una fidelidad más coherente al Evangelio de Jesus, al Dios libertador que nos ama y que quiere que seamos fraternos y felices.

En cuanto a la ecología, en nuestro proyecto latinoamericano la integración armoniosa con la naturaleza debe constituir uno de los cambios culturales más importantes, pues, reconozcámoslo, a diferencia de nuestros antepasados indígenas, somos depredadores y destructores de nuestro propio hábitat. Sin la formación de una mentalidad ecológica en la niñez y la juventud, en los campesinos y en los técnicos, nunca alcanzaremos el desarrollo sostenible. Rindo aquí un homenaje a Bolivia, país hermano que posee un Ministerio del Medio Ambiente y del Desarrollo Sostenible.

En cuanto a la educación, el título de nuestro tema de hoy ­ Creatividad y Cambio Cultural en el contexto de la Educación - nos pide que le prestemos una especial atención. Es auspicioso el hecho de que se está volviendo unánime hoy día considerar a la educación como el factor más importante para el cambio cultural. Hasta organismos internacionales fríos y pragmáticos como el Banco Mundial ahora consideran la educación como una inversión indispensable para asegurar un futuro mejor.

La educación y el proyecto latinoamericano

Como decía antes, lo primero que tenemos que cambiar en educación es precisamente nuestro concepto de lo que es educar. En efecto, qué significa educar para la mayoría de las personas, hoy? Significa dos cosas:

1. “Transmitir conocimientos e instruir; cultivar el espíritu” (Novo Dicionário Aurelio da Lingua Portuguesa, Rio de Janeiro, Editora Nova Fronteira, 1986).

2. “Transmitir o enriquecer los valores culturales y éticos en los cuales el individuo y la sociedad asientan su identidad y su dignidad” (Kaplun, Mario, “Los Materiales de Autoaprendizaje” (UNESCO-OREALC, Santiago de Chile, 1995).

Lo afirmo sin la menor duda o vacilación: este concepto de la educación es insuficiente para nuestro proyecto latinoamericano. En efecto, por más noble que nos parezca la acción de transmitir conocimientos y cultura, esta acción educativa no consigue formar personas que, al mismo tiempo que se vuelven competentes científica y técnicamente, se tornan éticas, solidarias y transformadoras. El concepto actual de educación nos ha llevado a aceptar como adecuadas la pedagogía transmisora de tipo “magister dixit” y la pedagogía conductiva modeladora del comportamiento. No tengo la menor duda en afirmar que estas pedagogías son responsables por nuestras peores cualidades individuales y sociales, tales como: transformarse, las personas tienen que vivir experiencias en donde sean protagonistas activas y responsables y no receptoras pasivas y obedientes.

Tenemos, entonces, que adoptar nuevas pedagogias, más compatibles con nuestro proyecto. Una de ellas es la educación problematizadora o crítico-participativa. La otra es la pedagogia de la sensibilización social. Veamos cuales son sus respectivas propuestas metodológicas.

La  pedagogía problematizadora

Ella hace que los educandos, preferentemente en grupo, para aprender cualquier asunto vivan la experiencia de observar la realidad, identificar sus variables importantes, buscar en la teoría y en la ciencia luces para entender la estructura y las causas del problema en estudio, derivar de esta comprensión hipótesis de solución y finalmente volver a la realidad para aplicar las mejores soluciones encontradas.
Podemos visualizar esta pedagogía en el llamado Método del Arco:

teorización teorización puntos clave hipótesis de solución

REALIDAD

observación de la realidad aplicación a la realidad

La pedagogía de la sensibilización social

Como complemento natural de la pedagogía problematizadora, la pedagogía de la sensibilización social busca, no tanto aprender nuevos conocimientos y habilidades, como desarrollar la capacidad de sentir y vivenciar los problemas sociales y actuar colectivamente sobre ellos. Esto se consigue mediante el intercambio de experiencias y la formación de redes de interaprendizaje y colaboración entre agentes comprometidos con el cambio social.

En esta pedagogía la noción tradicional de Curso es substituida por la de Encuentros Sociopedagógicos que dan énfasis al intercambio de experiencias y a la organización de redes permanentes de contacto y cooperación entre los participantes. Se destaca también la producción participativa de materiales audiovisuales de apoyo a la acción social.

Esta orientación de encarnación en la realidad no elimina la necesidad de capacitación en contenidos y técnicas, pero siempre estrechamente relacionada con la acción social que los agentes ya están realizando o se proponen realizar. En estas instancias, es claro, se utiliza la pedagogía problematizadora.

Con la adopción de la pedagogia problematizadora y la pedagogia de sensibilización social, no obstante, ocurre lo que Jesús nos advirtió sobre el peligro de poner vino nuevo en odres viejos. Si las adoptamos, en efecto, vamos a producir personas cuestionadoras, curiosas, activas, con iniciativa, y, por consiguiente, tendremos que cambiar también todos los sistemas educacionales, desde la escuela, el colegio y la universidad, pasando por los centros de capacitación para el trabajo y llegando hasta los centros de capacitación política.

Si queremos, por ejemplo, que los niños y los jóvenes aprendan a participar, la escuela, el colegio y la universidad deben volverse participativos. Si queremos que la escuela, el colegio y la universidad se vuelvan participativos tienen que abrirse a la comunidad y aprender con la vida y los problemas de la realidad y no solamente con los maestros y los libros. Si queremos que nuestra democracia sea participativa, los partidos políticos también tienen que ser participativos. “Y ya no lo son?” preguntarán algunos ingenuos. La verdad es que la mayoría de nuestros líderes políticos y empresariales no saben como promover y organizar la participación pues en el fondo no creen en ella, o bien le tienen miedo, porque participar siempre acarrea alguna distribución del poder. Cómo es que vamos a conseguir que la sociedad se vuelva participativa si nosotros mismos no lo somos?

En este mismo sentido, las universidades latinoamericanas, tanto oficiales como privadas, deberían participar mucho más en el planeamiento y ejecución del desarrollo nacional. Pero ésto implica cambios curriculares y metodológicos radicales, que dejen tiempo para que los estudiantes conozcan la realidad de primera mano y aprendan a trabajar con las organizaciones sociales.

Por otro lado, nuestro proyecto precisa, no solamente mejorar los sistemas educativos ya existentes, sino inventar nuevos sistemas que permitan educar a toda la población de nuestros países. En mi opinión, los ministerios de educación deberían ampliar su mandato, actualmente restricto al sistema escolar formal, para incluir también la educación de todos los sectores sociales: campesinos, lavanderas, camioneros, dueñas de casa, pequeños comerciantes. Sólo así podremos enfrentar la creciente complejidad de las competencias necesarias para lograr el desarrollo sostenible.

Este desideratum nos debería llevar a utilizar todos los medios educati-vos disponibles y posibles. Para citar algunos, ya es hora de que todos los medios de comunicación social, prensa, radio y televisión, sean persuadidos por la población a que dediquen una mayor porción de su tiempo a la educación. En el mismo sentido, los establecimientos militares deberían ser utilizados para ofrecer capacitación a la población en actividades de desarrollo, tales como reforestación, construcción de escuelas, vacunación, etc Además, deberíamos utilizar mucho más intensamente la educación a distancia para llegar a los diversos sectores de la sociedad que están fuera de los sistemas educativos presenciales.

En síntesis, nuestros países deberían formular un Proyecto Educativo Nacional cuyos lineamientos principales figuren en la propia Constitución Nacional, para que ningún ministro de educación de turno se del lujo de interrumpir o desviar el proceso acumulativo

Es necesario ser creativos

No debemos olvidar que el tema de hoy incluye también el concepto de creatividad. Con toda razón pues los cambios culturales que necesita nuestro proyecto latinoamericano requieren que rompamos con muchas tradiciones y rutinas enquistadas en nuestros corazones y mentes durante siglos de autoritarismo y tecnocracia. Quisiera mencionar unos pocos ejemplos de creatividad recogidos en varios países latinoamericanos:

1.     La Ley de Participación Popular, de Bolivia, reconoce y otorga personeria jurídica a las comunidades campesinas y les insta a formar parte de los Comités de Vigilancia que fiscalizan a las Municipalidades. En el Brasil, los gobiernos estatuales y municipales a cargo del Partido de los Trabajadores (PT) han implantado la Planificación y el Presupuesto Participativos. Estas innovaciones institucionales están produciendo notables cambios culturales hacia la democracia participativa.

2.     La Municipalidad de Buenos Aires posee más de 1000 escuelas. Para desarrollar la conciencia crítica y la capacidad de expresión de los alumnos, la Secretaria Municipal de Educación promovió la creación de periódicos escolares, iniciativa que los niños acogieron con entusiasmo. Los mejores trabajos de los periódicos escolares, que pueden ser noticias, entrevistas, poemas, chistes, etc, son publicados en un periódico de la Secretaria de Educación llamado “Entre Todos”, que sirve de vínculo entre las escuelas. En uno de los números de “Entre Todos” se lee la siguiente

Carta al Presidente Raul Alfonsín

“A nosotros, los chicos, nos gustaría, por ejemplo, con respecto a sus discursos y los de sus funcionarios, que fueran más cortos y más informales. Porque a veces nos dormimos y no podemos escucharlos enteros. Si usted, al hablar por televisión, como es de suponer se dirige al pueblo, tendría que pensar que los chicos lo escuchamos y a veces no lo entendemos. Esperamos que nos entienda. Saludamos muy atentamente.

Ludmila Fincic y Laura Segura

No les parece. que hablarle asi al Presidente es una semilla de la futura democracia participativa? Pues bien, la experiencia porteña con los periódicos escolares ha sido tan bien sucedida que ya se extendió a la radio. Los mejores programas de radio hechos por los niños y jóvenes son irradiados por la radio educativa de la Municipalidad.

3.     En Brasilia, el programa Beca-Escuela, iniciado por el Gobernador del Distrito Federal, concede becas a las familias pobres para que los hijos no tengan que trabajar y puedan ir a la escuela. El programa ha tenido tanto éxito que ha sido adoptado por el Gobierno Nacional.

4.     Está creciendo en nuestros paises el número de radios comunitarias. Trátase de emisoras no comerciales, en las cuales los miembros de la comunidad pueden hacer oir su voz, desde la señora paraguaya que le pide a la radio comunitaria que le ayude a encontrar su vaca perdida hasta el coronel de la policia militar brasileña entrevistado por la radio para que explique como piensa defender a la población de la violencia durante el Carnaval. En la radio comunitaria grupos locales presentan programas producidos por ellos mismos. La emisora organiza debates sobre asuntos de interés público. La radio comunitaria es una de las grandes esperanzas de la democracia participativa en nuestro continente.

5.     En el Brasil, los recursos del Estado para el funcionamiento de las escuelas mal llegaban hasta éstas siguiendo un complicado y demorado camino burocrático. Mediante un nuevo programa “Dinero en la Escuela”, el Ministerio de Educación envía directamente recursos al Director de la escuela, siempre que éste haya organizado una  Unidad Ejecutora, que puede ser una asociación de padres y maestros, un consejo escolar o una caja escolar, que fiscaliza la recepción y el uso del dinero.

6. En Bogotá, alumnos de colegios secundarios públicos reciben capacitación en salud preventiva, primeros auxilios, vacunación, etc., y se responsabilizan de dar atención sanitaria al barrio en donde se sitúa su escuela. Después de un año de actuación, la evaluación

realizada mostró  una significativa reducción de la morbilidad y la mortalidad en los barrios atendidos por los alumnos.

Podemos citar muchos otros ejemplos que demuestran que la creatividad no tiene límites para apoyar el cambio cultural en el contexto de la educación.

Lo que nos falta es tener un proyecto y luchar por él.

El coraje institucional para la innovación

Deseo terminar mis palabras con una reflexión realista. Muchas veces, como individuos, tenemos buenas ideas y hasta decidimos hacer cosas nuevas, creativas y transformadoras. Pero cuando llevamos el propósito de cambio a nuestro trabajo, sea la escuela, el colegio, la universidad, un organismo estatal, una empresa pública o privada, y hasta una organización no gubernamental, nos encontramos que nuestra institución se empeña en convencernos de que “eso no es prudente, es algo prematuro, es muy difícil, nadie nos va a apoyar”. O sea, aunque a veces tenemos el valor individual nos falta el coraje institucional para la innovación.

Este, creo yo, es uno de los principales enemigos de nuestro proyecto latinoamericano.
¿Cómo vencer la inercia y el conservadorismo de nuestras instituciones? No tengo una respuesta para esta crucial pregunta. Pero justamente esa es la misión de Jornadas como ésta en que estamos participando. Estamos aquí para
abrir caminos y provocar rupturas. Ruptura con todo lo que no nos gusta, con todo lo que aguantamos por comodidad o por miedo, y abertura para todo lo que aspiramos ser como seres humanos. Y ésto tenemos que hacerlo los latinoamericanos todos unidos, porque como dijo Paulo Freire: “Nadie se libera solo; nos liberamos siempre juntos”.

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