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Revista de la Sociedad Boliviana de Pediatría

On-line version ISSN 1024-0675

Rev. bol. ped. vol.43 no.1 La Paz Jan. 2004

 

ARTICULO ORIGINAL

Factores de riesgo asociados al inicio de relaciones sexuales en adolescentes mujeres estudiantes de secundaria en La Paz, Bolivia

Risk factors for initiation of sexual intercourse among high school female students in La Paz, Bolivia

Drs: Ana Torrico Espinoza*, Ariel Salas Mallea*, Alvaro Gutiérrez Avilés*, Mauricio Arce Carreón*, Jorge Salazar Fuentes**

* Médicos Internos. Departamento de Pediatría. Clínica Caja Petrolera de Salud. La Paz, Bolivia.
** Médico de Planta. Departamento de Pediatría. Clínica Caja Petrolera de Salud. La Paz, Bolivia.
E-mail: ariel_salas@hotmail.com


Resumen

Objetivo: identificar factores de riesgo asociados al inicio de la actividad sexual en adolescentes mujeres estudiantes de secundaria en La Paz, Bolivia.

Métodos: se realizó un estudio transversal mediante una encuesta anónima aplicada a estudiantes mujeres de los dos últimos años de secundaria de colegios públicos y privados de la ciudad de La Paz.

Resultados: se analizaron 275 encuestas (n = 275). La edad promedio fue de 17 ± 0.8 años. Los factores de riesgo identificados fueron consumo de sustancias (alcohol y tabaco), relación de pareja y asistencia a reuniones sociales y discotecas. Los factores de protección fueron actividad deportiva y abstinencia respecto al consumo de sustancias. No demostró influir sobre esta conducta sexual: condición del establecimiento educativo, estabilidad del entorno familiar, embarazo de la madre durante su adolescencia, reuniones con familiares y la educación sexual. Aceptaron haber iniciado su actividad sexual 15,6% del total con una edad promedio de inicio de 16,6 ±1 años.

Conclusiones: el consumo de sustancias y la preferencia por actividades sociales están fuertemente asociados al inicio de la actividad sexual durante la adolescencia.

Palabras Claves:

Rev Soc Bol Ped 2004; 43 (1): 3-7: adolescencia, factores de riesgo, sexualidad femenina, conducta sexual.


Abstract

Objective: to recognize risk factors at star sexual activity among high school female students in La Paz, Bolivia.

Methods: a cross-sectional survey was conducted in female students from public and private high schools. Anonymous self-report was used to collect data.

Results: a total of 275 questionnaires were analysed. The average age was 17 ±0.8 years. Risk factors related to star sexual activity were: alcohol use (OR: 7.11; CI: 3.57-14.33; p <0.05), tobacco use (OR: 5.76; CI: 2.85-11.62; p <0.05), a romantic relationship with a partner (OR: 3.79; CI: 1.90-7.58; p <0.05) and, participation in social activities with peers ­ parties (OR: 2.81; CI: 1.32-5.96; p <0.05) and discotheques (OR: 2.29; CI: 1.16-4.52; p <0.05). Protective factors were participation in physical activities (OR: 0.36; CI: 0.18-0.73; p <0.05) and have never used alcohol or tobacco (OR: 0.12; CI: 0.06-0.26; p <0.05). Forty-three (15.6%) students reported that they had sexual intercourse. Mean age at first sexual intercourse was 16.6 ±1 years.

Conclusions: substance use and participation in social activities with peers are associated at star sexual activity among female adolescents.

Key words:

Rev Soc Bol Ped 2004; 43 (1): 3-7: adolescence, risk factors, female sexuality, sexual behavior.



Introducción

La adolescencia es un periodo de autodefinición y descubrimiento de sí mismo que involucra cambios físicos, psicosociales y cognitivos(1-2), se divide en tres fases: temprana (10 ­ 14 años), media (15 ­ 17 años) y tardía (18 ­ 20 años)(2). En esta etapa de cambios rápidos donde la curiosidad y experimentación son normales, se produce el desarrollo de la sexualidad(1).

La sexualidad es un concepto multidimensional que comprende aspectos éticos, psicológicos, biológicos y culturales. Su desarrollo involucra la consolidación de la identidad y la conducta sexual(1-4), esta última se encuentra influida por una interrelación entre cambios biológicos con percepciones individuales y valores socioculturales(3-4).

Aunque el inicio de la actividad sexual durante la adolescencia no es un fenómeno nuevo, merece especial atención debido a que generalmente sucede en un periodo donde no se ha alcanzado la madurez física, cognoscitiva ni emocional suficiente para asumir la responsabilidad del acto y sus consecuencias(2-4). Por otra parte, su inicio precoz, se asocia a conductas sexuales riesgosas como: mayor número de compañeros sexuales, infecciones de transmisión sexual (ITS), menor probabilidad de uso de anticoncepción y mayor riesgo de embarazo(1-7).

Esta conducta sexual está vinculada a una serie de factores biopsicosociales que básicamente se clasifican en ambientales e individuales. Entre los factores ambientales destacan los antecedentes familiares, socio-económicos, culturales y religiosos. Con respecto a los factores individuales, se reconocen factores biológicos, étnicos y aquellos relacionados al comportamiento del adolescente frente a su entorno(2-3).

Son considerados factores de riesgo aquellos que incrementan la posibilidad de un desenlace no deseado (acto sexual) y factores de protección aquellos que la reducen(3). El conocimiento de estos factores es trascendental para identificar grupos de jóvenes con mayor o menor riesgo, diseñar medidas de intervención más efectivas y establecer el rol del profesional en salud en este proceso del desarrollo(1,3).

En el departamento de La Paz existen aproximadamente 120.000 mujeres adolescentes entre 15­19 años(8) y alrededor del 65% de esta población vive en la zona urbana.

El objetivo del presente trabajo es identificar factores de riesgo asociados al inicio de la actividad sexual en adolescentes mujeres de los últimos años de secundaria de colegios públicos y privados de la ciudad de La Paz, Bolivia.


Métodos

Se realizó un estudio transversal a través de una encuesta que contenía variables adaptadas al objetivo del estudio. El cuestionario fue llenado de forma anónima y personal por estudiantes mujeres de los dos últimos años de secundaria de colegios públicos y privados. Las variables obtenidas fueron transferidas a una base de datos para posterior análisis estadístico con el programa EpiInfo.

Se aplicaron medidas de tendencia central y dispersión en las variables cuantitativas. Para las variables cualitativas se utilizaron medidas de proporción. La asociación de variables y valoración de riesgos se realizó mediante tablas de contingencia, pruebas no paramétricas y regresión logística.


Resultados

Se recolectaron un total de 275 encuestas (n = 275). La edad promedio entre las encuestadas fue de 17±0.8 años. Los cuestionarios procedieron de colegios públicos y privados en medias poblaciones iguales. Los factores de riesgo y protección asociados al inicio de la actividad sexual durante la adolescencia identificados en el presente estudio se detallan en el cuadro # 1.

El análisis de regresión logística entre las variables identificadas como factores de riesgo y el inicio de la actividad sexual establece como principal factor asociado el consumo de bebidas alcohólicas (ver cuadro # 2).

Del total de participantes, 15,6% aceptó haber iniciado su actividad sexual. La edad promedio de inicio fue de 16,6 ±1 años (ver cuadro # 3).

La mayor parte de ellas refiere haber tenido en su vida un solo compañero sexual (72%) (ver cuadro # 4).

Dos tercios de las adolescentes (63%) han tenido su última relación sexual en el transcurso del pasado mes (ver cuadro # 5).

Seis personas reconocieron haber estado embarazadas y sólo tres de ellas decidieron llegar a término de su embarazo. Respecto a los métodos anticonceptivos, los más conocidos resultaron ser el preservativo y los anticonceptivos orales (ver cuadro # 6).

Los factores que limitan el uso de anticonceptivos se especifican en el cuadro # 7.

Más del 50% de las adolescentes refiere que la principal fuente de información sobre sexualidad esta representada por sus padres y maestros (ver cuadro # 8).


Discusión

Los resultados de este estudio demuestran que entre las adolescentes mujeres estudiantes de secundaria, los factores individuales como el consumo de sustancias y la preferencia por actividades sociales están fuertemente relacionados con el inicio de su actividad sexual.

Universalmente se reconoce que el consumo de alcohol está relacionado a conductas de alto riesgo(9). En el presente estudio, este hábito resultó ser el principal factor de riesgo para el inicio de la actividad sexual (OR: 7.11 ­ AOR: 5.26). Una adolescente que consume bebidas alcohólicas tiene 5 a 7 veces más probabilidades de iniciar su actividad sexual que otra que no esta expuesta a este hábito. Esta fuerte asociación de variables ha sido informada en previos estudios(3,9-16) y la explicación más aceptada establece que además de ser un factor de riesgo asociado, es un factor causal(3). Afortunadamente, sólo se registró 21,5% de consumo del alcohol en este estudio, resultado lejano al aproximado 50% informado en adolescentes estadounidenses de edades similares(5).

Asimismo, el hábito de fumar, otra conducta asociada a comportamientos de alto riesgo(3,10), también fue un fuerte factor de riesgo asociado (OR: 5.76 ­ AOR: 3.74). Alrededor del 20% de las adolescentes participantes en el presente estudio consume cigarrillos con relativa frecuencia. Este resultado se aproxima al registrado en los Estados Unidos el año 2001 en grupos similares que llego a ser aproximadamente 30%(5).

Definitivamente, una relación de pareja, constituye un factor de riesgo (OR: 3.79 ­ AOR: 4.21), pero resulta ser de menor trascendencia en comparación con las variables mencionadas anteriormente. Esta asociación de variables ha sido demostrada también en otros estudios(3).

Por último, la participación en actividades sociales con personas de su misma edad, también demostró ser un factor de riesgo. Una adolescente que asiste a discotecas o fiestas tiene 2 a 3 veces más posibilidades de iniciar su actividad sexual que otra que no tiene preferencia por estas actividades (OR: 2.81 y 2.29 respectivamente). Este factor de riesgo no ha sido específicamente considerado en estudios previos(3).

En relación a los factores protectores, el análisis estadístico demuestra que la abstinencia con respecto al consumo de sustancias previene el inicio de la actividad sexual entre las adolescentes mujeres y se convierte en el factor de protección más eficaz (OR: 0.12). Este comportamiento sugiere indirectamente la existencia de una mayor percepción de riesgos y la preferencia por actividades saludables(15).

La participación en actividades deportivas es otro de los principales factor de protección identificados en el presente estudio (OR: 0.36). Previos estudios han demostrado que cualquier tipo de actividad física previene a la adolescente mujer de riesgos sexuales(3), pero no así a los varones(17). Aunque existen estudios que describen diferencias entre el tipo de deportes practicado, estos no fueron considerados en el presente estudio.

Finalmente, otro factor de cierto beneficio fue el conocimiento claro sobre sexualidad (OR: 0.43). Esto significa que las adolescentes que afirman tener sólidos conocimientos sobre sexualidad, tienen menor probabilidad de iniciar su actividad sexual. Este factor de protección no ha sido reportado en la bibliografía internacional.

Entre otros factores individuales, no se consideraron factores étnicos y raciales por tratarse de un grupo homogéneo, sin embargo, estos están descritos como factores que influyen sobre el inicio de la actividad de sexual(3).

Tampoco se determinó la influencia de factores biológicos (madurez física, niveles hormonales y otros) sobre la conducta sexual por el diseño metodológico del presente estudio.

Ninguno de los factores ambientales considerados en el presente estudio demostró ser factor de riesgo, sin embargo, estos hallazgos merecen algunas consideraciones especiales.

En primera instancia debemos considerar que la población estudiada pertenece a una zona urbana que por sí misma constituye un factor de riesgo(3). Sin embargo, al no existir datos locales para comparar los resultados obtenidos con poblaciones rurales, no puede ser clasificado como tal.

Por otra parte, la asistencia al colegio, característica que comparten todas las participantes, es un reconocido factor de protección(3,18). Aunque los mecanismos todavía no están claramente definidos, la limitación del tiempo libre, la relación con personas adultas que rechazan conductas no saludables y el desarrollo de motivación por aspiraciones personales futuras son algunos de ellos(1,7,18).

También se intentó establecer diferencias entre los resultados obtenidos en colegios públicos y privados suponiendo que el contexto socio-económico era distinto, sin embargo, la diferencia encontrada no fue estadísticamente significativa (p>0.05). Esto significa que las poblaciones estudiadas no fueron lo suficientemente diferentes como para establecer la influencia del contexto socio-económico sobre la conducta sexual.

Otro importante factor ambiental considerado fue el entorno familiar. Aunque sólo 6.9% de la población estudiada refiere tener un entorno familiar inestable, únicamente se evaluaron dos características familiares, entre ellas, el embarazo de la madre durante su adolescencia y la actitud permisiva por parte de los padres respecto al uso de anticonceptivos. Ambas variables resultaron ser factores indiferentes pese a que otros estudios informan que estos antecedentes familiares son factores de riesgo(3,19).

Para establecer una verdadera asociación entre la familia y la conducta sexual adolescente, será necesario determinar más características estructurales y conductuales en la familia (condición socioeconómica, nivel de educación de los padres, conducta sexual, violencia familiar vivida o testificada, actitudes conservadoras o permisivas, ausencia de uno de ellos, tiempo de trabajo de los mismos, relación padre-hija, etc.)(3,19-22).

La educación sexual recibida en el colegio también es uno de los factores indiferentes identificados en este estudio. Sin embargo, este resultado coincide con resultados obtenidos en revisiones internacionales(3,18,23).

Por último, es importante discutir la conducta sexual reportada por las adolescentes que afirman haber iniciado ya su actividad sexual. Los resultados indican que 15,6% aceptan haber iniciado su actividad sexual y la monogamia resulta ser la conducta sexual más habitual (72%). La mayor parte de ellas iniciaron su actividad sexual durante la adolescencia media (15 ­ 17 años). En este periodo los jóvenes se identifican y adoptan actitudes de su entorno y de sus similares pero todavía no asumen un rol maduro y responsable respecto al mismo(2). Aunque este porcentaje es lejano al informado en adolescentes mujeres de últimos cursos de secundaria en los Estados Unidos (alrededor del 50%), la frecuencia de relaciones sexuales registrada en nuestro estudio resultó ser mayor (63% contra 46%)(1,2,5). Esta es una de las observaciones más interesantes del estudio, puesto que alrededor de dos tercios de las adolescentes que iniciaron su actividad sexual refieren que su última relación fue en el transcurso del pasado mes. Los resultados de un reciente estudio informan que las relaciones sexuales entre los jóvenes generalmente se producen en ambientes domiciliarios, usualmente después del colegio y durante los días hábiles de la semana, lo que indica que la ausencia de supervisión por parte de los padres juega un rol importante puesto que aumenta significativamente las oportunidades de los jóvenes de participar en conductas de alto riesgo, incluidas la actividad sexual(7,22). Este factor de riesgo comentado puede explicar la alta frecuencia de relaciones sexuales encontrada en los resultados del presente estudio.

En relación a los métodos anticonceptivos, los más conocidos fueron el preservativo y las píldoras anticonceptivas. Las principales causas identificadas que limitan su uso pueden solucionarse con una mejor información sobre ellos.

Se ha informado que en las relaciones monogámicas existe mayor probabilidad de anticoncepción durante las primeras relaciones sexuales, especialmente por la disponibilidad de condones durante la misma, sin embargo, su uso disminuye con el tiempo y aumenta el riesgo de embarazos no deseados si este método de anticoncepción no es sustituido por otro (generalmente anticonceptivos orales o inyectables)(4). Es decir, el uso de condones y los programas de disponibilidad de condones, en un medio donde existe monogamia con alta frecuencia de actividad sexual, pueden ser insuficientes para disminuir los índices de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual(24-25). En Estados Unidos, 5.4% de las estudiantes de secundaria aceptan haber estado embarazadas(3,5,22), en este estudio se identificó 2,18%. Aunque la muestra no es significativamente comparable, este resultado debe ser considerado.

Se recomienda mejorar la disponibilidad e información sobre el resto de métodos anticonceptivos como una efectiva estrategia. Su eficacia puede mejorar si esta responsabilidad es asumida por el personal de salud(9,24,25).

Agradecimientos

Los autores desean expresar su agradecimiento a los Drs.: Douglas Kirby y Jennifer Feldmann por responder a las solicitudes de colaboración y proporcionar información valiosa para el presente estudio.


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