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Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.06 n.02 Cochabamba jan. 2001

 

LA LIBERTAD Y EL HOMBRE:

BREVE ANÁLISIS SOBRE LA NECESIDAD DE EDUCAR PARA MODERNIZAR

(Una particular crítica al hombre postmoderno)

 

 

Virginia de Moyano

Docente de Publicidad

 


Al caminar por las calles de la ciudad, observamos esa gran masa humana a "merced" de un mundo tremendamente tecnológico; viviendo dentro de una constante ambivalencia entre "ser o estar"; sumido en una violencia sutil y latente; en una sociedad de "insaciabilidades", donde lo perenne es sólo cuestión de circunstancias y donde los cultos cambiaron de nombre. A unos cuantos años del siglo XXI, el ser humano sigue buscándose en medio de su naturaleza superior e inferior, en un paradigma histórico que continúa aún sin resolver: "¿quién soy?".

Sin embargo, en ese cotidiano "andar" por la vida, el hombre ha creado para sí un mundo moderno, un mundo que le permite rodearse de comodidades y que a la vez llena sus expectativas de lograr un mayor conocimiento a través del descubrir y experimentar cosas nuevas, dentro de una modernidad que muchas veces lo rebasa y lo aturde. Es difícil creer que en la actualidad el ritmo de la tecnología sea tan rápido": no tenemos el tiempo suficiente de "consumir" todo aquello que se produce. Entonces, ¿dónde queda la modernidad?.

La modernidad no necesariamente implica al hombre.

Cuando se habla del ''hombre moderno" pensamos no sólo en un ser "tecnificado", sino que se nos viene una idea más profunda acerca de esa moder­nidad. La lógica, en este caso, nos dice de un ser mesurado en sus emociones., controlado en sus deseos, responsable de su tecnología. Pero, cuando nos ponernos en contacto real con ese "hombre moderno", cons­tatamos que si bien ha logrado un enorme alcance científico, un gran progreso, se ha convertido en un esclavo de su propia modernidad sumido en un planeta tremendamente contaminado, viviendo en sociedades pseudo-desarrolladas donde la pobreza es cada vez mayor y la supervivencia reside en "tener y consumir", La moder­nidad, por tanto, no necesa­riamente implica aI hombre, sino más bien el hombre actual en su medio se constituye en un producto de su modernidad. No tenemos tiempo de pensar, de razonar lo que sucede. Sim­plemente lo tomamos o no lo tomarnos. Nos adecuamos a este subyugante ritmo de vida o perecemos víctimas de él.

¿Acaso se puede hablar del hombre post-moderno?.

La corriente filosófica actual del post-modernismo nos habla del hombre como una prolongación de su entorno, en repuesta a toda esa 'avalancha" de mensajes traducidos en economía de consumo. Profun­diza también sobre el devenir de la modernidad y los cambios que ésta desencadena en el ser humano. Sin embargo, ¿cómo puede el hombre hablar de una modernidad que le pertenece por derecho, pero que de ninguna manera lo conjun­ciona?. Basta con observar fríamente los "horrores" cotidianos a los que están sometidos muchos de nuestros congé­neres alrededor del planeta. En aras del "poder tener", vemos cómo paulatinamente se va destruyendo la tierra y, a pesar de todos los "discursos ecologistas", es muy poco lo que se hace para parar esta destrucción. Ni qué decir de la violencia que desencadena tanta desgracia y sufrimiento, que tiene como bandera la "religión y la ideología". En fin, el hombre ha inventado la modernidad como producto de una sociedad cada vez más exigente y acelerada, sin que esto signifique que él sea una prolongación de ella. Más bien, el hombre ha conseguido perfeccionar su violencia y hacer de ella un instrumento para lograr imponerse en una sociedad cada vez más deprimente y desgastada. Constituye, por tanto, un sofisma hablar del hombre post-moderno.

Los medios de comunicación; un producto moderno

A través de la historia, el ser humano siempre ha tenido la necesidad de comunicarse. Al igual que el hombre, el lenguaje se ha ido desarrollando conforme con sus necesidades e inquietudes a tal punto que, en la actualidad existen miles de formas de comunicación (cada una con su respectivo "idioma"), las cuales están en constante proceso de interacción una con otra y en un continuo proceso de cambio.

Los medios de comunicación masiva son parte de este lenguaje desarrollado por el hombre, no sólo como una forma de comunicación masiva sino corno una extensión de un mundo cada vez más disperso, con miras hacia una total globalización, donde se hace necesario el conocimiento de unos y otros con el objetivo de conformar u n a sociedad uniformada. Así, los medios de comunicación se constituyen en una aparente distracción: lo importante no es el mensaje, sino la totalidad del conte­nido. Las imágenes hablan por sí mismas, no como un medio de influencia o "alienación", sino como una sutil manera de preservar lo hasta ahora establecido.

Cabe recalcar que los medios de comunicación son conductos por los cuales se tiene a la sociedad informada. Es a través de ellos que podemos enterarnos de lo que sucede en otras latitudes sin necesidad de movernos de nuestras casas: basta con leer el periódico o ver la televisión. Son un producto de la moderna sociedad en que vivimos y, por ende, fieles transmisores de toda su basta complejidad.

Educar para la responsabilidad

Después de todo lo anteriormente expuesto, se hace necesaria la reflexión. La modernidad no significa autodestrucción. Significa responsabilidad.

Responsabilidad significa conocer a cabalidad las causas y los efectos como fuerzas que emergen como consecuentemente de la actitud de los propios seres humanos, al no ser encauzadas debidamente pueden ser fácilmente controladas por sus emociones descontroladas, sembrando a su paso un total caos y destrucción. Es decir, el ser humano debe aprender a manejar su propia modernidad; a no ser una extensión de ella o una consecuencia de ella, sino a convertirse en un ser que está por encima de esa modernidad, al usarla en armonía con la naturaleza del mundo que lo rodea. Para lograrlo, se necesita educación; aprender a respetar y a respetarnos, auto-examinándonos como individuos partes de un todo que, sin olvidar nuestra individualidad, nos sentimos pertenecientes a una globalidad no ficticia o emergida como consecuencia de una necesidad de "uniformar" estilos de vida alrededor del planeta para "globalizar" los mercados de consumo, sino como formas individuales que están contenidas en un todo; entendernos como parte de un universo conectado a muchos otros que conviven con el nuestro.

La ignorancia es, definitivamente, el "oscurantismo" que sume al hombre entre tinieblas. Hace de él, una presa fácil de la "locura colectiva" derivada de una completa carencia de filosofía; de valores acordes con su propia naturaleza, que lo ayuden a comprender el medio que la rodea. Por esta razón, la educación se convierte en el punto clave entre el hombre y su progreso; en una mediación entre éste y todo ese proceso de modernidad por el cual atraviesa; donde aprende a convivir con su tecnología, sin que ésta le resulte agobiante o estresante, sino que por el contrario, le sea de su total control en pro de su beneficio. En un medio como el nuestro, por ejemplo, donde se ha pasado por una celeridad impresionante del arado a la computadora, resulta todavía dificil para muchos de sus moradores "convivir" con esta aparente modernidad que se nos ha aparecido de la noche a la mañana. El progreso no necesariamente conlleva un desarrollo. Para lograrlo, es necesario educarnos dentro de lo que significa un mundo moderno, cuya tecnología es sólo el instrumento con el que el hombre facilita su labor cotidiana y que nos encamina hacia mejores formas de vida. Pero, si no estamos preparados para enfrentar este reto, se dificulta más todavía el lograr sacar el mayor provecho a estos instrumentos, perdiendo el control sobre ellos, permitiendo que éstos nos controlen y que, en cierta forma, nos esclavicen.

No cabe duda de que los medios de comunicación, hoy por hoy, se constituyen en básicas formas de comunicación. No es posible concebir que en la actualidad, alguna persona sobre la faz de la tierra pueda vivir ajena a ellos. Cuando decimos "básicas formas de comunicación", hacemos referencia a que ya los medios de comunicación no son ese "raro objeto de penetración y de alienación", sino "vehículos" transmisores de mensajes que parten de "una minoría organizada", sujetos a severas críticas y agudos comentarios, donde su credibilidad está. a menudo sentada en el banquillo de los acusados. Sin embargo, no podemos descartar que de alguna manera su influencia es perceptible, o quizás así queremos creerlo, pero medios de comunicación a través de la publicidad manejan prácticamente la economía del globo, usando cada vez más sofisticados mensajes persuasivos traducidos en una tremenda y voraz economía de mercado, que mueve miles de millones de dolares al año. La publicidad, por tanto, puede ser el instrumento eficaz que pueda ser utilizado como una forma de enseñar al hombre a convivir mejor dentro de. su inundo moderno, a través de esos pequeños y rapidísimos mensajes diarios que, por su repetición hasta el cansancio, se convierten en "verdades" propias de la sabiduría popular. El usar los medios de comunicación, por ende, la publicidad como mediadores entre el hombre y la tecnología, hará que éste maneje esa modernidad responsablemente, convirtiéndose en parte de esa modernidad, logrando  equilibrarse- entre lo que es y lo que está. Develando así esa paradoja milenaria: ¿quién soy?

Eduquemos para el futuro. Enseñemos al ser humano a convivir en armonía consigo mismo y con el mundo que ha construido. Esa será la única manera de poder sobrevivir a nuestra propia hecatombe: que el hombre sea parte de su propia modernidad.

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