Señora editora:
El interesante artículo de Illanes Velarde, titulado “Cómo encaramos los efectos del cambio climático en salud en la actualidad”1, representa un aporte significativo al abrir el debate académico e investigativo sobre un problema global tan complejo como urgente: la salud humana está siendo cada vez más amenazada por fenómenos climáticos extremos2,3. Este debate y las acciones que le están asociadas requieren una mayor conciencia de la evidencia científica y una adecuada articulación entre esta y la formulación de políticas públicas con el propósito de enfrentar la creciente amenaza climática. En virtud de lo anterior, esta Carta a la Editora considera pertinente ampliar esta discusión con algunas recomendaciones, extraídas de investigaciones recientes, que podrían fortalecer las estrategias para enfrentar esta crisis desde una mirada más holística y un enfoque colaborativo e integral2-4.
Como primer aspecto a destacar, la evidencia muestra que los efectos del cambio climático en áreas hiperendémicas (i.e., regiones geográficas donde una enfermedad posee incidencia extremadamente alta y constante en la población) pueden ser altamente heterogéneos. Un estudio reciente4, efectuado en el Altiplano boliviano, reveló cómo algunos factores fisiográficos locales tales como la altitud y la cercanía a cuerpos de agua permanentes o semipermanentes (e.g., lagos, otras fuentes de agua dulce) condicionan la transmisión hacia humanos de fascioliasis (causada por Fasciola hepática cuyo hospedador intermedio es el caracol Galba truncatula), incluso en terrenos, en apariencia, homogéneos4. Estos hallazgos destacan la necesidad de adaptar las estrategias sanitarias a escalas locales4.
Desde una mirada socioambiental, diversas investigaciones2,3,5 alertan que el cambio climático no solo conlleva impactos físicos, sino también psicosociales severos. Al respecto, se ha documentado que los incendios forestales2,3 -cuya ocurrencia se exacerba por las sequías extremas y las olas de calor- afectan de forma significativa el bienestar psicológico, exigiendo la incorporación de la dimensión emocional en la preparación y la respuesta sanitaria2,3. Estos impactos psicosociales también se observan en las experiencias de inundaciones recientes en el Cono Sur, que han afectado de forma desigual a poblaciones vulnerables según edad, género y nivel socioeconómico2.
Asimismo, los enfoques que integran la Neurociencia Ambiental5 y la salud mental rural demuestran que la exposición prolongada a crisis ecológicas -como las cada vez más frecuentes sequías en las comunidades agrícolas- deteriora el bienestar psicológico de los agricultores, sus familias y sus comunidades, especialmente cuando existe falta de apoyo institucional5. La integración de esta dimensión en las políticas públicas de salud resulta urgente.
En relación con la bioseguridad agrícola6, se sabe que, como consecuencia del cambio climático, la distribución de plagas y enfermedades se ve alterada, lo cual reduce la productividad agrícola, con lo que se generan nuevos desafíos en el área de inocuidad alimentaria6. Esta situación se complejiza aún más en territorios donde persisten tensiones sociales en torno al uso y acceso al agua, como lo ha documentado la sociología agraria en diversos lugares de América Latina, por ejemplo, en zonas de Chile donde convive la agricultura familiar campesina con los intereses hídricos de las empresas agroexportadoras7. En general, en estos contextos las mujeres rurales enfrentan estos desafíos desde condiciones históricamente desfavorecidas y de alta vulnerabilidad psicológica. La desigualdad en el acceso a recursos y la precariedad de sus condiciones habitacionales se profundizan ante escenarios de cambio climático, como evidencian tanto los estudios etnográficos recientes8; así como los análisis de estrategias agroambientales resilientes en localidades rurales (e.g., comunidades agrícolas dedicadas a la fruticultura), que han demostrado capacidad adaptativa frente a la crisis hídrica mediante prácticas sustentables y saberes locales6.
En relación con los aspectos que ya se han mencionado, es entonces del todo oportuno definir el campo emergente e interdisciplinario de la Neurociencia Agrícola9, la cual estudia cómo las alteraciones en el entorno ambiental de las actividades agrícolas (las cuales son generalmente rurales) influyen en el sistema nervioso humano (y también animal), manifestándose en modificaciones del comportamiento, la salud mental y el bienestar9. La Neurociencia Agrícola se estructura en tres ejes, a saber: la salud mental y el bienestar de las personas dedicadas (o expuestas) a las actividades agrícolas; la neuroetología y el bienestar de los animales de producción; y los impactos neurotoxicológicos de la exposición a agroquímicos en humanos y animales9. La Neurociencia Agrícola se articula con enfoques como Una Sola Salud (One Health), Salud Planetaria2 y Neurociencia Ambiental9, orientando estrategias preventivas, educativas y de justicia territorial. Estas y otras definiciones relevantes se presentan en la Tabla 1.
Por otra parte, desde el punto de vista ecosistémico, se ha demostrado que incluso en sistemas acuáticos de alta montaña, tales como las lagunas salinas del norte de Chile y del sur de Bolivia, los efectos del calentamiento global están alterando la biodiversidad y los equilibrios ecológicos, lo cual debe considerarse en las políticas sanitarias de base ecosistémica10.
En consonancia con lo anterior, se recomienda lo siguiente: (i) Fortalecer la vigilancia sanitaria local, considerando la heterogeneidad fisiográfica; (ii) incorporar la salud mental y el bienestar animal en la planificación sanitaria rural; (iii) desarrollar políticas integradas de bioseguridad con enfoque preventivo; (iv) promover la educación ambiental comunitaria y la educación para la conservación con perspectiva de género, y (v) implementar una gobernanza hídrica participativa y anticipatoria. Finalmente, se concluye que solo una visión integradora que articule ciencia, territorio y justicia social permitirá enfrentar adecuadamente los efectos del cambio climático sobre la salud humana, animal y ambiental.














