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Revista de la Sociedad Boliviana de Pediatría

On-line version ISSN 1024-0675

Rev. bol. ped. vol.53 no.1 La Paz  2014

 

EDITORIAL

 

El médico virtuoso

 

The virtuous physician

 

 

Dr.: MSc. Juan Pablo Rodríguez Auad*

* Pediatra Infectólogo. Máster en Ciencias Médicas. Hospital del Niño "Dr. Ovidio Aliaga Uría". La Paz - Bolivia.

 

 


 

Con muy poca frecuencia se cultiva el conocimiento de lo que es una virtud entre los médicos, todo el aprendizaje y la formación del médico se basan en aspectos teórico-prácticos de asistencia médica, que muchas veces llega a la automatización e inclusive a la repetición de prácticas y conductas previamente establecidas, sin pasar por una reflexión previa, ni menos por un discernimiento moral y ético. Un médico "bien formado" sin ética ni moral, lleno de vicios y sin virtudes y que no buscan el bien del paciente y que sólo dedica su trabajo médico en satisfacer sus propios intereses usando al enfermo como un medio para cumplir sus objetivos, es un peligro para la humanización de la medicina; un integrante más del consumismo en salud.

La vocación del médico ha sido por siglos el servicio, la entrega incondicional a aliviar la salud y mejorar la calidad de vida de las personas, de poder integrar al enfermo a la sociedad para su futura realización como persona.

Las virtudes que un médico adquiere hacen de él un médico virtuoso, que se acerca al pensamiento aristotélico del bien de la persona, que consiste en centrar todas nuestras acciones en la persona y no en usar a la persona para un fin determinado. El primer paso es conocer las virtudes, el segundo esforzarse para adquirirlas y el tercero mantenerlas y enseñarlas a los demás.

Una virtud nos hace funcionar bien como seres humanos y nos permite alcanzar nuestros propósitos, haciéndonos mejores personas. Estas virtudes se van adquiriendo durante la vida con constancia y disciplina, el médico debe ir adueñándose de ellas, para que por medio de sus actitudes se reflejen en su práctica médica.

Lamentablemente muchas de estas virtudes no se conocen o se han ido olvidadas y subestimadas a causa del avance científico; a continuación se describen algunas virtudes que el médico debe adquirir y practicar son:

Promesa de confianza: se refiere a la confianza que pone el paciente en las palabras y acciones del médico.

Compasión: significa "sufrir juntos". Esta virtud nos hace conscientes del sufrimiento, del dolor, de la soledad del paciente, no es una emoción, un sentimiento que lleva a la falta de acción por parte del médico, sino al contrario lo mueve en el amor, en el deseo de aliviar el dolor de la persona que tiene en frente y a quien quiere incorporar nuevamente a la sociedad.

Prudencia: es simplemente la "forma correcta de actuar". Nos ayuda a discernir, a tomar la mejor decisión, sobre todo en momentos donde no hay claridad o hay contraposiciones.

Justicia: es el hecho de dar a los demás lo que se merecen, dar sus derechos. Esta virtud se relaciona con el amor, en el sentido que se conecta con la caridad que nos permite dar a otros. No podemos dar justicia de una forma autónoma, sino que ésta se da por un acto de amor que impulsa las acciones que tienen como fin último dar lo justo. Este amor que genera justicia transforma la profesión en una vocación.

Fortaleza: consiste en dar una respuesta cuando todo a nuestro alrededor requiere de acciones inmediatas, es la virtud que hace a un individuo capaz de actuar con principios, con el riesgo de sufrir consecuencias por su acción. Los médicos necesitan fortaleza para hacer lo correcto cuando esto se requiere. La fortaleza inspira al médico a resistir la tentación de disminuir el bien del paciente por sus propios miedos o por presiones sociales o burocráticas.

Integridad: es la fidelidad en todas sus actuaciones orientadas hacia el bien del paciente. Permite juzgar la importancia de considerar los principios, normas, guías, preceptos y virtudes en el momento de decidir nuestros actos.

Humildad: lamentablemente hoy en día es unas de las virtudes menos populares en medicina. Es el antídoto ante la arrogancia, un vicio que a veces es endémico entre los médicos. La humildad nos permite reconocer la excelencia humana distinguiendo ésta de la perfección absoluta e inefable que muchos médicos creen poseer. La virtud de la humildad permite reconocer nuestras limitaciones y las de los demás, evita que el médico tome ventaja de la vulnerabilidad del paciente y pueda reconocerlo como persona.

Tacto: es la habilidad de decir en la conversación, sólo las cosas correctas y callar cuando es necesario hacerlo. Es la discreción en el hacer y decir las cosas.

Conciencia de sí mismo (autorreflexión): la habilidad de examinar nuestras motivaciones y conductas, requiere desarrollar capacidad de reflexión.

Simplicidad: permite al médico saber cuándo se ha dicho o hecho más que suficiente. Se relaciona con la virtud de la humildad.

Buen humor: es una habilidad perceptiva que mide el tamaño de una situación y sus implicaciones. "Si bien el lenguaje, usado con tacto, es como comunicamos nuestras razones a nuestros pacientes, el buen humor, usado con prudencia, es como comunicamos esperanza".

Reverencia: en algunos papiros de textos médicos hallados en Egipto que datan del imperio antiguo 2500 años A.C., encontramos testimonios en escritura jeroglífica que avalan el valor que le atribuían al hecho de escuchar atentamente la queja del enfermo como componente esencial de respeto a la persona. Esta virtud nos permite respetar y admirar la vida humana. Nos permite entender que significa ser un ser humano.

 

Referencias

1. Vidal-Gual JM. Las virtudes en la medicina clínica. Archivos en Medicina Familiar. 2006;8:41-52.        [ Links ]

2. Pellegrino E, Thomasma D. The virtues in medical practice. Oxford University Press. New york 1993.        [ Links ]

3. Walker F. Essay: Cultivating simple virtues in medicine. Neurology 2005;65;1678-80.        [ Links ]

 

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