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Punto Cero

versão On-line ISSN 1815-0276

Punto Cero v.05 n.01 Cochabamba jul. 2000

 

LOS PARADIGMAS EN LA ENSEÑANZA DE LA COMUNICACION:

LATRANSGRESION EPISTEMOLOGICA

 

Onésimo de Oliveira Cardoso

IMS-Basil.

Traducción: Oscar Terrazas

 


Tomado de la Revista ComunicaÇáo & Sociedade n° 17.

INTRODUCCION

No es novedad para los estudiosos de la comunicación los perma nentes desafíos teóricos cuando tienen que lidiar con los fenómeno de la comunicación y el pensamiento construidos en esta área . Buscar nuevas reflexiones que superen las fragilidades teóricas existentes que ayuden en la interpretación y análisis de la comunicación, actualmente, es tarea urgente.

Es increíble cómo muchos que están en las lides de la enseñanza de la comunicación traten enfoques teóricos diversos de manera acritica, sin ninguna profundidad ni creatividad. Se inclinan a veces maravillados, frente a simples ideas, lo mismo sobre aquellas inconse­cuentes y pretenciosas que se transforman en una especie de "teoría del día". Cuando son pensamientos oriundos del primer mundo, o pertenecen a alguna escuela de moda, sus autores se toman ver­daderos "héroes de la teoria", empero son ignorados y desacreditados en sus propios paises. Absortos en una especie de "flojera pedagógi­ca", muchos educadores no tienen la misma osadía ni el entusiasmo para liberarse de los slogans, de los clichés, de los modelos cerrados y hasta de una increíble auto-piedad, que impide la radicalidad en la reflexión y la osadía crítica de todo lo que se denominan paradigmas, teorías y modelos.

El presente texto tiene por objetivo percibir hechos nuevos en el universo de la comunicación. No es imposible revisar las teorías y abordajes del área; se torna necesario penetrar en sus condi­cionamientos, en sus modismos, sus polémicas y en sus contamina­ciones. Todo eso confrontando con el avance de la realidad que, hoy más que nunca, se torna no solo desafiadora, sino tremendamente hostil e implacable para con lo viejo, lo ultrapasado, en fin, con lo irrelevante.

El camino que queremos recorrer es el de la desmitificaclón, tanto de las corrientes conservadoras como de las posturas progresistas contestarias. Desmitificar no en el sentido de lo cierto y errado, sino en el sentido de la superación para nuevos enfoques en nuevas reali­dades. Esas cuestiones serán enfocadas en el universo de la episte­mología, elemento integrante de una concepción amplia de un corpus metodológico, esfera adecuada para reflexionar las ideas, ordenar pensamientos y promover rupturas en dirección el nuevo campo de la comunicación.

Penetrar en el universo epistemológico, teniendo en cuenta el fenó­meno de la comunicación, no es una tarea fácil y tranquila, pues a pesar de su papel amplio de reflejar sobre los principios, fundamentos y la validez científica, la cuestión episternnlógica puede perderse en sus límites e ilusiones, principalmente cuanto se prende al universo de la formalidad, de lo legal y de lo racional como la única instancia del saber.

Contra los modelos y formalismos, inclusive contra las reglas de la lógica, pro­ponemos una visión de la epistemología que signifique la propia "transgreción episte­molágica". Esfera esa que per­mite comprender la actividad intelectual como una aventura sin límites, sin temor del caos y de la confusión.

Transgredir epistemológi camente no significa eliminar el enfoque tradicional de la epistemología como elemento que ejerce la vigilancia interna de la ciencia sobre sus pro­cedimientos y resultados y que permite la revisión de la pertinencia de los conceptos, de los fundamentos teóricos y de la definición de métodos y técnicas envueltas en el acto de la investigación. Significa, esto sí, buscar fundamentos para una análisis crítico de la ciencia y parámetros que per­mitan evaluar los resultados de la investigación científica. Esos fundamentos y paráme­tros no se prenden a un único sistema epistemológico, pues éste sería siempre limitado para comprenderse un univer­so caracterizado por la com­plejidad de factores y condi­ciones históricas en perma­nente cambio, aun en el campo de las ciencias fisicas y naturales. Si la situación es compleja, se exige también procedimientos complejos que puedan buscar mucho más que las certezas y la verdad, la ordenación de la confusión y trabajar las contradicciones y

los conflictos sin caer en la tentación de la búsqueda de la coherencia fantasiosa de reali­dades tan incoherente. Es preferible una confusión bien ordenada que certezas insus­tentables. Durante siglos se pensaba con certeza que la tierra era el centro fijo del sis­tema solar. Ese conocimiento, legitimado y enseñado a lo largo de la historia de dife­rentes civilizaciones, no se per­petuó porque Copérnico con su hellocentrismo mostró que ello no era verdadero y Galileo, a su vez, fundamentó las limita­ciones del sistema copernicano.

La "transgresión episte­mológica" nos permite penetrar en este universo de conocimientos y verdades, ora determinándolos en su relativi­dad, ora calificándolos en su contenido y en su complejidad, sin resolver la dimensión trági­ca de la vida, lo que sería imposible, pues como dice Nietzsche: "No podemos arrebatar al mundo su carácter inquietante y enigmático".

EPISTEMOLOGÍA Y COMUNICACION

Infelizmente la cuestión epistemológica ha sido mini­mizada en el área de la comu­nicación. Es más, todo el COR­PUS que caracteriza el universo metodológico ha sido relegado a un plano secundario. El marco o el referencia) teórico en los trabajos de comuni­cación, aun en las defensas de tesis, surge como una necesi­dad ingrata a ser cumplida. A veces, se vuelve un discurso vado, desarticulado y genérica; otras veces, ambicioso y, en muchos momentos, irrelevante, por la dicotomía entre metodología y objeto. Olvidan estudiantes y profesores que el primer criterio de las opciones metodológicas es de naturaleza epistemológica. Es ella que nos orienta la opción, u opciones en torno de la diversidad de paradigmas, de los modelos y abordajes teóricos. Proponemos no aceptar pasivamente todo aquello que fue construido en el campo epistemológica, un mar por demás contaminado por la mediocridad de muchos y el brillantísimo de pocos, pero transgredir la epistemología como una nueva manera de entender e interpretar los nuevos fenómenos de la comunicación y sus paradigmas domi­nantes. Claro que sería imposible abarcar todo ese universo, inclusive no es imposible penetrar en sus contenidos y problematizarlos sin la preocupación de ataque y defensa, apenas con una postura de sospecha hermenéutica que busque nuevos horizontes.

COMUNICACION: EL OBJETO

Cuando lidiamos con la enseñanza de la comunicación y las teorías que tratan del fenómeno, la primera cuestionante que se colo­ca es sobre el objeto de esta área. Y, por increíble que parezca, ese objeto dominado de COMUNICACION siempre queda al margen de las reflexiones; de ahí una serie de equivocas y dificultades.

Un gran equívoca, que vale la pena destacar, es entender el fenó­meno comunicaclonal a través de los medios. Medio y medios de comunicación de masas se tornan casi sinónimos de objeto en comu­nicación. En ese enfoque está inserta la idea de que el desen­volvimiento tecnológico de los modernos medios creó un problema nuevo inexistente anteriormente, que es la cuestión de la comuni­cación. Ese reduccionismo tecnológico desprecia toda la historia de la evolución de las organizaciones sociales, que se dio a través de la comunicación o de las relaciones de comunicación que encuentran en las nuevas tecnologías, formas de expandir la función de comuni­carse, que es esencial e inherente a la naturaleza social del hombre. Tal argumento no invalida y no debilita toda la problemática relativa al uso y posición de los mudemos medios; es más, la cuestión funda­mental sigue siendo pensar y buscar el sentido de comunicación como elemento esencial en las relaciones humanas.

    

El desafio a ser, por tanto, superado es el de entender la comuni­cación como proceso o las relaciones de comunicación, pues el medio no es la comunicación, mucho menos el mensaje como quería Me Luhan. Como destaca Pasquali, una serie de autores en la línea de Me Luhan entiende la comunicación como si fuera un advenimiento ocu­rrido en consecuencia de los grandes descubrimientos realizados en el área de la comunicación e información. Así, Gutemberg, Marconi, Wiener y otros se convirtieron en los "padres" de la comunicación. Hay, por tanto, dificultades para entender la comunicación corno un hecho esencial, inherente a la convivencia humana, condición sine qua non para la información de toda la estructura social.

El objeto comunicación es, por tanto, un proceso que se realiza en una relación comunitaria humana, que envuelve el trueque de men sájes de manera consciente entre interlocutores, siendo así un factor esencial de convivencia y un elemento determinante de las formas que la sociabilidad humana asume. Es claro que esos contenidos no son alcanzados de manera tranquila y graciosa. Ni por eso dejan de ser fundamentales en el desenvolvimiento y reestructuración de cualquier realidad social, a través de múltiples mediaciones que se realizan en las relaciones del sujeto o de los sujetos con su mundo.

LA ENCRUCIJADA Y RUPTURAS TEORICAS

A lo largo de la historia, diferentes teóricos han procurado encon­trar respuestas para los problemas y cuestiones de la comunicación. A pesar de que las "ciencias" de la comunicación y de la información son campos de reciente estudio, ya se produjeron corpus teóricos tan significativos que pasaron a determinar el universo de las teorías de la comunicación. En esta esfera ha habido, además de una serle de rup­turas, encrucijadas y superaciones, mucho desencuentro, preconcep­te de un tremendo vacío teórico para enfrentarse a las nuevos acon­tecimientos de los tiempos actuales. En el Brasil y en la América Latina, podemos destacar el dominio de algunos abordajes que tuvieron influencia significativa en la producción y reflexión de los fenómenos de la comunicación. Sin ninguna preocupación cronológi­ca, destacaremos los contenidos de esos paradigmas, sus fases y sus principales actores.

1) ABORDAJE ESTRUCTUL-FUNCIONALISTA.

El funcionalismo narteamericano, también denominado estruc­tural-funcionalismo, fue, sin duda, la corriente dominante en las Berellson, considerado el padre del análisis de contenido así como Laswell, Lerner y Poool, a mediados de los años 50, reconocían, con cierta frus­tración, que el análisis de con­tenido no poseía cualidades mágicas y que "raramente se retira más de lo que en ella se censura y algunas veces hasta menos". En los días actuales, con el auxilio de la linguistica. del psicoanálisis, historia, her­menéutica, etc, el análisis de contenido desarrolla su dimen­sión cualitativa y gana espacio e importancia en el universo metodológleo, principalmente en el análisis de los discursos hablados o escritos.

En su evolución, el fun­cionalismo pasa por diferentes rupturas: aunque no sean sig­nificativas en cuanto a su selección misma, muestra una postura crítica de sus princi­pales representantes en la ten­tativa de adecuarla a las nuevas realidades.

En el inicio de los años 60, Schramm, influenciado por el sistema general de comunicación de Shanon y Weber, trajo una contribución signi­ficativa a los modelos fun­cionalistas de comunicación con la inserción de los elemen­tos de decodificación y codifi­cación.

En esa misma época, Berlo, entonces Director del Departamento de Comu­nicación de la Universidad de Michigan, además de reforzar los elementos de codificación o decodificación, trajo una visión de la comunicación como pro­ceso, criticando las propias posturas funcionalistas. que hacían del receptor un elemen­to pasivo que recibe los con­tenidos de los mensajes como si fuese a través de una balde derramado sobre sus cabezas, imagen ésta usada por Paulo Freire, casi diez años después, para denunciar el carácter bancario de la educación tradi­cional, en el inicio de los años 70. Daniel Lerner, el teórico de la modernización, criticó el proce­so lineal de la comunicación y formuló el concepto de Interaccion y de retroalimentación bidi­reccionat, que permite una visión más dinámica de los investigaciones y aportes teóricos de la sociología de la comunicación, principalmente en los años 50 y 60, cuando otros enfoques no se hacían presentes de manera determinante en las discusiones académicas. Esa influencia, de cierta manera, todavía se torna domi­nante, en los días actuales, en los trabajos e investigaciones realiza­dos en el Brasil y CM diversos paises latinoamericanos.

Existe por parte dé la intelectualidad, principalmente aquella iden­tificada como de "izquierda", un preconcepto muy grande con relación al funcionalismo. Se intenta, como si fuera posible, verlo de una ma­nera monolítica corno recurso epistemológico que mira solamente la conservación del STATUS QUO de miseria y subdesarrollo en el con­texto latinoamericano. No se busca profundizarlo en su génesis y en su historia, dentro del contexto en que él surgió y cómo se "institu­cionalizó" en la realidad norteamericana. No es posible cultivar la miopía y la insensatez de ciertos "estudiosos" de la comunicación, que ven los teóricos funcionalistas como intelectuales y especialistas académicamente descalificados, que tienen por único objetiva expandir el dominio de los EUA en los paises subdesarrollados. Esa postura no tiene nada que ver con la actitud de "sospecha" que se debe asumir no sólo ante el funcionalismo, sino de todas las otras corrientes y abordajes. Al final lidiamos con un universo de fragmen­tos. El pensamiento es fragmentado, a decir de Paul Ricoeur. el pen­samiento está quebrado.

No es dificil criticar el funcionalismo, principalmente si lo conoce­mos solamente a través de sus críticos, difícil es entenderlo é inter­pretarlo. no sólo por la suma significativa de aportes teóricos que lo caracteriza y por los resultados de investigaciones con más de 70 años de historia; sino porque el abordaje estructural-funcionalista encuentra su legitimizaclón en el universo académico, no sólo de los paises Industrializados como EUA, sino también en la mayoría de los países latinoamericanos. Para que situemos la fase del estructural-funcionalismo, sin pretensión de profundizar en sus avances, con­quistas, retrocesos y su fragilidad teórica, es necesario reconocer que ese abordaje caracteriza toda una tendencia sociológica fundamenta­da en principios empíricos y pragmáticos. Como Sociología, el fun­cionalismo agrupa diferentes matices de orden filosófico, sociológico, psicológico y antropológico. Son evidentes y asumidas las influencias de teóricos como Pareto (idea de equilibrio), Max Weber [idea de acción social), Emile Durkhcim (idea de anomia o comportamiento desviado) y otros. De esos orígenes se formaron los representantes más celebrados del funcionalismo norteamericano, que son: Talcott. Parsons y Robert. E. Merton. En el área de la comunicación o de la sociologia de la comunicación, el funcionalismo produjo aquellos que se tornaron en sus más influyentes representantes; Paul Lazarfeld, B. Berelson, Leo Lowenthal, Harold Lasswell, David K. Berta, Daniel Lernere, Wilbur Schramrn, I. de Sola Pool y Charles Wright. Las ideas centrales del funcionalismo en el área de la comunicación están direc­ta o indirectamente ligadas a esos autores.

En 1948, Laswell, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale, elaboró su fórmula matemática de comunicación que ha sido la más ampliamente aceptada por Ios estudiosos del área: quién dice, qué. en qué canal, a quién, con qué efecto.

Sin duda, esa fórmula significó un avance al modelo mecanicista de estimulo-respuesta de la psicología conductista. a pesar de que Laswell refuerza con su paradigma la omnipotencia de los medios. desarrollando una concepción instrumental de los procesos con vari­ables con textuales y con conceptos de "categorías sociales" y "diferen­cias individuales". Además de su paradigma, Laswell compartió con Lerner y Pool la teorizacion sobre análisis de contenido. En el inicio de la década 50 afirmaban con cierta ufanía y mucha pretensión, que el "análisis del contenido debería comenzar donde Ios modelos tradi­cionales de investigación terminan".

A pesar de haber realizado una cantidad significativa de investi­gación en el campo del periodismo impreso, radio y propaganda ideo­lógica y política basada en el análisis de contenido como técnica de investigación, objetivando la descripción sistemática y los aspectos cuantitativos del mensaje. los resultados no fueron tan animadores.

procesos coniunicacionales.

Aún en ésta época. Lasswell, hablando sobre el futuro de la comunicación, denunciaba con cierta vehemencia que el "mo­delo oligárquico", comprometi­do con el poder transnacional, dominaba los medios de comu­nicación para adoctrinar y dis­traer. No contento con los límites de la denuncia, Laswell propugnaba por un modelo "participativo" que venga a for­talecer la " identidad" y los "intereses comunes" de las per­sonas, discurso muy próximo a los textos de Wright Milis, uno de los más brillantes críticos del funcionalismo parsoniano, que denunciaba, ya a mediados de los años 50, que los medios de comunicación promovían el "analfabetismo  psiológico" entre las masa y favorecían la hegemonía de las "elites del poder".

La mayoría de los críticos del funcionalismo desconoce u olvida por oportunismo, los aspectos críticos, desarrollados por los teóricos funcionalistas del aporte de Lazarfeld y Laswell. Ya en 1941, Lazarsfeld polemizaba su "investigación administrativa" con la " investi­gación critica" (teoría critica) defendida por Max Horkheimer en su ensayo sobre "Teoría Tradicional v Teoría crítica", escrito en 1937. Al confrontar su posición con la "investígación critica", Lazarsfeld afirmaba que ésta, al procurar explicar y analizar la organi­zación de los medios, como estos son controlados, cómo se da la concentración o estandarización de las estruc­turas de comunicación sobre la presión de la propaganda y cómo los valores humanos son amenazados, acaba despre­ciando las ideas, iniciativas y modos de comportamientos que son lanzados a través de los media y, en la mayoría de las veces, de forma distorsiona­da. Ese universo no es motivo de análisis para los investi­gadores críticos, pues el centro de esta investigación no se fun­damenta sobre los medios, afir­ma Lazarsfeld con cierta ironía.

La visión "denuncista" de diversos paradigmas de la comunicación desarrollada principalmente en la década de los 70 por corrientes críticas de izquierda, fue, de cierta manera anticipa­da por Lazarsfeld y Merton a fines de la década de los 40, cuan­do denunciaban la "dis­función narcotizante" de los medios masivos que llevaban a los receptores a ignorar sus problemas inmediatos. Denunciaban, todavía,  la influencia de los medios sobre el público, no sólo por lo que se dice, sino , más signi­ficativamente, por lo que no se dice. Afirmaban que los medios masivos "apadrinados por Intere­ses comerciales", co­operan para la sus­tentación del status quo e impiden una perspecti­va crítica de la sociedad.

A pesar de apuntar la fragilidad del receptor mediante los medios y de la dimensión pesi­mista de su pensamien­to, Lazarsfeld destruyó en sus investigaciones el mito de que la capacidad de los medios ejerzan un poder persuasivo casi absoluto sobre los recep­tores (pensamiento muy común de la mayoría de los frankfurtian os) , destacando el papel creativo de los grupos primarios y de los for­madores de opinión oriundos de diversos grupos y circulas represen­tativos de la sociedad.

Sin duda, los avances epistemológicos de Lazarsfeld, Merton, Lasswell y otros no absuelven al funcionalismo de su "trampa" metodológica en el sentido de excluir sistemáticamente los elementos de mutación, conflicto, polos contrarios y superación del sistema. Si esto es verdad, no es menos verdad que el funcionalismo en el contex­to de los EUA procura, en su cientificidad, la legitimidad del sistema social capitalista industrializado, teniendo en vista su perpetuación y funcionalidad. Un sistema que quiere perpetuarse y que, de cierto modo tiene "que." perpetuar, lógicamente encuentra en ese paradigma respaldo teórico para sus investigaciones, reflexiones y teorizaciones y hasta quiere expandir sus principios y fundamentos para otras reali­dades. Al final, el mundo desarrollado consiguió prosperar en la con­strucción del capitalismo, porque superó el llamado capitalismo dicho liberal y combinó mayor eficiencia (funcionalidad) económica de mer­cado con la construcción de un Estado de bienestar social. Si esto es verdad con relación al mundo industrializado, con relación al Brasil y a América Latina, la cuestión que se coloca sería: ¿perpetuar qué?. ¿la miseria?, ¿la concentración de renta?, ¿corregir las disfunciones de qué?, ¿del sistema educacional estrangulado y desfasado cómo está?. A pesar de la pertinencia de las cuestiones. no es menos impor­tante la cuestión de que ningún sistema vive y sobrevive sin fun­cionalidad. Ahí está el ejemplo de todo el fracaso del socialismo buro­crático europeo, que "murió" sin dejar recuerdos, porque simplemente no funcionaba en la atención de las necesidades vitales del ser humano. El problema central es transformar la cuestión de la funcionalidad, importante en cualquier realidad, en el único criterio de la verdad.

 

A pesar de sus ambigüedades, el funcionalismo está ahí presente, fortalecido por los enfoques lingüísticos y por toda la reflexión en torno al sistemismo. Esto se explica por su aspecto multipolar. Al misma tiempo que procura reforzar el propósito del comunicador en e] sentido de afectar, con cierta intencionalidad persuasiva. el compor­tamiento del receptor, el funcionalismo entiende que los medios de comunicación de masa no constituyen un sistema propio, sino el reflejo funcional y disfuncional de un sistema macro social, lo que está de pleno acuerdo con la lógica marxista y bien próximo al pen­samiento de los frankfurtianos, pues ambas corrientes afirman que los medios de comunicación de masa se tornan en una cultura pura­mente industrializada, con énfasis en los factores técnicos de la pro­ducción en detrimento de la creatividad de los artistas e intelectuales. En cuanto la idea de homogeneidad de los productos culturales, prin­cipalmente en los paises industrializados, es aceptada can cierta tran­quilidad por los funcionalistas, la mayoría de las "teóricos-criticos", con excepción de Benjamin, ven en este diagnóstico el corolario de la masificación.

Desde mediados de los años 80, hay una tentativa de las teóricos fucionalistas norteamericanos de aproximación a las tradiciones filosóficas e históricas de la sociedad, a los marxistas ingleses y a los teóricos del estructuralismo lingüístico como Derrida, Barthes y Foucault. Esa aproximación, aunque no haya producido efectos signi­ficativos, exige de los criticas del funcionalismo una postura de bas­tante seriedad, pues el funciunalismo permanece todavía hoy en con­frontación con los abordajes sociológicos especulativos con inten­ciones metafísicas y continúa comprometida coplas dimensiones empíricas de la realidad.

2) FASE DE LA CRITICA IDEOLOGICA

En el final de los años 60 e inicios de los años 70, se inicia una fase en la cual identificamos varios matices teóricos que, en el espacio de represión de los gobiernos militares que comienzan a proliferar en la América Latina, encuentran sentido para la DENUNCIA de la manipulación y del dominio de las fuerzas conservadoras y reaccio­narias -tanto internas coma externas-, destacando, principalmente, el dominio económico y cultural ejercido por los EUA en relación a los países latinoamericanos. Los abordajes que se desataron en los análi­sis de los fenómenos de la comunicación, a partir de esta época, son:

a) Semiótica Estructuralista.

A pesar de la resistencia del abordaje estructuralista para con la sociología e historia, ese enfoque tuvo un suceso significativo en el medio académico. Se tomó un modismo en los análisis de los discur­sos del poder dominante. Inclusive, como observan los Matellart, el abordaje de la linguistica estructural estudia las lenguajes "haciendo abstracción del hablante y del referente". Se estudio la lengua, pero no el lenguaje hablado por sujetos psicológica y sociológicamente situadas

En ese paradigma, ideología, a través de una variedad de enfoques, se convirtió en objeto y sujeta de los discursos. Detrás de los análisis críticos había una postura casi esquizofrénica en el sentido de des­cubrir y denunciar las estrategias, mediante las cuales, la ideología dominante manipula los medios de comunicación, convirtiendo a las personas en receptores pasivos y alienados. Los medios masivos eran moralizados según su posición y uso. En las manos del poder domi­nante, se tomaban instrumentos ideológicos casi pecaminosos. En las manos de los oprimidos y explotados, instrumentos santificados de liberación y emancipación.

El enfoque de la lingüística estructuralista trajo, sin duda, una contribución significativa para la discusión de la cuestión ideológica, minimizada y despreciada por los enfoques funclonalistas. Produjo también, serios equívocos en los análisis de los discursos (domi­nantes). Se perdió en un demincisma estéril e inconsecuente, cayendo en un ideologisrno miope, que veía toda y cualquier forma de discurso como un discurso ideológico. No había, por tanto, en la mayoría de las veces, ninguna diferencia del "discur­so" de una "nota finar, o de un anuncio de oferta de "masajista" en. -un periódico, de los discursos políticos, económicos, biografías y obras literarias. Se pretendía así, definir una inmensa práctica discursiva, sin explicar clara­mente la naturaleza de la ideología y sin establecer los diferentes niveles de los dis­cursos, o inclusive distinguir una mera comunicación de una artículo polémico con implicaciones políticas y psi-cosociales.

1,) La Escuela de Frankfurt y la "Industria Cultural".

A partir de los años 70, dentro del contexto de la denuncia y de la manipulación ideológica, se desarrolla el pen­samiento de la Escuela de Frankfurt, que procura recalo­car el marxismo como teoria analitica a ser incorporada a la cultura en la sociedad tecnológica.

Sin duda, los represen­tantes de la "Teoría Crítica", Adoro, Horkheiner, Benjamin y Marcuse, trajeron gran con­tribución para la afirmación y desarrollo de una crítica social a través del análisis de los fenómenos culturales. Hasta sus mismos críticos neo libe­rales como José Guilherme Merquior, reconocen esa con­tribución.

Básicamente, el pen­samiento de los teóricos frank­furtianos desarrolla sus criti­cas en dos direcciones: los aspectos imbecilizantes de la sociedad de masa y la crítica de la irracionalidad de la razón tecnológica.

A pesar de que las obras de las pensadores de la Teoría Critica, hayan sido, hasta hoy, traducidas sólo parcialmente y con gran atraso en relación a otros países y, en algunos casos con años de atraso en relación al texto original, la Escuela se convirtió en modis­mo del universo académico. Conceptos como el de "indus­tria cultural" pasaron a ser claves para entender una realidad emergente en el Brasil, de progreso tecnológico, desenca­denada por un Estado represi­vo y autoritario. Interesante destacar que este concepto surgió en un texto publicado por Adorno y Horkheimer en 1947, que afirmaban, en el prefacio, ser la obra una Intro­ducción a una teoría general de la historia y de la sociedad. Teoría esa que, en la reflexión posterior de los propios autores, nunca se realizó.

El concepto "industria cul­tural" se convirtió en un mecanismo de análisis para interpretar los productos cul­turales como mercaderías en busca de su espacio en el mer­cado de consumo. Ese enfoque imposibilitó la inteligibilidad, hasta con cierta normalidad, que con el contexto de las sociedades de masa, los pro­ductos culturales son, como cualquier otro producto, dependientes de la sus­tentación material, así como de la lógica de mercado.

La gran vulnerabilidad teórica de la escuela es, sin duda, su extremo pesimismo con relación a la sociedad tec­nológica. En el universo de la comunicación de masa nada se salva. El cine. la dimensión del "placer artístico", el humor y la televisión pertenecen a una esfera de hombres triviales, que se pierden en la búsqueda de aceptación de un "arte infe­rior". Hay, por tanto, en el pensamiento de los frankfur­t'anos, con excepción de Benjamin, una visión aristo­crática de la cultura, que se niega a aceptar la existencia de una pluralidad de experiencias estéticas y de maneras distin­tas de hacer arte y de usarlo socialmente.

Adorno era tan comprometi­do con un cierto elitismo litera­rio que, en perjuicio de la cla­ridad, desarrollaba en sus tex­tos un lenguaje altisonante, en un alemán tan adomiano, que algunos editores rehusaban traducir sus textos por consi­derarlos no inteligibles. Usaba, por tanto, con frecuencia, un lenguaje controvertido para hablar de trivialidades como en "Dialéctica del Esclarecimiento" (traducido al español como "Dialéctica del iluminismo"), en que afirmaba que todos los filmes dicen la misma cosa, pues lo que ellos hablan, es nada más que el triunfo del capitalismo. Afirmaba, también, que el filme no deja espacio para la fantasía y la creatividad del espectador, pues tiene por objeto adiestrar a sus víctimas y hacer que éstas identi­fiquen el filme con la realidad. Ciertamente. Adorno, además de profe­sar un profundo desprecio por el uso histórico del cine, desprecia. también la capacidad del espectador de encontrar en este arte su realización estética. Benjamín, a pesar de ser el único que sospechó del potencial liberador de los nuevos medios, tuvo su momento de recaída al mostrar, en una polémica con Adorno, su preocupación con el peligro que representaba el salto del cine mudo para el sonoro, en sentido de haber en esa evolución una pérdida estética.

Esos ejemplos demostraron los límites teóricos de la escuela para responder cuestiones cruciales del hombre en la sociedad moderna. El pesimismo y la postura meeanicista de los teóricos críticos dejaron en un callejón sin salida la cuestión de la cultura en su dimensión plural, del sujeto que se deja seducir y seduce en busca de la felicidad y de la resistencia de que todo hombre es capaz, aun en una situación de opresión.

C) La "Industria de la Conciencia"

Muchos estudiosos crecen que Hans Magnus Enzensberger, a través de su despretencioso libro Elementos para una Teoría de los Medios de Cornunicación, desarrolló una visión optimista con relación a la técnica. Seria incontable el número de articulos y ensayos escritos en el Brasil y en el exterior, haciendo un contrapunto entre el pesimismo de Adorno y Marcuse y el optimismo enzensbergiano. Inclusive, ese optimismo no se confirmó en la evolución del pen­samiento del autor. A pesar de Enzensberger haber sido un crítico radical de la nueva izquierda con su visión de los medios de comuni­cación como simples formas de manipulación, de entender el mensaje estético como un mensaje polisémico, admitiendo, consecuentemente, lecturas distintas; a pesar de haber descubierto las potencialidades socialistas de los medios, cuando afirma que "con una sola gran excepción, la de Walter Benjamin (y, a su imagen, la de Bertold Brecht), ningún marxista entendió la industria de la conciencia y sólo vio en ella su aspecto burgués y capitalista, sin darse cuenta de sus posibilidades socialistas; a pesar de esos avances teóricos, casi veinte años después de haber escrito su ensayo, Enznsberger, en un pesi­mismo casi mórbido, calificaba a la televisión de neurótica y terroris­ta, llegando incluso a afirmar que ella retrata un mundo vivido por un psicótico.

Sin duda, la "teoría" y el "optimismo" de Enzensberger, fueron sobreestimados, pues su Baukasten (caja de piezas para construir) se constituyó apenas de piezas sueltas sin una articulación mayor. En fin, una "teoría" que se perdió en la práctica, pues su video-democra­tizante no encontró espacio en el sofisticado mundo tecnológico. En cuanto Enzensberger continúa en el campo literario con un extraordi­nario brillantismo, su "teoría" de los medios de comunicación se torna cada vez más irrelevante, pues, a no ser en la cabeza de algunos desinformadas, esta teoría no ocurrió y ni ocurrirá conforme recono­ció su propio autor en una entrevista concedida a la Revista Brasileña de Comunicación en 1985.

d) La teoría de la acción comunicativa.

Habermas es hoy el nombre de mayor expresión de los que todavía representan el pensamiento de la "Escuela de Frankfurt". El desarro­lla sus ideas buscando su propio camino y se ha posesionado crítica­mente con relación a los representantes de la escuela. Teoriza sobre el fenómeno de la comunicación partiendo de una teoría de la "compe­tencia comunicativa" en los años 70 para llegar a la "teoría de la acción comunicativa" en los años SO.

La "acción comunicativa" significa para Habermas el desprendimiento de que los individuos actúen de manera competente en el establecimiento del diálogo teniendo en vista su realización per­sonal y colectiva. Ese diálogo se establece sobre fundamentos éticos

y comportamentales. Para que la "acción comunicativa" sea posible es necesario que todas las verdades anteriormente consideradas váli­das e intocables puedan ser cuestionadas, que todas las normas y valores vigentes sean justificadas y que todas las relaciones sociales se tornen resultado de una negociación en la cual se busque el con-censo a través del mejor argumento en un clima de respeto y recipro­cidad. En principio, nadie, con el mínimo de sensatez, estaría contra ese catálogo de buenas intenciones. Todavía no es imposible omitir la cuestión por demás pertinente: ¿dónde se realiza esa "acción comu­nicativa"?. La respuesta a esa cuestión nos coloca, también, en un callejón sin salida. pués, para el propio Habermas, ella se da en un espacio en que la conciencia tecnocrática produce permanentemente el empobrecimiento del lenguaje, la politización de la opinión pública y la sumisión de la organización de la vida colectiva. ¿Cómo practicar la "acción comunicativa" en esta realidad? Habermas. a través de una gimnasia teórica, dicotomiza la realidad del capitalismo avanzado.

Reconoce el universo de la "conciencia tecnocrática" o de la "integración sistémica", pero establece la existencia del "Lebenswelt" (mundo vivido), donde se realiza la "acción comunicactiva", corrigiendo las distorsiones del mundo sistémico. A pesar de la perti­nencia del argumento, la reali­dad sistómica del capitalismo avanzado se presenta cada vez menos fragmentada por la integración cada vez mayor de lo cotidiano de las personas con la "racionalidad teenocrátí-ca". Haberles reconoce esa realidad. por eso cree aún sin perder la esperanza, en la impotencia y en el carácter utópico de su teoría.

e) Los "Aparatos Ideológicos del Estado"

Aún en este cuadro del denuncismo y del ideologismo, es necesario destacar el encuentro de los teóricos de la comunicación con Althusser y sus "aparatos ideológicos'.

La fascinación por Althusser ocurrió, principal­mente, por tratar el fun­cionamiento de los medios de comunicación en los regímenes autoritarios y dictatoriales pre­sentes en la mayoría de los países latino-americanos en la década de los 70. Hecho ese inexistente en los países industrializados y democráti­camente establecidos, donde el espacio democrático permite la diversidad de la producción y no somete la reproducción del poder, lo que explica el poco éxito de Althusser en estos países.

El paradigma encuentra su "fundamento" en un libro despretencioso, escrito en 1969. El propio autor insistió en un subtítulo denominado "Notas para una investigación'. El traductor para el portugués habla de una introducción a una discusión. A pesar de esas reservas, el librito de Althusser se tomó una 'Biblia" en el medio académico y un cons­tante referencial teórico de sin­número de disertaciones y tesis en el área de la comuni­cación.

Para Althusser, la ideología se opone a la ciencia y sólo puede ser concebida como ilusión. Separa, por tanto, ideología del universo científico (o de la ciencia). El investi­gador se torna, consecuente­mente, en un mero constata­dor de hechos y no un mani­pulador de conocimientos. Ni los positivistas clásicos fueron tan rigurosos en su vieja ilusión del saber

NEUTRO y OBJETIVO

A pesar de una cierta origi­nalidad, el libro se torna extremadamente vulnerable en sus conceptos y en su propia pretensión teórica. Su con­tenido teoricista, encerrado en la racionalidad de la reproducción social, expresa la idea de que el Estado es una máquina autosuficiente y auto-abasteci­da. No se llevan en cuenta las contradicciones que dinámica­mente entrañan, no sólo las estructuras del Estado, sino también todas las estructuras sociales.

Un año después de haber escrito su texto fundamental. Althusser escribió un POSTCRIPTUM en el que inser­ta el concepto de LUCHA DE CLASES en el sentido del marxismo clásico, hecho éste minimizado en el texto propia­mente dicho. Todavía, para tener un mínimo de coherencia, Althusser debería afirmar que la lucha de clases se desarrolla dentro de todos los "aparatos", lo que les quita el carácter de meros cumplidores de órdenes de un Estado omnipotente y que, conse­cuentemente, destruye todas las acrobacias teóricas formu­ladas en las "Notas para una Investigación".

A mediados de los años 70, Althusser, realizando su autocrítica, reconoció el for­malismo excesivo de su con­cepto de ideología y que su operacionalidad no poseía ningún valor universal. Fue una reflexión un poco tardía, pues, en cuanto sus ''aparatos ideológicos" tenían óxito en el universo académico brasileño, en Francia, algunos teóricos afirmaban que Althusser hacia parte de las curiosidades museográficas de la ciencia crítica, aun estando todavia vivo. Con su muerte, el 22 de Octubre de 1990, ciertamente su ''teoría" de la ideología fue-también enterrada con él, quedando sus reflexiones que no dejaron de innovar considerable­mente, en el estudio de las culturas populares.

0 La "Dependencia Cultural"

En el contexto aún de la denuncia ideológica y de la dominación, destacamos los trabajos de diferentes teóricos de origen latinoameri­cano, además de autores europeos y norteamericanos. Esos autores procuraban reflejar, a veces refutar, asimismo superar críticamente, diferentes modelos y aportes teóricos teniendo en vista la búsqueda de nuevos referenciales que atiendan las necesidades de orden político-social de las sociedades latinoamericanas y que puedan ser instru­mentos de interpretación de los fenómenos de comunicación de masa en sus dimensiones éticas, culturales y sociales, en el ámbito del capitalismo internacional.

Sin duda, fue el norteamericano Herbert. Schiller, uno de los primeros teóricos en desarrollar y denunciar los medios de comuni­cación como mercadería regulada por las leyes de mercado en el con­texto de la expansión del capitalismo monopolista. Ese enfoque trata­ba dc analizar la "agresión ideológica" realizada por los grandes oligopólios, principalmente de origen norteamericano en el espacio latinoamericano. Ese análisis tenía como referencia la cuestión de la "dependencia cultural" de los paises industrializados. Esa dependen­cia estaría íntimamente. relacionada con la reflexión de los teóricos de la "teoría de la dependencia", quienes, a través de ese instrumento. procuraban calificar la expansión del capitalismo del primer mundo y el estancamiento de los países capitalistas subdesarrollados como elementos constitutivos de una mismo proceso.

Básicamente, los teóricos de la "dependencia cultural" denuncia­ban los mecanismos de dominación ideológica a través de culturas alienigenas sobre las culturas genuinamente latinoamericanas. En esa línea destacamos los trabajos de autores como: Armand Mattelart, Roque Farone, Luis Ramiro Beltrán, Peter Schenkel, Antonio Pasquali, Juan Somavía y otros.

A pesar de la contribución significativa que esos teóricos de la "dependencia cultural" trajeran a las reflexiones de los fenómenos de comunicación, cuestiones fundamentales permanecieron en abierto y otras simplemente fueron relegadas al olvido. Así como la "teoría de la dependencia" se perdió en una serie de ambigüedades, además de haber sido atropellada por nuevos acontecimientos de orden político y social en la América Latina y en el mundo en general, el enfoque de la "dependencia cultural" se convirtió en una instrumento empobrecido por la versión dicotomizada de la realidad, dividiendo el mundo entre 'jovencitos" y "bandidos" y por distorsionar el mundo del cotidiano y de la conciencia del receptor, mucho más complejo y dinámico que la pasividad mórbida retratada en las reflexiones desarrolladas.

En 1972, Mattelart y Ariel Dorfman estaban preocupados en analizar las artimañas ideológicas de Pato Donald, que además ya habia sufrido criticas moralizantes de corrientes conservadoras hasta en EUA, en la década del 50, donde acusan a las historietas en dibujo animado de transmitir mensajes perjudiciales para los niños. En 1987, Armand y Michele Mettelart al analizar la Red Globo y sus imá­genes, concluyeron que la buena acogida de las telenovelas brasileñas en el continente europeo se debe, en parte, "al hecho de que prometen ser respuestas al «logos@ agotado de la modernidad occidental". Ciertamente seria risible que el europeo hable de "dependencia cul­tural" de imágenes alienígenas venidas del Brasil.

A pesar de haber dado cuenta de problemas pertinentes, los teóri­cos denuncistas no consiguieron superar, la retórica de la palabra orden, tal vez obcecados por la lógica con la que el autoritarismo imponia su discurso y control sobre la sociedad latinoamericana.

g) El Cientificismo Sistémico

A partir de mediados de los años 70, en el contexto de profundos cambios de orden económico, se desarrolló en diferentes campos de las ciencias humanas, principalmente en el área de la comunicación, aquello que denominamos de etapa cientificista, fundamentada en el modelo informaclonal que entiende comunicación como "transmisión de información".

Algunos teóricos y estudiosos de la comunicación encontraron en este modelo un marco de conceptos precisos, métodos y esquemas operacionales que, sin duda, se tornaron relevantes para la organi­zación y funcionamiento de modelos de comunicación, o más precisa­mente. de transmisión, Ejemplo significativo de la práctica sistémica es el desarrollo de todo el complejo de la Red Globo de Televisión.

El modelo sistémico responde de manera eficiente a los requeri­mientos de la sociedad tecnológica y de sus modernas organizaciones, con todo, deja lagunas insalvables en relación al sentido de esta propia sociedad, pues el conocimiento se concretiza a través de un proceso de acumulación de información y de mecanismos de clasifi­cación. Ese nuevo positivismo se niega a traer para el campo de sus reflexiones la cuestión del poder y del análisis de la producción del sentido en la práctica comunicativa. Para los sistemistas, la con­tradicción no es resultado de ambigüedad y deficiencia metodológica. En fin, una "nueva" racionalidad que procura minimizar la discusión política de los hechos sociales y re­chazar el desarrollo científico, como un fenómeno discontinuo, con significativas rupturas, que está permanentemente reestructurando los sistemas en su totalidad.

En el Brasil, tenemos un ejemplo significativo del fracaso espectacular de este modelo, por la negativa de la realidad en encajarse en la racionalidad sistemática. Fué lo que aconteció con el proyecto SACI que pretendía ser un Sistema Avanzado de Comunicaciones Interdisciplinarias a través del uso de satélites con objetiwos educacionales, en el inicio de los años 70. La tentativa de modernizar lo arcaico, en sentido de trans­formar la pobreza de enseñanza del estado de Rio Grande del Norte, consiguió arcaizar toda la parafernalia moderna con esquemas cibernéticas, informacionales y sistémicos.

Los "expertos" del proyecto SACI, no captaron el mensaje, de que la racionalidad modernizadara en una ambiente ca­rente de energía, de condiciones de trabajo, salud y ali­mentación, no pasaría de una ilusión disfrazada con la más­cara de la cientificidad. Detrás del discurso sistémico, había la creencia de que es posible controlar lo real a través de los planos, de los gráficos, de los datos, de los diagramas y de las flechitas que hacen el puente del 'input" al "output". El modelo mismo permanece intocable cuando la realidad lo desmiente. Esa fue la lógica desarrollada en el proyecto SACI que, a pesar de todos sus obstáculos tecnológicos, se mostró tan disfun­cional al punto que sus idealizadores procuren olvidar que algún día existió un proyecto "avanzado de comunicación", que iría a revolucionar la enseñanza en el país.

A pesar de esa crítica, el.sistemismo no puede ser descarta­do ante la complejidad de los sistemas, organizaciones y estructuras tecnológicas de la sociedad moderna. Al final, el sistemismo se desarrolla como instrumento de sobrevivencia de los alternas. Es a través de él que descubrimos cómo los sistemas funcio­nan, se institucionalizan, se regeneran y sobreviven. Toda la dis­cusión, hoy, de la post-modernidad, ocurre en consonancia con las visiones sistérnicas de las organizaciones sociales.

La contribución epistemológica de la sistémica o Teoría General de los Sistemas no deja, por tanto, de tener su importancia no sólo en el área de la comunicación, sino también para todo el campo de las ciencias sociales.

El sistemismo, como ocurre en otras metodologías, tiene la preten­sión de establecer con sus enfoques teóricos la unidad de la ciencia. En el pensamiento de uno de los "padres' del sistemismo (Teoría General de los Sistemas), Ludwing Van Bertalanfly, es posible trans­formar un modelo de análisis en un instrumento universal de expli­cación de los problemas y de la complejidad de cualquier organi­zación, pues todos los sistemas, sean biológicos, físicos, sociales y psicológicos, tienen problemas y características comunes. El total de acontecimientos observables, presenta uni­formidades estructurales, que se manifiestan por trazos isomórficos de orden en los diferentes niveles o dominios. En consecuencia de eso, Bertalanfly propone una Teoría General de los Sistemas como un modelo que daría unidad a la ciencia en la isomórfia de las leyes.

A pesar de que el sistemis­mo busque con cierta lógica una forma general (modelo) de un universo de compleji­dades sistemicas, de trabajar con perti­nencia con­ceptos como el de "... totalidad y su mecani­zación, cen­tralización, orden jerárquico, estados esta­cionarios y estables. equifinalidad. etc.,  "tanto en el campo de las ciencias na­turales como en el de las ciencias sociales, a pesar de  todo eso, el sistemismo no se trans­forma en un sistema epistemológico en la cualidad de ser un instrumen­to UNIVERSAL de explicación de realidades tan sorpren­dentes e imprevisibles que constituyen las diferentes condiciones históricas. Es más, no existe ningún modelo epis­temológico que satisfaga tal pretensión.

Aún en el universo del sis­temismo, vale destacar la rica polémica establecida entre Niklas Luhmann, partidario de una versión moderna de la teoria sistémica, y Jürgen Habermas. Arribos revivieron, a fines de los años 60, la disputa trabada entre Adorno (teórico critico) y Karl Popper (neoposi­tivista) en el encuentro de sociólogos, de Tübingen, en 1961.

 

Para fundamentar su mode­lo de análisis. Luhmann y Bertalanfy recurren al modelo de la biología, además de bus­car fundamentos en la teoría de sistemas de Parsons, quien fue su profesor durante su per­manencia en los EUA, y en los principios cibernéticos.


Diferentemente de los sistemas ortodoxos, Luhman interpreta la sociedad no corno algo cerrado o acabado ni como un mero sistema social. Sociedad para él significa y representa no sólo el curso evolutivo de la especie humana, sino también su proyección para el futuro. Hay, por tanto, en su pensamiento una versión dinámica de los procesos sociales.

Corno innovación en el análisis sistemico, Luhmann desarrolla el concepto de SIG­NIFICADO, el cual permite la interacción dialógica entre las personas de un determinado contexto social y sustituye el concepto cibernético de información, que acaba siempre siendo reducido a la dimensión de transmisión. Lo que recorre cables e hilos, no es informa­ción, sino señales, que inter­pretados tendrán significados.

A pesar de que Habermas muestra las limitaciones y contradicciones del pensamiento de Luhmann, destacando que el conceptual sistémico y toda su lógica se hacen incompati­bles con la categoría de SIG­NIFICADO, y que en el sis­ternismo no hay espacio para criticar los significados sociales relacionados con normas y va­lores y la manera de estable­cerlos consensualmente. Luhmann insiste en que esto es posible a través de una interacción dialógica, que per­mite cuestionar, reglamentar y establecer normas y valores que regulan un determinado sistema social.

En cuanto Luhmann va­loriza el sistema y la racionalidad instrumental y técnica de la sociedad que rige el mundo de la economía y política, que a su vez determina la organi­ zación de las fuerzas productivas, que aseguren el desarrollo y la sobrevivencia material de los hombres en sociedad, Habermas ve ese universo con desconfianza y desprecio sin que ello implique negarlo o incluso ignorarlo. Admite que el sistema tiene su propia reglamentación, o como él denomina su ''integración sistémica". Todavía, hay una otra esfera, la cultural y social, el "Lebenswelt" (mundo vivido) donde los actores están envueltos en situaciones con­cretas de vida. En ese espacio se realiza la racionalidad comunicativa, o "competencia comunicactiva" con el objeto de colocar la razón instrumental, tecnocrática (sistémica) en su debido lugar, esto es, sin interferir, usurpar o manipular el "Lebenswelt" de las personas.

>En cuanto el discurso dicotómico-dialéctico de Habermas, se transforma casi en una "profesión de fé" y de esperanzas, la realidad indica cada vez más la falta de "capacidad comunicativa" en el "mundo vivido" y la permanente expansión de la organización sistémi­ca en todas las esferas sociales con nuevas formas no sólo de dominio y poder, sino también de sobrevivencia y esperanzas

CONCLUSIONES

Pensar la cuestión epistemológica en los días actuales, exige, en consecuencia de lo arriba expuesto. algunas rupturas.

Primero, en relación a la visión tecnicista de la comunicación com­prometida con un positivismo ya superado, que reduce la cuestión de la comunicación a un problema tecnológico. privilegiando la produc­ción y destacando apenas la funcionalidad de los medios en los proce­sos comunicativos.

En segundo lugar, es necesario superar el etnocentrismo cultura-lista, que entiende la realidad de la cultura de masas como un proble­ma de degradación cultural y de la fascinación en la cultura aris­tocrática y elitista, como el único campo para la realización estética, superando esas visiones, necesario se hace rechazar el dominio de un pensamiento organizado y estructurado de acuerdo con principios lógico-conceptuales. Formalismo ese que no responde a las cuestiones fundamentales de un realidad plural en plena efervescencia de ideas y envuelta en movimientos culturales nacionales y transnacionales. Es necesario priorizar el análisis de las relaciones interactivas, de las situaciones dialogales entre prácticas culturales en los diferentes niveles y movimientos sociales. Para comprender hoy los fenómenos culturales es necesario penetrar, de manera dinámica y creativa, en un universo heterogéneo, en el cual los grupos sociales expresan sus particularidades con simbolismos e imágenes propias.

Otro desafío metodológico que cabe a los estudiosos de la comunicación es descubrir la constitución histórica de lo masivo y su desa­rrollo, no de manera abstracta o idealizada, sino como elemento inte­grado en la organización del Estado y en la realidad de mercado como factor igualitario y libertario de toda suerte de monopolios y holigopolios, y relacionar ese descubrimiento con los procesos culturales.

Para enfrentar esos desafías, es necesario pensar la cuestión epis­temológica de manera transgresora. La esfera metodológica no es un campo sagrado sin espacio para la creatividad y "violaciones". El argumento de que es posible, a través de modelos (manía de modelos) y esquemas, buscar la verdad, como desean ilustres teóricos, es pura ilusión. Lo máximo que se puede alcanzar es la construcción de pen­samientos más verdaderos, con "violaciones" y "transgresiones" consientes de un universo fragmentado por teorías envejecidas y esque­mas superados. Para conocer el objeto de la comunicación, es nece­sario, por tanto, radicalizar la reflexión en pro del pluralismo metodológico.

No es fácil asumir ese pluralismo, ni asumir las "violaciones". Ese es un camino que exige dedicación, estudio y una profunda reflexión del pensamiento construido. Todavía esa postura permite, a decir de Feyerabend, derrumbar "el mito de la coherencia de realidades in­coherentes" y "convertir fuerte el argumento débil". o todavía, permite analizar con rigor simultáneamente los elementos de dominación como las ilusiones de la liberación.

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