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Gaceta Médica Boliviana

versión On-line ISSN 1012-2966

Gac Med Bol vol.43 no.1 Cochabamba ago. 2020

 

Artículo Original

  Trabajadoras sexuales de Cochabamba: una aproximación sociodemográfica

 

  Sex workers of Cochabamba: a sociodemographic approach

 

 

Patriccia Andressa Bevilacqua1, Grace Laura Camacho Costa2

1Residente de Psiquiatría, Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, Cochabamba, Bolivia. 2Psiquiatra del Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, Cochabamba, Bolivia. *Correspondencia a: Patriccia Andressa Bevilacqua . Correo electrónico: patibevi@gmail.com

 

Recibido el 13 de marzo de 2020.

Aceptado el 20 de mayo de 2020.


Resumen

Objetivos: identificar el perfil sociodemográfico de las trabajadoras sexuales del departamento de Cochabamba.

Método: el estudio fue no experimental, transversal y descriptivo, realizado en el Centro Departamental de Vigilancia, Información y Referencia - CDVIR, con una muestra de 433 trabajadoras sexuales. Presenta un nivel de confianza de 95% y error muestral de 4,63%. El instrumento fue un cuestionario autoaplicable validado por el Comité de Docencia e Investigación del Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, en el cual se utilizaron variables que fueron sometidas a estudios de frecuencias y medidas de tendencia central y dispersión. Se cumplieron con los principios de la Declaración de Helsinki.

Resultados: las trabajadoras sexuales son jóvenes, provenientes de la zona urbana de las ciudades del eje troncal del país, no tienen compañero fijo, tienen hijos, un alto nivel de escolaridad, no practican ninguna religión, consumen bebidas alcohólicas con regularidad, iniciaron la vida laboral y el trabajo sexual a temprana edad, sin familiares conocedores del trabajo, menos de cinco años de ejercicio de la actividad, deseos de dejar el trabajo sexual, pero sin condiciones de hacerlo por las necesidades económicas.

Conclusiones: las mujeres que ejercen el trabajo sexual tienen una carga familiar alta y dificultades de acceder al mercado laboral formal para generar ingresos para subsistir y mantener la prole, resultado de la feminización de la pobreza, del machismo de la sociedad y estilo social patriarcal, asociado al desamparo del Estado. Es necesario cambiar el paradigma de la mujer en la sociedad para cambiar esta realidad.

    Palabras claves:  trabajo sexual, grupo social, mujeres, características de la población.


Abstract

Objectives: identify the sociodemographic profile of sex workers in the department of Cochabamba.

Method: the study was non-experimental, cross-sectional and descriptive, carried out at the Centro Departamental de Vigilancia, Información y Referencia - CDVIR, with a sample of 433 sex workers. It presents a confidence level of 95% and a sampling error of 4.63%. The instrument was a self-applicable questionnaire validated by the Teaching and Research Committee of the Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, in which variables that were subjected to frequency studies and measures of central tendency and dispersion were used. The principles of the Declaration of Helsinki were complied with.

Results: the sex workers are young, coming from the urban area of the cities of the country’s main axis, they do not have a fixed partner, they have children, a high level of education, they do not practice any religion, they consume alcoholic beverages regularly, they started life work and sex work at an early age, without relatives who know about sex work, less than five years of activity, desire to leave sex work, but without conditions to do so due to economic needs.

Conclusions: women who carry out sex work have a high family burden and difficulties in accessing the formal labor market to generate income to subsist and maintain the offspring, a result of the feminization of poverty, the male chauvinism of society and the patriarchal social style, associated with the abandonment of the State. It is necessary to change the paradigm of women in society to change this reality.

    Keywords:  sex work, social group, women, population characteristics.


Trabajo sexual se define como la negociación y ejercicio de servicios sexuales remunerados, pero que va más allá de la prostitución entendida como intercambio consensuado de sexo por dinero, involucrando una amplia variedad de trabajos de contenido sexual1. El término se volvió conocido a mediados de la década del 80 con el libro “Sex Word” y con el impulso del feminismo, pero sus inicios son desde tiempos inmemorables, los registros más antiguos son de los sumerios en un contexto religioso, al igual que los fenicios, posteriormente; en Grecia las mujeres que ejercían esta actividad gozaban de estatus y en la Roma antigua pagaban impuestos y eran respetadas. Esta condición fue migrando gradualmente a la segregación y discriminación, situación que permanece hasta la actualidad. En Bolivia los registros del trabajo sexual datan del período de la colonización española, en la que las mujeres eran conocidas como papairunas y conformaban un extracto social considerado inferior2.

  La designación de “trabajo” a la actividad sexual remunerada genera controversia y desacuerdos, muchos autores no consideran que sea una profesión porque va más allá de un intercambio monetario por un servicio prestado, esta actividad no se realiza como cualquier otra, donde la persona que desempeña una labor cobra al finalizar su trabajo. No es una actividad verdaderamente “voluntaria”, es la respuesta a la presión de las necesidades que urgen. Los datos mundiales indican una feminización de la pobreza, 60% de las personas que sufren hambre y pobreza son mujeres o niñas; menos del 20% de las tierras cultivables a nivel mundial están a nombre de las mujeres y en África menos del 5%; las mujeres perciben salarios menores que los hombres, aun ejerciendo las mismas funciones (17% menos de la remuneración masculina) y 65% de las mujeres están en el mercado informal, en relación a 58% de los hombres; tienen mayores responsabilidades, como el cuidado de la familia; solo una de cada cuatro mujeres ocupan puestos directivos y en 2010 menos del 20% ocupaba una posición en el parlamento3. El trabajo sexual es una práctica que se debe entender, lejos de prejuicios moralistas, como una consecuencia de las precarias condiciones que existen en la sociedad para el desarrollo digno de una gran parte de la población, que se ve obligada a desenvolverse dentro de un sistema con fuertes desigualdades sociales y económicas4.

El trabajo sexual puede ser ejercido de forma dependiente o independiente, de acuerdo a la intermediación en el contacto entre la trabajadora sexual y el cliente. Si la actividad se realiza con un intermediario las ganancias son menores, pero hay mayor protección personal, lo contrario pasa en la actividad independiente. Cabe resaltar que hay una vasta industria que se beneficia del trabajo sexual, en España, por ejemplo, las casas lenocinios movilizan cerca de 45 000 euros por mujer/año, generando una utilidad de alrededor de 18 millones de euros/año52; lo que causa una intensa migración de los países de Europa del Este para esta actividad que reporta más lucro que las drogas, porque los servicios sexuales de una mujer pueden ser vendidos una y otra vez5.

  Existen muchas condiciones de riesgo asociada al trabajo sexual, como la trasmisión del VIH/SIDA, el consumo de sustancias psicoactivas y alcohol y la exposición a la violencia en todas sus formas de expresión (física, sexual, psicológica y económica)6.

En la actualidad existen tres modelos de regulación del trabajo sexual: reglamentarista, abolicionista y prohibicionista, pero Bolivia al igual que otros países de Sud América no tienen leyes de reglamentación para esta actividad, dejando vacíos legales en los límites y las responsabilidades sobre su ejercicio2,5,7,8.

Las trabajadoras sexuales de Cochabamba, al igual que en otros lugares son una población migrante y si bien se han hecho esfuerzos para poder delimitarla, no se conoce a exactitud cuantas mujeres se dedican a esta actividad. El centro de salud de referencia para esta población es el encargado de emitir un carnet de sanidad y realizar controles regulares a este grupo de mujeres y en la actualidad cuenta con el catastro de 12 620 mujeres; el registro se inició en 1985 y no esta informatizado.

Los datos sociodemográficos de las trabajadoras sexuales que se obtengan serán de utilidad para poder crear políticas públicas que atiendan a las necesidades de esta población.

El presente estudio tuvo como objetivo identificar el perfil sociodemográfico de las trabajadoras sexuales del departamento de Cochabamba con el problema de la investigación planteado: ¿cuál es el perfil sociodemográfico de las trabajadoras sexuales de Cochabamba?

Material y métodos

El enfoque del estudio fue cuantitativo de tipo observacional, porque las variables no fueron modificadas; transversal porque los datos fueron colectados en un momento único sin acompañar la evolución de cada caso y descriptivo, en tanto que describe las variaciones o las condiciones de una situación, sin buscar la comprobación de hipótesis.

  Se aplicó un cuestionario a las trabajadoras sexuales que acudieron al centro de salud de referencia para esta población: CDVIR (Centro Departamental de Vigilancia, Información y Referencia), de junio a diciembre de 2019. La población era de 12 620 trabajadoras sexuales, considerando un nivel de confianza de 95% y un error muestral de 4,63% y un estimado de la proporción de la población igual a 0,50 (varianza) con una muestra de 433 mujeres. El muestreo fue no probabilístico, accidental o consecutivo, que consiste en reclutar casos hasta que se complete el número de sujetos necesario para el tamaño de muestra deseado.

  El instrumento fue un cuestionario autoaplicable con 17 preguntas de múltiples alternativas dándose la opción de escribir otra cuando no estaba señalada entre las alternativas ofrecidas, lo que proporcionó información acerca de las variables, pero no sobre la relación entre sí. Este instrumento fue validado por el Comité de Docencia e Investigación y el Comité de Ética del Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios en febrero de 2019, en conjunto con el protocolo del trabajo de investigación.

Este estudio se enfocó en las condiciones sociodemográficas de las trabajadoras sexuales de Cochabamba y responden a un conjunto de rasgos personales, familiar y económico (Tabla 1).

Tabla 1: características sociodemográficas de las 433 participantes del estudio.

 

El análisis estadístico fue realizado aplicando el programa SPSS v. 18 (de la sigla en inglés Statistical Package for the Social Sciences, en su 18° versión). Las variables cualitativas fueron sometidas a un estudio de frecuencias y las cuantitativas se determinaron las principales medidas de tendencia central y dispersión.

En lo referente a aspectos ético legales el trabajo de investigación cumplió con los principios de la Declaración de Helsinki cuyo elemento básico es el respeto al ser humano y el derecho a tomar decisiones informadas, siendo proporcionado a cada participante información verbal y escrita sobre el trabajo de investigación y solo se utilizaron los datos de los participantes que firmaron el Consentimiento Libre e Informado.

Resultados

Como se observa en la Tabla 1 las trabajadoras sexuales de Cochabamba son una población joven, 80% con edades entre 20 y 35 años de edad. La mayor parte de las participantes tienen como lugar de nacimiento el eje troncal de Bolivia, con casi 70% de las encuestadas. Se puede apreciar que luego de Cochabamba, Santa Cruz es el departamento que más expide trabajadoras sexuales. Sobre el origen rural o urbano, se observa que 50% de las participantes son oriundas de la ciudad y 40% de la provincia. Cerca del 60% tiene un grado de escolaridad elevado (Bachiller y universitario concluido o en curso). Más del 85% de las trabajadoras sexuales no tenían compañero fijo en el momento del estudio y 70% tenían por lo menos un hijo, siendo que 65,8% de éstas eran la única responsable de la prole, encargándose de satisfacer sus necesidades económicas y afectivas; un tercio de las encuestadas vive en compañía únicamente de sus hijos (34,9%).

La mayoría de las participantes no practica ninguna fe religiosa y poco más de la mitad de la muestra consume alcohol regularmente.

Edad de inicio de la actividad laboral y del trabajo sexual

 La edad media de las entrevistadas es de 27,6 ±0,312 años (media±ee). Por otro lado, la edad al primer trabajo es de 16 años (15,7±0,171 años) y la edad al inicio de trabajo sexual es de 23 años (23±0,244 años). Si bien en cada distribución se presentan valores extremos y muy extremos, el coeficiente de variación es similar (cerca de 22%), lo que demuestra moderada heterogeneidad en las muestras (Tabla 2).

Tabla 2: resumen de las principales medidas de tendencia central y dispersión para variables relacionadas con la edad

Los datos anteriores muestran que antes de ingresar en el trabajo sexual, casi desde la infancia, ya trabajaban en otras labores. Puedeapreciarse que el 80% de las encuestadas tuvo que empezar a trabajar entre los 10 y 20 años en cualquier otro trabajo, siendo las actividades más frecuentes, ayudante de cocina y niñera, o sea, empiezan a trabajar desde niñas o adolescentes. Por otro lado, un porcentaje similar se inicia en el trabajo sexual con edades entre 15 y 25 años de edad; por lo que se podria suponer que las mujeres mayores de 16 años se iniciaron laboralmente ejerciendo la actividad sexual (Tabla 3). Más del 60% de las encuestadas empezaron el trabajo sexual antes de los 25 años. El promedio de tiempo de trabajo en la actividad sexual es de 4,6 años y la mayor parte de las encuestadas tienen entre 1 y 5 años de trabajo. Más del 57% indica que nadie en su familia conoce de su ocupación; más del 45% indica que su única actividad es el trabajo sexual y 22,9% tiene además otro trabajo, pero muchas encuestadas no respondieron a esta pregunta. Cerca del 83% mencionaron deseos de dejar el trabajo sexual pero la mayoría tiene motivos de orden económica para permanecer en la actividad.

Tabla 3: distribución porcentual y relación entre de las categorías edad al primer trabajo y edad al inicio del trabajo sexual

Discusión

Comparando los resultados obtenidos en otros estudios latinoamericanos6,9-11 se observa que las trabajadoras sexuales conforman un grupo joven de mujeres con una edad media de 27 años; esto se debe a la mayor demanda de los clientes por personas con ciertos atributos físicos característicos de esta etapa.

Al realizar un análisis del origen de las trabajadoras sexuales estudiadas, se observa que la mayor parte nacieron en Cochabamba, luego están las oriundas de Santa Cruz, curiosamente, el departamento de Bolivia con el menor índice de pobreza12 y mayores cifras de PIB (producto interno bruto)13, pero también con la mayor franja de diferencia de género en la accesibilidad a la educación, o sea, las mujeres de este departamento tienen menos años de estudio en comparación a los hombres14, lo que resulta en un menor nivel de escolaridad en relación al sexo masculino15 y menor competitividad en la esfera laboral formal. Por otro lado, otro de los motivos para esta mayor migración podría ser la cantidad de habitantes, ya que actualmente supera los tres millones, siendo la jurisdicción más poblada de Bolivia16, además que la mujer oriental presenta un perfil físico semejante a ciertos estándares de belleza internacionales que, no solo atrae a la población masculina de Cochabamba, sino también resultan transacciones económicas más ventajosas.

En relación a las extranjeras, la mayoría de las encuestadas provenían de Venezuela; esto podría deberse a que este país vive una crisis desde el año 2009 haciendo que esté entre los tres primeros de América Latina y el Caribe con las mayores cifras de pobreza extrema17; a pesar de aquello no se pude afirmar que la mayoría de las foráneas que trabajan en Cochabamba provienen de este país porque la población extranjera fue minoritaria en este estudio, habría que estudiar específicamente este público para tener un panorama más claro.

Aun tomando en cuenta el origen, la mayoría proviene de la ciudad, lo que describe tan solo una tendencia mundial de la población a centralizarse en las grandes urbes; según los resultados del censo de 2012, más de dos tercios de la población boliviana se encontraba en las capitales18. Este importante flujo migratorio es encontrado en otras investigaciones, hacia las grandes ciudades y desde otros países19. Hay que considerar para este aspecto que todo ser humano está orientado hacia la búsqueda de metas y objetivos para la satisfacción de sus necesidades (biológicas, cognitivas, económicas, etc.) y cuando las regiones expulsoras no pueden atender a estas demandas, las personas procuran nuevas posibilidades, empleando para aquello esfuerzos y sacrificios; la migración no ocurre per se, los mayores flujos migratorios coinciden con momentos de crisis social y económica20.

En relación al estado civil, la mayoría de las trabajadoras sexuales no tienen compañero fijo, condición que se repite en otros países6,10,11; por otro lado, al comparar los resultados del presente estudio con el censo nacional21, se observa que la población femenina boliviana sin pareja es menor, poco más de la mitad de la población; lo que indica una tendencia de las trabajadoras sexuales en no tener un compañero fijo y es posible que esta condición se deba a las vivencias conjugales de violencia muy frecuente en este público.

Más del 70% de las trabajadoras sexuales tienen hijos al igual que otros estudios6, en contraste con poco más de la mitad de la población femenina boliviana21, aquello podría deberse a la tendencia de las trabajadoras sexuales a diferenciar el sexo comercial del sexo practicado con la pareja por la rechazo al uso del preservativo en las relaciones sexuales con matiz afectivo, como una forma de demostrar confianza y, también, por la dificultad de negociar el uso de protección en la vida privada19; esta situación que aumenta la posibilidad de embarazarse.

Las trabajadoras sexuales son jefes del hogar suman casi 35% de las encuestadas, en contraste con la población femenina general del país, que representan mitad de esta cifra14, lo que denota una mayor sobrecarga familiar para las trabajadoras sexuales y uno de los motivos para continuar en la actividad. Y, de hecho, pese a manifestar deseos de dejar la actividad, se sienten imposibilitadas por las necesidades económicas; los mismos motivos son mencionados en otros estudios10,22.

Algunos resultados llaman la atención, por no coincidir con estudios realizados en otros países con el mismo público, como el grado de escolaridad que en esta investigación era alto en comparación con el bajo nivel de otras publicaciones6,9,10,22; lo que demuestra que, si bien las trabajadoras sexuales tienen niveles aceptables de formación académica, les falta oportunidades de ejercer la profesión o el mercado de trabajo no ofrece las condiciones para que esta mujer subsista y mantenga su prole.

La mayoría de las trabajadoras sexuales no profesa ninguna religión, en cambio otros estudios dan cuenta que sí lo hacen11,22. En relación a los resultados nacionales, llama la atención que solo 4% de la población no profesaba ninguna fe18, lo que indica que las trabajadoras sexuales no se identifican con las doctrinas religiosas o con el grupo de las personas que profesan dicha religión, posiblemente por la estigmatización religiosa del trabajo sexual.

El consumo regular de alcohol se presenta en la mitad de las encuestadas, siendo que, en otras investigaciones, todas eran consumidoras23o más de dos tercios de la muestra9,22. Este dato puede estar subestimado, ya que el alcohol en los ambientes de ejercicio del trabajo sexual tiende a ser libre e incluso una fuente de rentra extra para la Trabajadora sexual al incentivar el consumo por los clientes. Si bien no se ha precisados patrones de consumo, el consumo regular indica un alto riesgo de desarrollar dependencia a dicha sustancia, además de que predispone a una gama de enfermedades físicas y mentales, además de aumentar la exposición a situaciones de riesgo personal.

El trabajo sexual como actividad exclusiva fue mencionado por poco menos que la mitad de las encuestadas, otros estudios mostraron resultados superiores; así que existe una importante proporción de mujeres que realizan otras actividades para aumentar sus ingresos, especialmente en el comercio informal, lo que denota un esfuerzo de este grupo de mujeres para salir del trabajo sexual, sea intentando laborar en otras áreas o dedicándose a los estudios para mejorar sus posibilidades.

La mayoría de las trabajadoras sexuales tenía entre uno y cinco años de ejercicio de la actividad, con un promedio de 4,6 años, resultados coincidentes con estudios similares9,11, lo que indica una tendencia a abandonar el trabajo sexual luego de un periodo, que pude ser dado por el aumento de la edad y la dificultad en competir con mujeres más jóvenes o por haber logrado superar un periodo de crisis económica. Aunque los motivos pueden ser los más variados, habría que investigarlos con otros estudios.

Sobre la edad que tenían en su primer trabajo, casi la mitad empezaron la vida laboral con menos de 15 años, en actividades informales, como ayudantes de cocina y niñera, al igual que estudio realizado en Argentina19.  Esta es una realidad frecuente en Bolivia y fue motivo de gran discusión con la aprobación de Ley del trabajo en 2014, que legalizó el trabajo justamente en este rango de edad de 10 a 14 años. Al contrastar la edad de la primera actividad laboral con la edad del primer trabajo sexual, se encontró que algunas mujeres eran menores de edad cuando empezaron con el trabajo sexual y para muchas esta fue la primera actividad remunerada de sus vidas; resultados muy semejantes a los resultados de un estudio en el Brasil en el que la edad promedio del inicio del trabajo sexual era de 25,2 años y la edad mínima fue 16 años22y con estudios realizado en Argentina19 en qué poco más del 16% inició en el trabajo sexual con menos de 18 años. El trabajo a temprana edad (incluido el trabajo sexual) es resultado de la pobreza, de familias numerosas con bajo ingreso per cápita, hacinamiento en las viviendas, poca formación de los padres, migración y falta de políticas claras y efectivas24.

Poco más de la mitad indica que nadie en su familia biológica conoce del trabajo sexual, de todos modos, contrasta con otros estudios22 en que el porcentaje correspondía casi la totalidad de la muestra. Estos resultados implican la necesidad de profundizar sobre el tema en otras investigaciones para poder llegar a conclusiones concretas, enfocándose en las relaciones familiares y la percepción de la familia del trabajo sexual.

  Si bien los países tienen características muy particulares que han sido moldeadas por influencias culturales, todos los estudios mencionados fueron realizados en Latinoamérica y los que componen este continente comparten el rasgo común de estar en fase de desarrollo y, por ende, también presentan los mismos problemas, como renda per cápita baja, menor expectativa de vida y niveles de educación, migración, pobreza, desempleo, políticas inestables, etc.25. Esto manifiesta que pese a tener muchas características comunes, las trabajadoras sexuales presentan particularidades, lo que indica una importante heterogeneidad de esta población.

  El presente estudio presentó muchas dificultades para su realización, desde la determinación del universo, la captación del público para la muestra y la carencia de bibliografía nacional; presentando algunas limitaciones, la más importante es que los resultados reflejan la socio demografía de las trabajadoras sexuales que acuden al centro de salud de referencia departamental, no pudiendo así generalizarse, ya que existe una proporción importante de mujeres que trabajan en la clandestinidad. Por otro lado, el gran aporte de este estudio es la aproximación a este público tan discriminado y estigmatizado, por veces invisibilizado por perjuicios individuales y colectivos; trae a la luz la realidad de la trabajadora sexual y abre una brecha para discusiones más profundas en relación al papel de la mujer en nuestra sociedad, la igualdad de oportunidades laborales y remuneración, la carga familiar y las falencias legislativas y en las políticas públicas.

Agradecimientos. Agradecemos al Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, en especial al gerente general, Hno. Luis Mojica, por permitir y apoyar el trabajo de investigación; a la Dra. Kathia Butrón por los conocimientos aportados en el área de investigación; a la Lic. María Isabel Peñaloza por su crítica y corrección en el estilo del escrito. Al Ing. Agr. Msc. Carlos Román por el análisis estadístico y especialmente a las trabajadoras sexuales que aceptaron participar del estudio.

Conflicto de intereses: los autores declaran que no existe conflicto de intereses.

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