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Cuadernos Hospital de Clínicas

versión impresa ISSN 1562-6776

Cuad. - Hosp. Clín. vol.61 no.1 La Paz jul. 2020

 

MISCELÁNEAS

 

Aniceto Solares

 

 

Jorge Fernández Dorado*
*Médico Cardiólogo del Instituto del Tórax. Jefe del Departamento de Ciencias Funcionales, Medicina, UMSA


 

 

La indagación de la vida de figuras del pasado, tiene la virtud de reflejar a los biografiados, al medio social y a la época en la que les cupo actuar.

Los recursos y oportunidades no fueron - ni remotamente - los que hoy existen, no cabe por tanto la crítica acerba, pero tampoco cabe el endiosamiento apologético. En el caso de Solares intentaremos una tesitura equilibrada.

Aniceto Solares Llano, nació en 1886, catorce años antes de expirar el Siglo XIX. Bolivia se recuperaba de la Guerra del Pacífico cuando estalló la Revolución Federal cabalgando - como jinete apocalíptico-sobre dos siglos el XIX que se iba y el XX que llegaba. Tregua y no paz con Chile, Guerra Civil llamada federal con tres componentes etiopatogénicos - si se me permite la licencia lingüistica-liberalismo insurgente, levantamiento campesino con un fuerte ingrediente étnico a la cabeza de "Zarate el terrible Wilca" y como detonante, la confrontación regionalista más grande de la historia de Bolivia entre el ejército Federal del Norte encabezado por el General José Manuel Pando, versus el ejército constitucional del sur, liderado por el Presidente Severo Fernández Alonso. ¡Vaya conflicto tricéfalo!, político, étnico y regionalista.

Ambos ejércitos se enfrentaron en el crucero de Cosmini primero y en el de Paria después. Triunfó el Norte postergando al Sur y traicionando a su aliado Zarate Wilca.

A la Guerra Civil siguió la Guerra del Acre contra Brasil y el oprobioso tratado de Petropolis (1903) y el no menos oprobioso con Chile (1904). La Guerra del Chaco (1932-1935) ensangrentó una vez más al país, ella permitió a Bolivia descubrirse a sí misma, étnica, lingüística y culturalmente diversa, pero sobre todo socialmente fracturada. En las trincheras convivieron amos y "pongos" (léase siervos). Bolivia se vio reflejada en el espejo del Chaco, atrasada y feudal, latifundista y gamonal con un Estado minero copado por tres Barones dueños del Estaño.

La intelectualidad caldeada por las ardientes arenas del Chaco y el fragor de la batalla generó en la pos guerra derroteros como la "tesis de Pulacayo" y la "tesis de Ayopaya" y otras obras como "Nacionalismo y Coloniaje, diagnosticando la realidad nacional y señalando líneas ideológicas y estrategias políticas que apuntaban a una transformación socioeconómica, visión a la que se sumó la logia militar RADEPA (Razón de Patria).

La "Revolución Nacional" del 9 de abril de 1952, fue la erupción volcánica y descompresión social que tuvo como divisa la Nacionalización de las Minas, Reforma Agraria, Reforma Educacional y Voto Universal. La transformación social fue evidente, aunque incompleta, la inflación y la corrupción campearon, el latifundio se transformó en minifundio que empobreció al campesino y el voto universal produjo un salto cualitativo de innegable transcendencia.

El Estado copado por un solo partido y en el intento de perpetuarse en el Poder, deterioró la imagen del Gobierno Nacionalista que -corroído en la línea de flotación- naufragó dando paso al militarismo autoritario.

La Bolivia contemporánea de Solares, por lo visto, era una Bolivia crispada y poco propicia para el desarrollo humano, en contraste con el medio geográfico de su habitat salpicado de vegas cordilleranas tibias y apacibles. Allí nació y vivió Solares en las faldas del Churuquella y Sica-Sica, los cerros tutelares de la ciudad blanca de América, en la misma casa donde -coincidentemente-nacieron dos emblemáticos chuquisaqueños, Jaime Zudáñez procer de la independencia americana y Jaime Mendoza médico, novelista, historiador y geopolítico (este último motivo de otra crónica nuestra "Cuadernos", vol. 51, N° 2, página 118, semblanza médica, Dr. Jaime Mendoza).

Aniceto Solares estudió medicina al despuntar el Siglo XX y hacia 1907, el destino jugó para él un rol afortunado.

El Gral. Pastor Sainz Cossio, un acaudalado industrial minero, al caer enfermo, requirió la atención del Dr. Nicolás Ortiz, colaborado por Solares, a la sazón, practicante (lo que llamaríamos hoy Interno). La abnegación y la dedicación de Solares debieron influir en el ánimo del Patricio Sainz, pues no es casual que, en su testamento, entre otras disposiciones legó a Aniceto Solares recursos para sus estudios de post grado en Francia.

Sainz falleció en 1907 y Solares se graduó en marzo de 1908, viajó a Paris recién en 1910, habrá que deducir que los tres años que mediaron entre el fallecimiento de Sainz y el viaje de Solares transcurrió el trámite para hacerse efectivo el legado. Paris dejó de ser un sueño para convertirse -surcando el Atlántico- en palpitante realidad. El "Hotel Dieu" (Hospital General) situado en la lie de la Cité, isla abrazada por el Sena, en el corazón mismo de la ciudad luz, acogió al joven estudiante de oftalmología.

El Hotel de Dios (si cabe la traducción) era y es vecino de Notre Dame, la Catedral donde fue coronado Napoleón Bonaparte y desde donde -Cuasimodo el Jorobado- protegió a la bella Esmeralda en la mágica obra de Víctor Hugo.

Solares, inquieto como era, continuó sus estudios en el Instituto Pasteur, así bautizado en homenaje al célebre cazador de microbios y pionero de la inmunología. Allí se consagró al estudio de la parasitología.

Solares de regreso a Sucre en 1913 y luego de tres años de ausencia, creó las Cátedras de Oftalmología, Otorrinolaringología y Parasitología. En cuanto a la Oftalmología se refiere, ella tuvo sus primeros escarceos en Bolivia con Gerardo Vaca Guzmán en Sucre, Gustavo Carvajal y Arturo Ballivián Otero en La Paz. El español José Sermó y Montobio y el Itliano Mazzoi entre los extranjeros que eventualmente ejercieron en el país. Si hubo algún otro, no existe referencia documental.

Aniceto Solares fue -sin desmerecer a sus ilustres predecesores- quien en 1913 inicia en Bolivia la especialidad en forma clara, plena y permanente.

Aniceto Solares poseía dotes carismáticas, buena presencia, modales finos y aristocráticos, verba aterciopelada y elocuente. En cuanto a su carrera universitaria se refiere, fue Decano por aclamación y tres veces Rector de la Universidad Chuquisaqueña. Rector también de la Universidad San Simón de Cochabamba.

En lo que a su Carrera Política concierne, fue Diputado Nacional, Senador de la República, Ministro de Estado en los Gobiernos de Hernando Siles Reyes, Carlos Quintanilla y Miembro de la Junta de Gobierno y Canciller de Tomás Monge Gutiérrez. Fue también embajador de Bolivia en la República Oriental de Uruguay.

El título más alto que ostentó fue el de "Maestro de la Juventud Boliviana" otorgado por la Federación Universitaria Boliviana (FUB), máximo ente universitario de la época.

Lo que relataremos a continuación parecería intrascendente, visto con los ojos actuales, pero, para esa época de aislamiento, vías precarias y medios financieros muy limitados, suponía vencer innumerables obstáculos.

La tuberculosis en Bolivia recrudeció luego de la Guerra del Chaco. Este hecho movió al Rector Solares cursar una invitación al prestigioso tisiólogo argentino Dr. Gumercindo Sayago de la Universidad de Córdova para dictar un ciclo de conferencias en Bolivia. El financiamiento del viaje supuso una serie de trámites, donde participó el Rector de la Universidad Mayor de San Andrés a la sazón el Arquitecto Emilio Villanueva, el Ministro de Salubridad Dr. Abelardo Ibañez Benavente. Luego de una serie de peripecias incontables, llegó Sayago dio conferencias en La Paz y Sucre y a su vez propició la creación de un laboratorio para la elaboración de la vacuna BCC en esta última ciudad, además concesión de becas para jóvenes médicos bolivianos para su entrenamiento en Córdova. Así culminó la feliz iniciativa de Solares.

La trayectoria de Solares no estuvo exenta de críticas, así, aquel hombre mesurado -en franca disonancia con su alta investidura- tuvo dos notables exabruptos, abofeteó en plena Plaza 25 de Mayo a un distinguido profesor, el Dr. Carlos Morales y Ugarte -crítico de su gestión- y asumió la misma deplorable actitud con el Universitario Ramón Chumacera Vargas en los predios del Hospital Santa Bárbara.

Solares poseía una indudable capacidad organizativa, sin embargo, curiosamente, nunca impulsó una Escuela Nacional de Oftalmología que hubiese sido un semillero de Oftalmólogos para todo el país, iniciativa que hubiera estado en concordancia con su título de Maestro de la Juventud Boliviana.

La crítica más notable -sin embargo- se refiere a no haber promovido la autonomía universitaria en 1928, siendo Ministro de Instrucción Pública durante el gobierno de Hernando Siles Reyes. La autonomía surgió, como es sabido, recién en 1930 luego de una tenaz e incesante lucha.

Solares no se percató de la trascendencia de una conquista que estuvo en sus manos, históricamente, lo hubiese encumbrado como al gestor de la Autonomía Universitaria en Bolivia.

El enjuiciamiento de una vida, no siempre es justo, en ocasiones se apagan deliberadamente los reflectores y, en otras, brillan las candilejas del proscenio, ignorando la urdimbre de bambalinas y bastidores que unas veces se mueven a favor y otras en contra, cualquiera que fuese el escrutinio de la vida de Solares, lo evidente es que tenía grandes dotes políticas, era pues un político por antonomasia, contrariamente a la opinión de su principal biógrafo, el Dr. Enrique Vargas Sivila. Las características de un arquitecto de la sociedad son precisamente brillar, actuar, planificar y embrujar a sus seguidores para conseguir objetivos de bien común.

Solares era poseedor de una recia personalidad que contribuyó tanto en el campo universitario como en el de la oftalmología. Recompensó a su mecenas, el Patricio Pastor Sainz, cuando en su lecho de muerte le prometió devolver con creces su generosidad. Así fue.

 

 

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