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Cuadernos Hospital de Clínicas

versión impresa ISSN 1562-6776

Cuad. - Hosp. Clín. vol.53 no.2 La Paz  2008

 

ÁMBITO CULTURAL

De la Genialidad a la Locura Friedrich Nietzsche

 

 

Omar F. Campohermoso Rodríguez. *

* Docente Emérito de la Facultad de Medicina, UMSA.
Campohermoso0701@ yahoo.es

 

 


 

 

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), fue aquejado por problemas de salud mental toda su vida y murió, a los 56 años, con un cuadro de severa demencia, a p a r e n t eme n t e vinculada a la sífilis terciaría que lo agobiaba. Pero padeció, además, intensas jaquecas que hacen presumir una esquizofrenia, que lo llevaron a consultar con muchos médicos de Europa en busca de alivio. El controvertido autor de “Así hablaba Zarathustra, Humano, demasiado Humano, Más allá del Bien y del Mal”, postulaba que la selección natural, influenciado por Darwin, tan en boga en su época, operase sin obstáculos sobre los humanos favoreciendo la sobrevivencia de los más aptos y más fuertes.

Según Hirschberger, Nietzsche es el tercer gran pensador revolucionario en la filosofía del siglo XIX. Al igual que Marx y Kierkegaard.1

Por otra parte, Russell anota: Nietzsche se consideró así mismo con acierto, como el sucesor de Schopenhauer, al que, sin embargo, es superior en muchos aspectos, particularmente en su solidez y coherencia de su doctrina. La moral oriental de Schopenhauer de la renunciación no parece encontrar con su metafísica de la omnipotencia de la voluntad; en Nietzsche, la voluntad tiene primacía, ética y metafísica.2

BIOGRAFÍA
Friedrich Nietzsche (Fig. 1) nació en Rocken bei Lützen, junto a Leipzing (Sajonia), el 15 de octubre de 1844. Su padre, Karl Ludwig Nietzsche, era pastor protestante y párroco en aquella villa; debía esta gracia al rey de Prusia Federico Guillermo IV.1

La familia Nietzsche podría, según los biógrafos, emparentar con antiguas familias aristócratas polacas. Su ambiente familiar era de rigor religioso llevado a la práctica con exigencias intelectuales y piadosas. Sus padres tuvieron otros hijos como: Elisabeth que nació en 1846; otro hijo varón nació en 1848, le pusieron de nombre Joseph y murió en 1850. Esta muerte impresionó vivamente a Friedrich, Un año antes, había muerto su padre a consecuencia de una caída cuando bajaba por las escaleras de la iglesia.

La familia se trasladó, luego de la muerte del padre,

a Naumburg, y Friedrich de 5 años vivió entonces en un ambiente dominado por mujeres, pues, además de la madre y la hermana, convivían con ellos la abuela, una tía, y una criada de la madre, que cuidó a Nietzsche en los últimos momentos. Tanto Friedrich como Elisabeth (Fig. 2) sufrían, como herencia de su padre, de una miopía acentuada y eran propensos a fuertes cefaleas.

Después de los estudios primarios ingresa a la escuela local como becario a los 14 años, en la célebre institución de Schuipforta; este centro educativo contaba con prestigiosos alumnos y se caracterizaba por una formación humanística rigurosa sobre las lenguas clásicas. Friedrich extremó el rigor y las exigencias escolares para consigo mismo, en el cumplimiento de la disciplina y en la dureza de la vida. Por ese tiempo comienzan sus ensayos en composición musical, afición que había heredado de su padre; fundó con algunos amigos la Unión Musical de Gemianía.

 

A los 20 años (Fig. 3) ingresa a la Universidad de Bonn, con el fin de estudiar teología en atención a la tradición familiar, y filología por el interés que le despertaron los clásicos en Pforta. Allí se vincula a un profesor de filología griega, Friedrich Ritschl, quién influirá mucho en su vocación y profesión. Este paso a la Universidad de Bonn fue totalmente opuesto a la rigidez y austeridad del colegio secundario; Nietzsche no quedó satisfecho. Para el curso siguiente se trasladó a la Universidad de Leipzig, donde estudia filología. Crece su entusiasmo por la música y se decepciona cada vez más de la teología. Incrementa sus composiciones musicales; y a pesar de su familia, abandona definitivamente la teología y funda la Unión Filológica por indicación de Ritschl. Sus preferencias eran por una filología filosófica.3

 

En diciembre de 1865, revisando libros en una librería, encontró “El mundo como voluntad y representación”, del filósofo Arthur Schopenhauer. Lo hojeó y lo llevó a su casa, leyéndolo con entusiasmo. El aspecto voluntarista y el pesimismo schopenhauerianos le impresionaron y prevalecieron durante toda su obra. Este fue un despertar filosófico que se grabó fuertemente y al que Nietzsche agregó sus reflexiones; durante toda su obra enriqueció estos conceptos. Nietzsche dice del libro:

«Creo que no será difícil imaginar la impresión que, en esta situación, tenía por fuerza que causarme la lectura de la obra principal de Schopenhauer. Encontré un día este libro en la librería de viejo del anciano Rohm. Ignorándolo todo sobre él, lo tomé en mis manos y me puse a ojearlo. No sé que demonio me susurró ‘llévate este libro a casa’. Ocurrió, en cualquier caso, contra mi usual costumbre de no precipitarme en la compra de libros. Una vez en casa me arrojé con el tesoro recién adquirido a un ángulo del sofá y comencé a dejar que aquel genio enérgico y sombrío influyera sobre mí».4

Por esta época, a los 21 años, lee también Las Historias del materialismo, de Lange, y se interesa cada día más por las ciencias de la naturaleza, hasta el punto de pensar en estudiar ciencias químicas, pudiéndolo conseguirlo de no haber surgido la propuesta de la cátedra de filología en Basilea,

También Friedrich, tiene sus experiencias en el campo militar. En 1887, en función de una guerra que libraba su país, es incorporado a un regimiento de artillería, pero cae del caballo y se fractura una costilla, por lo que es dado de baja. En ese tiempo escribe algunos ensayos y también colaboraciones para importantes revistas de Berlín, trabajos de índole histórico.1

En 1868, Friedrich, se contacta con otra de las figuras que van a marcar decididamente su vida: Richard Wagner y Lou Andreas Salomé. Al escuchar una interpretación de “Los Maestros Cantores de Nüremberg” queda muy impresionado por la música. Wagner no es sólo su músico preferido, sino que también será su amigo, maestro, y durante largo tiempo lo considerará instaurador de una auténtica cultura, Wagner, su música, su mundo, permanecerán siempre íntimamente compenetrados en la vida de Nietzsche. Entre sus temporadas más dichosas contarán los días que pudo pasar con el matrimonio Wagner.

Posteriormente, Ritschl propuso a Nietzsche como profesor de filología griega en la Universidad de Basilea, en 1869, cuando Nietzsche contaba con sólo 25 años y no poseía aún el título de doctor. El grado de doctor le fue conferido por la Facultad de Leipzig, sin exigirle examen alguno, y permaneció en esa cátedra durante 10 años; cuando se retiró definitivamente por enfermedad mental siguió percibiendo una pensión.

Después de ser designado profesor en la Universidad de Basilea y a los 25 años, comienza sus presentaciones en conferencias diversas, y luego le siguen los trabajos más importantes que comienzan con las “Intempestivas” y “El Origen de la Tragedia sacado del espíritu de la Música”. Ésta última comienza a escribir en 1870 y se publica en 1872. Fue una obra muy controvertida, que mereció el silencio de los académicos y el aplauso de Richard Wagner y sus seguidores.

En 1881 conoció a Lou Andreas Salomé, de la que se enamoró profundamente; pero esta dama no le correspondió, sino que se casó con un amigo suyo, el rechazo de ésta supone para Nietzsche una fuerte depresión.

 

ENFERMEDAD DE NIETZSCHE
El filósofo alemán es portador de una persistente migraña y de una compleja personalidad con fuertes tendencias suicidas. Fue Joseph Breuer (1842 - 1925), célebre médico neurofisiólogo, vienes y protector del joven Sigmund Freud (Fig. 4), quien estudio y trató a Nietzsche. A Breuer le sorprendieron la complejidad de los males de Nietzsche y anotó inuciosamente sus observaciones. Las notas de Breuer llenaban páginas enteras. La mano empezó a cansársele conforme Nietzsche le describía el horrible conjunto de síntomas: “monstruosas jaquecas que le paralizaban, mareos, vértigo, pérdida del equilibrio, náuseas, vómitos, anorexia, asco por la comida, fiebre, abundante sudor nocturno que le obligaba a cambiarse de camisa de dormir dos o tres veces por noche, accesos de fatiga que a veces rayaban en parálisis muscular generalizada, dolor gástrico, hematemesis, calambres intestinales, estreñimiento continuo, hemorroides y, por último, problemas de vista (fatiga ocular, inexorable deterioro de la visión, ojos lagrimeantes y doloridos, vista nublada e hipersensibilidad a la luz, sobre todo por la mañana), destellos visuales y escotoma, que por regla general precedían a las jaquecas; un insomnio que no respondía a ninguna medicación; fuertes calambres musculares por la noche; tensión generalizada; y rápidos e inexplicables cambios de humor”.

¿Cambios de humor? Lo que Breuer había estado esperando. Como había dicho a Freud, siempre aguardaba un momento propicio para adentrarse en el estado psicológico del paciente. Aquellos «cambios de humor» podían ser la clave que lo conduciría a la desesperación y a las intenciones suicidas de Nietzsche.

SÍFILIS
La mayoría de los autores piensan que el colapso nervioso que lo llevó a un estado de demencia y parálisis fue provocado por la sífilis que padecía. Los menos dicen que este colapso se debió a la esquizofrenia.

La investigación, que se comenta en este trabajo, nos lleva a pesar que sí fue la sífilis causante de estos problemas; como sabemos, la sífilis terciaria presenta síntomas de parálisis muscular (tabes dorsal), fiebre y diaforesis nocturna, acompañadas de mareos, vértigos y pérdida del equilibrio.

La parálisis general progresiva, que sufría Nietzsche, es producto de la neurosífilis o sífilis terciaria. El comienzo de esta parálisis suele ser insidioso y rico en fenómenos psiquiátricos. Los pacientes cambian de humor o carácter, se vuelven tristes y deprimidos o, por el contrario se excitan y alegran sin motivo. Pierden la memoria para hechos recientes y no evocan bien los antiguos. Sus facultades para el trabajo menguan, el juicio se trastorna y surgen errores de cálculo y en la escritura. Se acompaña de fallos afectivos y morales, desmedida megalomanía e inconsciencia absoluta de su real situación.5

En el año 1889, a la edad de 45 años, Nietzsche sufrió un ataque cerebral. Los médicos clínicos de esa época, le diagnosticaron parálisis general progresiva, de origen sifilítico (sífilis terciaria o neurosífilis), el deterioro fue progresivo durante 12 años, muriendo a los 56 años en 1900 de una complicación común, la neumonía, pasando sus últimos años en completo deterioro mental.

Durante su último año activo, 1888, escribió 7 libros, «La caída de Wagner», «Nietzsche contra Wagner», «El anticristo», «Ditirambos para Dionisio», «La voluntad del poder», «Ecce Homo» y «El crepúsculo de los ídolos».

ESQUIZOFRENIA
Por otro lado, queda la esquizofrenia que presenta, en Nietzsche, la siguiente sintomatología: cambios de humor, alucinaciones y deliro; los síntomas negativos, como: autismo, afectividad plana, grandiosidad, depresión, escisión del yo. Pero la esquizofrenia no es una enfermedad aguda. Cuando aparece el brote psicótico la enfermedad ha cursado un proceso que se llama pródromos o período prodrómico, se estima que puede durar en promedio 3,3 años, con un rango de dos meses a 35 años. Pero por las características de la enfermedad, generalmente comienzan en la niñez, adolescencia o juventud, porque el comienzo del período prodrómico habrá que buscarlo antes de los 30 años.6

La esquizofrenia es una enfermedad de la afectividad, que desarrolla la desestructuración del yo y lo lleva a un oscuro terreno en donde todo se confunde. Podemos simplificar diciendo que la parte decididamente enferma del pensamiento nietzscheano es el que responde al pensamiento de un esquizo, que alimenta al pensamiento enfermo: el superhombre, la idea del eterno retorno, la voluntad de poder, justamente aquellos temas que Nietzsche desarrolla en el último tramo de su producción y justo hasta el momento de su colapso esquizofrénico.6

“Un día mi nombre irá unido a algo gigantesco, al recuerdo de una crisis como jamás ha habido en la tierra... Yo no soy un hombre, soy dinamita. Y, con todo, no tengo nada de fundador de una religión. Las religiones son cosa de las chusmas, yo necesito lavarme las manos después de haberme relacionado con una persona religiosa. Me rebelo como nadie jamás se ha rebelado... Yo soy necesariamente el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entre en la lucha con la mentira milenaria, habrá conmociones como jamás las hubo, convulsiones, convulsión de temblores de tierra, desplazamiento de montañas y valles como jamás se ha soñado. El concepto de política se difundirá en una lucha de espíritus. Todas las formas de poder de la vieja sociedad habrán saltado por los aires, porque estaban basados en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo sobre la tierra. Solamente a partir de mí habrá en el mundo una gran política”7

 

No se conocen escritos de N i e t z s c h e después del colapso, (Fig. 5) si entendemos como tal ha producido a fines de 1888. Habrá que ver qué pasó cuando escribía Z a r a t h u s t r a , porque esta es una instancia en donde pudo haber habido un primer brote (escribió el primer capítulo en una semana). Sabemos que la racionalidad está indemne en plena demencia esquizofrénica, porque el discurso es racional, aunque los contenidos sean extraños. Por lo tanto, no es precipitado pensar que cuando escribía Zarathustra estuviese en el período de demencia.

Cuando Zarathustra tenía treinta años, abandonó su patria y el lago de su patria y se fué a la montaña. Gozó allí de su espíritu y su soledad y no se cansó de ello por espacio de diez años. Al fin cambió de parecer, y un día se levantó al romper la aurora, se puso cara al sol y le habló como sigue:

“¡Qué sería tu felicidad, radiante astro, si no tuvieses aquellos para los que brillas!

Desde hace diez años subes a mi cueva; te hubieras cansado de tu luz y de este camino, si no hubiese sido por mí, mi águila y mi serpiente.

Todas las mañanas te esperábamos y recogíamos tu superabundancia; bendiciéndote por ella.

Mira que estoy harto de mi sabiduría, como la abeja que ha acumulado demasiada miel; he menester manos que hacia mí se tiendan.

Quisiera dar y repartir, hasta que los sabios de entre los hombres se regocijen de nuevo con su estupidez y los pobres, con su riqueza.

A tal fin, tengo que bajar de las alturas; como tú lo haces a la noche, cuando te hundes debajo del mar llevando luz incluso al mundo subterráneo, ¡oh astro pletórico!

Tengo que hundirme, como tú, en procura del contacto de los hombres.

¡Bendíceme, pues, ojo sereno capaz de ver sin envidia hasta una dicha excesiva!

¡Bendice la copa que ansia desbordarse, para que el agua se derrame de ella cual oro y lleve a todas partes el reflejo de tu gloria!

Mira que esta copa ansía vaciarse y Zarathustra volver a ser hombre”15

Se puede demostrar que desde niño Nietzsche padecía síntomas de la esquizofrenia: alucinaciones visuales y auditivas, bizarría, afectividad plana, grandiosidad, narcisismo, soledad, depresión, etc. En “El Origen de la Tragedia”, es donde desarrolla ideas que tienen que ver con la disolución del yo y que se traducen en el manejo del tiempo, la apología del éxtasis dionisíaco, la crítica a lo racional que Sócrates representa para él. Luego sus dos obras del período medio, “Humano demasiado Humano” y “ La Gaya Ciencia ”, que juntos suman más de mil aforismos. Hay en los textos expresiones que lo muestran transitando el período prodrómico.

Si algún autor, sea biógrafo o analista, alude a alguna patología de índole mental (Esquizofrenia) en Nietzsche, lo hace al pasar, y a veces, la justifica. Tal el caso de Henri Lefebvre que dice:

“Apenas ha rebasado la treintena, y ya no es el joven y brillante profesor, sino un miope, un enfermo, que habla en voz baja y apagada y a quien los estudiantes abandonan, la tensión nerviosa ha trastornado su organismo. Sufre de violentos dolores de cabeza”... “Su vida sigue una línea ascendente bastante paradójica: dura conquista el lirismo, de la ironía, de la musicalidad, marcha hacia la juventud a través de la enfermedad y el desgaste y carrera hacia el abismo”. 8

El abismo, del que habla es precisamente esa desestructuración del yo logrado con el aislamiento y la soledad más absoluta.

Hoy podemos asegurar que clínicamente Nietzsche padeció de un trastorno del ánimo con fluctuaciones hipomaníacas crecientes debido a una condición médica cerebral. Los cambios no emergieron en relación con experiencias traumáticas. Lo opuesto es probable: fue su humor el que tiñó sucesos otorgándoles un significado autorreferente o trascendental.Años antes había experimentado episodios similares, más suaves, breves, sin secuelas. Esto es, no surgió nada radicalmente diferente, inédito, pero ahora se tornó incontenible, arrollador, como expresión de una interioridad a punto de estallar. 9

FILOSOFÍA
Su obra se puede dividir en tres periodos: 1,10

PRIMER PERIODO
Abarca desde sus estudios en Leipzig 1864 hasta 1877. En sus primeras obras lucha por un nuevo ideal de cultura, el ideal del hombre estético y heroico, cuyo prototipo hay que buscarlo en la era de la trágica de los griegos, antes de Sócrates, en Heráclito, Teognis y Esquilo. A este periodo pertenecen los escritos: “El origen de la tragedia sacado del espíritu de la Música ” 1871, las conferencias sobre “El futuro de nuestros Centros de Enseñanza” 1870-72 y las “Consideraciones Extemporáneas” 1873- 76, que versan sobre Strauss, Schopenhauer como educador, sobre los daños y provechos de la historia en orden a la vida y sobre Wagner.

Nietzsche exalta lo dionisiaco, que interpreta como encarnación de la voluntad de vivir; frente a lo apolíneo (Apolo: Díos de la juventud, la belleza, la poesía y las artes en general, también simbolizaba, para Nietzsche, el equilibrio, la armonía y la racionalidad) que representa la huída ante la vida. El ideal estético del espíritu dionisiaco (Dionisio: Dios del vino y las cosechas, de las fiestas báquicas presididas por el exceso, la embriagues, la música y la pasión, para Nietzsche, simboliza también en mundo de la confusión, la deformidad, el caos, la noche, el mundo instintivo y, en definitiva la irracionalidad) 11,13 es el drama wagneriano, que pone en escena la fuerza incontenible de la vida.

PERIODO INTERMEDIO
En este periodo salta de repente Nietzsche a una forma de vida teorética, se convierte en un “científico” al estilo de la ilustración, “liberado de perjuicios”, en una palabra, un neto crítico y positivista. Resuenan en él los tonos tradicionales de esa corriente: enemiga contra la metafísica, elogio del conocimiento frío y del espíritu libre. Lo que antes había proscrito, lo viene hacer él mismo, un intelectual, un socrático. A este periodo le pertenecen “Humano, demasiado Humano” 1878, “Aurora” 1881, y “ La Gaya Ciencia ” 1882. Precisamente la ruptura de Nietzsche con Wagner es el hito que marca el tránsito del primer período al segundo, que va desde 1878 hasta 1882. Nietzsche reprocha a Wagner el haber cedido, en su obra Parsifal, ante los ideales del cristianismo, intrínsecamente contrarios a las fuerzas de la vida. Nietzsche dice de Wagner:

“Ya en el estío de 1876, precisamente en la época de la primera solemnidad de Bayreuth, me despedí interiormente de Wagner. Yo no puedo soportar nada equivoco: desde que Wagner se encontró en Alemania condescendió poco a poco con todo lo que yo desprecio, incluso con el antisemitismo... Fué entonces, efectivamente, el momento de despedirme: bien pronto tuve la prueba. Richard Wagner, aparentemente el más victorioso, pero, en realidad un decadente desesperado, se prosternó bruscamente, desvalido y quebrantado, ante la cruz cristiana...”12

En este segundo período, Nietzsche se aparta de los ideales y maestros que había admirado hasta entonces, se muestra crítico hacia el arte y la metafísica y se vuelve hacia el positivismo naturalista de la Ilustración , aunque sin caer en el culto al progreso.

ÚLTIMO PERIODO
Este periodo es corto. Los motivos de la primera época se hacen oír de nuevo, ahora redicalizandos hasta desembocar en la “Voluntad de Dominio”. Este tema domina el tercer periodo, el tiempo de “Zarathustra” (1883-85), el de “Más allá del bien y del mal” 1886, de la “Genealogía de la Moral ” 1887 y de sus demás obras póstumas. Las doctrinas de este período parten de la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad que había aprendido en Schopenhauer, pero rechazando la actitud de resignación ante ello. En realidad, la expresión: “Voluntad de Dominio”, traduce bien la clave de los nuevos valores. El superhombre es su creador, Zarathustra su predicador, Dionisio su símbolo; su antítesis es el crucificado, Cristo.14

REFERENCIAS

1. Hirschberger J. Fusiona de la Filosofía. Barcelona : Ed. Herder, 1967; t. II, p. 328         [ Links ]

2. Russell B. Historia de la Filosofía Occidental. Madrid: Ed. Espasa-Calpe; 1971. tII, p. 383         [ Links ]

3. Ferrater Mora J. Diccionario de Filosofía. Buenos Aires: Ed. Sudamericana; 1971, t. II, p. 285         [ Links ]

4. Castillo I. Nietzsche: La Experiencia Dionisíaca del Mundo. ÉNDOXA: Series Filosóficas, nº 21, 2006, pp. 413-426. UNED, Madrid.         [ Links ]

5. Farreras V. Rozman C. Medicina Interna 8º ed. Barcelona: Ed. Marin; 1974, t. II, p. 226-227         [ Links ]

6. Farreras V. Rozman C. Medicina Interna 15º ed. Madrid: Ed. Elsevier; 2004, t. II, p.1582

7. Nietzsche F. Ecce Homo. Madrid: Ed. M. E. Editores; 1993, p. 161-162

8. Lefebvre, H. Nietzsche. México: Ed. FCE; 1972, p. 79-80

9. Figueroa G. El último año de lucidez de Friedrich Nietzsche. Rev. méd. Chile, mayo 2007, vol.135, no.5, p.661-668.

10. Nietzsche. Disponible en la World Wide Web: http.7/www.e-torredebabel/Historia-de-la filosofia/Historiacontemporanea/ Nietzsche/Nietzsche-apolineo. Html.

11. Martinez P. Nietzsche, Descenso a Dionisio y Ascenso a lo Trágico. Valparaíso: Ed. Ediciones Universitarias; 2008, p. 25- 31

12. Nietzsche F. Nietzsche contra Wagner. Madrid: Ed. Siruela S. A., 2002

13. Jung C. Tipos Psicológicos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana; 1976.

14. Simmel G. Chopenhauer y Nietzsche. Buenos Aires: Ed. Anaconda; 1969, pp. 22-24, 156-158

15. Nietzsche F. Así Hablaba Zarathustra. 4º ed. México. Ed. Editores Mexicanos Unidos;1973, p.15-16 Campohermoso

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